Los puntales monárquicos

Después de la dureza de la sentencia del aparato judicial de la monarquía, y después del nivel de conciencia política del pueblo catalán demostrada estos días y el endurecimiento de la represión que nos ha acompañado, se hace imprescindible trabajar activamente por poner fin a la agonía de este régimen. Comenzando por tener claro, sobre todo, quien lo defiende. La monarquía española, de origen franquista, es un sistema político débil (no llega, seguramente, ni al 10% de apoyo en nuestro país); una dominación que no existiría si no fuese porque es apuntalada por unas estructuras parasitarias que se benefician.

Este régimen no se mantiene solamente por unas fuerzas armadas heredadas del franquismo (conocidas como “fuerzas de ocupación”), ni tampoco solamente por el sistema judicial del mismo origen, sino también por el apoyo de instrumentos que le son beneficiaros: las empresas del régimen (del Ibex-35), los medios de comunicación monárquicos y los partidos de la monarquía (con sus aliados autonómicos).

mural ppcc

Son partidos monárquicos el PP y Ciudadanos, igualmente el PSOE, uno de los puntales esenciales del régimen. Es un error considerar al PSOE (y sucursales, PSC, PSPV, PSIB) como una organización de izquierda o socialista porque cada día se pone de manifiesto que defiende los intereses de los poderosos: niega el derecho a decidir del pueblo catalán, y se pone de una manera incondicional al lado del régimen monárquico y su represión. También es sabido que Ciudadanos recibió apoyo económico y moral de sectores financieros del régimen (Ibex-35) y que practica una propaganda de corte falangista inspirada en la manipulación ideada por Goebbels, unos métodos diametralmente opuestos al contraste democrático y libre de las ideas. Se puede comprobar fácilmente.

La ideología básica del régimen es muy simple: siguiendo la dictadura que le abrió el camino, se fundamenta en el mito medieval de España, creado por el militarismo expansivo castellano para someter a los territorios anexados por las armas, después de haber saqueado a su propio pueblo. Un mito ideado para vivir de los impuestos arrebatados por la fuerza. Esta concepción, obsoleta en el siglo XXI, algunos la querrían hacer eterna, amparándose en la monarquía. La idea de España no tiene ningún fundamento natural-geográfico: ya solamente la existencia de Portugal como Estado independiente dentro de la Península Ibérica es una prueba irrefutable de ello. Es importante tener claro que el concepto de España, en su forma actual, no es otra cosa que una construcción ideológica de la oligarquía. Habrá, entonces, que rebatir activamente los mitos y los fanatismos entorno a esta invención interesada, que es una fuente de graves conflictos y manipulaciones.

Frente a esta realidad el neo-autonomismo (políticos o periodistas), en lugar de combatirla, da cuerda a los partidos monárquicos y se pone al lado de la represión, como hemos visto estos días en la figura del conseller Buch, un personaje nefasto que ya debería haber sido destituido por haber permitido los abusos de la policía; una responsabilidad que hay que atribuir igualmente al Govern autonómico, por pasividad y connivencia.

Cuesta entender que haya partidos que autoproclamándose independentistas, hayan facilitado (como lo han hecho ERC y JxCAT, por ejemplo) la acción de los partidos monárquicos como el PSOE, que defiende activamente los abusos del régimen. O de otros que, como Podemos o los Comuns, aspiran a aliarse con esta clase de partido dinástico de nuestros días. Los sectores más descaradamente autonomistas se ponen una vez más en evidencia cuando ahora, por medio de la amenaza y la criminalización, pretenden desactivar la revuelta del pueblo catalán contra la injusticia.

Para poder poner fin a este régimen despótico en nuestro país, habrá que empezar a desmontar este edificio construido sobre diferentes formas de parasitismo, identificando los diversos elementos que habrá que sacar a la luz y combatir sin vacilación. Es por eso que es tan importante conocer quién está apuntalando este régimen, con todas sus consecuencias opresivas. Y aquellos partidos que lo hacen, favoreciendo a unas minorías en el poder, se han de ver privados de apoyo popular. Una idea que habría que tener en cuenta en cualquier política de alianzas o consulta electoral. Ningún apoyo a ningún partido monárquico; ni tampoco a sus aliados incondicionales. Todo por la República Catalana independiente. Ni un paso atrás.

Por Carles Castellanos

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