La Cultura OnlyFans: la juventud en peligro

En el marco de la crisis mundial generada por la pandemia de la COVID-19 millones de mujeres jóvenes, muchas desempleadas a raíz de la crisis, se ven atraídas por el discurso liberal e individualista de “empoderamiento femenino” a través de la mercantilización de su cuerpo. El auge de las plataformas virtuales en las que millones de mujeres ofertan “trabajo sexual”. La degeneración del liberalismo, el discurso individualista y la lumpenización de las mujeres.

Qué es OnlyFans, el “libre mercado” del deseo

Para desarrollar más sobre los riesgos de OnlyFans partamos de la explicación de qué queremos decir cuando hablamos de OnlyFans o Patreon.

OnlyFans es una plataforma virtual de entretenimiento en la que celebridades de Internet ofrecen material exclusivo e íntimo a sus seguidores a cambio de una suscripción mensual que varía entre 5 y 50 dólares según la popularidad del creador. Patreon es una ciber-herramienta similar a OnlyFans pero vinculada a la circulación de material relacionado con el arte, el ejercicio físico, maquillaje o moda.

Como es de esperar, estas herramientas que fueron creadas para apoyar a creadores de contenido de entretenimiento cuyas ganancias son generadas por vías autogestivas, son hoy aprovechadas para fines desviados de su objetivo principal. Estamos hablando de que actualmente estas plataformas son vinculadas con el tráfico de contenido categorizado como “NSFW” (siglas referenciales a “Not Safe For Work” o “No Seguro Para (consumir) en el Trabajo) o, dicho de otra manera, pornografía. Contenido cuya circulación no es regulada por ninguna institución de jurisdicción virtual, carencia que se ve reflejada en otras consecuencias como la presencia de menores de edad ofreciendo pornografía a pedófilos, o creadores ofertando contenido extremadamente violento. Es llamativo el fenómeno de que cada vez más youtubers o influencers de otras redes sociales vinculadas a la estética, la música y otros géneros similares crean contenido para adultos en otras plataformas de forma paralela.

Cuando hablamos de OnlyFans hablamos de la cúspide del “libre mercado”, en el que cuanto más paga el suscriptor más contenido puede exigir, y más extremo, ofreciendo la libertad de sugerir el género de contenido que prefiera el consumidor. Es así como se le reclama total disposición al creador de contenido, atándolos a la preferencia de su empleador y poniendo en riesgo su moral, salud psicológica y su reputación a cambio de dinero. ¿Es esto esclavitud sexual o trabajo digno? ¿Puede el tiempo de un creador asemejarse a la fuerza de trabajo de los obreros asalariados? ¿La prostitución es un trabajo como cualquier otro? ¿Es el deseo un bien comercializable como cualquier otro, como el pan o la leche?

El éxito de OnlyFans se trata de una cuestión puramente circunstancial, con un crecimiento del 75% durante 2020 cuenta ya con 30 millones de usuarios. Gran parte de estos usuarios son mujeres sin experiencia en el rubro sexual, que durante la pandemia del COVID-19 han perdido el trabajo y deben ejercer este trabajo por necesidad o para complementar sus entradas económicas. Entonces, ¿la actividad económica vinculada con el comercio erótico cuenta como libre elección si la otra opción es la pobreza? ¿El aumento abrupto de OnlyFans es una cuestión desarraigada de la lucha de clases y las crisis capitalistas?

Las sofisticadas promesas de “glamour” sobre ganar dinero de forma rápida y fácil, con sueldos que constan de más de 5.000 euros al mes, atraen a cada vez más niñas, asemejándose a la cultura de los “Sugar Daddies” (en la que un hombre mucho mayor y de mucha capacidad adquisitiva ofrece ayuda financiera a jóvenes que necesitan mantener a sus familias o pagar su carrera universitaria a cambio de compañía afectiva o sexual), se aprovechan del deseo de consumo de las mujeres para venderlas como objetos en una plataforma cuya perversión se acrecienta más y más. Es a través de este discurso deshumanizante que se naturalizan las violaciones a los derechos básicos de las mujeres, enmascarados bajo el lema del “libre emprendimiento”, que permite la independencia económica de jovencitas de cada vez menos edad a costa de sus vidas, mientras la gran industria del negocio sexual crece y es el contrato monetario el elemento legitimador.

Intereses materiales: capacidades sexo-reproductivas y lumpenización de las mujeres

Cuando hablamos de comercializar el consentimiento podemos encontrar dentro del espectro político críticas vinculadas a la perspectiva más conservadora apropiada por las familias tradicionales, en las que no hay una crítica materialista ni objetiva sobre la realidad femenina, más bien estas opiniones están relacionadas a la concepción puritana de la cuestión de la mujer, opiniones que podríamos ubicar en la época previa a la Revolución Sexual.

Por otro lado, hallamos las críticas de los materialistas y feministas radicales y/o abolicionistas, cuya opinión se desarrolla a favor de la abolición de la industria sexual. Pero, ¿hay algún sector que apoye la apropiación económica de lo que reconocemos como capacidades sexuales y reproductivas de las mujeres, que dentro de ella incluye la pornografía, la prostitución y también la subrogación de vientres, o negación del derecho a la interrupción del embarazo y distintas formas en las que elementos de la superestructura como las leyes y los valores morales buscan regular la vida de las mujeres para garantizar los fines extractivistas y depredadores de la jerarquía social? Sí, hay sectores políticos que defienden la prostitución en nombre de la “libertad”. Estamos hablando del lobby filo-tecnócrata y el feminismo liberal y proxeneta de AMMAR, grupos encargados de financiar la legitimación moral y política de la explotación sexual de mujeres y niñas, encargados de, como bien dijeron las compañeras radicales, convencerlas de que su libertad está en la satisfacción de quienes poseen el poder en el sistema.

Algo es claro, estos agentes no buscan el bienestar de las mujeres sino proteger al consumidor y a las empresas que, en contextos de crisis como el que vivimos actualmente, se sirven de la pobreza entre mujeres para reclutar cada vez más sirvientas, dispuestas a garantizar el erotismo en venta de cada día. Estos grupos vinculados con la trata de personas y la violación de derechos humanos, financiados por la Open Society Foundation de George Soros, son los que hoy dispersan su discurso demagogo, individualista y subjetivista en escuelas y universidades, y con palabras endulzadas convencen a nuestra clase sexual de que estar al servicio del que nos compra como si fuésemos objetos a cambio de un módico precio es empoderante.

Pero no todo es color rosa, los discursos relacionados con que el empoderamiento femenino solo se valida cuando el cliente abona solo es una extensión del proceso social de hipersexualización y cosificación al que sometemos a las niñas desde el día 0. Las niñas que hoy son expuestas a la propaganda misógina y prostituyente de la peor calaña son las que el día de mañana sobrevivan vendiendo fotos a pedófilos en Internet y cuando crezca y su valor se deprecie, terminará coaccionada por una red de trata o vendiéndose en la ruta, corriendo el riesgo hasta de ser asesinada porque la mujer trabajadora, desposeída de todo, solo es propietaria de su capital erótico. Es imposible separar la prostitución del conflicto entre clases.

La mujer prostituida es la mujer trabajadora. Las mujeres vendidas, compradas, usadas para después ser arrojadas a la basura cuando ya no le son más útiles al mercado son nuestras hijas, nuestras nietas, y somos y seremos siempre nosotras. La mujer prostituida no es la mujer burguesa, porque ellas nunca serán las sometidas del sistema.

El Estado no es ausente, el Estado es proxeneta

La desidia estatal no es una cruel coincidencia al conflicto que venimos tratando, el avance del lobby prostituyente se produce por una ausencia del Estado, que hace oídos sordos a la feminización de la pobreza, incluso en circunstancias tan extremas como las crisis humanitarias, en las que el Gobierno no responde a los pedidos de amparo para las mujeres y las empuja a la calle, donde la única opción para no morir es venderse a sí mismas.

No hablamos de experiencias individuales sino de una coerción sistematizada. Reclutan mujeres en circunstancias vulnerables, las alejan de sus familias trasladándolas a zonas retiradas y las fuerzan a cortar lazos de protección, por medio de la articulación de sistemas de endeudamiento dentro de los prostíbulos mantienen a las mujeres presas contra su voluntad. La prostitución nunca es libre ni voluntaria, así como decimos que sin consumo no hay oferta, podemos afirmar que sin discursos de legitimación de la prostitución tampoco existiría la trata, discusión que tanto evaden las regulacionistas diferenciando el “trabajo sexual” de la prostitución forzada.

Sin políticas de protección para potenciales víctimas de trata, sin políticas económicas que favorezcan la vida financiera de las mujeres obreras, sin amparo legal para las sobrevivientes de trata, sin desmantelamiento de las redes de trata y pedofilia, sin actuación del poder judicial que penalice a los proxenetas tratantes, políticos cómplices y clientes, sin economía desarrollada en favor de la clase trabajadora, seguirá existiendo el comercio sexual y el Estado seguirá siendo cómplice de la ruina en la que caen millones de mujeres todos los días.

La condena de los sistemas que someten a las mujeres es urgente, es urgente la persecución de actores políticos que protegen este mercado, es urgente abolir las relaciones de poder entre hombres y mujeres, es urgente proteger a las mujeres trabajadoras cuyo rol en el funcionamiento de las economías mundiales es esencial y a pesar de eso son las principales víctimas del hostigamiento en todos los ámbitos de la vida, es urgente hablarles más a las jóvenes de deseo y consentimiento y menos de avaricia, es necesario y urgente cambiar el imaginario social construido alrededor de una lógica de desigualdad que se nutre de nuestra sangre y nuestro sufrimiento.

Por Rocío Pokhoroni para “La Orientación”

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