Los avances y contradicciones del socialismo en China

La República Popular China ha superado la opresión feudal y colonial, emergió del “Siglo de la Humillación”, renació de sus cenizas, y ahora está desarrollando su poder socialista en el escenario mundial. El camino escogido por el Partido Comunista de China (PCCh) está hoy, así como lo ha sido desde 1949, guiado por el marxismo-leninismo, pero no por su interpretación dogmática. El socialismo con características chinas está determinado por las realidades geopolíticas concretas y adaptado a las condiciones materiales globales del siglo XXI.

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Ciudadanos chinos sostienen la bandera de la República Popular China en la Plaza de Tiananmen durante los Juegos Olímpicos de 2008 en Beijing.

Lo siguiente es un esbozo panorámico del camino concreto de rejuvenecimiento nacional de China y de la histórica descolonización internacional, preparando el camino en dirección al comunismo global.

Nacional

A nivel nacional, el Partido Comunista busca construir una base doméstica armoniosa, próspera, sostenible y robusta en la cual los enlaces internacionales sean apoyados. La política interna de la China del siglo XXI se desdobla no solo en la ortodoxa lucha de clases marxista, sino en un híbrido entre ésta y una armonía social cuasi-confuciana. La ideología revolucionaria evolucionó a partir de sus modelos y concepciones iniciales, y se adaptó a las particularidades de la cultura y situación presente de China.

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Desarrollo de la ciudad de Shanghai entre 1987 y 2013. Es posible observar su colosal verticalización y modernización.

Durante la primera fase desarrollista de reforma y apertura, sobre todo en las décadas de 1980 y 1990, China se concentró en construir las fuerzas productivas sobre la fundación industrial creada en la era anterior, expandiendo una fuerte y diversificada economía en la cual la inversión externa era crucial, y mejorando las condiciones de la clase trabajadora y de la población rural empobrecida. La segunda fase, aproximadamente desde el año 2000 hasta nuestros días, se ha enfocado en superar los problemas que surgieron a partir del proceso de desarrollo de la fase anterior. Esos problemas están relacionados con la adopción de una economía híbrida en un mercado global dominado por el neoliberalismo y el uso del emprendimiento privado como herramienta de desarrollo: desigualdad de riqueza y desarrollo, corrupción, polución y degradación medioambiental, así como diversos problemas de índole laboral.

El desarrollo desigual entre la Costa Este urbana y el amplio interior y el oeste rural ha sido enfrentado por la construcción de una compleja red ferroviaria de alta velocidad que conecta las economías regionales y diversas iniciativas que fortalecen el comercio interregional. El enriquecimiento desigual entre los empresarios y la clase trabajadora, especialmente migrantes, ha sido enfrentado por una serie de reformas laborales que han resultado en un crecimiento sustancial de la renta en los segmentos más pobres de la sociedad china. Según las estimaciones más modestas, entre 1990 y 2018 el número de chinos en situación de extrema pobreza fue reducido de 750 millones a menos de 10 millones.

Uno de los mayores proyectos de Xi Jinping tras convertirse en líder fue el épico ímpetu anticorrupción, que ha castigado a más de 1’5 millones de autoridades estatales y líderes empresariales por beneficiarse injustamente a costa del pueblo. Xi también implementó una amplia gama de nuevas políticas que restringen todavía más los excesos del sector privado, en términos de prácticas comerciales, regulación medioambiental, derechos laborales, etc.

Mirando a combatir la polución y el cambio climático, durante esa segunda fase de desarrollo, muchas decisiones han sido tomadas y se han implementado iniciativas a nivel local e internacional. Incluyendo la reducción de la dependencia en relación al carbón, prohibiéndolo totalmente en Pekín (aunque no eliminado completamente); masivos proyectos de reforestación; y despuntar como líder global en investigación de tecnologías renovables.

En el sentido de la socialización total, es del interés del PCCh mejorar las condiciones de los trabajadores, resolver problemas laborales, combatir la polución, aumentar la igualdad y enfrentar el desarrollo desigual, en sus propios términos y de acuerdo a sus planes. Muchas medidas en ese sentido han sido tomadas en los últimos años, como millones de jóvenes de las regiones urbanas enviados a las áreas rurales para ayudar en su desarrollo y educación, o las diversas reglas más rígidas en relación al bienestar de los trabajadores, las cuales las empresas deben seguir a riesgo de ser colectivizadas – algo que no es extraño que suceda.

Pero al mismo tiempo, los movimientos laboralistas de base no solamente son permitidos, sino que son incentivados. La inmensa mayoría de las huelgas en China no son reprimidas como en los regímenes capitalistas. La gran mayoría de los movimientos de protesta son contra las decisiones y políticas injustas de patrones y autoridades locales, apelando al Gobierno Central, que generalmente interviene de lado de los trabajadores, castigando a los capitalistas y políticos corruptos, forzándolos a cambiar sus prácticas. Las huelgas y protestas que son reprimidas son mayoritariamente de agitadores anticomunistas ligados a las traicioneras entidades imperialistas, cuyo objetivo es la desestabilización (y éstas son, claramente, amplificadas por los medios occidentales). Aprendió la lección el PCCh sobre sindicatos independientes comprometidos – utilizados por Estados burgueses hostiles para destruir el socialismo, como “Solidarnosc” en Polonia, que condenó a la nación a tres décadas de pobreza y subdesarrollo y pavimentó el camino para el actual ascenso del fascismo – tales organizaciones no están permitidas. Pero a fin de cuentas, todas las críticas y descontentos legítimos todavía existentes deben ser observados en el contexto de la realidad material: en las últimas cuatro décadas, la clase trabajadora de China ha experimentado un aumento salarial del 400%.

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Valorización del salario mínimo en %, entre 2008 y 2017: China, Francia, Reino Unido y EEUU. Via OSD – Observatory of Sovereign Development.
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Número de personas con renta inferior a 2 dólares por día, en millones (ajustado por la PPP). Total del sur de Asia, India, África Subsahariana, China, América Latina, Oriente Medio y norte de África.
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Valor de las inversiones en China entre 2013 y 2018.

Internacional

Internacionalmente, la política exterior socialista de China ciertamente no es una continuación de la exportación de revoluciones del pasado, sino más enfocada en una reestructuración del comercio global. Es una nueva forma de internacionalismo basada en la promoción del desarrollo económico independiente de las naciones superexplotadas del Sur global, a través de relaciones mutuamente beneficiosas y una política de coexistencia pacífica. El objetivo a largo plazo es nada menos que la eliminación de la contradicción principal del capitalismo imperialista – la desigualdad intercontinental. El fin de una injusticia internacional de nuestro tiempo, la disparidad entre los países ricos y los pobres, significará también el fin de una serie de injusticias asociada a ésta. Mitigando la pobreza, promoviendo el intercambio y el aprendizaje, y construyendo relaciones basadas en el respeto y la cooperación, las nuevas alianzas económicas entre las regiones colonizadas destronarán juntas a la hegemonía occidental, romperán los ciclos imperialistas de violencia y pondrán fin a la dominación capitalista.

La creación de un campo de actuación global más igualitario y nivelado tendrá dos grandes efectos en el mundo. Primero: los trabajadores de antiguo “Primer Mundo” tendrán nuevamente el poder para conducir sus revoluciones, ya que no será posible exportar sus empleos a regiones más pobres y con bajos salarios. Segundo: los pueblos del antiguo “Tercer Mundo” estarán fortalecidos para imponer sus propios términos de encaje en el mundo, y para construir sus propios socialismos.

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Negocios con canallas: Narendra Modi, Benjamin Netanyahu, Salman bin Abdulaziz, Donald Trump…

Las contradicciones en la política exterior del PCCh incluyen aquellas que resultan de la rigurosa no interferencia en los asuntos internos de Estados extranjeros, que caracterizó las relaciones chinas por miles de años, y la priorización de amplias relaciones de comercio internacional por encima de conflictos ideológicos. Un ejemplo son los poco escrupulosos acuerdos de negocios con gobiernos de derecha, como Arabia Saudí e Israel. La ética de “vive y deja vivir” de ese modus operandi se aplica hasta con sus enemigos ideológicos: China también llega a acuerdos con la mayor organización terrorista del mundo – los EEUU – sin ni siquiera criticar su larga lista de guerras ilegales y crímenes hediondos contra la Humanidad (eso puede estar cambiando actualmente). Otro ejemplo es no apoyar luchas de izquierda en naciones próximas, como insurrecciones guerrilleras maoístas en el Sudeste Asiático, por miedo a que eso afecte a sus relaciones comerciales con las entidades estatales. En caso de que las “pérdidas éticas” temporales de esas contradicciones lleven a mayores “ganancias” y resultados positivos a largo plazo, son calculadas como válidas o inevitables.

El PCCh entiende que los líderes nacionales y los gobiernos partidistas son volubles y efímeros, pero el desarrollo y la mejora de las condiciones materiales tendrán efectos duraderos. La creación de un escenario global más equilibrado es el objetivo a largo plazo, lo que creará las condiciones necesarias para cambios sistémicos en cada país, por sus propias manos. La frase “socialismo con características chinas” puede parecer confusa a primera vista, pero el mundo irá comprendiendo lentamente su significado internacionalista, y que tiene esa forma por una razón muy específica: por la anticipación de socialismos con características indias, francesas, estadounidenses, y otros miles de socialismos con características locales que prosperaron.

Es una larga y compleja estrategia, en un inmenso tablero global moldeado por cientos de devastadoras injusticias históricas y el caos producido por procesos de explotación y opresión, y para vencer, contradicciones relativamente menores y particularidades problemáticas no deben oscurecer o impedir la realización de objetivos mayores.

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Mapa del proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda, que busca integrar en diversas rutas de comercio a Europa, Asia y África, creando un nuevo polo económico mundial.

Historia y teoría

En 1921, Sun Yat-sen previó que el destino del pueblo chino sería probablemente el mismo que el de los indígenas americanos: serían casi completamente exterminados. Debido a la podredumbre monárquica, la dominación y el abuso extranjero, la división del país por señores de la guerra locales, su infraestructura, industria y agricultura en ruinas; el 20% de la población era adicta al opio; montones de cadáveres se extendían por las calles.

En 1950, al poco del nacimiento de la Nueva China y de la toma del poder del Partido Comunista, la esperanza media de vida era de 35 años. Dos décadas y media después, al final de la era de Mao en la década de 1970, esa esperanza de vida se había colocado en 70 años, pero el ciudadano medio todavía vivía con menos de 1 dólar al día, más pobres que el pueblo africano, y no tenía acceso a “lujos” como saneamiento básico, refrigeradores o televisores.

El socialismo no podría sobrevivir, y mucho menos triunfar, bajo tales condiciones.

La década de 1980 fue un tiempo donde se vio la destrucción de muchos Estados socialistas alrededor del mundo – que sucumbieron a la interminable violencia económica, política y militar imperialista – así como de la Unión Soviética y Yugoslavia. En un mundo casi totalmente dominado por el neoliberalismo, no había otras opciones para China para desarrollar su fuerza económica al margen del crecimiento de un sector privado controlado. Pero cuando los capitalistas existen en una economía mixta, éstos no controlan la política como en los países capitalistas, pues están completamente subordinados al Estado socialista.

En todos los aspectos, el programa económico elaborado por Zhou Enlai, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, continuó en la dirección del visionario desarrollo maoísta, en línea con las políticas económicas de Lenin en la naciente Unión Soviética, y siguiendo rigurosamente la creencia marxista de que la liberación solamente puede resultar de la abundancia material. Ninguna nación, socialista o capitalista, puede sobrevivir en el aislamiento, y ningún socialismo puede ser construido sobre el hambre y la pobreza. Cuarenta años atrás la Política de Reforma y Apertura introdujo a China en el mercado internacional, una trayectoria que, en todos los aspectos, debe ser vista como una continuación y extensión del legado histórico de la teoría y práctica marxista-leninista.

“[…] no es posible conseguir una liberación real a no ser que sea en el mundo real y con medios reales, no se puede abolir la esclavitud sin la máquina de vapor, ni la servidumbre sin una agricultura perfeccionada, y en modo alguno se puede liberar a los hombres mientras éstos estén en condiciones de adquirir comida y bebida, vivienda y vestimentas en calidad y cantidad perfectas. La ‘liberación’ es un acto histórico, no un acto de pensamiento, y es efectuada por relaciones históricas, por el nivel de la industria, del comercio, de la agricultura, del intercambio.” – Karl Marx, “La ideología alemana”

“Entre la sociedad capitalista y la comunista está el período de la transformación revolucionaria de una en la otra. A lo cual corresponde también un período político de transición cuyo Estado no puede ser sino la dictadura revolucionaria del proletariado.” – Karl Marx, “Crítica al Programa de Gotha”

“El socialismo no es otra cosa sino el paso siguiente al monopolio capitalista de Estado. O de otro modo: el socialismo no es otra cosa que el monopolio capitalista de Estado usado en provecho de todo el pueblo y que, en esa medida, dejó de ser un monopolio capitalista.” – V. I. Lenin

“El capitalismo de Estado, que es uno de los principales aspectos de la Nueva Política Económica (NEP) es, bajo poder de los Soviets, una forma de capitalismo que está deliberadamente permitido y restringido por la clase trabajadora. Nuestro capitalismo de Estado se diferencia del capitalismo de Estado de los países que poseen gobiernos burgueses en el sentido que nuestro Estado no está representado por la burguesía, sino por el proletariado, que triunfó en ganar la total confianza del pueblo.” – V. I. Lenin, “A la diáspora rusa en América del Norte”

“Nos dicen que ‘necesitamos tener actividades comerciales’. Perfectamente. Precisamos de actividad comercial. Nos limitamos a estar en contra de los reaccionarios nacionales y extranjeros que nos impiden tener actividad comercial, pero no estamos contra nadie más. Es preciso que se sepa que son precisamente los imperialistas y sus lacayos, la camarilla reaccionaria de Chiang Kai-shek, quienes nos impiden comerciar con las potencias extranjeras y establecer relaciones diplomáticas con éstas. Cuando movilicemos todas las fuerzas, en el país y en el extranjero, para aniquilar a los reaccionarios chinos y extranjeros, habrá actividad comercial y será posible establecer relaciones diplomáticas con las potencias extranjeras en condiciones de igualdad, de voluntad mutua de respeto recíproco a la soberanía territorial.” – Mao Zedong, “Sobre la Dictadura Democrática del Pueblo”

“Para construir el socialismo es necesario desarrollar las fuerzas productivas. Pobreza no es socialismo. Para sostener el socialismo, uno que sea superior al capitalismo, es imperativo inicial la eliminación de la pobreza. De hecho, estamos construyendo el socialismo, pero eso no significa que lo que hemos conseguido hasta ahora esté de acuerdo con el patrón socialista. No hasta la mitad del próximo siglo, no será hasta entonces cuando hayamos alcanzado el nivel de los países moderadamente desarrollados, será entonces cuando podremos decir que realmente construimos el socialismo y declarar convincentemente que éste es mejor que el capitalismo. Nosotros estamos avanzando en dirección a ese objetivo.” – Deng Xiaoping

Socialismo con características chinas

El PCCh, de hecho, no afirma que China sea actualmente un país socialista, sino un país con una economía mixta, liderado por un Estado socialista, que está trabajando activamente en dirección al objetivo oficial de un “socialismo plenamente desarrollado” en 2049, año del centenario de la República Popular China.

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Jerarquía del Partido Comunista de China. No está permitida la representación de capitalistas más allá del Congreso del Partido, e incluso así, tienen una representación mínima (próxima al 1%).

Ahora vamos a observar la China moderna, del socialismo con características chinas, y la forma particular de su extraordinario desarrollo en los últimos 40 años, en una velocidad históricamente inédita:

  1. Nunca privatizó grandes industrias, que son todas de propiedad pública. Comparemos eso con el colapso de Yugoslavia, la Unión Soviética, etc., que fueron marcados por una inmediata absorción de la industria nacional por empresas privadas: transiciones reales al capitalismo.
  2. La tierra se mantiene colectivizada, siendo arrendada para entes privados por un tiempo máximo de 70 años. Mientras el nivel de vivienda es extremadamente alto en China si lo comparamos con otros países, la herencia de la propiedad no existe, ni una clase de terratenientes – como sí existía antiguamente.
  3. Los ricos no controlan la política. El Partido Comunista de China está compuesto casi completamente por representantes de la clase trabajadora, y poquísimos capitalistas. En el Congreso Nacional Popular, el más alto órgano dirigente, existían 26 empresarios privados de entre casi 3.000 congresistas que había en 2018.
  4. El PCCh es un sistema altamente meritocrático, en el cual las tomas de decisión democráticas van de los consejos locales hasta el Congreso Nacional, las autoridades son electas en un proceso rigurosamente democrático, y el Estado consulta casi obsesivamente a los ciudadanos sobre cada minucia de las cuestiones públicas.
  5. Nunca sufrió con los típicos ciclos de crecimiento y depresión de las economías capitalistas, en sus 40 años de desarrollo constante, con una tasa de crecimiento cerca del 10% anual, así como con métodos parcialmente privados de emprendimiento.
  6. El desarrollo de los segmentos más bajos de la sociedad china fue cercano al 40% desde 1979; mientras en los EEUU fue apenas del 1%. Posiblemente los EEUU no sean una buena comparación debido a las drásticas diferencias históricas, pero un ejemplo mucho mejor es India, otro país post-colonial que se desarrolló en el mismo período, que transitó al capitalismo: exponencialmente más desigual, casi ningún progreso o incluso retroceso para los segmentos más pobres de la sociedad.
  7. Representantes del PCCh supervisan todas las operaciones de las empresas, que están totalmente subordinadas al Estado. Ejecutivos, capitalistas y multimillonarios no controlan la política a través de “lobbies” o donaciones de campaña, y no están por encima de la ley como en el Occidente capitalista.
  8. Aproximadamente 1’5 millones de capitalistas y autoridades estatales castigadas por corrupción desde 2007, de los cuales el 17% fueron encarcelados o ejecutados. Comparemos eso con los países capitalistas que siempre recompensan los excesos y crímenes de sus élites, como los banqueros de Wall Street que causaron la crisis financiera global de 2008.
  9. Problemas reales creados por la construcción de la infraestructura económica a través de métodos capitalistas – como el desarrollo desigual, la desigualdad, malas condiciones de trabajo, corrupción, polución, etc. – son enfrentados públicamente y en términos claros. Políticas de corrección para cada uno de estos problemas ya han sido implementadas, y ya han obtenido resultados significativos.
  10. Las relaciones internacionales son siempre mutuamente benéficas, guiadas por la política milenaria de no interferencia, en apoyo al desarrollo independiente de regiones dominadas por el imperialismo. La Nueva Ruta de la Seda (BRI por sus siglas en inglés) busca construir una hermandad internacional de naciones ex-colonizadas, uniendo sus fuerzas contra la hegemonía capitalista y la dominación imperial.

Si la propiedad privada, el dinero, la producción de valor abstracto, la sociedad de clases y el Estado son abolidos prematuramente, cuando la lógica opresora y el poder del capital todavía controlan todo el mundo, China se volvería vulnerable tanto a la violencia imperialista externa como al sabotaje reaccionario interno (sin duda alguna bajo la bandera de la “democracia”). El PCCh se vería inmediatamente comprometido por elementos extranjeros infiltrados; el país podría ser dividido nuevamente por la guerra civil, y sometido de nuevo a la dominación imperialista. La Revolución China, por la cual millones lucharon, trabajaron incansablemente y sacrificaron sus vidas, habría sido en vano.

El marxismo es cualquier cosa menos rígido y dogmático, siempre fue sobre adaptarse a las condiciones objetivas, siempre en cambio, en cada período, usando todo lo que esté al alcance en dirección a los objetivos revolucionarios. La opinión de aquellos “baizuo” que afirman que China debería haber escogido el desastroso camino descrito más arriba, o al menos haberse mantenido subdesarrollada, pobre y flaca, a fin de satisfacer sus interpretaciones fundamentalistas del marxismo, no deben ser escuchados. Esos “izquierdistas” y “maoístas” modernos, miopes y cortoplacistas, adoran denunciar a la China moderna como una traición del socialismo, sin considerar que fue el fracaso de la izquierda occidental en hacer revoluciones exitosas en sus país lo que convirtió en necesario para los Estados socialistas existentes que se adaptasen a las condiciones globales del capitalismo neoliberal radicalizado.

Aquellos que afirman que 1.400 millones de personas, que durante 200 años han sufrido inmensamente bajo la cruel dominación colonial y capitalista, han olvidado tan rápido quién es su verdadero enemigo, no conocen mucho sobre el capitalismo, el colonialismo o el pueblo.

La lucha contra el capitalismo continúa, pero en el terreno económico. Porque la guerra es la forma del capitalismo, es el 90% del PIB estadounidense, mientras que el socialismo chino desarrolla alianzas con África, América del Sur, Europa y otras partes de Asia basadas en el desarrollo mutuo. Los socialistas irán a derrotar a los capitalistas en el (que ellos consideran suyo en exclusividad) juego de los mercados y, con una planificación racional, a través de encuentros pacíficos y la prosperidad de todos, pondrán fin a su hegemonía global.

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Escena del film “Hóngsè Niángzi Jun” (El Destacamento Rojo de Mujeres), dirigido por Xie Jin en 1961. La mujer dice: “Lucharemos hasta la liberación de todo el proletariado”.

Pero al mismo tiempo, la crítica y la autocrítica continúan, sin duda, siendo una parte central del pensamiento y la práctica maoísta. Y sí, como comunistas, debemos apoyar movimientos obreros auténticos de oposición a las fuerzas neoliberales, pero también debemos tener cautela y no repetir los mismos errores del ultraizquierdismo de hace 60 años, que resultaron en la catastrófica “Revolución Cultural”. El PCCh ha sido extraordinariamente competente y ha triunfado exactamente por adaptarse a la crítica, y abordar las demandas de los militantes a lo largo de los años. Nosotros debemos continuar siempre vigilantes, y no volvernos prejuiciosos o colocarnos en una confianza ciega en el Estado, que está siempre en riesgo de corromperse y desviarse, tanto (en el contexto del socialismo chino) a la izquierda como a la derecha.

Las enraizadas y arraigadas estructuras del capitalismo llevan 500 años construyéndose, y el sistema propietario del cual es una extensión, más de 6.000 años. Su disolución requiere estrategias en mayores escalas y duración de lo que son fácilmente entendidas por cualquier individuo sin muchos años de dedicación, y llevaron más de algunas décadas para desdoblarse.

Los liberales occidentales piensan en términos de informes trimestrales y ciclos electorales. Los comunistas de Oriente piensan en términos de siglos, si no directamente milenios.

Por He Zhao via “Medium”

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