«Radfem» versus «queer»: disputa no superadora

En la oposición entre el «radfem» y los planteamientos «queer» subyacen las dos desviaciones (divergentes; de ahí su mutua pelea) que típicamente se han producido al afrontar una contradicción.

Es sabido que la contradicción es un elemento esencial de la realidad que ha sido sistemáticamente estudiado por el marxismo. Es sabido que Lenin, apoyándose en los aportes de Marx y Engels, y mirando hacia Hegel, Aristóteles y Heráclito, señaló:

«El desdoblamiento de la unidad y el conocimiento de sus partes contradictorias […] es la esencia (una de las ‘substancias’, uno de los principales, si no el principal rasgo o particularidad) de la dialéctica.»

Lenin, 1915, «En torno a la cuestión de la dialéctica»

En el debate entre el feminismo radical y la teoría queer estamos ante un ejemplo particular de las dos acostumbradas desviaciones generales que se han cometido al tratar de comprender los aspectos contradictorios de un fenómeno.

Ante 1) la dimensión fisiológica del sexo y 2) el desarrollo social del mismo, ante estos dos polos, el radfem es capaz de ver su diferencia, pero no entiende sus nexos internos. En general separa absolutamente los dos polos, considerando el «género» como una producción social que se «asigna» a uno u otro sexo. Esto es lo que el marxismo ha llamado una separación metafísica (estanca, fija) de los dos polos de la contradicción, pues no se está entendiendo de qué modo el ser humano, como animal social dotado de cualidades fisiológicas, desarrolla inevitablemente formas sociales de emplear dichas cualidades. El ser humano mastica humanamente, tiene relaciones sexuales humanas, etc., que no se reducen a las cualidades fisiológicas, aunque las tienen por base. Por eso entre las cualidades fisiológicas del sexo y el desarrollo social del mismo no hay solo una contraposición, sino también relaciones internas.

En esta breve publicación de abajo se señala que la opresión de la mujer reside en su sexo, en la reproducción. Quienes han estudiado un poco de marxismo saben que esta no es la tesis marxista expuesta, y llevada a la práctica, por Marx, Engels, Bebel, Zetkin, Lenin, Kollontai… La opresión no se debe ni al sexo, ni a la reproducción, ni a la división sexual del trabajo. Por sí mismos, estos elementos no han generado la opresión femenina. Se debe a cómo el surgimiento de la propiedad privada reordenó la posición social de estos elementos previos.

En esta publicación de aquí abajo se siguen sin entender los nexos internos mencionados, que Engels expuso magistralmente (2). El resultado es que, siguiendo dicha publicación, no puede haber otra liberación que la de no tener hijos. Esta forma de «libertad» es la que está regalando el capital en las sociedades burguesas desarrolladas, donde la maternidad y la paternidad decaen. La otra conclusión lógica de este análisis erróneo es que no hay emancipación femenina posible, porque el sexo es un fenómeno fisiológico y la reproducción es una necesidad natural de la existencia de las sociedades. También cabe unirse y vegetar en torno a asambleas y pequeños actos educativos mientras el movimiento se fatiga y se deshincha, o entregarse al reformismo. En cualquier caso, el análisis impide la identificación del camino hacia la transformación radical.

Ante este embrollo, aparece la «solución» queer, tanto más vigorizada cuanto que el desarrollo técnico permite modificar con una precisión enorme los atributos externos del sexo. Este desarrollo técnico (cirugías y hormonación) es parte de la base material de los planteamientos queer (por más que algunos de sus autores lo desprecien). También es parte de esa base material el propio avance de la mujer en la producción social y en el conjunto de la sociedad, que provoca el consecuente acercamiento de las nociones de feminidad y masculinidad – expresado, por ejemplo, en el acercamiento de aspectos de la moda, valores y formas de ocio; acercamiento, qué duda cabe, tan solo relativo.

Si la opresión reside en el sexo, la otra conclusión posible, una que salta fuera del radfem y se coloca al otro extremo de la desviación, es la abolición del sexo. De la impotencia teórico-práctica del radfem, como reacción a su división metafísica de los dos polos de la contradicción, brota su propia antítesis.

La teoría queer se desembaraza de la separación metafísica, estanca, entre 1) la dimensión fisiológica del sexo y 2) el desarrollo social del mismo. Corriendo en dirección opuesta, cae en lo que el marxismo llama la «identificación» de los dos polos de la contradicción: el sexo es un desarrollo social. En este caso, la incomprensión de los polos y sus nexos se produce por la igualación de los polos. Ya no hay dos polos.

La separación metafísica y la identificación de los dos polos de la contradicción batallan amargamente. Ninguno puede solucionar la contradicción, pero tienen motivos para oponerse entre sí. El radfem acusa a la teoría queer de idealismo, pues el sexo es una realidad material. La teoría queer acusa al radfem de biologicista, pues los seres humanos producen su propia realidad material. La batalla es total.

Ninguno de estos dos extremos sabe que ambos se han desarrollado en oposición a la visión dialéctica, justo en la etapa de más debilidad del marxismo. Lenin es aquí también el maestro, no solo de la acción, sino de la filosofía. En esencia ocurre en este debate el mismo error, aunque por partida doble y bifurcada, que comete el idealismo filosófico al elaborar su teoría del conocimiento:

«El idealismo filosófico, desde el punto de vista del materialismo grosero, simple, metafísico, es sólo un absurdo. Por el contrario, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, el idealismo filosófico es un desarrollo (inflación, hinchazón) unilateral, exagerado, überschwengliches (según Dietzgen), de uno de los rasgos, de uno de los aspectos, de uno de los lados del conocimiento en algo absoluto.»

Lenin, 1915, «En torno a la cuestión de la dialéctica»

Ninguno de los dos extremos sabe que encontrará las premisas para salir de su fango filosófico en cualquier manual soviético dedicado a la dialéctica materialista. Y que, a partir de ahí, siempre y cuando dejen de ser cuanto son (dejen de ser radfem y queer, y adquieran una conciencia integral marxista-leninista), podrán analizar el problema concreto en torno al cual ambas desviaciones gravitan. Y lo que es más importante, podrán contribuir a su superación práctica.

Ellos (dicho a su estilo: ellas y elles) no lo saben. ¿Y los comunistas? ¿Lo saben?

BIBLIOGRAFÍA CITADA:

  • Engels, Friedrich (2006), El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Fundación Federico Engels: Madrid. Pinche AQUÍ para enlace web.
  • Lenin, (1915), «En torno a la cuestión de la dialéctica».
  • Varios Autores (1960), Manual de marxismo-leninismo, Grijalbo: México. Pinche AQUÍ para enlace web.

Por David Fuente Adrián para «Revista La Comuna»

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