La receta china para planificar su desarrollo

Por Iramsy Peraza Forte

(Diario Granma)

China no se detiene en la carrera por el desarrollo. Con el deseo de convertirse en una superpotencia que garantice el bienestar popular, casi cada día se toman nuevas medidas económicas, políticas o sociales que dan continuidad al proceso de Reforma y Apertura.

Pero no puede haber espacio para la improvisación cuando está en juego el destino de más de 1.300 millones de habitantes y la estabilidad de la segunda economía global.

En este sentido, desde 1953 el Gobierno y el Partido Comunista de China (PCCh) elaboran planes de desarrollo que les permitan trazar estrategias y mantener un crecimiento anual sostenido.

Más conocidos como planes quinquenales, estos documentos diseñan una serie de políticas que conducen el rumbo del Estado durante cinco años.

Recientemente, el Comité Central del Partido Comunista de China anunció que ya se encuentra en la revisión de propuestas para elaborar un nuevo plan de desarrollo, esta vez concerniente al período 2016-2020.

Si bien este nuevo instrumento debe ser ratificado en marzo de 2016, durante la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular de China, el programa ya suscita curiosidad, tanto de nacionales como extranjeros, que se preguntan sobre la dirección y el ritmo que tomará el gigante asiático en el próximo lustro.

Los detalles de este nuevo proyecto aún no son públicos pero el Gobierno chino adelantó que se mantienen puntos clave como la meta de crecimiento del PIB, que de acuerdo con los cálculos del mercado, hechos por economistas chinos y foráneos, oscila entre el 6’5% y el 7%.

Este XIII Plan Quinquenal, el primero elaborado bajo el mandato del presidente Xi Jinping, es vital para la transformación de la economía. Sus directrices pondrán en práctica nuevas reformas anunciadas por el ejecutivo y que son garantía del progreso emprendido por China.

Según los medios locales, entre las principales reformas se encuentran aumentar los niveles de consumo interno, incentivar la empresa privada, simplificar los trámites administrativos, hacer más eficientes las empresas estatales de urbanización y potenciar el uso de la ciencia y la tecnología, entre otras.

La organización de estas transformaciones y la paulatina apertura económica han sido posibles, en buena medida, gracias a estos planes de desarrollo.

El sólido desempeño económico mostrado por el país en los últimos años es evidencia de ello. A pesar de la difícil situación internacional, el gigante asiático no ha detenido su avance y su tasa de crecimiento sostenido se mantiene alrededor de los 7 puntos porcentuales, este año particularmente ha llegado hasta 7’4.

La planificación de las finanzas por parte del Gobierno ha dado sus frutos. Datos aportados por el Ministerio de Economía de la República Popular China revelan que en la actualidad el mercado chino aporta más de la cuarta parte del crecimiento económico global.

Las transformaciones de las últimas décadas han permitido a esa nación asegurarse primeros lugares en sectores como la producción manufacturera y el comercio, las inversiones y la investigación científica.

La influencia creciente de China en la economía mundial se debe, entre otras cosas, a las inversiones en el exterior, tanto de bienes como de servicios.

La realización de estos planes quinquenales ha hecho más cómodo el cambio de modelo. En la actualidad no buscan crecer de manera veloz, sino de forma más equilibrada y sostenible. Esta “nueva normalidad” implica una transformación de la estructura económica con el objetivo de que aporte mucho más al crecimiento real del país, aseguró el economista Chen Dongqi, vicepresidente de la Academia de Investigación Macroeconómica de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la RPC.

Para el período que comprende el XIII Plan Quinquenal, el ejecutivo de Xi Jinping ya tiene varias cuestiones adelantadas que le asegurarán una solidez económica. En 2013 se construyó la Zona de Libre Comercio (ZLC) piloto en Shanghai, que según cifras aportadas por el Gobierno chino, ya cuenta con 1.959 empresas extranjeras.

Otras iniciativas destinadas a fortalecer la cooperación financiera y la construcción de infraestructura y que tributarán al auge chino son la Nueva Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras (BAII). Éstos constituyen mecanismos de acercamiento entre países de Asia, Europa y África que apuestan por el desarrollo multilateral.

Uno de los aspectos más significativos que busca este XIII Plan Quinquenal es el logro de los llamados Objetivos del Centenario, en conmemoración al 100º aniversario de la fundación del Partido Comunista de China en 1921.

Según las previsiones se espera que para 2020 se logre la primera de estas metas: “construir una sociedad moderadamente acomodada en una forma integral”. Para esto es preciso duplicar el PIB y los ingresos de los residentes urbanos y rurales con respecto a 2010.

Otro de los sueños a largo plazo de gobierno y partido en la República Popular China es “la gran revitalización de la nación”. El anhelo es que, para mediados del siglo XXI, específicamente en 2049, se haya podido construir “un país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado y armonioso”. Todo eso, aseguran, es imposible sin planificación.

La Guardia Civil desarrolla una operación contra el independentismo en Galiza y detiene a nueve personas

Por “Diário Liberdade”

La Guardia Civil española, bajo comando de la Audiencia Nacional, ha detenido a 9 personas en las últimas horas en el ámbito de un dispositivo represivo desarrollado en todo el territorio gallego. Hay cuatro personas detenidas en Vigo, dos en Pontevedra y tres en Boiro, Muros y Compostela.

Manifestación por el Día da Pátria Galega el pasado 25 de julio de 2015.

Según informaciones policiales filtradas a los medios comerciales, la militancia de Causa Galiza es la azotada esta vez por las fuerzas policiales. Además, la página web de la organización política se encuentra en este momento fuera de la red. Según la prensa comercial, la operación tiene como objetivo “el entorno” del grupo Resistência Galega (RG). Parece que la acusación sería de “enaltecimiento del terrorismo”, frecuentemente usada por el régimen español en sus operaciones contra independentistas, anarquistas y otros movimientos: su definición tan laxa permite alargar el ámbito de las acciones policiales.

El delegado del Gobierno español, Santiago Villanueva, amenazó con más detenciones y registros a lo largo del día de hoy, afirmando que la razzia suponía “un duro golpe para la organización terrorista”, en lo que parece un totum revolutum en el que entran la supuesta acusación de “enaltecimiento” y lo que se presenta como “golpe a la organización”.

De hecho, a medida que se conocen los nombres de varios detenidos se confirma que se tratan de militantes y dirigentes independentistas de trayectoria pública y conocida al frente de Causa Galiza. Todo indica que es la actividad política de estas personas la que sirva para intentar justificar un operativo propagandístico de los que periódicamente ordena el Estado Español en Galiza.

Directamente desde Crimea

Por Slavisa Pavlovic

Durante la última semana pasé varios días en Crimea, donde participé en la II Conferencia Internacional de Jóvenes Periodistas, organizada alrededor del tema “Crimea vista desde otro ángulo”. En este encuentro participaron más de 70 periodistas menores de 35 años y provenientes de 20 países europeos y asiáticos. El objetivo era que los periodistas pudieran informarse directamente sobre la situación en Crimea, para poner fin a las manipulaciones que desde hace meses se publican en la prensa occidental.

El periodista serbio Slavisa Pavlovic junto a dos veteranos crimeos de la Segunda Guerra Mundial

En efecto, hace poco, periódicos franceses publicaban artículos que describen una situación absolutamente desastrosa en Crimea, afirmando que los supermercados están vacíos, sin abastecimiento de alimentos, que los precios se habían disparado mientras que los salarios se mantenían al mismo nivel, y otros medios de prensa también se dedicaban a la publicación de trabajos que seguían exactamente ese mismo esquema.

Tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos que todo eso es mentira y, al igual que yo, otros periodistas también lo entendieron. Había entre ellos representantes de la prensa serbia – Radio y Televisión Serbia (RTS), el diario Kurir, Njuzvik – así como el excelente equipo de la radio y la televisión de la República Srpska (entidad serbia en Bosnia-Herzegovina) – con quienes hice varios trabajos de investigación. Pero también había periodistas provenientes de países como Grecia, Bélgica o Kirguistán.

Muchos podrían pensar que todo era simple contrapropaganda rusa, o contrapropaganda de Crimea, lo cual es absolutamente incierto, ya que los organizadores – entre los que había miembros muy respetables de la organización de periodistas crimeos – fueron muy claros en cuanto a la libertad de los medios. Me gustó, sobre todo, el discurso del secretario de la asociación periodística anteriormente mencionada, quien dijo directamente: “Señoras y señores, están ustedes en Crimea. Escriban únicamente la verdad sobre lo que vean aquí.”

Por supuesto, antes del viaje me informé sobre Crimea, sobre su Historia y su pueblo, sobre la situación económica, utilizando tanto los medios occidentales como los medios de países de Europa del Este. Crimea fue parte de Rusia hasta 1954, y lo que demuestra la importancia que tenía para los soberanos y grandes figuras es el impresionante castillo de la dinastía Romanov, cuyos integrantes pasaban allí los veranos, así como la casa de uno de los escritores más notorios de todos los tiempos: Anton Pavlovich Chejov.

En 1954 Nikita Kruschov, ucraniano y líder de la URSS después de Stalin, transfirió Crimea a Ucrania. ¿Era Kruschov un visionario que había presentido la desintegración de la URSS o anexó Crimea a Ucrania solamente en aras de facilitar la organización del sistema administrativo teniendo en cuenta que Kiev no estaba tan lejos como Moscú? Hoy en día, sólo podemos especular. Lo que sí es seguro es que la población de Crimea es mayoritariamente rusa. Vienen después los ucranianos, pero hay también una importante diversidad étnica: alemanes, griegos, tártaros y armenios. Yo mismo pude hablar con sus representantes y todos me dijeron lo mismo: Rusia ha devuelto la esperanza a todos los ciudadanos de Crimea, independientemente de su nacionalidad.

En efecto, Crimea es muy popular como zona turística, con unos ingresos excepcionales provenientes de esta industria. Los ingresos de la península se iban a Kiev, en virtud del sistema centralizado ucraniano, y sólo una pequeña parte de ese dinero se quedaba en Crimea. Prueba de ello es la ciudad de Simferópol, donde el tiempo parece haberse detenido en la década de 1990. Aunque la ciudad dispone de un aeropuerto y de un impresionante teatro, las carreteras, fachadas y el aspecto general de la ciudad demuestran que nada se había hecho allí desde el desmantelamiento de la Unión Soviética, lo cual significa que Kiev, al utilizar el sistema centralizado de cobro de impuestos, se aprovechó de Crimea, es decir, que Kiev se beneficiaba mediante el desvío de fondos generados en Crimea. Por eso los ciudadanos crimeos acabaron cansándose del comportamiento del Gobierno de Ucrania.

En los casos de Yalta y Sebastopol, que son ciudades costeras, la situación es totalmente diferente de lo que se dice en la prensa occidental. Es cierto que los precios son un poco más elevados que en las ciudades del interior de Crimea, pero también es cierto que se trata de lugares turísticos y que es, por consiguiente, natural que los precios sean un poco más caros. Pero si se comparan esos precios con los de Belgrado, por ejemplo, se verá que algunos productos como la comida o la ropa son significativamente más baratos. Desde que Crimea se reintegró en Rusia los precios aumentaron un 2’5%. Eso se escribió en la prensa occidental, pero esa prensa “olvida” mencionar que los salarios y las jubilaciones aumentaron en un 3’5%, lo cual demuestra una evidente mejoría en la situación económica.

Las tiendas están llenas de productos, el transporte está bien organizado aunque no hay muchos autobuses, lo cual es normal ya que casi todo el mundo dispone de vehículo propio y dado que el precio del combustible es muy bajo en relación al precio que tiene en Serbia.

También pude conversar con ucranianos que viven en Crimea. Me dijeron que consideran a los actuales gobernantes de Kiev como “fascistas” y que el Gobierno de Ucrania no logrará enemistarlos con el pueblo ruso, porque han convivido juntos en Crimea durante siglos. Lo mismo piensan los tártaros y otras minorías étnicas. Además, afirman que la mejoría de la situación económica en Crimea les ha devuelto las esperanzas de desarrollarse, ya que desde la desaparición de la URSS sólo habían conocido el estancamiento. Retratos de Vladimir Putin y muros pintados con su rostro pueden verse por todas partes, entre la población se percibe un patriotismo pacífico.

Durante los últimos días de la Conferencia, el Gobierno de Ucrania y la organización de periodistas de Kiev redactaron un texto y un comunicado donde calificaban a todos los que participábamos en el encuentro de “banda de periodistas” y anunciaban, además, que se nos prohibía la entrada en Ucrania bajo penas de hasta 5 años y medio de cárcel por “violación de la integridad territorial de Ucrania”.

Como nadie me ha tildado nunca de bandido considero ese comunicado como un elogio, porque esas fueron las mismas palabras que utilizaron los fascistas al referirse a los miembros de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Obama considera un conflicto mundial (primera parte)

Por Michel Collon

“La diplomacia o la guerra. Muy pronto.” Obama avisa: algunos sectores en los Estados Unidos quieren atacar a Irán. De ahí que exista un riesgo de conflicto mundial que implique a Rusia, China y Europa. Esto desestabilizaría el sistema financiero occidental. ¿Qué hará el próximo presidente de EEUU?

El irresistible declive de los EEUU

En esta serie de artículos, vamos a examinar las implicaciones de un sorprendente discurso de Obama, pronunciado el pasado 5 de agosto y que curiosamente ha sido cubierto con un manto de silencio por los medios de comunicación pese a que esté avisando sobre posibles catástrofes. En el Congreso estadounidense, el pasado 8 de septiembre, los republicanos bloquearon el acuerdo con Irán. Pero a Obama también le cuesta obtener la adhesión de algunos demócratas. Las élites de los EEUU parecen estar muy divididas en relación a la estrategia que hay que adoptar. ¿Es esto nuevo?

En absoluto. Esta división surgió alrededor del año 2000. En un principio, tanto demócratas como republicanos compartían una misma observación: los EEUU están en declive. En su libro sobre la estrategia imperial de los Estados Unidos llamado “The Grand Chessboard” (probablemente el libro más influyente de los últimos 50 años) Zbigniew Brzezinski, antiguo responsable de la política exterior estadounidense durante la presidencia de Jimmy Carter, se mostraba pesimista: “A largo plazo, la política global será cada vez menos propicia para la concentración de un poder hegemónico en manos de un solo Estado. Por lo tanto, EEUU no sólo es la primera superpotencia global, sino que muy probablemente también será la última.”

¿El motivo? “El poder económico también corre el riesgo de dispersarse. En los próximos años, ningún país estará en condiciones de alcanzar alrededor del 30% del PIB mundial, cifra que los EEUU han mantenido durante la mayor parte del siglo XX, sin hablar de la barrera del 50% que alcanzaron en 1945. Según algunas estimaciones, EEUU […] recaerá al 10-15% del PIB mundial de aquí a 2020.”

Para mantenerse como única superpotencia, Brzezinski proponía entonces un “imperialismo inteligente”: dividir a las potencias rivales e impedir que formen un frente común.

Muy opuestos a las estrategias de Brzezinski, los neoconservadores que guiaban a George W. Bush proponían, en cambio, una estrategia de guerra generalizada que utilizó los atentados del 11 de septiembre de 2001 como pretexto. No obstante, su plataforma del Project for a New American Century (PNAC), elaborada entre 1997 y 2000, no era mucho más optimista: “En la actualidad, los EEUU no tienen ningún rival a nivel mundial. La gran estrategia de EEUU debe apuntar hacia la conservación y la extensión de esta posición ventajosa el tiempo que sea posible […] El mantenimiento de esta situación estratégica deseable, en la cual los EEUU se encuentran ahora, exige capacidades militares predominantes a nivel mundial.”

Analizando estas dos opciones en vísperas de la elección de Obama, en 2008 escribíamos: “De todas maneras, este Imperio no se volverá pacífico. Tarde o temprano, volverá a lanzar guerras como Bush. Porque en realidad, el establishment estadounidense practica un ciclo de alternancia entre ambas opciones…”

Ocho años más tarde, ¿asistiremos a una nueva alternancia? Para comprender la situación, vamos a examinar las diferentes piezas del puzzle: China, Irán, Rusia y Europa.

La clave: ¿cómo controlar Eurasia?

¿Cuál era la clave para que los EEUU consigan mantenerse como única superpotencia global?

Eurasia sigue siendo el tablero sobre el cual se desarrolla el combate por la hegemonía global […] La manera con la que los EEUU “gestionarán” Eurasia es de una importancia crucial. El mayor continente en la superficie del planeta es también su eje geopolítico. Toda potencia que lo controle, controla también dos de las tres regiones más desarrolladas y productivas del mundo. El 75% de la población mundial, la mayor parte de las riquezas físicas, bajo la forma de empresas o yacimientos de materias primas, cerca del 60% del total mundial. “Toda potencia que la controle”: esto significa que en lugar de dejar que las demás naciones decidan libremente sus relaciones comerciales y el empleo de sus riquezas, Washington considera que todas estas riquezas deben estar bajo su control. Una lógica propiamente imperialista.

Demócratas o republicanos, los estrategas estadounidenses sabían desde hace tiempo que la batalla decisiva se jugaría en Asia. Hacía falta, por lo tanto, poner todo en marcha para dividir y aislar a las potencias de este continente. Y Brzezinski apuntaba a China como peligro principal: “China podría ser el pilar de una alianza hegemónica con Rusia e Irán.” De la misma manera, el antiguo Secretario de Estado Henry Kissinger justificaba así los bombardeos contra Afganistán en 2001: “Existen tendencias, sostenidas por China y Japón, a crear zonas de libre mercado en Asia. Un bloque asiático hostil que combine las naciones más pobladas del mundo con grandes recursos y algunos de los países industriales más importantes sería incompatible con los intereses nacionales estadounidenses. Por estas razones, EEUU debe mantener su presencia en Asia.” ¡La verdad sale por la boca de los perros viejos! Habiendo terminado ya su carrera, Brzezinski y Kissinger pueden permitirse un lenguaje brutal, contrariamente a los actuales responsables de las funciones por ellos ejercidas. Estos, en cambio, deben aderezar sus estrategias con un ropaje diplomático.

Por lo tanto, no fue ninguna sorpresa ver al gabinete de Barack Obama desplazar el centro de gravedad de su política internacional hacia Asia, en un intento algo desesperado para aislar y debilitar a China. El politólogo Mohamed Hassan explicó uno de los escenarios de esta confrontación: “China tiene una necesidad vital de recursos energéticos. Entonces Washington busca controlar estos recursos para impedir que lleguen a China.” Hoy, la batalla por el control de las rutas del Océano Índico y las rutas terrestres del continente asiático se torna decisiva: Washington quiere tener la capacidad de bloquear el acceso de China al petróleo de Oriente Medio, al gas de Asia Central y a los recursos agro-minerales de África. El Océano Índico es la clave. Pero hoy, en 2015, la perspectiva que provocaba pesadillas en los estrategas estadounidenses se está haciendo realidad, y podría decirse que a pasos agigantados. Con un eje sólido entre Beijing, Moscú y Teherán, Asia formaría una gran potencia económica que supondría un atractivo irresistible para Japón, India e incluso Europa. Los EEUU quedarían excluidos del principal hogar económico y comercial del mundo.

¿Se convertirá China de nuevo en el centro del mundo? Ello supondría el declive definitivo del Imperio Norteamericano. Esto dependerá en gran parte de la construcción de la que se ha venido en llamar “Nueva Ruta de la Seda”.

Sabotear a China y su Nueva Ruta de la Seda

El 7 de mayo de 1999 la fuerza aérea estadounidense bombardeaba la embajada china en Belgrado, causando tres muertos. China había cometido el “delito” de oponerse al ataque de la OTAN contra Yugoslavia. Desmontando excusas baratas, en aquel momento escribíamos: “El bombardeo era una advertencia. Washington quiere evitar a toda costa una gran alianza entre China, Rusia, India y otras potencias.” El responsable de los bombardeos, el presidente Bill Clinton, declaraba por otra parte: “Mi principal preocupación, hoy en día, es China.” Pero hoy la pesadilla de Washington se está haciendo realidad y tiene nombre: Nueva Ruta de la Seda. La antigua ruta, conformada por vías que unían China con Turquía, ayudó a engrosar las fortunas de numerosos mercaderes e incluso gobiernos enteros. ¿Alterará la Nueva Ruta de la Seda, de nuevo, los equilibrios mundiales?

Protestas frente a la embajada estadounidense en Beijing por el bombardeo a la embajada china en Yugoslavia (mayo de 1999)

La economía china posee tres características destacables:

  1. Es la economía más dinámica del mundo desde hace 20 años. Muy irónicamente, una “dictadura comunista que no entiende nada de economía” es en la actualidad el bote salvavidas de un capitalismo mundial en crisis pero igual de arrogante que siempre.
  2. Careciendo de materias primas, China depende fuertemente de sus importaciones. Consume el 75% del cobre que produce la República Democrática del Congo, el 70% del hierro que produce Sudáfrica, gran parte del petróleo y el gas de Oriente Medio, amén de Rusia y las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, etc.
  3. Habiéndose convertido en el “taller del mundo”, China exporta muchos bienes de consumo. Las rutas comerciales actuales siguen siendo lentas e insuficientes. Beijing lanzó un proyecto gigantesco: construir “corredores” enormes que la unan a otros continentes. La ruta terrestre estaría compuesta por trenes de alta velocidad, autopistas, gaseoductos y fibras ópticas de telecomunicaciones. Atravesando Asia Central, no solo uniría a Beijing con Moscú, sino que también podría ser prolongada hacia Irán (en cuanto se levanten las sanciones), Turquía y prácticamente toda Europa. Rotterdam, Amberes o Berlín estarían así directamente conectadas a China y las economías asiáticas.

Las rutas marítimas unirían a China con África, Europa e incluso América Latina, lo cual desarrollaría fuertemente las economías de todas estas regiones. Pero el transporte marítimo moderno necesita puertos en aguas profundas que permitan el avituallamiento y el paso rápido de los barcos, y hace falta construirlos.

Actualmente el trayecto Shanghai-Rotterdam dura aproximadamente un mes por mar, menos de tres semanas en tren y dos semanas en camión. Mejorando las infraestructuras y los pasos de aduanas, la duración de los transportes terrestres se vería reducida a la mitad. En el plano ecológico, multiplicar el número de camiones no es muy responsable, pero ese es otro debate.

De hecho, China ofrece a los países del sur el poder desarrollar sus economías intensificando sus intercambios. Y a los países del norte les ofrece que encuentren salidas para sus fábricas, en plena descaleleración. Por supuesto, las empresas europeas – sobre todo las alemanas – babean ante la sola perspectiva de firmar gigantescos contratos de construcción. Para financiar todo esto, China ha creado dos grandes bancos abiertos a los inversores extranjeros. La Nueva Ruta de la Seda involucra a 65 países y a 4.400 millones de personas, y estos países representan actualmente el 29% de la población mundial, pero este porcentaje podría duplicarse con el nuevo proyecto.

Los únicos que no se alegran son los Estados Unidos de América, excluido de esta nueva ruta comercial. ¿Hasta donde llegará el conflicto Washington-Beijing? ¿Y qué papel juega Irán en este escenario?