¿Por qué Andalucía reniega del nacionalismo?

Por Sergio Flores

andaluciaMi viejo amigo Diego solía regalarme vivencias de aquella Andalucía de hambrunas y miserias que le tocó vivir.

Tiempos duros fueron aquellos años de posguerra, y más aún en los pueblos serranos, donde “había que quitarse al hambre a guantazos”, según relataba.

Una de esas historias me viene a la cabeza al reflexionar sobre el nacionalismo andaluz del presente, pasado y futuro. Me contaba Diego que eran muchos los que se echaban al estraperlo. Me contaba las andanzas por esas sierras de Ronda, camino de Gibraltar a buscar café, queso, tabaco o penicilina. Tanto se recreaba en detalles que a veces parecía que habías vivido aquellas noches sin luna, tras las reatas de bestias, huyendo de la Guardia Civil.

Una de las cosas que más impactó a aquel niño que yo era es cuando me explicó cómo entrenaban a los animales para que les sirvieran en los trabajos del contrabando. Usaban mulos, burros, caballos y perros. Con ellos formaban largas reatas, amarrados unos a otros.

Me decía que lo primero que hacían al adquirir animales era agriarles el carácter, lo que consistía en llevarlos al campo y amarrarlos a una estaca. Una vez el animal estaba tranquilo y confiado, alguno de la partida vestido con ropas de la Guardia Civil, sobre el típico capote, se acercaba al animal gritando y golpeando fuertemente con un palo. Se repetía tantas veces como fuese necesario, hasta que aquellos pobres animales, por puro instinto de supervivencia, asociarán ropa verde con la somanta de palos.

Luego les enseñarían los caminos de vuelta a los cortijos. Así, en caso de que los guardias estuvieran cerca, los mismos animales los detectaran y salieran a la fuga, aterrados por su presencia.

Más de 2 millones de andaluces salieron a las calles aquel 4 de diciembre de 1977 a luchar por Andalucía. Cientos de miles votaron a un partido andalucista hasta llevarlo a tener 5 diputados en el Congreso de Madrid. Todo ese capital de apoyo e ilusión que los andaluces entregaron al andalucismo acabó enterrado o despilfarrado hasta quedar reducido a 40.000 votos.

Qué cantidad de palos no le habrán dado esos políticos andalucistas a los andaluces, que el pueblo andaluz ha aborrecido y dado la espalda a todo lo que suene a nacionalismo andaluz. Cuánta torpeza política y cuánto interesado vividor que ha dado al traste con tanta ilusión.

Y cuando hablo de andalucistas no enfoco la cuestión solo en el PA, lo hago en todos aquellos que algún día levantaron la bandera de Blas Infante y la han dejado hundida en el barro.

Y si esto hubiese sido poco, atentos a los ridículos estrafalarios que se avecinan. Demos paso a líderes y lideresas, con sus cohortes de iluminados. Y leña al mulo, que es de goma. Cualquier día nos pondrán una bandera verdiblanca y nos veremos como los mulos de los estraperlistas: corriendo hacia los montes.

PD: Yo pertenezco a esa rara especie de nacionalista andaluz que no culpa de sus fracasos a los demás, a las circunstancias o al PSOE.

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