Historia y actualidad de Xinjiang (parte 1)

Os presentamos una serie de textos informativos sobre la historia y cultura de Xinjiang (o Turkestán Oriental), un territorio de la República Popular China habitado mayoritariamente por uigures, un pueblo de origen turanio (turco) que habla una lengua procedente a dicha familia y que profesa el Islam.

La serie estará dividida en tres partes que iremos publicando a lo largo de este día, con la intención de dinamizar la lectura de quienes visitéis este blog.

Primera parte: El origen de los uigures

Los tocarios fueron un pueblo indoeuropeo que ocupó hace unos 4.000 años lo que ahora es Xinjiang. Restos momificados que datan del 1800 a.d.E. sugieren que eran de ojos y cabellos claros; hablaban un idioma proveniente de la Persia oriental y su escritura era originaria de las tierras al este del río Indo. Ciertos investigadores los consideran antepasados de la tribu bactriana (cuya capital se encontraba en el actual Afganistán), de la que existen numerosos registros. Fue sometida por los persas en el siglo VI a.d.E. y, dos siglos después, por el célebre Alejandro Magno. Grabados chinos hablan sobre un pueblo de mercaderes al que llaman “daxia” que correspondería a los bactrianos, cuyos territorios bordeaban China, Persia y la India. Los griegos escribieron sobre este pueblo y se considera que Zoroastro/Zaratustra debió nacer en esos territorios.

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Mezquita de Yanqi, en Xinjiang (China)

Los bactrianos, que eventualmente conformarían el Tocaristán (“hogar de los tocarios”), estuvieron sometidos por xionitas, eftalitas, turcos y árabes, hasta desaparecer alrededor del siglo VIII de nuestra Era. Su posición central y el flujo de gobernantes los expuso al budismo, al zoroastrismo, al maniqueísmo, al cristianismo nestoriano y, finalmente, al Islam. Se considera que fueron los bactrianos quienes introdujeron el budismo en China. Entre las mercancías con las que solían comerciar se encontraban artículos sumamente valiosos como la seda, el jade, especias y papel.

De la diáspora, unas tribus autodenominadas “uigures”, en lo que hoy es Mongolia, se alzaron contra los llamados turcos azules en el siglo VIII para conformar el Imperio Uigur. En aquel entonces, la Dinastía Tang del Imperio Chino estaba debilitada y dependía de sus lazos con este nuevo reino uigur, al que hasta rendían tributo para defenderse de las agresiones tibetanas. Un siglo después, presionados por el exterior, principalmente por tribus nómadas de Asia Central y por el entonces belicoso Tíbet, el Imperio Uigur se fragmentó. Los kirguises, originarios de la actual ex-república soviética de Kirguistán, destruyeron toda ciudad uigur que encontraron a su paso, llegando hasta Ordu Baliq, la capital uigur de aquel entonces, que se encontraba en el corazón de la actual Mongolia. A mediados del siglo IX el pueblo uigur se dispersó y se mezcló con otras tribus de la región. Los territorios de la Cuenca del Tarim fueron gobernados durante unos 200 años (hasta el siglo XIII) por un sultán turcomano de Bujará, que impuso el Islam. Adoptaron la actual lengua uigur y la escritura árabe, que conservan hasta nuestros días.

Los remanentes de la cultura tocaria sobrevivieron a las continuas invasiones gracias al temible Desierto de Takla Makan, que aislaba parcialmente a las aldeas uigures. Después llegaron las hordas mongolas de Gengis Khan, que los integraron a la jurisdicción china. Desde entonces, los uigures han combatido el dominio chino sin éxitos duraderos. El avance de las vías de comunicación ha ido disiminuyendo la distancia entre Beijing y Xinjiang y, con ello, su autonomía real.

Eso es el pueblo uigur: una mezcolanza confusa de culturas. Pero definirse aquí no es limitarse, sino más bien liberarse. Las momias tocarias son utilizadas por los uigures para reivindicar Xinjiang como su territorio con base en antigüedad (nosotros llegamos primero).

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Tres uigures, la nacionalidad china musulmana más numerosa

A la momia pelirroja conocida como “la bella de Kroran” (data del 1400 a.d.E.) le ha sido conferido el título de “madre de los uigures” por los separatistas. El museo chino que la resguarda reconoce su ascendencia indoeuropea a la vez que advierte que Xinjiang es parte inalienable de la República Popular China. Las autoridades chinas descalifican los estudios de ADN que enfatizan los rasgos centroasiáticos y lleva a cabo sus propias investigaciones, que arrojan conclusiones diferentes. El resultado son tumbas profanadas, pruebas abandonadas, reliquias robadas, pillaje y destrucción de la Historia permitida por oficiales locales, en aras de mantener la “armonía”. A fin de cuentas, ¿qué es la identidad sin la Historia?

FUENTE: China Files

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