Andalucía más a la cola, con coronavirus o sin él

No. No estamos en un millón de desempleados por culpa del COVID-19 ni tampoco por la declaración del estado de alarma. Tampoco lo estuvimos en 2009 o 2010 por culpa de la crisis de las hipotecas “sub-prime”. Ni en 1993… Todo ello son excusas lanzadas para que el árbol impida ver el bosque y reproducidas por unos medios de comunicación de masas cuyos periodistas se convierten en meras cotorras que repiten – sin pensar ni cuestionar – el discurso dominante. Escribo estas líneas desde la profunda indignación – no porque sea algo que se viene repitiendo a lo largo de la Historia voy a interiorizar o normalizar cómo pisan el pescuezo al Pueblo Trabajador Andaluz – al contemplar de nuevo cómo repuntan las cifras de desempleadas y desempleados en Andalucía.

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Siendo durante unos segundos ingenuo o estúpido, podría preguntar: si la culpa solo fuera del COVID-19 o del estado de alarma, ¿no afectaría de la misma manera al resto de naciones del entorno? ¿No se distribuiría el desempleo de manera más o menos homogénea en lugar de que el 46% de los nuevos parados del Estado fueran andaluces? La economía andaluza, como toda economía neocolonial, tenía un comportamiento similar mucho antes de que llegara la crisis actual.

No hay ninguna novedad en nada de lo que está ocurriendo. Los datos de desempleo en nuestro país, Andalucía, revelan de nuevo el carácter de la nación como colonia interior, cuya economía está configurada para hacer aumentar los beneficios de la oligarquía cuyos negocios están en un centro externo, aunque ella se compone – en parte – también de la gran burguesía andaluza. Es por eso por lo que cada “resfriado económico” estatal o europeo en Andalucía se convierte en neumonía. Y nada indica que esto vaya a ser precisamente una recesión pasajera. En términos financieros, los plumíferos asalariados de la banca volverán a decir que Andalucía sufre una “alta volatilidad cíclica”. Como si fuera un problema puramente interno y congénito. Duele menos y puede que hasta algún despistado lo acepte como forma de no-pensar. De una forma u otra sus consecuencias reales son exactamente las mismas: casi un millón de parados. Por ahora.

El pueblo andaluz no puede moldear la economía conforme a sus necesidades porque no tenemos herramientas políticas para ello. No es culpa del modelo productivo – como ha dicho Teresa Rodríguez – puesto que dicho modelo es resultado de una correlación de fuerzas en la que el Estado Español, institución creada por la burguesía andaluza como parte de la oligarquía, impone sus intereses sobre las andaluzas y andaluces.

Necesitaríamos un Estado propio para modificar esa correlación de fuerzas. Requeriríamos de la independencia política para dejar de ser un lugar de veraneo donde viene Aznar – y otros como él – huyendo de esta “peste” del siglo XXI en la que están convirtiendo el COVID-19. Necesitaríamos instrumentos de planificación económica para frenar la galopante desindustrialización que sufrimos desde hace más de un siglo. Sería imprescindible saber a dónde queremos ir como pueblo ante la enfermiza turistificación de nuestras costas, nuestros pueblos y nuestras ciudades. Haría falta gestionar nuestras fronteras ejerciendo nuestra soberanía nacional para hacer una política comercial bajo la premisa del control de las mercancías que salen y entran.

Nada de eso tenemos. Por eso desde la Unión Europea claman por mantener el abastecimiento de sus mercados y Juanma Moreno, presidente de la Junta, ha pedido rápidamente que el trabajo en el campo sea considerado “esencial”. No es torpeza ni estupidez, es que Alemania necesita comer tomates, pimientos, calabacines, fresas… Y si la clase obrera andaluza tiene que contagiarse del COVID-19 en el tajo – y hasta morir – para que haya una ensalada en cada mesa de cada familia alemana, quien manda, manda.

En las circunstancias actuales, el pueblo andaluz se encuentra “cautivo y desarmado”. A cada nueva crisis, asistimos a la profundización perpetua de nuestro subdesarrollo relativo: más desempleo, más precariedad, más emigración, mayor concentración de capital (o de tierras, o de empresas…) en menos manos. ¿Llegaremos al millón y medio de personas desempleadas en Andalucía como en 2013? Ese es el precio a pagar porque el pueblo andaluz no se atreve aún a romper con los “dogmas de fe” que nos dicen que formando parte del Estado Español, de la Unión Europea y del euro seremos cada vez más prósperas. Que siendo sometidas nos irá mejor que siendo libres. Pero lo cierto es que cada vez nos hacen más pobres, más dependientes y, sobre todo, más alienadas.

Esta Andalucía dependiente económicamente, sometida en lo político y alienada en lo cultural, estará siempre en los últimos lugares de todas las listas porque ese es el papel que nos otorga el Estado Español. Ni esta vez ni las anteriores nuestro problema se llamó coronavirus, sino colonialismo.

Por Carlos Ríos para “Revista de Pensamiento Andaluz”

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