Hoy, 8 de marzo

Por Elena Pedrinazzi de la Hoz

cartel2burss2bde2bstrahov-braslavskiy2b-2bmujeres2bemancipadas2bayudar2ba2bconstruir2bel2bsocialismo-2b1926-2bcel-2b82bde2bmarzoEl despertador suena y su mano se aventura a deslizarse bajo las sábanas para apagarlo. Dice que su cuerpo “está hecho” al horario y a rajatabla lo cumple cuando de un momento a otro está entrando en la cocina para hacer café. No enciente la televisión, en su lugar prefiere tejer sueños de tela e hilo y acariciar el cielo con sus benditas manos. Sabe qué día es pero también que su día no va a resultar diferente.

Hoy como cada día despertará por, trabajará por, vivirá por. Hoy como cada día aguantará tantas y tantas cargas en su cansada espalda. Hoy, como cada día, volverá con su mirada perdida en a saber qué sueños imposibles, en a saber qué otra vida que le hubiera gustado vivir si le hubieran dejado. Hoy intenta descansar lo que no descansó en todos los años de su vida y luchar – sí, luchar, aún le queda tiempo – para que otras no tengamos que pasar por todo lo que ella ha pasado. No necesita lazos lilas para recordar ninguna batalla, pues cada uno de los dolores de su cuerpo resulta para ella una herida de guerra. No tiene más armas que sus manos pero, sin embargo, va cada día a pelear con la vida con más coraje que cualquier guerrero. Es una guerrera, una heroína, una diosa para cualquier religión.

Ella. La batalla constante, el abrazo caliente, la sonrisa eterna con piel de serpiente. Ella no merece un día de conmemoración, ella merece una vida de lucha en su honor, el mundo a sus pies.

Hoy es el día de la Fiesta, el día del recuerdo. Se celebra la igualdad, el gran paso de las mujeres en la Humanidad, la lucha por el alcance de nuestros derechos como personas libres e iguales a los hombres. Sin embargo, no puedo evitar el amargo sabor que me deja una celebración donde la hipocresía se convierte en el traje habitual. Donde se celebran luchas que en determinado momento fueron reprimidas, insultadas, humilladas, despreciadas; al igual que las luchas que actualmente lidiamos. Donde personas que nos niegan, nos ridiculizan constantemente, nos apartan, nos manejan a su antojo, hoy se engalanan y nos felicitan por nuestra labor como mujeres. No queremos construirnos a su imagen y semejanza, no queremos que encabecen nuestra lucha sino que nos acompañen, ni que nos definan, ni que nos paguen menos por el mismo trabajo, ni que decidan por nosotras, por nuestro cuerpo. No queremos ser usadas, maltratadas, asesinadas. Y, por supuesto, no queremos pedir permiso sino arrebatarlo.

Y para mi madre, para nuestras hermanas: el universo.

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