Bandung: el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

El año 1955 marcó un hito en la Historia de la Humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung (Indonesia), muy cerca de la capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita U Thant, Primer Ministro de Birmania (la actual Myanmar); Jawaharlal Nehru, Primer Ministro de India; el coronel Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto; y el anfitrión, que era Ahmed Sukarno, Presidente de Indonesia. De esa reunión nació el Movimiento de Países No Alineados, que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial.

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El revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser se reúnen durante la Conferencia de Bandung, en Indonesia (1955)

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los EEUU y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoslavia, que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, con la Revolución Argelina, y finalmente con la caída del régimen del Apartheid en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran el Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal, España, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en las dos guerras mundiales. Alemania perdió Tanzania, Togo y Namibia, que pasaron a ser un fideicomiso del Imperio Británico tras la Primera Guerra Mundial; e Italia, al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalia.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia, que llegó a un acuerdo con el gobierno del general Charles de Gaulle en Francia firmando los Acuerdos de Evian, rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLN argelino y por el ministro Edgard Fauré por el Gobierno francés.

El gobierno de Charles de Gaulle se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas de Argelia, que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante 50 años, pasados los cuales lo haría al 50% con el Gobierno argelino.

Portugal, dado el carácter de izquierda de la Revolución de los Claveles, simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, y el gobierno racista blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela – que acordó con el presidente blanco Frederik De Klerk que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por las mismas empresas que los “afrikaner” habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo, no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los EEUU, que apoyaron a una guerrilla contraria al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) de Agostinho Neto – que fue el primer Presidente de la República Popular de Angola – que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonas Savimbi, apoyado por los EEUU, hasta que finalmente fue derrotado y Savimbi caído en combate.

En Mozambique el FRELIMO estuvo liderado por Samora Machel, de formación marxista-leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo. Pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país de electricidad y le permite vender energía eléctrica a países limítrofes. Se nacionalizó la industria pesquera.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de Estado en Argelia que acabó con Ben Bella y puso en su lugar al coronel Houari Boumedienne, que aunque formalmente siguió la política de Ben Bella, lo encarceló durante 11 años y abrió la puerta a la burocratización del nuevo Estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola. A la muerte de Agostinho Neto, que fue sucedido por su vicepresidente José Eduardo dos Santos, éste desató la mayor corrupción de África, donde los ministros de su gobierno cobraban “mordidas” del 30% y donde la hija de Dos Santos, Isabel dos Santos – que vive en Portugal – es la mujer más rica del país.

En Sudáfrica tenemos a Jacob Zuma – actual presidente – que está acusado de corrupción y está siendo investigado por el Parlamento sudafricano, siendo posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formasen una clase dirigente que les ayudara a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tiene, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación se haya convertido en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo Estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

Por Darío Herchhoren

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