La situación en el Rif

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Manifestantes portan una bandera amazigh (bereber) durante las protestas en la ciudad de Alhucemas (mayo de 2017)

La situación en el Rif, así como en el resto de Marruecos, es intolerable. El declive ha sido tal que ha alcanzado todos los niveles: políticos, económicos, sociales y culturales.

Lo que es conocido tanto dentro como fuera del país como una revuelta popular no es más que la consecuencia del sufrimiento causado por una crisis económica que afecta a las capas sociales más desfavorecidas: a los pobres, a los trabajadores, a los marginados.

Este levantamiento es el producto necesario de la lucha de clases, de la brutal diferencia de recursos entre pobres y ricos. Hoy en día es esencial plantearse de manera firme quién es el responsable de esta situación tan miserable que está sufriendo la gente.

La responsabilidad de todo esto recae en la élite burguesa, conocida popularmente como “Majzen”, que dirige Marruecos desde la independencia. Esta élite ejerce como una mafia que actúa como agente del imperialismo, especialmente de Francia.

Las causas de este levantamiento

Hay muchos factores que se solapan detrás de la continuidad de este movimiento rifeño, ya sean históricos, políticos, sociales o económicos.

Históricamente, este movimiento que afecta a la población del norte de Marruecos es diferente a los anteriores. Ha sido precedido por las protestas del Movimiento “28 de Febrero”, las movilizaciones de los médicos, los profesores en prácticas y las protestas en Tánger contra la empresa hidroeléctrica local.

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Abd el Krim al-Khattabi fue presidente de la República del Rif entre 1921 y 1926. Se enfrentó a una fuerza conjunta hispano-francesa que desembarcó en Alhucemas en 1925, sofocando la rebelión anticolonialista.

El norte marroquí es un ejemplo de resistencia, cuyo símbolo es Abd el Krim al-Khattabi, quien derrotó a los colonialistas españoles y franceses. Este bagaje es una fuente moral y un orgullo para la gente del Rif en sus justas reivindicaciones. Esta zona fue golpeada muchas veces por el poder del Estado, hasta estos momentos.

A nivel político, el entramado resulta tremendamente complicado para alguien de fuera de Marruecos, ya que hay partidos a decenas que representan todos los espectros y orientaciones políticas. Esto lleva a preguntarse cómo puede haber elecciones democráticas en un país con una participación del 20%, cuando esto significa que el 80% de la población desconfía totalmente de dichas organizaciones y del sistema que representan.

La población se mantiene al margen de la vida política, pues vive en un Estado cuyo gobierno está compuesto por partidos de ideologías contrarias. En el gobierno actual, formado por 6 partidos, ejerce la dirección un partido islamista y ocupan varios ministerios miembros del “sucesor” del antiguo Partido Comunista de Marruecos (PPS).

A nivel social, la situación que viven las diferentes zonas de Marruecos se ha vuelto insostenible. El desempleo supera el 60% en muchos lugares, la carestía de la vida se ha visto marcada por un constante aumento de los precios y un consecuente incremento de la pobreza, ha derivado en la destrucción de puestos de trabajo en el sector público, privatizaciones en la enseñanza y otras medidas demoledoras han llevado al país a estas justas movilizaciones reivindicativas.

Actualmente, la sociedad marroquí está dividida entre una minoría muy rica y una mayoría extremadamente empobrecida. Esta situación se vuelve incomprensible en un país tan rico en materias primas tales como fosfatos, bancos de pesca con un litoral de 3.600 kilómetros, minas de oro y plata, riquezas agrícolas, etc. Sin embargo, esta vasta riqueza tiene un dueño: y es la oligarquía, las élites gobernantes.

Estos motivos han forzado a la gente a salir a la calle, reclamando sus derechos en educación, sanidad, trabajo, una distribución justa de la riqueza y terminar con la militarización de esta zona oprimida.

El participante en este movimiento es el pueblo, los marginados, los pobres. Y como pilar de este hecho, se encuentra la mujer del Rif. Ella tiene una participación fundamental en esta lucha, encontrándose en la dirección y a la cabeza de este movimiento, y este hecho ha sido reconocido por todas las organizaciones de izquierda marroquíes.

Las mujeres cuentan con el apoyo incondicional de los partidos de la llamada “extrema izquierda” como Vía Democrática o el Partido de la Vanguardia Socialista, el partido de Mehdi ben Barka, así como con el apoyo de los tres principales sindicatos y de las organizaciones de Derechos Humanos marroquíes. Además, cuentan con el respaldo y la solidaridad tanto del Frente Popular para la Liberación de Palestina como del Frente Popular de Túnez.

Si el pueblo no lucha por sus derechos vivirá como esclavo al servicio del amo, y ese yugo será de por vida. Una revuelta popular pacífica ha puesto al sistema en jaque, porque el pueblo marroquí sabe que si se mantienen de rodillas, rechazando la lucha contra sus opresores, jamás podrán conseguir nada.

Por Fayed Badawi

(Extraído de “Unidad y Lucha”, órgano del PCPE)

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