Declaración internacional a favor de la República Popular China

Mientras el mundo neoliberal sigue lidiando con la pandemia del coronavirus, las naciones socialistas prácticamente la han superado, con un bajo costo en vidas.

Las sociedades capitalistas, en vez de iniciar un proceso de cuestionamiento de las políticas neoliberales impulsadas en casi todos los países desde la década de 1980, responsables de la destrucción de la salud pública por medio de su privatización y de la conversión de la medicina en un negocio con fines lucrativos, señalan a China como culpable de la pandemia. El racismo contra el Gobierno chino y el anticomunismo se expanden en la prensa mundial. El imperialismo yanqui miente al acusarla de haber generado el virus y por eso propone sanciones y expropiaciones contra China.

China sería responsable de la crisis económica, que a su vez sería producto de la pandemia, postulan unos. Por lo tanto, sería justo apropiarse de activos chinos en el mundo como recompensa. Sin embargo, se trata de una crisis largamente anunciada y de carácter estructural que se desató a más tardar a mediados del año pasado, con más el coronavirus.

Esta crisis tiene su esencia en la baja tasa de ganancia que bordea el número cero, en una sobreproducción internacional de mercancías y en un cúmulo inconmensurable de capital ficticio que ya no halla dónde colocarse para valorizarse. La crisis actual no es producto de la pandemia. De lo contrario, la pandemia podría significar un saneamiento e incluso una reestructuración de la economía basada en el capital financiero. Durante el cierre mundial de los países y del recluimiento de las personas en sus hogares, las economías solamente dejaron en funcionamiento a sectores que producen y mueven los elementos esenciales de la sociedad.

Otros creen ver en las medidas sanitarias tomadas internacionalmente la expansión de la “dictadura comunista de China” sobre el mundo, pero lo que ese país ha mostrado es una gran solidaridad internacional contra esta pandemia. Sus médicos y productos sanitarios han ayudado a numerosos países. Lo ha visto la población mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido el gran papel de Beijing en la lucha contra el COVID-19, mientras que el Gobierno de EEUU primero anunció el cese de su aporte y luego rompió con esa entidad.

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Médicos y trabajadores sanitarios sostienen una bandera del Partido Comunista de China, pieza clave en la lucha contra la pandemia de COVID-19 en la República Popular China.

La contraposición de los números de contagios y muertes dejan esto muy claro: China tenía el 1 de junio, según la información oficial, 83.017 casos confirmados de COVID-19 y 4.634 personas muertas a causa de la enfermedad. Los EEUU acumulaban 1.779.853 casos y 104.081 defunciones, según el recuento independiente de la Universidad John Hopkins.

¿Cómo pudo China controlar el virus? Fue por el carácter socialista de su economía, es decir, la economía centralmente planificada. La propiedad colectiva sobre la gran industria, incluida la industria de la sanidad, desde los centros de investigación biológica y genética hasta las industrias farmacéuticas; la capacidad de movilizar a la población masivamente contra la pandemia; el rol no parasitario del Ejército Popular de Liberación que envió miles de médicos y médicas a Wuhan. El EPL estuvo en la construcción de nuevos hospitales, el saneamiento de las calles, edificios y plazas, más tantos otros elementos propios de las sociedades socialistas. Eso fue decisivo para los resultados obtenidos, bajo la dirección política del Gobierno, el Partido Comunista de China y el presidente Xi Jinping.

Incluso en economías muchos más pequeñas que China, la planificación socialista de la economía (y, por ende, del conjunto de la sociedad) fue decisiva en la superación de la crisis. Cuba, con 11 millones de habitantes, controló el virus y ha enviado médicos a 25 países del mundo, incluso a países europeos “desarrollados”. Por eso adherimos a la campaña mundial por el Premio Nobel de la Paz a la Brigada Médica Cubana “Henry Reeve”, a la que invitamos a firmar pulsando este enlace.

Es lamentable que muchos caigan en el engaño, impulsado desde los centros del imperialismo, de atribuir a China una naturaleza capitalista e imperialista. Los sectores trotskistas son parte de quienes agitan esa falsificación anticomunista. En la práctica, dichos postulados no hacen un favor a la lucha del proletariado internacional por desatarse de las cadenas que les impone la explotación capitalista. Más bien lo contrario, juegan a favor del imperialismo, muy interesado en que China tenga una imagen negativa dentro de la clase trabajadora y sus aliados, como la pequeña burguesía democrática, el campesinado, los pueblos originarios, etc.

La clase trabajadora debe saber que sus nuevos levantamientos contra el gran capital, para buscar emanciparse de la esclavitud asalariada, no parten de cero sino desde una base sólida, con China, la RPDC, Cuba, Vietnam y Laos como respaldo. No es lo mismo para las y los trabajadores salir a luchar contra el gran capital y los monopolios de nuestras naciones, sabiendo que en este mismo presente ya existen naciones que durante décadas han continuado, con avances y retrocesos, con aciertos y desaciertos, consolidando la sociedad socialista.

Por eso expresamos nuestra gratitud a China, Cuba, la RPDC, Vietnam y también a otros países como Rusia, Irán o Venezuela por la solidaridad internacional. Por eso, nuestra Declaración Internacional de apoyo a todos ellos.

China saldrá muy fortalecida de esta crisis. También su imagen internacional ha mejorado sustancialmente. Muchos que creyeron que ese país era algo “malo” se han percatado de lo contrario. Estamos convencidos de que en los años venideros asumirá el primer lugar dentro de la política y economía mundial, lo que nos da esperanzas que un nuevo, mejor y superior orden social se avecina en todo el mundo.

La actual crisis económica y la pandemia se están cebando en enfermar y matar a los sectores más humildes de nuestros países. Eso demanda más lucha popular y revolucionaria, por la liberación nacional y social, y por el socialismo con las particularidades de cada país.

Apoyamos resueltamente la rebelión popular masiva y combativa que comenzó en EEUU luego del enésimo crimen racista policial que mató a George Floyd. El gobierno de Donald Trump confirmó su carácter represivo, racista y neonazi.

La pandemia y el crack económico indican que estamos ante una crisis global. Los sufrimientos populares y las rebeliones en el Imperio y otros países, más el prestigio del socialismo – sobre todo de China y Cuba – demuestran dos cosas: que no hay lugar para el derrotismo y que tiene más vigencia que nunca la consigna de “¡Socialismo o Barbarie!”

FIRMANTES:

  • Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) – PC(AP)
  • Partido de la Liberación (PL) – Argentina
  • Nuevo Partido Comunista de Aotearoa-Nueva Zelanda (NCPA)
  • Partido Comunista de Albania (PKSh)
  • Partido Comunista (Suiza)
  • Partido Vanguardia Popular (PVP) de Costa Rica
  • Unión Proletaria (UP – España)
  • Coordinadora Simón Bolívar
  • Partido Comunista de Kurdistán-Irak (KCP)
  • Partido Comunista Rumano (PCR)

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