Seamos socialistas

Hay una diferencia fundamental entre la visión de los modelos semi-revolucionarios, que dicen que mientras las clases trabajadoras y la clase obrera sigan atrasadas deben quedarse bajo tutela, pues no es razonable concederles más derechos de los que puedan ejercitar; y entre la visión revolucionaria verdadera, que dice que mientras esta clase sea la inmensa mayoría del pueblo, mientras sea ella la que construye la sociedad, quien lucha y combate cuando sobrevienen los peligros y la agresión exterior, cuando aparecen conspiraciones imperialistas, debemos habilitar todos los medios posibles para que esta clase sea capaz de ejercitar sus derechos y su libertad. Porque la clase obrera no puede llegar al nivel de capacidad y eficacia necesario para construir la Revolución Árabe si no practica sus derechos con libertad. Puede y debe equivocarse para aprender con la práctica, para que surja en nuestra vida un espíritu y un calor nuevos: el calor del pueblo trabajador, el pueblo que está interesado en la independencia y la libertad, en la soberanía y en la unidad, en que se eleve el nivel de vida de nuestros países.

No podemos ser socialistas y proclamar el socialismo si limitamos el papel de la clase obrera, si lo censuramos, si lo miramos como si no fuera parte de nosotros, ni nosotros parte de ella.

Somos parte de la clase obrera. Los socialistas verdaderos se consideran a sí mismos parte de la clase obrera. El verdadero gobierno socialista es el gobierno de la clase obrera, el que atiende más a las posibilidades de esta clase en el futuro que a sus defectos en el presente. El que considera lo que esta clase puede dar, forjar y crear en la vida de la nación, en el combate del destino, antes de los errores en los que pueda caer en la práctica, sus detalles y pormenores. Éste es el salto que se le exige a la revolución, a la Revolución Árabe total y en cada una de sus regiones, porque en el pasado se detuvo a mitad de camino.

Ésta es la corrección radical y decisiva que ha de dejar su impronta en nuestra vida y nuestra actuación en los 10 años próximo, para que nuestra revolución sea profunda y válida, capaz de corresponderse con los medios del enemigo y su enorme fuerza, para que así nos coloquemos en medio del camino de nuestro renacimiento.

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Reunión entre las delegaciones de la República Árabe Unida (Siria y Egipto), encabezada por Gamal Abdel Nasser, en el contexto de las conversaciones tripartitas entre Egipto, Siria e Irak. De izquierda a derecha: Salah al-Din al-Bittar (Primer Ministro de Irak); Luay al-Atassi (Presidente de Irak); Gamal Abdel Nasser (Presidente de la RAU) y Michel Aflaq (Jefe del Comando Nacional del Partido Baath).

Este salto consiste, precisamente, en cambiar la visión que se tiene del proletario y de la clase trabajadora. Reconocer primero sus derechos y exigirle después sus deberes. La clase obrera es consciente de sus responsabilidades históricas, pues no pide beneficios materiales o de consumo solamente, sino que con su instinto y conciencia nuevas siente que es la base de esta patria, de esta nación, que es ella quien va a salir a la calle, la que va a ir al frente el día del peligro. A ella pertenecen los luchadores y combatientes. En tiempos de paz, es ella la que construye con su sudor y esfuerzo los proyectos de desarrollo del país y de su industrialización, para llevarla del atraso al desarrollo y a la civilización.

No digo esto para que los obreros sientan orgullo y se envanezcan. No. No creo que el orgullo conozca el camino que lleva hacia nuestras clases obreras y populares. Las clases trabajadoras y populares son quienes sienten pasión por esta patria, quienes aman esta tierra; ellas son las que se sacrifican en silencio, las que en realidad creen en los valores patrióticos y humanistas, más que en el pan de cada día que luchan por conseguir.

Sacrifican de todo corazón hasta ese pedazo de pan cuando ven a su patria amenazada, sin necesitar consejos ni recomendaciones. Éstos deben dirigirse a las clases que no son capaces de valorar en qué circunstancias estamos, ni estimar que estamos amenazados en nuestra existencia como nación; ni de considerar, por tanto, que éste es un tiempo de privaciones y de preparación al combate, y que lo que debe darse a las clases populares no es comodidad, sino los medios para que puedan construir la patria y defenderla.

Por Michel Aflaq

Fundador del Partido Árabe Socialista Baath

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La República del Rif

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Bandera oficial de la República del Rif (1921-1926)

La República del Rif (en rifeño: “Taguda n Arif”) fue un Estado norteafricano independiente. Algunas tribus confederadas de la región montañosa del Rif adoptaron ese nombre para designar al territorio independizado de España durante la sangrienta guerra que realizaron contra esta potencia entre 1921 y 1926, la conocida como Guerra del Rif. A veces recibe el nombre de República Confederada de las Tribus del Rif, pero esta denominación no fue oficial. La República fue disuelta el 27 de mayo de 1926 por fuerzas españolas y francesas después del Desembarco de Alhucemas.

Antes del establecimiento de los colonizadores españoles y franceses, Marruecos estaba nominalmente bajo el imperio de un sultán que gobernaba a través de una estructura estatal conocida con el nombre de “majzen” (literalmente, “almacén”), que podría traducirse por “corte”. El sultán, aparte de ser un monarca absoluto, poseía el título de “Príncipe de los Creyentes” (“amir al-muminin”), una denominación tradicionalmente reservada a los califas (los reyes de Marruecos, tras la independencia del país en 1956, han conservado este título, que ningún otro gobernante musulmán utiliza). El sultán era, por tanto, jefe político y espiritual de Marruecos.

El Rif, región montañosa de cultura mayoritariamente amazigh en el noroeste del Sultanato, pertenecía de lleno al Bled es-Siba. Como otros territorios independientes del sultán, no tenía una estructura de poder centralizada sino una multitud de alianzas creadas a partir de estructuras tribales y ligas políticas a varios niveles: comunidad, fracción, clan, tribu, confederación, etc.

El órgano de decisión en cada uno de estos niveles era la Asamblea (“ayraw” en rifeño, “yamaa” en árabe), formada por los representantes de la comunidad, que elegían, generalmente por un período anual, a un Jefe (“shaikh” o “amgar”). La tribu más importante del Rif a principios del siglo XX era de los Ait Wariaghel, conocida en la historiografía española como “Beni Urriaguel”.

Los españoles penetraron en el Rif al principio realizando pactos con los jefes locales y estableciéndose en pequeñas posiciones que generalmente tenían la forma de “blocaos”. No se alejaban excesivamente de Melilla, su retaguardia. En 1921 las tribus del Rif Central se sublevaron bajo el mando de Muhammad Abd el-Krim el-Khatabbi, conocido como Abd el-Krim, notable de los Ait Wariaghel, justo en el momento en el que las tropas españolas se aventuraban a establecer posiciones más arriesgadas y desprotegidas.

Varias posiciones fueron duramente atacadas, en una campaña que duró todo el verano de 1921 y que culminó en una grave derrota española en Annual. Esta victoria rifeña dio inicio a una guerra que se prolongó hasta 1926. La rebelión rifeña finalmente fue derrotada gracias a la ayuda de Francia en el Desembarco de Alhucemas.

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Muhammad Abd el-Krim el-Khatabbi, conocido popularmente como Abd el-Krim, fue el líder de la República del Rif durante su existencia. Posteriormente deportado a la colonia francesa de Isla Reunión, en el Océano Índico, moriría exiliado junto a su familia en El Cairo en 1963.

Después de la victoria de Annual en el verano de 1921, Abd el-Krim se sintió más seguro de organizar y desarrollar eficazmente el movimiento rifeño, surgido a lo largo de la guerra, por la razón de que el Rif fue liberado por las manos duras del Haraka. La falta de un Ejército regular rifeño coherente y la falta de un organismo que coordinase entre tribus, también la gestión de su propia economía y administración, llevaron a Abd el-Krim a celebrar democráticamente un Congreso General, donde se estudiara y se evaluara la situación después de la victoria y se establecieran nuevas herramientas para un movimiento más sólido.

El planteamiento fue aceptado con un gran entusiasmo por los rifeños, así, fueron invitados a participar los representantes de las cabilas.

La reunión tuvo lugar el 18 de septiembre de 1921. Abd el-Krim empezó con un gran discurso, donde habló de la relación entre el Rif con España y Marruecos, denunciando todo tipo de colonialismo (tanto español como francés), y llamando a no aceptar ningún tratado con el Protectorado Español de Marruecos.

FUENTE: “Plataforma de Apoyo al Rif”

Hace 43 años, España dejó al Sahara Occidental a su suerte en el desierto

La presencia española en África llegó a su fin con el abandono del Sahara Occidental en 1975. Se ponía final así a un siglo de colonialismo débil y sustitutorio tras la independencia de las colonias americanas.

Este territorio era, en principio, mucho menos problemático que las antiguas colonias de Ifni, Guinea o el Protectorado de Marruecos.

Habitado por unas decenas de miles de tribus nómadas, el Sahara Occidental era en su mayoría desértico, y la presencia efectiva de España era todavía muy reciente. Todavía durante la década de 1950, la administración española había llevado a cabo exploraciones científicas como aquella en la que, por ejemplo, participó el etnógrafo Julio Caro Baroja. Hasta el descubrimiento de las reservas de fosfatos, los intereses económicos españoles se limitaban a unos cuantos asentamientos en la costa, que permitían la explotación de los recursos pesqueros.

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General Federico Gómez de Salazar, último gobernador español del Sahara Occidental.

El territorio saharaui había estado integrado administrativamente en la denominada “África Occidental Española” hasta su conversión en provincia a finales de la década de 1950. En un primer momento, el Ministro de Exteriores franquista, Castiella, pensó en el abandono del Sahara mediante un referéndum, al mismo tiempo que procedía a la entrega de Ifni a Marruecos y a la independencia de Guinea.

La situación se complicó cuando, a las reivindicaciones de un “Gran Marruecos”, se sumaron las apetencias argelinas y mauritanas. Además, estallaron conflictos pesqueros con Marruecos debido a la ampliación unilateral por este último de sus aguas jurisdiccionales. Por un tiempo, Marruecos pareció virar a posiciones que defendían la autodeterminación del Sahara Occidental, debido a las maniobras dilatorias de la administración española.

En realidad, el territorio saharaui nunca había estado históricamente vinculado al Reino de Marruecos, manteniendo los sultanes relaciones únicamente comerciales con las tribus nómadas.

En 1974, España concedió cierto grado de autonomía al Sahara Occidental, impulsando un partido político españolista que sirviera de contrapeso a la creciente influencia del independentista Frente Polisario.

El contencioso hispano-marroquí se trasladó al Tribunal Internacional de La Haya. Los planes de descolonización de España parecía que llegarían por una vez a buen puerto, pero la enfermedad de Franco precipitó la situación.

Al mismo tiempo que el Tribunal de La Haya fallaba favorablemente a las tesis españolas en octubre de 1975, Hassan II – a la sazón Rey de Marruecos – decidió aprovechar la coyuntura para montar la operación conocida como “Marcha Verde”.

Varios cientos de miles de marroquíes se presentaron como una marea humana ante la frontera del Sahara Occidental. El gobierno de Carlos Arias Navarro, ante la inminencia de la muerte de Franco, decidió eludir sus compromisos internacionales para la autodeterminación del Sahara, tratando de enfriar el conflicto con Marruecos, que parecía derivar hacia el estallido de una guerra.

La debilidad final del régimen de Franco permitió la rápida firma de un tratado en Madrid con Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975. Al mismo tiempo que el entonces Príncipe Juan Carlos visitaba a las tropas españolas acantonadas en el desierto saharaui, el ministro franquista José Solís era enviado a Marruecos para desactivar el conflicto.

Otra gestión importante fue la realizada por Colón de Carvajal con Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de EEUU. Por el Tratado de Madrid, España cedía la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, con un vago compromiso para que las nuevas potencias administradoras del territorio procediesen más tarde a su descolonización. A comienzos de 1976, tras la muerte de Franco y según las tropas españolas abandonaban el Sahara, se iniciaba una guerra de resistencia del Frente Polisario – apoyado por Argelia – que impediría una dominación estable de Marruecos y provocaría la retirada de Mauritania en 1979.

La dictadura de Franco iba a terminar sus días resolviendo in extremis su amarre con EEUU y, por tanto, su vinculación con Occidente, así como completando la descolonización de sus posesiones africanas. Pero el endurecimiento de la represión durante 1975 y el fusilamiento de cinco antifascistas en el mes de septiembre iban a desencadenar una última oleada de protestas de la opinión pública mundial.

El anacronismo político del franquismo se reflejaba en una casi absoluta soledad en el seno de la comunidad internacional. Además de la retirada de varios embajadores europeos, se produjo un incidente con el entonces presidente mexicano Luis Echeverría.

México, sin relaciones diplomáticas con España desde 1939, denunció al régimen franquista ante la ONU, suspendiendo incluso las comunicaciones y el tráfico comercial entre ambos países.

La Comunidad Económica Europea paralizó las negociaciones para un progresivo desarme arancelario. Hubo protestas, manifestaciones y hasta asaltos a las delegaciones diplomáticas españolas.

Perdido el apoyo de aliados tradicionales como Portugal o la Ciudad del Vaticano, al régimen de Franco sólo le quedaba la endeble amistad con algunos regímenes latinoamericanos y árabes.

FUENTE: “El Confidencial Saharaui”

Entrevista a Abdallah El Harif, ex-Secretario General de Vía Democrática

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Abdallah El Harif, ex-Secretario General de Vía Democrática (formación política izquierdista de Marruecos)

Abdallah El Harif fue Secretario General de Vía Democrática (VD), el partido de izquierda más importante de Marruecos, y es hoy un implacable opositor al régimen alauí que dirige el país con mano de hierro. Reconoce que la represión del Majzen ahogó la protesta de 2011 pero ahora está encontrando una férrea resistencia popular en el Rif y en la región minera de Jerada, “una zona muerta y sin proyecto de futuro alguno”. Abdallah El Harif (Meknes, 1946) es una voz carismática entre las clases populares. En su condición de Responsable de Relaciones Internacionales de VD, ha visitado a los militantes en el exterior para “reforzar la lucha en un momento muy difícil”.

El Gobierno de Marruecos se ha especializado en silenciar las protestas populares. Lo hizo en 2011 con el Movimiento 20 de Febrero y el pasado año en el Rif. ¿En qué situación se encuentra el movimiento de resistencia?

La movilización del Rif se ha extendido a la provincia de Jerada, una región carbonífera fronteriza con Argelia que hoy está muerta, completamente olvidada por parte de los poderes públicos. El problema es que estas oleadas sólo tienen impacto cuando llegan a las grandes ciudades como Casablanca y Rabat. ¿Y cuándo ocurrirá esto? No lo sabemos. Sin embargo, nos estamos preparando para la llegada de ese momento porque no es algo improbable que suceda, vista la situación actual. El problema que tenemos es que, efectivamente, en Marruecos existen frenos sociales. Por ejemplo, las clases medias y algunos partidos de izquierda propagan el miedo a las revueltas populares y piensan que la estabilidad actual del país, por muy falsa que sea, siempre será mejor que una transformación política profunda. Yo, sin embargo, pienso que una estabilidad bajo el despotismo actual nos conduce, inevitablemente, a situaciones mucho más graves. Quizás a una guerra civil.

¿Creen que la confrontación es inevitable?

Luchar por la estabilidad cuando la situación del pueblo es deplorable es inadmisible. En Vía Democrática luchamos para incorporar más fuerzas al movimiento pacífico de resistencia que se ha creado en Marruecos para extenderlo por todo el país. Trabajamos para crear un frente opositor lo más amplio posible, ya que el cambio sólo puede llegar si millones de personas salen a las calles de forma no violenta. El papel de los partidos políticos y de los movimientos de izquierda es intentar la unificación de las protestas contra el Majzen. Esa es nuestra estrategia. Cuando comenzaron las protestas en el Rif, el lema era apoyar al Hirak (el movimiento) para extenderlo al resto de Marruecos sin utilizar la violencia. La violencia no debe venir de nuestro lado sino de la otra parte, del régimen, para que ellos solos se sitúen en una posición de ilegalidad.

Entonces, ¿la represión es un arma de doble filo para el régimen?

Efectivamente. En mi opinión, el gobierno actual actuó de manera irresponsable en el Rif y lo está repitiendo en la región de Jerada. La represión sólo contribuye a que la rabia crezca. Hemos visto a los intermediarios oficiales ir a estas dos regiones y prometer programas de desarrollo que han quedado en papel mojado mientras suprimían cualquier iniciativa de diálogo con VD y con “Al-Adl wal Ihsane” (Justicia y Caridad), las únicas fuerzas populares capacitadas por mediar en estos dos conflictos. Eso es muy grave. Esa política no la practicaba ni Hassan II, que reprimía con fiereza pero permitía algunos espacios de expresión a las fuerzas de oposición. Hoy, el Majzen no quiere diálogo ni tolera la resistencia. Todo esto está provocando que la política oficial viva en un mundo y el pueblo en otro diferente, separados por un abismo enorme e irreconciliable. Si sigue así y no revisa sus políticas, se encaminará hacia el suicidio.

Las elecciones de 2016 fueron boicoteadas por Vía Democrática. ¿Qué coste político tuvo?

No podemos decir que el boicot que propusimos haya tenido gran impacto sobre el régimen. Afirmar lo contrario sería mentir, pero, a pesar de todo, votó muy poca gente. No más del 20% del electorado. Nosotros decidimos mantener activo ese boicot hasta el día de hoy y estamos explicando los motivos en los barrios populares de todas las ciudades de Marruecos. Nuestra resistencia no es una posición de principios sino que es puramente táctica. Pensamos que no tenemos nada que ganar dentro de este régimen. Las elecciones en Marruecos carecen de garantías e impiden que el Parlamento sea la caja de resonancia de los problemas reales del pueblo.

A esto hay que añadir que toda la prensa está en manos del Majzen, incluso aquella que se autodenomina “independiente”, que depende de las subvenciones del régimen y de los recursos publicitarios que provienen del holding alrededor de la Familia Real y de los grandes grupos ligados al poder. Para nosotros, es más importante participar en la vida política del país que en unas elecciones. Y esta incidencia en las clases populares la estamos logrando a través de nuestro trabajo con la militancia de las organizaciones de derechos humanos, de los sindicatos, con las mujeres y con las asociaciones amazigh. Vía Democrática es cada vez más visible en Marruecos, sobre todo en las grandes ciudades. Nos falta redoblar nuestra presencia en las regiones rurales más recónditas del país.

El Ministerio del Interior de Marruecos baraja la posibilidad de ilegalizarles bajo acusaciones de “rebelión”

Es cierto. Hace dos semanas Abdelouafi Laftit, Ministro del Interior, intervino en el Parlamento de Marruecos para decir que Vía Democrática, junto a la Asociación Marroquí de Derechos Humanos y el partido “Justicia y Caridad”, empujan a la población a la rebelión. No es la primera vez que lo hace. Hace no muchos meses nos convocó a una reunión para amenazarnos con “darnos el acta de defunción”. Nos recriminó estar a favor del derecho a la autodeterminación del Sahara Occidental y de incitar a la gente a exigir sus derechos. Para comprenderlo mejor, habría que contextualizar la política marroquí.

En mi país, el Majzen concibe que el deber de los partidos políticos es controlar a la población, no agitarla. También nos reprochan que mantengamos relaciones con una organización alegal como “Justicia y Caridad”, y de ser nihilistas. He leído en la prensa que Francia no está a favor de nuestra ilegalización, lo que influye en la decisión que tome el régimen, pero que no les ha frenado en perseguirnos. Hasta la fecha, nos han arrebatado espacios públicos para la organización de actos y actividades, e incluso han detenido a varios de nuestros militantes.

¿Cómo un partido laico de izquierda como Vía Democrática ha podido unirse con una fuerza islamista como “Justicia y Caridad”?

Pensamos que el cambio en Marruecos no se puede realizar únicamente desde la izquierda. Algunos partidos islamistas – no todos – como “Justicia y Caridad” o el Partido de la Ummah son actores políticos importantes y están legitimados para participar en ese cambio que proponemos. Trabajamos para la constitución de un frente amplio, dialogando con todas las fuerzas opositoras al régimen. También con los liberales. Y queremos que el debate de ideas, además, sea público. Debemos fomentar el diálogo pero sin marginar a los islamistas, ni mucho menos demonizarlos.

Es verdad que hay personas fanáticas y retrógradas en el seno del movimiento islamista, pero también hay gente que intenta comprender la realidad. Nosotros ya preguntamos a “Justicia y Caridad” si estarían dispuestos a imponer la Sharia (Ley Islámica) en el caso de un cambio de régimen, y su respuesta fue que están a favor de la libertad de conciencia. Para nosotros es muy importante que admitan ese principio de libertad. La laicidad que proponemos para el Estado no se puede aplicar sin tener en cuenta a estas personas. Su transformación no se consigue de un día para otro. El régimen está aterrorizado por esa conjunción y el imperialismo tiene miedo. Pero, al mismo tiempo, ese pavor también dificulta más la vía del cambio en Marruecos. Hace falta tiempo.

FUENTE: Viento Sur / Gorka Castillo

El barco Aquarius y cinco muestras de la militarización del saqueo de África

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Nazanín Armanian, autora del artículo (Shiraz, Irán, 1961)

Es falso que los inmigrantes vienen a Europa por razones económicas. Más del 80% huyen de guerras. Sus parientes han sido asesinados y sus hogares destruidos. Así concluye un estudio realizado por la Universidad de Middlesex (Londres) en 2015. Cierto. Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más “intocable”, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al Primer Mundo en pateras.

Sólo una guerra (o sea, la muerte casi segura y violenta) es capaz de forzar a millones de familias a cruzar mares, montañas y desiertos, arriesgándose la vida. Las cerca de 56 millones de personas que desde 1991 (el fin de la URSS) hasta hoy han tenido que abandonar su hogar en Oriente Próximo y África por las guerras de conquista encabezadas por EEUU, no han elegido su destino, ya que no tienen control sobre ello: dependen de quienes los llevan y las tierras que les acogen.

El “caos creativo” para inventar una África a la medida

La misma procedencia de las 630 personas que subieron al Aquarius muestra el nexo directo entre la actual migración con el nuevo saqueo militarizado de África por la OTAN. Las economías occidentales en recesión necesitan recursos naturales baratos, y también nuevos mercados: “Proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, y garantizar que ningún otro tercero interesado, como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial” es uno de los objetivos de la militarización de África, confiesa el director del Centro del Consejo Atlántico para África en Washington, Peter Pham. Mientras, la marca del “terrorismo islámico” de la CIA abre sucursales por el mundo como si fuera McDonald’s, alimentando a las compañías de armas y de recursos naturales. Bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, “estabilizar la región”, “misión humanitaria”, o “mantenimiento de la paz”, el Comando para África de los EEUU (AFRICOM) ya ha instalado unas 50 bases militares por todo el continente, mientras aplasta a los movimientos progresistas y anticapitalistas, apuntalando a los regímenes corruptos y dictatoriales que dirigen las formas más salvajes de gobernar una nación.

Caso “Libia”

Decenas de miles de ciudadanos de Mali, Sudán, Chad y el resto de África se dirigen a Libia para huir de guerras o en busca de trabajo, pero desconocen que aquel país próspero hoy es el centro mundial de la esclavitud, de la tortura y violación. Antes de que en 2011 la OTAN planeara derrocar a Gadafi y ocupar Libia, unos 2 millones de inmigrantes trabajaban en este país de 5 millones de habitantes, la primera reserva del petróleo de África. Ahora, además de los libios que huyen del país hacia Europa, también lo hacen aquellos inmigrantes si consiguen salir de aquel infierno.

Caso “Nigeria”

En el séptimo exportador mundial de petróleo, los EEUU (con la farsa de “salvar a las niñas secuestradas” manu militari) intentan instalar la sede del AFRICOM, hoy en Alemania. Fue en Nigeria donde la petrolera anglo-holandesa Shell ha sido acusada de “complicidad en asesinato, violación y tortura” de los nigerianos cometidos por el Ejército en la región petrolífera de Ogoniland en la década de 1990. Las protestas para expulsar a Shell de Nigeria por el desastre ecológico que acusó en la región y obligó a desplazarse a comunidades enteras, condujo a la petrolera a crear una unidad secreta de espionaje, que pasaba información sobre los molestos activistas a la agencia de seguridad nigeriana, a la vez que pedía al presidente y general Sani Abacha “resolver el problema”. Y él lo hizo: ahorcó a 9 líderes ecologistas, mató a más de 1.000 manifestantes y destruyó unas 30.000 viviendas en la aplicación de la política de “tierra quemada”. Así, Shell podía llevarse un millón de barriles de petróleo al día, con tranquilidad.

Las compañías occidentales que buscan el uranio, el oro, platino, diamante, cobre, tierras raras, coltán, petróleo, gas o carbón de África, establecen un control sobre los gobiernos africanos mediante inversiones, préstamos, “ayuda al desarrollo” y tráfico de influencias. No hay nada nuevo: simplemente estamos ante la actualización de la Conferencia de Berlín de 1884, que repartió África entre las potencias y de paso teorizó los lazos entre el colonialismo y el racismo (sistematizado por los británicos en el “Apartheid”). Luego, asesinaron a los líderes de los movimientos progresistas como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Eduardo Mondlane, Samora Machel, Felix Moumie o Chris Hani, apoyando a las dictaduras más impresentables del mundo. Más adelante, creaban a monstruos como Bin Laden pero llamaban “terrorista” a Nelson Mandela.

Caso “Sudán”

El mismo año de la destrucción de Libia, los EEUU dividieron al que fue el Estado más extenso de África: unas 50.000 personas (incluidos niños y niñas) fueron torturadas y asesinadas por los señores de la guerra que luego ocuparon el poder en Sudán del Sur; otros 2 millones huyeron, ocultados en los islotes de los pantanos del Nilo, comiendo hierbas silvestres y buscando refugio en Etiopía o Uganda. Miles de niñas y mujeres han sido violadas una y otra vez, incluso en el campo de refugiados de Yuba, la capital de Sudán del Sur. Hoy, la hambruna afecta a 4’6 millones de personas. La CIA ha vuelto a fabricar “rebeldes” armados para desestabilizar el país ya que los líderes que impuso han convertido a Sudán del Sur en el único país de África con contratos de petróleo con China.

Caso “Níger”

Los ciudadanos de este país se enteraron de la existencia de una base militar de EEUU (ilegal por la prohibición constitucional) sólo cuando 4 de ellos murieron en una emboscada el mes pasado. El dictador Mamadou Issoufou fue el director de Somaïr, la compañía de minas de uranio del país pero bajo control de la compañía francesa Areva. Una quinta parte del uranio que alimenta la red eléctrica francesa proviene de Níger, que es, paradójicamente (o no), el segundo país más pobre del mundo. Las empresas occidentales van a por su oro, uranio y petróleo. Issoufou es como el presidente turco Tayyip Erdogan: ha cobrado ingentes millones de euros de la Unión Europea para retener a los inmigrantes.

Federica Mogherini, la Comisaria de Exteriores de la UE, viajó a Níger en 2015 expresamente para apoyar la llamada “Ley 36” del país, que prohíbe a los extranjeros viajar al norte de Agadés, la región donde EEUU ha construido una “megabase” de drones de 6 kilómetros cuadrados por 110 millones de dólares, para desde allí controlar Mali, Argelia, Libia y Chad. Esta ley ha convertido el desierto en un gran cementerio para los migrantes africanos: en junio de 2017 unos 50 jóvenes, abandonados por los traficantes, murieron de sed en el Desierto de Níger cuando iban a Libia. No es casualidad que la sede de la Organización Internacional para las Migraciones, financiada por la UE, esté en este país.

Caso “Mali”

Aquí la esperanza de vida es de 48 años y sus minas de oro están bajo el control del gigante británico “Gold Fields”. Tras destruir Libia, la OTAN miró a Mali: organizó un golpe de Estado en 2012 que derrocó al presidente Toumani Touré para sustituirlo por el capitán Amadou Sanogo, entrenado en EEUU. Luego, mandó a las corporaciones como URS y AECOM (contratistas del Pentágono) construir nuevos complejos militares, para que la Fuerza de Reacción Rápida de EEUU en el Sahel amplíe su control sobre la región.

No esperen comprensión, solidaridad, piedad ni caridad de las compañías de armas ni de las que buscan maximizar sus beneficios. Lean algo sobre el secuestro y la tortura de los niños para ser explotados en las minas de coltán de la República Democrática del Congo, y conocerán la verdadera naturaleza de dichas compañías del “Primer Mundo”. ¿Y luego quieren que estas personas no huyan de sus tierras?

Por Nazanín Armanian

Hezbolá denuncia las presiones de EEUU, Israel y Arabia Saudí contra Marruecos

Hezbolá rechazó el pasado martes las alegaciones del Gobierno de Marruecos, que acusó al partido libanés de armar y entrenar a los combatientes del Frente Polisario en el país del norte de África.

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Combatientes del Frente Polisario marchan durante ejercicios de entrenamiento.

En un comunicado emitido por la Oficina de Relaciones con los Medios de la formación, Hezbolá negó categóricamente las acusaciones.

“Es lamentable que Marruecos recurra, bajo presión de EEUU, Israel y Arabia Saudí, a acusaciones falsas”, dijo el comunicado.

“El Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí podría haber encontrado un pretexto más convincente para cortar sus vínculos diplomáticos con Irán en lugar de fabricar excusas sin fundamento”, continúa el comunicado.

Nasser Bourita, Ministro de Asuntos Exteriores marroquí, acusó a Irán y Hezbolá de entrenar y armar a los combatientes del Frente Polisario, organización que lucha por la independencia del Sahara Occidental desde 1975.

El canciller alauita también anunció que Marruecos cortaría las relaciones diplomáticas con Irán, además de cerrar su embajada en Teherán y expulsar al embajador iraní en Rabat.

FUENTE: Departamento de Medios de Hezbolá

Bandung: el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

El año 1955 marcó un hito en la Historia de la Humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung (Indonesia), muy cerca de la capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita U Thant, Primer Ministro de Birmania (la actual Myanmar); Jawaharlal Nehru, Primer Ministro de India; el coronel Gamal Abdel Nasser, Presidente de Egipto; y el anfitrión, que era Ahmed Sukarno, Presidente de Indonesia. De esa reunión nació el Movimiento de Países No Alineados, que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial.

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El revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser se reúnen durante la Conferencia de Bandung, en Indonesia (1955)

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los EEUU y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoslavia, que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, con la Revolución Argelina, y finalmente con la caída del régimen del Apartheid en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran el Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal, España, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en las dos guerras mundiales. Alemania perdió Tanzania, Togo y Namibia, que pasaron a ser un fideicomiso del Imperio Británico tras la Primera Guerra Mundial; e Italia, al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalia.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia, que llegó a un acuerdo con el gobierno del general Charles de Gaulle en Francia firmando los Acuerdos de Evian, rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLN argelino y por el ministro Edgard Fauré por el Gobierno francés.

El gobierno de Charles de Gaulle se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas de Argelia, que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante 50 años, pasados los cuales lo haría al 50% con el Gobierno argelino.

Portugal, dado el carácter de izquierda de la Revolución de los Claveles, simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, y el gobierno racista blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela – que acordó con el presidente blanco Frederik De Klerk que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por las mismas empresas que los “afrikaner” habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo, no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los EEUU, que apoyaron a una guerrilla contraria al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) de Agostinho Neto – que fue el primer Presidente de la República Popular de Angola – que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonas Savimbi, apoyado por los EEUU, hasta que finalmente fue derrotado y Savimbi caído en combate.

En Mozambique el FRELIMO estuvo liderado por Samora Machel, de formación marxista-leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo. Pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país de electricidad y le permite vender energía eléctrica a países limítrofes. Se nacionalizó la industria pesquera.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de Estado en Argelia que acabó con Ben Bella y puso en su lugar al coronel Houari Boumedienne, que aunque formalmente siguió la política de Ben Bella, lo encarceló durante 11 años y abrió la puerta a la burocratización del nuevo Estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola. A la muerte de Agostinho Neto, que fue sucedido por su vicepresidente José Eduardo dos Santos, éste desató la mayor corrupción de África, donde los ministros de su gobierno cobraban “mordidas” del 30% y donde la hija de Dos Santos, Isabel dos Santos – que vive en Portugal – es la mujer más rica del país.

En Sudáfrica tenemos a Jacob Zuma – actual presidente – que está acusado de corrupción y está siendo investigado por el Parlamento sudafricano, siendo posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formasen una clase dirigente que les ayudara a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tiene, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación se haya convertido en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo Estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

Por Darío Herchhoren