¿Habría que juzgar a Vladimir Putin?

Por Thierry Meyssan

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Hollande y Putin en 2015.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el jefe de Estado que abolió la República Francesa y colaboró con la ocupación nazi, Philippe Pétain, juzgó y condenó a muerte in absentia a quien anteriormente había sido considerado su casi seguro sucesor, Charles de Gaulle, para entonces convertido en jefe de la Francia Libre.

Siguiendo el mismo esquema, el actual Presidente de la República Francesa, François Hollande, acaba de mencionar la posibilidad de abrir un procedimiento judicial internacional por los crímenes de guerra cometidos en Siria y juzgar no sólo a Bashar al-Assad, Presidente de la República Árabe Siria, sino también al Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin; palabras de las que se hizo eco – aunque con mucha más prudencia – el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon.

Esas declaraciones llegan en momentos en que Canadá, EEUU, Francia, los Países Bajos y el Reino Unido apoyan a los yihadistas que ocupan barrios del este de Aleppo y luchan contra las tropas de Siria, Rusia, Irán y Hezbollah.

No es nuevo este deseo de condenar a Vladimir Putin. Ya pudo verse durante la Segunda Guerra de Chechenia, en relación con el tema de Ucrania y ahora en el marco de la cuestión siria. Es una idea recurrente de los neoconservadores estadounidenses e israelíes. Durante la campaña electoral rusa de 2012, los EEUU llegaron incluso a proponer al entonces presidente ruso Dmitri Medvedev que se presentase como candidato en vontra de Putin, prometiéndole financiar su campaña electoral y garantizándole pleno acceso a los círculos de los dirigentes del planeta si se comprometía a “entregarles” a Vladimir Putin. No lo hizo.

El 29 de julio de 2015, los neoconservadores se las arreglaron para hacer llegar hasta el Consejo de Seguridad de la ONU un texto de Victoria Nuland – esposa del líder republicano estadounidense Robert Kagan, convertida entonces en portavoz de la hoy candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, en aquella época Secretaria de Estado (Nuland es actualmente asistente del Secretario de Estado de EEUU a cargo de Europa y Eurasia). Aquel texto proponía la creación de un Tribunal Especial Internacional para juzgar a los autores de la catástrofe del vuelo MH17, derribado sobre Ucrania e incidente que costó la vida a 298 personas. La proposición mencionaba una Comisión Internacional de Investigación en la que Rusia figuraba oficialmente como miembro pero cuyos demás componentes habían excluido, lo cual hacía posible endilgar la responsabilidad a Rusia del ataque, así como juzgar y condenar a Vladimir Putin.

Rusia demostró que era absurdo crear un tribunal internacional para ocuparse de algo que era más bien un hecho criminal de crónica roja, al tiempo que mostraba igualmente el carácter tendencioso de aquel procedimiento y recurrió al veto. La prensa occidental minimizó aquella maniobra de sus gobiernos.

Washington considera, con toda razón, a Vladimir Putin como el arquitecto de la reconstrucción de la Rusia posterior a la disolución de la URSS y al período de saqueo que marcó la presidencia de Boris Yeltsin (cuyo gobierno “ruso” fue conformado en las oficinas de la NED). En EEUU se imaginan, erróneamente, que si sacan a Putin del juego será posible hacer retroceder a Rusia a lo que fue hace 20 años.

El presidente francés hizo saber a su homólog ruso que no lo acompañaría en la inauguración de la nueva catedral ortodoxa de París, prevista para el 19 de octubre, que se limitaría a recibirlo en el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia de Francia, y que la conversación con él tendría que abordar obligatoriamente la situación en Siria.

El presidente Putin simplemente decidió posponer sine die su visita a Francia. Su portavoz declaró que el presidente ruso está dispuesto a viajar a París cuando su homólogo francés “se sienta cómodo”, reacción que recuerda a la manera de actuar de un adulto ante el capricho de una criatura malcriada.

El actual desencuentro entre Francia y Rusia tiene que ver simultáneamente con el tema de Ucrania (rechazo ruso al golpe nazi en Kiev, reincorporación de Crimea a la Federación Rusa y respaldo ruso a las repúblicas populares del Donbass) y con la cuestión de Siria (rechazo del intento yihadista de golpe de Estado y respaldo a la República Árabe Siria). Es poco probable que ese desacuerdo se resuelva antes de que termine el mandato presidencial de Hollande o con su sucesor – si resultara electo Alain Juppé, como parecen indicar actualmente los sondeos. Tanto Hollande como Juppé han vinculado sus destinos personales con Washington, a expensas de las vidas de miles de sirios.

Oficialmente favorable a la proposición de Francia, el Ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, llamó a los súbditos de Su Graciosa Majestad a realizar manifestaciones ante la Embajada de Rusia en Londres, en una especie de respaldo a la campaña anti-rusa que en realidad prefigura una retirada del Reino Unido de los problemas vinculados al tema de Siria.

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