Portugal rompe con la derecha

Por Bruno Carvalho

Pedro Passos Coelho acaba de lograr el récord de liderar el gobierno más corto de la Historia desde que fue derrotada, en Portugal, la dictadura fascista más larga de Europa.

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António Costa, líder de los socialistas portugueses.

Once fue el número de días que aguantó el líder del conservador Partido Social Demócrata como primer ministro. La coalición de gobierno, con el Partido Popular al frente, se desplomó ante la moción de censura al programa del Gobierno portugués presentada en la Asamblea de la República por el Partido Socialista y la izquierda parlamentaria, compuesta por el Bloco de Esquerda, el Partido Comunista Portugués (PCP) y Los Verdes.

La escenificación de esta derrota se dio también en las afueras del Parlamento, donde miles de manifestantes acompañaron la votación a través de los altavoces dispuestos por los sindicatos. Del otro lado de las vallas y de la Policía, el ambiente era radicalmente distinto. Algunos cientos de personas arropaban al gobierno de Passos Coelho y reclamaban su permanencia en el poder.

Mientras la radio anunciaba su caída, la multitud, armada con pancartas, banderas, botellas de champán y algunos con escobas – “para limpiar la derecha del poder”, como dijo un diputado comunista -, gritaba: “¡Victoria!”

Los abrazos y las lágrimas fueron el corolario de cuatro años de lucha contra las políticas impuestas por la Troika y la derecha.

Cuarenta años después, volvieron a las televisiones portuguesas las viejas tensiones de lo que se conoció en 1975 como “Verano Caliente”. Entonces, la polarización llevó al país al borde de la guerra civil entre quienes querían la profundización del proceso revolucionario y quienes defendían un modelo de transición como el español.

La misma noche del día en que cayó el gobierno de Passos Coelho, una de las sedes del PS en Oporto fue atacada con un cóctel Molotov. Pero el sabor amargo de la derrota no quemó solamente las fachadas, los medios de comunicación lo difundieron, acusando de un supuesto fraude.

Golpe desde los medios

El resultado de las pasadas elecciones generales fue claro: el pueblo portugués decidió quitarle la mayoría absoluta al gobierno liderado por Passos Coelho. La mayor parte de medios de comunicación hicieron que de inmediato una lectura en apoyo al líder conservador, afirmando que debería gobernar la candidatura que había ganado los comicios.

Indiferentes a la nueva composición de la Asamblea de la República, insistieron en que otra solución no sería más que un “golpe a la democracia”. A pesar de que la mayoría de los diputados reclamaron la formación de un gobierno liderado por el PS, la figura política más importante del país, el Presidente de la República, decidió ofrecer el ejecutivo a Passos Coelho.

La solución escogida por Aníbal Cavaco Silva, un conservador veterano de la política portuguesa, sorprendió hasta a sus socios europeos. En su discurso, Cavaco Silva afirmó que no entregaría el gobierno a fuerzas políticas que no respetaran los compromisos históricos adquiridos por Portugal con el exterior.

Era una referencia clara al rechazo del Bloco y del PCP a la Unión Europea y a la OTAN. Esas declaraciones, que van contra la propia Constitución portuguesa, sentaron mal a la izquierda, que pactó la caída de Passos Coelho y llevar a António Costa, líder socialista, al cargo de primer ministro.

Las negociaciones entre las formaciones de izquierda con el PS no fueron, a pesar de todo, sencillas. Durante casi 40 años este partido fue responsable, junto con el PSD y el PP, de duros ataques a los derechos conquistados por los portugueses durante la Revolución de 1974.

Fue uno de los partidos responsables de las privatizaciones, de los recortes y del ingreso en la Comunidad Económica Europea (CEE). También uno de los partidos que firmaron los acuerdos con la Troika en 2011, por los cuales Portugal se comprometió a una política de privatizaciones y recortes a cambio de un rescate de sus cuentas.

Acuerdos: salario, pensiones

El acuerdo que se presenta ahora abre paso a un gobierno en solitario del Partido Socialista, obligado a negociar los presupuestos del Estado con la izquierda y a la aprobación de una serie de medidas. Las negociaciones, realizadas en separado con cada partido, lograron importantes progresos en la devolución de derechos que habían sido recortados en los últimos años bajo la orientación de la Troika.

El aumento del salario mínimo por encima de la inflación, la actualización de las pensiones, la suspensión de la privatización de los transportes, el combate a la precariedad limitando el recurso al trabajo autónomo, el cambio en las reglas fiscales para estos trabajadores, la limitación de la renovación de los contratos temporales, la devolución de cuatro días festivos que habían sido retirados en 2012 y promocionar la negociación colectiva son algunos de los aspectos concretados en las reuniones.

Aunque en un principio se especuló con la posibilidad de formar un gobierno liderado por el PS que incluyese a ministros comunistas y del Bloco, esa solución fue rápidamente descartada.

Tanto el PCP como el Bloco de Esquerda o los movimientos sindicales organizados en la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP) ofrecen su apoyo al posible nuevo Gobierno a cambio de la aprobación de estas medidas a lo largo de los próximos 4 años.

“Si todavía no conocemos los presupuestos del Estado para 2019, ¿cómo quieren que les diga nuestra posición hasta esa fecha?”. De esta forma Catarina Martins, coordinadora del Bloco de Esquerda, afirmó que no podía asegurar la estabilidad del posible Gobierno portugués hasta el final del mandato.

Por su parte Jerónimo de Sousa, secretario general del PCP, insistió en que no habrá ninguna propuesta que vaya en contra de los intereses de los trabajadores que cuente con el apoyo parlamentario de los comunistas.

A dos meses de la celebración de las elecciones presidenciales en Portugal, y sin posibilidad legal de llamar anticipadamente a nuevas elecciones, queda por saber qué hará el Presidente de la República la próxima semana. Después de la caída de Passos Coelho y según la Constitución, está obligado a invitar a António Costa a formar gobierno.

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