Duterte llama a independentistas y comunistas a unirse para combatir a Daesh

640_zzz_duterte_malaysia_4_2016_11_10_10_26_55El presidente filipino Rodrigo Duterte ha hecho un llamamiento a los independentistas musulmanes de Mindanao y a los rebeldes maoístas a unirse a la lucha gubernamental contra el autoproclamado Estado Islámico (conocido como Daesh).

Con el temor creciente de que Daesh esté aumentando su presencia en el país, Duterte se ha ofrecido para financiar e incluso amparar a grupos que durante un largo tiempo se han opuesto al Estado filipino si éstos están dispuestos a derrotar al enemigo común: la milicia Maute (afiliada al Daesh).

Duterte afirmó que la idea de que las milicias y los soldados luchen juntos le fue aconsejada por el líder de una milicia independentista musulmana.

Los militantes de Maute juraron lealtad al Daesh y han estado batallando contra las tropas gubernamentales desde que éstas sitiaron una ciudad al sur del país hace pocos días.

Durante una visita el pasado sábado a unas instalaciones militares en la isla de Joló, donde las fuerzas filipinas combaten a otro grupo salafista – Abu Sayyaf – Duterte dijo que tratará de igual manera a las guerrillas comunistas e independentistas que a las tropas gubernamentales si éstas se incorporan a su lucha.

“Os contrataré como soldados – mismo salario, mismos privilegios – y construiré casas para vosotros en ciertas áreas”, afirmó Duterte, de acuerdo a un vídeo del discurso que pronunció en Joló y hecho público el pasado domingo.

Duterte propuso la poco convencional oferta al Frente Moro Islámico de Liberación (MILF, por sus siglas en inglés) y al Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF). También llamó al Nuevo Ejército del Pueblo (NPA, brazo armado del Partido Comunista de Filipinas) a cesar su guerra de guerrillas y trabajar con su gobierno.

El Ejército filipino ha estado utilizando helicópteros de combate, artillería y tropas terrestres desde el pasado domingo tratando de retomar la ciudad de Marawi en la isla de Mindanao, donde los militantes de Maute están ejerciendo una fiera resistencia.

Han muerto ya a causa de la violencia 61 insurgentes, 15 agentes filipinos y 9 civiles, mientras decenas de miles de personas se han visto forzadas a desplazarse.

El MILF y el MNLF han llevado a cabo una rebelión independentista desde finales de la década de 1960 y han firmado acuerdos de paz separados con el Gobierno, pero estos acuerdos todavía deben ser implantados completamente.

La oferta de Duterte a los maoístas viene después de que su gobierno cancelara la última ronda de conversaciones de paz con el brazo político del NPA, acusando a los rebeldes de planear más ataques.

“Si esto cuaja y os queréis unir, apostadlo todo con la República”, dijo Duterte.

No ha habido reacciones inmediatas de los grupos a los que Duterte realizó la oferta. El presidente filipino dijo que el fundador y líder del MNLF, Nur Misuari, le envió una carta afirmando que sus hombres se unirán de manera voluntaria a la batalla en Marawi y otras partes de la provincia de Lanao del Sur.

El presidente dijo que contempla la creación de una nueva división del Ejército para acomodar la incorporación de los rebeldes maoístas y musulmanes, que tienen experiencia de combate y conocen muy bien el terreno sobre el que se combate contra Daesh en Filipinas.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 3)

Las ranas de la intelligentsia llevan tiempo croando con fuerza. Se pavonean y posan como si fueran los mejores atrapamoscas del mundo, pero no producen nada creíble en términos de análisis objetivos.

China tiene numerosos problemas sociales, económicos y estructurales, pero se enfrenta a ellos sistemáticamente. Los chinos están comprometidos con la mejora de su sociedad, su economía y su sistema político en sus propios términos. Intentan resolver problemas tremendamente complicados al tiempo que se niegan a sacrificar la soberanía nacional y el bienestar de su pueblo.

La política oficial estadounidense para enfrentarse a China como competidor capitalista mundial se basa en rodearla con bases militares y amenazar con perturbar su economía. Como parte de esta estrategia, los medios de comunicación y los supuestos “expertos” occidentales magnifican los problemas de China y minimizan los suyos propios.

A diferencia de China, EEUU se complace con obtener un crecimiento anual inferior al 2%. Los salarios llevan estancados desde hace décadas, el salario real y el nivel de vida se reducen. Los costes de la educación y la sanidad se disparan al tiempo que la calidad de esos servicios vitales cae espectacularmente. Aumentan los costes, el desempleo y los índices de suicidios y mortalidad de la clase trabajadora. Es absolutamente crucial que Occidente reconozca los impresionantes avances de China si desea aprender, copiar y fomentar un modelo similar de crecimiento y equidad. Es esencial que China y EEUU cooperen para promover la paz y la justicia en Asia.

Desgraciadamente, el anterior presidente Barack Obama y el actual presidente Donald Trump han escogido la vía de la confrontación y la agresión militar. Los dos mandatos de Obama muestran un historial de guerras fallidas, crisis financieras, aumento de la población reclusa y descenso del nivel de vida en todo el país. Pero todo el ruido que crean esas ranas, croando al unísono, no cambiará el mundo real.

NOTAS:

[1] El autor utiliza la expresión “crooked croakers” (croadores deshonestos) para hacer un juego fonético imposible de recrear en lengua castellana.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 2)

A pesar de estos impresionantes progresos objetivos, el coro de “ranas deshonestas” [1] sigue lanzando profusas predicciones año tras año sobre el deterioro y declive de la economía china. Sus análisis no se ven alterados por el 6’7% de crecimiento obtenido en PIB en 2016 sino que se aventuran a pronosticar para 2017 un “descenso” del crecimiento hasta el 6’6% como prueba del inminente colapso. Decididos a no verse disuadidos por la realidad, ¡el coro de ranas de Wall Street celebra animadamente el anuncio del incremento del PIB estadounidense del 1% al 1’5%!

China ha reconocido sus graves problemas medioambientales y está a la cabeza de los países a la hora de dedicar recursos (miles de millones de dólares, el 2% de su PIB) para reducir los gases de efecto invernadero. Sus esfuerzos exceden con creces los de EEUU y la UE.

Como el resto de Asia y EEUU, China necesita aumentar enormemente las inversiones destinadas para reconstruir sus infraestructuras decadentes o inexistentes. La República Popular China es la única de las naciones que ajusta o incluso excede sus crecientes necesidades de transporte, para lo cual destina 800.000 millones de dólares anuales a la construcción de autopistas, líneas de ferrocarril, puertos, aeropuertos, redes de metro y puentes.

Mientras EEUU ha rechazado tratados comerciales y de inversiones multinacionales con 11 países del Pacífico, China ha promovido y financiado tratados similares con más de 50 países de la región Asia-Pacífico (salvo Japón y EEUU), así como otros Estados africanos y europeos.

El Gobierno chino, bajo la dirección de su presidente Xi Jinping, ha lanzado una eficaz campaña a gran escala contra la corrupción que ha llevado a la detención o destitución de más de 200.000 empresarios y funcionarios, incluyendo algunos multimillonarios y altos cargos del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de China. Como resultado de esta campaña de ámbito nacional, la compra de artículos de lujo ha decaído considerablemente. La práctica de la utilización de fondos públicos para cenas exquisitas de 12 platos y el ritual de entrega y aceptación de regalos está en decadencia.

Mientras esto ocurre, a pesar de que Trump proponía “drenar la ciénaga” en su campaña política y del exitoso resultado en el referéndum del Brexit, ni en EEUU ni en el Reino Unido se ha puesto en marcha nada que se parezca remotamente a la campaña anticorrupción china, a pesar de los informes diarios sobre estafas y fraudes que implican a los 100 principales bancos del mundo anglo-estadounidense. La campaña anticorrupción china ha podido servir para reducir desigualdades y se ha ganado indudablemente el respaldo de los campesinos y los trabajadores chinos.

Los periodistas y académicos que suelen repetir como loros los argumentos de los generales estadounidenses y de la OTAN advierten que el programa militar chino es una amenaza directa a la seguridad de EEUU, Asia y el resto del mundo. La amnesia histórica emponzoña a estas ranas cantarinas. Olvidan que, tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU invadió y destruyó Corea e Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) matando a más de 9 millones de personas, tanto civiles como defensores. EEUU invadió, colonizó y neocolonizó Filipinas en los inicios del siglo XX, matando a un millón de habitantes. En la actualidad, continúa expandiendo su red de bases militares para rodear China. Recientemente trasladaron potentes misiles nucleares THAAD, capaces de atacar ciudades chinas e incluso rusas, a la frontera con Corea del Norte. EEUU es el mayor exportador de armas del mundo, y su producción de armas supera la producción y venta conjunta de los cinco siguientes mayores mercaderes de la muerte.

Por el contrario, China no ha atacado, invadido u ocupado unilateralmente ningún país en cientos de años. No ha colocado misiles nucleares en la costa o las fronteras de EEUU: de hecho, no cuenta con una sola base militar en el extranjero. Sus propias bases militares, en el Mar Meridional de China, tienen la función de proteger sus principales rutas marítimas de la piratería y la Armada de EEUU, cuyas provocaciones aumentan progresivamente. El presupuesto militar chino, que tiene previsto un incremento del 7% en 2017, sigue siendo menor que la cuarta parte del estadounidense.

Por su parte, EEUU promueve alianzas militares agresivas, apunta con sus radares y misiles guiados por satélite hacia China, Irán y Rusia, además de amenazar con arrasar Corea del Norte. El programa militar chino siempre ha sido, y continúa siendo, defensivo. Su aumento se basa en la necesidad de responder a las provocaciones de EEUU. El avance chino está basado en su estrategia de mercado global, mientras que Washington continúa implementando una estrategia imperial militarista, diseñada para imponer la dominación global por la fuerza.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 1)

Por James Petras

Traducido por Paco Muñoz de Bustillo

Petras, JamesNotas previas a la lectura del artículo:

  1. Contrariamente a lo que dice el autor del artículo, China tiene desde hace pocos años una base militar en el extranjero, concretamente en Yibuti, que no tiene ninguna motivación agresiva sino asegurar los intereses chinos en la región. La causa principal a la hora de decidir la instalación de esta base fue la catastrófica experiencia de la “Primavera Árabe” en Libia, de donde tuvieron que ser rescatados 20.000 ciudadanos chinos.
  2. El THAAD no es un sistema de misiles nucleares, sino un sistema para derribar misiles balísticos nucleares de corto, medio y alcance intermedio.

Introducción

Desde sus lúgubres pantanos, los académicos y editorialistas de revistas financieras estadounidenses, los “expertos en Asia” de los medios de comunicación de masas y los políticos conservadores y progresistas occidentales croan al unísono el inminente colapso medioambiental chino. Sucesivamente, han proclamado que la economía china está en declive, que su deuda es arrolladora y está a punto de hacer estallar su burbuja inmobiliaria, que el país está plagado de corrupción y envenenado por la contaminación, que los trabajadores chinos están organizando huelgas paralizadoras y protestas en medio de una creciente represión, como resultado de la explotación y la pronunciada desigualdad de clases. Las ranas financieras croan que China representa una amenaza militar inminente para la seguridad de EEUU y de sus socios asiáticos. Otras ranas saltan de indignación: ¡los chinos amenazan ahora a todo el Universo!

Los “agoreros chinos” que ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio han distorsionado sistemáticamente la realidad y han fabricado cuentos extravagantes que en realidad reflejan sus propias sociedad.

A medida que sus falsas afirmaciones son refutadas, las ranas modifican sus cantos: cuando las predicciones de un colapso inminente no se materializaron, retrasaron los pronósticos de su bola de cristal un año o incluso una década. Cuando sus avisos de tendencias sociales, económicas y estructurales negativas resultaron falsos y las cifras seguían siendo positivas, sus ágiles dedos recalibraron la amplitud y profundidad de la crisis, citando “revelaciones” anecdóticas sacadas de una conversación con algún taxista o escuchadas en cualquier aldea.

Como los fracasos anunciados durante mucho tiempo no terminan de materializarse, los expertos “remodelan la información” y se cuestionan la fiabilidad de las estadísticas oficiales chinas.

Y lo peor de todo es que los académicos y los “expertos” occidentales sobre Asia intentan un “intercambio de roles”: mientras las bases y los navíos de guerra estadounidenses rodean progresivamente a China, los chinos se convierten en agresores y los belicosos imperialistas de EEUU se presentan a sí mismos como víctimas gimoteantes.

Este artículo pretende desmontar estas fábulas y esbozar un relato alternativo y más objetivo de la actual realidad política y socio-económica de China.

China: ficción y realidad

Una y otra vez leemos acerca de la economía de salarios bajos de China y la brutal explotación de su mano de obra, esclavizada por parte de oligarcas multimillonarios y aurotidades políticas corruptas. En realidad, el salario medio del sector manufacturero chino se ha triplicado en los últimos 10 años. Los trabajadores chinos perciben salarios muy superiores a los de los países latinoamericanos con una eventual excepción. Los salarios de los operarios de las fábricas chinas se aproximan actualmente a los de los países de movilidad descendiente de la Unión Europea. En ese mismo periodo, los regímenes neoliberales presionados por la UE y EEUU han recortado a la mitad los alarios en Grecia y reducido significativamente los ingresos de los trabajadores en Brasil, México y Portugal. Los salarios de los trabajadores en China superan actualmente a los de Argentina, Colombia y Tailandia. Aunque no son altos para los niveles de la UE o EEUU, en 2015 los salarios chinos se movían entorno a los 3’60€ por hora, lo que ha mejorado el nivel de vida de cientos de millones de trabajadores. Durante el período en que China triplicó el salario de sus trabajadores, los de sus homólogos indios se estancaron en 0’70€ por hora y los sudafricanos bajaron de 4’30 a 3’60€ por hora.

Este espectacular aumento salarial se atribuye en gran medida al aumento de la productividad, fruto de mejoras constantes en la sanidad, la educación y la formación técnica de los trabajadores, así como a la presión sostenida y organizada de los obreros y de la lucha de clases. La exitosa campaña del presidente Xi Jinping destinada a apartar de su puesto y arrestar a decenas de miles de funcionarios y jefes de fábrica corruptos y explotadores ha promovido el poder de la fuerza laboral. Los obreros chinos están cerrando la brecha con el salario mínimo estadounidense. Al índice de crecimiento actual, la brecha, que se ha estrechado de una décima a una mitad del salario mínimo en EEUU en 10 años, desaparecerá en un futuro próximo.

China ha dejado de ser exclusivamente una economía de salarios bajos, no especializada, de trabajo intensivo, plantas de ensamblaje y orientada a la exportación. Hoy en día, unas 20.000 escuelas técnicas gradúan a millones de trabajadores cualificados. Factorías de alta tecnología están incorporando la robótica a gran escala para reemplazar a los trabajadores no cualificados. El sector servicios está en pleno crecimiento para absorber la demanda del mercado interno. Al tener que hacer frente a un aumento de la hostilidad política y militar estadounidense, China ha diversificado su mercado de exportación, volviéndose hacia Rusia, la UE, el resto de Asia, América Latina y África.

Es hora de que los japoneses asuman la verdad histórica

Por Zhao Luoxi

foreign201704111508000293277068086Aunque el escritor japonés Haruki Murakami menciona brevemente la Masacre de Nanjing en las más de mil páginas que tiene su última novela “Matar al Comendador”, el libro y su autor han sido blanco de la ira de las fuerzas derechistas japonesas. De hecho, los principales portales noticiosos de Japón están llenos de críticas contra la novela del afamado literato.

Esta no es la primera vez que una novela de Murakami ha sido criticada por los derechistas japoneses. Aparte de las reflexiones existentes en algunas de sus obras anteriores sobre los crímenes cometidos por Japón durante las agresiones de guerra, Murakami ha repetido – en varias ocasiones, e incluso durante el 70º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial – la importancia de abordar la verdad histórica y sugirió que Japón continuara disculpándose por sus crímenes de guerra hasta que China y Corea se dieran por satisfechas. Por su parte, el cineasta y animador japonés Hayao Miyazaki también ha transmitido una filosofía antibelicista en sus obras, siendo criticado por la derecha japonesa. Incluso Kenzaburo Oe, ganador del Premio Nobel de Literatura, ha sido calificado como “traidor” por su postura contra la guerra y contra la enmienda a la Constitución japonesa.

La sociedad japonesa nunca ha carecido de voces progresistas y justas. Sin embargo, la cacofonía creada por las fuerzas derecistas ha sido ensordecedora. Lo que preocupa es que hay cada vez más ciudadanos japoneses que sucumben a la propaganda derechista que distorsiona los hechos históricos.

Lo que Shinzo Abe busca es blanquear la historia del Japón agresor y atroz. Asegura que no ha leído el texto completo de la Declaración de Potsdam, pretendiendo ignorar la declaración fundamental que conformó el orden mundial de la posguerra. El año pasado buscó la reconciliación unilateral con los EEUU al visitar Pearl Harbor – que Japón atacó en 1941 – tras invitar al entonces presidente estadounidense Barack Obama a visitar Hiroshima, mientras Abe se hacía el sordo ante las críticas de sus vecinos contra su revisión manipuladora de la Historia de Japón.

Muchos factores sociales han llevado a la sociedad japonesa a inclinarse hacia el conservadurismo. Las personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial representan el grueso de la población del Japón actual, y mientras el recuerdo de las agresiones perpetradas se desvanece, los japoneses parecen indiferentes ante la nefasta Historia bélica de su país.

Después de que Abe lograse la reelección como Primer Ministro de Japón, la enseñanza de la verdad histórica en las escuelas y universidades japonesas se ha convertido en la excepción que confirma la regla. Lo que hoy se les enseña a los estudiantes japoneses son los atentados con bomba atómica contra Hiroshima y Nagasaki para demostrar que Japón fue una “víctima” de la Segunda Guerra Mundial. Jamás se asumen como iniciadores de esa guerra ni como violentos invasores, autores de atrocidades contra sus países vecinos.

En cuanto a la Masacre de Nanjing y a la cuestión de las mujeres jóvenes y niñas obligadas a servir como esclavas sexuales al Ejército Imperial Japonés – antes de y durante la Segunda Guerra Mundial – la derecha japonesa asegura que esos crímenes de guerra son “puras invenciones”.

Japón debe asumir la verdad histórica porque mientras no resuelva dicha problemática es imposible la reconciliación con sus vecinos.

Apreciamos que algunos japoneses, como los intelectuales y artistas Oe, Murakami o Miyazaki, hayan tenido la valentía de aceptar la verdad histórica y oponerse al olvidadizo discurso de la derecha japonesa.

Japón es ahora un país desarrollado y se ve a sí mismo como una nación democrática y pluralista. Pero si sus políticos continúan negando la Historia o el criterio de sus intelectuales, el pluralismo y la democracia nipones serán frágiles autoengaños.

Esperamos que los políticos japoneses escuchen las voces nacionales que predican la verdad histórica y actúan como imprescindibles guardianes de la conciencia social japonesa.

(Zhao Luoxi es investigador de política exterior de la Universidad de Relaciones Exteriores de China)

China y los miedos que nos crean los medios (tercera parte)

China es diferente a todo, y eso desconcierta a las “derechas e izquierdas” occidentales perezosas en aprender. China ha llegado al desarrollo por el socialismo y piensa seguir en él para perfeccionarlo en beneficio de su pueblo. China ha llegado al socialismo escapando de la barbarie y ha venido para quedarse. Se encuentra cómoda en él.

China desarrolla su propio modelo económico y político para el bien de su pueblo; está abriendo y creando su singular camino hacia el socialismo. No está dispuesta a seguir órdenes de otros Estados genocidas disfrazados de “demócratas humanitarios” que siguen practicando el neocolonialismo en el planeta que empobrecen.

China es demasiado grande y rica, su cultura es demasiado antigua y su dignidad es muy elevada.

La realidad actual es que el Partido Comunista de China, con el apoyo de la burguesía patriótica, reconocida constitucionalmente, tiene el poder real nacional y dirige exitosamente los destinos del país más poblado del mundo desde 1991, cuando el socialismo fue declarado muerto por Occidente.

Ha superado ampliamente el subdesarrollo, el hambre y la miseria de la que partió en 1949, aunque haya que seguir mejorando muchos aspectos sociales que se han deteriorado por el contexto de desarrollo continuado acelerado que se ha producido en el país desde 1980.

En el pasado China estaba cerrada en su propio territorio, nunca fue agresiva hacia otros países vecinos ni tuvo ambiciones expansionistas, como tampoco las tiene en el presente.

Los occidentales llegaron a China y manu militari la obligaron a subordinarse a sus intereses coloniales. Lo que siguió fueron ríos de sangre y engaños, confusión y un largo período de humillación nacional y dependencia (dos guerras del opio contra el “Reino Unido traficante”, las rebeliones de los señores de la guerra y sus clanes, las guerras contra el Japón imperialista…).

Luego vinieron la larga lucha por la unidad y la independencia, y por la Revolución. No ha sido fácil el camino, ni sin grandes problemas que resolver, pero China volvió a crecer (desde 1980 lo ha hecho ininterrumpidamente), comenzó a levantarse y a desarrollarse suministrando educación, vivienda, salud, bienestar y futuro a su pueblo.

Siguió su propio camino; un modo complejo de equilibrio entre su propia cultura y las condiciones globales, entre el socialismo y la realidad capitalista que domina el mundo.

Comenzó a recuperar su justo sitio en el mundo, que le fue negado durante mucho tiempo, después de años de saqueo colonial y de invasiones debilitantes.

Es en general una nación pacífica, habitada por gentes abiertas y de buenos sentimientos. Casi todos los que conocen China y la juzgan objetivamente están de acuerdo en ello.

Pero también es una nación extremadamente determinada y orgullosa. Es sabia y busca la armonía, siempre está dispuesta al compromiso.

Tratar de arrinconarla, de provocarla, de atacarla, además de inmoral, será suicida. Esta vez China no cederá su soberanía ni hará peligrar su supervivencia. Todavía está fresca en la memoria del pueblo chino lo que ocurrió en el pasado cuando claudicaron.

Occidente, cegado por el temor de perder los privilegios de su dictadura mundial, comete un grave error provocando al dragón asiático, sabio, poderoso y pacífico. Pero los dragones también pueden ser fieros cuando se ataca su buena voluntad y cuando se amenaza con asolar su nación.

China crece y trata de comprender y respetar al mundo, de interactuar con éste en igualdad de condiciones. Su pueblo sonríe y se entusiasma cuando conoce nuevas culturas y modelos de cooperación respetuosos y equitativos; quiere ganar amigos en todo el mundo.

Occidente actúa del modo más antagonista cuando ve peligrar su supremacía: vuelve a provocar una carrera armamentística en Asia, utiliza la propaganda más virulenta y embustera, corrompe naciones enteras en el mundo entero para que adopten una posición antichina.

Occidente nunca entiende a quien es diferente pero le tiende la mano. Nunca cambia su soberbia. Ha pisoteado durante siglos a miles de millones de personas en docenas de países del mundo en aras de lograr su hegemonía y no va a abandonar ahora su control dictatorial y exclusivo del poder. No ha destruido docenas de países que buscaban la libertad, no ha bombardeado a cientos de millones de personas, para cambiar ahora.

En el futuro continuará buscando agresivamente el enfrentamiento. Pero China no abandonará su camino socialista acertadamente trazado por el Partido Comunista dirigente, que nunca permitirá un infame Gorbachov o Yeltsin chino, traidores a sus principios y a su pueblo.

China seguirá firme por la exitosa senda trazada, indicando al mundo cómo se deben hacer las cosas para superar los problemas y desarrollar su sociedad por el buen camino.

Mientras tanto, en el mundo, aumenta el descontento popular con las botas imperiales que aplastan la libertad de países y continentes, amenazando la paz mundial. Y China no ha sido ni es quien pisotea a los pueblos sino, como siempre, lo es el Occidente irracional, depredador, genocida y explotador.

“Rusia y China están llamados a liderar un nuevo mundo para la supervivencia humana.” (Fidel Castro, 2014)

China y los miedos que nos crean los medios (segunda parte)

s000051394-300Nunca ha habido disculpas ni compensaciones por esos saqueos y crímenes delibrados cometidos por el Occidente colonial y capitalista. Permanecen impunes en la memoria objetiva de los pueblos conscientes. Nunca se han aceptado las culpas que les acusan por ese proceder secular abusivo e inhumano, que no solo no ha acabado, sino que se perfecciona día a día para seguir arruinando la vida y las ilusiones de las gentes del planeta.

Al contrario, sus paniaguados y manipuladores medios difunden a los cuatro vientos y a diario sus consignas simplistas y tergiversadoras acerca de las intenciones de cualquiera que, como China, se sale de su redil, que aunque apestan a mentira, son bien digeridas por esas masas acomodadas, ignorantes, egoístas e interesadas en no despertar de su sueño hipócrita de vivir en sociedades opulentas, cada día más empobrecidas para la mayoría de los esclavos consumistas que las habitan.

Nos dicen que China no hace jamás algo por altruismo; que simplemente se guían por tenebrosos intereses y propósitos egoístas, que su proceder no está dirigido hacia el progreso y la civilización de la Humanidad, ni regido por la filantropía occidental.

Nos dicen a todas horas que tengamos miedo de China, que China ya no es socialista sino capitalista, que hay que tener cuidado con el “imperialismo chino”, que hay que contener a China y enseñarle las “buenas maneras” occidentales.

¿Qué buscan esos medios?

Según la socióloga Ángeles Díez:

“En la actualidad hay 6 grupos mediáticos que controlan casi el 99% de la información que circula por el mundo. La función que cumplen es la de fabricar el consentimiento y la aceptación. Hay que consentir la desigualdad y la explotación […] Los medios no están al servicio del poder, sino que son una de las formas mediante las cuáles éste se expresa y logra reproducirse, reduciendo las resistencias.

El capitalismo no puede subsistir sin apropiarse también de los medios de producción de conciencia. La labor del periodismo en este sistema es, fundamentalmente, elaborar relatos coherentes que destruyen a su vez la posibilidad de otros relatos que vengan de otras fuentes que no sean el poder político y el poder económico.”

Por eso, nunca nos darán la versión oficial china del por qué de su comportamiento y de su proceder. Sólo tenemos la versión simplista e interesada capitalista.

Siempre nos darán la versión interesada y falsa de “expertos, ONG y fundaciones” mil, bien “engrasados” por oscuros intereses bancarios y multinacionales, siempre obedientes a sus indecentes y enriquecidos amos.

Nunca nos dirán que a quien hay que temer es a EEUU y a sus bases y comandos militares armados hasta los dientes para “imponer razón a los desobedientes”; que hay que temer a la UE y a su vector guerrerista mundial, la OTAN, también “históricamente muy razonable con los insubordinados espontáneos”; nunca nos dirán que hay que temer a Australia y a Japón en vez de a Corea del Norte…

Nunca nos dirán que a quien hay que temer es a sus políticas económicas estafadoras, mafiosas y gangsteriles, aplicadas a todos los pueblos del planeta a los que someten con sus tratados de libre comercio (individuales y colectivos como el TTIP, el CETA, etc.), de sus organismos tramposos de ajuste estructural (OMC, BM y FMI) y de instituciones por ellos dominadas (Liga Árabe, OEA, Unión Africana, etc.).

Tampoco nos dirán que, si no consiguen sus “buenos propósitos” con lo anterior, recurrirán a la corrupción y a la coacción, y que, si tampoco dan resultado, asesinarán a los rebeldes y reventarán sus países y a sus pueblos con guerras de liquidación en base al “derecho internacional humanitario” para luego enriquecerse al reconstruirlos, bien ligeros de los refugiados que han tenido que perecer en sus casas destruidas, sus campos bombardeados o marcharse al exilio para perecer, también en el mar, o en las fronteras artilladas de los países que han generado esas guerras, a donde se dirigen escapando del horror occidental.

Nunca nos dirán que las crisis y estafas que padecemos en estas sociedades, empobrecidas e ignorantes, en las que malvivimos cada vez más ciudadanos las provocan sus oligarquías bancarias y multinacionales codiciosas y envalentonadas desde la caída de la URSS y la tontuna del “fin de la Historia” del “tontorrón” de Fukuyama…

Nunca nos dirán que anualmente por hambre y enfermedades evitables entre 20 y 50 millones de seres humanos (el genocidio silencioso del que tantas veces hablara Fidel Castro) y que millones de niños del mundo empobrecido, si no perecen prematuramente, no alcanzarán nunca un pleno desarrollo intelectual y biológico por las penurias alimenticias padecidas en la infancia; así realimentarán la mano de obra esclava que seguirán explotando las multinacionales occidentales.

Y sorprendentemente, o no tanto, muchos ciudadanos occidentales que se consideran “neutrales” o “de izquierdas” y “bien informados” son receptivos a esa publicidad para consumo reiterativa, irracional, tendenciosa y embustera, y reaccionan agresivamente cuando se les habla de esa función, antes mencionada por la experta, de los medios imperiales de manipulación y de los contextos históricos y de las realidades sobre China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Ecuador, Rusia y sobre cualquier país que intente liberarse de las cadenas opresoras para avanzar hacia el desarrollo legítimo de sus pueblos por sus propios medios e identidades políticas, sociales, culturales y económicas, quienes al actuar así, ponen en peligro de modo inacpetable el ancestral “derecho genocida europeo y estadounidense” de reinar sobre el mundo.

Da igual que China hable y difunda orgullosa al mundo sus logros y sus cifras objetivas e inobjetable, y también de sus retos por conseguir.

En Occidente no se difundirá nunca su versión oficial, sino la contraria, que hablará de:

  • Su deterioro ambiental (cuando Occidente consume hoy los recursos de dos planetas y ha contaminado hasta el límite que habitamos).
  • Su inseguridad laboral (cuando se silencian los miles de muertos diarios por accidentes laborales en el mundo enriquecido y los siglos imperiales de esclavitud, trata de negros, secuestros mil…).
  • Sus negligencias (cuando hay un accidente en el interior de una mina china o en el exterior siempre se magnifican el número de afectados y se incide en las causas evitables, cuando lo mismo ocurre en una multinacional occidental se silencia lo ocurrido en la mayoría de los casos).
  • No respetar “sus reglas del juego” (¿su imperialismo?)
  • No respetar los derechos humanos (¿qué mayor derecho humano que el bienestar, la salud, la educación, el trabajo, la vivienda para su pueblo?)
  • La invasión del Tíbet (nunca se hablará del Panchen Lama, que goza del apoyo político y económico del Gobierno chino; siempre del Dalai Lama, sonriente pero reaccionario, que se declaró independiente de China en 1913).
  • La secta Falun Gong y sus alucinados esclavos anticomunistas.
  • Su “rearme escandaloso” (a pesar de que EEUU gaste, per capita, 21 veces más que China en armas y guerras; Francia y el Reino Unido 9 veces más; Arabia Saudí 16 veces más… ¿De quién se defienden estos últimos y otros muchos con presupuestos de guerra mucho mayores que el de China?).
  • La pena de muerte y la población carcelaria china (EEUU tiene la mayor población carcelaria del mundo, con 730 por cada 100.000 habitantes son los campeones olímpicos carceleros. China ocupa el puesto nº123, con 121 por cada 100.000 habitantes. ¿Será porque en EEUU las cárceles son privadas y “para negros y latinos” principalmente y es donde se asesina a deficientes mentales encarcelados por delinquir?).

También nos hablarán de la falta de derechos de los católicos chinos y otras religiones minoritarias (el catolicismo no está prohibido en China, como otras religiones goza de protección legal y se puede practicar libremente en todo el país, pero el Gobierno chino no permite que el Vaticano nombre a los obispos chinos, autoriza a los practicantes nacionales a nombrar a sus propios dirigentes religiosos sin injerencias de Roma).