Nazis y narcos en la Costa del Sol, ¿historias paralelas?

Si por casualidad visitan el Museo del Aeropuerto de Málaga encontrarán un panel en el que se explica cómo la situación social y económica de la provincia estaban a punto de colapsar a finales de las décadas de 1940 y 1950, de ahí que el aeropuerto se convirtiese en un elemento estratégico para revertir la situación y traer bienestar y desarrollo gracias a una incipiente explotación de las oportunidades turísticas que la costa occidental de la provincia podía ofrecer.

No sería hasta casi una década después que esa apuesta estratégica de las oligarquías locales y del Estado franquista diera sus frutos, sin embargo, esos frutos no se repartirían de una forma equitativa, ni de ninguna manera darían lugar a un bienestar o un desarrollo generalizados, serían los oligarcas franquistas locales los primeros en beneficiarse del modelo de explotación económica que se iba a instaurar en la franja litoral occidental de la provincia de Málaga; como explica el historiador Carlos Arenas Posadas en su obra “Poder, Economía y Sociedad en el Sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz” (2016), los caciques locales fueron adquiriendo a un coste irrisorio terrenos que anteriormente se dedicaban a uso agrícola para después venderlo para uso urbano, un negocio redondo: “En la Costa del Sol occidental no les fue muy complicado a los caciques tradicionales de la zona convencer a multitud de medianos y pequeños campesinos para que vendieran sus parcelas anteriormente dedicadas al cultivo de uvas, hortalizas y cañas dulces. El negocio prometía ser rentable; el precio del metro cuadrado de suelo rústico en la década de 1940 era de 5 pesetas en Torremolinos y de 10 céntimos en Fuengirola. Entre 1957 y 1965 el precio del suelo en la costa se multiplicó por 50 según datos del Gobierno Civil de Málaga. La oportunidad era única para quienes poseían o compraron suelo y tenían buena información, perspectiva de futuro, conexión política, e influencia sobre el vecindario. Málaga reproducía el modelo oligárquico de desarrollo que le había caracterizado en el siglo anterior, aunque ahora eran otros apellidos los que se dividieron armoniosamente el territorio a modo de ‘feudos’, como lo llamaron los contemporáneos. José Antonio Girón de Velasco, Ministro de Trabajo de aquella época, localizará su feudo en Fuengirola; Alfonso de Hohenlohe y Banús en Marbella; la familia Bolín, en Benalmádena; José Meliá, en Torremolinos. Según la Cooperativa de Promotores de la Costa del Sol, que Girón de Velasco presidió en la década de 1960, los ‘españoles’ acaparaban el 75% de los beneficios de la reconversión del suelo rústico en urbanizable. La especulación urbanística fue afectando a espacios cada vez más alejados de la costa, a pie de monte, en parajes recónditos, incluidos torrenteras y lechos de ríos, burlando una legislación exhaustiva pero inoperante”.

Lo que ocurrió a partir de entonces en ese espacio que se ha venido llamando de forma colonialista como “Costa del Sol” solo se puede entender en un contexto andaluz de opresión nacional, dependencia y subordinación, con unas élites locales que ejercen un poder omnímodo encargadas de mantener disciplinada a la clase obrera y sectores populares. En cuanto a la denominación de “Costa del Sol”, fue inventada por el austriaco Rudolph Lussnigg en la década de 1920 como gancho para atraer turistas y posteriormente popularizada por los jerarcas fascistas antes nombrados.

Fue en la última década del franquismo cuando la Costa del Sol empezó a llenarse de mafiosos italianos. Generalmente, venían de la mano de los fascistas italianos a los que Carrero Blanco solía dar refugio después de cometer sangrientos atentados en Italia. La cuestión era sencilla: el régimen franquista hacía la vista gorda y permitía a estos mafiosos, en un principio de la Camorra napolitana y de la Cosa Nostra siciliana, escapar a la Costa del Sol huyendo de algún ajuste de cuentas o de algún requerimiento judicial a cambio de dos cosas: una, fundamental, que no hubiera derramamiento de sangre, la otra, que invirtieran su dinero en el incipiente negocio hostelero y urbanístico de la Costa del Sol. Fue así como las diferentes mafias se fueron asentando, acuñándose con el tiempo el término “Costa Nostra”; estaban ahí, todo el mundo lo sabía, pero no hacían ruido y hasta pasaban desapercibidos. Tras la muerte de Franco, los sucesivos gobiernos de la UCD y el PSOE continuaron con el mismo pacto no escrito. Hasta que la URSS y las democracias populares de Europa del Este se desmoronaron, llegó la mafia rusa con la violencia y la ambición por banderas; éstos no entendían de pactos y comenzaron con una macabra orgía de sangre sin precedentes. Al final los italianos acabaron rompiendo el pacto y comenzaron a ejecutar “vendettas” en Mijas, Fuengirola, Marbella o Estepona, y junto a ellos georgianos, moldavos, albaneses, turcos, búlgaros, colombianos, irlandeses, suecos, mexicanos, corsos, franco-argelinos, etc.; cada grupo mafioso se iría especializando, por ejemplo, los colombianos en el tráfico de drogas y los asesinatos a sueldo. Mientras todo esto ocurría firmaban suculentos negocios con Jesús Gil, sin embargo, la orgía de sangre se llegaría a cobrar la vida de un niño de 7 años en 2004, en un ajuste de cuentas en Marbella en el que también cayó asesinado un ciudadano italiano de 36 años.

En esos años, a pesar de su discreción, destacaría la figura del empresario judío británico Judah Binstock, el que era considerado como el verdadero poder en la Marbella de Gil y auténtico dueño de la ciudad, relacionado no solo con el Ayuntamiento de Marbella – especialmente con Juan Antonio Roca – sino con el que fuera todopoderoso número 2 de la Junta de Andalucía del PSOE durante los gobiernos de Manuel Chaves, Gaspar Zarrías. El misterio siempre ha rodeado la figura de Binstock: presuntamente relacionado con el conocido traficante de armas sirio Monser Al-Kasser y en general con el tráfico de armas, así como con el Mossad israelí, etc. Murió en un accidente doméstico, siempre según su entorno, en diciembre de 2016, en su mansión de La Magnolia (Marbella).

Como hemos dicho antes, la presencia de elementos fascistas internacionales tuvo lugar, por un lado, con el desembarco de la Camorra napolitana en lo que se refiere a elementos fascistas italianos que participaron en los “Años de Plomo” y bajo el manto protector del franquismo, sin embargo, por otro lado, ya mucho antes tras la derrota de la Alemania nazi, se produciría la primera llegada de refugiados fascistas acogidos por el franquismo; el caso más conocido sería el del destacado nazi belga fundador de la Legión Valona adscrita a las Waffen-SS, Léon Degrelle, que moriría en Málaga en 1994, tras ser acogido y asilado por el régimen franquista en 1945. Pero la lista de nazis que encontraron refugio en la Costa del Sol es mucho más amplia: Wolfgang Jugler, último jefe superior de asalto de la Primera Compañía de Escolta SS “Adolf Hitler”; el noruego de las SS, Fredrik Jensen – condecorado por Hitler – o Hans Hoffmann, oficial de la Gestapo y diplomático. Curiosamente, su hijo Juan Germán Hoffmann acabaría siendo buscado por la Interpol al estar involucrado en la Operación Malaya, acusado de ser el testaferro de Juan Antonio Roca. Un caso particular y mucho más reciente fue el del austriaco Gerd Honsik, conocido autor negacionista, detenido en Benalmádena y extraditado a Austria en 2007, que tuvo una notable influencia y especial relación con el movimiento neonazi en Málaga, agrupado entonces en el partido “Alianza Nacional”.

Hasta aquí estamos hablando en paralelo, es decir, por un lado de mafias y por otro de nazis, aunque en el caso de los fascistas italianos y de la Camorra napolitana al parecer sí hubo cierta colaboración a la hora de procurar alojamiento, trabajo, ofertas de negocio, etc., pero en general, que se sepa, han compartido espacio en paralelo sin relacionarse más allá de estos casos o de lo meramente puntual, hasta que el pasado mes de diciembre de 2020 fueron detenidas por la Guardia Civil tres personas, dos alemanes y un británico, acusadas de proveer de armamento a las bandas de narcos de la Costa del Sol y de la vecina comarca del Campo de Gibraltar. Uno de los ciudadanos alemanes, detenido en Coín, se encargaba de adquirir armas en Europa Oriental, les cambiaba el cañón, borraba el número de serie, las pintaba y quedaban como nuevas; el otro alemán, detenido en Alhaurín el Grande, las almacenaba, mientras el británico, detenido también en Coín, se encargaba de vender las armas ya modificadas a las bandas de narcotraficantes. La Guardia Civil se hizo con el siguiente arsenal: 121 armas cortas, 22 fusiles de asalto, 8 subfusiles, 273 cargadores y una granada anticarro con un kilo y medio de explosivo. Hablamos de AK-47, fusiles de asalto que se fabricaban en la desaparecida Yugoslavia como los Zastava M70, etc. Armamento de guerra que ha sido ya utilizado en los llamados “vuelcos” entre narcos, enfrentamientos entre bandas, ajustes, etc. Recordemos por ejemplo que en febrero de 2020 un jubilado murió por una bala perdida que procedía de un fusil Kalashnikov en un tiroteo en el barrio malagueño de La Palmilla.

La cuestión es que uno de los alemanes detenidos, concretamente el que hacía las labores de almacenamiento en Alhaurín el Grande, está vinculado a grupos neonazis en Alemania, según la escasa información que ha dado la Guardia Civil sobre la identidad de los miembros del grupo. En el almacén, además de las armas, los agentes encontraron todo un museo de temática nazi: banderas, uniformes, etc. Según diversas informaciones, ese ciudadano alemán podría ser Tilo Kranzler, quien alardeó en un programa de radio de ser el nieto del chófer de Hitler, algo que no está del todo demostrado y que probablemente no sea cierto, pero, en todo caso, indicaría su clara inclinación ideológica.

A partir de aquí surgen tres preguntas que consideramos básicas: la primera, ¿ha podido haber más casos como este? La segunda, ¿ha podido servir esta actividad para financiar a grupos neonazis en Alemania o incluso en el Estado Español? Y la tercera, ¿qué relación ha podido tener este ciudadano alemán con grupos neonazis locales de Málaga, del resto de Andalucía y del Estado Español? Por la información publicada hasta ahora no podemos responder a estas preguntas, ni por prudencia, lanzar ninguna hipótesis, pero no deja de ser inquietante la posibilidad de contactos con grupos fascistas locales, dados los antecedentes del negacionista Honsik o del mismo Léon Degrelle.

La cuestión es que poco o nada está trascendiendo de esta operación de la Guardia Civil que por su relevancia y sus, digamos, curiosidades, debería haber sido objeto de más atención mediática. En todo caso, todo esto no hace más que poner de relieve el papel asignado al litoral andaluz en general, muy especialmente a dos comarcas vecinas, la ya aludida de la Costa del Sol y la del Campo de Gibraltar, donde el lujo y la opulencia de una corre en paralelo a la degradación social de la otra. Igualmente, este papel asignado al litoral andaluz nos ha de hacer llegar a la conclusión de que todo esto solo es posible en un País Andaluz configurado en la dependencia, la subordinación y en el desarrollo del subdesarrollo.

Por Antonio Torres

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