China: 70 años de avances sin dogmas preservando una cultura milenaria

En los 70 años de la República Popular China, la apertura y la modernización de 1978 es el marco de un país que sabe avanzar sin dogmas preservando su esencia.

Una de las bellezas de la vida es aprender a usar las nuevas tecnologías, adaptarse a los nuevos tiempos, pero siendo aún así capaces de preservar nuestra esencia. Ser quien verdaderamente somos. Cambiar aquello que queremos cambiar de nosotros y no solamente “ir en la onda”. Autoconciencia y serenidad son cualidades que muchos gustan de cultivar en sí mismos. También mirando por este ángulo, los 70 años de la República Popular China merecen ser motivo de conmemoración por el pueblo chino. En este período post-revolución de 1949, el país bajo el liderazgo del Partido Comunista no solamente alcanzó progreso material y económico en velocidad récord, sino también ha mantenido sus características chinas respetando las condiciones y realidades de su pueblo.

El cambio nunca es un proceso fácil. Sean las grandes revoluciones o las reformas esporádicas, cambiar causa complicaciones. Por ejemplo, el primer día de colegio puede ser el pasaporte para una vida más independiente y con más amigos, pero las criaturas lloran al tener que dejar a sus padres en la puerta de entrada. Sobre los cambios, en estos 70 años de República Popular China, uno de los marcos mas incomprendidos en Occidente es la llamada Reforma y Apertura de Deng Xiaoping, que el año pasado cumplió 40 años de implementación. En aquella época, China hacía un balance de las primeras décadas de revolución, reconoció los avances y las dificultades, reconoció la coyuntura y decidió apostar por el socialismo de mercado y por una mayor inserción de su economía en el comercio internacional.

Este proceso de grandes cambios iniciado a finales de la década de 1970 fue interpretado superficialmente por algunos ideólogos ligados a las potencias occidentales como una “transición al capitalismo”. Esta narrativa luego se convirtió en la dominante en Occidente. Prisioneros de una mentalidad dual típica de la Guerra Fría, sería difícil explicar que algunos mercados quedarían abiertos a la República Popular China en la búsqueda de reordenamientos geopolíticos de reducción de rivalidades. No combinaba con la gran narrativa que venía siendo contada de intentar aislar al bloque soviético con alegaciones acerca de divergencias de ideología. Quedaría claro como el agua que los intereses eran más complejos. Así, Occidente optó por explicaciones que se mostrarían insuficientes.

Deng Xiaoping era una figura emblemática. Habiéndose unido al Partido Comunista de China en la década de 1920 durante sus años de estudiante en Francia, fue enviado a Moscú cuando la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin daba sus primeros frutos en la aceleración del crecimiento económico de la recién creada Unión Soviética. Habiendo vivido la experiencia de la NEP, para Deng, el socialismo que crea condiciones materiales para la realización de los trabajadores presupone mercados. Mercados coordinados bajo una planificación estatal vigorosa y con control del Estado en sectores estratégicos. Aun así, mercado. El propio capitalismo en su fase avanzada nos muestra algunos límites: por cuestiones técnicas ni todos los sectores son monopolizados u oligopolizados en el capitalismo. Si la producción agrícola y el pequeño comercio están pulverizados en un determinado momento en el capitalismo, es porque probablemente no existen condiciones técnicas para coordinarlos. Si la siderurgia está monopolizada, probablemente hay mayor capacidad para el Estado de tener medios técnicos para hacer la coordinación más directa.

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Con base en la vivencia y el análisis, el proceso chino de apertura económica fue planeado para mantener la soberanía. A partir de 1980, diversas empresas extranjeras fueron admitidas para producir en China, pero solamente en “joint-ventures” con empresas chinas, la gran mayoría estatales. Por ejemplo, las primeras cadenas de montaje acostumbraban a ser participación mixta entre empresas extranjeras como Volkswagen o GM y la estatal china SAIC. El Gobierno chino participaba de los beneficios, de los riesgos y, más principalmente, aprendía a hacer coches haciendo coches. Joseph Stiglitz, economista estadounidense poseedor del Premio Nobel, tiene una obra que explica la importancia del aprendizaje en el ambiente de negocios titulada “Creating a Learning Society”. China supo hacer bien ese aprendizaje y décadas después, ingenieros y ejecutivos experimentados de la SAIC han pasado a producir directamente automóviles para la SAIC o se juntaron con otras empresas estatales que pasaron de la producción de motos y motocicletas a automóviles o fundaron empresas con recursos de los bancos estatales chinos. Ese proceso de la industria automotriz se ha repetido en otros muchos sectores.

La administración de la apertura económica, entre tanto, no se dio solamente con las “joint-ventures” y el impulso a industrias chinas que se disputaban y disputan mercados importantes. También se dio con el control estatal directo sobre sectores estratégicos. En el petróleo, por ejemplo, extracción, refinamiento y distribución están en manos de empresas estatales. Con la telefonía móvil e Internet, ocurre la misma cosa: varias operadoras estatales. La multiplicidad de empresas estatales tiene explicación: a finales de la década de 1970, estudios prospectivos chinos apuntaban a los problemas de falta de competitividad en la Unión Soviética como uno de los factores de la estagnación económica de ese país. Temiendo seguir por el mismo camino, la respuesta china ya en la década de 1980 fue crear empresas pantalla estatales para que compitiesen unas con otras. Tres empresas petrolíferas, por ejemplo. Posteriormente, la venta de algunas acciones minoritarias en bolsas de valores para que el mercado apreciara el desempeño de las empresas. Al final, si la empresa es del pueblo, ésta precisa trabajar para el desarrollo del país, no solamente para mejorar las condiciones de trabajo de sus propios trabajadores.

Todo ese proceso de apertura y modernización tuvo también un fuerte componente de inversión estatal en I+D. Inicialmente para alcanzar competencia en industrias maduras como la automovilística, pero después para competir en sectores punteros como los trenes de alta velocidad o los paneles solares. Sea con control directo de las empresas, en el caso de industrias de bienes más homogéneos, sea por medio del crédito (en un país donde casi todos los bancos tienen control estatal), en el caso de las industrias de investigación de mayor riesgo en que la participación privada es mayor, el Estado tiene un papel fundamental en el avance tecnológico. Como explica la economista Mariana Mazzucato, profesora de la Universidad de Sussex, el Estado chino es fundamental como asumidor de riesgos.

Así, China supo avanzar en las reformas, colocarse en el mercado para trabajar y construir condiciones materiales mejores sin perder la amplia capacidad de coordinación para el desarrollo. Ese período de Reforma y Apertura es especialmente representativo de los 70 años de la República Popular China. Con un liderazgo que no se pliega a los dogmas o a copiar modelos (porque como nos explica el profesor Elias Jabbour, al fin y al cabo los modelos no existen porque cada condición es única), China ha sabido avanzar manteniendo su esencia. La República Popular China trabaja para implantar el socialismo, pero con características chinas. A pesar de un choque inicial con algunos valores confucianistas, supo hacer los cambios necesarios, pero preservar la esencia, que es la esencia de la sociedad china. Supo insertar en el mercado la ecuación económica sin sacrificar la planificación socialista. Supo hacer apertura manteniendo la soberanía. Tal vez China tenga mucho que enseñarnos, especialmente a avanzar sin dogmas, sin miedos y sin apego a modelos prefabricados. Yendo a la esencia.

Por Luiz Rodrigues para “Vermelho”

Luiz Rodrigues es gestor pública de la carrera de Especialista en Políticas Públicas y Gestión Gubernamental. Es académico del Maestrazgo Profesional en Desarrollo y Gobernanza por la Escuela Nacional de Administración Pública de Brasil. Es Especialista en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Brasilia (UnB) e Ingeniero formado por la Universidad de Sao Paulo (USP).

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¿Debe retornar Hong Kong al Tratado de Nanjing de 1842?

Frente al Consulado británico en Hong Kong, cientos de jóvenes chinos cantaron el “God Save the Queen” y gritaron “Gran Bretaña, salva a Hong Kong”, un llamamiento reunido en Londres por 130 parlamentarios que piden que se otorgue la ciudadanía británica a los residentes de la antigua colonia. De este modo, la opinión pública mundial – especialmente los jóvenes – ve al Reino Unido como garante de la legalidad y de los derechos humanos. Para ello, hay que borrar la Historia.

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Momento del asalto terrorista a la Cámara Legislativa de la Región Administrativa Especial de Hong Kong, en el que los manifestantes ultraderechistas y neocolonialistas – tras execrar los símbolos regionales de Hong Kong – colocaron una enseña colonial.

Por lo tanto, es necesario – antes de cualquier otra consideración – conocer los episodios históricos que, en la primera mitad del siglo XIX, sometieron al territorio chino de Hong Kong al dominio británico.

Para entrar en China, entonces gobernada por la Dinastía Qing, el Imperio Británico utilizó el flujo de opio que transportaba por mar desde India, donde tenía un monopolio. El mercado de drogas se extendió rápidamente en el gigante asiático, causando graves daños económicos, físicos, morales y sociales que provocaron una reacción de las autoridades chinas. Pero cuando confiscaron el opio almacenado en Cantón/Guangdong y lo quemaron, las tropas británicas ocuparon la ciudad – y otras ciudades costeras – durante la Primera Guerra del Opio, obligando al decadente Imperio Chino a firmar el Tratado de Nanjing en 1842.

El artículo 3 de ese infame tratado dice:

“Como es obviamente necesario y deseable que los súbditos británicos tengan puertos para sus barcos y provisiones, China cede a perpetuidad la isla de Hong Kong a Su Majestad la Reina de Gran Bretaña y a sus herederos.”

En el artículo 6 del tratado se establece lo siguiente:

“Dado que el Gobierno de Su Majestad británica se ha visto obligado a enviar una fuerza expedicionaria para obtener una indemnización por los daños causados por los procedimientos violentos e injustos de las autoridades chinas, China acepta pagar a Su Majestad británica la suma de 12 millones de dólares por los gastos incurridos.”

El Tratado de Nanjing es el primero de los conocidos como Tratados Desiguales por lo que las potencias europeas (Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica, Austria-Hungría, Rusia e Italia) junto a Japón y EEUU se aseguran una serie de privilegios en China por la fuerza de las armas: la transferencia de Hong Kong a los británicos en 1843, la fuerte reducción de los impuestos sobre las mercancías extranjeras (al mismo tiempo que los gobiernos europeos erigían barreras aduaneras para proteger sus industrias), la apertura de los principales puertos chinos a buques extranjeros y el derecho a disponer de zonas urbanas bajo su propia administración (las llamadas “concesiones”) fuera del control imperial chino.

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Escena que ilustra la reunión que precedió a la firma del Tratado de Nanjing en 1842, el primero de una serie de acuerdos leoninos entre China y las potencias occidentales conocidos como “Tratados Desiguales”.

En 1898 el Reino Unido anexionó a la Colonia de Hong Kong la Península de Kowloon y los llamados Nuevos Territorios, concedidos por China “en arrendamiento” durante 99 años.

La gran insatisfacción con estos impuestos hizo estallar una revuelta popular, conocida como Revuelta de los Boxers, a finales del siglo XIX, contra la cual se envió una fuerza expedicionaria internacional de 16.000 tropas bajo mando británico, en la que también participaron Italia y Francia.

La fuerza internacional desembarcó en Tianjin en agosto del año 1900, destruyendo Beijing y otras ciudades, destruyendo muchas aldeas y masacrando a la población. Posteriormente, el Reino Unido tomó el control del Tíbet en 1903, mientras que la Rusia zarista y Japón se repartieron Manchuria en 1907.

En China, reducida entonces a un Estado colonial o semicolonial, Hong Kong se convirtió en la principal puerta de entrada a la trata basada en el saqueo de recursos y la esclavitud de la población. Una enorme masa de chinos se vio obligada a emigrar, principalmente a EEUU, Australia y el Sudeste Asiático, donde están sujetos a condiciones similares de explotación y discriminación.

Una pregunta surge espontáneamente. ¿En qué libros de Historia estudian los jóvenes que piden a Londres que “salve a Hong Kong”?

 

Sionistas, árabes de izquierda, seculares y ultraortodoxos: el desbarajuste político en Israel tras las elecciones

Más allá de la cada día más difusa dicotomía izquierda-derecha, el debate político en Israel gira mayoritariamente entorno a la separación sinagoga-Estado. Ni siquiera los derechos de los palestinos importan a la mayoría de un electorado sionista que se identifica con un nacionalismo pseudo-mesiánico por el que la población árabe – también semita – les importa entre poco y nada.

Un ejemplo que ilustra de forma sencilla cómo se da el debate sinagoga-Estado en el panorama político del país es la cuestión de la homosexualidad. Por un lado, vemos un Estado muy preocupado en proyectar la imagen del “Israel: destino gay friendly“, mientras que por otro encontramos a personalidades como Rafi Peretz, Ministro de Educación sionista, que defiende abiertamente y sin complejos las “terapias de conversión de homosexuales”. Y en estas elecciones, aunque no hay ninguna fuerza ganadora capaz de formar gobierno sin dar parte de su brazo a torcer, ha sido el Estado el que ha salido reforzado, lo que pone en jaque a Benjamin Netanyahu, que durante años se ha visto a sí mismo inmune a todo, capaz de hacer y deshacer a su antojo como si fuese un capo.

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Benjamin “Bibi” Netanyahu junto a Benny Gantz, mientras el segundo era Ministro de Defensa de la entidad sionista. (FOTO: Hagai Frid)

Después de no poder formar gobierno ninguna de las partes con el resultado electoral de las elecciones de abril de este año, los israelíes volvieron a votar el 17 de septiembre. Aunque todavía no está claro qué va a pasar y si se va a conseguir formar gobierno, podemos observar que las dinámicas locales están cambiando, y amenazan a un Netanyahu que aunque pretende convertirse en el dueño de Israel siendo – además de Primer Ministro – también el Ministro de Bienestar, Ministro de Defensa, Ministro de Sanidad y Ministro de la Diáspora, ya no es invencible. El reinado de Netanyahu peligra además en un momento clave, ya que varios casos de corrupción le podrían sentar próximamente en el banquillo, y si pierde el cargo de Primer Ministro, se le agotaría el tiempo dejando de estar “blindado” como hasta ahora. Y precisamente por el miedo que tiene Netanyahu, ya que no solo se juega su futuro político, Bibi pasó toda su campaña generando miedo y alarma social. Si en España estamos ya cansados del “¡qué vienen los rojos!”, en Israel todavía hay quienes se dejan aborregar con el “¡qué vienen los árabes… y la izquierda!” que el Likud esgrime hasta la saciedad.

La posición de Netanyahu, que lleva una década en el poder, peligra en un momento en el que la población israelí quiere un cambio de políticas; algo que tiene su reflejo en el resultado electoral. Tal es así que el Likud, el partido de Bibi Netanyahu, ha sido la segunda fuerza con 31 asientos en la Knesset frente a los 33 del partido “Kahol Lavan” (Azul y Blanco) de Benny Gantz; una coalición que si bien se presenta como “liberal de centro-izquierda” no tiene complejos en utilizar el odio hacia los palestinos celebrando la muerte de éstos en sus campañas electorales. Incluso el Tribunal de La Haya plantea estudiar una acusación contra Benny Gantz por crímenes de guerra en Gaza durante el conflicto de 2014. Las políticas del Likud son tan reaccionarias y moralmente reprochables que la simple razón de que los miembros de Kahol Lavan no celebren la anexión del Golán sirio o prometan en campaña electoral ocupar territorios en la frontera con Jordania los hace parecer moderados, así como ser socialdemócratas los hace “de izquierdas”… aunque hagan política desde el sionismo.

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Avigdor Lieberman, otro de los rivales de Bibi en estas elecciones y dirigente del partido ultraderechista “Yisrael Beitenu”. Lieberman fue portero de discoteca en la Moldavia soviética, donde nació, antes de emigrar a Israel en 1978.

En esta convocatoria electoral los árabes también han tenido un papel fundamental de cara a que ninguna de las fuerzas sionistas pueda – de momento – formar gobierno. La movilización de los árabes izquierdistas, notablemente superior a la que hubo en abril, ha hecho que la Lista Conjunta sea la tercera fuerza más votada con 13 parlamentarios en la Knesset. Con estos resultados, Netanyahu tiene prácticamente imposible seguir siendo Primer Ministro. Gantz tampoco gana, ya que si quiere formar gobierno con su partido, los laboristas y Dem Union, van a necesitar pactar con al menos otro partido fuera de su bloque natural. Mientras, sin hacer ruido pero con una importancia táctica a tener en cuenta, está con 8 asientos la formación “Yisrael Beitenu” (Nuestra Casa es Israel), de Avigdor Lieberman, ex-Ministro de Defensa sionista. La posición de Yisrael Beitenu está entre los dos principales bloques: por un lado son de derechas y anti-palestinos, mientras que por otro defienden políticas laicas.

Una historia de dos ciudades

Que Kahol Lavan y el Likud hayan obtenido prácticamente el mismo resultado se debe en gran medida a la polarización de la sociedad israelí, cuya idiosincrasia cambia notablemente si hablamos de Tel Aviv o de Jerusalén.

Tel Aviv es donde más fuerza tienen los partidos que podríamos denominar de centro-izquierda (insisto, siempre dentro del marco del sionismo). Por su localización, por el turismo, el estilo de vida y la penetración cultural del liberalismo occidental sustentado en el secularismo, la ciudadanía se puede permitir esgrimir ideas progresistas. Jerusalén es, sin embargo, una ciudad de peregrinaje, en la que la población convive a diario con la espiritualidad y tiende a ser más conservadora. Está además, disputada con los árabes y junto a Cisjordania, por lo que gran parte de los ciudadanos interiorizan el abuso hacia los árabes y el supremacismo judío. Tal es así que los colonos de Hebrón votaron mayoritariamente al partido supremacista “Otzma Yehudit” (Poder Judío).

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Los principales cabezas de lista del partido racista, supremacista y fundamentalista “Otzma Yehudit”, considerablemente popular entre colonos sionistas de Cisjordania.

Cabe destacar, eso sí, que aunque el Likud es muy fuerte en la ciudad, la otra fuerza que le disputa los votos es el partido ultraortodoxo “Yahdut Hatorah” (Judaísmo Unido de la Torá), que aun siendo fundamentalista religioso, reaccionario y conservador, aboga por la retirada de tropas sionistas de Gaza, el desmantelamiento de algunos asentamientos en el norte de Cisjordania y rechazan el servicio militar. También gana fuerza el Likud en las localidades rurales del desierto, donde el modo de vida tradicional, religioso y conservador es la norma.

O diálogo con los árabes o la cabeza de Netanyahu

Todas las partes lo tienen complicado, porque un gobierno de mayoría resulta imposible. Netanyahu ha ofrecido de forma desesperada a Benny Gantz y su partido formar un “gobierno de unidad nacional”. Gantz, consciente de su posición ventajosa, ha dicho que aun siendo él mismo quien lidere ese hipotético gobierno, no aceptará ningún acuerdo con Bibi a la cabeza. Dicho de otro modo: si el Likud quiere seguir en el poder debe sacrificar a Netanyahu, que dejaría de ser Primer Ministro quedando solo y expuesto ante la Justicia.

Si Kahol Lavan quiere formar un bloque de gobierno con el que quitar de en medio al Likud, Benny Gantz tendría que ganarse el favor de Avigdor Lieberman, que facilitaría mucho las cosas. Si bien el partido del ex-Ministro de Defensa es nacionalista y laico, muy cercano al llamado sionismo liberal, también es un nido de “halcones” derechistas que desearían poder acabar con los palestinos y crear su “Gran Israel”, lo que no termina de encajar con partidos que dicen ser moderados. Tampoco parece que Lieberman vaya a facilitar un gobierno del Likud, ya que más allá de las disputas personales que ha tenido con Netanyahu, su laicismo entra en conflicto con los partidos fundamentalistas religiosos en los que se apoya Bibi.

El partido de izquierdas Lista Conjunta, por otro lado, tiene asegurado establecerse como la mayor fuerza opositora en la Knesset. Será también un altavoz con una fuerza que los árabes no habían tenido antes dentro de Israel. Sus 13 asientos en la Knesset, además de complicar la formación de gobierno a las fuerzas sionistas, van a poder instrumentalizarlos los árabes de izquierda no solo para dar voz a sus reivindicaciones, sino también para conseguir información del Mossad y contactos dentro de la política global.

Con los votos recién contabilizados, las cartas ya están sobre la mesa y todavía puede pasar cualquier cosa. La única certeza es que Gantz hará todo lo posible para retirar a Netanyahu de la política mientras éste pelea hasta las últimas consecuencias por sobrevivir.

Por Alberto Rodríguez García

Países islámicos apoyan la política de China hacia los uigures y musulmanes

Regularmente las grandes cadenas de prensa y las ONG que alimentan sus intoxicaciones se reinventan a sí mismas con los “campos de concentración” en los que, supuestamente, el Gobierno chino recluye a un millón de musulmanes uigures.

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Un joven musulmán uigur de 20 años posa para una fotografía en la mezquita de Ürümqi (capital de Xinjiang) donde trabaja como asistente del imam. (FOTO: Al-Jazeera)

Forma parte de la doble moral con la que el imperialismo y sus medios de propaganda tratan al Islam. Por un lado, desde 2001 lo utilizan en sustitución de la URSS y el comunismo. Nos meten el miedo en el cuerpo con el Islam, su fanatismo, sus atentados y sus “lobos solitarios”.

Por el otro, el Islam es rentable cuando se trata de Rusia o de China. Entonces los musulmanes no nos deben dar miedo, sino pena, porque en estos países “viven oprimidos”. Hay que apoyarles o suministrarles misiles portátiles Stinger tierra-aire.

¿Qué opinan los musulmanes del trato que reciben sus correligionarios en Rusia y en China? ¿No se solidarizan con ellos? ¿No exigen a Putin y a Xi Jinping que los liberen de los “campos de concentración”? ¿Por qué los musulmanes no se manifiestan en Estambul – por ejemplo – ante las embajadas de Rusia o China para protestar contra esos “campos de concentración”?

Un total de 37 países, entre ellos países musulmanes como Arabia Saudí, Qatar, Siria o Argelia, han escrito a la ONU en apoyo de China, después de la carta enviada por unos 20 países – las grandes potencias imperialistas y sus sicarios – denunciando el internamiento de musulmanes en la región autónoma china de Xinjiang.

La intoxicación propagandística ha aprovechado muy bien los tópicos creados a lo largo del tiempo para embaucar a los más cretinos. Por ejemplo, en China no sólo los uigures son musulmanes, sino que prácticamente toda la población del noroeste del país practica dicha religión. ¿Por qué la intoxicación imperialista insiste en llevar la cuestión a Xinjiang?

También quieren dar la impresión de que el Islam en China es una religión marginal o de reciente implantación, cuando la primera mezquita china abrió sus puertas hace más de 1.000 años.

Como todo lo que tiene que ver con las religiones, en Xinjiang no hay absolutamente ningún problema con los musulmanes, ni ningún problema religioso. Es una disputa estratégica entre China y EEUU, donde el Islam es un ariete; una herramienta.

Estamos impacientes. Llevamos tiempo esperando que llegue lo inevitable, el punto culminante de cualquier campaña de propaganda, que es la fotografía del “campo de concentración”, o incluso un vídeo obtenido subrepticiamente por una ONG “defensora de los derechos humanos” en la que viéramos a unos musulmanes famélicos, desnutridos y hambrientos detrás de unas rejas. Con algo así casi nos hubieran hecho dudar hasta de nosotros mismos.

¿No hay “Cascos Blancos” en Xinjiang? ¿No van a llevar a un equipo de rodaje de Netflix? ¿No hay en Hollywood nadie capaz de escribir un buen guion?

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Washington debe honrar verdaderamente el principio de “Una Sola China”

La reciente aprobación por parte de Washington de una venta de armas a Taiwán complicará la situación de seguridad en el Estrecho de Taiwán y pondrá en peligro una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo.

El paquete de armas, que incluye 250 misiles Stinger y 108 tanques M1A2T Abrams por un valor de 2.200 millones de dólares estadounidenses en total, es la cuarta venta a Taiwán por parte de la actual administración estadounidense en 2 años.

De acuerdo con el comunicado conjunto de 1982, uno de los tres documentos políticos principales que sustentan la relación entre China y EEUU, Washington se comprometió a reducir gradualmente el nivel de ventas de armas a Taiwán, y eventualmente detenerlas completamente.

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Donald Trump, Presidente de los EEUU; Tsai Ing-wen, dirigente separatista de Taiwán.

Sin embargo, parece que Washington está utilizando las ventas de armas como una carta para mantener el llamado equilibrio militar en el Estrecho de Taiwán, y como una palanca para contener los esfuerzos de China por unificar el país.

Los halcones de China en Washington se están equivocando al coquetear con la posibilidad de que Beijing no tomará represalias en caso de que violen el principio de “Una Sola China”. Han subestimado la determinación y la fuerza de Beijing para preservar su interés central en temas relacionados con su soberanía e integridad territorial.

China ya ha anunciado que impondrá sanciones a las compañías estadounidenses que participen en la venta de armas a Taiwán en respuesta a la provocación de Washington.

Como dos de los principales países del mundo, China y EEUU comparten una amplia gama de intereses comunes en varios campos. Los altibajos de sus relaciones bilaterales tienen un significado especial no solo para las dos partes, sino también para la paz y la tranquilidad global.

Necesitan manejar sus relaciones con prudencia, solucionar sus problemas a través de consultas, no provocaciones, y buscar resultados beneficiosos para todos en su cooperación.

En cuanto a los separatistas en Taiwán, sus esfuerzos por recurrir a las fuerzas extranjeras para retrasar y obstruir la reunificación nacional serán en vano.

La voluntad de Beijing de unificar el país no es negociable de ninguna manera.

En su discurso durante una reunión para conmemorar el 40º aniversario de la emisión del “Mensaje a los Compatriotas en Taiwán”, el presidente chino Xi Jinping prometió “la mayor sinceridad y el mayor esfuerzo” en la perspectiva de una reunificación pacífica, pero no prometió renunciar al uso de la fuerza y se reserva la opción de tomar todos los medios que sean necesarios.

Los separatistas de Taiwán deben abandonar sus fantasías de contar con la intervención extranjera para mantener a China permanentemente dividida. Su continua provocación solo reduciría la posibilidad de una unificación pacífica de la parte continental y la isla.

Mientras se reunía con Xi en el marco de la Cumbre del G20 realizada en junio pasado en la ciudad japonesa de Osaka, el presidente estadounidense Donald Trump prometió que Washington continuará con la política de “Una Sola China” y tomará en serio la preocupación de China sobre la cuestión de Taiwán.

Se espera que Washington realmente honre su promesa.

Por Liu Wanli para “Xinhua”

EEUU vs República Popular China: “guerra comercial”, disputa geopolítica

En el marco de la confrontación global entre unipolaridad y multilateralismo, el imperialismo intensifica su política agresiva sobre la República Popular China y sus aliados. El problema es que enfrente tiene a un coloso, amigo del desarrollo de los pueblos y locomotora de un nuevo orden mundial.

Un cargamento con 68 toneladas de medicamentos enviado por la República Popular China llegó el pasado 28 de mayo a Venezuela, como parte de los acuerdos de cooperación entre ambos países. Caracas ha recibido hasta ahora 269 toneladas de medicamentos e insumos sanitarios por parte del Gigante Asiático. Uno de los principales objetivos del imperialismo es hacer efectiva la tan mentada “crisis humanitaria” en la República Bolivariana de Venezuela.

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En los últimos 8 años, el intercambio comercial entre China y América Latina aumentó 22 veces, excediendo los 280.000 millones de dólares en 2017. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) posicionan al país asiático como el segundo socio comercial más importante para la región, y el primero para América del Sur, suplantando a EEUU.

En 2013 el presidente Xi Jinping anunció el proyecto conocido como Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que contempla el fortalecimiento de infraestructuras, comercio e inversiones entre China Popular y aproximadamente 65 países (en particular de América Latina, Asia y África) involucrando al 62% de la población mundial y el 75% de las reservas energéticas conocidas. El desarrollo económico, militar y tecnológico de la República Popular China constituye la principal amenaza a la debilitada hegemonía de EEUU.

Tras varios meses de negociación, Trump informó a través de un tuit que a partir del 10 de mayo de 2019 elevaría los aranceles del 10 al 25% sobre importaciones chinas valoradas en 200.000 millones de dólares. China respondió con impuestos más altos a una serie de productos estadounidenses (fundamentalmente agropecuarios) valorados en 60.000 millones de dólares a partir del 1 de junio.

“Huawei” y cuestión de fondo

Con las últimas medidas de los EEUU, “Huawei Technologies” pasó de la lista negra al veto de los servicios y aplicaciones que provee “Google”, bajo petición y acuerdo con Washington. Desde el punto de vista de la Casa Blanca, la acción está fundamentada en la “seguridad nacional”. Sin embargo, resulta obvio que la trama se debe a la ventaja tecnológica que tiene China sobre su principal competidor.

El auge de China como potencia económica pone en riesgo los postulados de “America First” de Trump. Desde principios de 2017, han entrado en una fase de competencia estratégica que llegó para quedarse y no es casual que “Huawei” sea hoy su principal amenaza. Según analistas, el motivo parece resumirse en tan solo una letra y un número: 5G.

La quinta generación de telefonía móvil – tecnología impulsada por “Huawei” – se ha convertido en la nueva “arma de destrucción masiva” en la guerra declarada por Trump a China, según el diario español “El País”. Los EEUU parecen no tolerar que sea el gigante tecnológico asiático el que lidere la nueva propuesta, que ampliará el espectro de interconexión y facturará, según estimaciones, unos 11.000 millones de dólares en 2022. El presidente estadounidense ya lo dejó claro el pasado mes de abril: “El 5G es una carrera que ganaremos”. Aseguró también que su país no podía dejar que otras potencias pudieran competir en este mercado.

Pero nada frena a “Huawei”. Recientemente, el jefe de la Divisón de Consumo de la empresa asiática dijo que el sistema operativo propio de la compañía estará listo en otoño para usarse en China y el próximo año en el resto del mundo. Informes citados por “RT” señalan que el “Hongmeng”, sistema operativo que “Huawei” está desarrollando – nombrado así en honor a un personaje de la mitología china – actualmente se encuentra en fase de pruebas y se espera que sustituya al sistema de “Google” de forma gradual.

“Huawei” se sigue enfrentando a un bloqueo que demuestra cómo gran parte de la tecnología que el mundo usa día a día está relacionada de alguna manera con EEUU. La “SD Association”, consorcio internacional de la industria de fabricantes de tarjetas de memoria SD y MicroSD, retiró a “Huawei” de la lista de compañías que pueden utilizar este estándar de unidades de memoria, lo cual podría quitarle a la compañía china el derecho a emplearlas en sus dispositivos. Previsoramente, en octubre de 2018, “Huawei” había presentado la nueva NM card (“Nano Memory Card”), con la cual buscaban sustituir a las MicroSD. Estas tarjetas son más pequeñas y con velocidades de transferencia de hasta 90 MB/s, demostrando que está preparada para cualquier escenario. A esto se suma el bloqueo a la “Wi-Fi Alliance”, encargada de establecer los estándares para el uso de la tecnología inalámbrica y cuyos miembros incluyen a “Apple”, “Qualcomm”, “Broadcom” e “Intel”.

“La China de hoy no solo es la China de China. Es la China de Asia y la China del mundo. En el futuro, China adoptará una posición aún más abierta para abrazar al mundo, afirmó días atrás el camarada Xi Jinping. Con paciencia oriental y la sonrisa de la Gioconda, diría Fidel, el gigante socialista avanza.

FUENTE: Partido Comunista (Congreso Extraordinario)ç

El sionismo más violento se disputa el poder en Israel

¿Votarías? Es el dilema al que se enfrentan miles de palestinos atrapados en un país dominado por el odio y el supremacismo sionista.

El 9 de abril, Israel celebra unas elecciones legislativas cuyo resultado, aunque parece difícil de prever, es de todo menos esperanzador para los palestinos.

Uno de los temas que más se ha repetido en la campaña electoral de los diferentes partidos de derecha judía es el racismo anti-árabe, y más concretamente anti-palestino. Si bien saltó a los medios la polémica por el spot en el que la candidata Ayelet Shaked banalizaba el fascismo, lo cierto es que éste no ha sido el vídeo más lamentable de los sionistas.

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La dirigente ultraderechista israelí Ayelet Shaked banaliza con el fascismo en un spot electoral. Shaked es Ministra de Justicia del régimen sionista desde mayo de 2015.

Para promocionar su campaña electoral, Anat Berko del Likud difundió un vídeo en el que simulaba que iba a ser secuestrada por su marido, disfrazado de palestino. Entonces, empezaba a enumerar sus “éxitos” en la lucha contra la resistencia palestina, para terminar mofándose de los árabes y su idioma.

El principal opositor a Benjamin Netanyahu, Benny Gantz (del Partido Azul y Blanco o “Kahol Lavan”), a pesar de presentarse como la opción moderada de centro-izquierda, ha llevado el lenguaje beligerante al siguiente nivel. En su spot electoral se limita a mostrar un funeral palestino mientras un número en mitad de la pantalla asciende hasta llegar a 1.364. Esta cifra es el número de palestinos (supuestamente militantes) de cuya muerte fue responsable Gantz durante la “Operación Borde Protector”, en la que las fuerzas israelíes bombardearon salvajemente Gaza entre julio y agosto de 2014.

Por si esta exaltación de la muerte no fuese suficientemente repulsiva, de acuerdo a la ONU, de los 2.104 palestinos que murieron en los bombardeos de 2014, 1.462 de ellos eran civiles; 495 niños y 253 mujeres. Estas son las muertes de las que Benny Gantz está tan orgulloso. Gantz también forma coalición con el Telem de Moshe Ya’alon, el mismo que prefiere al ISIS antes que a Irán en su vecina Siria. Sería anecdótico de no ser porque el Partido Azul y Blanco es la fuerza que está disputando la hegemonía del Likud.

¿Cómo alguien puede considera esta fuerza moderada o mínimamente centrista? Sencillo: porque lo que hay enfrente es aún peor. La anexión unilateral del Golán sirio, hacer capital de Israel el Jerusalén ocupado o afirmar que Israel es solo para los judíos son algunos elementos del discurso más radical y reaccionario de Netanyahu; involucrado en al menos 3 casos de corrupción y malversación.

Por si este supremacismo no fuese ya de por sí alarmante, el Likud de Netanyahu quiere formar coalición con el partido supremacista, racista y violento Poder Judío “Otzma Yehudit”, que aboga por la expulsión de todos los árabes de Israel – incluyendo Gaza y Cisjordania. Sus políticas de segregación racial quieren prohibir incluso cualquier tipo de matrimonio o relación entre árabes y judíos. Estos son los aliados de Netanyahu, actual Primer Ministro de Israel.

En este contexto, los palestinos no le ven el sentido a participar en unas elecciones que solo sirven para legitimar el sistema israelí y afianzar su espejismo de democracia liberal.

Los palestinos, que tradicionalmente han sido parte de la vida política incluso más que la población israelí, con índices de participación electoral que superaban el 75%, ya no le ven el sentido a seguir participando. Desde 1967 la participación ha caído en picado, y solo un 63% de los palestinos votaron en 2015.

Lo máximo a lo que aspiran los árabes es a un 16% de la representación mientras que el 84% de los votantes son judíos. Casi 3 millones de palestinos en Cisjordania y alrededor de 2 millones más en Gaza no van a poder votar, lo que reduce la representación de la población nativa a una minoría en su propia tierra.

Esto sucede en un país donde el racismo es endémico. En una sociedad podrida que expulsa y margina a los nativos. Una sociedad podrida que va a las colinas a disfrutar de cómo su aviación bombardea a civiles gazatíes. Una sociedad podrida que busca eliminar cualquier resquicio de la Historia y cultura palestina. No son raros los casos de agresiones a ciudadanos solo por hablar árabe en lugar de hebreo. Los sionistas no solo odian a los musulmanes; también desprecian a los cristianos ortodoxos y a los drusos. Desprecian a cualquiera que no comulgue con sus ideas de superioridad judía.

No ha habido en la Historia de Israel una sola coalición de gobierno que integre a fuerzas árabes. Incluso, en este “circo electoral” se ha intentado sabotear a la coalición de islamistas y nacionalistas árabes Balad-Raam (“Lista Árabe Unificada”). A principios de marzo, el Comité Electoral Central israelí intentó evitar que esta fuerza pudiese presentar candidatos a las elecciones.

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Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel, da una rueda de prensa en Jerusalén el pasado 3 de abril. (FOTO: Ronen Zvulun/REUTERS)

El electorado palestino está huérfano de hogar y de representantes. Aun yendo a votar, se espera que Balad-Raam no saque más de 4 asientos en la Knesset (Parlamento israelí), de 120 asientos. La otra fuerza izquierdista, Hadash-Tal, formada a partir de varios partidos de izquierda y el Partido Comunista Israelí, tampoco tiene una capacidad real de realizar cambios. Solo se espera que saque entre 7 y 8 escaños. A niveles prácticos, la izquierda en Israel está muerta.

Aida Touma-Sliman, una de las principales figuras de Hadash-Tal, llama al voto útil contra los sionistas radicales. Sin embargo, ¿cuán útil es el voto? Tras años luchando en la Knesset no ha logrado nada. Su partido solo pudo llorar mientras veía cómo se aprobaba la “Ley del Estado Nación” que reconocía a Israel como Estado únicamente judío, y eliminaba la cooficialidad del árabe.

¿Sirve de algo votar?

Este es el debate entre los árabes y los palestinos estas elecciones. Mientras que la mayoría, fruto de la desidia, llama al boicot para no legitimar el sistema israelí, gente como el artista Tamer Nafar llaman a votar, aunque sea para no terminar en una situación peor.

En una canción que se viralizó, Tamer Nafar reflejaba las dos visiones de los palestinos de cara a las elecciones. Por un lado están el desasosiego y la indiferencia, la visión de la rebelión como única vía: “Israel está utilizando a los árabes para parecer liberal, pero es el mismo gobierno que bombardea Gaza”.

En el otro lado, se enfrenta a sí mismo con un rayo de esperanza para lograr algo, por muy poco que sea: “No subestimes su fascismo. Mira lo que hicieron a nuestros abuelos (…) Yo quiero hacer el boicot, pero he decidido que no quiero estar fuera. Por mis hermanos y hermanas en 1967, voy a votar. Por la Marcha del Retorno, voy a votar. No tiene sentido tirar una herramienta cuando apenas tenemos herramientas”.

Hay quienes pueden tildar a Nafar de idealista, pero… ¿cuál es la otra opción?

Israel es un Estado que ha violado y viola reiteradamente las resoluciones de la ONU. Para los palestinos, ahora mismo resulta imposible negociar con un ocupante orgulloso de sus crímenes. En este contexto… ¿votarías?

¿Votarías en un país cuyos últimos 6 gobernantes han sido sionistas que abogan por la destrucción de Palestina? ¿Votarías en un país que ha sido liderado por criminales de guerra como Ariel Sharon? ¿Votarías en un país que ensalza el odio desmesurado de Avigdor Liebermann? ¿De Gantz? ¿De Gabi Ashkenazi? ¿De Moshe Ya’alon? ¿De Netanyahu? ¿Votarías en un país que cada día se expande con asentamientos de colonos ilegales que no respetan tus derechos más básicos?

Para los palestinos, estas elecciones son solo un paso más hacia la oscuridad de un túnel que parece no tener luz al final.

Por Alberto Rodríguez García