Liu Shaoqi habría querido un acercamiento con la Unión Soviética

En 2015, leyendo la excelente biografía de Mao Zedong escrita por el periodista de la BBC Philip Short (Ed. Crítica, 1999) – nada sospechoso de “filosovietismo” – nos encontramos con el siguiente pasaje, que confirma lo que ya se sabía sobre Liu Shaoqi, Presidente de la República Popular China entre 1959 y 1968. A saber, que había querido retomar contactos con la Unión Soviética cuando ya había caído el grupo de Kruschev (y también antes), al igual que otros dirigentes como Zhou Enlai y Deng Xiaoping. Aquella fue una de las varias razones que sellaron el destino de Liu Shaoqi, mártir de la Revolución Cultural y comunista irreprochable, al igual que tantos otros grandes comunistas que fueron víctimas de la locura de un Mao ensoberbecido por el culto hacia su persona y que había perdido todo contacto con la realidad.

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De izquierda a derecha: Liu Shaoqi, Presidente de la República Popular China (1959-1968); Kliment Voroshilov, Mariscal de la URSS y Presidente del Presidium del Soviet Supremo (1953-1960); Soong Ching Ling, viuda del prócer Sun Yat-sen y Vicepresidenta de la República Popular China (1959-1975)

Refiriéndose al “sistema de contrato por responsabilidad familiar” que ya se estaba experimentando en algunas zonas del campo chino, y que venía a negar la colectivización acelerada de la agricultura después del fracaso del “Gran Salto Adelante”, Short escribe que, en el año 1962:

“La labranza privada no era el único motivo de queja de Mao. Se sentía disgustado por la actitud conciliadora que Liu había adoptado ante EEUU y la Unión Soviética. Esta postura se había puesto de manifiesto en un artículo redactado por Wang Jiaxang, uno de los estudiantes retornados de la URSS que, a finales de la década de 1930, había ayudado a convencer a Stalin de la conveniencia del liderazgo de Mao, y que ahora encabezaba el Departamento de Enlaces Internacionales del Partido. En un período de aguda fatiga interna, había justificado Wang, China debía intentar en la medida de lo posible evitar complicaciones internacionales. Liu y Deng habían estado de acuerdo. La primavera mostró algunos signos de liberación en las tensiones con India y la URSS, y en junio se alcanzó un entendimiento con los estadounidenses para evitar nuevas fricciones sobre la cuestión de Taiwán. Para Mao, aquello apestaba a traición.”

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Liu Shaoqi recibe a Zhou Enlai tras el regreso del segundo de la Conferencia de Bandung, en Indonesia (1955)

Cabe señalar que, más allá de una serie de errores (pues Liu Shaoqi no era un ser perfecto e infalible, sino un ser humano) como el apoyo al “Gran Salto Adelante” y la participación en la defenestración política de Peng Dehuai (otro mártir de la Revolución Cultural, que fue el primero en atreverse a criticar el “Gran Salto Adelante”), el autor de “Para ser un buen comunista” es descrito pocas páginas más adelante por Short de una manera que refleja la humildad de aquel gran comunista, dedicado enteramente al pueblo chino y con un gran sentido de la rectitud y la honradez:

“Parece ser que, hasta 1961, Mao no había albergado dudas de que Liu Shaoqi fuese la elección más correcta para actuar como delfín de su propio legado revolucionario. Liu era la organización personificada, un hombre apartado e intimidante, sin auténticos amigos, sin intereses extraños y con apenas sentido del humor; cuya fenomenal energía estaba consagrada en su totalidad al servicio del Partido; lo que en la práctica significaba que era capaz de convertir en realidad cualquier otra cosa que Mao desease. Era exigente consigo mismo y con su familia, rehuía de todo privilegio y cultivaba una imagen pública puritana que hablaba de jornadas de trabajo de 18 horas y un código de conducta tan rígido que, en una ocasión que descubrió que se le pagaba un yuan extra (unos 30 peniques del momento) por haber trabajado hasta pasada la medianoche, insistió en reembolsar hasta el último céntimo mediante deducciones de su salario.”

Perseguido y agredido físicamente por los guardias rojos durante la Revolución Cultural, estuvo bajo arresto domiciliario en su residencia de Zhongnanhai hasta el 17 de octubre de 1968, momento en que decidieron trasladarle hasta Kaifeng, capital de la provincia de Anhui, tras haber contraído una neumonía. Había perdido la capacidad del habla por las lesiones causadas por los guardias rojos y estaba siendo alimentado por vía intravenosa. En Kaifeng estuvo internado en un cuartel del Comité Local del Partido Comunista de China, por lo que recayó en la neumonía. Aquella vez se le denegó un permiso para ser ingresado en un hospital. Murió el 12 de noviembre de 1969. Mao Zedong no movió un sólo dedo para evitarlo.

En febrero de 1980, el XI Comité Central del Partido Comunista de China adoptó una resolución para rehabilitarle, rechazando como erróneas las acusaciones de “renegado, traidor y esquirol”, declarándolo como “un gran marxista y un gran revolucionario proletario”. El 16 de mayo del mismo año, el “Diario del Pueblo” publicó un editorial con el título “Restaurar los verdaderos colores del pensamiento de Mao Zedong que Liu Shaoqi defendió”. El 17 de mayo se celebró una gran ceremonia nacional para honrar su memoria. Sus cenizas fueron esparcidas en la costa de la ciudad de Qingdao, de acuerdo a sus últimos deseos.

FUENTE: “Manos Fuera de China”

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