Comunicado del MGS: Tras el avance electoral, fortalezcamos el soberanismo con más lucha y organización

El pasado 12 de julio Alberto Núñez Feijóo y el Partido Popular alcanzaron su cuarta mayoría absoluta en el Parlamento de Galiza, lo que implicará cuatro años más de políticas neoliberales y españolizadoras contra las clases populares de nuestro país. Cuatro años en los que será decisiva la capacidad movilizadora que el soberanismo tenga para intentar frenar las políticas de recortes que se apliquen tanto por el gobierno en Madrid como del gobierno de la Xunta en este nuevo ciclo de crisis económica.

Ante el panorama político que deja el 12-J es conveniente analizar los resultados y el importante avance electoral del soberanismo de forma realista y sin más triunfalismo del necesario, pues la última década demuestra entre otras cosas que el voto es muy volátil y la situación puede cambiar enormemente en poco tiempo.

Las soberanistas somos conscientes de que avance electoral no es necesariamente lo mismo que avance a nivel político o social. En este proceso el BNG recuperó cifras de votos como las de finales de la década de 1990 e inicios de los 2000, pero es evidente que el soberanismo cuenta todavía en estos momentos con menos tejido social organizado, menos militancia movilizada y que en general existe un menor nivel de movilización social que entonces.

El BNG tiene un enorme reto por delante y los resultados históricos del 12-J son un buen punto de partida, primero porque refuerzan la apuesta de estos últimos años por mantener una voz soberanista y de ruptura con el Régimen del 78 con independencia de lo que parecían demandar los ciclos electorales y segundo porque la organización suma recursos, visibilidad y mucha capacidad de trabajo, multiplicando las voces y manos que a partir de ahora la representarán en el Hórreo.

La subida electoral trae consigo la adhesión electoral de nuevas capas de votantes, entre ellas algunas que probablemente no se identifican todavía con el ideario soberanista en su plenitud (aunque lógicamente no son hostiles a él). Esto debe servir de punto de partida para una estrategia de mayor politización y concienciación de esos sectores, principalmente en el plano nacional y en cuanto a la necesidad de un proyecto de ruptura democrática. No se trata, por tanto, de adecuar circunstancialmente el discurso o el programa a las supuestas prioridades de esos nuevos votantes, sino de politizar y acercar a esas personas que hoy acreditan en la opción del BNG los principios y objetivos del soberanismo de izquierda y sumar militancia activa capaz de multiplicar la capacidad movilizadora del frente.

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Movilización del BNG en Compostela, en la que se pueden ver dos grandes “estreleiras” o “Bandeiras da Pátria”.

Sabemos que la hegemonía del Partido Popular no puede ser revertida ni derrotada solo con campañas electorales, trabajo institucional, estrategias comunicativas o con las virtudes del liderazgo público de cada momento: es preciso un trabajo de largo aliento a pie de calle, en todos los espacios de organización y en todas las luchas, potenciando el tejido social en cada ámbito, acompañando y favoreciendo la movilización y el conflicto. Más todavía en un contexto de mayoría absoluta de la derecha neoliberal de Feijóo y de una UE que va a vender caro el rescate al Estado Español tras la crisis de la COVID-19.

En este 12-J los resultados de las zonas donde hubo movilizaciones recientemente (o, yendo más atrás, el hecho de que el fraguismo solo fuese derrotado tras el ciclo de movilizaciones de “Nunca Máis”, “Non á Guerra”, LOU, huelgas generales…) demuestran que el camino del conflicto es el que más eficazmente permite politizar, concienciar y por tanto minar la hegemonía de la derecha. Esta deberá ser la tarea prioritaria en estos cuatro años si aspiramos a modificar sustancialmente la correlación de fuerzas.

En relación a la campaña y a las expectativas creadas en ella (ahora dirigidas a 2024) sobre la posibilidad de un gobierno autonómico liderado por el BNG, hay que constatar que en el soberanismo no hemos tenido aún un debate sosegado y colectivo sobre la posibilidad de ocupar nuevamente la Xunta de Galiza: para qué queremos gobernar, cómo, con quién, bajo qué condiciones… El hecho de que ese escenario sea factible en 2024 debe hacernos responder esas preguntas y reflexionar sobre los errores que cometimos en fases y experiencias pasadas, y que son precisamente los que nos llevaron a la dura travesía en el desierto que ahora, aparentemente, termina.

En la última década el BNG emprendió colectivamente un difícil pero necesario cambio de rumbo, un proceso de autocrítica, reorientación y refundación, que no puede ser obviado y que sin duda cimentó también la recuperación electoral que hoy vemos. Entre las conclusiones de ese proceso, que hay que evitar olvidar, están:

  • El valor de la militancia política y de la constancia y firmeza en los principios ideológicos, incluso cuando hay llamados, externos e internos, a abandonarlos en favor de mejoras electorales inmediatas. Esa apuesta es la base de la estabilidad del BNG hoy y de que seamos depositarias nuevamente de la confianza de muchas votantes.
  • Evitar las tentaciones de homologarnos (ni en el fondo ni en las formas) a las fuerzas del sistema, presentándonos siempre como un proyecto de ruptura y transformación social con un pie fuera y otro dentro de las instituciones, colocando éstas al servicio del pueblo y del cambio real de la sociedad.
  • Conservar, reforzar y potenciar los mecanismos de democracia interna, y nuestro carácter frentista, plural y unitario en base a los objetivos y los principios compartidos. Ser plurales y aceptar que las diferencias no impiden trabajar juntas en la mejora de la organización y de sus avances sociales e institucionales.
  • Potenciar los factores y los valores colectivos (que siempre fueron nuestra principal fuerza) frente a los individuales. El conjunto de la militancia como motor de acción política.
  • Fortalecer la acción social (en la línea por ejemplo de lo aprobado en la estrategia “Avanza Galiza”, pendiente de desarrollo en su mayor parte) y no solo el trabajo institucional y en base a los ciclos electorales.
  • Hablar para las mayorías sociales, particularmente la clase trabajadora, y sobre su realidad material, no solo dando respuesta inmediata a sus problemas sino evidenciando la razón de los mismos y su relación con el actual marco político y social.
  • Que el discurso y el mensaje colectivo se decidan con criterios políticos y no solo en gabinetes de comunicación o marketing. Abandonar experiencias pasadas en las que la propaganda vacía tuvo más peso que la acción o el discurso político.
  • Recuperar el perfil y discurso explícitamente soberanista, que estuvo en buena parte ausente en esta campaña, a excepción de algunas voces. Ser pedagógicos pero firmes en los principios, sin miedo ni complejos de decirle la verdad a la gente. Sin dejarse llevar por quien celebra el posible abandono de la línea soberanista como un triunfo del pragmatismo político. El papel de algunos medios de comunicación en los últimos días de la campaña y con posterioridad al 12-J con llamamientos a dejar de lado los discursos más avanzados, particularmente desde algunos de perfil claramente españolista y reaccionario, demuestran que existe una voluntad clara de intentar “domesticarnos” y que dejemos de ser un proyecto claramente confrontado con este régimen.

Atendiendo a estos acuerdos adoptados en el proceso de reconstrucción del frente es necesario afrontar el nuevo ciclo con perfil y discurso soberanista, con firmeza ideológica y la movilización de las mayorías sociales para enfrentar las políticas de los gobiernos de la Xunta y Madrid.

En particular será necesario definir bien nuestro papel ante PSOE/Podemos en esta fase en la que los recortes y los ajustes los pagarán las clases populares. A pesar del voto favorable en la investidura (en base a un acuerdo del que todavía no se ha cumplido ni una línea), es preciso visibilizarnos claramente como oposición desde la izquierda y el soberanismo para sumarnos al resto de voces de las naciones sin Estado que reivindican en la acción parlamentaria del Congreso español la ruptura con el Régimen del 78 y la apuesta por una transformación social real, que no haga pagar a las trabajadoras las crisis del capital. Debemos asumir colectivamente la responsabilidad de confrontar con un Estado centralista y antidemocrático, entre otros motivos para no dejar espacio libre al fascismo.

Por último, pensamos que no procede atender ni mucho menos hacer llamamientos del tipo “gran acuerdo social por la reconstrucción”, que invocan desde la derecha hasta el conjunto de los llamados “agentes sociales”, en una especie de equivalente gallego de los nuevos Pactos de La Moncloa que coherentemente hemos criticado. La superación de la dura situación social que se presenta ante nosotros no vendrá del pacto social, sino de la movilización, el conflicto y la suma de fuerzas por la ruptura, desde la izquierda y desde el soberanismo, de esta cárcel de pueblos que es el Estado Español.

La nueva fase en la que entramos está llena de riesgos, pero también de oportunidades para que el avance del soberanismo vaya más allá de lo electoral y se cimiente así sobre bases más firmes que permitan avances políticos reales. Trabajemos desde ya para eso.

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Movemento Galego ao Socialismo (MGS)

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