ONG: Organizaciones Non Gratas

Por Ahmed Bensaada

Después de los ruidosos éxitos de las “revoluciones de colores” que han barrido en la década del 2000 numerosos países de Europa del Este o las antiguas repúblicas soviéticas, las misiones políticas de numerosas ONG (“Organizaciones No Gubernamentales”) han sido puestas en evidencia.

Bajo la falacia de los pretextos de la exportación de la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión, estas organizaciones – que son, en esencia, OG (es decir, organizaciones gubernamentales) – trabajan siguiendo las agendas minuciosamente elaboradas por los estrategas de la política exterior de los países occidentales. En este terreno, la palma se la llevan muy ciertamente los Estados Unidos, país que ha elevado la práctica al “arte” absoluto y difícilmente equiparable. En efecto, el País del Tío Sam se ha dotado de una panoplia de entidades “político-caritativas” especializadas en la desestabilización no violenta de los países considerados como “no amistosos” o, directamente, no vasallos.

Estas organizaciones se benefician de un marco político elegido, medios materiales colosales, además de una financiación regular y consecuente. Metódicamente actualizadas, las técnicas utilizadas son temiblemente eficaces, sobre todo cuando el blanco son países autocráticos o afectados por serios problemas socio-económicos.

Las agencias estadounidenses más emblemáticas de “expotación” de la democracia son la Agencia de los EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID), la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instuto Nacional Demócrata de Asuntos Internacionales (NDI), Freedom House y el Instituto Open Society (OSI). Excepto este último, todas las organizaciones citadas son financiadas principalmente por el Gobierno de EEUU. En cuanto al OSI, forma parte de la Fundación George Soros, ilustre especulador financiero estadounidense. Ni que decir tiene que Soros y su fundación trabajan con el Departamento de Estado de EEUU “para la promoción de la democracia”.

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Mapa de las “revoluciones de color” de la década del 2000 en Eurasia.

Y las piezas de caza cobradas son elocuentes: Serbia (2000), Georgia (2003), Ucrania (2004), Kirguistán (2005) y Líbano (2005). A pesar de algunos fracasos punzantes – Venezuela (2007) e Irán (2007) – el éxito ha sido de nuevo lo que ha encontrado la inapropiadamente llamada “Primavera Árabe” (2011). La implicación de los organismos norteamericanos de “exportación de la democracia” ha sido claramente demostrada en las revueltas que han sacudido los países árabes “primaverizados” como Túnez y Egipto, y aquellos en los que una guerra civil causa estragos todavía en el momento actual: Libia, Siria y Yemen.

La relativa eficacia con la que estas desestabilizaciones son realizadas y su aparente espontaneidad dan testimonio del papel de Caballo de Troya de estas “ONG” respaldadas por una red de activistas autóctonos adecuadamente formados bajo el sesgo de oficinas especializadas.

A fin de protegerse contra el efecto nefasto de estas revueltas, numerosos países han prohibido estas organizaciones en su territorio, a título profiláctico o curativo. Así, el 8 de febrero de 2012 (un año después de la caída del presidente Mubarak), los periódicos del mundo entero retomaban una noticia proveniente de El Cairo: “La justicia egipcia acusa a las ONG de actividades políticas ilegales”. Se podía leer en el artículo: “Estas tensiones son el resultado de la búsqueda en 17 locales de ONG egipicias e internacionales el pasado 29 de diciembre. Entre ellas, figuran el Instituto Nacional Demócrata (NDI), el Instituto Republicano Internacional (IRI) y Freedom House.”

En total, 43 empleados egipcios y extranjeros de las ONG en Egipto fueron acusados de recibir financiación extranjera ilegal y haber interferido en los asuntos políticos del país. Entre ellos se encuentra Sam LaHood, jefe de la sección egipcia del IRI e hijo del que fuera Secretario de Transportes en EEUU Ray LaHood.

Desde 2014 las ONG que trabajan en Egipto tienen la obligación de registrarse ante las autoridades, de lo contrario corren el riesgo de embargo de sus bienes o incluso el enjuiciamiento. Por otra parte, las autoridades también deben aprobar cualquier financiación desde el extranjero. Además de Egipto, los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tienen leyes que las prohíben o fortalecen el control de las ONG en su suelo. Rusia, que no ha padecido tentativas de “revoluciones de color”, ha legislado en esta dirección. En 2012, el presidente ruso Vladimir Putin firmó una ley que califica a las ONG que reciben financiación extranjera de “agentes exteriores”. La USAID se ha visto especialmente afectada: ha sido prohibida en Moscú por “injerencia en la vida política de Rusia”.

La USAID en Rusia

La lista de las ONG “indeseables” en Rusia ha aumentado en 2015. Entre ellas se incluyen la NED, el NDI, el IRI, Freedom House y la Fundación Soros-OSI. La periodista Julia Famularo se ha planteado la cuestion de si las autoridades de Rusia y China colaboran en el campo de la lucha contra las ONG “tóxicas”. Y es que la Comisión de Seguridad Nacional de la República Popular China comenzó a investigar oficialmente el asunto en 2014. Por último, al igual que Rusia, China ha legislado recientemente sobre el tema. A partir del 1 de enero de 2017, las ONG extranjeras se verán obligadas a registrarse en el Ministerio de Seguridad Pública y permitirán que las autoridades puedan examinar sus actividades y finanzas. El periódico “The New York Times” señala que las organizaciones como la NED y el OSI están particularmente señaladas para apuntarse a la nueva reglamentación. Está claro que las manifestaciones que sacudieron Hong Kong en 2014, bautizadas como “Revolución de los Paraguas”, no son ajenas al endurecimiento de la ley china sobre las actividades de las ONG. De hecho, se ha demostrado que la NED, Freedom House y el NDI estaban enormemente involucrados en esos acontecimientos.

Por su parte, India también ha enseñado sus garras a las ONG extranjeras. En 2015, el gobierno del primer ministro Narendra Modi ha cancelado las licencias de no menos de 9.000 ONG y ha restringido la financiación proveniente de donantes extranjeros.

En cuanto a Brasil, se debería desconfiar: las manifestaciones contra la presidenta Dilma Rousseff y su destitución tienen aires de “revolución de color”, tal como ha explicado la experta en cuestiones latinoamericanas y brasileñas Micheline Ladouceur.

No hay duda de que Rusia ha tenido problemas con la USAID. Se hicieron notar de una resolución de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) demandando la expulsión inmediata de la USAID de los países miembros de la alianza, firmada en julio de 2012. Los países firmantes fueron Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua y Venezuela.

Entre los países árabes, los Emiratos Árabes Unidos clausuraron en 2012 las actividades de varias ONG extranjeras, entre las que se encontraba el NDI. En enero de 2016, el parlamentario jordano Zakaria al-Sheikh pidió a la cámara baja de Jordania que se pusiera fin de inmediato a las actividades del NDI en el país, argumentando que son “un peligro para la seguridad nacional”.

No hace falta decir que el balance sangrante y catastrófico de las funestas “primaveras árabes” tendrá como consecuencia cierta la contracción de la soga contra las ONG “tóxicas”, que no son realmente ni “no gubernamentales” ni caritativas. Pasarán del estatus engañoso de “Organizaciones No Gubernamentales” al saludable de “Organizaciones Non Gratas”.

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