El marxismo pro-prostitución es revisionista y un disparate misógino

Por Jonah Mix

“Un fantasma recorre Twitter: el fantasma del liberal con avatar de hoz y martillo”

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Comunismo: quizá lo entiendas como eso que los simpatizantes de Bernie Sanders te dicen que no son. O si tienes suerte, lo entiendes como la ideología que aboga por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de una sociedad dirigida por la clase obrera, en la cual la producción se basa en términos de necesidad humana.

Como probablemente no lo conozcas es como una ideología que defiende el trabajo asalariado, la explotación y la mercantilización. Sin embargo, lamentablemente se ha vuelto común para los comunistas – tanto dentro como fuera de la red – hacer exactamente esto al apoyar la prostitución.

Sí, hombres que reivindican ser guerreros contra la dominación de una clase sobre otra celebran una industria en la cual una clase… bueno, domina a otra. Andrea Dworkin estaba en lo cierto como siempre cuando dijo: “Sólo cuando el cuerpo de las mujeres se vende con fines lucrativos los izquierdistas abogan por el libre mercado”.

Antes de comentar por qué este nuevo amor por el capitalismo sexual es un absurdo despreciable, déjenme decirles: no espero que todos los que lean esto sean comunistas. No me considero un comunista ortodoxo, aunque tengo una fuerte admiración y apoyo por los movimientos revolucionarios que surgieron en el siglo pasado. Sí espero que la mayoría de la gente que lea esto tenga una noción básica de Historia, Lógica y Ética, pues es todo lo que necesita para darse cuenta de lo estúpida que es esta idea del “marxismo pro-prostitución”.

Empecemos con Historia. No se puede negar que los principales gobiernos comunistas vieron la prostitución como un sistema contrarrevolucionario. Uno de los primeros actos de Fidel Castro en el poder fue deportar o arrestar a los proxenetas extranjeros y a los puteros que abusaron de las mujeres cubanas pobres en La Habana. En China, Mao estableció la reeducación y la capacitación para el trabajo de ex-prostituidas y prohibió el proxenetismo.

Enver Hoxha, uno de los grandes defensores de la igualdad de las mujeres en la Historia comunista, se esforzó mucho por abolir la prostitución en los ambientes militares de Albania, incluso poniendo en riesgo su propio poder. Caramba, el mismo Marx afirmó varias veces que la prostitución es la expresión de la opresión del trabajador por el capitalismo, y Lenin lo vio de la misma manera etiquetando a ese mundo como anticomunista.

Eso sí, esto por sí solo no prueba nada. El marxismo es una ciencia inmortal, constantemente sujeta a replanteamientos y reformulaciones (que no revisiones). Aun siendo absolutamente posible que tanto Marx como Mao, Hoxha, Castro y Lenin estuvieran equivocados acerca de la prostitución, incluso considerando que esos hombres hubieran sido varias veces responsables de algunas atrocidades, pregunto: ¿por qué los varones marxistas pueden examinar las decisiones tomadas por líderes comunistas y llegar a ver su apoyo a la liberación de las mujeres como la única posición que vale la pena criticar?

He encontrado hombres que defienden fervientemente el “Gran Terror” de Stalin pero condenan a Mao por su “putofobia”. Hombres que no pueden cuestionar una palabra de Pol Pot pero se apresuran a despreciar a Fidel por su “negatividad sexual”. No se tiene por qué creer en las historias de terror de la propaganda occidental para ver aquí una crisis de prioridades. Pero si hay algo aún más descaradamente anticomunista que el revisionismo histórico de este marxismo pro-prostitución es su tergiversación de la teoría marxista para justificar la venta del cuerpo de las mujeres.

Aquellos con los que he hablado – tanto fuera como dentro de la red – no tardan en soltar las mismas (y falsas) consignas liberales: el “modelo nórdico” no funciona, la legalización reduce la trata, las mujeres prostituidas puden sindicarse, etc. Quizás lancen algunos términos de moda como “autonomía” o “consentimiento”, como si el marxismo permitiera que estas ideas fueran coherentes dentro del capitalismo, el imperialismo y el colonialismo.

Un nuevo giro repentino de los comunistas pro-prostitución es la afirmación de que la despenalización de la prostitución implica que “las trabajadoras sexuales se apoderan de los medios de producción”. ¡Cierto! El sueño de Marx de una sociedad justa dirigida por trabajadores es el de una mujer pobre anunciando sus servicios a tipos blancos de clase media en SegundaMano. ¡La revolución ya está aquí!

La misoginia en una reivindicación como la suya es casi difícil de entender. Afirmar que la prostitución de cualquier tipo es apoderarse de los medios de producción implica que las manos, la boca y los genitales de una mujer sean de por sí los medios de producción susceptibles de ser expropiados. Quite la jerga comunista y obtendrá esto: “El cuerpo de la mujer es una máquina para producir sexo. Los hombres emplean esa máquina colocando dinero o recursos en ella. El sexo resultante es un producto para ser consumido”.

Dígame, ¿cuál es la diferencia entre esta visión supuestamente marxista y progresista y la de los “activistas por los derechos de los hombres”? La visión de cualquier ser humano como medio de producción es fundamentalmente anticomunista. En todo caso, es la síntesis de una lógica capitalista que pretende tratar a los seres humanos como recursos.

El hecho de que los autoproclamados “marxistas” se alineen con posturas antifeministas que ven el sexo como un recurso producido por el cuerpo de las mujeres para el consumo masculino habla del deplorable estado en el que se encuentra el auténtico socialismo revolucionario.

En la práctica, estos llamados “comunistas” (que son realmente capitalistas sexuales) no estás seguros de cómo funcionaría la prostitución en una sociedad comunista. Y no deberían estarlo, porque cualquier respuesta sincera es horripilante.

Un vistazo rápido de antecedentes: las naciones socialistas tienen economías de planificación centralizada estructuradas para atender las necesidades de la gente. Si bien la idea de que los trabajos están repartidos mecánicamente por una oficina sombría sin interés ni pasión es un mito, todos los países que siguen la estructura marxista-leninista controlan la estructura y la función del mercado de trabajo. Las escuelas se diseñan a menudo para clasificar a los estudiantes a una edad temprana en base a sus diferentes habilidades y los cupos para estudiantes de Ingeniería, Medicina, Carpintería, Arquitectura y demás son determinados a nivel nacional por los Comités de Planificación.

No hay nada malo en esto, por supuesto, ¿pero qué significa eso para la existencia de la prostitución en estas sociedades? ¿Apoyan estos marxistas pro-prostitución un comité de planificación que decide el número de “trabajadoras sexuales” a la par que el número de trabajadores agrícolas o de la construcción? ¿Cómo calcularía el Estado cuántas mujeres necesitan estar disponibles para que los trabajadores puedan follar? ¿Las escuelas empezarían a dirigir a las niñas hacia la prostitución desde bien temprano si no mostraran aptitud para otras ocupaciones?

Si hubiera escasez de mujeres en la prostitución, ¿podría el Estado reasignar a otras para llenar las vacantes? ¿Podrían las mujeres negarse a follar con hombres y mantener su estatus y su seguridad dentro de la República Obrera? Estas no son preguntas de listillo. No son conjeturas. Son elementos básicos de lo que los comunistas pro-prostitución están defendiendo. Y si usted no puede contestar a estas preguntas sencillas sin sonar como el cabecilla de una compleja red de trata de blancas, pregúntese el por qué.

El apoyo de los marxistas a la prostitución traiciona todo el núcleo del proyecto comunista: crear una sociedad en la que nadie vive a costa de la explotación de otra persona. Ignora la rica Historia de la resistencia comunista a la explotación de las mujeres, tergiversa la ideología de Marx para justificar un nivel de cosificación que incluso la mayor parte de los capitalistas no pueden igualar y no proporciona ni siquiera una explicación básica de cómo esta utópica “industria del trabajo sexual” podría funcionar ajena a la violación y a la trata de personas.

El por qué los marxistas han adoptado una posición a partes iguales misógina, incoherente y absurda es diíficl de explicar más allá de la rancia misoginia. Después de todo, incluso si la prostitución fuera un trabajo como cualquier otro, el apoyo entusiasta que recibe de la izquierda sería injustificado. Pero es el rol central en el mantenimiento de la relación de poder entre hombres y mujeres el que lleva ese respaldo desde lo innecesario hasta lo activamente opresivo.

No hay manera de concebir el sexo como un trabajo sin reducir los cuerpos de las mujeres a una máquina productora de sexo para ser empleada por hombres. Definitivamente, no necesitamos marxistas que defiendan una visión que celebra la mercantilización de nuestras relaciones y trata a los cuerpos humanos como medios para un fin. Eso ya lo tenemos, y se llama capitalismo.

Nueva declaración del MAS: llamamiento por la paz en Siria

supportMovimientos, partidos y organizaciones que luchamos por un mundo más justo, con derechos sociales y democracia, contra toda forma de opresión y a favor de un mundo basado en la diversidad, la libertad y el mutuo respeto, mostramos un profundo rechazo a la cruenta guerra que desde hace casi 6 años arrasa la República Árabe de Siria. Una guerra que ha causado ya centenares de miles de muertes, cientos de miles de familias desplazadas de sus lugares de origen, la destrucción de gran parte de las infraestructuras del país y todas las consecuencias negativas que puede acarrear una agresión imperialista de tal magnitud. Un conflicto creado y alimentado por los países integrantes de la OTAN y las monarquías feudales del Golfo, que en este caso se han convertido en mercenarios a sueldo de integristas reaccionarios (a los que hipócritamente dicen combatir) que luchan con la pretensión de crear un Estado fundamentalista, intolerante y discriminatorio en toda la región, que sea a su vez servil a los intereses económicos de las grandes corporaciones y los monopolios financieros internacionales.

Creemos profundamente injusto que sean los seres humanos indefensos los que sufran las consecuencias de los intereses geoestratégicos de Israel y EEUU por el control de los recursos de los países de Oriente Próximo y los pingües beneficios que proporciona la industria del armamento. Y en todo caso, al mismo tiempo que reconocemos el derecho del pueblo sirio a defender su país y las vidas de sus familias, creemos en la resolución de los conflictos de forma pacífica, por medio del diálogo y la negociación, en un clima alejado de la coacción, las amenazas, la violencia y las armas.

Nos proponemos crear un amplio movimiento de oposición a esta guerra de Siria para que cese la muerte, el desplazamiento y el exilio de esos cientos de miles de personas para que, más pronto que tarde, acabe la violencia y la destrucción, para que el pueblo sirio pueda regresar a sus lugares de origen, reconstruir su país y recuperar su soberanía para poder desarrollar una vida normal y dar un futuro de paz a sus hijos.

Con este fin llamamos a las organizaciones y a los ciudadanos/as de todos los rincones a coordinarnos en un frente de resistencia contra la guerra y ser un altavoz de denuncia contra sus promotores, esos que incendian países bajo el pretexto de imponer su particular concepto de “democracia”.

Llamamos a la movilización y a emprender acciones con objeto de parar el flagelo de muerte y destrucción, para que acabe de una vez el flujo de familias que se ven obligadas a abandonar su país y arriesgar sus vidas en un viaje sin destino.

Igualmente proponemos hacer oír nuestras voces para que gobiernos implicados en esta guerra imperialista como EEUU, Francia, Reino Unido, Turquía, Arabia Saudí, Qatar e Israel finalicen su apoyo o pretendida indiferencia ante una guerra que, como miembros del género humano, solamente puede perjudicarnos, además de convertirnos en cómplices de constantes violaciones de los derechos humanos, muertes y destrucción que no contribuyen precisamente al progreso de la Humanidad.

Por ello, exigimos:

  1. La suspensión de las sanciones contra la República Árabe Siria.
  2. El impulso a políticas de paz y no injerencia que defiendan el derecho del pueblo sirio a decidir su propio destino.
  3. La necesidad de emprender conversaciones y acciones bilaterales entre los gobiernos de Siria y la Unión Europea para tratar la problemática de los desplazados sirios, con el fin de abastecerles de los medios de subsistencia necesarios y garantizarles su derecho de retorno a Siria.
  4. Exigir a los Estados miembros de la OTAN y sus aliados regionales las indemnizaciones necesarias para sufragar la reconstrucción del país.

Hoy, 8 de marzo

Por Elena Pedrinazzi de la Hoz

cartel2burss2bde2bstrahov-braslavskiy2b-2bmujeres2bemancipadas2bayudar2ba2bconstruir2bel2bsocialismo-2b1926-2bcel-2b82bde2bmarzoEl despertador suena y su mano se aventura a deslizarse bajo las sábanas para apagarlo. Dice que su cuerpo “está hecho” al horario y a rajatabla lo cumple cuando de un momento a otro está entrando en la cocina para hacer café. No enciente la televisión, en su lugar prefiere tejer sueños de tela e hilo y acariciar el cielo con sus benditas manos. Sabe qué día es pero también que su día no va a resultar diferente.

Hoy como cada día despertará por, trabajará por, vivirá por. Hoy como cada día aguantará tantas y tantas cargas en su cansada espalda. Hoy, como cada día, volverá con su mirada perdida en a saber qué sueños imposibles, en a saber qué otra vida que le hubiera gustado vivir si le hubieran dejado. Hoy intenta descansar lo que no descansó en todos los años de su vida y luchar – sí, luchar, aún le queda tiempo – para que otras no tengamos que pasar por todo lo que ella ha pasado. No necesita lazos lilas para recordar ninguna batalla, pues cada uno de los dolores de su cuerpo resulta para ella una herida de guerra. No tiene más armas que sus manos pero, sin embargo, va cada día a pelear con la vida con más coraje que cualquier guerrero. Es una guerrera, una heroína, una diosa para cualquier religión.

Ella. La batalla constante, el abrazo caliente, la sonrisa eterna con piel de serpiente. Ella no merece un día de conmemoración, ella merece una vida de lucha en su honor, el mundo a sus pies.

Hoy es el día de la Fiesta, el día del recuerdo. Se celebra la igualdad, el gran paso de las mujeres en la Humanidad, la lucha por el alcance de nuestros derechos como personas libres e iguales a los hombres. Sin embargo, no puedo evitar el amargo sabor que me deja una celebración donde la hipocresía se convierte en el traje habitual. Donde se celebran luchas que en determinado momento fueron reprimidas, insultadas, humilladas, despreciadas; al igual que las luchas que actualmente lidiamos. Donde personas que nos niegan, nos ridiculizan constantemente, nos apartan, nos manejan a su antojo, hoy se engalanan y nos felicitan por nuestra labor como mujeres. No queremos construirnos a su imagen y semejanza, no queremos que encabecen nuestra lucha sino que nos acompañen, ni que nos definan, ni que nos paguen menos por el mismo trabajo, ni que decidan por nosotras, por nuestro cuerpo. No queremos ser usadas, maltratadas, asesinadas. Y, por supuesto, no queremos pedir permiso sino arrebatarlo.

Y para mi madre, para nuestras hermanas: el universo.

China ignora la alocada carrera armamentista de Trump

Por Adrián Foncillas

China continúa en la senda del gasto militar razonable a pesar del paisaje hostil y las urgencias de modernización. Pekín ha anunciado este sábado un aumento del presupuesto de Defensa de “alrededor” del 7%. Es el más bajo en 6 años y rebaja el 7’6% del pasado ejercicio. El mensaje llega claro: los tiempos de los crecimientos de dos dígitos han terminado. El aumento se mueve dentro de los márgenes del crecimiento económico, que podría situarse entre el 6’5 y el 7%.

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El anuncio del gasto militar sirve tradicionalmente para inaugurar oficiosamente la Asamblea Nacional Popular (el Parlamento chino) y apuntalar el peligro amarillo. Era costumbre que el portavoz se esforzara en subrayar el compromiso chino con la paz y la naturaleza defensiva de la inversión para rebatir por adelantado las críticas que llegarían de los gobiernos vecinos y EEUU. Es complicado mantener esa liturgia en el contexto actual. El freno chino es una saludable noticia frente a los acelerones generalizados.

No escaseaban razones para lo contrario. A Pekín se le acumulan los conflictos territoriales con media docena de países en el Mar del Sur de China y con Japón por las islas Diaoyu/Senkaku. La región ya gasta más en Defensa que Europa y vive una carrera armamentista sin precedentes. Pero la amenaza más evidente es EEUU. Ya hace años se citó con China en el Pacífico para discutirse la primacía global y su presencia es atosigante. Washington anunció la semana pasada un aumento presupuestario sin precedentes desde el 11-S. Su gasto supera al de la suma de los 7 siguientes países y cuadruplica el chino. El aumento del 10%, con una economía que no alcanzará el 2’4%, causará recortes en el resto de sectores. El objetivo, aclaró Donald Trump, es que “EEUU vuelva a ganar guerras”.

La sombra de Trump

La sombra de Trump y las intervenciones estadounidenses en Irak y Afganistán han sobrevolado la rueda de prensa.

“Miren la pasada década, ha habido en todo el mundo numerosos conflictos, incluso guerras, que han provocado numerosas muertes y destrucción de la propiedad, muchos refugiados y gente sin hogar. ¿Cuál de ellos ha sido causado por China?”, ha inquirido Fu Ying, portavoz de la Asamblea. También ha aludido sutilmente a EEUU cuando ha dicho que China debía “protegerse contra las injerencias en las disputas de los de fuera”.

China dedicará a Defensa el mismo 1’3% de su PIB que el pasado año cuando los miembros de la OTAN han prometido destinar el 2%. “Deberíais preguntarles cuáles son sus intenciones”, ha añadido Fu.

China está obligada a compatibilizar los rigores de una economía que ha dejado atrás sus días de gloria con las acentuadas exigencias de Defensa en el entorno. En la ecuación no figura entre sus desvelos, por ahora, seguir la alocada carrera militar de Trump.

“China cree que se enfrenta a mayores amenazas de seguridad en el Mar del Sur de China, el Estrecho de Taiwán y en el noreste asiático, por ejemplo. El reciente anuncio de Trump aumentará mucho más sus preocupaciones. Creo que su preuspuesto militar seguirá creciendo a un ritmo alto, quizá mayor que el de su economía, pero sin que llegue a alcanzar el doble dígito”, opina Tong Zhao, experto del Centro de Política Global Carnegie-Tsinghua.

Descontento en el sector militar

La cifra anunciada este sábado ha sorprendido a expertos y decepcionado a muchos que aspiraban a seguir la senda estadounidense. “No es suficiente, muchos en el sector militar estarán descontentos”, ha desvelado una fuente anónima con lazos en el sector a Reuters. Algunos militares hablaban esta semana de la necesidad de un 12% mientras el diario ultranacionalista “Global Times” sugería el 10%.

Sus expectativas descansaban también en las urgencias presupuestarias de las ambiciosas reformas de un estamento esclerotizado. El Ejército Popular de Liberación (las fuerzas armadas chinas) apabulla en el aspecto cuantitativo y suspende en el cualitativo. Xi Jinping, presidente chino, lo reducirá en 300.000 soldados hasta dejarlo en 2 millones. Eso implica muchas costosas jubilaciones. También lo agilizará y modernizará para adecuarse a las necesidades bélicas del momento. Está previsto que lime el tradicional protagonismo del Ejército de Tierra en favor del de Aire y la Marina.

El PCF y las clases populares de los años 70 (parte 2)

 

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Antiguo logotipo del Partido Comunista Francés (PCF), adoptado en 1978.

Socialdemocracia, Mitterrand y la crisis del PCF de 1978-1986

La actitud de los dirigentes del PCF frente a la socialdemocracia es muy ambivalente. Cuando Marchais firma el Programa Común en 1972, sabe que es un juego peligroso, pero espera que la fuerza organizativa del PCF, significativamente más potente que la del PS, será una clave suficiente. Pero cuando los líderes se dan cuenta de que el PS les supera en votos en las elecciones de 1976, deciden romper con el Programa Común en 1977, ya que sienten que están perdiendo influencia. Pero esta ruptura no es de principios. El PCF adquiere posiciones asistencialistas sobre los excluidos y la pobreza entre 1977 y 1978, mantiene un discurso anti-intelectual entre 1978 y 1979 (que se enfrenta a quienes se oponen a esta estrategia de ruptura); a lo que se puede añadir un discurso anti-inmigración y un retorno al discuro moralista. Todo ello en una atmósfera asfixiantemente anticomunista. En 1978, una profunda crisis estalla en todo el Partido (no sólo en la dirección o en los círculos intelectuales), a la que siguen otros períodos críticos durante los siguientes 8 años. Porque en última instancia, el PCF, que criticó a Mitterrand, en 1981 decide pasar a gobernar con él… ¡incluso aunque no habían deseado su victoria! Pasa a cogestionar importantes reestructuraciones en la industria del acero y en otros bastiones industriales antes de dejar el gobierno en 1984. Situación que un militante resume con la expresión de “política del limpiaparabrisas”. Este ir y venir sin fin hará un gran daño al PCF, que en 8 años pierde a un tercio de sus militantes.

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Gráfico que refleja la caída progresiva del PCF en los diferentes procesos electorales celebrados en Francia entre 1981 y 2007.

El autor añade a estas crisis repetidas otras tesis a examinar, la falta de democracia y el autoritarismo de la dirección (sin duda reales), la línea prosoviética, pero también actitudes sobre la “izquierda” (la vía revolucionaria, la lucha de clases). Pero a partir del estudio de casos locales, Mischi observa que la controversia no se reproduce de la misma manera según el origen social. Las críticas a la línea de la dirección son expuestas públicamente por los intelectuales, mientras que los trabajadores abandonan el Partido en silencio, debaten en la célula y luego se van.

Deslegitimación subjetiva de las clases populares

Pero el autor también sostiene que la caída en el número de obreros no sólo se debe a una evolución objetiva (pérdida de bastiones, por ejemplo), a una evolución política (hacia la socialdemocracia principalmente), sino también a una línea de deslegitimación de la clase obrera. Según Julian Mischi, el PCF tenía un papel de “portavoz” de la clase obrera. Todas las clases populares podían identificarse con el Partido. El papel del PCF, que pone en primer plano a portavoces obreros, es crucial para la toma de conciencia de la propia clase. Escribe:

“A partir de 1980 y sobre todo a partir de 1990, el PCF aspira a representar no sólo a las clases populares, sino a Francia en su ‘diversidad’. La lectura de la sociedad en tréminos de clase desaparece detrás de temas como la ‘participación ciudadana’ o la recreación de los ‘vínculos sociales’. Los cargos públicos comunistas alaban la ‘democracia local’ destinada a cerrar la brecha entre la clase política y los ‘ciudadanos’. El proyecto inicial del Partido, de inspiración marxista, da paso a una retórica humanista ampliamente compartida en el mundo asociativo y político.”

El PCF abandona gradualmente las referencias a la clase obrera, a los mecanismos de promoción de obreros en el seno del Partido, al esfuerzo de destacar a obreros en los puestos dirigentes y como portavoces públicos.

El Partido se abrirá a las mujeres a partir de los años 70, pero atrayendo a profesoras y personal cualificado, pocas de ellas provenientes de la clase obrera; el otro tema que le atrae, la diversidad (por razones electorales desde finales de los 90), no se elabora sobre una base de clase.

Pero será bajo la dirección de Robert Hue, entre 1994 y 2003, cuando el PCF entre en su fase de liquidación y se convierta en un partido de cargos electos, eliminando las células de empresa, el centralismo democrático… Es lo que el autor denomina como “la mutación”.

Antiguos militantes del PCF que lo habían abandonado en los años 80 y 90 por la derecha vuelven y son tolerados a pesar de sus evidentes diferencias. De ser el Partido más centralizado, “el PCF se vuelve uno de los más descentralizados”.

El Islam, Blas Infante y nuestra liberación

Por Yasser Calderón

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Blas Infante, ataviado con la vestimenta típica, durante su viaje a Marruecos (1924)

Cuando todos los andaluces conozcan su verdadera Historia y esencia, será cuando logremos llegar a obtener el poder necesario para exigir el respeto a nuestra personalidad tan diferente de aquella que tratan de imponernos.

Los andaluces llamaron a sus vecinos bereberes. Legiones generosas corren el litoral africano predicando la unidad de Dios; Andalucía les llama. Ellos recelan. Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto, atropellado y ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (con 14.000 hombres solamente). Pero Andalucía se levanta a su favor. Antes de un año, con el solo esfuerzo de Musa y otros 20.000 hombres, puede llegar a operarse por esta causa la conquista de gran parte de la Península. Concluye el régimen feudal germánico.

La etapa de Al-Andalus fue de libertad y brillo cultural. Por entonces, Andalucía era libre: hoy es esclava. Pero Infante, en su coherencia más allá de toda visceralidad pro-árabe, se mantiene crítico, juzga el rigor inexorable de los primitivos juristas musulmanes. Si bien al decirles primitivos, habría que dudar de su localización. Porque el período andalusí, no duda: hay libertad cultural; ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara única encendida en la noche del Medioevo! Al decir de la lejana poetisa sajona Howsrita, ¡no hay manifestación cultural que en Andalucía, libre o musulmana, no alcance su expresión suprema! No puede llegar a existir mayor fuente de bienanza. ¡Y las artes! Andalucía, con nombre islámico.

La conquista cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. El robo, el asesinato; presididos por la cruz. Empiezan a quitarnos las tierras; distribuidas en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras. Y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a la esclavitud de los señores. Fueron y son las enormes falanges de esclavos jornaleros y campesinos sin campo, campesinos expulsados. Pueblo conquistado, el pueblo andaluz; bastante tenía con plañir aquellos lamentos que expresó con palabras Abu Beka de Ronda: llorando al ver sus vergeles, y al ver sus vegas lozanas ya marchitas, y que afean los infieles con cruces y con campanas sus mezquitas.

El pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que después del triunfo de Juan de Austria, y a las terribles depredaciones que hicieron decir a Mámol que los soldados del rey eran tropas de delincuentes.

Se encienden las hogueras de “la Inquisición”: millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son quemados en las salvajes piras. Los Austrias continúan la obra de Isabel. Así la tiranía eclesiástica destruyó la cultura de Andalucía, declaraba Infante a Francisco Lucientes, la importancia práctica de la Andalucía musulmana, su trascendencia política queda demostrada en la polémica continua que enfrenta hoy a los partidarios de la línea de Blas Infante y pro-andalusí y los de la clásica y tradicional. Hasta los partidos y todo el centralismo apagan una interpretación castellanizante.

La izquierda nacionalista se enrola con Infante. El caso resulta altamente revelador. La Historia es forzosamente un arma política (se reconozca o no). En este punto, navegan en igual barco la izquierda tradicional y Santiago Matamoros de Clavijo. Infante tenía razón; la identidad de Andalucía nace aquí: fundamento de nuestras características, voluntad de ser, el fundamento más próximo de Andalucía está en la Andalucía medieval; que la conquista vino a interrumpir. Con todo esto, moriscos, anarquistas, pacifistas, gitanos, jornaleros, desposeídos, acaban relacionados en una síntesis operativa.

NOTAS:

Este texto ha sido extraído del libro “El siglo de Blas Infante” y fue publicado en el boletín nº5 “INDEPENDENCIA” del ya desaparecido Sindicato Andaluz.

Antonio Luis (Yasser) Calderón Díaz es el coordinador general de Liberación Andaluza.

El PCF y las clases populares desde los años 70 (parte 1)

Por Michael Verbauwhede

El libro “El PCF y las clases populares de los años 1970” es de gran interés respecto a la cuestión de la organización de la clase obrera y las clases populares en un partido comunista de Europa Occidental. Además, plantea la cuestión del origen de clase de los cuadros comunistas, su práctica militante y la influencia de los cargos electos en la evolución del Partido. El libro pone énfasis en la cuestión de la participación en el gobierno y en los municipios.

A diferencia de muchos otros libros sobre el Partido Comunista Francés que se ocupan principalmente de la evolución ideológica y política del PCF desde la década de 1970 hasta la actualidad, el libro se centra en el desarrollo de la organización del Partido. Mischi resume su planteamiento:

“Todo mi trabajo trata de demostrar que las propuestas y declaraciones no son suficientes. Los dispositivos organizativos son muy importantes para atraer miembros, mantenerlos y politizarlos. En comparación con sus competidores trotskistas, la gran fuerza del PCF fue su organización implantada en la realidad de los entornos populares.”

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Dibujo realizado con motivo del XIX Congreso del PCF, celebrado en 1970.

Mischi no sólo estudia esa realidad a partir de las posiciones de la dirección, sino también de la base. En su trabajo de investigación analiza cuatro células: Longwy (sector del acero, Lorena), Saint-Nazaire (astilleros, Loira Atlántico), los suburbios de Grenoble y Allier (campesinos).

La evolución de la clase obrera, la influencia del crecimiento de la organización de la década de 1970 y el electoralismo

Julian Mischi, obviamente, parte de la evolución objetiva de la clase obrera. Pero sostiene que sigue siendo el corazón del proletariado. En otro libro publicado recientemente, Julian Mischi escribe:

“El discurso sobre el fin de la clase obrera se impone a medida que la representación de la clase obrera se va reduciendo a las figuras de la gran industria y a los sectores más militantes. Del desmantelamiento de las grandes concentraciones industriales y la crisis de las plazas fuertes del movimiento obrero desde la década de 1970 se llega a la rápida conclusión de la desaparición del sector obrero y sus militantes.”

En “El Comunismo Desarmado”, Mischi recuerda:

“El grupo de los obreros, aunque haya disminuido desde la década de 1970, no ha desaparecido. Compuesto por 6’8 millones de personas en el censo de 2011, es uno de los principales grupos, y representan el 23% de la población activa en Francia. Y si nos ceñimos únicamente a su componente masculino, ¡uno de cada tres hombres es obrero! La población obrera, por tanto, sigue siendo importante, aunque cambie su composición interna – al igual que las condiciones de vida y de trabajo. Sin embargo, para una gran mayoría de los franceses, la parte obrera de la sociedad es mucho menor de lo que realmente es.”

El cambio en la composición de la clase trabajadora tiene una influencia en la evolución del PCF: los grandes bastiones comunistas entran en crisis con la diversificación, la precarización y la fragmentación de la clase obrera. Su influencia en la lucha de clases disminuye mucho con la caída de la CGT, que pasa de 2 millones a 700.000 afiliados. Pero el PCF no lo ve venir y no lo tiene en cuenta. Y el PCF se pierde por completo en la cuestión de la inmigración no europea, a menudo descuidada por razones electorales. El PCF también reproduce las divisiones sociales existentes dentro y fuera de las fábricas.

La presencia del PCF disminuye en el sector privado y se centra cada vez más en las administraciones públicas, especialmente las locales. Mischi explica:

“Habiendo abandonado la reflexión sobre las relaciones de clase y sobre la organización de la lucha por aquellos que sufren la dominación, es natural que encuentren dificultades para tomar en cuenta la aparición de nuevas figuras populares – en especial los empleados del sector servicios y los descendientes de los trabajadores inmigrantes procedentes del Magreb.”

Pero Mischi plantea que la explicación de la caída del PCF por estas razones es insuficiente. Trata otras concepciones organizativas y políticas que desarmaron al Partido.

El libro permite tener una visión más equilibrada sobre la evolución política del PCF que las explicaciones políticas tradicionalmente aceptadas. Esta evolución, por supuesto, influye en la composición orgánica del Partido que, a su vez, influye en el rumbo político del PCF.

El PCF, cuyo prestigio culmina con la Liberación, declina electoralmente y organizativamente hasta el inicio de la década de 1970. Entre 1972 y 1977 experimentará una gran oleada de adhesiones debido a la política de unión con el PS, el “Programa Común”, que suscitó una gran esperanza. Esta política de unidad también conduce a la conquista de muchas alcaldías, con un PS que aumenta su influencia electoral. El punto culminante son los suburbios rojos (“banlieues rouges”) en la perfieria de París, con más de la mitad de las alcaldías en manos de los comunistas.

Esto tiene implicaciones en la evolución de la composición del PCF. Durante este período, hay un crecimiento cuantitativo, pero también cualitativo: crecen los empleados en las tecnologías de la información y las comunicaciones, técnicos, ingenieros, cuadros técnicos y profesores. En París, una cuarta parte de los militantes del PCF ejerce la docencia. Estas nuevas capas formarán parte de los puestos de dirección intermedios y crecen en la dirección del PCF, reemplazando a los dirigentes de origen obrero.

La conquista de una gran cantidad de alcaldías lleva a muchos cuadros comunistas al aparato municipalista. Con el declive de la organización, los recursos financieros dependen cada vez más de estos cargos electos, que van ganando peso en la organización tanto en cantidad como en influencia política.