Una brisa de laicismo recorre el mundo musulmán

Por Thierry Meyssan

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Sayyid Qutib (1906-1966)

Prácticamente desconocido en Occidente, Sayyid Qutib (1906-1966) es el pensador de referencia del “Islam político”, o sea, de la voluntad de organizar la sociedad y la vida privada de cada individuo – sea cual sea su religión – según una interpretación del Islam. Sayyid Qutib llegó a los Hermanos Musulmanes en 1953. Excluyó de la ideología de la cofradía los elementos nacionalistas de Hassan Al-Banna y estableció una doctrina indiferente a cualquier elemento contextual. En 64 años, numerosos musulmanes del mundo entero abandonaron la espiritualidad del Islam para adoptar la doctrina exclusivamente política de Sayyid Qutib. El pensamiento de este personaje sirve de base estructural a todos los grupos yihadistas.

Durante la colonización y a lo largo de la Guerra Fría, las potencias imperialistas utilizaron las religiones para ahogar toda oposición a su propia dominación. Un ejemplo flagrante es el caso de Francia, que adoptó en 1905 una importante ley implantando el carácter laico de sus instituciones… y decidió de inmediato no aplicarla en los territorios colonizados.

Hoy se sabe que las “primaveras árabes” eran una iniciativa británica tendiente a poner a los Hermanos Musulmanes en el poder para afianzar así la dominación anglosajona sobre el “Medio Oriente ampliado” – también designado a menudo como “Gran Oriente Medio”.

Desde hace 16 años, los occidentales vienen acusando a los musulmanes – con razón – de no “limpiar la casa” y de tolerar a los terroristas. Pero hoy resulta evidente que esos terroristas cuentan con el apoyo de los propios occidentales, que los utilizan para someter a los musulmanes mediante el “Islam político”. Para Londres, Washington y París el terrorismo constituye una preocupación sólo cuando rebasa los límites del Gran Medio Oriente y nunca critican el Islam político, o al menos se abstienen de hacerlo cuando lo practican los sunníes.

Al pronunciar su discurso de Riad el pasado 21 de mayo, la intención del presidente Trump era poner fin al terrorismo que arrasa la región y que ahora se extiende a Occidente. Lo que dijo Trump tuvo el efecto de un electroshock. Su alocución fue interpretada como una luz verde para acabar con ese sistema.

Lo que durante los últimos siglos pareció siempre impensable se hace así bruscamente realidad. Al aceptar poner fin a su relación con los Hermanos Musulmanes, Arabia Saudí arremete contra quienes siguen colaborando con los británicos y principalmente contra Qatar. Riad ha desatado una tempestad que conlleva toda una carga de innumerables frustraciones. Por espíritu de venganza beduina, se cortaron las relaciones diplomáticas y se organizó un bloqueo económico contra la población catarí. Mientras tanto, en los Emiratos Árabes Unidos se ha instaurado una pena de 15 años de cárcel contra cualquier persona que simplemente exprese compasión por los habitantes del ahora aborrecido Qatar.

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En verde: países que han cortado relaciones diplomáticas con Qatar. En rojo: países que han apoyado a Qatar verbalmente o enviando algún tipo de ayuda humanitaria.

Se ha iniciado así un gigantesco desplazamiento de fuerzas y replanteo de las alianzas que hasta ahora existían. Si prosigue ese movimiento, la región se organizará alrededor de una división diferente. La cuestión de la lucha contra el imperialismo cederá su lugar a la de la lucha contra el clericalismo.

Los europeos vivieron lo mismo durante 400 años, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Pero no fue ese el caso de los estadounidenses, ya que su país fue fundado precisamente por los puritanos, que llegaron a América del Norte huyendo de esas luchas. La lucha contra el cristianismo político fue primeramente un combate contra la pretensión del clero de la Iglesia Católica de gobernar a sus fieles, incluso hasta en la cama. Esa lucha sólo terminó en tiempos del papa Pablo VI, quien abandonó la tiara pontifical. Aquella triple corona debía simbolizar que el papa estaba por encima de reyes y emperadores.

Al igual que el cristianismo original, donde no había sacerdotes (los sacerdotes cristianos no aparecieron hasta el siglo III), el Islam original y el sunnismo carecen de clérigos. Sólo el chiismo cuenta con una estructura similar a la del catolicismo y el cristianismo ortodoxo. De hecho, el Islam político está representado actualmente por los Hermanos Musulmanes y por el gobierno del jeque Hassan Rohani (el título de “jeque” indica que el presidente de Irán es miembro del clero chií).

Una alianza clerical está formándose en este momento con ayuda del Reino Unido. Esa alianza podría constituir un bloque conformado por Irán, Qatar, Turquía, Idlib (en el noroeste de Siria) y Gaza, bloque que se convertiría en protector de los Hermanos Musulmanes y, por tanto, en defensor del uso del terrorismo.

En sólo 2 semanas la prensa árabe, que hasta ahora había considerado favorablemente a los Hermanos Musulmanes como una poderosa sociedad secreta y al yihadismo como un compromiso legítimo, ha dado un brusco giro de 180 grados. Todos los medios árabes denuncian ahora el hecho de que los Hermanos Musulmanes pretenden controlar la vida de la gente y se pronuncian contra la locura criminal del yihadismo.

Ese tsunami de comentarios, los siglos de frustración que en ellos se expresan, su violencia misma, hace imposible todo regreso a la situación anterior – lo cual no quiere decir que la alianza entre Irán, Qatar, Turquía y Hamas logre realmente concretarse. La ola revolucionaria se produce en pleno mes de Ramadán. Las reuniones entre amigos y los encuentros familiares que caracterizan este mes sagrado para los musulmanes, y que deberían ser de celebración consensual, están convirtiéndose a veces en ocasiones para el cuestionamiento de lo que hasta ahora parecían ser las bases mismas del Islam.

Si se mantuviese la división a favor o en contra del clericalismo, asistiríamos a una recomposición general del paisaje político.

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Sello de los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán, fuerzas de élite del país persa.

Por ejemplo, los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán, que se crearon para combatir al imperialismo anglosajón, han acumulado rencores contra el clero iraní. Muchos de ellos aún recuerdan que, durante la guerra que Irak impuso a Irán, los mulás y los ayatolás se las arreglaban para evitar que sus hijos tuvieran que ir a la guerra, mientras que los Guardianes de la Revolución sacrificaban sus vidas en el campo de batalla. Sin embargo, debilitados durante el primer mandato de Rohani, parece poco provable que los Guardianes de la Revolución se atrevan a levantarse contra el poder civil y religioso de la República Islámica de Irán.

Pero el Hezbollah libanés tiene como líder al sayyed Hassan Nasrallah (el título de “sayyed” indica que Nasrallah es descendiente directo del profeta Mahoma), una personalidad que promueve la separación entre la esfera pública y la esfera privada. Aunque ejerce simultáneamente una función religiosa y otra política, Hassan Nasrallah ha estado siempre en contra de la confusión entre ambas funciones, aunque lo ha hecho aceptando a la vez el principio anunciado por Platón del “velayat-e faqih” (o sea, el principio del gobierno por un sabio). Parece, por tanto, poco probable que Hezbollah siga al gobierno de Rohani.

En espera de las definiciones que no deben tardar, ya se ven importantes movimientos en toda la región:

  • En Libia, los Hermanos Musulmanes abandonaron Tripoli, permitiendo incluso que una milicia pusiera en libertad a Saif al-Islam Gaddafi y que el general Aftar ampliara su propia influencia,
  • En Egipto, el general y presidente Al-Sissi logró que los demás gobernantes del Golfo redactaran una lista de terroristas.
  • En Palestina, la dirección política de Hamas huyó a Irán.
  • En Siria, los yihadistas han cesado la lucha contra la República Árabe Siria y están a la espera de instrucciones.
  • En Irak, el Ejército redobla sus embates contra los Hermanos Musulmanes y la Orden de los Naqshbandíes.
  • En Arabia Saudí, la Liga Islámica Mundial excluyó de su consejo de administración al predicador estrella de los Hermanos Musulmanes y propagandista de las “primaveras árabes”: el jeque Qaradawi.
  • Mientra tanto, Turquía y Pakistán han iniciado el envío de decenas de miles de soldados a Qatar, que ya sólo logra alimentarse gracias a la ayuda de Irán.

Una nueva era parece estar comenzando en la región.

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