Y después de las elecciones… ¿qué pasa con Andalucía?

Por Jesús Jiménez Cabello

Para La Hora de Málaga

AndalucíaComo en el día después de una gran fiesta, la resaca te nubla los pensamientos y aclararlos lleva como mínimo unas horas, o unos días incluso. Estas elecciones, convocadas en plena época navideña, contenían un cierto aroma a celebración. Es probable que en el calendario de más de uno apareciera señalado en rojo el día 20 de diciembre como el 24 o el 31. Pero a veces las fiestas no salen como se espera de ellas.

Ahora, en medio de la resaca post-electoral, toca analizar qué pasó el 20 de diciembre exactamente. La euforia de los minutos posteriores al recuento, en plena borrachera de datos, de porcentajes, de cábalas y de cierto aturdimiento debe dejar paso al análisis realista de la situación. Y no de la situación aritmética que proporcionan los escaños de unos y otros partidos, sino de los meses anteriores en los que se fraguó todo lo que ocurrió esa noche, tanto en clave estatal como en clave nacional, ya que Andalucía ha sido un hervidero en los meses anteriores a las elecciones, aunque finalmente la cosa haya terminado por ser más o menos como siempre.

De PP y PSOE tampoco hay mucho que decir. Es lo de siempre. Los dos grandes, de los que algunos esperaban un hundimiento catastrófico, pero que a pesar de los malos resultados del PP perdiendo 63 escaños y con 3’5 millones de votos menos; y los del PSOE, con 20 escaños menos y 1’5 millones de votos perdidos, confirman a estas dos máquinas electorales como un muro demasiado alto para ser escalado utilizando sólo sus mismas armas.

El otro polo donde se concentraba el interés eran las fuerzas emergentes: Podemos y Ciudadanos. En la sede naranja, por más que al conocer los resultados se empeñaran en ahogar su decepción con esos patéticos gritos de “¡Yo soy español, español, español!” el resultado no fue nada bueno. Logra 40 escaños para un partido que se ha hartado de decir por boca de su líder, Albert Rivera, que aspiraba a ganar, es un resultado bastante pobre. Podemos, por su parte, con 69 escaños sumando las diversas candidaturas en las que iban repartidos, también se queda bastante lejos del objetivo de ganar que tanto ha remarcado Pablo Iglesias durante la campaña, terminando por hacer ciertos guiños al PSOE en el discurso que dio cuando se conocieron los resultados, lo cual lleva a pensar en la posibilidad de un pacto Podemos-Casta que, como mínimo, será curioso, aunque ya se ha dado a nivel municipal y autonómico.

En Andalucía el bipartidismo ha arrasado en comparación a otros lugares del Estado, afianzándose en nuestra tierra ese inmovilismo que no cesa por más opciones electorales que surjan. Opciones siempre comandadas desde Madrid y entre las que por primera vez en la historia del Régimen de 1978 no estaba ni siquiera el Partido Andalucista, autodisuelto hace pocos meses. El 60% de los votos han copado los partidos tradicionales, PP y PSOE, frente a otro 30% aproximado que se han repartido entre Podemos y Ciudadanos, existiendo un abismo mayor entre ambas tendencias.

Una vez dibujado el panorama y dejando los números a un lado, hay que dar cuenta de un hecho aplastante como es que el bipartidismo, a pesar de todo, goza de buena salud en general. Esto tiene multitud de lecturas y de motivos, sin duda, pero quizás el que más nos interese a la clase trabajadora sea el de el empeño que tienen las organizaciones que supuestamente defienden nuestros intereses en ocuparse mucho de generar opinión para lograr votos, y muy poco de generar movimiento para lograr poder popular. Lo mismo se puede decir de la necesidad de generar poder andaluz en nuestra tierra, que es algo poco o nulamente cultivado últimamente.

Aquí tenemos que frenar en seco y echar la vista atrás. No sólo echar la vista atrás sino fijarla en Podemos, que es el partido que ha aglutinado el sentir de un gran número de movimientos que han estado en la calle durante los últimos años que llevamos de crisis económica. Se puede suponer, por tanto, que de los cuatro partidos que teóricamente aspiraban a ganar, es el que nos interesa analizar. Su surgimiento y desarrollo ha estado claramente marcado por la aparición en los medios de comunicación de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón en un principio, y posteriormente de otras incorporaciones que han ido haciéndose conocidas en el panorama televisivo. Los golpes de efecto, el saber comunicar y el polemizar con seres de dudosa talla intelectual como Eduardo Inda o Paco Marhuenda, fueron seduciendo en una población ahogada por los recortes, los desahucios y el paro. Esos problemas que visibilizaron organizaciones como la PAH, Stop Desahucios, sindicatos de clase al margen de las mafias de CCOO y UGT o las mareas por la educación, la sanidad o los exiliados económicos, encontraban en estos tertulianos un altavoz. Cuando surgió Podemos como partido político, ciertamente esto seguía siendo así, y en las tertulias estas personas defendían estas mismas posiciones y la mayoría de las veces.

Pero la política, para que sea liberadora y se superponga a un sistema fabricado por y para que la oligarquía dominante se perpetúe en el poder, no se hace solamente con discursos, sino que éstos deben descansar confortablemente en un contrapoder, o al menos en su germen. De lo contrario, el discurso acaba siendo vacío y no cumple la necesidad básica de trasladar y aclarar realidades materiales a la gente. Y este es el error principal que se ha cometido el día de antes, el de después y durante la jornada electoral. Los círculos, el organismo de base de Podemos, han sido vaciados por parte de la dirección estatal de su soberanía y de su poder de decisión, y en el momento de iniciarse este vaciado de poder y por tanto de personas organizadas ahí, comenzó el declive real de esta organización.

Esto, por supuesto, tuvo una traducción literal en la confección de las listas electorales. El malestar generado por los “dedazos” que desde Madrid aplastaban a algunos de los candidatos que habían conseguido en las primarias los primeros puestos fue sintomático. De repente, la organización que iba a dar voz a los movimientos sociales de base fulminaba a las personas elegidas por militantes y simpatizantes del partido, su propia base, en un alarde de la “vieja política” donde la dirección pone por delante a quien le parece oportuno a un puñado de dirigentes. En las tertulias televisivas, mucha empatía con los movimientos sociales y con la gente sencilla pero en la práctica no se ha respetado en muchos casos la decisión de su gente, cayendo en un paternalismo tremendo. Así, los llamados “cuneros” han sido una plaga en las listas de Podemos a lo largo y ancho del Estado Español.

Andalucía no ha sido ajena a esta realidad, ni mucho menos, y ha habido polémica en la elección de los cabezas de lista de Huelva, de Almería, y sobre todo de Jaén, donde desde Madrid no veían con buenos ojos la candidatura de Andrés Bódalo por estar condenado por activismo sindical, otro síntoma de la poca sinceridad con la que los dirigentes de Podemos han tenido en cuenta a los movimientos sociales y su lucha en la calle. En Córdoba también puso la dirección estatal a su número 1 preferida, desplazando a Antonio Manuel Rodríguez, que es el cordobés que más votos sacó en las primarias. En definitiva, el problema ha sido no respetar lo que los diferentes territorios han decidido, sino que las cúpulas de Madrid y de Andalucía han negociado duramente para finalmente repartir las candidaturas entre los que querían los primeros y los que querían los segundos. ¿Las primarias? Un adorno.

Y aquí hay que volver a pararse pero para mirar a la CUT. Su apuesta una vez fuera de Izquierda Unida ha sido de nuevo la de un partido de ámbito estatal, donde han peleado del lado de la dirección andaluza de Podemos por copar el máximo número de puestos de salida en las listas. Pero finalmente no han logrado meter en el Parlamento a ninguno de sus candidatos. Ahora toca preguntarse cuál será el papel que Andalucía tendrá en esta legislatura que se prevé que será la de la “Segunda Transición”, porque si unimos el hecho de que no había ni un solo partido andaluz que se presentase, con el hecho de que la fuerza del único movimiento social amplio que tiene Andalucía en estos momentos, que es el SAT, ha sido puesta en parte al servicio de Podemos pero sin resultados, las predicciones no invitan precisamente al optimismo.

Pablo Iglesias nos ofreció una pista en el discurso que dio en el Teatro Goya justo al conocerse el resultado de las elecciones cuando dijo que la renegociación de la pluralidad nacional del Estado Español comprendía a Galicia, el País Vasco, Navarra, Catalunya y el País Valenciano, olvidando a Andalucía. Obviando el hecho sangrante de que hablar de la plurinacionalidad del Estado y nombrar por separado a Catalunya y a Valencia, y sobre todo a Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca, ya es suficientemente grave y teniendo en cuenta lo importante del asunto, parece que quienes desde el soberanismo andaluz han apostado por Podemos, han hecho un pan con unas tortas. No sólo no había grupo parlamentario andaluz de Podemos como sí lo hubo de otros lugares, sino que ni siquiera los candidatos soberanistas han salido elegidos. Andalucía se queda atrás.

¿Y ahora qué? Pues ahora, como en la “Primera Transición”, Andalucía tiene una necesidad objetiva prioritaria, que no es otra que volver a enarbolar la bandera blanca y verde para no quedarse atrás en esta negociación. El problema es que el contexto es muy diferente que en 1977 porque no se ha construido ningún referente andaluz, soberanista y de izquierdas, que opere políticamente a un nivel aceptable. Los errores son muchísimos, pero el peor será quizás el de mantener atomizado todo el panorama soberanista en Andalucía, debido en parte a los cantos de sirena del españolismo pretendidamente respetuoso con la plurinacionalidad del Estado Español. Creer que se va a ganar el españolismo para nuestra causa, parece ser la utopía más grande a la que se enfrentan algunos, yendo incluso más allá con el pensamiento de algunas cabezas de ir más allá con la alianza CUT-Dirección Andaluza de Podemos. Los siguientes meses nos darán más pistas de todo esto, aunque hay razones de mucho peso para pensar que poco o nada interesante saldrá de ahí.

Mientras tanto, la izquierda soberanista al margen de la CUT probablemente debería cultivar al ritmo que sea posible esa alternativa andaluza tan necesaria. Autocrítica no nos debe faltar, porque que no exista es únicamente culpa de los propios soberanistas. Y mientras hay que seguir construyendo el germen del poder popular que sustentará en el futuro algo mínimamente sólido desde los centros de trabajo, de estudio, centros sociales, etc. La tarea es clara, y ya una vez pasadas las elecciones y demás distracciones no hay excusas para no realizarla. El análisis de los datos electorales y del proceso por el cual la clase trabajadora que ha salido a la calle ha sido encauzada en Podemos de cara a esas elecciones, nos muestra que lo que parece el camino sencillo realmente no lo es. Parece más fácil tirarse de cabeza a negociar listas electorales en una formación con aspiraciones teóricas de victoria, pero lo que es sólido es lo otro, la creación de poder popular real. Esa lucha es el único camino posible. Y así lo que de ahí salga, sí que podrá ser considerado la fuerza real del pueblo andaluz. Primero los cimientos y luego la casa.

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Fidel, Gaddafi y la revolución en Libia

Por Zuli Gómez Beas

“Desde hacía tiempo pensábamos que la Revolución Libia y la Revolución Cubana debían acercarse, porque nosotros, aunque distantes, por los hechos veíamos que aquí se estaba produciendo una revolución. Y siempre que ocurre una revolución en cualquier parte del mundo es importante para todos los pueblos del mundo (…) Donde quiera que hemos llegado y hemos visto algo – un programa agrícola, fábricas, viviendas, escuelas, hospitales y carreteras – y preguntamos cuándo lo hicieron, comprobamos que todas esas cosas se hicieron después de la Revolución. Hemos saludado a millares de trabajadores, hemos conversado con cientos de ellos y hemos podido comprender las hermosas realidades que la Revolución ha traído al pueblo de Libia.”

Así comenzaba su discurso Fidel Castro en el acto de amistad entre Libia y Cuba celebrado en Trípoli en 1977, tan solo siete años después de la revolución liderada por Muammar el Gaddafi, que derrocaría al rey Idrís I, sustituyendo el sistema colonialista del Reino de Libia por la República Árabe Libia, que más tarde pasaría a llamarse Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista.

No fueron pocos los logros socialistas conseguidos por Gaddafi, que ya en la década de 1970 nacionalizó toda la empresa privada, incluyendo la tierra, la industria petrolera y los bancos. Por estas políticas anticolonialistas y anticapitalistas, acompañadas de un fuerte espíritu rebelde y discurso arrollador, fue apodado por muchos como “el Che Guevara árabe”. Como decía Fidel a lo largo del discurso, poco había en ese país antes de la llegada de la Revolución. Ésta no solo aportó recursos y bienes materiales, sino que además dotaría al pueblo de una educación completa (antes de Gaddafi, sólo el 25% de los libios sabía leer, en 2011 su cifra era del 83%) así como de libertad y tanta dignidad que atravesaría fronteras. “Pero la Revolución Libia no solo se ha concretado realizando una gran obra internamente en favor del pueblo; la Revolución Libia ha defendido enérgica y lealmente la causa del heroico pueblo de Palestina.” – Y es que como repetía Castro, el pueblo libio abrazó la causa de Palestina como propia, al igual que muchas otras causas justas donde Gaddafi y su pueblo no dudaron en posicionarse.

Electricidad, educación y sanidad gratuita para todos los ciudadanos; a los que elegían dedicarse a la agricultura, se les asignaban tierras, vivienda para su establecimiento en el lugar, herramientas, semillas y ganado para que pudieran empezar sus propias granjas (de esto fueron testigos los jornaleros andaluces del SOC, que a finales de la década de 1970 vieron los avances con sus propios ojos, invitados por Gaddafi); subsidios en la adquisición de automóviles en un 50% del valor total; los libios participaban directamente de las regalías del petróleo, siéndole depositado el dinero a cada ciudadano en su cuenta corriente.

Estos fueron algunos de los avances conseguidos bajo el mandato de Gaddafi, progresos que en el Primer Mundo estamos lejos de conseguir y que la “izquierda” progre ya no es capaz ni de plantear; la misma “izquierda” hipócrita que no dudó en ponerse de lado del capitalismo “rebelde”, la misma que fue vocera popular de la desinformación y barbarie de los medios, la misma que celebró el cruel asesinato de Muammar el Gaddafi, y la misma que hoy mira para otro lado al ver en qué degradación ha caído Libia. Esa “izquierda”, a día de hoy, no sólo no condena la intervención o pide perdón, sino que incluso suma a sus filas a responsables directos en la ofensiva contra Libia.

Contaba Fidel al pueblo libio que tuvo el placer de conocer al padre de Gaddafi, un hombre de 90 años de edad noble y vigoroso; pensó: “¡Qué será del imperialismo y la reacción en el mundo árabe si Gaddafi vive 90 años!” Hoy no sabemos qué habría pasado porque en 2011 el imperialismo decidió acabar con la vida de un hombre y un pueblo que fueron sinónimo de revolución, y que por más que pese a los sectores más progres, lo seguirá siendo por no arrodillarse ante el imperialismo, por morir de pie.

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Portugal rompe con la derecha

Por Bruno Carvalho

Pedro Passos Coelho acaba de lograr el récord de liderar el gobierno más corto de la Historia desde que fue derrotada, en Portugal, la dictadura fascista más larga de Europa.

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António Costa, líder de los socialistas portugueses.

Once fue el número de días que aguantó el líder del conservador Partido Social Demócrata como primer ministro. La coalición de gobierno, con el Partido Popular al frente, se desplomó ante la moción de censura al programa del Gobierno portugués presentada en la Asamblea de la República por el Partido Socialista y la izquierda parlamentaria, compuesta por el Bloco de Esquerda, el Partido Comunista Portugués (PCP) y Los Verdes.

La escenificación de esta derrota se dio también en las afueras del Parlamento, donde miles de manifestantes acompañaron la votación a través de los altavoces dispuestos por los sindicatos. Del otro lado de las vallas y de la Policía, el ambiente era radicalmente distinto. Algunos cientos de personas arropaban al gobierno de Passos Coelho y reclamaban su permanencia en el poder.

Mientras la radio anunciaba su caída, la multitud, armada con pancartas, banderas, botellas de champán y algunos con escobas – “para limpiar la derecha del poder”, como dijo un diputado comunista -, gritaba: “¡Victoria!”

Los abrazos y las lágrimas fueron el corolario de cuatro años de lucha contra las políticas impuestas por la Troika y la derecha.

Cuarenta años después, volvieron a las televisiones portuguesas las viejas tensiones de lo que se conoció en 1975 como “Verano Caliente”. Entonces, la polarización llevó al país al borde de la guerra civil entre quienes querían la profundización del proceso revolucionario y quienes defendían un modelo de transición como el español.

La misma noche del día en que cayó el gobierno de Passos Coelho, una de las sedes del PS en Oporto fue atacada con un cóctel Molotov. Pero el sabor amargo de la derrota no quemó solamente las fachadas, los medios de comunicación lo difundieron, acusando de un supuesto fraude.

Golpe desde los medios

El resultado de las pasadas elecciones generales fue claro: el pueblo portugués decidió quitarle la mayoría absoluta al gobierno liderado por Passos Coelho. La mayor parte de medios de comunicación hicieron que de inmediato una lectura en apoyo al líder conservador, afirmando que debería gobernar la candidatura que había ganado los comicios.

Indiferentes a la nueva composición de la Asamblea de la República, insistieron en que otra solución no sería más que un “golpe a la democracia”. A pesar de que la mayoría de los diputados reclamaron la formación de un gobierno liderado por el PS, la figura política más importante del país, el Presidente de la República, decidió ofrecer el ejecutivo a Passos Coelho.

La solución escogida por Aníbal Cavaco Silva, un conservador veterano de la política portuguesa, sorprendió hasta a sus socios europeos. En su discurso, Cavaco Silva afirmó que no entregaría el gobierno a fuerzas políticas que no respetaran los compromisos históricos adquiridos por Portugal con el exterior.

Era una referencia clara al rechazo del Bloco y del PCP a la Unión Europea y a la OTAN. Esas declaraciones, que van contra la propia Constitución portuguesa, sentaron mal a la izquierda, que pactó la caída de Passos Coelho y llevar a António Costa, líder socialista, al cargo de primer ministro.

Las negociaciones entre las formaciones de izquierda con el PS no fueron, a pesar de todo, sencillas. Durante casi 40 años este partido fue responsable, junto con el PSD y el PP, de duros ataques a los derechos conquistados por los portugueses durante la Revolución de 1974.

Fue uno de los partidos responsables de las privatizaciones, de los recortes y del ingreso en la Comunidad Económica Europea (CEE). También uno de los partidos que firmaron los acuerdos con la Troika en 2011, por los cuales Portugal se comprometió a una política de privatizaciones y recortes a cambio de un rescate de sus cuentas.

Acuerdos: salario, pensiones

El acuerdo que se presenta ahora abre paso a un gobierno en solitario del Partido Socialista, obligado a negociar los presupuestos del Estado con la izquierda y a la aprobación de una serie de medidas. Las negociaciones, realizadas en separado con cada partido, lograron importantes progresos en la devolución de derechos que habían sido recortados en los últimos años bajo la orientación de la Troika.

El aumento del salario mínimo por encima de la inflación, la actualización de las pensiones, la suspensión de la privatización de los transportes, el combate a la precariedad limitando el recurso al trabajo autónomo, el cambio en las reglas fiscales para estos trabajadores, la limitación de la renovación de los contratos temporales, la devolución de cuatro días festivos que habían sido retirados en 2012 y promocionar la negociación colectiva son algunos de los aspectos concretados en las reuniones.

Aunque en un principio se especuló con la posibilidad de formar un gobierno liderado por el PS que incluyese a ministros comunistas y del Bloco, esa solución fue rápidamente descartada.

Tanto el PCP como el Bloco de Esquerda o los movimientos sindicales organizados en la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP) ofrecen su apoyo al posible nuevo Gobierno a cambio de la aprobación de estas medidas a lo largo de los próximos 4 años.

“Si todavía no conocemos los presupuestos del Estado para 2019, ¿cómo quieren que les diga nuestra posición hasta esa fecha?”. De esta forma Catarina Martins, coordinadora del Bloco de Esquerda, afirmó que no podía asegurar la estabilidad del posible Gobierno portugués hasta el final del mandato.

Por su parte Jerónimo de Sousa, secretario general del PCP, insistió en que no habrá ninguna propuesta que vaya en contra de los intereses de los trabajadores que cuente con el apoyo parlamentario de los comunistas.

A dos meses de la celebración de las elecciones presidenciales en Portugal, y sin posibilidad legal de llamar anticipadamente a nuevas elecciones, queda por saber qué hará el Presidente de la República la próxima semana. Después de la caída de Passos Coelho y según la Constitución, está obligado a invitar a António Costa a formar gobierno.

Los atentados en París y la errónea política de Hollande

Por Yusuf Fernández

El presidente francés François Hollande, en la comparecencia tras los atentados de ayer en París, perpetrados por el ISIS.

Los mortales ataques terroristas en París, que han dejado un saldo de 128 muertos y centenares de heridos, son otra manifestación más de la serie de brutales acciones terroristas que han ensangrentado numerosos países del mundo: Siria, Líbano, Irak, Rusia, Francia y muchos otros.

Sin embargo, este tiempo de dolor para el pueblo francés y del mundo entero debería ser también un momento de reflexión sobre cuál ha sido la responsabilidad del gobierno de François Hollande en el crecimiento del terrorismo, y concretamente del Estado Islámico en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero.

Según señaló RT el pasado 6 de mayo, el presidente francés admitió a un periodista que Francia entregó armas letales a los “rebeldes” sirios en 2012 a pesar del embargo existente. Era la primera vez que Hollande revelaba esta información, ya que anteriormente afirmaba únicamente haber distribuido armas no letales.

Hollande admitió la entrega de armas en una entrevista para un libro del periodista Xavier Panon, especializado en cuestiones diplomáticas y militares, según informó el canal Zee News. La obra, titulada “En los pasillos de la diplomacia francesa”, salió a la venta en mayo.

“Hemos empezado cuando estábamos seguros de que terminarían en las manos adecuadas. En cuanto al armamento letal, lo entregaban nuestros servicios [secretos].”, subrayó Hollande al autor del libro mencionado.

Según los datos revelados por el periodista, París entregó a los rebeldes sirios en 2012 sistemas de artillería, ametralladoras, lanzacohetes y misiles antitanque. Durante este tiempo había en vigor una prohibición de la Unión Europea a la entrega de armas a cualquier bando en Siria, que fue levantada en mayo de 2013. Hasta entonces, Francia había reconocido únicamente la entrega de armas no letales, entre ellas salvavidas y dispositivos de visión nocturna.

Asimismo, el libro de Panon revela los planes conjuntos de París junto a la Fuerza Aérea de EEUU de realizar ataques aéreos sobre instalaciones del Gobierno sirio en agosto de 2013. A juicio del periodista, uno de los objetivos de estas operaciones era la sede de la inteligencia militar siria.

Naturalmente, Hollande y otros gobiernos occidentales han intentado justificar esta actitud en base a la falacia de que existen unos “rebeldes moderados”, en especial el Ejército Libre Sirio. Hay, sin embargo, muchas evidencias que apoyan la falsedad de tal afirmación.

Cuando el periodista alemán Jürgen Todenhöfer, que ha visitado las regiones de Siria e Irak controladas por el Estado Islámico el pasado año, fue interrogado acerca de lo que piensan los yihadistas del ELS, y respondió: “Se burlan de este grupo y no lo toman en serio. ‘El Ejército Libre Sirio es nuestra mejor fuente de armas’, dicen los combatientes del ISIS, ‘Cuando tienen un buen arma, nos la venden’. Ellos [el ISIS] solo toma en serio a Al Assad. El ELS no juega ningún papel.”

Uno de los propios cabecillas del autoproclamado Ejército Libre Sirio (ELS) en la provincia de Idleb, Abu Hashem, defendió en octubre la decisión de parte de los extremistas que le acompañan de unirse al Frente Al Nusra. Hashem explicó que 13 miembros de su milicia se unieron al grupo terrorista, brazo de Al Qaeda en Siria, para sostener un “intercambio de experiencias”, destacó uno de los sitios digitales administrados por los grupos opositores al gobierno de Damasco.

Según Hashem, los miembros del ELS y del Frente Al Nusra “son hermanos”, y no existen diferencias entre sus propósitos, pues comparten un enemigo común, que es el gobierno encabezado por el presidente Bashar al Assad.

Lo peor es que la política francesa se ha convertido en un rehén de otras fuerzas exteriores, fundamentalmente de la influencia israelí, que llevó al nombramiento como candidato presidencial del propio Hollande dentro del Partido Socialista francés, y los contratos millionarios de armamento firmados con Arabia Saudí y Qatar. Estas influencias y la dependencia de EEUU han puesto fin a la que en su día fue la política exterior gaullista, basada en la independencia de criterios.

El presidente sirio Bashar al Assad ha advertido ya en numerosas ocasiones que la política de Francia y otros países occidentales estaba profundamente equivocada porque acabaría por volverse en contra de los propios países occidentales y tendía a debilitar al Ejército y el Estado sirio, que son las únicas fuerzas capaces de luchar contra el terrorismo de una forma efectiva en su país. Si este debilitamiento no ha tenido consecuencias mayores – el derrumbe del Estado sirio, la caída de Damasco y la llegada al poder de grupos terroristas takfiríes en Siria – ha sido sólo por la firmeza del pueblo y el Ejército de Siria, así como de sus aliados principales: Rusia e Irán.

Los horribles atentados en París deberían llevar a los líderes franceses a considerar que no existe un terrorismo “bueno” y otro “malo”, según su objetivo sea uno u otro. También hay que señalar que la única forma de erradicar esta plaga es una cooperación internacional que incluya a todas las fuerzas que luchan sobre el terreno contra ella, incluyendo, por supuesto, a la Siria de Al Assad.

Lo que está en juego en Argentina: una mirada histórica

Por Iago Lestegás

Desde la década de 1930 Argentina intentó romper con la dependencia industrializando su economía agroexportadora a través de la sustitución de importaciones, agregando valor a las materias primas y produciendo las manufacturas que importaba a precios cada vez más elevados con las divisas obtenidas de la depredación de sus recursos naturales. Conocido como “desarrollismo” o “estructuralismo”, este paradigma trataba de detener el drenaje de recursos de la periferia al centro y tuvo considerable éxito en las décadas de 1950 y 1960 en Argentina, Chile, Brasil y México. Ante la ausencia de una élite nacional comprometida con el desarrollo de su país, el Estado dirigió la industrialización a través de la planificación, el estímulo a la demanda y a la expansión del mercado interno, la construcción de infraestructuras y la limitación de importaciones competidoras. En la década de 1960, la industria era ya el sector dominante en la economía y las condiciones de vida habían mejorado en todo el Cono Sur.

Sin embargo, el modelo entró en crisis en la década de 1970. La necesidad de divisas procedentes de la agroexportación para importar insumos industriales blindó los privilegios de la oligarquía terrateniente y perpetuó el problema del déficit derivado de los términos del intercambio desigual y de la inserción subordinada de América Latina en el capitalismo global. El intento de corregir los desequilibrios emitiendo deuda y abrazando la inversión extranjera profundizó la dependencia. El ascenso social expandió la clase media, incrementó las expectativas, dejó demandas insatisfechas, destruyó identidades de clase y motivó el intento de diferenciarse de los orígenes más pobres imitando los comportamientos de los sectores dominantes.

Tras su agotamiento, el desarrollismo sería sustituido en la década de 1970 por el modelo neoliberal propulsado por la Crisis del Petróleo de 1973. El precio del crudo se disparó y, con él, los ingresos de los países de la OPEP, que depositarían sus petrodólares en los bancos de Nueva York. Ante la recesión que sufría el Norte, éstos decidieron financiar los déficits de los países periféricos con los petrodólares que se acumulaban en sus cuentas y que inundarían América Latina gracias a la cruzada de Ronald Reagan y Margaret Thatcher a favor del libre flujo de capitales. Sujetos a las tasas de interés de la Reserva Federal de EEUU, los préstamos dejaron el continente a merced de la voluntad de Washington. Arrancaba así el ciclo infinito del endeudamiento.

En 1976, la dictadura militar puso en marcha en Argentina la maquinaria neoliberal que seguiría en pleno funcionamiento durante la frágil democracia de las dos décadas siguientes. Como sugiere Klein en La Doctrina del Shock, el terrorismo de Estado atemorizó a la población y permitió la implementación de medidas inspiradas en el fundamentalismo del libre mercado que dilapidarían los avances del desarrollismo y concentrarían más riqueza en los bolsillos privilegiados. En 1982, un año antes del regreso de la democracia, la Junta Militar estatizó la deuda privada de empresas y bancos en un proceso de masiva socialización de pérdidas privadas que incluyó millones de dólares que debía el Grupo Macri. El actual candidato presidencial, beneficiario del traspaso de la deuda de su conglomerado empresarial al Estado, se postula hoy a presidir el mismo en nombre del manejo eficiente de los recursos públicos y del pago de las deudas contraídas.

La débil democracia de Raúl Alfonsín recibió en 1983 una mochila insoportable y no tardó en ser atacada por la oligarquía local y acosada por el sistema financiero internacional. El primer factor que desencadenó la crisis de deuda e hiperinflación de la década de 1980 en toda la región fue la aceptación, bajo presión del FMI y el Banco Mundial, de las enormes deudas ilegítimas contraídas por las dictaduras. En 1981, la decisión de Volcker al frente de la Reserva Federal estadounidense de disparar las tasas de interés multiplicó la deuda argentina y las de toda la región, obligando a los Estados a adquirir nuevas deudas para pagar parcialmente las viejas.

Tras la renuncia de Alfonsín en 1989, Carlos Menem inauguró el ajuste estructural. El fracaso de sus medidas contra la inflación motivaría la designación de Domingo Cavallo como Ministro de Economía, persona del agrado del establishment que presidía el Banco Central de la República Argentina cuando la dictadura estatizó la deuda privada. En nombre de la estabilidad macroeconómica y del control inflacionario – tema central hoy en la campaña argentina – este apóstol del neoliberalismo instauró la convertibilidad, atando el valor del peso argentino al del dólar y privando al Gobierno del control sobre su política monetaria, de modo similar a lo que ocurre hoy en la Eurozona. Ante la incapacidad de emitir moneda o ajustar su valor a las necesidades, la convertibilidad fue sostenida hasta su colapso en 2001 por medio del remate del patrimonio público y la emisión masiva de deuda externa, especialmente con el FMI, que se convertiría en amo y señor de Argentina. Bajo su tutela se impusieron la flexibilización laboral, la desregulación financiera, la regresión fiscal, la devaluación, la liberalización de precios y del mercado de capitales, la reducción del Estado, el recorte brutal de la inversión pública y la privatización masiva.

Ya durante el gobierno de Fernando de la Rúa, y con la colaboración de actuales dirigentes de la derecha argentina, las maniobras financieras sobre la deuda conocidas como “blindaje” y “megacanje” permitieron amasar millones de dólares a la banca nacional e internacional. A continuación, el sistema económico construido sobre el endeudamiento y la destrucción del Estado social se derrumbó sobre millones de argentinos, aunque no sobre quienes habían puesto a buen recaudo sus riquezas en el extranjero, las cuales se multiplicarían con la megadevaluación decretada por Eduardo Duhalde en 2002.

Al año siguiente, con un país devastado y ante una sociedad que gritaba: “¡Que se vayan todos!”, Néstor Kirchner se puso al frente de un Estado desmantelado e inició el retorno al desarrollismo de la posguerra. Como entonces y durante los siguientes 12 años, un Estado fuerte promovería la industrialización sustitutiva, estimularía la demanda interna, impulsaría la creación de millones de puestos de trabajo, expandiría y fortalecería a la clase media, otorgaría derechos y asistiría a los más vulnerables. Los gobiernos de Kirchner y de Cristina Fernández reformularon de este modo el modelo que había llevado a Argentina a su mayor nivel de desarrollo y bienestar hasta que fue dinamitado en la década de 1970. Y esto es, justamente, lo que podría volver a ocurrir.

En la economía argentina, y en la latinoamericana en general, hay sólo dos cajas de herramientas, y cada proyecto político maneja una de ellas. Una contiene industrialización, derechos, soberanía y trabajo; la otra, ajuste, privatización, subordinación y desempleo. El análisis de los ciclos económicos permite concluir que una hipotética presidencia de Mauricio Macri recuperaría el modelo que colapsó en 2001. En efecto, poco después del resultado electoral del pasado 26 de octubre, mientras Wall Street festejaba, mientras las acciones de los bancos que operan en Argentina se disparaban y las cotizaciones del Banco Hipotecario a través del que se conceden los créditos estatales de vivienda se hundían, fondos estadounidenses ofrecieron al candidato derechista abundante financiación para gobernar con tranquilidad ante la expectativa de una nueva etapa de desmantelamiento del Estado y desvalijamiento del país.

Cuarenta años después, la frustración generada por demandas insatisfechas y necesidades creadas durante 12 años de progreso y ascenso social puede truncar nuevamente un proceso de desarrollo que requiere ser sostenido para vencer los impedimentos estructurales de América Latina, y puede volver a situar el país en la casilla de salida de un juego en el que ganan muy pocos y pierden muchos.

Sobre la “Posición conjunta del PS y el PCP sobre la solución política” en Portugal

Comisión Política del PCP

pcp_logoCuatro años después de la entrada en funciones del gobierno PSD/CDS, Portugal se vio conducido a un cuadro de declive económico, de retroceso social, de dependencia externa y de empobrecimiento del régimen democrático que marca la realidad nacional tal cual se presenta.

Las elecciones del 4 de octubre trayeron de forma inequívoca la condena de la coalición PSD/CDS. Una condena expresada en el voto que dejó claro el aislamiento y la derrota política que ya anticipadamente había sido expresada por la lucha de los trabajadores y el pueblo portugués. No hay traición que valga que apague lo que la realidad revela: el PSD/CDS vieron frenada su ambición de mayoría absoluta; el PSD/CDS perdió las condiciones para proseguir su rumbo de explotación, empobrecimiento e injusticias.

Lo que verdaderamente se decide en elecciones legislativas son los diputados que cada fuerza política elige, las mayorías parlamentarias que se forman en la Asamblea de la República.

Fue con esta percepción con la que el PCP tomó la iniciativa debido a las necesarias e indispensables consecuencias políticas e institucionales de los resultados electorales.

La condena impuesta a la coalición PSD/CDS no fue una derrota de su gobierno, sino también de su política. El pueblo portugués dio una clara señal de que quería ver definitivamente alejado de sus vidas al gobierno del PSD/CDS y aspiraba a un cambio de política.

Fue a esa expresión de exigencias de cambio de la vida política nacional a la que el PCP respondió, anunciando desde entonces el rechazo a un gobierno del PSD/CDS que se eligiese en la Asamblea de la República y revelando su entera disponibilidad para la construcción de soluciones que asegurasen una respuesta capaz de garantizar el desarrollo económico, devolver derechos, subir salarios y pensiones, promover el empleo y combatir injusticias, recuperar el pleno derecho a la salud y la educación, garantizar una seguridad social sólida y con niveles de protección social más elevados.

Trabajamos para este objetivo de una forma seria y con empeño. De manera frontal y con la franqueza que nos son reconocidas. Con entero respeto por los posicionamientos y opciones del PS, sin eludir dificultades ni escondiendo divergencias, afirmando nuestra independencia e identidad, sin prescindir de nuestro Programa ni de nuestro Proyecto.

Un enfoque en el que se reconocieron la naturaleza distinta de los programas de los dos partidos y las diferencias de presupuestos con que observan y encuadran aspectos estructurales de la situación de Portugal. Y en el que se reconocieron, también, las mayores exigencias de identificación política que un acuerdo de gobierno y un programa de gobierno colocaban y que el trabajo realizado y las diferencias que existían no permitían verificar.

Desde primera hora, el PCP colocó en primer plano la valorización de los puntos de convergencia, las materias que pudiesen asegurar una respuesta rápida a las legítimas aspiraciones del pueblo portugués de ver recuperados sus salarios y pensiones, devueltos sus derechos, aseguradas mejores condiciones de vida.

Fueron los puntos de convergencia y no los de divergencia los que ambos partidos optaron por valorar. Fue ese grado de convergencia lo que permitió este nivel de compromiso que asumimos y respetamos. Sabemos que este es un camino no exento de dificultades y exigencias. Es la profunda aspiración del pueblo portugués a una vida mejor la que nos anima, interviniendo y luchando en cada momento para que los compromisos con una política que responda a derechos e intereses urgentes se pueda verificar y concretar.

El Comité Central del PCP confirmó anteayer las condiciones para asegurar una solución gubernamental que impida que el PSD/CDS prosiguiese la política de destrucción del país. Hay, en el nuevo marco parlamentario, una mayoría de diputados que constituyen una mayoría suficiente para la formación de un gobierno de iniciativa del PS, que permita la presentación de su programa, su entrada en funciones y la adopción de una política que asegure una solución duradera en la perspectiva de la legislatura.

Existe en la Asamblea de la República una base institucional que puede permitir concretar un conjunto de medidas y soluciones que den respuesta a los intereses de los trabajadores y del pueblo, una base institucional que permitirá ir tan lejos cuanto fuese la disposición de cada fuerza política que la compone para soportar el camino del repuesto de salarios e ingresos, de la devolución de derechos, del refuerzo del acceso a la salud, a la educación y a la seguridad social, en el apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas, a los jubilados, a los jóvenes. Son los objetivos de esta política y su concreción los que nos vinculan y para los cuales contribuiremos seriamente, disponibles para examinar y responder a esa expectativa de un cambio de política que los problemas del país y del pueblo exigen.

Mucho se ha dicho sobre este período, que forzó esta aclaración de la “Posición Conjunta del PS y el PCP sobre la solución política”, y mucho se seguirá viendo y leyendo, casi siempre sin fundamento. Queremos reafirmar aquí que por el PCP habla el PCP, por su propia voz y sus propias palabras, con sus posiciones y el rigor de sus formulaciones.

Es este el compromiso que reiteramos. Con la sólida prueba de quien honra sus palabras y sus compromisos. Con la reconocida garantía a los trabajadores y al pueblo de que no faltaremos en ningún momento y que no desperdiciaremos ninguna oportunidad que pueda servir para asegurarles la defensa y la afirmación de sus derechos, la valorización de sus ingresos, la plena realización de una vida digna.

NOTA: Traducción realizada por “La Atalaya Roja”

Entrevista a Mariela Castro: “En Cuba no hay femicidios y eso es efecto de la Revolución”

Por “Resumen Latinoamericano”

Mariela Castro es hija del primer mandatario cubano Raúl Castro y es también la principal promotora de la sanción de una ley de matrimonio igualitario para la isla. Desde el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX), que dirige desde hace 15 años, impulsó una reforma en la ley de trabajo para eliminar la discriminación por orientación sexual y fue responsable de una política efectiva para la prevención del VIH. Castro relató el proceso de cambio y precisó: “Hablamos de una ley de igualdad de oportunidades, porque la palabra matrimonio todavía genera muchas emociones.”

¿En qué consiste su modelo de educación sexual?

La sexualidad estuvo desde siempre marcada por relaciones de poder y por ideas, leyes, doctrinas basadas en esas relaciones. No siempre ha estado claro cómo cambiar ese modelo. Ahora, por suerte, lo está cada vez más. Nuestro enfoque de la educación sexual busca mostrar cómo se fue creando esa diferencia en detrimento de otras identidades de género y sexuales.

¿La clase social sigue siendo el principio ordenador?

No es la única, pero es la clave. Porque no la pasa igual un hombre gay pobre que uno rico; un transgénero migrante y uno blanco. En la formación que hacemos con activistas trabajamos esos entrecruzamientos y fomentamos la solidaridad. Por ejemplo, con los activistas LGTB trabajamos para que no se centren en sí mismos, que no se sitúen como únicas víctimas, fomentamos que se articule con otras causas justas y con toda la sociedad cubana. No tiene sentido aislarse, segregarse.

La Revolución era muy conservadora en estos temas, ¿cómo lograron transformar ese rasgo?

A mí me gusta hablar de este tema, no me resulta incómodo. Al contrario, me permite explicar nuestro punto de vista y reconocer lo que hay que reconocer. Todo el mundo quería que la primera revolución de América Latina fuera perfecta, pero no es posible. Los pueblos que quieran hacer revoluciones lo entenderán. No se puede saberlo todo, se cometen errores. Mi papá siempre me decía: “Fue un salto al abismo. Queríamos hacer justicia pero no sabíamos cómo se hacía.” No sabíamos cómo gobernar revolucionariamente, porque no es lo mismo que ser revolucionario. Es una generación que ha hecho un gran esfuerzo, le merecemos un respeto que no podemos obviar. Porque lo nuevo y lo renovador cree que siempre tiene las mejores respuestas, pero las ideas biologicistas o patologizadoras también fueron vanguardia.

¿Este cambio implicó una renovación?

Claro. El día que la Revolución deje de renovarse ya no va a ser una revolución. En estos temas se trabajaba para la renovación pero no se lograba porque no teníamos todas las herramientas. Tuvimos que indagar, estudiar y reflexionar mucho.

¿Cuáles eran los principales obstáculos?

Los prejuicios que aprendimos de nuestros ancestros españoles, y africanos también, y que estaban en el mundo entero. Esos prejuicios no ayudaban a que se defina una política clara. Se proponían reflexiones, pero no propuestas.

¿Cuál es la situación de los derechos de las mujeres en Cuba hoy?

La cosa buena es que las mujeres estamos organizadas, y eso da mucha fuerza. Hay muchas campañas, programas de televisión y radio, espacios científicos… Se ha trabajado en el empoderamiento y hoy somos el tercer o cuarto país con mayor presencia de mujeres parlamentarias, hay mayor número de graduadas universitarias, hay paridad salarial desde 1959… Nosotros no tenemos, por ejemplo, femicidios. Porque Cuba no es un país violento, y eso sí es efecto de la Revolución.

¿Y la prostitución?

No la consideramos trabajo, porque en Cuba hay otras alternativas, pero al que se persigue es al proxeneta. Hay muchas cosas que inciden y hay que tratarlas cuidadosamente para no estigmatizar.