¿Es China imperialista?

arton31393El término “imperialismo” está hoy bastante devaluado y se confunde a menudo con conceptos más antiguos como “expansionismo” o simplemente “Imperio”. Por ejemplo, el Imperio Romano era efectivamente un territorio bajo control político compuesto por regiones avasalladas en el marco del modo de producción esclavista. Igualmente, los imperios feudales como el Sacro Imperio Romano Germánico o el Imperio Otomano oprimieron a los pueblos europeos o africanos durante toda la Edad Media antes de desaparecer ante las embestidas de las fuerzas nacionales contemporáneas que surgieron con el desarrollo de la clase burguesa. Estas formas políticas de dominación pudieron existir en todos los continentes y bajo numerosos modelos de producción distintos.

No obstante, hay una forma del todo específica del desarrollo capitalistas, que para los marxistas-leninistas representa su “fase superior”, y que se llama imperialismo. Éste supone, efectivamente, como las formas precedentes, guerras inter-imperialistas por el reparto de los territorios colonizados o neocolonizados y dependientes, y también representa una fase de desarrollo que históricamente sólo han alcanzado los capitalismos de Europa, América del Norte y Japón, mediante un largo proceso de acumulación del capital nacional, mostrando signos cada vez más agudos de límites de absorción del mercado interior y la necesidad de exportar los capitales fuera de las fronteras en territorios a la vez consumidores y explotables en mano de obra y en recursos.

Existe una definición sencilla del concepto marxista-leninista de imperialismo, resumido por la pluma de Lenin:

“El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los cárteles internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.”

V. I. Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo

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Evolución del salario medio en China (en rojo)

Aquí hay que hacer una primera observación: China, por muy “abierta al desarrollo del capitalismo privado” que sea, sigue poseyendo en su sector estatal los mayores bancos nacionales. El Banco Popular de China sigue siendo el “banco central” del país, controlado directamente por el Estado (contrariamente al Banco Central Europeo, por ejemplo, que es totalmente privado), y los otros 4 grandes bancos, que siguen estando dedicados al financiamiento específico y orientados hacia sectores determinados según lo que marquen los planes gubernamentales, cotizan en bolsa pero siendo siempre controlados por el Estado chino (que posee la mayor parte de las acciones). Por lo tanto, estamos lejos de la hipertrofia vertiginosa del capitalismo financiero salvaje de los EEUU o de la Unión Europea, por ejemplo, en lo que respecta a la fase del desarrollo. Por otra parte, hay que apuntar que en China el propio sector público sigue representando el 25% de la economía nacional – aunque para el FMI sea “deficitaria”, es decir, “costosa”, esta parte pública es financiada voluntariamente por el Estado gracias al desarrollo paralelo del capital privado, muy “rentable”.

Una segunda observación: la cita de Lenin precisa hábilmente que exportar capitales (y por supuesto este es el caso de China en los demás continentes) no “basta” para hacer que un país sea imperialista. Aún hace falta que esta exportación de capitales se convierta en dominante en la economía nacional, y sin embargo aún estamos lejos de las exportaciones gigantescas de capitales que determinan las actuales guerras de rapiña imperialistas en los territorios más jugosos en recursos energéticos, etc. En primer lugar, el mercado interior chino se ha desarrollado tanto – en gran parte por la reabsorción acelerada de la pobreza china – que la producción nacional no alcanza aún en su territorio los límites nacionales que han obligado a los carroñeros de los EEUU y de la UE a “repartirse el pastel mundial”.

Además, los acuerdos económicos entre – por ejemplo – los países africanos y China no han adoptado las formas tomadas históricamente por los imperialistas y colonizadores. Efectivamente, la frontera es notoriamente tenue en este tipo de acuerdos de nuevo tipo, entre exportación de capitales y ayuda al desarrollo. Décadas de ocupación colonial de los países africanos – principalmente por Francia y el Reino Unido – han alimentado a las grandes empresas metropolitanas sin proporcionar jamás a los países avasallados las infraestructuras necesarias para su propio desarrollo. Por ejemplo, se encontrarán hoy junglas africanas sin ninguna ruta asfaltada… ¡pero jalonadas por postes para alimentar la red de “recargas telefónicas” de Orange! En cambio, las obras chinas en estos mismos países desarrollan directamente la economía nacional (carreteras y autopistas, grandes complejos hospitalarios, edificios y estructuras urbanas, infraestructuras que permiten la explotación de nuevos recursos energéticos…) y prevén con la mano de obra local una transferencia tecnológica y de competencias progresiva que interesa evidentemente a los países neocolonizados y bloqueados en su desarrollo por el neocolonialismo y por la deuda con los EEUU o los países imperialistas de la UE.

Finalmente, no hay que olvidar que una parte importante del PIB chino es realizado por empresas privadas extranjeras. Según el razonamiento mecánico según el cual China estaría a la cabeza de los países imperialistas, ¡entonces también está a la cabeza de los países más penetrados por el imperialismo extranjero! No obstante, en este punto, las obras extranjeras que se han instalado en China emplean progresivamente cada vez más a ingenieros y técnicos chinos, lo que permite al país desarrollarse rápidamente mediante una transferencia de tecnología planificada por el Estado.

Por lo tanto, China está económicamente propulsada hacia adelante, con tasas de crecimiento muy importantes (en comparación con las tasas de crecimiento de los países imperialistas, en crisis estructural desde hace tantas décadas) mediante el desarrollo de un capitalismo privado aún dominado por el Estado (capitalismo de Estado) bajo la forma de co-empresas, pero esto no quiere decir que se haya convertido en un país imperialista. No hay que confundir “exportación de mercancías” y “exportación de capitales”: China es uno de los países más industrializados del mundo y, por lo tanto, de los más exportadores en términos de balanza comercial, pero está cada vez más orientada hacia su mercado interior; por lo tanto, es potencialmente uno de los países menos “forzados” a exportar sus capitales dominando a sus vecinos.

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Inversiones Directas Extranjeras (IDE) en China hacia África (en negro) e IDE totales en China (en gris). Se comprueba que las exportaciones de capitales chinos hacia África siguen siendo marginales en comparación con las inversiones hechas hacia otros países – y notablemente en la Unión Europea.

La exportación violenta de capitales por el imperialismo se ha acompañado siempre de un “seguro” militar de las vías comerciales concernidas, y ello desde las primeras transnacionales holandesas en el siglo XVII (por lo tanto, bajo un capitalismo aún muy lejos de alcanzar la fase imperialista desde el punto de vista marxista). ¡Aquí se puede subrayar aún la extrema “timidez” de la seguridad geoestratégica china (que sólo tiene una base militar, en Yibuti) frente a la constelación alucinante de las bases militares de EEUU, Francia y demás en todos los continentes del planeta! Incluso India está construyendo una base militar en el archipiélago africano de las Seychelles: ¿se hablará pronto de un imperialismo indio que molesta “nuestros” intereses?

Existe una diferencia muy clara entre un Estado anti-imperialista que sale del feudalismo, que se desarrolla y se enriquece para sacar – y ello es innegable – a un pueblo extremadamente numeroso y diverso, y un Estado imperialista que para incrementar los dividendos de las finanzas salvajes es capaz de cualquier cosa para alcanzar sus fines, incluyendo librar guerras de sumisión o de anexión en todos los continentes. Para uno, los derechos sociales y las conquistas sociales, adquiridas con la fase de consolidación socialista antes del derrumbe de la Unión Soviética, son garantizados constitucionalmente, y el impacto del capitalismo privado es minimizado sin cesar por el papel preponderante del Estado en el terreno social. Para el otro, estos mismos derechos, concedidos por una patronal atemorizada durante un tiempo por la solidez del campo socialista después de la guerra, se reducen sin cesar a medida que las todopoderosas finanzas se enseñan en su huida hacia adelante para maximizar la tasa de beneficio mediante la guerra, el retroceso de los derechos democráticos y la explotación económica.

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Evolución de la tasa de pobreza en China (porcentaje de la población que vive con menos de 1’25$ al día)

Por lo tanto, basta con examinar el lugar y el papel del Estado bajo la dirección del Partido Comunista de China en la economía, su control sobre el comercio exterior, sus esfuerzos por reformar las instituciones de Bretton Woods (el FMI, el Banco Mundial, la OMC), su estrategia de “cesta de monedas incluyendo el yuan” contra el dólar y la máquina de hacer billetes de EEUU para reducir la dependencia monetaria y su trabajo por establecer alianzas y cooperaciones económicas alternativas a la “globalización capitalista” bajo hegemonía estadounidense (el BRICS, Consenso de Shanghai vs. Consenso de Washington, etc.) para concluir que China es la protagonista de una alternativa anti-imperialista que consiste en reorientar las armas de los imperialistas contra ellos mismos.

Esta táctica de China debe ser estudiada y comprendida como el resultado de una lectura de la correlación de fuerzas surgida tras la derrota del campo socialista que ha reducido a los supervivientes a definir una política y una estrategia de erosión progresiva de la dominación secular del imperialismo en el mundo, al tiempo que prepara los combates defensivos finales que siguen siendo inevitables.

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Las inversiones de capitales en África de 2003 a 2013: la fantasía de la supuesta “Chináfrica” (rodeado en rojo, China)

Capitalismo de Estado bajo el capitalismo y bajo el socialismo

La Constitución de la República Popular China considera al sistema económico nacional como una imbricación del sector socialista, capitalista de Estado y capitalista privado. Pero el término “capitalismo de Estado” es desde el siglo XIX objeto de controversia: el padre del anarquismo, Bakunin, ya consideraba el socialismo propuesto por Marx como “una forma de capitalismo de Estado”. La “oposición obrera”, camarilla izquierdista de los primeros años del poder soviético, animada en particular por Trotsky, acusaba a la URSS de adoptar “un giro hacia el capitalismo de Estado”. Y hoy se encuentra a muchos comentaristas occidentales acusando al Estado chino de sustituir a la burguesía para convertirse en capitalista “como las demás potencias imperialistas”.

No obstante, el capitalismo de Estado es una forma económica que nunca es “pura” en un sistema económico y se corresponde concretamente con la nacionalización de las principales empresas del país. La existencia de un sector público, que es en sí mismo una pérdida de beneficio para los ávidos especuladores y así aumentar los precios, destruyendo los derechos de los trabajadores, es una opción que en sí no tiene significación fuera de su contexto histórico: los EEUU de Franklin D. Roosevelt se vieron obligados a adoptar temporalmente tal sistema (el “New Deal”) después de la catastrófica crisis de la década de 1930. El propio III Reich nacionalizó los sectores de la economía alemana para preparar al país para la guerra, durante la cual el capitalismo salvaje pudo expandirse sobre nuevas bases.

La URSS de Lenin dejó desarrollarse un sistema mixto (bajo control político obrero) durante la NEP, para permitir así la ruptura definitiva con el feudalismo y acumular las riquezas suficientes para sentar las bases del socialismo, lo que era entonces considerado como un “retroceso táctico” indispensable. Después de la guerra, también hubo muchas nacionalizaciones en Francia, fruto de una necesidad de reconstrucción del país (cosa de la que el capitalismo liberal es incapaz por definición) y de una correlación de fuerzas favorable en la lucha de clases.

Así, el capitalismo de Estado es una opción compleja, de naturaleza antiliberal (del cual uno de los aspectos puede ser keynesiano en los países capitalistas), y cuya orientación política depende de la correlación de fuerzas en la lucha de clases, de las necesidades históricas y materiales, de la clase en el poder, así como el estado de la crisis capitalista mundial, destructora masiva de fuerzas productivas. Es en este sentido que hay que comprender el capitalismo de Estado del sistema económico chino, que en ausencia de un campo socialista amplio en estas últimas décadas, se corresponde con un “retroceso necesario” (como la NEP de Lenin pero con variantes evidentes de forma, amplitud y duración), permitiendo a China perseguir en el plano económico su salida definitiva del Estado feudal inicial y colonial en el interior; al mismo tiempo que desarrolla acuerdos con los Países del Sur que permiten a estos últimos escapar hasta cierto punto del mundo unipolar impuesto por las viejas potencias imperialistas en crisis.

Por “Cercle Henri Barbusse”

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