El socialismo chino (Herwig Lerouge)

ChinaEste texto es una introducción de la obra “¿Hacia dónde va China?”, obra del periodista belga Peter Franssen, militante del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB).

En el año 2006, el crecimiento de la economía china fue de un 10’7%. Desde 1978 ha seguido una buena media anual. En Europa Occidental, los expertos en economía hablan de un buen año cuando el crecimiento sobrepasa el 2%. Además, no hay que olvidar que una parte de este crecimiento europeo tiene que ver con las espectaculares cifras del crecimiento chino. China necesita petróleo, acero, máquinas, materias primas, tecnologías, etc. que las multinacionales occidentales suministran con placer.

China es, cada vez más, una espina en el pie del mundo capitalista. Veamos las relaciones de China con el Tercer Mundo. La República Popular China compra a precios razonables y justos materias primas en África, América Latina y Oriente Medio. De esta manera, muchos países del Tercer Mundo ven la posibilidad de liberarse del chantaje y el dumping impuesto por los EEUU y Europa. Hoy, estos países del Tercer Mundo tienen la capacidad de elegir a quién venden sus productos.

A diferencia de lo que suelen hacer los países capitalistas, China suministra préstamos baratos a los países del Tercer Mundo con los que comercia, para construir la infraestructura. Y no les obliga a comprar productos de fabricación china con el dinero de los préstamos.

China es hoy un fuerte aliado en el cada vez mayor frente de resistencia del Tercer Mundo contra el dominio del imperialismo estadounidense y europeo sobre la economía mundial. China parece ser también, por el momento, el único país que se puede oponer a largo plazo a los planes de dominación mundial de las fuerzas imperialistas de los EEUU. Algunos dirigentes europeos parecen querer situarse del lado de China para no quedar desbancados. Es el caso, por ejemplo, de Guy Spitaels, antiguo presidente del Partido Socialista de Bélgica. China construyó con medios puramente económicos un contrapeso tal, que ya es muy tarde (piensa Spitaels) para poder ser abatido militarmente por los EEUU. Lo que no impide que las fuerzas ultraconservadoras norteamericanas defiendan permanentemente dicha intervención. “Cuanto más tarde se haga, más duro será”, dicen.

Las protestas contra China en la prensa occidental son cada vez más frecuentes. Naturalmente, no dicen que China está arruinando el mercado de materias primas que necesitan las multinacionales occidentales. Por el contrario, hablan del “imperialismo chino”, que no tiene en cuenta con qué regímenes trabaja y que destruye el mercado interior africano con productos chinos baratos.

China sigue un camino anti-imperialista. Esto al menos parece claro. Pero esta China triunfante, ¿es todavía socialista? ¿La economía no está cada vez más dominada por una nueva clase capitalista? ¿China no conoce los defectos clásicos del capitalismo: el paro creciente, las condiciones espantosas de trabajo, la diferencia cada vez más grande entre ricos y pobres, entre la ciudad y el campo, o la corrupción? ¿Qué queda todavía, en la “economía socialista de mercado”, de los principios clásicos de una economía socialista como la planificación central, la propiedad estatal de las grandes empresas, o la colectivización de la agricultura? ¿Los campesinos y los obreros son todavía dueños del Estado? ¿Qué fue de la “continuación de la lucha de clases bajo el socialismo”? ¿Cómo trabaja el Partido Comunista de China para suprimir las diferencias de clase?

Peter Franssen, periodista en el semanario belga Solidaire, intenta ofrecer una respuesta a estas complejas cuestiones. Analiza los 30 primeros años de la Revolución China bajo la dirección de Mao de manera dialéctica. La industria pesada se desarrolló y sectores como la sanidad o la enseñanza conocieron un crecimiento espectacular. China, país casi exclusivamente agrícola en 1949, tenía en 1970 un adelanto considerable respecto a su vecina India. Pero durante este período el PCCh cometió también muchos errores izquierdistas, según afirma Franssen. Y describe los errores.

El bienestar no creció lo que se esperaba. El consumo por familia no aumentaba lo suficiente, la financiación de la industria pesada se hacía en exceso a costa de la agricultura. Los ingresos de los campesinos aumentaban más lentamente que el de los obreros y los habitantes de las ciudades. El sector del comercio, de los hoteles y restaurantes tampoco se desarrollaba a causa de la rígida concepción de la economía planificada que defendía que el pequeño comercio, los hoteles, cafés y restaurantes continuasen en manos estatales. El desarrollo de la industria ligera hubiera progresado más rápido en esta fase del desarrollo económico si las fuerzas sociales que trabajaban en este sector hubieran podido tomar la iniciativa. Pero estas ideas no se planteaban en las concepciones de la época de Mao. A finales de la década de 1970, la necesidad de un nuevo enfoque económico era evidente para la mayor parte de los altos cargos del PCCh.

El autor apoya las reformas, se basa en la concepción de Marx y Engels de que el socialismo nacería en países en los que el capitalismo hubiese completado su papel histórico. Cuando este rol histórico haya sido completado, la razón de la existencia de esta organización de la sociedad caerá, y por necesidad económica, será destruida por una forma superior de organización. El rol histórico del capitalismo consiste en socializar la organización del trabajo. Así, al remodelar a los individuos aislados en seres sociales; al llevar a las fuerzas productivas a un crecimiento jamás visto, al transformar la economía agraria en una economía industrial; al desarrollar la ciencia y la tecnología de tal manera que la naturaleza ya no sea impenetrable y súbdita de la idolatría; sino que se transforme para ser un instrumento de progreso social y de emancipación ideológica; reduciendo el tiempo de trabajo necesario para la producción de los medios de subsistencia aumentando la productividad del trabajo, de manera que se cree la posibilidad de producir en abundancia otras mercancías, y desarrollar así la cultura general. En resumen, el capitalismo debe crear las condiciones que hacen posible el socialismo. A partir de mediados de la década de 1950, una parte de los dirigentes chinos pensaba que el socialismo y el comunismo nacen de la nada, y que las relaciones de producción podían ser elegidas al gusto y según las propias convicciones ideológicas.

Que el comunismo no puede construirse plenamente salvo en los países donde el capitalismo ha completado su papel histórico no quiere decir en absoluto que los comunistas rusos y chinos deban renunciar al poder. Cuando en Rusia la clase obrera tomó el poder durante la Revolución de Octubre, el país estaba económica y socialmente muy lejos de un estado de desarrollo capitalista avanzado. La industria, y en consecuencia la clase obrera, estaban desarrollados de manera muy débil (solo el 5% de los trabajadores rusos eran trabajadores industriales, proletarios). Rusia era en 1917 un país todavía esencialmente agrario. Y para colmo se encontraba devastado por la guerra.

Lenin se daba cuenta de que debía encontrar el camino concreto para ir paso a paso del antiguo Estado y de la situación de destrucción de Rusia hacia el socialismo ideal, el modelo que Marx y Engels ya habían esbozado precisa y correctamente. Afirmó que en la Unión Soviética reinaba el poder de la clase obrera. Pero la economía no puede ser socialista de buenas a primeras, si bien es el objetivo al que se dedica la clase obrera. Previamente existe todo un período de transición.

En 1921 Lenin introduce la Nueva Política Económica (NEP): una política que permitía el desarrollo del capitalismo y del mercado. Lenin habla de una fase intermedia que duraría “algunas décadas”. Pero este desarrollo cuenta con el peligro de que el capitalismo se haga fuerte e intente romper con el poder del Estado socialista. Fue lo que ocurrió en Rusia en 1930, cuando los campesinos adinerados pusieron en riesgo el aprovisionamiento de las ciudades, reteniendo sus cosechas con la esperanza de obtener precios más elevados. Los altos precios de los cereales harían aumentar los salarios y pondrían en peligro la industrialización. Es por este motivo que la URSS debió colectivizar la agricultura rápidamente y romper con el poder de los campesinos ricos. Tal vez el Gobierno de los Soviets hubiese preferido mantener la NEP algún tiempo más, pero los ataques de la burguesía, cuya fuerza aumentaba, no lo permitían.

Tanto la NEP como su abandono (antes de lo previsto) y su reemplazo por una industrialización socialista “forzada” no respondían a ningún modelo teórico marxista, sino a las necesidades concretas de una situación concreta: es la única manera de avanzar hacia el socialismo, de consolidar lo que está ya adquirido y de no retroceder hasta el punto de partida. La clase obrera puede tomar el poder de un día a otro durante la revolución. Pero la construcción de una economía socialista y de una sociedad socialista (según el modelo que Marx y Engels habían propuesto como principio) exige sin duda en los países débilmente desarrollados un período de transición, que puede ser de larga duración. Este período de transición puede atravesar diferentes fases, que pueden incluso ser contradictorias.

A principios de la década de 1980, los comunistas chinos elaboraron la teoría de “la primera fase del socialismo”. La característica principal de esta fase es el subdesarrollo de la sociedad, consecuencia del escaso nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y de su baja productividad. Los comunistas chinos asumieron entonces que su tarea más importante era desarrollar las fuerzas productivas al máximo. Esto implica que el papel histórico de la propiedad privada todavía no habría finalizado.

Peter Franssen describe cómo las reformas del PCCh se basaban en una investigación concreta y no en dogmas fosilizados. Los resultados de este tipo de estudios llegaron a la conclusión de que la forma de propiedad más apta para hacer progresar las fuerzas productivas depende de la situación económica específica. Una economía que no esté todavía muy desarrollada parece mostrar que la explotación privada es a menudo más eficaz y productiva que la explotación colectiva. Pero el socialismo impone que la explotación privada beneficie al desarrollo socialista o, en otras palabras, que el capitalismo se ponga al servicio de la construcción socialista.

Toda la discusión sobre las reformas está relacionada con las tesis de Mao acerca de la investigación de la veracidad en los hechos. El pueblo chino llegó a la conclusión de que el marxismo no era un dogma grabado en piedra que, por encima del mercado, tuviese las respuestas de problemas sobre los cuales ni Marx ni Engels habían podido tener conocimiento. Ninguna ciencia termina y toda ciencia vuelve sobre lo que en un primer momento parecía ser justo y completo. Esto también es válido para el socialismo científico. Como la práctica cambia en cada instante y en cada lugar, el marxismo puede formular principios de base y proponer métodos de reflexión para examinar la práctica, pero no puede dar una respuesta prefabricada a los problemas que se van planteando. El autor afirma que Marx no ha explicado en ninguna parte cómo habría que desarrollar un país atrasado, que hasta la liberación en 1949 era semifeudal y semicolonial. El pueblo chino está obligado a profundizar en el marxismo y a innovar para estar a la altura de los complejos problemas que se les plantean. Están obligados a resolver las cuestiones teóricas del tipo: ¿Qué es el socialismo en un país subdesarrollado? ¿Cómo y en qué medida se puede organizar la lucha de clases en el socialismo? ¿Cuál es el papel del Partido Comunista en una economía socialista que conoce ciertas relaciones capitalistas? El Partido Comunista de China realiza reformas radicales. La tierra que era trabajada colectivamente fue confiada a las familias. El pueblo chino necesita capital, tecnología y técnicas de gestión de empresas de la economía capitalista altamente desarrollada, y por ello autorizan la importación. Las empresas privadas chinas se desarrollan igualmente.

Peter Franssen describe en detalle el éxito de estas políticas, sus correcciones y también sus peligros. Según él, el Partido Comunista de China es muy consciente del peligro que puede suponer para el socialismo un mercado más invasor. Está de acuerdo con Mao, que afirmó en 1957 que la cuestión de saber qué triunfaría en China, si el socialismo o el capitalismo, estaba lejos de estar resuelta. Era una realidad en la época y lo sigue siendo todavía hoy en día. Pero si miramos de manera retrospectiva la historia del PCCh y sus victorias, no faltan razones para ser optimistas.

Que este artículo sea el inicio de un debate provechoso. En las filas de la burguesía internacional existe una gran división de opiniones acerca de la actitud a adoptar ante la vía que ha tomado China. Para algunos, ha elegido definitivamente el lado del desarrollo capitalista. Otros, al contrario, observan con lástima como un país dirigido por un PC consigue un éxito desconocido en el mundo capitalista. Están convencidos de que se trata de una fase de transición… Una vez que las fuerzas productivas hayan alcanzado en todo el país un grado de desarrollo suficientemente alto, temen que China vuelva a tener una economía colectiva y planificada. Sin ninguna duda, las dos opiniones harán todo lo posible por mantener en el interior del Partido Comunista de China a las fuerzas que pretenden llevar la evolución hacia un capitalismo inexorable.

A la gente de izquierdas y a los comunistas se les plantean las mismas cuestiones, aunque surgen de otro problema. Una China socialista y fuerte puede cambiar rápidamente las relaciones de fuerza a nivel mundial. Pero algunos se preguntan si las reformas actuales no han ido ya demasiado lejos, o si las fuerzas burguesas en la economía y tal vez incluso en el aparato del Estado no han tomado ya posiciones demasiado sólidas para dejarse neutralizar pacíficamente.

Que este artículo ayude a dar a conocer los resultados manifiestamente positivos, a desmentir algunas falsedades aparentes, a escuchar objetivamente los argumentos con los cuales el Partido Comunista de China justifica sus políticas. Quien quiera plantear cuestiones, aclarar problemas que no sean conocidos o discutir de ciertos conceptos teóricos, podrá incluir sus observaciones. El siglo XX nos ha enseñado que el camino de la construcción socialista debe ser juzgado en un largo período, pues unas pocas décadas no significan nada en la escala de la Historia. Es tan sólo el principio, continuemos el debate.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s