Sobre la democracia deliberativa en China (segunda parte)

Por Alexandre García

Durante la década de 1990 había habido muy poca participación ciudadana en Wenling. El Gobierno organizaba debates de 2 a 3 horas, y los ciudadanos se preguntaban por qué debían gastar tanto tiempo en no hacer nada. Al final, no se presentaban a las reuniones. Por ello, el gobierno local tomó una decisión: unos funcionarios pasarían alrededor de 20 minutos después de cada foto para hablar de las cuestiones planteadas, y entonces anunciarían inmediatamente las iniciativas que llevarían a cabo. Desde entonces la gente ha estado mucho más satisfecha y han participado más activamente en las asambleas.

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Un ciudadano interviene en una asamblea deliberativa en el municipio de Zeguo, condado de Wenling, provincia de Zhejiang (China)

El artículo de The Guardian también hablaba de otros experimentos interesantes, como el que se realizó en la aldea de Zeguo, una subdivisión de la ciudad-condado de Wenling. Emulando la democracia deliberativa practicada en los town meeting de Nueva Inglaterra (EEUU), se hizo participar a una muestra representativa de ciudadanos, equipándolos con ordenadores portátiles con conexión a Internet y mandos a distancia para votar, de manera a deliberar sobre la gestión del presupuesto de la aldea. Este proceso, iniciado en la década de 1990 al nivel de aldea, se amplió al nivel de municipio en la década de los 2000.

Según He Bagoang, de la Universidad de Deakin (Australia), quien asesoró los experimentos de democracia deliberativa como el de Zeguo, estas consultas permiten que la gente tenga voz para políticas concretas, haciendo que el Gobierno tenga que rendir más cuentas al pueblo. El Consejo de Estado, que supervisa los gobiernos locales de China, publicó un documento oficial que estipulaba que, en las deliberaciones sobre la gobernación de China, se debían presentar los pros y los contras de cada política gubernamental. Si el Gobierno no adopta una política u opinión particular, debe presentar todas las razones por las cuales no lo hizo y apoyar su explicación en datos.

¿Cómo son elegidos los participantes en las asambleas? En Zeguo son elegidos al azar entre 280 personas. En otros lugares se pide a la gente que presente solicitudes. Si el gobierno local recibe demasiadas solicitudes, entonces los seleccionará él mismo. Sin embargo, esto es percibido como un intento de manipular las asambleas, y a veces suscita problemas. Por ejemplo, el gobierno de la municipalidad de Beijing organizó un foro público para discutir sobre cuestiones que afectan a los taxistas, pero éstos se negaron a reconocer la legitimidad de este proceso. Entonces, el gobierno de Beijing se vio obligado a organizar otro encuentro, esta vez usando el proceso de selección al azar.

Debido al éxito de experiencias de este tipo, el Gobierno chino ha implementado gradualmente la “democracia deliberativa” para interactuar con los ciudadanos por medios de canales oficiales. Estas discusiones adoptar la forma de audiencias públicas, buzones de sugerencias online y largos cuestionarios a los ciudadanos.

Ya se han dado casos de deliberaciones a escala nacional en China. La reciente reforma del sistema sanitario, que contó con una amplia participación popular, es un ejemplo de ello. La gente envió sugerencias y el Gobierno implementó las reformas varios años después. Ahora, cada nueva ley aprobada implica una consulta pública. En los últimos años, el Gobierno se ha esforzado en facilitar medios para enviar sugerencias online a través de Internet. Aunque, como dice He Baogang, los funcionarios del Gobierno no dan abasto para atender todas las sugerencias enviadas.

El XVIII Congreso del Partido Comunista de China hizo de la democracia deliberativa un asunto de máxima importancia para el país. Lo cierto es que existe en ello una cierta continuidad con la vieja tradición china. Durante 2.000 años, la China Imperial había puesto en práctica sofisticados mecanismos deliberativos estableciendo oficinas para emitir quejas por todo el país. Otro ejemplo es la tradición de “línea de masas” del PCCh, por la cual el Gobierno consulta al pueblo. Estas dos prácticas, aunadas con el concepto occidental de democracia deliberativa, es lo que ha dado lugar a la democracia deliberativa de la China actual.

El artículo reportaba la voluntad del PCCh de promover la democracia interna en el seno del Partido, informando que ya se habían celebrado elecciones competitivas para diversos puestos partidarios en los niveles inferiores de la organización, en las que las listas para los Congresos Provinciales y Nacionales del PCCh mostraban entre un 15 y un 30% más de candidatos que de puestos.

En un Partido que en aquel entonces tenía 82 millones de militantes (hoy tiene más de 86 millones) esto tenía mucho potencial. Con este tipo de elecciones internas, las distintas líneas ideológicas en el seno del Partido podían desdibujarse más claramente. Los cambios rápidos que se han sucedido en China en estas últimas décadas han dado lugar a una batalla de ideas, que enfrenta a las costas y las ciudades con la China del interior, y a los ricos contra los pobres. Según los expertos, las elecciones internas son cada vez más vistas por los chinos como una manera sana de airear estas diferencias.

Finalmente, el artículo señalaba que es poco probable que el sistema democrático de China se adapte al modelo occidental. Algunos sinólogos como el canadiense Daniel Bell, de la Universidad Tsinghua de Beijing, señalaban la visión de algunos intelectuales chinos como Jiang Qing que se reclaman del “confuncianismo de izquierdas”, que defienden unas reformas institucionales para que la estabilidad a largo plazo de China y la legitimidad de las instituciones políticas se asienten en las tradiciones chinas. En aras de ello, los “confuncianistas de izquierda” proponen un sistema legislativo tricameral en el cual, por una parte, estaría una Cámara del Pueblo, elegida democráticamente, que representaría los intereses de la gente común. Por otra, estaría una cámara de legisladores elegidos en base a sus méritos y competencias, llamada Cámara de Personas Ejemplares, que velaría por el bien de todos aquellos afectados por la política del Gobierno. Finalmente estaría una Cámara de la Continuidad Cultural que se ocuparía de preservar las religiones y tradiciones de China. Según los “confucianistas de izquierda”, este sistema tricameral aseguraría que las decisiones estén tomadas por representantes más preparados, en lugar de caer en el rancio populismo de camarillas que existe en los países occidentales.

Mediante esta combinación de sistema tricameral y métodos de democracia deliberativa con visos a asegurar una mejor separación de poderes y una mayor responsabilidad de los mandatarios, el sinólogo Daniel Bell afirma que China se dirigía hacia “un modelo político que funciona mejor que las democracias occidentales”.

La legitimidad del Partido Comunista de China dependerá de en qué medida podrá ser responsable, en cierto grado, ante las demandas de los ciudadanos. Pero en el presente momento, puede que sea China quien tenga que dar consejos sobre democracia a los EEUU y no al revés.

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