Podemos: más que puñaladas internas por el poder

Por Carlos Morais

27/12/2016

Primeira Linha

585bf836ce584-r_1482426782704-0-34-2836-1495Las palabras gruesas de la semana pasada dieron paso al insulto y a la descalificación entre las dos principales fracciones que se disputan el poder en el seno de Podemos.

A poco menos de tres años de su constitución el partido morado se homologa con la práctica consustancial de los partidos sistémicos burgueses, donde la ausencia de debate político e ideológico es sustituida por la confrontación entre las camarillas burocráticas para controlar el aparato y las finanzas.

El espectáculo televisivo y en la red de guerra abierta entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón dio paso a la confrontación directa entre sus principales cuadros, amplificada por los mismos medios que promovieron a la fuerza chovinista y populista socialdemócrata española.

De esta manera salta por los aires buena parte del discurso y retórica (“relato”, en jerga posmoderna) de la mal llamada “nueva política” sobre el pluralismo y la transversalidad.

La relativa recuperación de la estabilidad política atribuida al régimen de 1978, por el éxito logrado con el conjunto de medidas arriesgadas para relegitimarse (promoción de válvulas de escape bien controladas como el 15M, sustitución del desgastado monarca borbónico por su hijo, impulso del nacional-populismo podemita, neutralización del movimiento obrero), que desmovilizaron al pueblo trabajador, ralentizando sus reivindicaciones por medio del amorfismo ciudadanista y el ilusionismo electoral, les permite explotar el inicio de una nueva fase caracterizada por ir reduciendo paulatinamente apoyos a Podemos, promoviendo su ruptura “controlada”.

El riesgo de fractura interna entre ambas corrientes – diferenciadas por su táctica de mayor énfasis socialdemócrata, política de alianzas con el PSOE junto a fuerzas de ámbito nacional (N. del T.: de Galiza) y presencia en la calle – está directamente vinculado con el Congreso de febrero de 2017. Pese a todo, el divorcio no será inmediato porque ambas fracciones de momento continúan necesitándose mutuamente para consolidar en las próximas elecciones el “sorpasso” al PSOE y cumplir el rol de principal partido de la oposición en la democracia burguesa hispana.

Podemos perdió con gran rapidez buena parte de la frescura de lo “nuevo” que fascinaba a los segmentos sociales pequeño-burgueses, semiproletarios y desclasados que creyeron en las milongas del “Coletas” de soluciones fáciles, inmediatas e indoloras para situaciones complejas y prolongadas que requieren sangre, sudor y lágrimas si nos referimos al cambio social, a la Revolución.

El desgaste de Podemos y su más que probable ruptura interna a medio o largo plazo, cuando una de las dos fracciones considere prescindible a la otra en la lógica electoral, es una buena noticia para el comunismo revolucionario, pues contribuye a facilitar el desenmascaramiento de las falacias sobre las que se lleva construyendo y reconfigurando el proyecto rupturista bajo la dirección y orientación obrera.

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