¿Es China un país socialista? (primera parte)

ChinaEs necesario un debate amplio sobre esta cuestión. No se puede afirmar a la ligera y con los ojos cerrados que China es un país capitalista, basándose solamente en el hecho de que está recurriendo al capitalismo para desarrollarse. De hecho, el movimiento comunista debería abandonar la costumbre de anatemizar a determinados países socialistas que se apartan ligeramente de lo que se ha considerado y se considera la “auténtica” construcción del socialismo.

Por ejemplo, haría falta revisar el análisis del Movimiento Comunista Internacional sobre la Yugoslavia de Tito, acusada de “capitalista” (siendo precisamente la China de Mao uno de los actores más agresivos contra Yugoslavia) y ello independientemente de la valoración de cada uno de la figura de Tito. Es muy probable que el modelo yugoslavo de “autogestión” tuviera deficiencias y haya supuesto en algunos aspectos una ruptura con el marxismo-leninismo. Pero pasado el tiempo, después de la guerra civil en Yugoslavia y las agresiones de la OTAN, ¿deberíamos deducir que la Yugoslavia de Tito (y lo que quedó de ella) era un país “capitalista”? ¿Que no hubo nada salvable en aquella experiencia?

De la misma manera, no podemos considerar correcta la valoración del Partido Comunista de China (PCCh) sobre la URSS a partir de 1968. Este proceso de reflexión debería ser ampliado a China, Vietnam y Laos, acusados también de “capitalistas” (cuando no “imperialistas”). Este sano ejercicio ayudaría a determinar con acierto quiénes son los amigos y quiénes son los enemigos, en beneficio de la causa progresista, anti-imperialista y revolucionaria en el siglo XXI.

Considero que China sigue siendo un país socialista por los siguientes motivos:

En primer lugar, la República Popular China proclama que su objetivo es la construcción del socialismo y que es un Estado obrero. La Constitución de 1982 declara en su artículo primero que “la República Popular China es un Estado socialista de dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina”.

Y después: “El sistema socialista es el sistema básico de la República Popular China. Está prohibido todo sabotaje por parte de cualquier organización o individuo contra el sistema socialista”.

Eso se debe, a su vez, a que el partido dirigente en China es un partido comunista. El preámbulo de los estatutos del PCCh establece que:

“El Partido Comunista de China, destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación en este país, y núcleo dirigente de la causa del socialismo con peculiaridades chinas, representa lo que se exige para el fomento de las fuerzas productivas más avanzadas de China, el rumbo por el que ha de marchar la cultura más avanzada del país, y los intereses fundamentales de los más amplios sectores de su pueblo. Tiene como ideal supremo y objetivo final la materialización del comunismo.”

A continuación, los estatutos del PCCh dicen que “se guía en su actuación por el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y el importante pensamiento de la Triple Representatividad”.

Estos detalles, que por supuesto no son suficientes, aun así son muy importantes y deben ser tenidos en cuenta si queremos determinar el carácter de clase de la República Popular China. Por puro sentido común, si los dirigentes chinos no quisieran perseguir el socialismo y el comunismo, no se molestarían en afirmar estas cosas.

Algunos dirán que los dirigentes chinos son burgueses y revisionistas que necesitan aparentar ser comunistas y emplear un lenguaje marxista para poder engañar al pueblo y proseguir con la “contrarrevolución”. Pero aún si fuera cierta esta teoría, las formas políticas e ideológicas que se vean obligados a adoptar los dirigentes chinos en el proceso de “contrarrevolución” no son un detalle sin importancia. El hecho de que la República Popular China siga declarando que es un país socialista y de que los dirigentes del PCCh sigan declarando su adhesión al marxismo-leninismo y que persiguen el objetivo del comunismo, indica precisamente que la correlación de fuerzas en China aún no permitiría a los supuestos revisionistas culminar el proceso “contrarrevolucionario”, y que por lo tanto China aún mantiene rasgos socialistas. Esto debería ser suficiente motivo para que todo comunista consecuente defienda con uñas y dientes lo que quede de socialismo en China, en lugar de echarla a las aguas del “mundo imperialista”.

Los defensores de la tesis de la “contrarrevolución” no deberían perder de vista que el revisionismo, que es producto de la influencia de la ideología pequeño-burguesa sobre el movimiento obrero, dejaría de ser revisionismo si no se produjera precisamente dentro de un medio obrero, en el cual la correlación de fuerzas existente no permite implantar una dominación abierta y total de la burguesía. Por esta misma razón, era completamente errónea la tesis del PCCh que afirmaba que la URSS se había vuelto “capitalista” y “social-imperialista”. Aún suponiendo que los dirigentes soviéticos que sucedieron a Stalin tuvieron la voluntad consciente de restaurar el capitalismo, tuvieron que hacerlo dentro de las estructuras de un Estado obrero. La verdadera contrarrevolución burguesa en la URSS no se produjo hasta 1989 y se extendió hasta 1991, y fue al final de aquel proceso cuando se pudo arriar la bandera roja con la hoz y el martillo en el Kremlin.

¿Para qué iba a tener la supuesta burguesía dirigente del PCCh un particular interés en seguir agitando la bandera roja en China? Nada nos permite afirmar que haya habido una contrarrevolución en China que haya supuesto un cambio esencial en el carácter de clase del Estado. Es cierto que en las últimas décadas ha habido puntos de inflexión en la línea del PCCh que para muchos representan una deriva preocupante. Pero la realidad es que el poder político no ha pasado a manos de la burguesía en el Estado ni en el Partido – o al menos no totalmente, si damos por buena la tesis de la “contrarrevolución”

Mientras que entre 1989 y 1991 el socialismo era destruido en Europa Oriental y en la URSS, el socialismo conseguía sobrevivir en China pese a los sucesos contrarrevolucionarios de la Plaza de Tiananmen en 1989, para mayor irritación del imperialismo. Esto es un hecho fundamental que hay que tener muy en cuenta en el debate sobre el carácter de clase de la República Popular China.

Por Alexandre García

Continúa en la segunda parte.

FUENTE: Manos Fuera de China

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