El pueblo cubano vencerá

Por Fidel Castro Ruz

Constituye un esfuerzo sobrehumano dirigir a cualquier pueblo en tiempos de crisis. Sin ellos, los cambios serían imposibles. En una reunión como esta, en la que se congregan más de 1.000 representantes escogidos por el propio pueblo revolucionario, que en ellos delegó su autoridad, significa para todos el honor más grande que han recibido en la vida, a este se suma el privilegio de ser revolucionario, que es fruto de nuestra propia conciencia.

¿Por qué me hice socialista? Más claramente, ¿por qué me convertí en comunista? Esa palabra que expresa el concepto más distorsionado y calumniado de la Historia por parte de aquellos que tuvieron el privilegio de explotar a los pobres, despojados desde que fueron privados de todos los bienes materiales que proveen el trabajo, el talento y la energía humana. ¿Desde cuándo el hombre vive en ese dilema, a lo largo del tiempo y sin límite? Sé que ustedes no necesitan esa explicación, pero sí tal vez algunos oyentes.

Simplemente hablo para que se comprenda mejor que no soy ignorante, extremista, ni ciego, ni adquirí mi ideología por propia cuenta estudiando Economía.

No tuve preceptor cuando era un estudiante de Leyes y Ciencias Políticas, en las que aquélla tiene un gran peso. Desde luego que entonces tenía alrededor de 20 años y era aficionado al deporte y a escalar montañas. Sin preceptor que me ayudara en el estudio del marxismo-leninismo; no era más que un teórico y, desde luego, tenía una confianza total en la Unión Soviética. La obra de Lenin ultrajada tras 70 años de Revolución. ¡Qué lección histórica! Se puede afirmar que no deberán transcurrir otros 70 años para que ocurra otro acontecimiento como la Revolución Rusa, para que la Humanidad tenga otro ejemplo de una grandiosa Revolución Social que significó un enorme paso en la lucha contra el colonialismo y su inseparable compañero: el imperialismo.

Quizás, sin embargo, el peligro mayor que hoy se cierne sobre la Tierra deriva del poder destructivo del armamento moderno que podría socavar la paz del planeta y hacer imposible la vida humana sobre la superficie terrestre.

Desaparecería la especie como desaparecieron los dinosaurios, tal vez habría tiempo para nuevas formas de vida inteligente o tal vez el calor del Sol crezca hasta fundir todos los planetas del Sistema Solar y sus satélites, como gran número de científicos reconocen. De ser ciertas las teorías de varios de ellos, las cuales los legos no ignoramos, el hombre práctico debe conocer más y adaptarse a la realidad. Si la especie sobrevive un espacio de tiempo mucho mayor, las futuras generaciones conocerán mucho más que nosotros, aunque primero tendrán que resolver un gran problema. ¿Cómo alimentar a los miles de millones de seres humanos cuyas realidades chocarían irremediablemente con los límites de agua potable y recursos naturales que necesitan?

Algunos, o tal vez muchos de ustedes, se pregunten dónde está la política en este discurso. Créanme que me apena decirlo, pero la política está aquí en moderadas palabras. Ojalá muchos seres humanos nos preocupemos por estas realidades y no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas. ¿Quién va a alimentar a los pueblos sedientos de África sin tecnologías a su alcance, ni lluvias, ni embalses, ni más depósitos subterráneos que los cubiertos por arenas? Veremos qué dicen los gobiernos que casi en su totalidad suscribieron los compromisos climáticos.

Hay que martillear constantemente sobre estos temas y no quiero extenderme más allá de lo imprescindible.

Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos transmitirles que el pueblo cubano vencerá.

Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala. He votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso y agradezco la invitación y el honor de escucharme. Los felicito a todos, y en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo.

Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible.

(Discurso de clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, 19 de abril de 2016)

El socialismo como única solución al drama ecológico

Por Jose Gutiérrez Soler

“El universo no está obligado a estar en perfecta armonía con la ambición humana”

(Carl Sagan)

No es la intención de este escrito el aburrir con cifras y porcentajes, esas cifras y porcentajes suelen ser otra clase de eufemismo sobre el problema a tratar. Pues ningún ser humano ha conocido o siquiera visto todos los árboles del Amazonas, por lo cual quiere decir que desde 1970 se ha deteriorado más del 56% de su masa y territorio de bosque, es cuanto menos una vaga forma de describir el dama sufrido en el Amazonas. pero aun así, si se desea, una rápida búsqueda en Google puede hacernos perder el sueño de una noche. El objetivo de estas líneas es expresar que existe una solución, y esta solución empieza por un cambio en nuestra sociedad.

EXISTEN SOLUCIONES

La ciencia y la tecnología han avanzado lo suficiente como para solventar casi todos los problemas medioambientales que tenemos, nuevas técnicas de reciclaje, reducciones de dióxido de carbono a la atmósfera en vehículos, energías renovables, motores eléctricos y un larguísimo etcétera hasta llegar incluso a la clonación de animales extintos.

No estamos ya frente a una tecnología incapaz de detectar los estragos de la contaminación, no nos encontramos frente a escasos datos sobre cambios en el clima y en los hábitos de los animales por culpa del deterioro del medio ambiente. Podríamos llenar plazas enteras con todos los estudios y documentos divulgativos acerca de los problemas y de las posibles soluciones del medio ambiente.

Tenemos a nuestro alcance todo el potencial de las energías renovables, de ganadería y agricultura responsable, sabemos como repoblar bosques enteros, cómo revertir la disminución de poblaciones en peligro, cómo paliar enfermedades modernas y producidas por nuestra huella ecológica… En definitiva, el ser humano dispone de medios de tener un planeta más habitable y que nos aporte mejor calidad de vida.

EL CAPITALISMO COMO INICIO Y FIN DEL PROBLEMA

Ya sabemos que existen infinidad de soluciones; algunas a largo plazo, otras drásticas e inmediatas, que acelerarían la recuperación medioambiental y reducirían nuestra huella ecológica. Pero es el momento de las preguntas: ¿quién, cómo y cuándo pondrá en práctica estas medidas? Si se le pregunta a una persona de Senegal o Mali, podremos ver en su rostro una expresión de sorpresa, ignorancia y posiblemente indignación. Pero si le preguntamos a una persona del “Primer Mundo” podremos ver las mismas expresiones, ya que individualmente, las personas no pueden hacer prácticamente nada. Incluso hasta personas que reciclen sus propios excrementos y fabriquen sus propios relojes de pulsera con cáñamo y pilas solares, serán sólo eso, casos aislados en un entramado internacional, no se verán como ejemplo a seguir y por supuesto no se verán como parte de la solución.

La hegemonía cultural impide que ese tipo de cambios de hábitos sean socialmente aceptados. El Corte Inglés se gasta mucho dinero en publicidad para permitir que nos hagamos nuestra propia ropa, o que nos fijemos que ciertos fabricantes se basan en la obsolescencia programada.

Por lo que incluso las cooperativas sociales, las redes de consumo, los huertos ecológicos, etc. son ejemplos minoritarios, ajenos a la gran masa social, y aunque muchos de ellos desarrollan labores extraordinarias, son sólo luchas aisladas, las cuales no tienen la suficiente fuerza para cambiar a las grandes potencias, y mucho menos a la conciencia colectiva en cuanto al consumo. Hay que fijarse en este tipo de inciaitivas, pero a la vez entender que si no formaran parte de algo más grande, un algo que remueva conciencias, tan sólo son opciones minoritarias. Y se quedarán en eso, porque el capitalismo no permitirá que ese tipo de iniciativas sean reales, y si por arte de magia lo fueran, las acapararían y las convertirían en oportunidades de negocio.

El capitalismo no quiere gastarse ni un solo céntimo en reducir su huella ecológica, para este sistema socio-económico todo aquello que no es productivo es prescindible, todo aquello que no sirva para encapsular y proteger su piedra angular (“el beneficio”) será tratado de manera confusa, trivial e incluso falsamente.

La columna vertebral del capitalismo es la plusvalía, sin ella ese sistema se descompone y se destruye, y los grandes en este juego hacen todo lo posible para mantener su nivel de plusvalía en valores cada vez más altos. Por ello, invertir en ecologismo es reducir su nivel de plusvalía, y entra en conflicto visceral con el propio principio del capitalismo.

Y si quedara alguna duda: ¿cuántas guerras, destrucción y muerte hemos contemplado en los últimos 20 años, tan sólo para mantener unas décimas el precio del barril de petróleo? Si el capitalismo es capaz de hacer eso, ¿qué le importa un pingüino escuálido muriéndose de hambre?

LA SOCIEDAD CAPITALISTA COMO CÓMPLICE

Aun así, sabemos que hay mínimos ejemplos y algún que otro reducto aislado, de ciertas empresas y países que innovan o promocionan en ecologismo. Ikea, por ejemplo, en su reglamento interno tiene dispuesto que en su consejo de administración tiene que haber un número de puestos reservados para ingenieros medioambientales. Estas personas son las encargadas de supervisar todos los procesos y productos de Ikea para reducir la huella ecológica y promover el reciclaje. En la ciudad de Utrecht (Países Bajos) existe un prototipo de vehículo social que genera electricidad al moverse. No sólo es que se mueva de forma gratuita, sino que además genera un excedente energético, y dicho excedente se conecta al suministro de la ciudad,a horrando costes para el ayuntamiento.

Aun así, en el caso de Ikea, no deja de ser otra cara de su campaña de marketing, y en el caso de los Países Bajos, no es más que una medida ínfima y socialdemócrata de su gobierno. En ambos casos veremos que fuera de los ejemplos anteriormente comentados, se pueden encontrar miles de casos de explotación y ruindad.

El problema de base es que la sociedad capitalista no desea solucionar el drama medioambiental. Nos encontramos ante un panorama devastador, ya que la clase trabajadora del Primer Mundo no tiene tiempo, después de sus más de 8 horas diarias de producción, como para ocuparse de unos pájaros con nombres en latín que han variado su migración por culpa del cambio en las corrientes de aire, y la clase trabajadora del Tercer Mundo no tiene recursos ni para su propia supervivencia.

Por ello, centraremos nuestra atención en quien tiene recursos y no hace nada: la clase trabajadora del Primer Mundo, todo ese conjunto de personas que viven en un exceso de plástico, productos químicos, fertilizantes agresivos, semillas transgénicas y medicamentos basados en la tortura animal.

Dudo muchísimo que cualquier persona después de ver cómo se procesa una salchicha industrial se coma una con las mismas ganas que antes, o que se maquille con ciertas cremas basadas en la experimentación y tortura de animales. Y ambos casos son bien conocidos gracias a que hoy en día vivimos en la sociedad de la información. Pero nos lo presentan como cosas que ocurren en otros países, en otras empresas, otros gobiernos y otras marcas. En definitiva, ajeno a su día a día. Ajeno a la rutina de ir al mismo supermercado por no tener tiempo de ir a las tiendas locales, ajeno a la explotación infantil en la ropa, por no poder permitirse comprar en otro sitio que no sea H&M, ajeno a la cantidad de petróleo usado en transportar pepinos de Nueva Zelanda y que sean más baratos que los de la zona rural más próxima.

El capitalismo, como en feminismo, moral, religión y otros aspectos, ataca al ecologismo como algo fuera de nuestras posibilidades, para que la impotencia dé paso a la aceptación de dichos problemas y situaciones como algo dentro de lo normal, como algo arraigado en nuestros genes, algo no prioritario de cambiar, porque lo importante es el terrorismo (que mata muchos menos que el hambre) y la estabilidad de los mercados (de SUS mercados).

EL SISTEMA ECONÓMICO SOCIALISTA COMO INICIO

Lejos de ser la solución definitiva, un cambio en los modos de producción son el plan de choque para salvar la actual biodiversidad y el actual clima, ya que “salvar el planeta” es algo egoístamente humano. El planeta seguirá ahí después de que lo inundemos de radiación y dióxido de carbono, después de que no exista ni un ser humano o animal vivo, tal como lo conocemos hoy día.

Una economía que no esté basada en el beneficio económico de una élite, es la única que podrá invertir de manera efectiva y generalizada en reciclaje, reforestación, limpieza de ríos, drenaje de embalses, potabilizadoras de agua, riegos sostenibles, semillas sin modificaciones nocivas, alimentación más saludable… Y así, un largo etcétera.

Sólo una economía con visión de futuro para la sociedad y no para su cuenta bancaria puede plantear planes a medio y largo plazo para cuestiones fundamentales como las energías renovable, el transporte limpio, la vivienda sin impacto medioambiental, o los cultivos beneficiosos para cada terreno. Y repitiéndonos, esto es sólo posible en el socialismo, ya que un sistema capitalista no tendrá margen de maniobra en sus beneficios para atender a dichas cuestiones, por muy buena voluntad que tengan sus gobernantes de turno.

Es vital hacer hincapié en esta idea de que bajo ningún sistema socio-económico capitalista podremos encontrar soluciones a largo plazo. Es importante para no caer en ilusiones de la socialdemocracia como que, con unos buenos gestores, esto puede cambiar. El gran capital, que es quien gobierna realmente, tal vez pueda dar algunas migajas a ciertos países y espejismos verdes en ciertos momentos, pero en el día a día, la maquinaria de la plusvalía se engrasa con la degradación del planeta, ya que ser responsable ecológicamente es caro.

LA SOCIEDAD SOCIALISTA COMO SOLUCIÓN

Decíamos antes que las medidas económicas y las políticas socialistas son sólo el principio, y eso se debe a que la sociedad tiene que hacer suyos ciertos hábitos de consumo, ciertos valores morales y, en definitiva, cambiar su modus vivendi frente al planeta.

Si la sociedad no rompe sus esquemas sobre cómo explotar recursos naturales, investigar nuevos medicamentos, concebir jardines o incluso diseñar casas, poco de lo que imponga un gobierno o Estado se perpetuará durante mucho tiempo, ya que al final, nuestros Estados son un reflejo de nuestras sociedades.

El cambio puede que sea generacional, así que tenemos que partir de la base de que este es un proyecto a largo plazo, pero que o se empieza ya, o el trabajo será más duro y los resultados puede que no sean tan efectivos.

Y para no caer en dar un mensaje abstracto sin posibilidad de implantarlo o defenderlo localmente, hay que estudiar el medio ambiente local y global, ver los problemas más serios y transmitir a las fuerzas políticas y otros agentes sociales un programa viable pero ambicioso, con medidas que puedan – al menos – paliar la degradación constante de nuestro entorno, un programa que pueda elevar la conciencia ecológica de nuestra clase trabajadora, un programa con medidas políticas que sean el germen de un cambio social, un programa que realmente sea revolucionario en nuestro tiempo y en nuestro entorno.

Puede que en la Andalucía de 2016 tras 10 minutos en coche uno ya pueda ver árboles y algún que otro riachuelo, según en qué ciudad, pero si nos fijamos bien es raro hoy en día encontrar un tomate que sepa a tomate, una lechuga con tierra, coquinas en la orilla y mariposas en los parques. Además, y como siempre, la miseria viaja sólo de ida a ciertos lugares del mundo, y en África podemos encontrar bosques de cables, lagos de placas informáticas, ríos de teléfonos móviles obsoletos, montañas de podredumbre y desperdicios del “Primer Mundo”, residuos de un consumo vetado para los que tienen que convivir con las consecuencias.

Si nos quitamos el velo del egoísmo y el miedo a ver lo que tenemos frente y alrededor nuestro, veremos tal cantidad de degradación del medio ambiente que ya seremos incapaces de dar marcha atrás, veremos que ya no sólo estamos condenando, como sociedad, a miles de millones de personas a la desgracia económica, sino que además les estamos robando todas las posibilidades a nuestras generaciones futuras. Es por ello que el ecologismo es una parte fundamental de la lucha, puede que sea de las más importantes, porque ataca directamente al corazón del capitalismo, a su deshumanizada tarea de extraer la vida de la clase trabajadora y su entorno en beneficio propio.

¡LA LUCHA POR EL MEDIO AMBIENTE Y EL ECOLOGISMO ES UNA LUCHA REVOLUCIONARIA!

La guerra del este de Europa

Por Manuel Arango Riego

arango“Si no se logra parar a los fascistas en el Donbass y en Ucrania, lo cual no es otra cosa que la agresión militar otanista abierta contra Rusia, una agresión que ya han planificado en todos sus detalles y que, con el golpe de Estado en Ucrania cierra el cerco y prepara las condiciones para las operaciones políticas, financieras y militares de mayor envergadura contra Rusia.”

Manuel Pérez Mártinez “camarada Arenas”, secretario general del PCE(r), julio de 2015

“La guerra del este de Europa”, como así la reconocen portavoces de las potencias imperialistas, sube de intensidad continuamente y con ella se produce un avance cualitativo hacia la Tercera Guerra Mundial que vienen desarrollando las potencias imperialistas después de 25 años de conflictos bélicos desde la Segunda Guerra del Golfo, en 1990.

El plan central de los imperialistas en esta “guerra del este de Europa”, dirigida a la sojuzgación de Rusia, es un muy viejo objetivo del imperialismo, que comenzó a concretarse inmediatamente después del triunfo de la Revolución de Octubre; desde aquella, tanto la Unión Soviética antes como Rusia ahora, han estado sometidas a una estrategia de agresiones y de cerco continuo.

Los imperialistas estuvieron cerca de lograr su objetivo durante el período de régimen yeltsinista (verdadero títere de los imperialistas), durante el cual se estaba descuartizando y desangrando a Rusia. Pero esta dinámica de avasallamiento fue frenada desde el nacionalismo burgués ruso. Reagrupadas sus fuerzas, se hizo con elñ poder en este país. A partir de ahí, comienza una renovada escalada de las agresiones y del cerco por parte del imperialismo coaligado, que no dudó en incluir en esta escalada como muestra de declaración de guerra y del alcance de sus intenciones el hundimiento del submarino nuclear “Kursk”, buque insignia de la Marina de Guerra rusa y el más moderno/poderoso del mundo en su clase.

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Milicianos antifascistas de la Brigada “Prizrak” de la República Popular de Lugansk con su desaparecido comandante Alexei Mozgovoy, asesinado en mayo de 2015.

En muy pocos años, esta “guerra del este de Europa”, verdadero despliegue al mismo tiempo de varios tipos de guerras (militares, políticas, económicas, etc.) iba a superar en bastantes campos las intensidades de la agresión que el imperialismo internacional había desplegado durante el largo período de la Guerra Fría; no en vano, como había declarado ya en la década de 1990 el jefe del Estado Mayor del Ejército de EEUU: “La conquista de Rusia bien merece, por sí sola, una Tercera Guerra Mundial.”

De ahí que ahora, junto al famoso “escudo antimisiles” desplegado en diversos países, incluido el Estado Español, que apunta directamente sobre Rusia y otros países de Europa del Este, existan todo un conjunto de cercos combinados que van más allá de ser exclusivamente de carácter militar: el cerco desde el Cáucaso y Turquía, el cerco desde Finlandia y las Repúblicas Bálticas, el cerco desde Ucrania y Moldavia; todo ello fue reforzado – según lo denominan los mismos militares yanquis – por el “segundo cinturón exterior perimétrico”, que lo conforman algunas repúblicas del antiguo campo socialista (como Polonia, Rumanía y Hungría); todo ello, a la vez, bajo la cobertura de la OTAN y el apoyo militar de la Unión Europea.

Capítulo especial de esta estrategia de cercos combinados, representa ese tipo de conflictos bélicos fomentados y apoyados por el imperialismo en lugares como Chechenia, en la región del Nagorno Karabaj (entre Armenia y Azerbaiyán), Georgia, etc., cuya finalidad es desestabilizar a Rusia y establecer aparatos militares de agresión inmediata, donde se puedan conformar verdaderas avanzadillas y “cabezas de puente” para la infiltración, el sabotaje y el asalto.

Pero no acaba aquí tan vasta maquinaria de agresión, ya que a todo lo anterior se ha venido uniendo la realidad de que no pocos de los conflictos bélicos fomentados o directamente desencadenados por las potencias imperialistas de diversas áreas (Balcanes, Oriente Medio, el Magreb, África, etc.); aparte de ser utilizados para someter a vasallaje (“balcanizar”) a regiones enteras, hayan sido planificados para reforzar ese conjunto de cercos y aislar a Rusia: eliminar su influencia en esas zonas y liquidar sus relaciones de todo tipo.

Aún con todas las diversas modalidades en las que se vienen articulando las agresiones, los imperialistas coaligados y sus socios han puesto en marcha también los embargos y bloqueos comerciales, los sabotajes económicos y los chantajes de diverso tipo contra Rusia y sus aliados.

Estamos, por tanto, frente a una extensa agresión imperialista, una forma de guerra total contra Rusia que, de una u otra forma, también repercute en los aliados de este país situados en diversas latitudes, con lo cual la confrontación se internacionaliza.

Manuel Arango Riego es un preso político del PCE(r) que se encuentra gravemente enfermo en la prisión de Zuera (Aragón)

La bomba atómica saudí

Por Thierry Meyssan

Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU discutía sobre un hipotético programa nuclear iraní de carácter militar, Arabia Saudí adquirió la bomba atómica.

Al terminar la guerra que Irak desató contra Irán, el imán Khomeini prohibió la continuación de los planes para la fabricación de la bomba atómica iniciados por el anterior régimen del shah.

Hubo entonces negociaciones entre Irán y los europeos para que los primeros pudieran retirarse del programa nuclear. Y los europeos, que querían a toda costa tener garantías de que aquello no pudiera reiniciarse, exigían que Irán desmantelara su sistema de formación de físicos nucleares. Aquellas negociaciones prosiguieron hasta 2005, bajo la dirección de un sheikh llamado Hassan Rohani – actual presidente de Irán. Pero en 2005, con la elección de Mahmud Ahmadinejad, se interrumpió aquel proceso.

El presidente Ahmadinejad reinició la formación de físicos nucleares. El propio Ahmadinejad es un científico, Guardián de la Revolución, y reactivó la investigación con intenciones de hallar un sistema basado en la fusión nuclear – completamente distinto al sistema de los occidentales – para producir electricidad.

La oposición de Occidente al presidente Ahmadinejad y su política de reactivación de la Revolución Islámica bloquearon por completo las negociaciones. Así que, a partir de aquel momento, hubo una sucesión de sanciones contra Irán, país acusado injustificadamente de estar fabricando una bomba atómica.

En 2013, cuando el ayatolá Ali Khamenei aceptó conversar en secreto con EEUU en Omán, los negociadores estadounidenses volvieron a la Casa Blanca diciendo que no había problema: el grupo de Ahmadinejad sería puesto al margen de la vida política y se haría posible negociar seriamente con Irán.

Eso fue, efectivamente, lo que sucedió ya que el señor Meshaye – candidato del grupo de Ahmadinejad – fue descartado, se le prohibió presentarse a la elección presidencial y fue electo el sheikh Rohani. Este último aceptó firmar un acuerdo con los occidentales. Ese acuerdo tendría que haber desmantelado las sanciones. Pero de los 150.000 millones de dólares bloqueados por los occidentales, sólo se ha restituido hasta ahora una cantidad mínima a Irán.

Mientras tanto, los israelíes se pronunciaban en contra de que Irán pudiera fabricar la bomba atómica. Pero lo más importante es que los saudíes dijeron en el pasado año 2015, en una entrevista a “The Independent”, que si Irán llegaba a tener la bomba atómica, ellos también la conseguirían. Y ahora, hace unos días, una personalidad saudí cercana al rey Salman reveló que ya tenían la bomba atómica:

“El Ejército saudí no se quedará cruzado de brazos. Nos representa a nosotros, los saudíes. ¿Para qué creen ustedes que compramos todos esos misiles y aviones? ¡Tenemos la bomba atómica desde hace más de 2 años! Se puede hacer un ensayo dentro de unas semanas.”

Ya se había visto en Yemen que los saudíes habían utilizado un arma atómica, aunque no se sabía si eran ellos los propietarios de aquella bomba o si se la habían entregado los israelíes, y es evidente que se trata de una bomba atómica táctica, no de tipo estratégico.

En todo caso, la situación actual modifica por completo la geopolítica de la región, en la medida en que es evidente que nadie tiene intenciones de atacar a Arabia Saudí. Lo único que podría imaginarse, cuando más, es que alguien tratara de organizar una revolución dentro del país. Pero es impensable que se produzca una agresión exterior contra el Reino de Arabia Saudí.

Tenemos que reflexionar seriamente sobre cómo proteger esta región de la bomba atómica, ya que ahora hay dos potencias (el Estado de Israel y Arabia Saudí) que disponen de armamento nuclear frente a todos los demás.