Anarco-independentismo: la facción más desconocida del movimiento libertario (parte 1)

Por Xune Elipe

“Cada nación, grande o pequeña, tiene el derecho indiscutible a ser ella misma, a vivir acorde con su propia naturaleza. Este derecho es solamente el corolario del principio general de libertad”. Esta es la tesis que defendía en el siglo XIX el principal impulsor del anarquismo, Bakunin, y de la que surge el anarco-independentismo, una corriente de este movimiento donde se conjugan las ideas independentistas con las anarquistas, y que se desarrolló en el siglo XX en las nacionalidades europeas apostando por la liberación de los territorios y su auto-organización.

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M. Bakunin, filósofo anarquista ruso (1814-1876)

¿Pueden concordar las ideas independentistas y las anarquistas? ¿La liberación nacional y la individual son compatibles? ¿Para que una comunidad humana diferenciada sea libre necesita de un Estado? A estas y otras preguntas intenta darles respuesta un sector del movimiento libertario conocido como anarco-independentismo. Su incidencia en el anarquismo internacional es más bien minoritaria. Este pensamiento se desarrolló en grupos pequeños, surgidos siempre en distintas nacionalidades europeas.

Antecedentes

A pesar de la creencia generalizada de que esta es una teoría “moderna”, sus antecedentes vienen de lejos. Un teórico del anarquismo como Bakunin (1814-1876), en su obra “Patria y Nacionalidad”, decía cosas como:

“La nacionalidad es un principio; es un hecho legitimado, como la individualidad. Cada nación, grande o pequeña, tiene el indiscutible derecho a ser ella misma, a vivir acorde con su propia naturaleza. Este derecho es solamente el corolario del principio general de libertad (…) Un principio es el respeto que cada uno ha de tener por los hechos naturales, sociales o reales. La nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos; y por eso la tenemos que respetar. Forzarla sería cometer un crimen; y (…) se convierte en un principio sagrado cada vez que es amenazada y forzada. Por eso, me siento simple y sinceramente un patriota de todas las patrias oprimidas.”

Otro clásico del pensamiento libertario como Kropotkin también trató en 1897 esta cuestión con un posicionamiento bien claro:

“En todos los sitios donde el hombre se rebela contra la opresión individual, económica, estatal, religiosa y sobre todo nacional, nuestro deber es estar a su lado. Me parece que en cada uno de estos movimientos de emancipación nacional nos aguarda una tarea importante: plantear el problema en sus aspectos económicos y sociales, y esto al mismo tiempo que la lucha contra la opresión extranjera.”

Ya en el siglo XIX hubo participación libertaria en algunas luchas de liberación nacional, como las de Bosnia-Herzegovina, y fundamentalmente en la insurrección de 1876 en Bulgaria. Pero si de una experiencia de revolución social y liberación nacional hay que hablar, esa es la de Macedonia en 1903. Preparada en una docena de años, los libertarios se encargaron de la orientación, los objetivos y la acción armada. Cambiaron la táctica al atacar a las empresas de capital extranjero que mantenían al Imperio Otomano, en cuenta de las autoridades turcas, como se hacía entonces. El levantamiento duró 30 días y, a pesar de su previsible derrota, pasó a la Historia como la primera manifestación de una tentativa de liberación nacional y al mismo tiempo de emancipación social, de carácter libertario de hecho, e influida por el pensamiento de Bakunin.

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Combatientes del Ejército Negro makhnovista mostrando su enseña.

En la Revolución de 1917 en Ucrania, por sus características especiales y específicas, se dio un proceso muy particular donde confluyó el sentimiento nacional con la ideología anarquista. De esa época es la creación del Ejército Revolucionario Insurreccional de Ucrania (conocido como Ejército Negro por el color de las banderas que portaba), formado por anarquistas y donde acabaron integrados grupos pequeños de nacionalistas. Su cabeza e ideólogo fue Néstor Makhno, que creía firmemente en los principios de auto-organización y federación de campesinos y obreros ucranianos.

Más referentes posibles de este pensamiento podemos encontrarlos también en el escritor y político bretón Émile Masson, fundador en 1900 de la Federación Socialista de Bretaña y dos años después de la revista en lengua bretona “Brug”, de carácter socialista y libertario. Hizo también en esa línea el llamamiento por el que es conocido: “Bretones socialistas, hay que hablar a nuestros hermanos campesinos en su lengua”. Más tarde fue miembro del comité de redacción del periódico “Breizh Dishual” (Bretaña Libre), futuro órgano del incipiente movimiento nacionalista bretón, además de colaborar con la publicación “La Bretagne Libertaire”.

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Secundino Delgado (1867-1912) fue, pese a sus ideas libertarias, considerado como “Prócer de la Patria Canaria”.

Otra conexión entre emancipación nacional e individual se dio en el pensamiento de uno de los nombres fundamentales del nacionalismo canario: Secundino Delgado (1867-1912). Emigrado a Cuba, se hizo seguidor del anarco-sindicalismo y participa en la lucha contra España. Después tiene que exiliarse a Venezuela, donde funda el periódico “El Guanche” y propone la independencia de Canarias. De vuelva a las islas colabora con la anarco-sindicalista Asociación Obrera de Canarias y funda más tarde las primeras organizaciones políticas nacionalistas, además de crear también la publicación “Vacaguaré” (“quiero morir”, grito de resistencia guanche), donde escribe:

“Mientras respire, voy a luchar por la autonomía de los pueblos y de los individuos cueste lo que cueste. Todo por la libertad de los pueblos y de los hombres. Como decía Bakunin, que al mismo tiempo que predicaba la gran revolución política, económica y social, no abandonaba las regiones conquistadas y sometidas a potencias extrañas.”

Más adelantados en el tiempo están los vascos Felix Likiniano (1909-1983), militante anarquista muy destacado en la defensa de Donostia durante la Guerra Civil Española y después en la lucha antifranquista, y Federico Krutwig (1921-1998), escritor y miembro de Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca), autor de obras como “Vasconia” o “La cuestión vasca”. Cuestionaron los aspectos de la ideología nacionalista tradicional, proponiendo un nuevo nacionalismo vasco donde se diera una especie de fusión entre la izquierda abertzale y el anaquismo.

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