La cuestión uigur

Durante algún tiempo, he estado advirtiendo al mundo sobre cómo Occidente, y los EEUU en particular, están ayudando a la radicalización de los uigures en la Región Autónoma de Xinjiang y fuera de ésta.

Y no solamente eso: he podido comprobar un movimiento de radicales uigures hacia algunos países como Indonesia, hacia Turquía, desde donde eran introducidos en brutales zonas de guerra como Idlib en Siria. Yo mismo he trabajado en el área de Idlib, con comandantes sirios, y hablo con conocimiento de los desplazamientos de población interna siria; víctimas de los genocidas ataques uigures.

La mayoría del pueblo uigur son musulmanes. Tienen su propia, antigua y específica cultura y la mayoría de ellos son, por supuesto, seres humanos muy decentes. La China del Noroeste es su hogar.

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Localización de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang dentro de la República Popular China (en rojo)

El “problema” es que Urumqi, capital de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, está localizada en el tronco principal de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) – un proyecto internacionalista, extremadamente optimista, que está preparado para conectar a miles de millones de personas de todos los continentes. La IFR es un proyecto de infraestructuras pero también cultural, lo que pronto pondrá a cientos de millones de personas fuera de la pobreza y el subdesarrollo.

En Washington están aterrorizados con la idea de que China tome el papel dirigente en la construcción de un futuro mucho más brillante para la Humanidad. Esto se debe a que, si China tiene éxito, podrá suponer el fin del imperialismo occidental y el neocolonialismo, llevándonos a una libertad real y a la independencia para decenas de, hasta ahora, naciones oprimidas.

Por lo tanto, Washington se ha decidido a actuar, con la intención de preservar el “statu quo” y su hegemonía alrededor del mundo.

Paso uno: antagonizar, provocar y demonizar a China de todas las formas posibles, ya sea sobre Hong Kong, Taiwán, el Mar de China Meridional o, el arriba mencionado, “problema uigur”.

Paso dos: tratar de convertir a una parte de una minoría nacional constitucionalmente reconocida de China – los uigures – en “rebeldes” o, más concretamente, terroristas.

Turquía, miembro de la OTAN, ofreció una mano a sus patrones de EEUU. Los uigures fueron llevados con sus familias a Estambul, con pasaportes turcos, hacia pisos francos del Sudeste Asiático. Después, sus pasaportes eran confiscados en Estambul. Muchos uigures fueron reclutados, entrenados y después transportados a una Siria devorada por la guerra. Grupos más pequeños se han quedado en lugares como Indonesia, uniéndose allí a los cuadros yihadistas. Cuando los grupos terroristas en Siria pasaron a estar prácticamente derrotados, algunos uigures fueron trasladados a Afganistán, donde también he trabajado e investigado.

No hace falta decir que Afganistán cuenta con una pequeña pero importantísima frontera con China.

¿Cuál es el por qué de toda esta compleja operación? La respuesta es simple: la OTAN/EEUU/Occidente esperan que unos combatientes yihadistas uigures, fortalecidos y bien entrenados, eventualmente acabarán regresando a Xinjiang. Allí, empezarían una lucha por la “independencia”, y en el proceso, sabotearían la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

De esta forma, China quedaría dañada, y su más poderoso proyecto global (la IFR) se vería gravemente perjudicado.

El Gobierno chino, naturalmente, está alarmado. Está claro que Occidente ha preparado esta brillante trampa: 1) si China no hace nada, se tendrá que enfrentar a una peligrosa amenaza terrorista en su propio territorio. Recuerden a la Unión Soviética siendo arrastrada a Afganistán, siendo mortalmente herida por muyahidines apoyados, financiados y entrenados por Occidente. Éstos tienen una larga historia de utilizar el Islam para sus designios maquiavélicos. 2) Si China hace algo para protegerse, en autodefensa, será atacada por los políticos y grandes medios occidentales. Y esto es precisamente lo que está sucediendo ahora.

Todo está listo, preparado.

El 12 de septiembre de 2019, el “South China Morning Post” de Hong Kong reportaba:

“El Senado de EEUU aprueba la “Uyghur Human Rights Policy Act” llamando a sanciones contra políticos chinos sobre los campos de Xinjiang.

La ley urge a la administración de Trump a prohibir la exportación de bienes y servicios a agentes estatales en la región china donde un millón de uigures están retenidos.

Beijing describe el movimiento como una ‘desagradable interferencia en los asuntos internos de China’.”

Naturalmente, la autoproclamada “Ley de Derechos” para interferir en los asuntos internos de Xinjiang es un gran ejercicio de hipocresía e intimidación.

No olvidemos que los EEUU están tratando al pueblo musulmán con un absoluto desprecio. Incluso les prohíbe entrar en el país, si viven en ciertas naciones. Ellos les bombardean arbitrariamente en Pakistán, Afganistán y donde sea, sin preocuparse en absoluto por la pérdida de vidas civiles. Torturan a musulmanes, y les humillan en su país e incluso en sus propios países.

Y francamente: tratando de alentar una insurgencia uigur en China, Washington está haciendo un evidente gran daño a los propios uigures, y a toda la gente de la China del Noroeste. No solamente está mal; los EEUU están cometiendo un crimen de lesa humanidad.

China es un país multinacional y multicultural. La cultura islámica es parte de la identidad de la República Popular China. Sugiero a cualquiera que dude de esto que viaje a Xi’an, una de las tres antiguas capitales de China.

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Minarete de estilo chino en la Gran Mezquita de Xi’an

Xi’an es donde se originó la antigua Ruta de la Seda – antigua IFR, según algunos. Desde entonces hasta hoy, sigue siendo una ciudad orgullosa de sus tremendos monumentos islámicos, así como una maravillosa variedad de música y comida de tradición musulmana. Cada año, decenas de millones de visitantes chinos viajan a Xi’an, para entender su legado y disfrutar de su cultura. La ciudad es amada y apreciada, principalmente por su vibrante identidad islámica.

Roza el sinsentido que se acuse a China de “anti-musulmana”. Tanto China como Rusia han sido mucho más tolerantes hacia el Islam que Occidente. Históricamente y actualmente.

Y es un sinsentido del mismo estilo afirmar que China está construyendo “campos de concentración” en Xinjiang.

La postura de China es clara: lo que Occidente describe como campos de concentración son “centros de entrenamiento vocacional” donde los alumnos pueden aprender chino mandarín y obtener habilidades profesionales para dejar de ser víctimas del terrorismo y el extremismo religioso. Un grupo de líderes musulmanes indonesios, que obtuvieron acceso a los llamados “campos de concentración” en Xinjiang, le contaron recientemente a un colega mío que la gente que estaba en esos centros podían ir a dormir cada noche a sus casas.

No se parece demasiado a Guantánamo, francamente hablando.

Los EEUU, como “juez” autoproclamado – que tiene cientos de prisiones de alta seguridad, repartidas por todo el país. Es bien sabido el hecho de que han lanzado a gente frecuentemente inocente al gran negocio (privatizado) que supone la cárcel, ya desde hace muchas décadas. ¿Cómo puede un país con uno de los mayores números de prisioneros en el planeta (per cápita) atreverse a aleccionar a nadie sobre la justicia? Realmente es un gran misterio

¿Cuál es el propósito de estos actos?

La respuesta es fácil: es la determinante falta de voluntad de los EEUU de compartir la influencia en el mundo, con otros países mucho más humanistas como China; es su falta de voluntad para competir, en base a las buenas ideas y a la buena voluntad.

Cuanto más nihilista se vuelve la política exterior de EEUU, más acusa a los demás de “asesinato”.

La manera en la que funcionan las cosas es simple: Washington crea algún conflicto terrible en algún lugar. Cuando el país-víctima trata de resolver el conflicto, y hablando vulgarmente “extingue el fuego”, es acusado de “violación de derechos” y es machacado con sanciones.

Todo esto tiene que parar, de alguna forma, pronto. Esta política de Washington condena a millones de vidas humanas a la agonía.

Por Andre Vltchek (Global Research)

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