El pacto “secreto” de 25 años entre Irán y China: contra EEUU y con la bendición de Rusia

Desde la resurrección de Rusia del cementerio geopolítico y el ascenso irresistible de China, tanto el demócrata Obama como el republicano Trump han cometido dos graves errores geoestratégicos en Eurasia, en medio de la declinación global y doméstica de EEUU, que vive una subrepticia guerra civil y que otros equiparan con una guerra de clases y/o guerra cultural.

El grave error de Obama fue haber arrojado a Rusia a los brazos de China, países que han conformado una asociación estratégica cuyos alcances y envergadura no son conocidos por el gran público.

Jerárquicamente, el grave error geoestratégico de Obama rebasa el otro error cometido por Trump, azuzado por su gran aliado el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, correligionario de su yerno talmúdico Jared Kuschner.

Netanyahu empujó a Trump a romper el creativo acuerdo nuclear con Irán – forjado por Obama, del 5P+1: los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania – para aplicar la “máxima presión” de asfixiantes sanciones económicas y obligarlo a un nuevo tratado favorable a Tel Aviv, lo cual orilló a Teherán a arrojarse a los brazos de Pekín.

El peor error geoestratégico de Trump, además de romper el acuerdo que había concretado Obama sobre el contencioso nuclear iraní, fue haber ordenado el asesinato – mediante un dron – del icónico general iraní Soleimani y su acompañante iraquí Abu Mahdi al Mohandes, que quizá no dejó más opción a la teocracia chiita iraní que acelerar los últimos detalles de su pacto estratégico con China por un cuarto de siglo.

Los dos errores de Obama y Trump han de estar revolcando en su tumba al geopolítico inglés Halford MacKinder, a quien le hicieron añicos todos sus axiomas euroasiáticos en los que se basó el dominio anglosajón de EEUU y Reino Unido para controlar al mundo. Curiosamente, el acercamiento entre sí de Irán con dos superpotencias, Rusia – la máxima superpotencia nuclear, en la era de sus armas hipersónicas – y China, máxima superpotencia geoeconómica – cuando se mide su PIB mediante el poder adquisitivo y/o poder de paridad de compra – expone la orfandad euroasiática de EEUU, que ha sufrido serios descalabros en todo el Gran Medio Oriente y a quien solo le queda el aleatorio salvavidas de India – quien, por cierto, mantiene óptimas relaciones con Rusia.

Simon Watkins, de “Oil Price”, informa que hace un año el canciller iraní Mohammad Zarif visitó a su homólogo chino Wang Li para presentarle una hoja de ruta sobre una “asociación estratégica integral” de 25 años entre China e Irán, que se añade a su acuerdo previo de 2016.

Al parecer existen rubros secretos a los que “se les ha añadido un nuevo elemento militar” con tácita bendición rusa, lo cual tendrá “enormes implicaciones en la seguridad global”.

Entre los supuestos elementos secretos del pacto firmado hace un año, “China invertirá 280.000 millones de dólares para desarrollar los sectores del petróleo, gas y petroquímica de Irán” y que serán devengados en el primer período de 5 años del total de 25.

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Un soldado iraní sostiene las banderas de la República Islámica de Irán y la República Popular China (FOTO: Sputnik)

En el primer período quinquenal también China invertirá 120.000 millones de dólares para mejorar el transporte – trenes bala y metro – y la infraestructura manufacturera de Irán, a cambio de que las empresas chinas compren los productos de petróleo/gas/petroquímicos a un descuento mínimo garantizado del 12% y otro tipo de formulaciones econometristas que favorecen a China.

Sobresale que China tendrá una gracia de diferir hasta 2 años el pago de sus compras, que serán realizadas en yuanes – su divisa. Este rubro tiene la virtud de sortear el sistema SWIFT de pagos que controla Occidente.

Los iraníes son legendarios mercaderes y ya encontrarán salidas creativas para cambiar la divisa china desde Qatar hasta Estambul y recibir divisas duras, mientras el yuan se fortalece y se internacionaliza. La infraestructura de Irán estará alineada con el “proyecto geopolítico multigeneracional” de la Nueva Ruta de la Seda.

Cabe señalar que Irán ostenta 15 fronteras: siete terrestres con Afganistán, Armenia, Azerbaiyán, Irak, Pakistán, Turquía y Turkmenistán; dos en el Mar Caspio con Rusia y Kazajistán; y sus límites marítimos en el Golfo Pérsico con las 6 petromonarquías árabes de Kuwait, Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán, lo que arroja un total de 15 fronteras iraníes que compartirán un espacio común con las 15 fronteras de China.

El problema de Irán no es su conectividad geopolítica, sino su asfixia geofinanciera que ha llevado a una brutal devaluación de su divisa, el rial, y las irrespirables sanciones de Trump para la exportación de sus hidrocarburos.

El pacto secreto por un cuarto de siglo no solo diluye la guerra multidimensional de Trump contra Irán, sino que le posiciona como un pivote de primer orden en el espacio compartido de las fronteras de 30 países que comparten Teherán y Pekín.

China se siente hoy con la capacidad de sortear las sanciones de Trump y hasta de eludir la segunda frase de negociaciones comerciales con EEUU.

El pacto ha puesto nerviosos a los EEUU y a Israel, a grado tal que el pugnaz Secretario de Estado, el evangelista sionista y anterior Director de la CIA, Mike Pompeo, fue a presionar a Netanyahu para abandonar todos los planes de inversión china en Israel.

Trump se ha refocilado, por motivos electoreros, de propinar un tsunami de sanciones contra China, bajo mil pretextos, en particular, contra el 5G de “Huawei”.

Trump ha llevado las tensiones hasta colocar dos portaaviones en el Mar del Sur de China y a estimular la venta de armas por “Lockheed Martin” a Taiwán, mientras EEUU azuza a India contra China y agita en forma teledirigida a los uigures en la región autónoma de Xinjiang en China, sin contar las presiones de Trump para que la anglosfera en general – desde Reino Unido hasta Australia – abandone la presencia de “Huawei”, bajo la justificación de la nueva Ley de Seguridad de Hong Kong.

“The Duran” juzga que el acuerdo de China con Irán constituye “un enorme golpe a las aspiraciones de EEUU en Asia Central”.

Después de un año (en realidad, cuatro) “The New York Times” – hoy más cuestionado que nunca hasta por sus propios columnistas, que critican que se basa más en “tweets” que en el análisis y la investigación, que le habían dado su gloria de antaño y que se diluyó con sus mentiras de destrucción masiva en Irak – publica un documento filtrado que condimenta con la sal del Departamento de Estado, pero que exhibe la angustia de Trump.

Entre los condimentos y edulcorantes al gusto de “The New York Times” se encuentran las facilidades portuarias que Irán le otorgará a China, donde resaltan dos puertos a lo largo de la costa del Mar de Omán, en particular el puerto de Jask, afuera del Estrecho de Ormuz y entrada al Golfo Pérsico, “que le daría a China un punto estratégico de ventaja en donde transita gran parte del petróleo mundial”.

Otra inquietud del diario neoyorquino se centra en el ejercicio naval conjunto de Irán y Rusia en diciembre pasado en el Golfo de Omán, al que se sumó el destructor misilístico “Xining” de la Marina Popular de Liberación de China.

Los anales futuros de la Historia en Occidente se preguntarán: “¿Quién perdió a Irán?”. Lo seguro es que Rusia y China se ganaron a Irán.

Por Alfredo Jalife-Rahme

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