Entrevista a José Antonio Egido: “En China hay un socialismo de mercado que convive con el capitalismo”

Por Correo del Orinoco

José Antonio Egido pudo vivir en China durante un año. El sistema económico y político que rige en ese país es un tema que le apasiona; tanto, que escribió un libro, “El Pájaro en la Jaula”, presentado en julio en la Feria del Libro de Caracas, y editado por parte del fondo editorial “Las Tres Raíces”.

Egido asegura que en China hay un socialismo de mercado que convive con el capitalismo, y así lo expuso ante el numeroso público que se congregó para escucharlo en la sala Rengifo, en pleno Parque Los Caobos.

En conversación con Correo del Orinoco, el investigador dijo que China sí puede ser un modelo para otros países, pero para ello “hace falta que el socialismo quiera y que el mercado quiera”, porque la idea de revolucionarios como Lenin y Mao es “una transición a largo plazo” y eso “a veces se da y a veces no se da”.

Egido enfatizó que la economía debe intervenir en la realidad, porque “uno tiene que dar de comer a la población, tiene que darle medicina”.

– ¿Vale el socialismo de mercado para China?

Para China valió, para China vale. Para Vietnam, vale. Para Cuba, vale.

– ¿Para Venezuela vale?

Yo creo que Venezuela tiene que pasar una larga temporada de transición. Creo que aquí tiene que pasar, sobre todo, una cosa que decía un gran filósofo venezolano: que no pasemos como una tragedia griega. En la tragedia griega todo va a la muerte. Aquí tenemos que hacer que funcione lo privado, que funcione lo público y que el país construya una economía sana.

GENERAR BIENES MATERIALES

En el libro, explicó Egido durante la presentación, se abordan aspectos como la llamada “revolución cultural”, que en su opinión “no fue revolución ni fue cultural”; incluso, afirmó que Mao Zedong “se volvió loco” y que se dedicó a eliminar a los grandes constructores del socialismo.

El investigador consideró que Deng Xiaoping lanzó otro camino, “un camino con problemas”. Hay ahora “un socialismo de mercado”, que responde a la necesidad de generar bienes materiales: “Ellos tienen que dar de comer a mucha gente”, recordó, y además saben qué es pobreza, explotación y colonialismo.

Ese socialismo de mercado de factura china, recalcó, es una cooperación técnica y financiera alternativa al Fondo Monetario Internacional. “Vivimos un buen momento del socialismo en China”, expuso Egido, pero admitió que hay un debate acerca de si es o no es socialismo. “Yo mismo me lo pregunto”, confesó, no sin antes subrayar que China “es compleja”.

Su recomendación para entender lo que sucede en la nación asiática es “estudiar mucho, ser prudente, ser paciente”. Estimó que los chinos “han hecho milagros y han hecho catástrofes” y exhortó a aprender lo bueno de China. También celebró al presidente Hugo Chávez, que abrió a Venezuela a relaciones estrechas con la nación asiática.

AMPLIO ESPECTRO

De acuerdo con el analista, hay en China un amplio espectro social. Citó -de los materiales incluidos en el libro- la actividad de pequeños empresarios familiares, que prestan servicios en la calle. También “existen grandes fortunas”, precisó, pero el núcleo central de la economía no está en manos de capitalistas privados, sino del Estado.

“No es el mercado el que domina la economía china, sino las decisiones políticas, sabias” del Estado y del Partido Comunista de China. La planificación, sentenció, es el eje de la economía china.

Para Egido, hoy no se sabe si ganará el capitalismo o el socialismo en China. No obstante, insistió en que “el socialismo no es la pobreza; el socialismo es el desarrollo de las fuerzas productivas” y en China han podido hacerlo con el capitalismo privado.

El objetivo del socialismo chino no es dilapidar los recursos, contrastó, sino tener una sociedad “modestamente acomodada”.

El analista espera que el libro “El Pájaro en la Jaula” sea leído por ministros, estudiantes, campesinos, trabajadores y por “los que crean en el socialismo”.

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Un viaje instructivo a China: reflexiones de un filósofo

Por Domenico Losurdo

(Traducción al castellano por Pável Blanco Cabrera)

Del 3 al 16 de julio de 2010 tuve el privilegio de visitar algunas ciudades y realidades de China, en el ámbito de una delegación invitada por el Partido Comunista de China, delegación de la que también hicieron parte representantes de los partidos comunistas de Portugal, Grecia y Francia, y Die Linke, de Alemania; en cuanto a Italia, además del que escribe, participaron en el viaje Vladimiro Giacché y Francesco Maringió. Este texto no es un diario ni una crónica: son solo reflexiones fruto de una experiencia extraordinaria.

La primera cosa que salta a la vista en el transcurso del encuentro con los representantes del Partido Comunista de China y con los dirigentes de las fábricas, de las escuelas y de los barrios visitados, es la tónica autocrítica, digamos la pasión autocrítica de que dan prueba nuestros interlocutores. En este punto es evidente la ruptura con la tradición del “socialismo real”. Los comunistas chinos no dejan de señalar que el camino a recorrer es largo, por lo tanto numerosos y gigantescos son los problemas a resolver y los desafíos a enfrentar, y que, a pesar de todo, su país continúa siendo parte del Tercer Mundo.

Vista del antiguo barrio alemán de Shanghai.

En verdad, en el transcurso de nuestro viaje, no encontramos ese Tercer Mundo. Por lo menos en Pekín, que fascina con su aeropuerto ultramoderno y reluciente, y aún menos en Qingdao, donde se realizaron los Juegos Olímpicos de 2008 y que recuerda a una ciudad occidental de belleza y elegancia especiales, con un nivel de vida elevado. Tampoco encontramos el Tercer Mundo cuando nos apartamos 1.500 kilómetros de las regiones costeras orientales, más desarrolladas, y aterrizamos en Chongqing, la enorme megalópolis que tiene un total de 32 millones de habitantes y que, hasta hace algunos años, parecía tener dificultad en acompañar al milagro económico. No tenemos dudas de que el Tercer Mundo aún existe en el enorme país asiático, pero el encuentro frustrado con él fue consecuencia no de la voluntad de esconder los puntos débiles de la China moderna, sino del hecho de que el impetuoso crecimiento en curso desde hace ya más de 30 años está reduciendo, disminuyendo y fraccionando a un ritmo acelerado el área de subdesarrollo que se convierte en una lejanía cada vez más distante.

En Occidente no faltan, a este respecto, los que van a hacer muecas: desarrollo, crecimiento, industrialización, urbanización, milagro económico de una amplitud y duración sin precedentes en la Historia, ¡qué vulgaridad! Este esnobismo del “bello mundo” parece considerar insignificante el hecho de que millones de personas hayan escapado a un destino que los condenaba a la desnutrición, al hambre y a la muerte por inanición. Y los que encuentran que el desarrollo de las fuerzas productivas es apenas una cuestión de bienestar económico y de consumismo deberían leer (o releer) las páginas del Manifiesto del Partido Comunista que ponen en evidencia el idiotismo de una vida rural circunscrita por la miseria, incluyendo la cultural, de las fronteras limitadas e intransponibles. Cuando visitamos hoy las maravillas de la Ciudad Imperial en Pekín y, a algunos kilómetros de distancia, la Gran Muralla, deparamos con un fenómeno que no existía en 1973, ni siquiera en el año 2000, es decir, en mis dos anteriores viajes a China. Hoy en día salta a la vista la presencia masiva de visitantes chinos: son turistas con características especiales: llegan frecuentemente de un cantón remoto del enorme país; probablemente es la primera vez que visitan la capital; en el plano cultural comienzan a apropiarse de cierta forma de la noción de la civilización tan antigua de la que forman parte; dejan de ser simples campesinos ligados como en una prisión a la parcela de la tierra que cultivan y se convierten en verdaderos ciudadanos de un país cada vez más abierto al mundo.

Mucho después de las horas de la apertura para la visita de los monumentos y museos, la Plaza de Tiananmen continúa con el hormigueo de personas: son muchos los que esperan y observan con orgullo el izar de los colores de la República Popular China. No, no se trata de chovinismo: los chinos gustan de ser fotografiados con visitantes extranjeros (yo también fui objeto y acepté con placer pedidos de este género); y como si invitasen al resto del mundo a festejar con ellos el regreso de una civilización muy antigua, oprimida y humillada durante mucho tiempo por el imperialismo. No hay la menor duda, el prodigioso desarrollo de las fuerzas productivas no se limitó a arrancar de la miseria y de privaciones a centenares de millones de hombres y mujeres; les aseguró una dignidad individual y nacional, les permitió ampliar considerablemente su horizonte abriéndoles frente al enorme país del que forman parte y, más aún, frente al mundo entero.

La obra completa se puede leer aquí.

Más allá de la hipocresía

Por Bashar al-Assad

Presidente de la República Árabe Siria

Sobre la “negación de la realidad”, hace dos años que Siria está luchando contra adversarios y enemigos. No puedes lograr eso si no tienes el apoyo del pueblo. Negando la realidad no se obtiene el apoyo del pueblo. En el Reino Unido, un estudio reciente muestra que una proporción importante de los británicos le está pidiendo a su gobierno que “no se meta en Siria” y que piensan que [el Gobierno británico] no debería entregar equipamiento militar a los rebeldes en Siria. A pesar de eso, el Gobierno británico sigue tratando de que la Unión Europea levante el embargo sobre las entregas de armas a los rebeldes en Siria y quiere entregarles “armamento pesado”. ¡Eso es ignorar a su propia opinión pública! ¡Eso es lo que yo llamo “negación de la realidad”!

Pero van más lejos aún cuando declaran que quieren enviar “ayuda militar” presentada como “no letal”, ¡cuando los datos de inteligencia, la ayuda financiera y los equipos de comunicación proporcionados son efectivamente letales! Los atentados del 11 de septiembre de 2001 no fueron perpetrados con “ayudas letales”. Fue la utilización y el entrenamiento en una tecnología “no letal” lo que causó estas atrocidades. El Gobierno británico quiere enviar ayuda militar a los “grupos moderados”, cuando sabe muy bien que esos grupos moderados no existen en Siria. Hoy en día todos sabemos que estamos luchando contra Al-Qaeda o contra el Frente Al-Nusra – que es una emanación de Al-Qaeda- y otros grupos de individuos adoctrinados con ideologías extremistas. ¡Eso es ir más allá de la hipocresía!

Ir más allá de la hipocresía es que me hablen de “libertad de expresión” cuando se prohíbe la difusión de canales de televisión sirios en los satélites europeos, cuando se llora por alguien que fue asesinado en Siria por los terroristas mientras que su Gobierno impide que el Consejo de Seguridad de la ONU adopte una declaración denunciando un atentado como el de la semana pasada en Damasco, que dejó a 300 sirios (entre los cuales había mujeres y niños) muertos o heridos, ¡todos civiles! Ir más allá de la hipocresía es cuando se predica desde Occidente por los derechos humanos mientras van por ahí -como en Irak, Afganistán o Libia- matando a cientos de miles de personas en guerras ilegales. Ir más allá de la hipocresía es cuando hablan de democracia mientras que sus aliados más cercanos son los regímenes más autocráticos del mundo, dignos de la época medieval. ¡Eso es hipocresía!

 

Sobre las decisiones del Eurogrupo en relación a Grecia

Por el Partido Comunista Portugués (PCP)

El anuncio por el Eurogrupo de un nuevo memorandum para Grecia representa la imposición al pueblo griego de la política de explotación, de empobrecimiento, de sumisión a los intereses del gran capital y de las grandes potencias.

Un nuevo memorandum que está impuesto a partir de un inaceptable proceso de desestabilización y chantaje de la Unión Europea y del FMI, que el Gobierno portugués del PSD/CDS apoyó y del que los socialistas portugueses fueron cómplices, y que sacó partido de las incoherencias, contradicciones y cesiones del gobierno de SYRIZA/ANEL – que, significativamente, contó con el apoyo de Nueva Democracia y el PASOK para su aprobación en el Parlamento griego.

Un memorando que – concretando las decisiones de la Cumbre del Euro del pasado 12 de julio – representa el continuismo de la política que llevó a Grecia a la catástrofe social y económica, a una deuda insostenible e impagable, al pillaje de sus recursos, a la subordinación a la Troika compuesta por la UE, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

El PCP reafirma su solidaridad con los trabajadores y el pueblo griego y su lucha contra las políticas de explotación, empobrecimiento y sumisión.

El PCP reafirma que una política verdaderamente comprometida con los valores de la justicia y el progreso social, del desarrollo soberano y de la democracia, exige la ruptura con las restricciones y condiciones del euro y de la Unión Económica y Monetaria, dictados por los intereses del gran capital financiero y de las grandes potencias de la Unión Europea.

La vía canaria al socialismo

Por D. Delgado

Para los comunistas, el socialismo es el período histórico revolucionario de transición que media entre el modo capitalista de producción y apropiación de la riqueza y la sociedad comunista. O sea, el socialismo es la etapa previa al comunismo, o la primera fase del mismo.

Por lo tanto, en una época histórica en la que todavía es hegemónico el capitalismo en su fase imperialista, a los comunistas lo que nos corresponde es estudiar, analizar y discutir las propias leyes del sistema capitalista contemporáneo, así como las que deben regir el desarrollo del socialismo.

Naturalmente, las tareas y necesidades de los comunistas en los países en los que ya han conquistado el poder político no son las miasmas que las de los revolucionarios que desarrollan su lucha en el seno de países capitalistas, como es el caso de los comunistas canarios.

A los primeros, lo que les atañe es la consolidación del socialismo y su máximo desarrollo para superar al capitalismo en todos los ámbitos. O sea, aplastar a la burguesía contrarrevolucionaria y lograr que el modo socialista de producción y distribución de la riqueza sea tan eficiente y avanzado que llegue a rebasar al capitalismo en todas las áreas.

A los segundos, obviamente, lo que nos concierne es la toma del poder. Pues mientras los trabajadores y su vanguardia no ostentemos el poder político, no podremos edificar el socialismo de ninguna manera.

Pero algo que tienen en común los comunistas, tanto los que gobiernan en los Estados socialistas como los que aspiran a organizar la revolución en sus países donde domina el capitalismo, es que tienen que buscar su propia vía para tomar el poder y desarrollar el socialismo. Pensar lo contrario significaría creer que existe una receta milagrosa útil para cualquier época y lugar, que tan sólo con aplicarla correctamente llevaría al triunfo de la revolución y el éxito del socialismo.

¿Supone esto entonces que todo es válido en el camino hacia el socialismo? De ninguna manera. De hecho, ese es uno de los argumentos-trampa más empleados por los revisionistas, los reformistas y los oportunistas cuando pretenden engañar a la clase obrera haciéndoles creer que ellos están por la superación del capitalismo pero por medio de otras vías pacíficas, modernas, alternativas y no dogmáticas, frente a los comunistas trasnochados que vivimos en el pasado y defendemos métodos intransigentes y tácticas doctrinales de otra época con las cuales no se identifican las masas y que, por tanto, nos llevan al aislamiento y a un callejón sin salida.

Quienes dicen todas esas falacias, haciendo hincapié en que ellos también son socialistas (lo cual podría ser cierto suponiendo que defiendan un socialismo ajeno al socialismo científico, fundado por Marx y Engels), e incluso comunistas, insultando sin ningún escrúpulo a los verdaderos revolucionarios, no aspiran más que a obtener pequeñas parcelas de poder que les permitan endulzar mínimamente el sistema capitalista, y de paso vivir como profesionales de la política, que para un obrero o un pequeño-burgués no es precisamente un mal trabajo.

En definitiva, consciente o inconscientemente, para lo que sirven realmente es para legitimar y perpetuar la explotación capitalista y vivir de ella.

Entonces, ¿cómo distinguir a los troleros que en nombre del socialismo e incluso del comunismo adoptan discursos aparentemente propios del pensamiento comunista para justificar sus métodos, ideologías, formas organizativas, tácticas y objetivos, que no tienen nada que ver con los propósitos revolucionarios de los ideales comunistas, de los comunistas consecuentes que reconocemos que en la senda hacia la toma de poder y la construcción del socialismo, los trabajadores de cada país tienen que buscar su propia vía en base a su realidad concreta?

Sencillamente comprendiendo que los comunistas somos quienes defendemos que la destrucción del Estado burgués sólo es posible mediante una revolución y educamos a las masas continuamente en esta idea, y que una vez tomado el poder, en la transición del capitalismo al comunismo, se dan diversidad de formas políticas sin existir un modelo único, cuya presencia particular a todas ellas es la dictadura del proletariado.

Entendiendo y asumiendo esas premisas, podemos teorizar que la vía canaria al socialismo será el particular proceso revolucionario que conducirá a la destrucción del aparato estatal burgués, la instauración de la dictadura del proletariado y la edificación del socialismo, dirigido por la clase obrera canaria organizada en su propio partido político independiente.

Y el primer paso para que la vía canaria al socialismo no sea más que pura teoría (Teoría de la Revolución Canaria) y la meta inalcanzable de unos cuantos revolucionarios absolutamente aislados de la mayoría de trabajadores y trabajadoras, es necesaria la reconstitución de un Partido Comunista fuerte, fiel a los principios del marxismo-leninismo y fusionado completamente con la clase obrera. Y la reconstitución del Partido es imposible sin la reconstitución ideológica de las ideas comunistas.

Canarias a día de hoy es un archipiélago colonizado por el Estado Español y sometido por completo al imperialismo norteamericano, cuya sociedad está completamente desideologizada, despolitizada y sin conciencia de clase ninguna, carente de organizaciones de masas y que no cree en la necesidad de luchar por la independencia nacional y el socialismo, sino que más bien la rechaza por miedo, conformismo, ignorancia política o por la intoxicación aguda de la ideología burguesa anticomunista que neutraliza el sentido crítico y combativo de las personas, y las lleva a aceptar y asumir en lo más hondo de su psique que más allá de este sistema no hay alternativa real posible, y que por lo tanto todo lo que implique en el terreno político ir más allá de los límites de la democracia existente (partido político que se ajuste completamente a la legalidad, aceptación de la democracia representativa burguesa como única y auténtica democracia si acaso mejorable, y en definitiva, seguir las tradicionales reglas de juego de la realpolitik) es radicalismo sin sentido por el que no merece la pena ningún sacrificio, porque ese camino sólo conduce al caos económico y al desastre social.

Si corriesen tiempos de mayor efervescencia revolucionaria a nivel internacional como en el siglo pasado, que llegarán tarde o temprano, o ya hubiese un Partido Comunista, todo sería diferente y muchísimo más favorable. Pero la realidad es así de complicada, con todo en contra y adversidades que resultan prácticamente obstáculos imposibles de superar a corto y medio plazo.

La vía canaria al socialismo nadie sabe cómo se manifestará concretamente, porque primero tiene que triunfar una revolución socialista, la cual ahora mismo tampoco sabe nadie cómo será exactamente, pero de lo que debemos estar seguros es que lo hará según las particularidades económicas, sociales y culturales propias que conforman en todo momento, a lo largo de nuestra Historia, nuestra realidad como nación y nuestro lugar en el mundo.

Nuestro objetivo ahora debe ser la reconstitución de un Partido Comunista que se encargue de todas estas cuestiones. Que rehabilite las ideas anticolonialistas y socialistas desde una perspectiva revolucionaria. Y que sin copiar chapuceramente otras experiencias revolucionarias ni esquemas o modelos dogmáticos tenga la capacidad creadora de interpretar a la perfección nuestra realidad para aplicar la táctica más acertada, combinando las formas de lucha más convenientes en cada momento, para avanzar cada vez más y salir del letargo en el que estamos sumidos.

Los comunistas y la cuestión nacional (III Congreso del PCPA, 1993)

PCPAPodríamos decir que el problema de la cuestión nacional constituye una de las asignaturas pendientes del Movimiento Comunista Internacional, no ya tanto en cuanto a respuesta puntual frente a un problema concreto, sino en cuanto a cuerpo teórico que permita adoptar, desde posiciones ideológicas, la respuesta concreta en una situación determinada sin caer en oportunismo de uno u otro signo.

Partiendo de la escasez de materiales, que no de formulaciones, de los clásicos del marxismo-leninismo, el desarrollo teórico sobre el problema prácticamente concluye con la formulación que, con pretensiones de generalidad y evidente falta de profundidad, desarrolla Stalin.

Las luchas de independencia y liberación nacional se han visto ya desde Engels, en un contexto ajeno a la realidad del denominado mundo capitalista, y fundamentalmente de la Europa Central y Occidental, vinculándolo al proceso de luchas de descolonización de los pueblos de África y Asia sometidos a los grandes imperios coloniales (británico, francés y alemán, principalmente) formados a lo largo del siglo XIX y remodelados tras la Primera Guerra Mundial.

Partían los clásicos, y hemos partido nosotros también, de considerar el mapa nacional europeo con una configuración definitiva, y casi de “derecho natural”, viendo con recelo en el mejor de los casos cualquier atisbo de “nacionalismo” por parte de una comunidad cualquiera enclavada dentro de los territorios de un Estado nacional.

Dos son los motivos principales, a nuestro entender, que han condicionado dicha postura; de un lado el contraponer derechos nacionales a internacionalismo, allí donde la existencia de un proletariado industrial numéricamente considerable y socialmente importante, hacía pensar en que el proceso revolucionario se daría a nivel continental y no local; de otro, el hecho innegable de que la mayoría de los movimientos nacionalistas existentes dentro de los Estados europeos, si exceptuamos el caso irlandés, que tiene sus peculiaridades, estaban organizados y dirigidos por las burguesías nacionales que a su amparo pretendían la protección o expansión de sus mercados.

Si en épocas de la Revolución de Octubre, y durante un corto período de tiempo, se puso en práctica el principio de libre autodeterminación en algunas de las naciones que integraban el Imperio Ruso zarista (como Finlandia o Polonia), sus resultados y la coyuntura política por la que atravesó el País de los Soviets hizo que el problema se enfocara de forma distinta, y las formulaciones de Stalin adquirieron la categoría de doctrina inmutable.

Así, pese a tener evidentes problemas motivados por los hechos nacionales diferenciados, incluso luego de la configuración del nuevo mapa europeo surgido de la Primera Guerra Mundial, en países como Yugoslavia, Checoslovaquia, Bulgaria y muchos más en la propia URSS, y a pesar de la existencia de Estados dirigidos por partidos comunistas tras la Segunda Guerra Mundial, donde estos problemas estaban presentes, nada se hizo en el terreno teórico para abordar, desde una perspectiva de clase, tal cuestión, poco y malo para solucionar el problema, las más de las veces reprimiéndolo o enmascarándolo.

La historia de los comunistas españoles no ha sido en absoluto ajena a aquellas concepciones y estas prácticas. Pese a la actuación de los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, en la Guerra Nacional Revolucionaria de 1936 a 1939, y donde, pese a convicciones religiosas, políticas y económicas tan diversas y a veces antagónicas con las que sustentaban los gobiernos republicano-socialistas de la época del Frente Popular, la mayoría de las fuerzas nacionalistas, de indudable origen burgués, incluido el PNV, se enfrentaron a la rebelión de los militares fascistas, y en mayor o menor medida contribuyeron a mantener la lucha, defendiendo en primer lugar sus instituciones de autogobierno y en segundo a la República que les había facilitado el tenerlas. Los comunistas participaron en los gobiernos autonómicos vasco y catalán, y es ahí donde surgen los primeros intentos serios de abordar, desde las propias filas comunistas, los hechos nacionales diferenciados.

La derrota popular, el estallido de la guerra en Europa y la política del Komintern primero y de la Kominform después de 1943 no solo abortaron estos intentos, sino que llevaron a sus valedores a la liquidación política (cuando no física), y ahí están los casos de Comorera, Errandonea y de tantos otros.

Pero incluso esta falta de referente teórico y de incomprensión política no pudo evitar que los interrogantes sobre el problema se plantearan y que las posturas de reivindicación de la lucha nacional fueran, con dosis más o menos importantes de oportunismo, en según qué casos, siendo asumidas por sectores importantes de la militancia comunista, especialmente en Cataluña.

Ahí nos volvemos a encontrar con la formulación clásica de la ortodoxia: “un Estado, un Partido”, viendo la dirección central del PCE peligros de federalización, cuando no de desintegración, aceptando la existencia formal de organizaciones regionales, pero, salvo el caso catalán con el PSUC, negando virtualidad a cualquier tipo de autonomía a las mismas.

Esta situación dio lugar a la reducción casi a lo simbólico de la organización de los comunistas vascos, desbordados y sorprendidos por el hecho del componente nacionalista incluso de parte de la clase obrera vasca, y de la aparición de organizaciones que, desde posiciones revolucionarias, reivindicaban la independencia de su país. La falta de respuestas, condicionada de un lado por la mentalidad de los dirigentes, y de otro por las cortapisas que desde la dirección central se establecían, llevaron en la práctica a que la organización vasca del PCE no llegara siquiera a ser admitida como parte de la vanguardia revolucionaria de Euskal Herria.

Las vacilaciones a adoptar una posición definida y avanzada por parte del PSUC, salvando las enormes diferencias que en la composición de la clase obrera catalana, mayoritariamente emigrada de otras zonas, aparecen respecto de la vasca, e incluso en determinadas comarcas el enfrentamiento hacia lo catalán, han hecho retroceder en influencia política a esa organización.

Más sangrante ha sido históricamente el caso andaluz: la falta de sensibilidad que durante la primera mitad de la década de 1970 mantuvieron las máximas instancias del PCE respecto a un hecho que, si incipiente, no por eso era menos evidente. La aparición de los primeros síntomas de la reivindicación de la propia personalidad andaluza permitió que un núcleo de elementos provenientes de la pequeña y mediana burguesía asumiera el papel protagonista en el arranque del proceso que, para nosotros, sería el de la reconstrucción nacional de Andalucía.

Cuando surge la primera organización de este tipo, denominada “Compromiso Político”, ya se alzaron algunas voces ante la dirección para que atendiera a este fenómeno y recogiera, desde las posiciones revolucionarias, ese sentimiento. Fue clamar en el desierto, y se reprodujeron viejas fórmulas, desde la caracterización de “pequeño-burgués” del planteamiento hasta la negación de lo que ya era evidente, las condiciones objetivas para que el mismo fuese asumido por sectores importantes de la población andaluza.

Solo cuando, ya en plena “Transición”, la coyuntura de los pactos estatales lo aconsejan, se acepta formalmente la posibilidad de reconocer algunas características peculiares a Andalucía, sorprendiéndose de los resultados electorales de la única formación que se reclamaba “nacionalista”, el Partido Socialista de Andalucía (PSA), a raíz de lo cual, y del resultado de los procesos electorales de 1979, se admite que las organizaciones del PCE en Andalucía celebren el Congreso Constituyente del Partido Comunista de Andalucía. Ya habían tenido lugar las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977, donde la movilización popular fue superior incluso a las mayores que se hubiesen celebrado en Cataluña o Euskal Herria.

Partimos los comunistas andaluces del PCPA de una premisa a la hora de formular nuestra posición respecto del hecho nacional andaluz: tanto por la configuración histórica de nuestro pueblo como por su situación actual, y su composición social, solo desde sus capas populares y su clase obrera puede sacarse adelante, de una forma coherente, el proyecto de reconstrucción nacional.

Y hablamos de reconstrucción precisamente porque partimos del análisis de nuestra Historia y no aceptamos, por tanto, el que la nacionalidad andaluza carezca de raíces: somos conscientes de cuáles son los tiempos actuales, de las enormes distancias que nos separan, en todos los órdenes, de la última estructura nacional andaluza, erradicada por siglos de dominación castellana, y no eludimos analizar las huellas que ese proceso de destrucción de nuestra identidad han dejado de forma profunda en una parte importante de andaluces. Tampoco olvidamos el contexto europeo en el que hoy se mueven los Estados nacionales de nuestro continente; pero eso no nos lleva a negar lo primero, sino que nos obliga a analizar con más meticulosidad la realidad, para afinar a la hora de formular la política concreta que permita al Partido ocupar un papel de vanguardia en la lucha por la soberanía.

Ese es el camino que el Partido Comunista del Pueblo Andaluz eligió al realizar su II Congreso, y hoy reafirma y profundiza, asumiendo la tarea de encabezar la lucha por los derechos nacionales de los andaluces, incluido el de la autodeterminación.

La URSS no se hundió, la hundieron

Por “La Ardilla Negra”

En breve se cumplirán 100 años de la Revolución de Octubre. En diciembre de 1922 se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sesenta y nueve años más tarde, en diciembre de 1991, se disolvió en 15 repúblicas que, en la actualidad, representan 19 países.

Nos han contado muchas cosas de la URSS. Los que hemos crecido en países de economía capitalista hemos oído sobre todo que la Unión Soviética “se hundió” debido a que el socialismo no puede ser una alternativa válida a la economía de mercado. Nos han manipulado difundiendo la idea de que la URSS simbolizaba un Estado represivo y represor hacia su propia gente y hacia las sociedades de los países que estaban en su órbita de influencia política, económica y cultural: el Pacto de Varsovia y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME o COMECON).

Nada más lejos de la realidad. La URSS no se hundió, la hundieron, la hicieron caer mediante un atosigamiento económico, informativo y cultural continuado durante generaciones, esa fue la esencia de la conocida como “Guerra Fría”.

Los primeros años de la URSS fueron de consolidación, de esperanza, de ilusión, un líder sólido y carismático de la Revolución de Octubre, Lenin, guió los primeros pasos de lo que sería la Unión Soviética. Pero la muerte de Lenin en 1924 provocó la subida al poder de Josif Stalin. Mientras que Lenin fundó un Estado socialista fundamentado en la utopía, con todas las ilusiones que ello comportó, a Stalin le tocó la ardua y dura tarea de consolidar ese Estado socialista.

El ejemplo que la URSS lanzó al mundo era simple y claro: se puede consolidar un sistema político, económico y social basado en la igualdad, en el compañerismo, en la colaboración mutua. Desde el camarada barrendero hasta el camarada ingeniero o el camarada general del Ejército Rojo consolidaron una sociedad en la que todos eran camaradas en pos de un objetivo común: fortalecer la URSS y conseguir un sistema económico justo, socialmente unificado y perdurable en el tiempo.

Enseguida el ejemplo soviético despertó recelos, desconfianza y miedo en las clases dirigentes de los países capitalistas. Estas clases sociales temieron que la filosofía soviética pudiera extenderse por el mundo porque, si eso pasaba, las fábricas y grandes latifundios en manos privadas serían socializados en beneficio del pueblo. El ejemplo soviético tenía que ser eliminado porque constituía un peligro latente. Por lo tanto, durante la década de 1920 y 1930 estas clases dirigentes financiaron periódicos y partidos ultraderechistas profundamente conservadores y con un marcado carácter anticomunista. Así fue como durante esos años, gracias al apoyo económico incondicional de las clases dirigentes de todos los países europeos, Mussolini y Hitler pudieron ascender al poder en Italia y Alemania respectivamente. Con partidos fascistas en el poder, los comunistas lo iban a tener muy mal. Recordemos las simpatías de la Casa Real británica hacia Hitler y su NSDAP, simpatías personificadas en la figura del rey Eduardo VIII.

Eduardo VIII, cuando aún era Duque de Windsor, pasando revista a las tropas de las SS en Austria (1937)

La clase dirigente británica simpatizaba, en su mayoría, con las políticas de Hitler, lo que quedaba de manifiesto incluso en eventos deportivos de alto copete.

Con Hitler en el poder, el NSDAP inició una política de rearme consentida por las potencias “democráticas” europeas.

El objetivo estaba claro:

  1. A través del Tratado de Versalles, frustrar al pueblo para fomentar el malestar y el descontento entre la población civil alemana.
  2. Apoyar la propaganda anticomunista y el ascenso del NSDAP para responsabilizar de todas las penurias a los comunistas y a la influencia soviética.
  3. Tolerar e incluso fomentar a marchas forzadas el rearme del castigado Ejército alemán.
  4. Lanzar a la Alemania nazi, en coalición con sus aliados fascistas, contra la Unión Soviética y acabar por la vía armada con su ejemplo, que tanto estaba influyendo en las clases obreras de toda Europa.

Pero la Guerra Civil Española y la astucia de Stalin cambiaron todos sus planes.

En España finalmente se impuso el fascismo, ayudado por las potencias supuestamente democráticas que se declararon neutrales como Francia y el Reino Unido. Mientras Hitler y Mussolini ayudaron sin reservas al bando nacional, Francia bloqueaba en los Pirineos las armas que llegaban para apoyar a la República. El 1 de abril de 1939 Franco daba por terminada la guerra proclamando, por radio, su victoria militar desde la ciudad de Burgos.

La Unión Soviética, el único país europeo que había apoyado abiertamente a la República Española, se vio sola frente a los fascismos y Stalin hizo una de las mayores jugadas de estrategia política que, sin lugar a dudas, pasó a la Historia: firmó un pacto de no agresión con la Alemania de Hitler el 23 de agosto de 1939.

Mucho criticaron las potencias “democráticas” occidentales este pacto, y con ello demostraron una hipocresía infinita. Después de haber estado alimentando (ideológica y militarmente) al ogro fascista para lanzarlo contra la URSS, ahora resultaba que gracias a la astucia de Stalin ese monstruo fuertemente armado enseñaba los colmillos a su retaguardia capitalista.

La jugada de Stalin logró que el Reino Unido y los EEUU se implicaran en la guerra contra Hitler. Si no se hubiera firmado este tratado, la URSS y los países fascistas se hubieran enfrentado militarmente mientras las “democracias” capitalistas se habrían mantenido al margen, aprovechando el desgaste de ambos bandos. Como ya es sabido, finalmente Hitler rompió el pacto de no agresión y decidió atacar a la URSS en junio de 1941, en lo que se conoció como Operación Barbarroja.

El plan inicial de liquidar a la URSS por la vía militar resultó un fracaso. A las clases dirigentes capitalistas de Europa les salió el tiro por la culata. En 1944 la influencia soviética llegaba hasta Berlín y ocupaba más de media Europa. Las clases capitalistas de todo el mundo se reunieron en la famosa Cumbre de Bretton Woods (EEUU) en julio de 1944.

A grandes rasgos, en esta cumbre se adoptaba el dólar estadounidense como patrón económico de referencia mundial (hasta entonces se usó el “patrón oro”), se fundó el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, se aprobó el Plan Marshall, etc. El trasfondo de la Cumbre de Breton Woods era el siguiente:

“Hemos intentado liquidar a la Unión Soviética por la vía armada y ha sido un fracaso. De hecho, ahora el comunismo llega hasta Berlín. Así que, las potencias capitalistas mundiales vamos a hacer una gran alianza para hundir a la URSS por la vía política, económica y social. Lanzaremos una ofensiva propagandística anticomunista para (con paciencia, tiempo y dinero) lograr derrocar a la Unión Soviética.”

Esa era la estrategia, y consiguieron su objetivo.

El famoso Plan Marshall, ideado para frenar el avance de la filosofía soviética por Europa, el “Estado del Bienestar” (pensiones, prestación por desempleo, ayudas, becas…) fue una artimaña para desprestigiar al sistema socialista.

Durante más de 40 años han estado financiando planes terroristas, golpes de Estado en terceros países, guerras, acciones de desprestigio, provocaciones continuas, tergiversaciones informativas… En definitiva, una larga lista de malas artes con un simple fin: liquidar a la Unión Soviética de forma definitiva. Recordemos la Operación Cóndor en América Latina o la Operación Gladio en la propia Europa.

Recomiendo el libro “Aquellos chicos tan majos” de José Antonio Egido, en el que desvela las auténticas intenciones de la inmensa mayoría de los disidentes anticomunistas de la URSS y los países socialistas de Europa del Este.

El poder nos podrá intentar manipular de la forma que crea conveniente, pero la Historia es la que es y no se puede cambiar: la URSS funcionaba, logró poner en órbita el primer satélite “Sputnik” en 1957, envió al primer ser humano al espacio (Yuri Gagarin) en 1961, y a la primera mujer (Valentina Tereshkova) en 1963.

Pero pese a que la URSS haya sido hundida y, más allá de sus logros científico-técnicos, el mayor legado que nos ha dejado la Unión Soviética ha sido su filosofía y su forma de entender el mundo. Expondré una anécdota para concluir esta entrada:

En junio del año 2000 Vladimir Putin visitó el plató del popular programa “Caiga Quien Caiga” de Telecinco, en Madrid. Cuando el reportero Tonino salió a su encuentro, se encontró al mandatario saludando a la totalidad del equipo técnico: al del sonido, al cámara, al de los cables y hasta al de los recados. Tonino no podía salir de su sorpresa: “El señor Putin no entiende nada. ¡Está saludando al personal de producción!”

El que no entendía nada era él, o por lo menos no entendía lo que significó la Unión Soviética en la forma de ver el mundo de más de las dos terceras partes de la Humanidad durante casi toda la totalidad del pasado siglo XX.