Malos modales

kass
El periodista turco-saudí Jamal Khashoggi, asesinado el pasado 2 de octubre en Estambul.

Son los que tienen los muchachos de los servicios secretos saudíes. Son algo rudos y se ponen nerviosos, y en esas circunstancias se les va la mano (y la sierra), y cortan en pedazos a un compatriota dentro de un consulado.

Esto es, al parecer, lo que le ha pasado al periodista Jamal Khashoggi, que entró al Consulado de Arabia Saudí en Estambul y salió desmembrado en varias maletas con destino a Riad, con el objeto de probar ante el príncipe Bin Salman un trabajo bien hecho.

Hay que aclarar algunas cosas, ya que la información que vamos sabiendo es cada vez más complicada, y pone más de manifiesto esos malos modales.

Al parecer, el periodista era sobrino del famoso traficante de armas Adnan Khashoggi, que vivía en Marbella y falleció en 2017. Este individuo fue el organizador del famoso affaire “Irán-Contra” por encargo del otrora candidato a la presidencia de los EEUU, Ronald Reagan. Pero el sobrino no le iba en zaga. Era amigo personal de Osama bin Laden y hay fotografías que lo muestran en Afganistán armado con una metralleta y actuando en combate junto a su compinche. Es decir, que era un hombre al servicio del imperialismo estadounidense. En el momento de su muerte trabajaba como periodista para “The Washington Post”, diario controlado por la CIA.

Pero todo este escandaloso asunto hay que enmarcarlo en la lucha que el Imperio libra contra el presidente turco Erdogan, que fue víctima en 2016 de un golpe de Estado fracasado y urdido por la CIA, que fue advertido por el FSB de Rusia y que le salvó la vida a Erdogan.

El presidente turco, ante ese hecho, desató una inmensa purga que acabó con la carrera de miles de funcionarios, jueces, catedráticos y periodistas en Turquía, además de con la supresión de varios diarios turcos de tendencia opositora.

En Turquía permanece preso un ciudadano estadounidense acusado de espionaje, al parecer como represalia por la protección yanqui a Fethullah Gülen, un jerarca religioso turco – cercano a los Hermanos Musulmanes, que son amigos de EEUU.

A raíz de todo esto, el Gobierno turco no le permite a EEUU utilizar la base militar de Incirlik, muy cerca de la frontera con Siria y lugar de despegue de aviones y drones yanquis para atacar territorio sirio. Todo esto ha llevado a Turquía a echarse en brazos de Rusia, que es la gran ganadora en este complicado rompecabezas.

A su vez, sabiendo la relación especial que los saudíes mantienen con Trump, los servicios de seguridad turcos han introducido micrófonos y cámaras ocultas en la delegación saudí de Estambul, grabando y filmando las escalofriantes escenas de la muerte de Khashoggi. Las harán públicas mañana, martes 23 de octubre.

Esto ha hecho que el Gobierno saudí haya tenido que dar explicaciones. Abstractas explicaciones, que cada vez complican más a ese régimen en este oscuro crimen de Estado. Todo apunta al príncipe Mohamed bin Salman, y ha levantado una verdadera ola de indignación. Tanto, que personajes como Javier Solana (ex-Secretario General de la OTAN y uno de los mayores criminales de guerra del siglo XX) han dicho que Arabia Saudí debe acabar con la agresión a Yemen – ya era hora – y que Alemania deje de vender armas al reino saudí.

Evidentemente, hay un trasfondo geopolítico detrás de todo esto, y es la inquina que sienten los yanquis contra Irán, y a que Arabia Saudí es el vicario de una política agresiva contra la nación persa. Es posible que estemos asistiendo a un cambio de gobierno en Arabia. Ya Trump, hace muy pocos días, lo dijo: “Si quitamos nuestro apoyo a la monarquía saudí, duraría 15 días”. Y lo dijo en esos términos siempre tan diplomáticos y propios de Donald Trump.

Llama la atención el costado mafioso que tiene todo esto. La muerte y el desmembramiento del periodista, y luego las condolencias de la Familia Real Saudí para con el hijo del muerto, el accidente y muerte de uno de los carniceros y las promesas de castigo a aquellos que “actuaron por su cuenta”. Todo ello huele a crimen mafioso.

En fin, veremos cosas raras en los próximos días.

Por Darío Herchhoren

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