China: 70 años de avances sin dogmas preservando una cultura milenaria

En los 70 años de la República Popular China, la apertura y la modernización de 1978 es el marco de un país que sabe avanzar sin dogmas preservando su esencia.

Una de las bellezas de la vida es aprender a usar las nuevas tecnologías, adaptarse a los nuevos tiempos, pero siendo aún así capaces de preservar nuestra esencia. Ser quien verdaderamente somos. Cambiar aquello que queremos cambiar de nosotros y no solamente “ir en la onda”. Autoconciencia y serenidad son cualidades que muchos gustan de cultivar en sí mismos. También mirando por este ángulo, los 70 años de la República Popular China merecen ser motivo de conmemoración por el pueblo chino. En este período post-revolución de 1949, el país bajo el liderazgo del Partido Comunista no solamente alcanzó progreso material y económico en velocidad récord, sino también ha mantenido sus características chinas respetando las condiciones y realidades de su pueblo.

El cambio nunca es un proceso fácil. Sean las grandes revoluciones o las reformas esporádicas, cambiar causa complicaciones. Por ejemplo, el primer día de colegio puede ser el pasaporte para una vida más independiente y con más amigos, pero las criaturas lloran al tener que dejar a sus padres en la puerta de entrada. Sobre los cambios, en estos 70 años de República Popular China, uno de los marcos mas incomprendidos en Occidente es la llamada Reforma y Apertura de Deng Xiaoping, que el año pasado cumplió 40 años de implementación. En aquella época, China hacía un balance de las primeras décadas de revolución, reconoció los avances y las dificultades, reconoció la coyuntura y decidió apostar por el socialismo de mercado y por una mayor inserción de su economía en el comercio internacional.

Este proceso de grandes cambios iniciado a finales de la década de 1970 fue interpretado superficialmente por algunos ideólogos ligados a las potencias occidentales como una “transición al capitalismo”. Esta narrativa luego se convirtió en la dominante en Occidente. Prisioneros de una mentalidad dual típica de la Guerra Fría, sería difícil explicar que algunos mercados quedarían abiertos a la República Popular China en la búsqueda de reordenamientos geopolíticos de reducción de rivalidades. No combinaba con la gran narrativa que venía siendo contada de intentar aislar al bloque soviético con alegaciones acerca de divergencias de ideología. Quedaría claro como el agua que los intereses eran más complejos. Así, Occidente optó por explicaciones que se mostrarían insuficientes.

Deng Xiaoping era una figura emblemática. Habiéndose unido al Partido Comunista de China en la década de 1920 durante sus años de estudiante en Francia, fue enviado a Moscú cuando la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin daba sus primeros frutos en la aceleración del crecimiento económico de la recién creada Unión Soviética. Habiendo vivido la experiencia de la NEP, para Deng, el socialismo que crea condiciones materiales para la realización de los trabajadores presupone mercados. Mercados coordinados bajo una planificación estatal vigorosa y con control del Estado en sectores estratégicos. Aun así, mercado. El propio capitalismo en su fase avanzada nos muestra algunos límites: por cuestiones técnicas ni todos los sectores son monopolizados u oligopolizados en el capitalismo. Si la producción agrícola y el pequeño comercio están pulverizados en un determinado momento en el capitalismo, es porque probablemente no existen condiciones técnicas para coordinarlos. Si la siderurgia está monopolizada, probablemente hay mayor capacidad para el Estado de tener medios técnicos para hacer la coordinación más directa.

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Con base en la vivencia y el análisis, el proceso chino de apertura económica fue planeado para mantener la soberanía. A partir de 1980, diversas empresas extranjeras fueron admitidas para producir en China, pero solamente en “joint-ventures” con empresas chinas, la gran mayoría estatales. Por ejemplo, las primeras cadenas de montaje acostumbraban a ser participación mixta entre empresas extranjeras como Volkswagen o GM y la estatal china SAIC. El Gobierno chino participaba de los beneficios, de los riesgos y, más principalmente, aprendía a hacer coches haciendo coches. Joseph Stiglitz, economista estadounidense poseedor del Premio Nobel, tiene una obra que explica la importancia del aprendizaje en el ambiente de negocios titulada “Creating a Learning Society”. China supo hacer bien ese aprendizaje y décadas después, ingenieros y ejecutivos experimentados de la SAIC han pasado a producir directamente automóviles para la SAIC o se juntaron con otras empresas estatales que pasaron de la producción de motos y motocicletas a automóviles o fundaron empresas con recursos de los bancos estatales chinos. Ese proceso de la industria automotriz se ha repetido en otros muchos sectores.

La administración de la apertura económica, entre tanto, no se dio solamente con las “joint-ventures” y el impulso a industrias chinas que se disputaban y disputan mercados importantes. También se dio con el control estatal directo sobre sectores estratégicos. En el petróleo, por ejemplo, extracción, refinamiento y distribución están en manos de empresas estatales. Con la telefonía móvil e Internet, ocurre la misma cosa: varias operadoras estatales. La multiplicidad de empresas estatales tiene explicación: a finales de la década de 1970, estudios prospectivos chinos apuntaban a los problemas de falta de competitividad en la Unión Soviética como uno de los factores de la estagnación económica de ese país. Temiendo seguir por el mismo camino, la respuesta china ya en la década de 1980 fue crear empresas pantalla estatales para que compitiesen unas con otras. Tres empresas petrolíferas, por ejemplo. Posteriormente, la venta de algunas acciones minoritarias en bolsas de valores para que el mercado apreciara el desempeño de las empresas. Al final, si la empresa es del pueblo, ésta precisa trabajar para el desarrollo del país, no solamente para mejorar las condiciones de trabajo de sus propios trabajadores.

Todo ese proceso de apertura y modernización tuvo también un fuerte componente de inversión estatal en I+D. Inicialmente para alcanzar competencia en industrias maduras como la automovilística, pero después para competir en sectores punteros como los trenes de alta velocidad o los paneles solares. Sea con control directo de las empresas, en el caso de industrias de bienes más homogéneos, sea por medio del crédito (en un país donde casi todos los bancos tienen control estatal), en el caso de las industrias de investigación de mayor riesgo en que la participación privada es mayor, el Estado tiene un papel fundamental en el avance tecnológico. Como explica la economista Mariana Mazzucato, profesora de la Universidad de Sussex, el Estado chino es fundamental como asumidor de riesgos.

Así, China supo avanzar en las reformas, colocarse en el mercado para trabajar y construir condiciones materiales mejores sin perder la amplia capacidad de coordinación para el desarrollo. Ese período de Reforma y Apertura es especialmente representativo de los 70 años de la República Popular China. Con un liderazgo que no se pliega a los dogmas o a copiar modelos (porque como nos explica el profesor Elias Jabbour, al fin y al cabo los modelos no existen porque cada condición es única), China ha sabido avanzar manteniendo su esencia. La República Popular China trabaja para implantar el socialismo, pero con características chinas. A pesar de un choque inicial con algunos valores confucianistas, supo hacer los cambios necesarios, pero preservar la esencia, que es la esencia de la sociedad china. Supo insertar en el mercado la ecuación económica sin sacrificar la planificación socialista. Supo hacer apertura manteniendo la soberanía. Tal vez China tenga mucho que enseñarnos, especialmente a avanzar sin dogmas, sin miedos y sin apego a modelos prefabricados. Yendo a la esencia.

Por Luiz Rodrigues para “Vermelho”

Luiz Rodrigues es gestor pública de la carrera de Especialista en Políticas Públicas y Gestión Gubernamental. Es académico del Maestrazgo Profesional en Desarrollo y Gobernanza por la Escuela Nacional de Administración Pública de Brasil. Es Especialista en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Brasilia (UnB) e Ingeniero formado por la Universidad de Sao Paulo (USP).

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