Las resistencias al derecho a decidir

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Isidoro Moreno es catedrático de Antropología Social en la US y además forma parte de la organización sobrenista “Asamblea de Andalucía”

Quizá una de las pulsiones humanas más potentes, y más reprimidas por todos los poderes dominantes, sea la búsqueda de la felicidad, entendida ésta como el bienestar físico, psíquico y espiritual resultado de la libre decisión de vivir en armonía con la naturaleza (formamos parte de un único ecosistema), con los “otros” externos a nuestra comunidad cultural, social y política, con quienes forman parte de esta (que nunca será homogénea y sí diversa) y con nosotros mismos. La aspiración a la felicidad se ha expresado de diversas formas según las épocas y las culturas, pero para que no sea algo ilusorio son necesarias unas condiciones que solo pueden ser establecidas por la libre organización de una convivencia igualitaria y respetuosa con la diversidad dentro de la comunidad a la que pertenecemos, sin imposiciones exteriores. Que en esto consiste la soberanía.

Los procesos históricos podrían leerse como la permanente lucha y avance (aunque de forma no lineal y con múltiples regresiones) en la aspiración de la libertad, del derecho a decidir por parte de las personas y de los pueblos-naciones. La libertad es incompatible con cualquier poder de dominación estructural, sea de clase, de género, étnico o de cualquier otro tipo, y con las desigualdades estructurales que generan. Desde el comienzo de la existencia de estos poderes estructurales, la libertad (el derecho a decidir en busca de la felicidad personal y colectiva) se ha visto impedida por las “verdades” y las normas impuestas por aquellos. Y, asimismo, el avance en el ejercicio de la libertad individual es algo ilusorio si no se plantea en el marco de comunidades y sociedades, ya que, por su propia naturaleza, el ser humano no existe si no es en el seno de éstas.

Desde hace algunos milenios, las principales resistencias a reconocer el derecho de las personas a decidir – sobre su presente y su futuro, sobre su propio cuerpo, sobre su proyecto de vida, sobre sus formas de actuar y de pensar, etc. – están en las instituciones de poder que actúan en nombre y como representantes exclusivos de referentes definidos como extrahumanos y sacralizados: el Dios de las religiones institucionalizadas, el Estado, y ahora, el mercado. A estos sacros (en realidad a quienes monopolizan el poder en su nombre) se les atribuye – y lo que es más grave, les es reconocido, a través de la ideología dominante – el monopolio sobre la vida y la muerte, sobre la definición de lo que es moral o inmoral, legítimo o ilegítimo, legal o ilegal, productivo o improductivo…

Así, el Dios de las “religiones del libro” sería el único dueño de los cuerpos y las almas, el único que puede decidir sobre qué podemos hacer y qué no con nosotros mismos, de cuándo, por ejemplo, y en qué condiciones, puede no valernos la pena seguir viviendo, o tener hijos o no tenerlos. Las personas careceríamos del derecho a decidir sobre las cuestiones centrales de nuestra vida y nuestra muerte y seríamos castigados, incluso por toda la eternidad, si nos atrevemos a hacerlo sin seguir sus mandamientos. Igualmente, el Estado afirma ese mismo monopolio sobre la vida y la muerte, tanto física como social, garantizando – además – las dominaciones estructurales (clasismo, patriarcado, racismo…) que impiden el ejercicio del derecho a decidir por parte de las personas (definidas ahora como “ciudadanos”) y de los pueblos sobre los que ejerce su dominación. Y, actualmente, el mercado, que es ya el sacro central con su propia “religión” (el neoliberalismo), se ha constituido en decisorio sobre qué seres humanos, y en qué condiciones, son valiosos o totalmente desvalorizados en términos de productividad, competitividad y beneficios potenciales a extraer de ellos.

A la pregunta de quiénes y por qué se oponen al reconocimiento del derecho de las personas a decidir libremente, para que podamos avanzar en la búsqueda de nuestra felicidad, y del derecho de los pueblos a dotarse libremente de aquellas normas y formas de organización y convivencia que hagan posibles los requisitos para ese avance, la respuesta es evidente: se oponen rotundamente quienes tienen poder en nombre de referentes (sacros) que son situados a nivel extrahumano y/o extrasocial para generar la alienación de las personas y los pueblos, produciendo en ellos lo que Eric Fromm llamaba “miedo a la libertad”. Y también quienes, sin ser beneficiarios directos de esos poderes, han interiorizado sus ideologías, difundidas institucionalmente y hoy también por las nuevas tecnologías de la comunicación. Son estas ideologías las que es preciso desvelar, desacralizándolas y desnaturalizándolas, para que superemos el tabú de hablar del derecho a decidir, de la soberanía de las personas y los pueblos.

Por Isidoro Moreno

Catedrático de Antropología Social en la Universidad de Sevilla

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Felipe VI: el arte de llorar a las víctimas y municionar a los asesinos

Señor:

A día de hoy resulta harto notorio que vuestra venerada magnificencia tiene una particular debilidad por la venta de armas y por los sanguinarios opresores y sátrapas, a los que incluso place de recibir, reír y embellecer su salpicada imagen. Baste rememorar que, recién ungido soberano de esta su España, viajasteis a Arabia Saudí para reconfortar a los hermanos saudíes ante la pérdida de su tan querido tirano. No colmado con aquella atención, que no pocas protestas desató entre sus súbditos más felones, hasta en 3 ocasiones intentasteis repetir el periplo, esta vez con intención de trapichear con armas por cientos o miles. Expedición que se consumó con éxito, para satisfacción suya y desesperación de no pocos, a principios de 2017. Finalmente, como no hay dos sin tres, recibisteis al heredero a la Corona saudí en nuestra grande y libre nación, retratándose ambos sonrientes y pajareros a principios de 2018. A carcajada unísona, para ser exactos.

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Felipe VI, acompañado el ex-canciller español Alfonso Dastis, es recibido por el príncipe Faisal bin Bandar durante una de sus recientes visitas a Arabia Saudí. (Foto: Ballesteros (EFE) / ATLAS)

Si sabido es que la máxima preocupación de una gran mayoría de sus súbditos, bien educados en los parabienes de la bandera, la nación y su persona, no excede de “Sálvame”, la “PlayStation”, el fútbol y “Netflix”, no lo es menos que algunos millones de antipatriotas y malvados de diverso pelaje gozan de intereses algo diferentes. Abrigan estos pecaminosos ciudadanos una torticera interpretación en la que se entiende que Su Excelentísima Santidad sois versado en las atroces ejecuciones que acontecen en Arabia Saudí por cientos al año (150 en 2017) y miles a la década. Ejecutados cuyos delitos oscilan entre la homosexualidad, el adulterio, el ateísmo o la tan terrible disidencia. Se cree, en todo caso, con la humildad y el no escaso margen de equivocación de los siervos, que quizá a tan Altísima Excelencia no le incomode en alguna forma tales ejecuciones, dado que bien pudiera ser que su regio estómago estuviera, por el bien de la Patria, todo sea dicho, acostumbrado e incluso agradecido de tales episodios. Alguno existe, extremista como pocos, que sostiene lo deleitoso que le resultaría de repetir en tierras no tan áridas como aquellas tales depuraciones si la coyuntura lo permitiera.

Porque a poco que se analice la Historia reciente nadie podrá negar que el antaño Rey, ese conocido como “El Campechano”, tan querido y adorado por la villanía, se postró a un sanguinario dictador mientras éste asesinaba, reprimía y estrangulaba a su pueblo. Todo ello por el único y expreso deseo de conseguir una Corona que le permitiera vivir al margen de la legalidad, como así fue, y cometer delitos, uno tras otro, en una vida que ya hubiera querido para sí el mismísimo Al Capone, y que le han reportado según los conocedores en la materia casi 2.000 millones de euros.

Se duda, igualmente, no con pocos argumentos, que su regia y excelentísima persona desconozca las atrocidades y salvajadas que sus hermanos sentimentales del Oriente Próximo están cometiendo en Yemen, donde suman más de 10.000 cadáveres, entre los que no resulta muy complejo contar niños y niñas, ancianos y ancianas. Gracias a la formación que sus pilotos recibieron en nuestra gloriosa España disponen sus hermanos de un gran tino en aquello de arrojar bombas, las cuales tan pronto caen en un cementerio atestado de personas devastando, amputando y segando a aquellos que lloran a sus muertos; como abaten un mercado en el que perecen por cientos los que allí pretendían hacerse con un bocado con el que llenar los vacíos estómagos, no en vano más de 17 millones de personas están en riesgo de hambruna en Yemen (tres de cada cuatro yemeníes); como impactan en un hospital en el que yacen en condiciones horribles y tortuosas miles de malheridos; o como derriban un colegio y lo rocían todo de mutilación, destrucción y muerte.

Dado que Su Ilustradísima Majestad, más entendida y diestra que su progenitor, legitimada por los designios de uno de los mayores asesinos del siglo pasado y la cópula de uno de los mayores adúlteros de las últimas décadas, pudiera no atisbar los reparos de algunos de sus súbditos, aquellos más desagradecidos con su persona y su linaje, en la desfachatez suya de asistir a la conmemoración de los atentados del 17 de Agosto, le quisiera recordar que son precisamente sus hermanos sentimentales los que han financiado económicamente la expansión de las ideas más radicales, tanto allá en el Oriente Próximo como acá en Europa, lo que no pocos atentados ha originado. Incluidos los que se dispone a convertir en acto laboral, cual plañidera.

Puede que esta certeza no le genere mayor fatiga que los bombardeos o las decapitaciones que comentábamos al principio de esta misiva o que tal vez saboree de todo ello por aquello de que tales acontecimientos podrían atestar sus bolsillos al igual que, según numerosas denuncias, se colmaban las múltiples y pesadas faltriqueras del amado padre suyo con las bombas y la muerte. Puede, porque ya casi nada parece imposible y algunos somos perversos por naturaleza, que brillase en su interior una cierta satisfacción cuando el pueblo catalán fue lacerado el pasado 17 de Agosto de 2017 por los mismos a los que financia por aquello de que las tragedias unen a las familias más encontradas. Y no conseguido este anhelo tan patriótico, muchos sospechan, no descabelladamente, que pudiera haber sentido una cierta satisfacción con el apaleo de ciudadanos acaecido el 1 de Octubre, tal y como lo haría el padre que espera que el cinturón resuelva lo que su ejemplaridad (o falta de ella) no fue capaz de inspirar, dado que ni una palabra amable tuvo para los apaleados. Los cuales tienen menos consideración en su persona que los asesinos, los corruptos y los criminales.

Nadie puede descartar que no sea conocedor del reciente bombardeo, acaecido el pasado 9 de Agosto de 2018, en el que sus amados saudíes tuvieron la ocurrencia de aniquilar 3 autobuses en los que viajaban niños que acudían a un campamento de verano, igual que nuestros hijos, con resultado de 29 niños asesinados y un mínimo de 30 menores heridos (para un total de 50 muertos y 77 heridos). No resulta muy difícil, pero sí muy hiriente, intentar evocar las escenas: niños y niñas cercenados, decapitados, segados, quemados, despellejados. Pequeños como los nuestros, esos a los que tanto amamos, esos a los que cualquier contrariedad nos conduciría a la desolación. Casi 60 familias destrozadas, casi 60 padres y madres entre los que jamás quisiera encontrarme.

Y lo hicieron, como gran cantidad de tropelías hasta ahora relatadas, incluido el terrorismo acaecido en Barcelona, que tan beneficioso resulta para la industria armamentística con la que tan piadosa relación mantiene, merced a la munición (casi 200 millones de euros en los últimos años), las armas (casi 800 millones de euros) y el blanqueo de imagen que tanto usted como su padre ofrecen, no desinteresadamente según diversas informaciones, a los criminales saudíes. Obras que, si algún día fueran juzgadas, constituirían crímenes tan repugnantes que despacharían sus regias posaderas a una prisión internacional.

Son todas estas razones, estimo, las que, por si su atareada agenda de venta de armas no le permitieron percatarse, unidas a otras no menos trascendentales, como haberse convertido España en un antro de corrupción y un parque nacional/refugio meridional de franquistas, fascistas y ultraconservadores de diferentes familias, géneros y especies los que generan no pocos fastidios en cuantiosos súbditos suyos.

Por todo lo aquí relatado, mi admirado y querido Señor, quisiera solicitarle muy humildemente que cese la venta de armas a criminales; elimine la inviolabilidad jurídica y permita que tanto su padre como usted y no pocos familiares suyos puedan ser juzgados como lo sería cualquier otro ciudadano que tales acciones ha perpetrado; abdique y someta a discusión y referéndum el destino, los anhelos y la organización territorial de sus hogaño vasallos; sancione, repudie y permita juzgar el franquismo (y a los franquistas); y ponga a disposición judicial la documentación e información con la que cuente sobre cualquier actividad delictiva en la que tanto usted como sus familiares pudieran haber conocido o perpetrado.

Por Luis Gonzalo Segura

Ex-Teniente del Ejército de Tierra de España, autor de “El libro negro del Ejército español”

Nazis y sionistas: ¿cuándo acabará el mayor tabú histórico de la posguerra?

Son cosas tan sabidas como calladas. Incluso los propios sionistas lo han reconocido desde hace muchos años, pero es algo que interesa mantener bajo la alfombra, todo un tabú que ya forma parte de la Historia, sobre todo de la Historia de la manipulación.

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Isaac (Yitzhak, יצחק) Shamir, de tendencias sionistas ultraderechistas, fue Primer Ministro de Israel entre 1986 y 1992.

En 1989, el diario “Jerusalem Post” admitió los vínculos de los sionistas con los nazis porque unos y otros perseguían el mismo objetivo: sacar a los judíos de Alemania para llevarlos (en realidad, deportarlos) a “su sitio” (Palestina).

El diario se refería a un caso concreto: los vínculos establecidos en 1941 entre el Tercer Reich y los terroristas sionistas de Stern Gang, comandados por Isaac Shamir.

En realidad, tales vínculos proceden de la llegada de los nazis a la cancillería alemana en 1933, pero pasaremos por alto este detalle – al menos de momento.

Cuando el “Jerusalem Post” destapó el asunto, la agencia “Reuters” lo reprodujo, calificándolo como “el fin de un tabú nacional”, creyendo que bastaba la divulgación “nacional” en Israel para que los vínculos entre nazis y sionistas fueran conocidos por todo el mundo. Si los israelíes, que estaban implicados de manera directa, los admitía, la Historia de la Segunda Guerra Mundial debería acabar con sus propios mitos.

Obviamente, no ha sido así. Seguimos leyendo toda clase de basura sobre la “Shoah”, el Holocausto (con mayúsculas) judío y demás, con el agravante de que es algo que no se puede poner en duda porque te acusan de “nazi”, de “negacionista” e incluso te meten en la cárcel porque está considerado como un delito.

En el caso concreto de Shamir, que fue Primer Ministro de Israel en la década de 1980, el asunto es harto evidente: además de compartir los mismos objetivos políticos, los nazis y los sionistas utilizaban los mismos métodos terroristas, por lo que no es de extrañar que llegaran a acuerdos entre ellos.

Hay otra conclusión obvia: a los sionistas les importaba un bledo que los nazis asesinaran masivamente a los judíos porque ellos nunca intentaron defenderles, sino defender la creación de un nuevo Estado en territorio palestino a su imagen y semejanza, es decir, terrorista – basado en la deportación y el exterminio de los árabes.

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Cartel de “se busca” de Yitzhak Shamir (izq.) por participación en actos terroristas. Ofrecían 500 shekel por su cabeza.

En 1941, cuando la “Solución Final” ya estaba en marcha en Alemania, Shamir buscaba la cooperación de los asesinos en la creación de lo que 7 años después se convirtió en el Estado de Israel.

Para ocultar sus propios planes, los sionistas divulgaron que en la Segunda Guerra Mundial quienes se aproximaron a los nazis no fueron ellos, sino los árabes.

Se trató de una disputa típica entre potencias imperialistas, donde la hegemonía regional correspondía entonces a los británicos. El plan de Shamir consistía en poner a su banda terrorista al servicio del Tercer Reich contra los británicos y les dio muestras de su eficacia: en 1944 el propio Shamir asesinó a Lord Moyne, virrey inglés en Oriente Medio.

Shamir no sólo era un sionista y un terrorista. No sólo trató de venderse a Hitler, sino también a Mussolini, porque era un fascista. El mundo ha tenido que soportar sin sonrojarse que alguien así estuviera hasta 1992 a la cabeza de un Estado moderno.

Tan moderno que tiene armas nucleares a su disposición. Ahora pensemos, por un momento, en un nazi-sionista como Shamir provisto de tales capacidades armamentísticas…

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Hace 43 años, España dejó al Sahara Occidental a su suerte en el desierto

La presencia española en África llegó a su fin con el abandono del Sahara Occidental en 1975. Se ponía final así a un siglo de colonialismo débil y sustitutorio tras la independencia de las colonias americanas.

Este territorio era, en principio, mucho menos problemático que las antiguas colonias de Ifni, Guinea o el Protectorado de Marruecos.

Habitado por unas decenas de miles de tribus nómadas, el Sahara Occidental era en su mayoría desértico, y la presencia efectiva de España era todavía muy reciente. Todavía durante la década de 1950, la administración española había llevado a cabo exploraciones científicas como aquella en la que, por ejemplo, participó el etnógrafo Julio Caro Baroja. Hasta el descubrimiento de las reservas de fosfatos, los intereses económicos españoles se limitaban a unos cuantos asentamientos en la costa, que permitían la explotación de los recursos pesqueros.

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General Federico Gómez de Salazar, último gobernador español del Sahara Occidental.

El territorio saharaui había estado integrado administrativamente en la denominada “África Occidental Española” hasta su conversión en provincia a finales de la década de 1950. En un primer momento, el Ministro de Exteriores franquista, Castiella, pensó en el abandono del Sahara mediante un referéndum, al mismo tiempo que procedía a la entrega de Ifni a Marruecos y a la independencia de Guinea.

La situación se complicó cuando, a las reivindicaciones de un “Gran Marruecos”, se sumaron las apetencias argelinas y mauritanas. Además, estallaron conflictos pesqueros con Marruecos debido a la ampliación unilateral por este último de sus aguas jurisdiccionales. Por un tiempo, Marruecos pareció virar a posiciones que defendían la autodeterminación del Sahara Occidental, debido a las maniobras dilatorias de la administración española.

En realidad, el territorio saharaui nunca había estado históricamente vinculado al Reino de Marruecos, manteniendo los sultanes relaciones únicamente comerciales con las tribus nómadas.

En 1974, España concedió cierto grado de autonomía al Sahara Occidental, impulsando un partido político españolista que sirviera de contrapeso a la creciente influencia del independentista Frente Polisario.

El contencioso hispano-marroquí se trasladó al Tribunal Internacional de La Haya. Los planes de descolonización de España parecía que llegarían por una vez a buen puerto, pero la enfermedad de Franco precipitó la situación.

Al mismo tiempo que el Tribunal de La Haya fallaba favorablemente a las tesis españolas en octubre de 1975, Hassan II – a la sazón Rey de Marruecos – decidió aprovechar la coyuntura para montar la operación conocida como “Marcha Verde”.

Varios cientos de miles de marroquíes se presentaron como una marea humana ante la frontera del Sahara Occidental. El gobierno de Carlos Arias Navarro, ante la inminencia de la muerte de Franco, decidió eludir sus compromisos internacionales para la autodeterminación del Sahara, tratando de enfriar el conflicto con Marruecos, que parecía derivar hacia el estallido de una guerra.

La debilidad final del régimen de Franco permitió la rápida firma de un tratado en Madrid con Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975. Al mismo tiempo que el entonces Príncipe Juan Carlos visitaba a las tropas españolas acantonadas en el desierto saharaui, el ministro franquista José Solís era enviado a Marruecos para desactivar el conflicto.

Otra gestión importante fue la realizada por Colón de Carvajal con Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de EEUU. Por el Tratado de Madrid, España cedía la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, con un vago compromiso para que las nuevas potencias administradoras del territorio procediesen más tarde a su descolonización. A comienzos de 1976, tras la muerte de Franco y según las tropas españolas abandonaban el Sahara, se iniciaba una guerra de resistencia del Frente Polisario – apoyado por Argelia – que impediría una dominación estable de Marruecos y provocaría la retirada de Mauritania en 1979.

La dictadura de Franco iba a terminar sus días resolviendo in extremis su amarre con EEUU y, por tanto, su vinculación con Occidente, así como completando la descolonización de sus posesiones africanas. Pero el endurecimiento de la represión durante 1975 y el fusilamiento de cinco antifascistas en el mes de septiembre iban a desencadenar una última oleada de protestas de la opinión pública mundial.

El anacronismo político del franquismo se reflejaba en una casi absoluta soledad en el seno de la comunidad internacional. Además de la retirada de varios embajadores europeos, se produjo un incidente con el entonces presidente mexicano Luis Echeverría.

México, sin relaciones diplomáticas con España desde 1939, denunció al régimen franquista ante la ONU, suspendiendo incluso las comunicaciones y el tráfico comercial entre ambos países.

La Comunidad Económica Europea paralizó las negociaciones para un progresivo desarme arancelario. Hubo protestas, manifestaciones y hasta asaltos a las delegaciones diplomáticas españolas.

Perdido el apoyo de aliados tradicionales como Portugal o la Ciudad del Vaticano, al régimen de Franco sólo le quedaba la endeble amistad con algunos regímenes latinoamericanos y árabes.

FUENTE: “El Confidencial Saharaui”

Días de agosto: Blas Infante, Moncho Reboiras

En estos días de agosto tórrido, de verano, son muchas las fechas que tenemos las y los internacionalistas en esa agenda que no acaba nunca, que debe revisarse, releerse y sobre todo, no olvidar, mucho menos olvidar a quienes allí aparecen.

Sobresalen entre esos nombres dos militantes soberanistas, independentistas, revolucionarios que fueron asesinados por el franquismo y el fascismo español. Uno cuando apenas empezaba este franquismo al que nos referimos, otro cuando agonizaba pero preparaba ya esa transición-trampa que nos regaló – por de pronto – 40 años más de franquismo.

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Blas Infante (1885-1936)

El llamado “alzamiento nacional” fue especialmente cruel en Andalucía. Fueron miles los jornaleros y jornaleras que fueron asesinados. Junto a ellos, trabajadores de diferentes sectores, referentes de la cultura nacional andaluza (cómo olvidar a Federico García Lorca, aún en una cuneta olvidada de Granada) y hasta población civil en desbandada que, ante los crímenes ya conocidos del fascismo-falangismo, fue ametrallada y asesinada por miles en la carretera de Málaga-Almería.

Pero si hemos destacado a Blas Infante es porque era la esperanza de la resurrección de la Andalucía auténtica, la de los pueblos blancos, la del cante jondo, la que no olvidaba su pasado glorioso antes de la invasión de 1492…

Blas Infante, situándolo en su época, hablaba claramente de los dos ejes en los cuales se apoya la verdadera libertad de los pueblos: la soberanía, el derecho a la independencia y un régimen social alejado del capitalismo. Aunque no era exactamente comunista, hay que saber reconocerlo en los años que le tocó vivir y era más partidario de un socialismo libertario.

Una persona similar en bastantes aspectos a James Connolly, el auténtico héroe y referente de la Irlanda de esa época, si bien había otros aspectos que les diferenciaban. Era un peligro para España, así lo aseguraron sus verdugos y así era efectivamente, un peligro para esa España monárquica, aniquiladora de pueblos, corrupta y capitalista que venimos padeciendo desde hace ya más de 80 años… Por eso fue fusilado.

Causa vergüenza cómo su asesino intelectual, esa víbora llamada Gonzalo Queipo de Llano, aún ocupe un lugar de honor en la Historia oficial de esta España a la que nos referimos. Por eso la obligación de las internacionalistas es recordarlo y seguir insistiendo en esa Andalucía que sigue sin ser doblegada, la Andalucía trabajadora, militante y revolucionaria… Y no la que nos venden desde los medios de comunicación del sistema.

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Moncho Reboiras (1950-1975)

Moncho Reboiras es el otro mártir al que nos referíamos. Moncho era comunista, antifascista, antifranquista, combativo, y militante de la Unión do Povo Galego (UPG), que en aquellos años era la referencia revolucionaria del Pueblo Trabajador Galego.

Fue objetivo prioritario de la Policía franquista, que conocía su abnegación y constancia en la militancia, así como su referencialidad. No pararon hasta dar con él.

Fue en Ferrol, “patria chica” de Franco, pero también pueblo proletario trabajador gallego, que en aquellos años duros de movilización y represión era una de las referencias de esa Galiza combativa a la que nos referimos.

Lo mataron sin contemplaciones. Tenían claro que su destino no iba a ser la cárcel, sino el cementerio. Para la Historia ha dejado unas palabras vibrantes: “Qué importa que nos maten si dejamos la semilla de la victoria”.

Lejos está Galiza de su liberación nacional y social. También Andalucía. También en Euskal Herria tenemos lejos nuestra revolución pendiente. Qué importa si los que estamos vivos y vivas en estos años de oscuridad no vemos esas revoluciones de liberación nacional, feministas y socialistas… La Historia nos ha reservado otra tarea: dejar las semillas de la victoria.

Ahí radica la tremenda importancia de lo que comentábamos al principio. Es importantísimo que esa llama no se apague. Que esas semillas de las que hablaba Moncho las recoja otra generación y puedan culminar esa revolución pendiente.

No siempre es la mejor época para luchar por el socialismo, pero siempre hay que hacerlo, decía Lenin.

Esa es la tarea. No se trata de nuestros egos ni peleas cainitas entre organizaciones. Ser comunista es algo mucho más grande. Se trata de nuestros pueblos y su futuro socialista.

Por Andoni Baserrigorri

Intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro

En el contexto del 81º aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), en la Avenida Bolívar de la ciudad de Caracas, dos drones cargados con explosivos intentaron asesinar al presidente Nicolás Maduro.

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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, se dirige al pueblo de Caracas momentos antes del intento de atentado contra su persona.

Los artefactos explotaron cerca de la tarima presidencial, lo que generó una interrupción de la transmisión del evento y la activación de los protocolos de seguridad para resguardar la vida del mandatario.

Un dato a destacar: el presidente Maduro permaneció inalterable ante el suceso, en posición firme y sin vacilar.

El presidente Maduro señaló enfáticamente a Juan Manuel Santos, presidente saliente de Colombia, como elemento vinculado al atentado en su contra. Recientemente, Santos declaró que “el fin de Maduro está cerca”.

Maduro también dijo que los anuncios económicos recientes de su Gobierno son acelerantes de estas acciones magnicidas, pues son “las medidas correctas” para devolverle al país la estabilidad.

En efecto, el anclaje del bolívar al petro y derogar la Ley de Ilícitos Cambiarios (que ya es un hecho), según muchos economistas, podrían romper la tendencia del dólar paralelo aupado especialmente desde Miami y Cúcuta.

Por otro lado, el probable aumento de la gasolina a precios internacionales y el subsidio directo a los consumidores, disminuiría dramáticamente el contrabando de combustibles al lado colombiano. El censo de transporte apunta en esa dirección.

Junto al narcotráfico, la gasolina de contrabando y las asimetrías cambiarias (inducidas en los últimos 5 años) son el eje de la paraeconomía en el Oriente colombiano y su vinculación con la desestabilización del país.

Los grupos de violencia paramilitarizada en Venezuela que actuaron en 2014 y 2017 tuvieron signos de inserción de paramilitarismo colombiano, y esto fue demostrado por la Fiscalía.

El medio “Bloomberg”, radicado en Nueva York, publicó un reportaje a mediados de junio sobre la llamada “Operación Constitución”, planificada en Colombia. Los objetivos eran detener las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo, secuestrar a Maduro y enjuiciarlo.

“Entonces, algo falló”, describe “Bloomberg”. A mediados de mayo, confirmado en su momento por el Presidente, cuando una docena de militares y un par de civiles fueron arrestados por los órganos de seguridad debido a sus vínculos con un golpe y magnicidio.

Otros precedentes que establecen puentes desde Bogotá a Miami – pasando por Caracas – es el de las denominadas – y también fallidas – “Operación Jericó” y el llamado “Golpe Azul”.

Ambas han tenido sus nexos directos con EEUU. La defección de oficiales militares venezolanos que se agrupan en torno a un plan golpista, con vínculos directos a dirigentes opositores, suele ser apoyada por el “establishment” estadounidense.

En estos caso, la presentación operativa se basó en el magnicidio como detonante de una escalada de golpe de Estado mediante la fragmentación de las principales líneas de mando del Estado venezolano.

Tanto el “Golpe Azul” como la “Operación Jericó” otorgan sentido a los intensos llamados de funcionarios estadounidenses y del presidente colombiano para sacar a Maduro del poder.

Por “Misión Verdad”

Turquía llama a las puertas de los BRICS

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha expresado su deseo de unirse al grupo de países BRICS, conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, según anunció el pasado domingo el diario turco “Hürriyet”.

“Somos parte del G-20 con estos cinco países. Me gustaría que consideraran los pasos necesarios para permitirnos unirnos a este grupo y tomar nuestro lugar entre los BRICS”, dijo Erdogan, quien añadió: “Si nos aceptan en este grupo, se llamará BRICST”.

Los miembros de los BRICS reaccionaron positivamente a la propuesta.

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El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante la X Cumbre Anual de los BRICS celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica) | FOTO: Mikhail Metzel/TASS

“En particular, China se ha declarado a favor de la ampliación”, prosiguió Erdogan. Según Pekín, existe un inmenso potencial de asociación en el sector económico, la inversión y los proyectos de desarrollo.

El hecho de que Erdogan haya sido invitado a la X Cumbre Anual de los BRICS en Johannesburgo (Sudáfrica) es una prueba de que la posibilidad de ingreso es real.

No obstante, Putin dijo en la cumbre que por el momento no estaba prevista la ampliación, aunque no descartó por completo esta posibilidad.

“No tenemos la intención de aumentar formalmente el número de miembros de los BRICS en este momento porque los formatos actuales muestran su eficacia. Pero eso no significa que la organización esté cerrada y las puertas cerradas. Sencillamente es una cuestión que no puede resolverse espontáneamente. Debe ser analizado cuidadosamente”, dijo Putin.

El ingreso de Ankara al Eje Rusia-China sería un grave revés para EEUU y la Unión Europea, según el periódico ruso “Vzgliad”, porque ningún país es capaz de sustituir el papel que Turquía ha desempeñado en la región desde 1945.

El grupo de los BRICS ha creado un banco de desarrollo y un fondo de reserva de divisas para contrarrestar al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, y en definitiva, la influencia de EEUU y la Unión Europea.

Turquía no es el único país que muestra su interés por entrar en el grupo. En tiempos de Cristina Fernández de Kirchner, Argentina – la segunda economía más grande de América del Sur – también expresó su deseo de unirse a los BRICS.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”