El marxismo pro-prostitución es revisionista y un disparate misógino

Por Jonah Mix

“Un fantasma recorre Twitter: el fantasma del liberal con avatar de hoz y martillo”

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Comunismo: quizá lo entiendas como eso que los simpatizantes de Bernie Sanders te dicen que no son. O si tienes suerte, lo entiendes como la ideología que aboga por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de una sociedad dirigida por la clase obrera, en la cual la producción se basa en términos de necesidad humana.

Como probablemente no lo conozcas es como una ideología que defiende el trabajo asalariado, la explotación y la mercantilización. Sin embargo, lamentablemente se ha vuelto común para los comunistas – tanto dentro como fuera de la red – hacer exactamente esto al apoyar la prostitución.

Sí, hombres que reivindican ser guerreros contra la dominación de una clase sobre otra celebran una industria en la cual una clase… bueno, domina a otra. Andrea Dworkin estaba en lo cierto como siempre cuando dijo: “Sólo cuando el cuerpo de las mujeres se vende con fines lucrativos los izquierdistas abogan por el libre mercado”.

Antes de comentar por qué este nuevo amor por el capitalismo sexual es un absurdo despreciable, déjenme decirles: no espero que todos los que lean esto sean comunistas. No me considero un comunista ortodoxo, aunque tengo una fuerte admiración y apoyo por los movimientos revolucionarios que surgieron en el siglo pasado. Sí espero que la mayoría de la gente que lea esto tenga una noción básica de Historia, Lógica y Ética, pues es todo lo que necesita para darse cuenta de lo estúpida que es esta idea del “marxismo pro-prostitución”.

Empecemos con Historia. No se puede negar que los principales gobiernos comunistas vieron la prostitución como un sistema contrarrevolucionario. Uno de los primeros actos de Fidel Castro en el poder fue deportar o arrestar a los proxenetas extranjeros y a los puteros que abusaron de las mujeres cubanas pobres en La Habana. En China, Mao estableció la reeducación y la capacitación para el trabajo de ex-prostituidas y prohibió el proxenetismo.

Enver Hoxha, uno de los grandes defensores de la igualdad de las mujeres en la Historia comunista, se esforzó mucho por abolir la prostitución en los ambientes militares de Albania, incluso poniendo en riesgo su propio poder. Caramba, el mismo Marx afirmó varias veces que la prostitución es la expresión de la opresión del trabajador por el capitalismo, y Lenin lo vio de la misma manera etiquetando a ese mundo como anticomunista.

Eso sí, esto por sí solo no prueba nada. El marxismo es una ciencia inmortal, constantemente sujeta a replanteamientos y reformulaciones (que no revisiones). Aun siendo absolutamente posible que tanto Marx como Mao, Hoxha, Castro y Lenin estuvieran equivocados acerca de la prostitución, incluso considerando que esos hombres hubieran sido varias veces responsables de algunas atrocidades, pregunto: ¿por qué los varones marxistas pueden examinar las decisiones tomadas por líderes comunistas y llegar a ver su apoyo a la liberación de las mujeres como la única posición que vale la pena criticar?

He encontrado hombres que defienden fervientemente el “Gran Terror” de Stalin pero condenan a Mao por su “putofobia”. Hombres que no pueden cuestionar una palabra de Pol Pot pero se apresuran a despreciar a Fidel por su “negatividad sexual”. No se tiene por qué creer en las historias de terror de la propaganda occidental para ver aquí una crisis de prioridades. Pero si hay algo aún más descaradamente anticomunista que el revisionismo histórico de este marxismo pro-prostitución es su tergiversación de la teoría marxista para justificar la venta del cuerpo de las mujeres.

Aquellos con los que he hablado – tanto fuera como dentro de la red – no tardan en soltar las mismas (y falsas) consignas liberales: el “modelo nórdico” no funciona, la legalización reduce la trata, las mujeres prostituidas puden sindicarse, etc. Quizás lancen algunos términos de moda como “autonomía” o “consentimiento”, como si el marxismo permitiera que estas ideas fueran coherentes dentro del capitalismo, el imperialismo y el colonialismo.

Un nuevo giro repentino de los comunistas pro-prostitución es la afirmación de que la despenalización de la prostitución implica que “las trabajadoras sexuales se apoderan de los medios de producción”. ¡Cierto! El sueño de Marx de una sociedad justa dirigida por trabajadores es el de una mujer pobre anunciando sus servicios a tipos blancos de clase media en SegundaMano. ¡La revolución ya está aquí!

La misoginia en una reivindicación como la suya es casi difícil de entender. Afirmar que la prostitución de cualquier tipo es apoderarse de los medios de producción implica que las manos, la boca y los genitales de una mujer sean de por sí los medios de producción susceptibles de ser expropiados. Quite la jerga comunista y obtendrá esto: “El cuerpo de la mujer es una máquina para producir sexo. Los hombres emplean esa máquina colocando dinero o recursos en ella. El sexo resultante es un producto para ser consumido”.

Dígame, ¿cuál es la diferencia entre esta visión supuestamente marxista y progresista y la de los “activistas por los derechos de los hombres”? La visión de cualquier ser humano como medio de producción es fundamentalmente anticomunista. En todo caso, es la síntesis de una lógica capitalista que pretende tratar a los seres humanos como recursos.

El hecho de que los autoproclamados “marxistas” se alineen con posturas antifeministas que ven el sexo como un recurso producido por el cuerpo de las mujeres para el consumo masculino habla del deplorable estado en el que se encuentra el auténtico socialismo revolucionario.

En la práctica, estos llamados “comunistas” (que son realmente capitalistas sexuales) no estás seguros de cómo funcionaría la prostitución en una sociedad comunista. Y no deberían estarlo, porque cualquier respuesta sincera es horripilante.

Un vistazo rápido de antecedentes: las naciones socialistas tienen economías de planificación centralizada estructuradas para atender las necesidades de la gente. Si bien la idea de que los trabajos están repartidos mecánicamente por una oficina sombría sin interés ni pasión es un mito, todos los países que siguen la estructura marxista-leninista controlan la estructura y la función del mercado de trabajo. Las escuelas se diseñan a menudo para clasificar a los estudiantes a una edad temprana en base a sus diferentes habilidades y los cupos para estudiantes de Ingeniería, Medicina, Carpintería, Arquitectura y demás son determinados a nivel nacional por los Comités de Planificación.

No hay nada malo en esto, por supuesto, ¿pero qué significa eso para la existencia de la prostitución en estas sociedades? ¿Apoyan estos marxistas pro-prostitución un comité de planificación que decide el número de “trabajadoras sexuales” a la par que el número de trabajadores agrícolas o de la construcción? ¿Cómo calcularía el Estado cuántas mujeres necesitan estar disponibles para que los trabajadores puedan follar? ¿Las escuelas empezarían a dirigir a las niñas hacia la prostitución desde bien temprano si no mostraran aptitud para otras ocupaciones?

Si hubiera escasez de mujeres en la prostitución, ¿podría el Estado reasignar a otras para llenar las vacantes? ¿Podrían las mujeres negarse a follar con hombres y mantener su estatus y su seguridad dentro de la República Obrera? Estas no son preguntas de listillo. No son conjeturas. Son elementos básicos de lo que los comunistas pro-prostitución están defendiendo. Y si usted no puede contestar a estas preguntas sencillas sin sonar como el cabecilla de una compleja red de trata de blancas, pregúntese el por qué.

El apoyo de los marxistas a la prostitución traiciona todo el núcleo del proyecto comunista: crear una sociedad en la que nadie vive a costa de la explotación de otra persona. Ignora la rica Historia de la resistencia comunista a la explotación de las mujeres, tergiversa la ideología de Marx para justificar un nivel de cosificación que incluso la mayor parte de los capitalistas no pueden igualar y no proporciona ni siquiera una explicación básica de cómo esta utópica “industria del trabajo sexual” podría funcionar ajena a la violación y a la trata de personas.

El por qué los marxistas han adoptado una posición a partes iguales misógina, incoherente y absurda es diíficl de explicar más allá de la rancia misoginia. Después de todo, incluso si la prostitución fuera un trabajo como cualquier otro, el apoyo entusiasta que recibe de la izquierda sería injustificado. Pero es el rol central en el mantenimiento de la relación de poder entre hombres y mujeres el que lleva ese respaldo desde lo innecesario hasta lo activamente opresivo.

No hay manera de concebir el sexo como un trabajo sin reducir los cuerpos de las mujeres a una máquina productora de sexo para ser empleada por hombres. Definitivamente, no necesitamos marxistas que defiendan una visión que celebra la mercantilización de nuestras relaciones y trata a los cuerpos humanos como medios para un fin. Eso ya lo tenemos, y se llama capitalismo.

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