Sostener la revuelta y no pararla

Escribo estas líneas a pocas horas del inicio de una huelga general y en medio de una semana de intensas y masivas protestas contra la sentencia contra el proceso independentista, que comenzó con la sorprendente acción del “Tsunami Democràtic” en el Aeropuerto de El Prat. Los acontecimientos van tan rápido que puede ser que este artículo caduque cuando ya lo estén leyendo. Pero en cualquier caso siento la necesidad de compartir algunas ideas desde la euforia que me provocan estas movilizaciones junto a los aprendizajes de octubre de 2017.

1. Estamos viviendo una revuelta en cierta manera desordenada, que ha desbordado las previsiones de los partidos y organizaciones independentistas, así como las del Estado Español. Esto es principalmente una buena noticia porque demuestra el enorme empuje popular que todavía dura y que rompe los esquemas con los que la sociología acostumbra a analizar los ciclos movilizadores. Después del clímax de hace dos años y la consiguiente represión parecía que tocaba un ciclo de replegarse. Una parte del independentismo, principalmente ERC y el PDECAT, ya se había adaptado a este cambio. A pocos días de la sentencia escuchábamos, por ejemplo, mensajes tanto de Gabriel Rufián como de Artur Mas contra las formas de protesta que podían afectar la normalidad laboral y la economía. Asimismo, esta divergencia entre el movimiento popular y los partidos que habrían de orientarnos hacia objetivos concretos es una disfunción. Volveré a ello en el último punto.

2. Solamente de la revuelta pueden surgir las condiciones para la autodeterminación y la independencia. Tened por seguro que si el Estado Español por su cuenta reconoce nuestros derechos y, por ejemplo, accede a celebrar un referéndum, es un escenario al que solamente se llega a través de la crisis del régimen. Evidentemente la comunidad internacional puede jugar un papel protagonista, pero solo se sentirá interpelada precisamente si se expresa el conflicto.

3. Para sostener una revuelta en el tiempo hay que tener, en primer lugar, muy buena organización y una buena elección de los ritmos y las formas de lucha. Parece que el más eficiente es la desobediencia civil no violenta, que permite la participación masiva. Hay que tener en cuenta la necesaria dosificación de energías físicas y psicológicas.

4. La otra tarea pendiente que tenemos es cohesionar el bloque social independentista al cobijo de un programa social. Hay que dejar bien claro que queremos ganar una República para poner la economía al servicio de la sociedad y por tanto garantizar y ampliar los derechos de trabajadores y trabajadoras, estudiantes, pensionistas, mujeres, personas migradas… así como proteger ecológicamente el territorio. Eso consolidará y ampliará los apoyos que tiene la República Catalana.

5. No podemos menospreciar la capacidad de reacción del Estado Español. Es previsible que en los próximos días se expresen también en las calles los sectores de orden, el españolismo tradicional y quién sabe si junto a ellos ese catalanismo trasnochado que hace un mes se tiraba los trastos a la cabeza en la reunión de Poblet. Como también ya hemos visto cómo el Estado da barra libre a la extrema derecha. Asimismo, hemos de ser conscientes de que una buena parte de nuestra sociedad rechaza la independencia y que hay que desmontar tanto como podamos los argumentos que quieren crear una fractura civil. Hay que actuar prioritariamente sobre esta cuestión que guarda mucha relación con el punto anterior.

6. Y finalmente volvemos a la cuestión de los partidos políticos. Pueden actuar como desmovilizadores, como pasó a partir de un determinado momento en la Transición. El actual Govern y el Parlament, además, viven atemorizados de ser intervenidos y eso les paraliza a la hora de tomar ninguna decisión que implique un enfrentamiento con el statu quo, como depurar responsabilidades en unos Mossos d’Esquadra que cargan brutalmente en las manifestaciones independentistas mientras no hacen nada contra las agresiones fascistas. O, por contra, estos partidos pueden contribuir a que toda esa revuelta tenga un horizonte. Bajo la triple reivindicación de “derechos, amnistía y autodeterminación” se podría articular un gran bloque social y político que construya las condiciones para un nuevo embate como el de octubre de 2017.

Probablemente no estemos frente al embate definitivo hacia la independencia. Quien sabe, es igual, porque en cualquier caso, lo que hay que es que saber aprovechar los momentos para avanzar y madurar. Y de la actual coyuntura hemos de salir fortalecidos, con objetivos claros, con más capacidad de ganar poder para el pueblo catalán y restar legitimidad al Estado Español. Y eso pasa, en un primer momento, por saber sostener esta revuelta y no pararla.

Por Albert Botran

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s