El barco Aquarius y cinco muestras de la militarización del saqueo de África

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Nazanín Armanian, autora del artículo (Shiraz, Irán, 1961)

Es falso que los inmigrantes vienen a Europa por razones económicas. Más del 80% huyen de guerras. Sus parientes han sido asesinados y sus hogares destruidos. Así concluye un estudio realizado por la Universidad de Middlesex (Londres) en 2015. Cierto. Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más “intocable”, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al Primer Mundo en pateras.

Sólo una guerra (o sea, la muerte casi segura y violenta) es capaz de forzar a millones de familias a cruzar mares, montañas y desiertos, arriesgándose la vida. Las cerca de 56 millones de personas que desde 1991 (el fin de la URSS) hasta hoy han tenido que abandonar su hogar en Oriente Próximo y África por las guerras de conquista encabezadas por EEUU, no han elegido su destino, ya que no tienen control sobre ello: dependen de quienes los llevan y las tierras que les acogen.

El “caos creativo” para inventar una África a la medida

La misma procedencia de las 630 personas que subieron al Aquarius muestra el nexo directo entre la actual migración con el nuevo saqueo militarizado de África por la OTAN. Las economías occidentales en recesión necesitan recursos naturales baratos, y también nuevos mercados: “Proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, y garantizar que ningún otro tercero interesado, como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial” es uno de los objetivos de la militarización de África, confiesa el director del Centro del Consejo Atlántico para África en Washington, Peter Pham. Mientras, la marca del “terrorismo islámico” de la CIA abre sucursales por el mundo como si fuera McDonald’s, alimentando a las compañías de armas y de recursos naturales. Bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, “estabilizar la región”, “misión humanitaria”, o “mantenimiento de la paz”, el Comando para África de los EEUU (AFRICOM) ya ha instalado unas 50 bases militares por todo el continente, mientras aplasta a los movimientos progresistas y anticapitalistas, apuntalando a los regímenes corruptos y dictatoriales que dirigen las formas más salvajes de gobernar una nación.

Caso “Libia”

Decenas de miles de ciudadanos de Mali, Sudán, Chad y el resto de África se dirigen a Libia para huir de guerras o en busca de trabajo, pero desconocen que aquel país próspero hoy es el centro mundial de la esclavitud, de la tortura y violación. Antes de que en 2011 la OTAN planeara derrocar a Gadafi y ocupar Libia, unos 2 millones de inmigrantes trabajaban en este país de 5 millones de habitantes, la primera reserva del petróleo de África. Ahora, además de los libios que huyen del país hacia Europa, también lo hacen aquellos inmigrantes si consiguen salir de aquel infierno.

Caso “Nigeria”

En el séptimo exportador mundial de petróleo, los EEUU (con la farsa de “salvar a las niñas secuestradas” manu militari) intentan instalar la sede del AFRICOM, hoy en Alemania. Fue en Nigeria donde la petrolera anglo-holandesa Shell ha sido acusada de “complicidad en asesinato, violación y tortura” de los nigerianos cometidos por el Ejército en la región petrolífera de Ogoniland en la década de 1990. Las protestas para expulsar a Shell de Nigeria por el desastre ecológico que acusó en la región y obligó a desplazarse a comunidades enteras, condujo a la petrolera a crear una unidad secreta de espionaje, que pasaba información sobre los molestos activistas a la agencia de seguridad nigeriana, a la vez que pedía al presidente y general Sani Abacha “resolver el problema”. Y él lo hizo: ahorcó a 9 líderes ecologistas, mató a más de 1.000 manifestantes y destruyó unas 30.000 viviendas en la aplicación de la política de “tierra quemada”. Así, Shell podía llevarse un millón de barriles de petróleo al día, con tranquilidad.

Las compañías occidentales que buscan el uranio, el oro, platino, diamante, cobre, tierras raras, coltán, petróleo, gas o carbón de África, establecen un control sobre los gobiernos africanos mediante inversiones, préstamos, “ayuda al desarrollo” y tráfico de influencias. No hay nada nuevo: simplemente estamos ante la actualización de la Conferencia de Berlín de 1884, que repartió África entre las potencias y de paso teorizó los lazos entre el colonialismo y el racismo (sistematizado por los británicos en el “Apartheid”). Luego, asesinaron a los líderes de los movimientos progresistas como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Eduardo Mondlane, Samora Machel, Felix Moumie o Chris Hani, apoyando a las dictaduras más impresentables del mundo. Más adelante, creaban a monstruos como Bin Laden pero llamaban “terrorista” a Nelson Mandela.

Caso “Sudán”

El mismo año de la destrucción de Libia, los EEUU dividieron al que fue el Estado más extenso de África: unas 50.000 personas (incluidos niños y niñas) fueron torturadas y asesinadas por los señores de la guerra que luego ocuparon el poder en Sudán del Sur; otros 2 millones huyeron, ocultados en los islotes de los pantanos del Nilo, comiendo hierbas silvestres y buscando refugio en Etiopía o Uganda. Miles de niñas y mujeres han sido violadas una y otra vez, incluso en el campo de refugiados de Yuba, la capital de Sudán del Sur. Hoy, la hambruna afecta a 4’6 millones de personas. La CIA ha vuelto a fabricar “rebeldes” armados para desestabilizar el país ya que los líderes que impuso han convertido a Sudán del Sur en el único país de África con contratos de petróleo con China.

Caso “Níger”

Los ciudadanos de este país se enteraron de la existencia de una base militar de EEUU (ilegal por la prohibición constitucional) sólo cuando 4 de ellos murieron en una emboscada el mes pasado. El dictador Mamadou Issoufou fue el director de Somaïr, la compañía de minas de uranio del país pero bajo control de la compañía francesa Areva. Una quinta parte del uranio que alimenta la red eléctrica francesa proviene de Níger, que es, paradójicamente (o no), el segundo país más pobre del mundo. Las empresas occidentales van a por su oro, uranio y petróleo. Issoufou es como el presidente turco Tayyip Erdogan: ha cobrado ingentes millones de euros de la Unión Europea para retener a los inmigrantes.

Federica Mogherini, la Comisaria de Exteriores de la UE, viajó a Níger en 2015 expresamente para apoyar la llamada “Ley 36” del país, que prohíbe a los extranjeros viajar al norte de Agadés, la región donde EEUU ha construido una “megabase” de drones de 6 kilómetros cuadrados por 110 millones de dólares, para desde allí controlar Mali, Argelia, Libia y Chad. Esta ley ha convertido el desierto en un gran cementerio para los migrantes africanos: en junio de 2017 unos 50 jóvenes, abandonados por los traficantes, murieron de sed en el Desierto de Níger cuando iban a Libia. No es casualidad que la sede de la Organización Internacional para las Migraciones, financiada por la UE, esté en este país.

Caso “Mali”

Aquí la esperanza de vida es de 48 años y sus minas de oro están bajo el control del gigante británico “Gold Fields”. Tras destruir Libia, la OTAN miró a Mali: organizó un golpe de Estado en 2012 que derrocó al presidente Toumani Touré para sustituirlo por el capitán Amadou Sanogo, entrenado en EEUU. Luego, mandó a las corporaciones como URS y AECOM (contratistas del Pentágono) construir nuevos complejos militares, para que la Fuerza de Reacción Rápida de EEUU en el Sahel amplíe su control sobre la región.

No esperen comprensión, solidaridad, piedad ni caridad de las compañías de armas ni de las que buscan maximizar sus beneficios. Lean algo sobre el secuestro y la tortura de los niños para ser explotados en las minas de coltán de la República Democrática del Congo, y conocerán la verdadera naturaleza de dichas compañías del “Primer Mundo”. ¿Y luego quieren que estas personas no huyan de sus tierras?

Por Nazanín Armanian

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Hezbolá denuncia las presiones de EEUU, Israel y Arabia Saudí contra Marruecos

Hezbolá rechazó el pasado martes las alegaciones del Gobierno de Marruecos, que acusó al partido libanés de armar y entrenar a los combatientes del Frente Polisario en el país del norte de África.

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Combatientes del Frente Polisario marchan durante ejercicios de entrenamiento.

En un comunicado emitido por la Oficina de Relaciones con los Medios de la formación, Hezbolá negó categóricamente las acusaciones.

“Es lamentable que Marruecos recurra, bajo presión de EEUU, Israel y Arabia Saudí, a acusaciones falsas”, dijo el comunicado.

“El Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí podría haber encontrado un pretexto más convincente para cortar sus vínculos diplomáticos con Irán en lugar de fabricar excusas sin fundamento”, continúa el comunicado.

Nasser Bourita, Ministro de Asuntos Exteriores marroquí, acusó a Irán y Hezbolá de entrenar y armar a los combatientes del Frente Polisario, organización que lucha por la independencia del Sahara Occidental desde 1975.

El canciller alauita también anunció que Marruecos cortaría las relaciones diplomáticas con Irán, además de cerrar su embajada en Teherán y expulsar al embajador iraní en Rabat.

FUENTE: Departamento de Medios de Hezbolá

Bandung: el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

El año 1955 marcó un hito en la Historia de la Humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung (Indonesia), muy cerca de la capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita U Thant, Primer Ministro de Birmania (la actual Myanmar); Jawaharlal Nehru, Primer Ministro de India; el coronel Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto; y el anfitrión, que era Ahmed Sukarno, Presidente de Indonesia. De esa reunión nació el Movimiento de Países No Alineados, que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial.

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El revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser se reúnen durante la Conferencia de Bandung, en Indonesia (1955)

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los EEUU y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoslavia, que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, con la Revolución Argelina, y finalmente con la caída del régimen del Apartheid en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran el Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal, España, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en las dos guerras mundiales. Alemania perdió Tanzania, Togo y Namibia, que pasaron a ser un fideicomiso del Imperio Británico tras la Primera Guerra Mundial; e Italia, al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalia.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia, que llegó a un acuerdo con el gobierno del general Charles de Gaulle en Francia firmando los Acuerdos de Evian, rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLN argelino y por el ministro Edgard Fauré por el Gobierno francés.

El gobierno de Charles de Gaulle se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas de Argelia, que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante 50 años, pasados los cuales lo haría al 50% con el Gobierno argelino.

Portugal, dado el carácter de izquierda de la Revolución de los Claveles, simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, y el gobierno racista blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela – que acordó con el presidente blanco Frederik De Klerk que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por las mismas empresas que los “afrikaner” habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo, no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los EEUU, que apoyaron a una guerrilla contraria al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) de Agostinho Neto – que fue el primer Presidente de la República Popular de Angola – que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonas Savimbi, apoyado por los EEUU, hasta que finalmente fue derrotado y Savimbi caído en combate.

En Mozambique el FRELIMO estuvo liderado por Samora Machel, de formación marxista-leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo. Pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país de electricidad y le permite vender energía eléctrica a países limítrofes. Se nacionalizó la industria pesquera.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de Estado en Argelia que acabó con Ben Bella y puso en su lugar al coronel Houari Boumedienne, que aunque formalmente siguió la política de Ben Bella, lo encarceló durante 11 años y abrió la puerta a la burocratización del nuevo Estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola. A la muerte de Agostinho Neto, que fue sucedido por su vicepresidente José Eduardo dos Santos, éste desató la mayor corrupción de África, donde los ministros de su gobierno cobraban “mordidas” del 30% y donde la hija de Dos Santos, Isabel dos Santos – que vive en Portugal – es la mujer más rica del país.

En Sudáfrica tenemos a Jacob Zuma – actual presidente – que está acusado de corrupción y está siendo investigado por el Parlamento sudafricano, siendo posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formasen una clase dirigente que les ayudara a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tiene, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación se haya convertido en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo Estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

Por Darío Herchhoren

Llamamiento de Robert Mugabe a los ciudadanos de Zimbabwe

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Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe entre 1980 y 2017.

Mis compatriotas de Zimbabwe, escribo esta carta esperando que todos la leáis y la difundáis:

Mis días en este mundo están contados, pero sé que una vez que me haya ido, ni vosotros ni vuestros hijos me olvidarán jamás. Quiero que entendáis que la razón por la que he estado tanto tiempo en el poder, 36 años, ha sido porque quería empoderar a todos vosotros, los zimbabuenses negros. Ningún otro presidente en toda África ha hecho lo que yo he hecho por vosotros.

¿Sabéis que, en toda África, el único país en el que los negros son dueños de su propia tierra es Zimbabwe? Somos los únicos negros que poseen y administran los medios de producción. Poseemos nuestras empresas y nuestra tierra. Ese es el verdadero significado de la independencia. Independencia política y económica. He luchado contra viento y marea toda mi vida política para asegurar la consolidación de la independencia política y económica. No odio a la gente blanca, no, en absoluto. Lo que odio es que piensen que son mejores que nosotros, que piensen que pueden venir a nuestro país a llevarse nuestros recursos y quedarse nuestras tierras, a decirnos lo que tenemos que hacer. A todo eso, le digo: NO. Sin embargo, hoy estoy contento de que casi toda la tierra del país esté en manos negras, en manos zimbabuenses.

Está en vuestras manos usar la educación que os dí para desarrollar la tierra, para que sea productiva y os podáis alimentar. Una cosa de la que estoy orgulloso es que trabajé duro para asegurar que nuestros recursos naturales y nuestra tierra fuese entregada a sus legítimos propietarios: vosotros, el pueblo negro de Zimbabwe.

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Bandera nacional de Zimbabwe, adoptada en 1980.

Id a ver otros países de África. Aquí mismo, al otro lado del Limpopo, en Sudáfrica, Mandela vendió y entregó todas las tierras y la economía a los blancos. Los negros en Sudáfrica serán esclavos de los sudafricanos blancos para siempre mientras la tierra no esté en manos de sus legítimos dueños – los africanos. Así las cosas, el hombre negro continuará sufriendo en su propia tierra.

La auténtica riqueza está en vuestras manos, yo peleé para arrebatársela a los blancos que vinieron aquí para robárosla a vosotros. Sí, el mundo está furioso conmigo y ha castigado al país entero con sanciones, pero no me importa porque sé que hice lo correcto, estaba empoderando a mi pueblo. Debéis cuidar la tierra y las industrias que os he entregado.

Yo hice lo mío. La pelota está ahora en vuestro tejado. Haced lo vuestro. Me recordaréis y me daréis las gracias por lo que he hecho cuando me haya ido.

Vuestro presidente y líder, de África para los Africanos

Robert Gabriel Mugabe

Harare, 17 de noviembre de 2017

La situación en el Rif

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Manifestantes portan una bandera amazigh (bereber) durante las protestas en la ciudad de Alhucemas (mayo de 2017)

La situación en el Rif, así como en el resto de Marruecos, es intolerable. El declive ha sido tal que ha alcanzado todos los niveles: políticos, económicos, sociales y culturales.

Lo que es conocido tanto dentro como fuera del país como una revuelta popular no es más que la consecuencia del sufrimiento causado por una crisis económica que afecta a las capas sociales más desfavorecidas: a los pobres, a los trabajadores, a los marginados.

Este levantamiento es el producto necesario de la lucha de clases, de la brutal diferencia de recursos entre pobres y ricos. Hoy en día es esencial plantearse de manera firme quién es el responsable de esta situación tan miserable que está sufriendo la gente.

La responsabilidad de todo esto recae en la élite burguesa, conocida popularmente como “Majzen”, que dirige Marruecos desde la independencia. Esta élite ejerce como una mafia que actúa como agente del imperialismo, especialmente de Francia.

Las causas de este levantamiento

Hay muchos factores que se solapan detrás de la continuidad de este movimiento rifeño, ya sean históricos, políticos, sociales o económicos.

Históricamente, este movimiento que afecta a la población del norte de Marruecos es diferente a los anteriores. Ha sido precedido por las protestas del Movimiento “28 de Febrero”, las movilizaciones de los médicos, los profesores en prácticas y las protestas en Tánger contra la empresa hidroeléctrica local.

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Abd el Krim al-Khattabi fue presidente de la República del Rif entre 1921 y 1926. Se enfrentó a una fuerza conjunta hispano-francesa que desembarcó en Alhucemas en 1925, sofocando la rebelión anticolonialista.

El norte marroquí es un ejemplo de resistencia, cuyo símbolo es Abd el Krim al-Khattabi, quien derrotó a los colonialistas españoles y franceses. Este bagaje es una fuente moral y un orgullo para la gente del Rif en sus justas reivindicaciones. Esta zona fue golpeada muchas veces por el poder del Estado, hasta estos momentos.

A nivel político, el entramado resulta tremendamente complicado para alguien de fuera de Marruecos, ya que hay partidos a decenas que representan todos los espectros y orientaciones políticas. Esto lleva a preguntarse cómo puede haber elecciones democráticas en un país con una participación del 20%, cuando esto significa que el 80% de la población desconfía totalmente de dichas organizaciones y del sistema que representan.

La población se mantiene al margen de la vida política, pues vive en un Estado cuyo gobierno está compuesto por partidos de ideologías contrarias. En el gobierno actual, formado por 6 partidos, ejerce la dirección un partido islamista y ocupan varios ministerios miembros del “sucesor” del antiguo Partido Comunista de Marruecos (PPS).

A nivel social, la situación que viven las diferentes zonas de Marruecos se ha vuelto insostenible. El desempleo supera el 60% en muchos lugares, la carestía de la vida se ha visto marcada por un constante aumento de los precios y un consecuente incremento de la pobreza, ha derivado en la destrucción de puestos de trabajo en el sector público, privatizaciones en la enseñanza y otras medidas demoledoras han llevado al país a estas justas movilizaciones reivindicativas.

Actualmente, la sociedad marroquí está dividida entre una minoría muy rica y una mayoría extremadamente empobrecida. Esta situación se vuelve incomprensible en un país tan rico en materias primas tales como fosfatos, bancos de pesca con un litoral de 3.600 kilómetros, minas de oro y plata, riquezas agrícolas, etc. Sin embargo, esta vasta riqueza tiene un dueño: y es la oligarquía, las élites gobernantes.

Estos motivos han forzado a la gente a salir a la calle, reclamando sus derechos en educación, sanidad, trabajo, una distribución justa de la riqueza y terminar con la militarización de esta zona oprimida.

El participante en este movimiento es el pueblo, los marginados, los pobres. Y como pilar de este hecho, se encuentra la mujer del Rif. Ella tiene una participación fundamental en esta lucha, encontrándose en la dirección y a la cabeza de este movimiento, y este hecho ha sido reconocido por todas las organizaciones de izquierda marroquíes.

Las mujeres cuentan con el apoyo incondicional de los partidos de la llamada “extrema izquierda” como Vía Democrática o el Partido de la Vanguardia Socialista, el partido de Mehdi ben Barka, así como con el apoyo de los tres principales sindicatos y de las organizaciones de Derechos Humanos marroquíes. Además, cuentan con el respaldo y la solidaridad tanto del Frente Popular para la Liberación de Palestina como del Frente Popular de Túnez.

Si el pueblo no lucha por sus derechos vivirá como esclavo al servicio del amo, y ese yugo será de por vida. Una revuelta popular pacífica ha puesto al sistema en jaque, porque el pueblo marroquí sabe que si se mantienen de rodillas, rechazando la lucha contra sus opresores, jamás podrán conseguir nada.

Por Fayed Badawi

(Extraído de “Unidad y Lucha”, órgano del PCPE)

El dictador que no conoces

Por Stephen Gowans

Es un virtual dictador que preside un virtual Estado unipartidista controlado por su propia minoría étnica. Es cierto que fue elegido en múltiples ocasiones, pero se apoyó en la violencia y la intimidación para ganar unas “elecciones increíblemente controladas”. En los últimos comicios, su partido ganó todos menos 2 de los 546 escaños del Parlamento.

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Meles Zenawi (izquierda) junto a Hillary Clinton, ex-Secretaria de Estado de EEUU y ex-candidata presidencial en 2016. Zenawi fue Presidente de Etiopía entre 1995 y 2012.

Cuando los opositores pusieron en duda una de estas imposibles victorias, ordenó abrir fuego a las fuerzas del régimen, “matando a 193 personas e hirieron a otras cientas. Miles de opositores fueron arrestados y detenidos”. Los opositores que no fueron encarcelados vieron cómo se les negaba la ayuda alimentaria, el puesto de trabajo u otros beneficios sociales.

Una rebelión contra su régimen fue sofocada a través de “brutales campañas” que incluían violaciones en masa y el asesinato de su propio pueblo. En 2011 condenó a dos periodistas occidentales a 11 años de cárcel por informar sobre grupos rebeldes que luchan por derrocar su tiránico régimen. Y en 2006 envió a sus tropas a un país vecino para ocuparlo militarmente.

¿Acaso hablo de Bashar Al Assad en Siria? ¿O tal vez de Robert Mugabe en Zimbabwe?

La descripción se ajusta al retrato de dichos líderes elaborado por el Departamento de Estado de EEUU y de su caja de resonancia: los medios de comunicación occidentales. Pero no estamos hablando de ninguno de ellos. Es lógico que pensemos que se está hablando de uno de estos dos injuriados por Washington (y, por tanto, automáticamente por la prensa occidental) por razones que presuntamente tienden a ver con sus prácticas en materia de democracia y derechos humanos.

No así, la verdadera razón del Departamento de Estado (y de sus serviles medios de comunicación occidentales) para tratar como atroces criminales a estos hombres en su posición de cara al libre mercado y a la dominación extranjera. Ninguno de los dos permitió abrir su país a la explotación sin límites por parte de extranjeros (en el caso de Zimbabwe, a los descendientes de los colonos blancos). Ni votan en la ONU siguiendo las directrices de Washington, ni están dispuestos a actuar como apoderados militares del Pentágono.

Pero Meles Zenawi, el dirigente del que realmente hablamos (el dictador del que no has oído hablar), estaba dispuesto a hacer todas esas cosas.

Meles Zenawi, presidente de Etiopía, falleció el 20 de agosto de 2012. Anticomunista recalcitrante, abandonó la Facultad de Medicina en la década de 1970 para combatir al entonces Gobierno socialista etíope. Como primer ministro, guió a Etiopía a través del libre mercado y la venta de las empresas públicas a los inversores extranjeros. En 2006, cuando EEUU le pidió que invadiese la vecina Somalia, Zenawi (un intransigente agente de los intereses norteamericanos) estuvo más que dispuesto a cumplir la petición.

Por sus servicios, el hombre fuerte de Etiopía recibió pingües beneficios: 1.000 millones de dólares de Washington en 2010, y casi la misma cantidad en 2011. Y sus “servicios militares y de seguridad” son celebrados en Washington como “uno de los socios preferidos de la CIA en África”.

¿No era Meles Zenawi de esa clase de líderes a los que Washington insulta? El Departamento de Estado no llevó a cabo ninguna campaña para su destitución, y esta línea fue asimilada por los obedientes medios de comunicación, y después por los liberales, la izquierda moderada, los “activistas pro-democracia” y los trotskistas de la “exclusión aérea en las zonas rebeldes”. Todas estas fuerzas estaban demasiado ocupadas tratando de superarse unos a otros en la denuncia de los deshonestos socialistas y nacionalistas a los que Washington señaló, porque presuntamente odian la democracia y los derechos humanos, pero lo cierto es que odian la dominación extranjera. Meles Zenawi nunca estuvo en la lista negra de Washington. Ni en la de los medios de comunicación occidentales. Ni en la de los mencionados izquierdistas.

En el obituario de Meles Zenawi aparecido en “The New York Times”, Jeffrey Gettleman se vio en la obligación de explicar la brecha existente entre la retórica pro-derechos humanos de Washington y su práctica de apoyo a los verdaderos enemigos de los derechos humanos.

Etiopía – afirma Gettleman – no es el típico caso que genera preguntas complicadas relacionadas con el equilibrio entre los intereses y los principios. Los intereses de EEUU (es decir, los intereses de un 1%) superan ampliamente los principìos, por lo que Washington continúa apoyando a líderes como Meles Zenawi o los petromonarcas del Golfo Pérsico. Los principios son sólo retórica para cubrir la violación de otros países en la búsqueda de beneficios.

Arabia Saudí – continúa – es un ejemplo claro de intereses por encima de los principios, un país donde las mujeres carecen de muchos derechos y no existe la libertad religiosa. Pese a todo, continúa siendo uno de los más estrechos aliados de EEUU en Oriente Medio por una razón muy simple: sus recursos petrolíferos.

Pero la industria y el consumo de los estadounidenses no dependen de este petróleo. De hecho, EEUU es uno de los principales productores mundiales de petróleo, y más de la mitad del petróleo que los yanquis emplean es de origen nacional. La vecina Canadá suministra a los EEUU tanto petróleo como los países productores del norte de África y de Oriente Medio juntos. La pérdida de Arabia Saudí como aliado no significaría ningún problema de suministro para los EEUU. Como mucho, el petróleo saudí representa una pequeña parte del petróleo que consume EEUU. No obstante, es una enorme fuente de beneficios relacionados con el petróleo para las empresas estadounidenses, no sólo directamente, sino a través del lavado de los petrodólares por medio de los bancos estadounidenses. Arabia Saudí continúa siendo uno de los principales aliados de EEUU en Oriente Medio por una simple razón: no por el petróleo en sí, sino por los inmensos beneficios económicos relacionados con él.

Gettleman también señala que, en África, los EEUU cooperan con varios gobiernos de partido único, dominados por un solo hombre, en contraposición a su compromiso con la promoción de la democracia. Pero no dicen el por qué. Si se tienen los beneficios petrolíferos de Arabia Saudí, ¿qué hay en África? El diario “The Wall Street Journal” es más claro. El antes nombrado Meles Zenawi transformó una economía socialista planificada en una “libre de control” que atrajo a inversores en la agricultura y la manufactura. En otras palabras, ayudó a los ricos inversores norteamericanos; un insignificante 1% de la población.

Mientras, los dirigentes que combatieron la explotación de sus países por el 1% que representa Occidente son desestabilizados, sancionados, bombardeados (con la ayuda de una marea de izquierdistas) y denigrados por las más virulentas campañas de desprestigio.

Juan Carlos de Borbón pactó en secreto los términos de la Marcha Verde con Hassan II

El entonces Príncipe de España acordó el repliegue de las tropas españolas y la entrada de 50 marroquíes en El Aaiún.

Los documentos secretos que la CIA ha desclasificado esta semana arrojan luz sobre algunos de los episodios más significativos de la Historia reciente de España: desde las presiones que recibió Felipe González para no celebrar el referéndum de la OTAN hasta el futuro de Gibraltar o de Adolfo Suárez. Pero si hay un nombre que se repite con asiduidad en las 12 millones de páginas ahora públicas es el del antiguo rey Juan Carlos I. Y las últimas revelaciones apuntan al papel que el monarca español jugó en un acontecimiento decisivo: la Marcha Verde, movimiento en el que España perdió el territorio del Sahara Occidental, que quedó repartido entre Marruecos y Mauritania.

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Hassan II (rey de Marruecos entre 1961 y 1999) junto a Juan Carlos I (rey de España entre 1975 y 2014)

Los hechos tuvieron lugar entre el 6 y el 9 de noviembre de 1975. El príncipe Juan Carlos asumía en funciones la Jefatura del Estado ante la debilidad física de Francisco Franco y las reivindicaciones que llegaban desde el Sahara requerían la intervención de la máxima autoridad nacional: el rey Hassan II de Marruecos había diseñado una invasión sobre el territorio – y que pretendía la anexión a su país – a la que bautizó con el nombre de Marcha Verde.

“Se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intactos su prestigio y su honor”, afirmó el príncipe Juan Carlos en una visita a El Aaiún en vísperas de los acontecimientos.

Pero los papeles de la CIA detallan que el papel del antiguo Rey de España no se limitó a mediar para resolver un conflicto que terminó con la retirada del Ejército español del Sahara. Al menos, eso le confesó el príncipe Juan Carlos al entonces embajador de EEUU en España, Wells Stabller:

“Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sahara Español y que permanecerán un corto período de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas.”

El documento está fechado el 6 de noviembre de 1975, el mismo día que arrancó la invasión.

“La zona en la que no está prevista que caminen los manifestantes está claramente marcada como campo de minas. Juan Carlos dijo que las fuerzas españolas usarán cualquier medio a su disposición para evitar que los marroquíes crucen esta línea.”

Temor a que se descontrole la situación

“Una vez que los manifestantes crucen la frontera, la situación puede descontrolarse fácilmente”, esgrime el documento, incluido en el Boletín de Inteligencia Nacional, que también habla de los movimientos del Frente Polisario.

“Algunos de sus miembros están en el área que ya han abandonado las tropas españolas”, detalla. “Casi con total seguridad intentarán atacar a los manifestantes”.

La CIA subió a Internet en la madrugada del pasado martes casi un millón de documentos desclasificados que contienen parte de la Historia de la agencia estadounidense en los últimos 25 años. Son más de 12 millones de páginas de información. Unas 12.500 entradas mencionan a España y contienen informes de estrategia y cables diplomáticos secretos que reflejan la visión de la inteligencia norteamericana sobre la Transición, el rey Juan Carlos I y la Historia de España hasta la década de 1990. Estos documentos se han ido desclasificando regularmente desde 1999 y algunos eran conocidos, pero para consultarlos había que acudir físicamente al Archivo Nacional de EEUU, en Washington DC.

FUENTE: Movimiento Político de Resistencia