¿Es China imperialista?

arton31393El término “imperialismo” está hoy bastante devaluado y se confunde a menudo con conceptos más antiguos como “expansionismo” o simplemente “Imperio”. Por ejemplo, el Imperio Romano era efectivamente un territorio bajo control político compuesto por regiones avasalladas en el marco del modo de producción esclavista. Igualmente, los imperios feudales como el Sacro Imperio Romano Germánico o el Imperio Otomano oprimieron a los pueblos europeos o africanos durante toda la Edad Media antes de desaparecer ante las embestidas de las fuerzas nacionales contemporáneas que surgieron con el desarrollo de la clase burguesa. Estas formas políticas de dominación pudieron existir en todos los continentes y bajo numerosos modelos de producción distintos.

No obstante, hay una forma del todo específica del desarrollo capitalistas, que para los marxistas-leninistas representa su “fase superior”, y que se llama imperialismo. Éste supone, efectivamente, como las formas precedentes, guerras inter-imperialistas por el reparto de los territorios colonizados o neocolonizados y dependientes, y también representa una fase de desarrollo que históricamente sólo han alcanzado los capitalismos de Europa, América del Norte y Japón, mediante un largo proceso de acumulación del capital nacional, mostrando signos cada vez más agudos de límites de absorción del mercado interior y la necesidad de exportar los capitales fuera de las fronteras en territorios a la vez consumidores y explotables en mano de obra y en recursos.

Existe una definición sencilla del concepto marxista-leninista de imperialismo, resumido por la pluma de Lenin:

“El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los cárteles internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.”

V. I. Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo

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Evolución del salario medio en China (en rojo)

Aquí hay que hacer una primera observación: China, por muy “abierta al desarrollo del capitalismo privado” que sea, sigue poseyendo en su sector estatal los mayores bancos nacionales. El Banco Popular de China sigue siendo el “banco central” del país, controlado directamente por el Estado (contrariamente al Banco Central Europeo, por ejemplo, que es totalmente privado), y los otros 4 grandes bancos, que siguen estando dedicados al financiamiento específico y orientados hacia sectores determinados según lo que marquen los planes gubernamentales, cotizan en bolsa pero siendo siempre controlados por el Estado chino (que posee la mayor parte de las acciones). Por lo tanto, estamos lejos de la hipertrofia vertiginosa del capitalismo financiero salvaje de los EEUU o de la Unión Europea, por ejemplo, en lo que respecta a la fase del desarrollo. Por otra parte, hay que apuntar que en China el propio sector público sigue representando el 25% de la economía nacional – aunque para el FMI sea “deficitaria”, es decir, “costosa”, esta parte pública es financiada voluntariamente por el Estado gracias al desarrollo paralelo del capital privado, muy “rentable”.

Una segunda observación: la cita de Lenin precisa hábilmente que exportar capitales (y por supuesto este es el caso de China en los demás continentes) no “basta” para hacer que un país sea imperialista. Aún hace falta que esta exportación de capitales se convierta en dominante en la economía nacional, y sin embargo aún estamos lejos de las exportaciones gigantescas de capitales que determinan las actuales guerras de rapiña imperialistas en los territorios más jugosos en recursos energéticos, etc. En primer lugar, el mercado interior chino se ha desarrollado tanto – en gran parte por la reabsorción acelerada de la pobreza china – que la producción nacional no alcanza aún en su territorio los límites nacionales que han obligado a los carroñeros de los EEUU y de la UE a “repartirse el pastel mundial”.

Además, los acuerdos económicos entre – por ejemplo – los países africanos y China no han adoptado las formas tomadas históricamente por los imperialistas y colonizadores. Efectivamente, la frontera es notoriamente tenue en este tipo de acuerdos de nuevo tipo, entre exportación de capitales y ayuda al desarrollo. Décadas de ocupación colonial de los países africanos – principalmente por Francia y el Reino Unido – han alimentado a las grandes empresas metropolitanas sin proporcionar jamás a los países avasallados las infraestructuras necesarias para su propio desarrollo. Por ejemplo, se encontrarán hoy junglas africanas sin ninguna ruta asfaltada… ¡pero jalonadas por postes para alimentar la red de “recargas telefónicas” de Orange! En cambio, las obras chinas en estos mismos países desarrollan directamente la economía nacional (carreteras y autopistas, grandes complejos hospitalarios, edificios y estructuras urbanas, infraestructuras que permiten la explotación de nuevos recursos energéticos…) y prevén con la mano de obra local una transferencia tecnológica y de competencias progresiva que interesa evidentemente a los países neocolonizados y bloqueados en su desarrollo por el neocolonialismo y por la deuda con los EEUU o los países imperialistas de la UE.

Finalmente, no hay que olvidar que una parte importante del PIB chino es realizado por empresas privadas extranjeras. Según el razonamiento mecánico según el cual China estaría a la cabeza de los países imperialistas, ¡entonces también está a la cabeza de los países más penetrados por el imperialismo extranjero! No obstante, en este punto, las obras extranjeras que se han instalado en China emplean progresivamente cada vez más a ingenieros y técnicos chinos, lo que permite al país desarrollarse rápidamente mediante una transferencia de tecnología planificada por el Estado.

Por lo tanto, China está económicamente propulsada hacia adelante, con tasas de crecimiento muy importantes (en comparación con las tasas de crecimiento de los países imperialistas, en crisis estructural desde hace tantas décadas) mediante el desarrollo de un capitalismo privado aún dominado por el Estado (capitalismo de Estado) bajo la forma de co-empresas, pero esto no quiere decir que se haya convertido en un país imperialista. No hay que confundir “exportación de mercancías” y “exportación de capitales”: China es uno de los países más industrializados del mundo y, por lo tanto, de los más exportadores en términos de balanza comercial, pero está cada vez más orientada hacia su mercado interior; por lo tanto, es potencialmente uno de los países menos “forzados” a exportar sus capitales dominando a sus vecinos.

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Inversiones Directas Extranjeras (IDE) en China hacia África (en negro) e IDE totales en China (en gris). Se comprueba que las exportaciones de capitales chinos hacia África siguen siendo marginales en comparación con las inversiones hechas hacia otros países – y notablemente en la Unión Europea.

La exportación violenta de capitales por el imperialismo se ha acompañado siempre de un “seguro” militar de las vías comerciales concernidas, y ello desde las primeras transnacionales holandesas en el siglo XVII (por lo tanto, bajo un capitalismo aún muy lejos de alcanzar la fase imperialista desde el punto de vista marxista). ¡Aquí se puede subrayar aún la extrema “timidez” de la seguridad geoestratégica china (que sólo tiene una base militar, en Yibuti) frente a la constelación alucinante de las bases militares de EEUU, Francia y demás en todos los continentes del planeta! Incluso India está construyendo una base militar en el archipiélago africano de las Seychelles: ¿se hablará pronto de un imperialismo indio que molesta “nuestros” intereses?

Existe una diferencia muy clara entre un Estado anti-imperialista que sale del feudalismo, que se desarrolla y se enriquece para sacar – y ello es innegable – a un pueblo extremadamente numeroso y diverso, y un Estado imperialista que para incrementar los dividendos de las finanzas salvajes es capaz de cualquier cosa para alcanzar sus fines, incluyendo librar guerras de sumisión o de anexión en todos los continentes. Para uno, los derechos sociales y las conquistas sociales, adquiridas con la fase de consolidación socialista antes del derrumbe de la Unión Soviética, son garantizados constitucionalmente, y el impacto del capitalismo privado es minimizado sin cesar por el papel preponderante del Estado en el terreno social. Para el otro, estos mismos derechos, concedidos por una patronal atemorizada durante un tiempo por la solidez del campo socialista después de la guerra, se reducen sin cesar a medida que las todopoderosas finanzas se enseñan en su huida hacia adelante para maximizar la tasa de beneficio mediante la guerra, el retroceso de los derechos democráticos y la explotación económica.

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Evolución de la tasa de pobreza en China (porcentaje de la población que vive con menos de 1’25$ al día)

Por lo tanto, basta con examinar el lugar y el papel del Estado bajo la dirección del Partido Comunista de China en la economía, su control sobre el comercio exterior, sus esfuerzos por reformar las instituciones de Bretton Woods (el FMI, el Banco Mundial, la OMC), su estrategia de “cesta de monedas incluyendo el yuan” contra el dólar y la máquina de hacer billetes de EEUU para reducir la dependencia monetaria y su trabajo por establecer alianzas y cooperaciones económicas alternativas a la “globalización capitalista” bajo hegemonía estadounidense (el BRICS, Consenso de Shanghai vs. Consenso de Washington, etc.) para concluir que China es la protagonista de una alternativa anti-imperialista que consiste en reorientar las armas de los imperialistas contra ellos mismos.

Esta táctica de China debe ser estudiada y comprendida como el resultado de una lectura de la correlación de fuerzas surgida tras la derrota del campo socialista que ha reducido a los supervivientes a definir una política y una estrategia de erosión progresiva de la dominación secular del imperialismo en el mundo, al tiempo que prepara los combates defensivos finales que siguen siendo inevitables.

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Las inversiones de capitales en África de 2003 a 2013: la fantasía de la supuesta “Chináfrica” (rodeado en rojo, China)

Capitalismo de Estado bajo el capitalismo y bajo el socialismo

La Constitución de la República Popular China considera al sistema económico nacional como una imbricación del sector socialista, capitalista de Estado y capitalista privado. Pero el término “capitalismo de Estado” es desde el siglo XIX objeto de controversia: el padre del anarquismo, Bakunin, ya consideraba el socialismo propuesto por Marx como “una forma de capitalismo de Estado”. La “oposición obrera”, camarilla izquierdista de los primeros años del poder soviético, animada en particular por Trotsky, acusaba a la URSS de adoptar “un giro hacia el capitalismo de Estado”. Y hoy se encuentra a muchos comentaristas occidentales acusando al Estado chino de sustituir a la burguesía para convertirse en capitalista “como las demás potencias imperialistas”.

No obstante, el capitalismo de Estado es una forma económica que nunca es “pura” en un sistema económico y se corresponde concretamente con la nacionalización de las principales empresas del país. La existencia de un sector público, que es en sí mismo una pérdida de beneficio para los ávidos especuladores y así aumentar los precios, destruyendo los derechos de los trabajadores, es una opción que en sí no tiene significación fuera de su contexto histórico: los EEUU de Franklin D. Roosevelt se vieron obligados a adoptar temporalmente tal sistema (el “New Deal”) después de la catastrófica crisis de la década de 1930. El propio III Reich nacionalizó los sectores de la economía alemana para preparar al país para la guerra, durante la cual el capitalismo salvaje pudo expandirse sobre nuevas bases.

La URSS de Lenin dejó desarrollarse un sistema mixto (bajo control político obrero) durante la NEP, para permitir así la ruptura definitiva con el feudalismo y acumular las riquezas suficientes para sentar las bases del socialismo, lo que era entonces considerado como un “retroceso táctico” indispensable. Después de la guerra, también hubo muchas nacionalizaciones en Francia, fruto de una necesidad de reconstrucción del país (cosa de la que el capitalismo liberal es incapaz por definición) y de una correlación de fuerzas favorable en la lucha de clases.

Así, el capitalismo de Estado es una opción compleja, de naturaleza antiliberal (del cual uno de los aspectos puede ser keynesiano en los países capitalistas), y cuya orientación política depende de la correlación de fuerzas en la lucha de clases, de las necesidades históricas y materiales, de la clase en el poder, así como el estado de la crisis capitalista mundial, destructora masiva de fuerzas productivas. Es en este sentido que hay que comprender el capitalismo de Estado del sistema económico chino, que en ausencia de un campo socialista amplio en estas últimas décadas, se corresponde con un “retroceso necesario” (como la NEP de Lenin pero con variantes evidentes de forma, amplitud y duración), permitiendo a China perseguir en el plano económico su salida definitiva del Estado feudal inicial y colonial en el interior; al mismo tiempo que desarrolla acuerdos con los Países del Sur que permiten a estos últimos escapar hasta cierto punto del mundo unipolar impuesto por las viejas potencias imperialistas en crisis.

Por “Cercle Henri Barbusse”

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Fracasa un intento de golpe de Estado en Gabón

El Gobierno de Gabón aseguró haber desarticulado un intento de golpe de Estado contra el presidente Ali Bongo perpetrado por un grupo de militares y afirmó que varios de los responsables ya se encuentran arrestados.

La detención de los sublevados fue anunciada por el Ministro de Comunicación de la nación africana, Guy Bertrand Mapangou, al que cita la emisora “Radio France International” (RFI).

Bertrand Mapangou aseguró que la situación en el resto de Gabón se normalizará en los próximos 2 o 3 días.

La toma de la radio estatal se produce pocos días después de la llegada de un grupo de militares estadounidenses a Gabón ante una supuesta crisis en la República Democrática del Congo tras las elecciones del pasado 30 de diciembre de 2018.

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Momento en el que Kelly Ondo Obiang, líder de los militares sublevados en Gabón, lee el comunicado con sus exigencias en la Radio Televisión Gabonesa.

A tempranas horas de este lunes se informó de que un grupo de militares tomó por asalto la Radio Televisión Gabonesa (RTG). El presunto líder de este grupo, teniente Kelly Ondo Obiang, leyó un mensaje en el que cuestionaba el discurso de Año Nuevo del presidente Ali Bongo calificándolo de “triste espectáculo para mantenerse en el poder”.

Obiang anunció la creación de un Consejo Nacional de Restauración contra el gobierno de Bongo. “No podemos abandonar a la patria”, aseguraba el mensaje de los militares. Asimismo, señalaron a las instituciones del país como “ilegítimas e ilegales”.

Horas más tarde las fuerzas militares leales a Bongo retomaron las instalaciones de RTG y detuvieron a los sublevados.

El presidente Ali Bongo, de 59 años de edad, fue hospitalizado el pasado 24 de octubre en Arabia Saudí por un derrame cerebral.

Desde hace dos meses las autoridades de Gabón solo han dado información parcial sobre la salud del presidente, alimentando con ello todo tipo de rumores.

FUENTE: TeleSUR/Agencias

¿Quién quiere desestabilizar Argelia?

Tras la decisión de Argelia de expulsar a varios extremistas sirios, el experto en seguridad Ahmed Mizab dijo que algunos países árabes y occidentales estaban tratando de crear inestabilidad y caos en Argelia a través de la transferencia de elementos terroristas en forma de solicitantes de asilo.

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Edificio de viviendas decorado con la bandera argelina en la comuna de Bir Chouhada, provincia de Oum El Bouaghi (Argelia)

Algunos países árabes y occidentales están tratando de enviar elementos de grupos terroristas desde zonas de conflicto hacia Argelia, un país árabe poderoso e independiente en sus políticas, para sembrar el caos y lanzar una segunda ola de la “Primavera Árabe”, según afirma Mizab. “Hace aproximadamente un año, la región fue testigo de la transferencia sistemática de elementos de grupos terroristas para llevar a cabo proyectos ideados por países como EEUU o Francia. Usando este tipo de maquinaciones, estos países quieren evaluar primero la factibilidad de otros proyectos más grandes”.

El experto argelino dijo que los grupos terroristas desplegados en la región habían realizado recientemente actividades sospechosas y estaban tratando de establecer nuevos feudos allí.

“Los sucesos en el sur de Libia y en Mali, así como los intentos de los terroristas de irrumpir en Argelia, confirman el hecho de que ha existido un complot que buscaba socavar la seguridad y la estabilidad del país”, dijo Mizab.

El experto pidió una reacción severa frente a tales acciones. “Están involucrados en muchos delitos; deben ser juzgados y castigados”, dijo, refiriéndose a los terroristas que llegan a Argelia como solicitantes de asilo.

En otra parte de sus comentarios, sin embargo, explicó que esta situación no era del todo nueva en Argelia.

Algunas potencias, incluidos los EEUU, han desplegado grupos terroristas en Níger para marcar el terreno de su infiltración en Argelia, pero el Ejército argelino ha dado una “respuesta relámpago” para frustrar sus planes, según afirma Ahmed Mizab.

En los últimos días, funcionarios argelinos han informado sobre la expulsión de varios terroristas procedentes de Siria. “Estos terroristas llegaron a territorio nacional procedentes desde Alepo, en Siria”, agregaron los funcionarios.

Las autoridades del Ministerio del Interior de Argelia subrayaron que no permitirán que tales elementos pongan en peligro la seguridad y la estabilidad del país.

FUENTE: Press TV/Al-Manar

Seamos socialistas

Hay una diferencia fundamental entre la visión de los modelos semi-revolucionarios, que dicen que mientras las clases trabajadoras y la clase obrera sigan atrasadas deben quedarse bajo tutela, pues no es razonable concederles más derechos de los que puedan ejercitar; y entre la visión revolucionaria verdadera, que dice que mientras esta clase sea la inmensa mayoría del pueblo, mientras sea ella la que construye la sociedad, quien lucha y combate cuando sobrevienen los peligros y la agresión exterior, cuando aparecen conspiraciones imperialistas, debemos habilitar todos los medios posibles para que esta clase sea capaz de ejercitar sus derechos y su libertad. Porque la clase obrera no puede llegar al nivel de capacidad y eficacia necesario para construir la Revolución Árabe si no practica sus derechos con libertad. Puede y debe equivocarse para aprender con la práctica, para que surja en nuestra vida un espíritu y un calor nuevos: el calor del pueblo trabajador, el pueblo que está interesado en la independencia y la libertad, en la soberanía y en la unidad, en que se eleve el nivel de vida de nuestros países.

No podemos ser socialistas y proclamar el socialismo si limitamos el papel de la clase obrera, si lo censuramos, si lo miramos como si no fuera parte de nosotros, ni nosotros parte de ella.

Somos parte de la clase obrera. Los socialistas verdaderos se consideran a sí mismos parte de la clase obrera. El verdadero gobierno socialista es el gobierno de la clase obrera, el que atiende más a las posibilidades de esta clase en el futuro que a sus defectos en el presente. El que considera lo que esta clase puede dar, forjar y crear en la vida de la nación, en el combate del destino, antes de los errores en los que pueda caer en la práctica, sus detalles y pormenores. Éste es el salto que se le exige a la revolución, a la Revolución Árabe total y en cada una de sus regiones, porque en el pasado se detuvo a mitad de camino.

Ésta es la corrección radical y decisiva que ha de dejar su impronta en nuestra vida y nuestra actuación en los 10 años próximo, para que nuestra revolución sea profunda y válida, capaz de corresponderse con los medios del enemigo y su enorme fuerza, para que así nos coloquemos en medio del camino de nuestro renacimiento.

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Reunión entre las delegaciones de la República Árabe Unida (Siria y Egipto), encabezada por Gamal Abdel Nasser, en el contexto de las conversaciones tripartitas entre Egipto, Siria e Irak. De izquierda a derecha: Salah al-Din al-Bittar (Primer Ministro de Irak); Luay al-Atassi (Presidente de Irak); Gamal Abdel Nasser (Presidente de la RAU) y Michel Aflaq (Jefe del Comando Nacional del Partido Baath).

Este salto consiste, precisamente, en cambiar la visión que se tiene del proletario y de la clase trabajadora. Reconocer primero sus derechos y exigirle después sus deberes. La clase obrera es consciente de sus responsabilidades históricas, pues no pide beneficios materiales o de consumo solamente, sino que con su instinto y conciencia nuevas siente que es la base de esta patria, de esta nación, que es ella quien va a salir a la calle, la que va a ir al frente el día del peligro. A ella pertenecen los luchadores y combatientes. En tiempos de paz, es ella la que construye con su sudor y esfuerzo los proyectos de desarrollo del país y de su industrialización, para llevarla del atraso al desarrollo y a la civilización.

No digo esto para que los obreros sientan orgullo y se envanezcan. No. No creo que el orgullo conozca el camino que lleva hacia nuestras clases obreras y populares. Las clases trabajadoras y populares son quienes sienten pasión por esta patria, quienes aman esta tierra; ellas son las que se sacrifican en silencio, las que en realidad creen en los valores patrióticos y humanistas, más que en el pan de cada día que luchan por conseguir.

Sacrifican de todo corazón hasta ese pedazo de pan cuando ven a su patria amenazada, sin necesitar consejos ni recomendaciones. Éstos deben dirigirse a las clases que no son capaces de valorar en qué circunstancias estamos, ni estimar que estamos amenazados en nuestra existencia como nación; ni de considerar, por tanto, que éste es un tiempo de privaciones y de preparación al combate, y que lo que debe darse a las clases populares no es comodidad, sino los medios para que puedan construir la patria y defenderla.

Por Michel Aflaq

Fundador del Partido Árabe Socialista Baath

La República del Rif

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Bandera oficial de la República del Rif (1921-1926)

La República del Rif (en rifeño: “Taguda n Arif”) fue un Estado norteafricano independiente. Algunas tribus confederadas de la región montañosa del Rif adoptaron ese nombre para designar al territorio independizado de España durante la sangrienta guerra que realizaron contra esta potencia entre 1921 y 1926, la conocida como Guerra del Rif. A veces recibe el nombre de República Confederada de las Tribus del Rif, pero esta denominación no fue oficial. La República fue disuelta el 27 de mayo de 1926 por fuerzas españolas y francesas después del Desembarco de Alhucemas.

Antes del establecimiento de los colonizadores españoles y franceses, Marruecos estaba nominalmente bajo el imperio de un sultán que gobernaba a través de una estructura estatal conocida con el nombre de “majzen” (literalmente, “almacén”), que podría traducirse por “corte”. El sultán, aparte de ser un monarca absoluto, poseía el título de “Príncipe de los Creyentes” (“amir al-muminin”), una denominación tradicionalmente reservada a los califas (los reyes de Marruecos, tras la independencia del país en 1956, han conservado este título, que ningún otro gobernante musulmán utiliza). El sultán era, por tanto, jefe político y espiritual de Marruecos.

El Rif, región montañosa de cultura mayoritariamente amazigh en el noroeste del Sultanato, pertenecía de lleno al Bled es-Siba. Como otros territorios independientes del sultán, no tenía una estructura de poder centralizada sino una multitud de alianzas creadas a partir de estructuras tribales y ligas políticas a varios niveles: comunidad, fracción, clan, tribu, confederación, etc.

El órgano de decisión en cada uno de estos niveles era la Asamblea (“ayraw” en rifeño, “yamaa” en árabe), formada por los representantes de la comunidad, que elegían, generalmente por un período anual, a un Jefe (“shaikh” o “amgar”). La tribu más importante del Rif a principios del siglo XX era de los Ait Wariaghel, conocida en la historiografía española como “Beni Urriaguel”.

Los españoles penetraron en el Rif al principio realizando pactos con los jefes locales y estableciéndose en pequeñas posiciones que generalmente tenían la forma de “blocaos”. No se alejaban excesivamente de Melilla, su retaguardia. En 1921 las tribus del Rif Central se sublevaron bajo el mando de Muhammad Abd el-Krim el-Khatabbi, conocido como Abd el-Krim, notable de los Ait Wariaghel, justo en el momento en el que las tropas españolas se aventuraban a establecer posiciones más arriesgadas y desprotegidas.

Varias posiciones fueron duramente atacadas, en una campaña que duró todo el verano de 1921 y que culminó en una grave derrota española en Annual. Esta victoria rifeña dio inicio a una guerra que se prolongó hasta 1926. La rebelión rifeña finalmente fue derrotada gracias a la ayuda de Francia en el Desembarco de Alhucemas.

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Muhammad Abd el-Krim el-Khatabbi, conocido popularmente como Abd el-Krim, fue el líder de la República del Rif durante su existencia. Posteriormente deportado a la colonia francesa de Isla Reunión, en el Océano Índico, moriría exiliado junto a su familia en El Cairo en 1963.

Después de la victoria de Annual en el verano de 1921, Abd el-Krim se sintió más seguro de organizar y desarrollar eficazmente el movimiento rifeño, surgido a lo largo de la guerra, por la razón de que el Rif fue liberado por las manos duras del Haraka. La falta de un Ejército regular rifeño coherente y la falta de un organismo que coordinase entre tribus, también la gestión de su propia economía y administración, llevaron a Abd el-Krim a celebrar democráticamente un Congreso General, donde se estudiara y se evaluara la situación después de la victoria y se establecieran nuevas herramientas para un movimiento más sólido.

El planteamiento fue aceptado con un gran entusiasmo por los rifeños, así, fueron invitados a participar los representantes de las cabilas.

La reunión tuvo lugar el 18 de septiembre de 1921. Abd el-Krim empezó con un gran discurso, donde habló de la relación entre el Rif con España y Marruecos, denunciando todo tipo de colonialismo (tanto español como francés), y llamando a no aceptar ningún tratado con el Protectorado Español de Marruecos.

FUENTE: “Plataforma de Apoyo al Rif”

Hace 43 años, España dejó al Sahara Occidental a su suerte en el desierto

La presencia española en África llegó a su fin con el abandono del Sahara Occidental en 1975. Se ponía final así a un siglo de colonialismo débil y sustitutorio tras la independencia de las colonias americanas.

Este territorio era, en principio, mucho menos problemático que las antiguas colonias de Ifni, Guinea o el Protectorado de Marruecos.

Habitado por unas decenas de miles de tribus nómadas, el Sahara Occidental era en su mayoría desértico, y la presencia efectiva de España era todavía muy reciente. Todavía durante la década de 1950, la administración española había llevado a cabo exploraciones científicas como aquella en la que, por ejemplo, participó el etnógrafo Julio Caro Baroja. Hasta el descubrimiento de las reservas de fosfatos, los intereses económicos españoles se limitaban a unos cuantos asentamientos en la costa, que permitían la explotación de los recursos pesqueros.

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General Federico Gómez de Salazar, último gobernador español del Sahara Occidental.

El territorio saharaui había estado integrado administrativamente en la denominada “África Occidental Española” hasta su conversión en provincia a finales de la década de 1950. En un primer momento, el Ministro de Exteriores franquista, Castiella, pensó en el abandono del Sahara mediante un referéndum, al mismo tiempo que procedía a la entrega de Ifni a Marruecos y a la independencia de Guinea.

La situación se complicó cuando, a las reivindicaciones de un “Gran Marruecos”, se sumaron las apetencias argelinas y mauritanas. Además, estallaron conflictos pesqueros con Marruecos debido a la ampliación unilateral por este último de sus aguas jurisdiccionales. Por un tiempo, Marruecos pareció virar a posiciones que defendían la autodeterminación del Sahara Occidental, debido a las maniobras dilatorias de la administración española.

En realidad, el territorio saharaui nunca había estado históricamente vinculado al Reino de Marruecos, manteniendo los sultanes relaciones únicamente comerciales con las tribus nómadas.

En 1974, España concedió cierto grado de autonomía al Sahara Occidental, impulsando un partido político españolista que sirviera de contrapeso a la creciente influencia del independentista Frente Polisario.

El contencioso hispano-marroquí se trasladó al Tribunal Internacional de La Haya. Los planes de descolonización de España parecía que llegarían por una vez a buen puerto, pero la enfermedad de Franco precipitó la situación.

Al mismo tiempo que el Tribunal de La Haya fallaba favorablemente a las tesis españolas en octubre de 1975, Hassan II – a la sazón Rey de Marruecos – decidió aprovechar la coyuntura para montar la operación conocida como “Marcha Verde”.

Varios cientos de miles de marroquíes se presentaron como una marea humana ante la frontera del Sahara Occidental. El gobierno de Carlos Arias Navarro, ante la inminencia de la muerte de Franco, decidió eludir sus compromisos internacionales para la autodeterminación del Sahara, tratando de enfriar el conflicto con Marruecos, que parecía derivar hacia el estallido de una guerra.

La debilidad final del régimen de Franco permitió la rápida firma de un tratado en Madrid con Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975. Al mismo tiempo que el entonces Príncipe Juan Carlos visitaba a las tropas españolas acantonadas en el desierto saharaui, el ministro franquista José Solís era enviado a Marruecos para desactivar el conflicto.

Otra gestión importante fue la realizada por Colón de Carvajal con Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de EEUU. Por el Tratado de Madrid, España cedía la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, con un vago compromiso para que las nuevas potencias administradoras del territorio procediesen más tarde a su descolonización. A comienzos de 1976, tras la muerte de Franco y según las tropas españolas abandonaban el Sahara, se iniciaba una guerra de resistencia del Frente Polisario – apoyado por Argelia – que impediría una dominación estable de Marruecos y provocaría la retirada de Mauritania en 1979.

La dictadura de Franco iba a terminar sus días resolviendo in extremis su amarre con EEUU y, por tanto, su vinculación con Occidente, así como completando la descolonización de sus posesiones africanas. Pero el endurecimiento de la represión durante 1975 y el fusilamiento de cinco antifascistas en el mes de septiembre iban a desencadenar una última oleada de protestas de la opinión pública mundial.

El anacronismo político del franquismo se reflejaba en una casi absoluta soledad en el seno de la comunidad internacional. Además de la retirada de varios embajadores europeos, se produjo un incidente con el entonces presidente mexicano Luis Echeverría.

México, sin relaciones diplomáticas con España desde 1939, denunció al régimen franquista ante la ONU, suspendiendo incluso las comunicaciones y el tráfico comercial entre ambos países.

La Comunidad Económica Europea paralizó las negociaciones para un progresivo desarme arancelario. Hubo protestas, manifestaciones y hasta asaltos a las delegaciones diplomáticas españolas.

Perdido el apoyo de aliados tradicionales como Portugal o la Ciudad del Vaticano, al régimen de Franco sólo le quedaba la endeble amistad con algunos regímenes latinoamericanos y árabes.

FUENTE: “El Confidencial Saharaui”

Entrevista a Abdallah El Harif, ex-Secretario General de Vía Democrática

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Abdallah El Harif, ex-Secretario General de Vía Democrática (formación política izquierdista de Marruecos)

Abdallah El Harif fue Secretario General de Vía Democrática (VD), el partido de izquierda más importante de Marruecos, y es hoy un implacable opositor al régimen alauí que dirige el país con mano de hierro. Reconoce que la represión del Majzen ahogó la protesta de 2011 pero ahora está encontrando una férrea resistencia popular en el Rif y en la región minera de Jerada, “una zona muerta y sin proyecto de futuro alguno”. Abdallah El Harif (Meknes, 1946) es una voz carismática entre las clases populares. En su condición de Responsable de Relaciones Internacionales de VD, ha visitado a los militantes en el exterior para “reforzar la lucha en un momento muy difícil”.

El Gobierno de Marruecos se ha especializado en silenciar las protestas populares. Lo hizo en 2011 con el Movimiento 20 de Febrero y el pasado año en el Rif. ¿En qué situación se encuentra el movimiento de resistencia?

La movilización del Rif se ha extendido a la provincia de Jerada, una región carbonífera fronteriza con Argelia que hoy está muerta, completamente olvidada por parte de los poderes públicos. El problema es que estas oleadas sólo tienen impacto cuando llegan a las grandes ciudades como Casablanca y Rabat. ¿Y cuándo ocurrirá esto? No lo sabemos. Sin embargo, nos estamos preparando para la llegada de ese momento porque no es algo improbable que suceda, vista la situación actual. El problema que tenemos es que, efectivamente, en Marruecos existen frenos sociales. Por ejemplo, las clases medias y algunos partidos de izquierda propagan el miedo a las revueltas populares y piensan que la estabilidad actual del país, por muy falsa que sea, siempre será mejor que una transformación política profunda. Yo, sin embargo, pienso que una estabilidad bajo el despotismo actual nos conduce, inevitablemente, a situaciones mucho más graves. Quizás a una guerra civil.

¿Creen que la confrontación es inevitable?

Luchar por la estabilidad cuando la situación del pueblo es deplorable es inadmisible. En Vía Democrática luchamos para incorporar más fuerzas al movimiento pacífico de resistencia que se ha creado en Marruecos para extenderlo por todo el país. Trabajamos para crear un frente opositor lo más amplio posible, ya que el cambio sólo puede llegar si millones de personas salen a las calles de forma no violenta. El papel de los partidos políticos y de los movimientos de izquierda es intentar la unificación de las protestas contra el Majzen. Esa es nuestra estrategia. Cuando comenzaron las protestas en el Rif, el lema era apoyar al Hirak (el movimiento) para extenderlo al resto de Marruecos sin utilizar la violencia. La violencia no debe venir de nuestro lado sino de la otra parte, del régimen, para que ellos solos se sitúen en una posición de ilegalidad.

Entonces, ¿la represión es un arma de doble filo para el régimen?

Efectivamente. En mi opinión, el gobierno actual actuó de manera irresponsable en el Rif y lo está repitiendo en la región de Jerada. La represión sólo contribuye a que la rabia crezca. Hemos visto a los intermediarios oficiales ir a estas dos regiones y prometer programas de desarrollo que han quedado en papel mojado mientras suprimían cualquier iniciativa de diálogo con VD y con “Al-Adl wal Ihsane” (Justicia y Caridad), las únicas fuerzas populares capacitadas por mediar en estos dos conflictos. Eso es muy grave. Esa política no la practicaba ni Hassan II, que reprimía con fiereza pero permitía algunos espacios de expresión a las fuerzas de oposición. Hoy, el Majzen no quiere diálogo ni tolera la resistencia. Todo esto está provocando que la política oficial viva en un mundo y el pueblo en otro diferente, separados por un abismo enorme e irreconciliable. Si sigue así y no revisa sus políticas, se encaminará hacia el suicidio.

Las elecciones de 2016 fueron boicoteadas por Vía Democrática. ¿Qué coste político tuvo?

No podemos decir que el boicot que propusimos haya tenido gran impacto sobre el régimen. Afirmar lo contrario sería mentir, pero, a pesar de todo, votó muy poca gente. No más del 20% del electorado. Nosotros decidimos mantener activo ese boicot hasta el día de hoy y estamos explicando los motivos en los barrios populares de todas las ciudades de Marruecos. Nuestra resistencia no es una posición de principios sino que es puramente táctica. Pensamos que no tenemos nada que ganar dentro de este régimen. Las elecciones en Marruecos carecen de garantías e impiden que el Parlamento sea la caja de resonancia de los problemas reales del pueblo.

A esto hay que añadir que toda la prensa está en manos del Majzen, incluso aquella que se autodenomina “independiente”, que depende de las subvenciones del régimen y de los recursos publicitarios que provienen del holding alrededor de la Familia Real y de los grandes grupos ligados al poder. Para nosotros, es más importante participar en la vida política del país que en unas elecciones. Y esta incidencia en las clases populares la estamos logrando a través de nuestro trabajo con la militancia de las organizaciones de derechos humanos, de los sindicatos, con las mujeres y con las asociaciones amazigh. Vía Democrática es cada vez más visible en Marruecos, sobre todo en las grandes ciudades. Nos falta redoblar nuestra presencia en las regiones rurales más recónditas del país.

El Ministerio del Interior de Marruecos baraja la posibilidad de ilegalizarles bajo acusaciones de “rebelión”

Es cierto. Hace dos semanas Abdelouafi Laftit, Ministro del Interior, intervino en el Parlamento de Marruecos para decir que Vía Democrática, junto a la Asociación Marroquí de Derechos Humanos y el partido “Justicia y Caridad”, empujan a la población a la rebelión. No es la primera vez que lo hace. Hace no muchos meses nos convocó a una reunión para amenazarnos con “darnos el acta de defunción”. Nos recriminó estar a favor del derecho a la autodeterminación del Sahara Occidental y de incitar a la gente a exigir sus derechos. Para comprenderlo mejor, habría que contextualizar la política marroquí.

En mi país, el Majzen concibe que el deber de los partidos políticos es controlar a la población, no agitarla. También nos reprochan que mantengamos relaciones con una organización alegal como “Justicia y Caridad”, y de ser nihilistas. He leído en la prensa que Francia no está a favor de nuestra ilegalización, lo que influye en la decisión que tome el régimen, pero que no les ha frenado en perseguirnos. Hasta la fecha, nos han arrebatado espacios públicos para la organización de actos y actividades, e incluso han detenido a varios de nuestros militantes.

¿Cómo un partido laico de izquierda como Vía Democrática ha podido unirse con una fuerza islamista como “Justicia y Caridad”?

Pensamos que el cambio en Marruecos no se puede realizar únicamente desde la izquierda. Algunos partidos islamistas – no todos – como “Justicia y Caridad” o el Partido de la Ummah son actores políticos importantes y están legitimados para participar en ese cambio que proponemos. Trabajamos para la constitución de un frente amplio, dialogando con todas las fuerzas opositoras al régimen. También con los liberales. Y queremos que el debate de ideas, además, sea público. Debemos fomentar el diálogo pero sin marginar a los islamistas, ni mucho menos demonizarlos.

Es verdad que hay personas fanáticas y retrógradas en el seno del movimiento islamista, pero también hay gente que intenta comprender la realidad. Nosotros ya preguntamos a “Justicia y Caridad” si estarían dispuestos a imponer la Sharia (Ley Islámica) en el caso de un cambio de régimen, y su respuesta fue que están a favor de la libertad de conciencia. Para nosotros es muy importante que admitan ese principio de libertad. La laicidad que proponemos para el Estado no se puede aplicar sin tener en cuenta a estas personas. Su transformación no se consigue de un día para otro. El régimen está aterrorizado por esa conjunción y el imperialismo tiene miedo. Pero, al mismo tiempo, ese pavor también dificulta más la vía del cambio en Marruecos. Hace falta tiempo.

FUENTE: Viento Sur / Gorka Castillo