El mundo junto al pueblo catalán

Por Roger Castellanos

240_f_70848368_r7px0gvlkixndeozclcwxqwjoyp0v5acEl pasado 31 de marzo, El Món se hacía eco de un hecho que pasará a la historia de nuestro pequeño país: un centenar de organizaciones de todo el mundo firmaban una declaración de apoyo a la convocatoria de un referéndum vinculante sobre la independencia de Cataluña. Y no sólo eso, también recordaban la universalidad del derecho inalienable a la autodeterminación de los pueblos, manifestaban su preocupación por la actitud “demofóbica” del gobierno español y reconocen la fuerza y la capacidad de movilización de masas de nuestro movimiento hacia la independencia.

Esta buena noticia, ni más ni menos, consiste en la primera gran victoria decisiva del pueblo catalán en lucha por el reconocimiento de sus derechos democráticos y para el ejercicio de su libertad de decidir su futuro, como sujeto político soberano. Ahora bien, incomprensiblemente, ha pasado completamente desapercibida por los principales medios de comunicación. También para aquellos que sostienen líneas editoriales favorables a los derechos nacionales de Cataluña. No entraré aquí a indagar sobre las razones que les han llevado a obviar este hecho histórico (porque no es meramente una noticia), sino que me limitaré a felicitar a aquellos pocos medios, como El Món, Llibertat.cat y VilaWeb que se han hecho eco de ello.

Este silencio mediático no creo que se hubiera producido si hubiese sido, por ejemplo, el Partido Republicano de los EEUU u otros partidos gobernantes de países occidentales los que se hubiesen pronunciado en términos similares. Pero, sea como sea, los hechos son los hechos: los partidos dirigentes de países tales como China, Vietnam, Laos, Corea, Cuba, Nicaragua, así como de otros que son partícipes en los gobiernos de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, sin olvidar algunos partidos con una gran representatividad que también se han adherido a la llamada solidaria, han firmado una declaración donde se sitúan sin complejos al lado de los anhelos del pueblo catalán.

En el famoso capítulo del Libro Rojo (la obra más veces publicada de la Historia después de la Biblia y el Corán) titulado “El imperialismo y todos los reaccionarios son tigres de papel”, el revolucionario chino Mao Zedong afirma:

“Todos los reaccionarios son tigres de papel. Parecen temibles, pero en realidad no son tan poderosos. Visto en perspectiva, no son los reaccionarios sino el pueblo quien es realmente poderoso.”

España, sin duda, también es un tigre de papel. Y es el pueblo quien tiene la fuerza, como se ha demostrado en esta delcaración.

Por encima de la diplomacia del Estado, nuestra lucha se ha elevado, de repente, en un ámbito de legitimidad que sobrepasa de lejos no solo el marco español, sino también el europeo y el de todos aquellos Estados que, sin ser tan valientes como para ponerse al lado del pueblo catalán, siguen dando crédito – me imagino que por puro tacticismo diplomático o por miedo al contagio – a las súplicas desesperadas de un régimen que se derrumba. Tarde o temprano, sin embargo, muchos de estos países que continúan dando coba a la política inmovilista de Rajoy no tendrán más remedio que reconocernos como una realidad innegable.

¿Se atreverá Rajoy a llamar al orden al embajador chino? ¿Se atreverá a cuestionar la declaración que ha firmado el partido del cual el presidente Xi Jinping es el máximo dirigente? ¿Se atreverá a negar una realidad que, a partir de esta declaración, los representantes políticos de centenares de millones de personas no solo afirman, sino que reivindican solidariamente? Puede ser que les sea más cómodo, hoy por hoy, el silencio. Un silencio muy elocuente, porque denota una cierta impotencia frente a la realidad. Aquí no podemos observar ningún tipo de inteligencia táctica. El “laissez faire, laissez passer” típico de Rajoy, en este caso, tampoco obedece a ninguna estrategia calculada de desgaste. Al contrario, se trata de una clara constatación de debilitar o, al fin y al cabo, de capitulación política sin paliativos.

Esto, a los catalanes y catalanas, no nos hace sino más fuertes. También nos hace eminentemente más reales. Desde este momento, tenemos la certeza de que no estamos solos, que los posibles apoyos (como, por ejemplo, el supuesto apoyo de Israel, por ahora absolutamente incierto y discreto, que algunos afirman) ya no solamente son posibles, sino que son una realidad incuestionable. Y no solo por aquellas fuerzas democráticas de otras naciones del Estado, como los amigos y amigas de EH Bildu y el BNG, sino también por representantes de una buena parte de la Humanidad, destacando entre éstos el Partido Comunista de China, por su valor demográfico y por su peso inapelable en las relaciones económicas y políticas globales, así como los partidos gobernantes de algunas de las ex-colonias españolas.

Esta noticia, o mejor dicho, este hecho histórico, lo hemos de encajar con alegría, como una muestra de ternura internacionalista, independientemente de nuestra afiliación política e ideológica. Lo que en este momento histórico nos une a todos y todas es la defensa férrea de la democracia y su ejercicio hasta las últimas consecuencias. Y, por fin, el mundo comienza a romper el silencio y a situarse a nuestro lado. Aquellos que miran hacia otro lado no conseguirán disolver nuestra unidad, sino que denotarán su incapacidad para frenar lo que es históricamente inevitable: que el pueblo catalán avance decididamente hacia su plena soberanía.

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