Los kurdos llegan a un acuerdo con el Gobierno de Siria

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Ilham Ehmed, co-presidenta del Consejo Democrático Sirio (CDS)

El pasado sábado 28 de julio, el Consejo Democrático Sirio (CDS) anunció que ha llegado a un acuerdo con el gobierno de Damasco para poner fin a 8 años de guerra en el país, según informa la edición en árabe de la cadena rusa “RT”.

El CDS es el ala política de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), integradas principalmente por kurdos. Apoyadas por EEUU, estas fuerzas controlan actualmente el 27% del territorio de Siria, principalmente en el norte y nordeste del país.

Una delegación del CDS se trasladó el pasado jueves a Damasco para formalizar el acuerdo con el Gobierno sirio, que consiste en formar comités que “trazarán una hoja de ruta hacia una Siria democrática y descentralizada”.

La delegación kurda visitó Damasco por primera vez después de que el presidente Bashar al-Assad declarara el pasado mes de Mayo que las FDS debían sentarse a la mesa de diálogo antes de que el Ejército Árabe Sirio se viera obligado a recurrir a la fuerza.

Los kurdos aceptaron la oferta cuando sus aliados de Washington rechazaron apoyarles en las ciudades de Manbij y Afrin, en el norte de Siria.

Las negociaciones del Gobierno sirio con las fuerzas kurdas plantean nuevos interrogantes para la política de los imperialistas en Siria, donde las tropas del Pentágono se han desplegado en gran medida en zonas controladas por los kurdos.

La presencia estadounidense al este del Éufrates, una región de importancia estratégica por su riqueza petrolífera, se está reforzando con el apoyo de Turquía.

Los EEUU han creado más de 10 bases militares en Siria para apoyar a los yihadistas en la guerra que mantienen desde 2011 contra el Gobierno de la República Árabe Siria.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

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Entrevista a Abdallah El Harif, ex-Secretario General de Vía Democrática

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Abdallah El Harif, ex-Secretario General de Vía Democrática (formación política izquierdista de Marruecos)

Abdallah El Harif fue Secretario General de Vía Democrática (VD), el partido de izquierda más importante de Marruecos, y es hoy un implacable opositor al régimen alauí que dirige el país con mano de hierro. Reconoce que la represión del Majzen ahogó la protesta de 2011 pero ahora está encontrando una férrea resistencia popular en el Rif y en la región minera de Jerada, “una zona muerta y sin proyecto de futuro alguno”. Abdallah El Harif (Meknes, 1946) es una voz carismática entre las clases populares. En su condición de Responsable de Relaciones Internacionales de VD, ha visitado a los militantes en el exterior para “reforzar la lucha en un momento muy difícil”.

El Gobierno de Marruecos se ha especializado en silenciar las protestas populares. Lo hizo en 2011 con el Movimiento 20 de Febrero y el pasado año en el Rif. ¿En qué situación se encuentra el movimiento de resistencia?

La movilización del Rif se ha extendido a la provincia de Jerada, una región carbonífera fronteriza con Argelia que hoy está muerta, completamente olvidada por parte de los poderes públicos. El problema es que estas oleadas sólo tienen impacto cuando llegan a las grandes ciudades como Casablanca y Rabat. ¿Y cuándo ocurrirá esto? No lo sabemos. Sin embargo, nos estamos preparando para la llegada de ese momento porque no es algo improbable que suceda, vista la situación actual. El problema que tenemos es que, efectivamente, en Marruecos existen frenos sociales. Por ejemplo, las clases medias y algunos partidos de izquierda propagan el miedo a las revueltas populares y piensan que la estabilidad actual del país, por muy falsa que sea, siempre será mejor que una transformación política profunda. Yo, sin embargo, pienso que una estabilidad bajo el despotismo actual nos conduce, inevitablemente, a situaciones mucho más graves. Quizás a una guerra civil.

¿Creen que la confrontación es inevitable?

Luchar por la estabilidad cuando la situación del pueblo es deplorable es inadmisible. En Vía Democrática luchamos para incorporar más fuerzas al movimiento pacífico de resistencia que se ha creado en Marruecos para extenderlo por todo el país. Trabajamos para crear un frente opositor lo más amplio posible, ya que el cambio sólo puede llegar si millones de personas salen a las calles de forma no violenta. El papel de los partidos políticos y de los movimientos de izquierda es intentar la unificación de las protestas contra el Majzen. Esa es nuestra estrategia. Cuando comenzaron las protestas en el Rif, el lema era apoyar al Hirak (el movimiento) para extenderlo al resto de Marruecos sin utilizar la violencia. La violencia no debe venir de nuestro lado sino de la otra parte, del régimen, para que ellos solos se sitúen en una posición de ilegalidad.

Entonces, ¿la represión es un arma de doble filo para el régimen?

Efectivamente. En mi opinión, el gobierno actual actuó de manera irresponsable en el Rif y lo está repitiendo en la región de Jerada. La represión sólo contribuye a que la rabia crezca. Hemos visto a los intermediarios oficiales ir a estas dos regiones y prometer programas de desarrollo que han quedado en papel mojado mientras suprimían cualquier iniciativa de diálogo con VD y con “Al-Adl wal Ihsane” (Justicia y Caridad), las únicas fuerzas populares capacitadas por mediar en estos dos conflictos. Eso es muy grave. Esa política no la practicaba ni Hassan II, que reprimía con fiereza pero permitía algunos espacios de expresión a las fuerzas de oposición. Hoy, el Majzen no quiere diálogo ni tolera la resistencia. Todo esto está provocando que la política oficial viva en un mundo y el pueblo en otro diferente, separados por un abismo enorme e irreconciliable. Si sigue así y no revisa sus políticas, se encaminará hacia el suicidio.

Las elecciones de 2016 fueron boicoteadas por Vía Democrática. ¿Qué coste político tuvo?

No podemos decir que el boicot que propusimos haya tenido gran impacto sobre el régimen. Afirmar lo contrario sería mentir, pero, a pesar de todo, votó muy poca gente. No más del 20% del electorado. Nosotros decidimos mantener activo ese boicot hasta el día de hoy y estamos explicando los motivos en los barrios populares de todas las ciudades de Marruecos. Nuestra resistencia no es una posición de principios sino que es puramente táctica. Pensamos que no tenemos nada que ganar dentro de este régimen. Las elecciones en Marruecos carecen de garantías e impiden que el Parlamento sea la caja de resonancia de los problemas reales del pueblo.

A esto hay que añadir que toda la prensa está en manos del Majzen, incluso aquella que se autodenomina “independiente”, que depende de las subvenciones del régimen y de los recursos publicitarios que provienen del holding alrededor de la Familia Real y de los grandes grupos ligados al poder. Para nosotros, es más importante participar en la vida política del país que en unas elecciones. Y esta incidencia en las clases populares la estamos logrando a través de nuestro trabajo con la militancia de las organizaciones de derechos humanos, de los sindicatos, con las mujeres y con las asociaciones amazigh. Vía Democrática es cada vez más visible en Marruecos, sobre todo en las grandes ciudades. Nos falta redoblar nuestra presencia en las regiones rurales más recónditas del país.

El Ministerio del Interior de Marruecos baraja la posibilidad de ilegalizarles bajo acusaciones de “rebelión”

Es cierto. Hace dos semanas Abdelouafi Laftit, Ministro del Interior, intervino en el Parlamento de Marruecos para decir que Vía Democrática, junto a la Asociación Marroquí de Derechos Humanos y el partido “Justicia y Caridad”, empujan a la población a la rebelión. No es la primera vez que lo hace. Hace no muchos meses nos convocó a una reunión para amenazarnos con “darnos el acta de defunción”. Nos recriminó estar a favor del derecho a la autodeterminación del Sahara Occidental y de incitar a la gente a exigir sus derechos. Para comprenderlo mejor, habría que contextualizar la política marroquí.

En mi país, el Majzen concibe que el deber de los partidos políticos es controlar a la población, no agitarla. También nos reprochan que mantengamos relaciones con una organización alegal como “Justicia y Caridad”, y de ser nihilistas. He leído en la prensa que Francia no está a favor de nuestra ilegalización, lo que influye en la decisión que tome el régimen, pero que no les ha frenado en perseguirnos. Hasta la fecha, nos han arrebatado espacios públicos para la organización de actos y actividades, e incluso han detenido a varios de nuestros militantes.

¿Cómo un partido laico de izquierda como Vía Democrática ha podido unirse con una fuerza islamista como “Justicia y Caridad”?

Pensamos que el cambio en Marruecos no se puede realizar únicamente desde la izquierda. Algunos partidos islamistas – no todos – como “Justicia y Caridad” o el Partido de la Ummah son actores políticos importantes y están legitimados para participar en ese cambio que proponemos. Trabajamos para la constitución de un frente amplio, dialogando con todas las fuerzas opositoras al régimen. También con los liberales. Y queremos que el debate de ideas, además, sea público. Debemos fomentar el diálogo pero sin marginar a los islamistas, ni mucho menos demonizarlos.

Es verdad que hay personas fanáticas y retrógradas en el seno del movimiento islamista, pero también hay gente que intenta comprender la realidad. Nosotros ya preguntamos a “Justicia y Caridad” si estarían dispuestos a imponer la Sharia (Ley Islámica) en el caso de un cambio de régimen, y su respuesta fue que están a favor de la libertad de conciencia. Para nosotros es muy importante que admitan ese principio de libertad. La laicidad que proponemos para el Estado no se puede aplicar sin tener en cuenta a estas personas. Su transformación no se consigue de un día para otro. El régimen está aterrorizado por esa conjunción y el imperialismo tiene miedo. Pero, al mismo tiempo, ese pavor también dificulta más la vía del cambio en Marruecos. Hace falta tiempo.

FUENTE: Viento Sur / Gorka Castillo