Sáhara Occidental: un pueblo a merced de dos monarquías

España y Marruecos están viviendo su enésimo conflicto, que explosionó tras incentivar Marruecos la entrada masiva por mar de más de 9.000 migrantes a la ciudad española de Ceuta, enclavada en África, entre el 17 y el 19 de mayo. Esta actitud de Marruecos fue una reacción a la acogida sanitaria en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, enfermo de COVID-19. El Ministro de Exteriores marroquí, Nasser Burita, aclaró en un comunicado que el desencuentro con España no empezó con la entrada de Ghali, ni acabará con su salida, y que “el fondo de la crisis” es la postura española respecto a la soberanía del Sáhara Occidental. El presidente español Pedro Sánchez calificó de “inaceptable” que el Gobierno marroquí justifique el “asalto a las fronteras españolas” por “desavenencias en política exterior”.

A día de hoy, los elementos de confrontación entre España y Marruecos son varios:

  • La soberanía de Ceuta y Melilla. Se trata de dos ciudades de una importancia estratégica, estando Ceuta bajo soberanía española desde 1580 y Melilla desde 1497. Marruecos las reclama como suyas, a pesar de que nunca pertenecieron a este país. Son los únicos enclaves que tiene la Unión Europea en territorio continental africano y es la primera frontera que hay con Marruecos. Estas dos plazas no son los únicos territorios en disputa entre Marruecos y España, también están el Peñón de Vélez de la Gomera, el Peñón de Alhucemas, las islas Chafarinas y el islote de Perejil. Todos ellos son islotes y peñones deshabitados en la actualidad.
  • Unido a lo anterior está el hecho de que Marruecos es una de las principales vías de entrada a Europa, la principal para acceder por España desde África. Eso supone que el Gobierno marroquí tiene la llave para impedir el paso y resolverle un problema a Europa, o permitirlo, desbordar la llegada de migrantes y crearle el problema. Algo similar a lo que sucede en Turquía en la frontera con Asia, y que tantos réditos le da al Gobierno turco vendiendo cara su colaboración.
  • El pasado histórico tampoco es muy amigable entre Marruecos y España. Hace 100 años estaban en guerra, concretamente con la República del Rif en la región norte de Marruecos, una zona cedida como protectorado por Francia, la metrópoli de Marruecos, a España.

Pero de todos los factores, el más conflictivo es el referente al Sáhara Occidental, como lo muestran las declaraciones de los respectivos gobiernos de Madrid y Rabat.

Hagamos algo de Historia.

El Sáhara Occidental es una extensión de 266.000 kilómetros cuadrados, algo mayor que Ecuador, que se encuentra ubicado en África del Norte, delimitado por el Océano Atlántico, Mauritania, Marruecos y Argelia. Su superficie es básicamente desértica, el Desierto del Sáhara, pero con 1.100 kilómetros de costa, lo que le da un indiscutible valor geoestratégico y pesquero, además de minero. España ocupó ese territorio desde 1883. Tras algunos levantamientos independentistas, en 1973 se crea el Frente Polisario, acrónico de Frente Popular para la Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro, con el objetivo de alcanzar la independencia de España. Por su parte, desde el momento en que Marruecos alcanza su independencia en 1956 reclama esa región.

La Marcha Verde

En los estertores del franquismo, en 1974, España ya intenta desvincularse del Sáhara Occidental y propone que se celebre un referéndum de autodeterminación entre los habitantes, algo que amenazaba los planes de anexión de Marruecos. Por ello, en octubre de 1975, el rey Hassan II de Marruecos, padre de Mohamed VI, comienza a hostigar militarmente al Frente Polisario y, finalmente, aprovechando la convulsión que vivía España por la inminente muerte de Franco, el 6 de noviembre de 1975 organiza la famosa Marcha Verde, es decir, el envío de 350.000 civiles a ocupar el Sáhara.

España se desentiende, lo que supone, sin contar con los saharauis, ceder el control de la colonia a Marruecos y Mauritania, los dos países que se disputaban la región. Miles de saharauis se exilian en campamentos de refugiados en la ciudad argelina de Tinduf, el principal país que les apoya. El Frente Polisario proclamó en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), entrando en guerra con Mauritania y Marruecos. En 1979 firma la paz con Mauritania y ésta reconoce oficialmente a la RASD. En cambio, Marruecos sigue acosando militarmente a los saharauis y entre 1981 y 1987 construye una serie de ocho muros en el desierto, con una longitud de más de 2.700 kilómetros, sembrado con dos millones de minas, con el objetivo de cortar en dos el territorio controlado por el Polisario e impedirles la movilidad.

Ante la promesa en 1991 de la comunidad internacional de convocar un referéndum sobre el destino del Sáhara, y especialmente de la ONU, que crea la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), los guerrilleros saharauis firman un alto el fuego con Marruecos.

Desde entonces, la ONU y la comunidad internacional han ido dando largas y burlando su compromiso con el pueblo saharaui, argumentando problemas con la elaboración del censo, aceptando los impedimentos de Marruecos. Por ello, y tras unas violaciones del alto el fuego por el Ejército marroquí, el 14 de noviembre de 2020 el Frente Polisario emite un comunicado donde anuncian el fin del compromiso con el alto el fuego firmado entre el Frente Polisario y el Reino de Marruecos en 1991 y dan 12 horas a la MINURSO para que abandone los territorios del Sáhara Occidental por su demostrada incapacidad para solucionar el conflicto. Desde entonces los enfrentamientos se han sucedido a lo largo del muro creado por Marruecos para dividir el Sáhara Occidental. El muro está vigilado por el Ejército marroquí,. Tiene trincheras, alambradas de espinos y una extensa franja sembrada de minas antipersona y anticarro. Se calcula que existen entre 7 y 10 millones de artefactos explosivos allí, muchos de ellos de fabricación española. Marruecos no ha firmado el tratado internacional contra esas minas.

Trump y Marruecos

Como señalábamos al principio, Marruecos ha reconocido que el último conflicto con España es una nueva embestida para presionar al país ibérico por su falta de cooperación en las intenciones alauitas de anexionarse el Sáhara. Uno de los motivos que han llevado al rey de Marruecos a esta ofensiva es que se encuentra crecido tras el apoyo mostrado por el entonces presidente estadounidense Donald Trump en diciembre de 2020, cuando a golpe de tuit reconocía la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la decisión de Marruecos de establecer relaciones diplomáticas con Israel. “Today, I signed a proclamation recognizing Moroccan sovereignty over the Western Sahara. Morocco’s serious, credible, and realistic autonomy proposal is the ONLY basis for a just and lasting solution for enduring peace and prosperity!”, señalaba el tuit de Trump el 10 de diciembre de 2020, ya no disponible por estar suspendida su cuenta de Twitter.

Pero la decisión de Trump, por mucho que también siga siendo apoyada ahora por Biden, no se ajusta a la legalidad internacional. Ningún Estado del mundo reconoce que el Sáhara forme parte de Marruecos. La legislación internacional es clara al respecto: el Sáhara Occidental es uno de los 17 territorios no autónomos (“territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio”), que se encuentran bajo supervisión del Comité Especial de Descolonización de la ONU, con el fin de terminar con el colonialismo. Fue introducido en la lista de los territorios no autónomos el 15 de diciembre de 1960 a través de la Resolución 1542 de la XV Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando todavía era una provincia española. Los servicios jurídicos del Consejo de Seguridad de la ONU emitieron un informe el 12 de febrero de 2002 donde volvieron a recordar que:

“El 14 de noviembre de 1975 concluyó en Madrid la Declaración de Principios sobre el Sáhara Occidental entre España, Marruecos y Mauritania (el Acuerdo de Madrid), por la que los poderes y responsabilidades de España, como potencia administradora del territorio, se transfirieron a una administración tripartita temporal. El Acuerdo de Madrid no transfirió la soberanía sobre el territorio ni confirió a ninguno de los signatarios la condición de potencia administradora, condición que España por sí sola no podría haber transferido unilateralmente. El traspaso de la autoridad administrativa sobre el territorio a Marruecos y Mauritania en 1975 no afectó a la condición internacional del Sáhara Occidental como territorio no autónomo.”

España como potencia administradora

Ya un auto de 2014 de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional española declaraba que “España sigue siendo la potencia administradora del territorio, y como tal, hasta que finalice el período de la descolonización, tiene las obligaciones recogidas en los artículos 73 y 74 de la Carta de Naciones Unidas, entre ellas dar protección, incluso jurisdiccional, a sus ciudadanos contra todo abuso, para lo cual debe extender su jurisdicción territorial”.

Arancha González Laya, Ministra española de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, desde el pronunciamiento de Trump el pasado diciembre, no ha modificado su postura, negándose a reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y asegurando que el contencioso se ha de resolver en el campo multilateral de la ONU.

Marruecos, como ha reconocido, ha aprovechado la asistencia humanitaria a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario y Presidente de la RASD, atendido por COVID-19 en España, para volver a utilizar a sus ciudadanos como munición desechable al servicio de las ambiciones del rey marroquí. Envió el pasado mayo a emigrantes subsaharianos que se encontraban en Marruecos y a niños engañados en autobuses a Ceuta, sin conocimiento de sus padres. Incluso ahora está impidiendo que las jornaleras marroquíes que se encontraban en España en la campaña de recogida de la fresa puedan volver a su país y deban permanecer en territorio español sin trabajo ni residencia, sobreviviendo con el apoyo de la sociedad y de algunos contratistas que las han seguido manteniendo alojadas. Todo ello para presionar a España y a la Unión Europea con el chantaje de una crisis migratoria, sabiendo lo rentable que esas crisis son para los países periféricos de Europa, véase los ingresos que logra Turquía por los servicios prestados de contención.

Abandono de España y de la ONU

Todo esto no quiere decir que el manejo de la cuestión saharaui haya sido correcto por los sucesivos gobiernos españoles. Si la monarquía marroquí ejerce todo su chantaje y violación de la legalidad internacional, la monarquía española ha mostrado una grave irresponsabilidad desentendiéndose del futuro de un territorio que un día fue español y que, por tanto, debería haber garantizado un proceso de descolonización respetuoso y soberano para con esos ciudadanos. Sin embargo, el desinterés de todos los gobiernos españoles por resolver esa situación ha dejado a los saharauis a merced de las ambiciones expansionistas de una monarquía dictatorial que no duda en provocar todo el daño que pueda (represión, persecución y acciones militares) a quienes se resisten a la anexión. Un detalle que se olvida con frecuencia es que los ciudadanos saharauis de más edad tienen en su poder un DNI español emitido anterior a noviembre de 1975, e incluso cartillas de cotización de la Seguridad Social o documentos de filiación al Ejército español. Imaginen que un día España decida que las Canarias ya no son territorio español y deja abandonados a los millones de ciudadanos con DNI español que viven en ellas.

Pero también la ONU tiene una gran responsabilidad en este eterno conflicto, han pasado 30 años desde que les prometiera un referéndum a los saharauis y nada se ha movido, tres décadas en las que este pueblo, en torno al medio millón de personas, está malviviendo de la mendicidad internacional en campos de refugiados en el desierto, divididos entre territorio argelino, territorio ocupado por Marruecos y territorio bajo control del Frente Polisario.

Por Pascual Serrano para “Sputnik”

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