Aunque maten al Che Guevara islámico, la cultura revolucionaria continúa

El teniente general Qasem Soleimani fue martirizado por EEUU el pasado viernes en Bagdad, la capital iraquí, pero su estela no se extingue.

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El teniente general iraní Qasem Soleimani (1957-2020), asesinado recientemente en Bagdad por un cobarde ataque sorpresa lanzado por EEUU.

El asesinato del destacado teniente general iraní en Irak acarreará muchas consecuencias en la escena internacional, entre ellos, el resentimiento y cierto odio mundial hacia Washington.

El mundo entero condena la medida del país norteamericano y lo considera un acto de guerra. Washington muestra su sed de sangre y pone de relieve que busca derrocar la Revolución Islámica de Irán. Alimentando su ambición neo-imperialista, ha sacudido al mundo para que recuerde su brutal inmoralidad: al fin y al cabo, uno recuerda con mayor claridad el dolor de una inyección que el de una larga semana de enfermedad.

Esta medida cobarde, ilegal e inhumana de EEUU tendrá consecuencias. El país norteamericano pretende beneficiar solo a la élite estadounidense y no al ciudadano de a pie, por lo que deberíamos dedicar tiempo a evaluar históricamente el verdadero legado del teniente general Soleimani: “Él es el Che Guevara musulmán”.

Soleimani no se limita a Irán

El teniente general Soleimani no es solo el “Che Guevara iraní”, ya que no se ciñó solo a los ideales del Che. Al igual que el argentino, Soleimani dedicó muchos años de su vida a la lucha contra el imperialismo estadounidense en muchos países, y finalmente murió en un país que no era el suyo por su certeza en la realidad de una hermandad internacional.

Limitar el legado de Soleimani al “Che Guevara iraní” tampoco tiene sentido debido a los ideales de la Revolución iraní: la muerte de Soleimani le recuerda al mundo que Irán, aparentemente solo en la lucha anti-imperialista en 2019, ha dedicado, en numerosas ocasiones, su tiempo, su dinero, su sangre, su alma y su vida a los no iraníes por un sentido de internacionalismo político progresista.

El Che Guevara murió en octubre de 1967 en Bolivia. El grupo con el que murió el Che era multinacional, pues incluía a peruanos, argentinos, cubanos, bolivianos e incluso dos europeos. Sin la presencia de Soleimani, tanto Irak como Siria, y probablemente Líbano, hoy en día estarían bajo el dominio imperialista.

La Revolución Iraní es tan internacional en alcance como la Revolución Cubana del Che, y como ésta, alcanza la creación y la defensa. Aquellos que son críticos con Irán dicen que dicho país quiere convertir a todos en musulmanes chiíes y transformar las leyes de Irán en normativas del mundo entero… pero eso es, obviamente, una farsa producto de la arrogancia del Occidente imperialista; el objetivo de Irán no es controlar el mundo, sino liberar a las masas y luego empoderarlas.

El objetivo del Che y de Soleimani era el mismo: el nacionalismo mundial

Pocos occidentales parecen darse cuenta de que la motivación principal del Che – tal vez la imagen misma del internacionalismo – fue indudablemente el nacionalismo latinoamericano. Su sueño era el mismo que el de Bolívar (y el de Martí en Cuba, y otros en Chile, Nicaragua, etc.). Para aquellos que ven la lucha anti-imperialista con precisión histórica, existe un claro paralelismo con el “nacionalismo islámico mundial” de Soleimani.

Solo los fóbicos religiosos, los pedantes inútiles, los iranófobos e islamófobos son incapaces de verlo.

A miles de millones de personas no les importa si esas personas permanecen ciegas. Al igual que Soleimani, el Che fue rechazado por los principales izquierdistas y revolucionarios de su época. La Unión Soviética detestó al Che y su audaz resistencia contra Washington, algo que pocos recuerdan (al igual que al Irán de hoy, China le apreciaba). Moscú insistió, a su estilo bastante europeo, que solo ellos deberían liderar y elaborar estrategias para la lucha contra el imperialismo occidental. En resumen: ahora que la Unión Soviética ha sido liberada del imperialismo extranjero, ya nadie más necesita tomar las armas.

Por supuesto, en el momento en el que se produjo la muerte del Che, la Unión Soviética ya no estaba dirigida por Stalin. Kruschev, Brezhnev y finalmente Gorbachov se volverían decadentes, corruptos e incluso renunciarían al apoyo soviético a las luchas anti-imperialistas internacionales y, finalmente, a pesar de la voluntad democrática, cayó la Unión Soviética.

¿Por qué mataron también a Soleimani?

Los izquierdistas occidentales o de cualquier otro lugar del mundo que no pueden ver con claridad preguntan: ¿Por qué mataron a Soleimani? ¿Todavía se creen que era, para usar un término popular en EEUU de entorno a 2003, un “islamofascista”? Washington es ciertamente fascista, pero no son tan islamófobos como para matar a Soleimani por ser musulmán. Espero que este grupo siga intentándolo; algún día finalmente se darán cuenta.

El Che fue asesinado porque su objetivo concreto era crear “múltiples Vietnam”. Seguramente muchas calles en Siria e Irak, e incluso en Palestina, llevarán el nombre de Soleimani (si Irán pudiera obtener ayuda de las naciones árabes). Soleimani fue, sin duda, una celebridad.

Pero la invasión, las sanciones, la re-invasión y la ocupación de Irak nunca motivaron a Occidente como en Vietnam. ¿Por qué? Tal vez por la islamofobia. Sin embargo, la injusticia hacia los iraquíes motivó tanto a los iraníes como a Soleimani.

El Che fue, sin duda, una celebridad

¿Fue el Che una celebridad? Fracasó en Bolivia y en el Congo, pero Cuba sigue siendo “el primer país libre de América”, y muchos dirían justamente que es el único. Se aprecia mucho menos cómo Cuba luchó junto a Angola, que tuvo la desgracia de ser colonizada por la potencia imperialista occidental más atrasada: Portugal, y cómo esto condujo directamente al fin del Apartheid en Sudáfrica. El Che fue, sin duda alguna, una celebridad.

En Occidente, el Che es solo una forma exitosa de ganar dinero: su rostro vende todo tipo de mercancías, pero la idea de que sus ideas sean recordadas, entendidas o enseñadas es ridícula. Para ellos, el Che simplemente simboliza un concepto romántico, no la revolución, ni la política o la moralidad.

Así, de esta manera, este artículo pasa a colocar a Soleimani en su contexto histórico adecuado.

Si los iraníes piensan que continuar su revolución es solo un concepto romántico o una pose en lugar de un sacrificio personal necesario que se lleva a cabo sin esperar ninguna recompensa terrenal (y, de hecho, es más probable que produzca todo lo contrario) para evitar la brutalidad y el odio que arruina la vida de decenas de millones de iraníes, entonces su revolución fracasará. Las revoluciones a menudo fallan; pregúntenle a los franceses. Todavía celebran todos los años el Día de La Bastilla, pero eso es más algo romántico y una pose.

Para los no iraníes que piensan que la Revolución Iraní no se necesita a nivel mundial, y especialmente a nivel regional, urgentemente, solo pregúntele a un iraquí, a un sirio o a un palestino si está de acuerdo o no con eso. Un día se incluirán también otros países, y en primer lugar, estoy pensando en aquellas áreas que son sumamente vitales para la cultura islámica como Egipto, Marruecos o Arabia Saudí. Un día, los hijos e hijas del Che y de Soleimani se unirán a países que no son musulmanes ni latinoamericanos; ojalá.

El asesinato no es una política nueva de EEUU

Para aquellos que piensan que Soleimani será el último asesinado de forma atroz, hay que recordarles que la muerte del Che fue solo la primera: Sukarno en Indonesia, Kwame Nkrumah en Ghana, Ahmed Ben Bella en Argelia, e incluso Martin Luther King o Robert Kennedy en su propio territorio lo siguieron enseguida.

Sin embargo, no debemos olvidar que fueron precedidos en el país por Malcolm X y el presidente John F. Kennedy. El asesinato no es, en absoluto, una política nueva para EEUU, y no debemos creer que ha surgido de repente. El objetivo de tales asesinatos está bien claro: desalentar a los futuros revolucionarios y también frenar los movimientos anti-imperialistas en curso.

No obstante, no me preocupa que la Revolución Iraní fracase con Soleimani, y lo digo reverenciando su sacrificio y sus logros. La idea de que una revolución popular puede (o debería) basarse en el trabajo de un solo hombre… eso no es una revolución, ni populismo, sino el “gran hombre-ismo” del capitalismo-imperialismo occidental. Esto es Macron, Rhodesia, Luis XIV, Churchill y, por supuesto, Trump. Una cultura revolucionaria exitosa da como resultado un sistema que es capaz de producir líderes morales y capaces, una y otra vez, hasta que la revolución sea verdaderamente segura. Los iraníes, a pesar de estos tristes días, cuentan a sus espaldas con más de 40 años de revolución exitosa, en los cuales fundamentan, de forma justificada, su fe en el futuro.

A Trump le espera una venganza rápida

Trump ha cometido un acto de guerra, pero le espera seguramente una venganza rápida y apresurada por el asesinato de Soleimani y otros que han sido sacrificados.

Angola ofrece el mejor ejemplo de cómo se debería haber tratado la muerte del Che: lanzaron una ofensiva anti-imperialista llamada “El Che no ha muerto”, que resultó ser el principio del fin del control portugués sobre Guinea-Bissau y luego de todo el Imperio Portugués en 1974.

Gracias a gran parte de los esfuerzos de Soleimani, después de tantas décadas de corrupción, odio y brutalidad lideradas por Occidente, Irak parece lo suficientemente fuerte como para poder, incluso, expulsar a EEUU de forma inmediata y pacífica. No creo que Soleimani pidiera un legado mayor: esto es por lo que murió.

Por Ramin Mazaheri

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