La democracia china pone a Occidente en la sombra

En momentos en que las crisis y el caos sacuden la democracia liberal de Occidente, puede ser instructivo examinar la democracia china y preguntarse cómo sale librado el sistema que pone los estándares actuales para el desarrollo y el progreso.

El XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) es una buena oportunidad para analizar la excepcional organización socialista desde las perspectivas histórica y global. Cada 5 años, los delegados del PCCh se reúnen para proyectar las estrategias tanto para el Partido como para el país en el siguiente lustro. Este año, el objetivo primordial es “Xiaokang”, la primera meta centenaria.

En los 3 años que vienen, es decir, a más tardar en 2020, el establecimiento de una sociedad moderadamente acomodada será la culminación de 100 años de trabajo por parte del PCCh. La segunda meta centenaria, la conmemoración del centenario de la fundación de la República Popular China en 2049, verá la realización del sueño chino de rejuvenecimiento nacional.

En agosto de 2017, el PCCh consultó con otros 8 partidos no comunistas de China y con personajes prominentes sin afiliación partidaria. Sus opiniones y recomendaciones fueron incluidas en un borrador de Informe al Congreso. Esta bien establecida práctica de consulta institucional es sólo una de las formas en que el PCCh garantiza la naturaleza democrática de la toma de decisiones.

Este sistema de cooperación y consulta entre múltiples partidos encabezado por el PCCh, un tipo totalmente nuevo de sistema político fundado en 1949, es muy diferente de los sistemas bipartidistas o multipartidistas de los países occidentales, y del sistema de partido único practicado en otros países.

A diferencia de la política occidental, competitiva y conflictiva, el PCCh y los partidos no comunistas cooperan entre sí, trabajando juntos para impulsar el socialismo y esforzándose por mejorar el nivel de vida del pueblo. Esa relación mantiene la estabilidad política y la armonía social, y además garantiza la eficiencia en la elaboración y la implementación de las políticas.

Siendo el partido dirigente, el PCCh recibe recomendaciones de otros partidos en cuanto a las principales política, planes, revisiones a la ley y otros asuntos, permitiendo a los miembros de otros partidos ostentar puestos oficiales.

La democracia consultiva institucionalizada es importante en China, cuyos sistemas políticos básicos también incluyen las Asambleas Populares y el autogobierno de base, como los Comités de Aldeas.

El sistema chino se dirige hacia la unidad social en vez de hacia las divisiones que vienen como una consecuencia inevitable de la naturaleza belicosa de la democracia occidental de hoy. Las incesantes difamaciones, disputas y reversiones de políticas que componen el sello distintivo de la democracia liberal han retrasado el progreso económico y social, pasando por alto los intereses de la mayoría de los ciudadanos.

La Constitución de la República Popular China declara que “el sistema de cooperación multipartidista y de consulta política bajo el liderazgo del Partido Comunista debe continuar existiendo y desarrollándose durante un largo tiempo que aún está por venir”.

En la política parlamentaria o presidencial, los partidos obtienen su legitimidad por turnos a través de elecciones, causando frecuentes cambios de régimen y, con frecuencia, giros de 180 grados en cuanto a las políticas. Con frecuencia, cualquier progreso logrado se pierde, y por eso reina la ineficiencia.

A sus 96 años, y con 89 millones de militantes, el Partido Comunista de China representa los intereses de la mayoría del pueblo y está dedicado a servir al pueblo, con el desarrollo centrado en el pueblo profundamente arraigado en la cultura del Partido. La diversidad del PCCh está claramente demostrada en la extensiva representación de los diferentes estamentos sociales entre los más de 2.200 delegados al XIX Congreso Nacional.

Puesto que en Occidente los partidos, cada vez más, representan a determinados grupos de interés y estratos sociales, la naturaleza de la democracia capitalista se hace más oligárquica. Las fracturas ya se empiezan a notar, con muchos resultados excéntricos o imprevistos en los últimos plebiscitos. Bajo el liderazgo de un PCCh sobrio y progresista, la democracia de estilo chino nunca ha sido más saludable, y China no tiene en absoluto la necesidad de importar los fallidos sistemas políticos de partidos de otros países.

Tras cientos de años, el modelo occidental ya está mostrando su edad. Es hora de una reflexión profunda sobre los males de una democracia tambaleante que ha precipitado tantas de las enfermedades que padece el mundo y ha resuelto tan pocas. Si la democracia occidental no quiere derrumbarse por completo, debe ser revitalizada, revaluada y reiniciada.

El PCCh ha llevado a la nación china a un crecimiento sin precedentes y a logros asombrosos, particularmente en la reducción de la pobreza. Podría ser descrito justamente como un milagro transformacional que ha traído una prosperidad y un optimismo que eran inimaginables hace apenas 40 años.

Después de 5 años de reforma intensiva, de una lucha anticorrupción sin precedentes y de una maduración del Estado de derecho, un Partido Comunista de China confiado en sí mismo y manteniéndose fiel a sus principios básicos se antoja adecuado para mantener al país en el curso correcto “durante un largo tiempo que aún está por venir”.

FUENTE: Xinhua” en español

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¿Es China un país socialista? (tercera parte)

Mientras que en todo país capitalista el Ejército ha sido y es un instrumento para asegurar en última instancia los privilegios de una minoría explotadora, en China el Ejército está bajo control directo del Partido Comunista de China por medio de la Comisión Militar Central (CMC), y por lo tanto es garante del orden socialista. Ningún alto mando militar puede librarse de la disciplina del PCCh ni de la aplicación de la justicia, como demuestran los casos de los ex-vicepresidentes de la CMC Xu Caihou y Guo Boxiong, expulsados del Partido en 2014 y julio de 2015 respectivamente por sendos delitos de corrupción.

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En China, el suelo es propiedad del Estado, lo cual impide la gran concentración terrateniente, que es una característica fundamental de los países capitalistas. Según el economista marxista Samir Amin, “esta especifidad china nos impide caracterizar la China contemporánea como capitalista, porque el camino capitalista se basa en la transformación de la tierra en una mercancía”. Para finalizar, citaremos al gran economista marxista francés Tony Andreani, que identifica los siguientes pilares que sustentan el socialismo en China, definidos por él como “considerablemente ajenos al capitalismo”.

  1. El mantenimiento de un potente sector público, que juega un papel estratégico en la economía, y en el cual existe una – limitada, pero real – participación de los trabajadores en las unidades de gestión, a través de consejos de vigilancia y consejos obreros.
  2. Una potente planificación, que aunque sea de naturaleza indicativa (y no imperativa como en otras experiencias socialistas), resulta ser impresionantemente precisa año tras año.
  3. Una forma de democracia política que hace posibles unas decisiones colectivas, haciendo que la planificación sea el espacio en el cual la nación china elige un destino colectivo.
  4. Unos servicios públicos que condicionan la ciudadanía política, social y económica, que están totalmente o en su inmensa mayoría en manos del Estado, y que como tal están fuera de la lógica del mercado – aunque aún son muy limitados en comparación con los de algunos países capitalistas desarrollados.
  5. Una orientación económica neokeynesiana consistente en aumentar las rentas del trabajo y la promoción de una justicia social en una perspectiva igualitaria.
  6. La protección de la naturaleza, considerada como indisociable del progreso social y como uno de los objetivos centrales del desarrollo económico.
  7. La relaciones económicas con otros Estados, que descansan sobre el principio de ganar-ganar, la búsqueda de la paz y las relaciones equilibradas entre naciones y pueblos.
  8. La propiedad pública de la tierra y los recursos naturales.

En resumen, mientras que en los países de Europa las clase populares viven cada vez peor, en China las condiciones de vida de la población ha ido mejorando cada vez más desde la Reforma y Apertura, y ello en todos los indicadores sociales (salarios, esperanza de vida, mortalidad infantil, atención sanitaria, educación, seguridad social, acceso a la cultura, etc.). Esta diferencia entre el capitalismo neoliberal y el “socialismo de mercado” en China ha sido resumida brillantemente por el filósofo marxista italiano Domenico Losurdo. Hablando de las innegables desigualdades sociales existentes en China, Losurdo dice:

“Eso no hace lícito confundir el ‘socialismo de mercado’ con el capitalismo. Como ilustración de la diferencia radical que subsiste entre los dos, podemos intentar recurrir a una metáfora. En China estamos en la presencia de dos trenes que se separan de la estación llamada ‘Subdesarrollo’. Si uno de esos trenes es muy rápido, el otro es de velocidad más reducida; por causa de eso, la distancia entre los dos aumenta progresivamente, pero no podemos olvidar que los dos avanzan en la misma dirección; es también necesario recordar que no faltan los esfuerzos para acelerar la velocidad del tren, relativamente menos rápido y que, de cualquier modo, dado el proceso de urbanización, los pasajeros del tren más rápido son cada vez más numerosos. En el ámbito del capitalismo, por el contrario, los dos trenes en cuestión avanzan en direcciones opuestas. La última crisis destaca un proceso en acción desde hace varias décadas: el aumento de la miseria de las masas populares y el desmantelamiento del Estado social se encuentran a la par que la concentración de la riqueza en manos de una restringida oligarquía parasitaria.”

¿Es China un país socialista? (segunda parte)

A consecuencia de lo anteriormente dicho, en China hay un Estado con un carácter de clase obrero. Por ello, defiende los intereses generales de la clase obrera y del conjunto del pueblo, pese a todas las contradicciones que atraviesan a China.

Algunos alegarán que los capitalistas se han enriquecido en China. Pero es un hecho innegable que desde la Reforma y Apertura en 1979, la política del Gobierno chino se ha caracterizado por elevar constantemente el nivel de vida de la población. En la segunda entrega del análisis sobre el artículo de Vagenas, ya había ofrecido una serie de datos que lo demostraban sobradamente. Ahora dispongo de otros datos publicados recientemente que indican que entre 1990 y 2000, la renta per cápita en China se quintuplicó, pasando de 200 dólares a 1.000 dólares, y entre 2000 y 2010 volvió a crecer al mismo ritmo pasando de 1.000 a 5.000 dólares. Este progreso impresionante no ocurre en cualquier país.

Ahora, con la reciente aprobación del XIII Plan Quinquenal, el Gobierno chino se plantea reducir las desigualdades sociales mejorando la distribución de ingresos y aumentando “significativamente” los ingresos de la población con rentas bajas y medias.

El PCCh, que en sus estatutos se presenta como “destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación”, ejerce un papel dirigente en los rumbos de China, apoyándose en otros partidos patrióticos y en expertos o personalidades no comunistas, en el marco de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Se acepta e incluso se promueve la existencia de capitalistas, a condición de que contribuyan al desarrollo y al fortalecimiento del país, pero no están autorizados los partidos políticos en los que los capitalistas puedan organizarse como clase en sí.

El PCCh apoya en no pocas ocasiones las movilizaciones de la clase obrera en China y la actividad de los sindicalistas afiliados a la Federación Nacional de Sindicatos de China. Nótese por ejemplo que gracias al trabajo del PCCh, China es desde 2006 el único país del mundo donde la multinacional Wal-Mart ha tenido que aceptar secciones sindicales. Las asambleas de representantes de empleados y trabajadores son apoyadas por el PCCh, que fomenta la creación de comités del Partido en el sector no estatal – aunque los avances son costosos en este terreno – y formas de democracia obrera, aunque sea limitada, en las empresas estatales. También se han dado casos significativos en los que las fuerzas del orden han rechazado intervenir contra las luchas obreras.

Que el partido que defiende este tipo de políticas sea el partido gobernante en China tampoco es un detalle sin importancia. Probablemente, muchos se sorprenderán al leer declaraciones del Partido Comunista de China acerca de “apoyarse de todo corazón en la clase obrera para completar el sistema de administración democrática con la asamblea de representantes de los trabajadores como forma básica”.

El PCCh declara que su misión es servir al pueblo, y la prueba de que lo está haciendo es que goza de un notable apoyo popular. Según un estudio realizado por el “Pew Research Center” en 2012, el 83% de la población china se declaraba satisfecha con la situación económica del país – en los países de la UE sólo era del 16%. No está nada mal para un país donde “reina la miseria y la explotación que experimentan cientos de millones de trabajadores”, como dice Vagenas.

En China, los sectores estratégicos que controlan los aspectos esenciales de la vida económica están en manos del Estado: sector financiero, energía, metales ferrosos y no ferrosos, minas, sector de la construcción, petroquímica, telecomunicaciones, construcción naval, construcción aeronáutica, sector del automóvil, transporte, alimentación, distribución, producción farmacéutica, Defensa, etc.

El artículo 7 de la Constitución de la República Popular China dice que “el sector estatal de la economía, es decir, el sector económico de propiedad socialista de todo el pueblo, es la fuerza rectora de la economía nacional. El Estado asegura la consolidación y el desarrollo del sector estatal de la economía”.

No es fácil disponer de datos exactos en la actualidad, pero está claro que las empresas estatales siguen siendo las más rentables y las que más peso tienen en el PIB. Según datos de 2005, de las 500 mayores corporaciones en China, el 85% eran de propiedad estatal. De estas 500 empresas, las 10 más grandes eran de propiedad estatal y acumulaban el 47% del total de las ganancias. Desde 2005 esta situación no ha variado sustancialmente: de las 98 empresas chinas que figuraron en 2015 en la lista “Global 500” elaborada por la revista “Fortune” – que elabora cada año la lista de las 500 mayores empresas del mundo – 76 eran de propiedad estatal. Además, 4 de los 10 mayores bancos del mundo son bancos chinos de propiedad estatal.

Es igualmente muy difícil disponer de datos exactos sobre el porcentaje de propiedad pública en China, debido a la multiplicidad de formas de propiedad. Pero según el profesor Chen Zhiwu, de la Universidad de Yale, si sumamos la propiedad estatal, la propiedad colectiva y la propiedad mixta público-privada, en 2010 el Estado controlaba directa o indirectamente las tres cuartas partes de la riqueza de China.

¿Es China un país socialista? (primera parte)

ChinaEs necesario un debate amplio sobre esta cuestión. No se puede afirmar a la ligera y con los ojos cerrados que China es un país capitalista, basándose solamente en el hecho de que está recurriendo al capitalismo para desarrollarse. De hecho, el movimiento comunista debería abandonar la costumbre de anatemizar a determinados países socialistas que se apartan ligeramente de lo que se ha considerado y se considera la “auténtica” construcción del socialismo.

Por ejemplo, haría falta revisar el análisis del Movimiento Comunista Internacional sobre la Yugoslavia de Tito, acusada de “capitalista” (siendo precisamente la China de Mao uno de los actores más agresivos contra Yugoslavia) y ello independientemente de la valoración de cada uno de la figura de Tito. Es muy probable que el modelo yugoslavo de “autogestión” tuviera deficiencias y haya supuesto en algunos aspectos una ruptura con el marxismo-leninismo. Pero pasado el tiempo, después de la guerra civil en Yugoslavia y las agresiones de la OTAN, ¿deberíamos deducir que la Yugoslavia de Tito (y lo que quedó de ella) era un país “capitalista”? ¿Que no hubo nada salvable en aquella experiencia?

De la misma manera, no podemos considerar correcta la valoración del Partido Comunista de China (PCCh) sobre la URSS a partir de 1968. Este proceso de reflexión debería ser ampliado a China, Vietnam y Laos, acusados también de “capitalistas” (cuando no “imperialistas”). Este sano ejercicio ayudaría a determinar con acierto quiénes son los amigos y quiénes son los enemigos, en beneficio de la causa progresista, anti-imperialista y revolucionaria en el siglo XXI.

Considero que China sigue siendo un país socialista por los siguientes motivos:

En primer lugar, la República Popular China proclama que su objetivo es la construcción del socialismo y que es un Estado obrero. La Constitución de 1982 declara en su artículo primero que “la República Popular China es un Estado socialista de dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina”.

Y después: “El sistema socialista es el sistema básico de la República Popular China. Está prohibido todo sabotaje por parte de cualquier organización o individuo contra el sistema socialista”.

Eso se debe, a su vez, a que el partido dirigente en China es un partido comunista. El preámbulo de los estatutos del PCCh establece que:

“El Partido Comunista de China, destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación en este país, y núcleo dirigente de la causa del socialismo con peculiaridades chinas, representa lo que se exige para el fomento de las fuerzas productivas más avanzadas de China, el rumbo por el que ha de marchar la cultura más avanzada del país, y los intereses fundamentales de los más amplios sectores de su pueblo. Tiene como ideal supremo y objetivo final la materialización del comunismo.”

A continuación, los estatutos del PCCh dicen que “se guía en su actuación por el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y el importante pensamiento de la Triple Representatividad”.

Estos detalles, que por supuesto no son suficientes, aun así son muy importantes y deben ser tenidos en cuenta si queremos determinar el carácter de clase de la República Popular China. Por puro sentido común, si los dirigentes chinos no quisieran perseguir el socialismo y el comunismo, no se molestarían en afirmar estas cosas.

Algunos dirán que los dirigentes chinos son burgueses y revisionistas que necesitan aparentar ser comunistas y emplear un lenguaje marxista para poder engañar al pueblo y proseguir con la “contrarrevolución”. Pero aún si fuera cierta esta teoría, las formas políticas e ideológicas que se vean obligados a adoptar los dirigentes chinos en el proceso de “contrarrevolución” no son un detalle sin importancia. El hecho de que la República Popular China siga declarando que es un país socialista y de que los dirigentes del PCCh sigan declarando su adhesión al marxismo-leninismo y que persiguen el objetivo del comunismo, indica precisamente que la correlación de fuerzas en China aún no permitiría a los supuestos revisionistas culminar el proceso “contrarrevolucionario”, y que por lo tanto China aún mantiene rasgos socialistas. Esto debería ser suficiente motivo para que todo comunista consecuente defienda con uñas y dientes lo que quede de socialismo en China, en lugar de echarla a las aguas del “mundo imperialista”.

Los defensores de la tesis de la “contrarrevolución” no deberían perder de vista que el revisionismo, que es producto de la influencia de la ideología pequeño-burguesa sobre el movimiento obrero, dejaría de ser revisionismo si no se produjera precisamente dentro de un medio obrero, en el cual la correlación de fuerzas existente no permite implantar una dominación abierta y total de la burguesía. Por esta misma razón, era completamente errónea la tesis del PCCh que afirmaba que la URSS se había vuelto “capitalista” y “social-imperialista”. Aún suponiendo que los dirigentes soviéticos que sucedieron a Stalin tuvieron la voluntad consciente de restaurar el capitalismo, tuvieron que hacerlo dentro de las estructuras de un Estado obrero. La verdadera contrarrevolución burguesa en la URSS no se produjo hasta 1989 y se extendió hasta 1991, y fue al final de aquel proceso cuando se pudo arriar la bandera roja con la hoz y el martillo en el Kremlin.

¿Para qué iba a tener la supuesta burguesía dirigente del PCCh un particular interés en seguir agitando la bandera roja en China? Nada nos permite afirmar que haya habido una contrarrevolución en China que haya supuesto un cambio esencial en el carácter de clase del Estado. Es cierto que en las últimas décadas ha habido puntos de inflexión en la línea del PCCh que para muchos representan una deriva preocupante. Pero la realidad es que el poder político no ha pasado a manos de la burguesía en el Estado ni en el Partido – o al menos no totalmente, si damos por buena la tesis de la “contrarrevolución”

Mientras que entre 1989 y 1991 el socialismo era destruido en Europa Oriental y en la URSS, el socialismo conseguía sobrevivir en China pese a los sucesos contrarrevolucionarios de la Plaza de Tiananmen en 1989, para mayor irritación del imperialismo. Esto es un hecho fundamental que hay que tener muy en cuenta en el debate sobre el carácter de clase de la República Popular China.

Por Alexandre García

Continúa en la segunda parte.

FUENTE: Manos Fuera de China

Asuntos geopolíticos a tener en cuenta en el marco del XIX Congreso del Partido Comunista de China

chine-640x607En 1992, un año después de la desintegración de la Unión Soviética, el Pentágono lanzaba una doctrina que sigue siendo hoy el hilo conductor de la política exterior de los EEUU:

“Nuestro primer objetivo es evitar que aparezca un nuevo rival en el escenario mundial. Debemos impedir que los competidores potenciales aspiren a jugar un papel más importante a nivel mundial”.

Un informe reciente mencionaba 4 países que podrían ser objetivos potenciales de una acción militar: Irán, Rusia, Corea del Norte y China. A pesar de los redobles de tambor que amenazan a Corea del Norte y de la retórica sobre Rusia e Irán, hoy la atención se centra en primer lugar en China. Alrededor del país, los EEUU cuentan con más de 30 bases militares, puntos de apoyo o centro de entrenamiento (las pequeñas bolas moradas del mapa). De aquí a 2020, el 60% del total de la flota naval estará estacionada en la región. Viéndolo en un mapa, no es exagerado decir que China está siendo cercada o rodeada.

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China es extremadamente vulnerable frente a la superpotencia de los EEUU. Para su comercio exterior, China depende en un 90% del transporte marítimo. Más del 80% del suministro de petróleo tiene que pasar por el Estrecho de Malaca, cerca de Singapur – donde, por supuesto, los EEUU tienen una base militar. Washington puede, así, cerrar el grifo del petróleo, y actualmente China no tiene ningún medio de defensa frente a ello. Los EEUU gastan en armamento más de 4 veces lo que gasta China, y por habitante es 15 veces más.

Es en este contexto que hay que analizar la construcción de pequeñas islas artificiales en el Mar de China Meridional, al igual que la reivindicación china de una gran parte de la zona. El control de las rutas marítimas a través de las cuales se transporta su energía y sus bienes industriales es de vital importancia para Beijing. Por otro lado, ninguno de los 6 países que reclaman partes del Mar de China Meridional se adhiere al pie de la letra al código de conducta relativo a esta zona.

Durante la mayor parte de su Historia, China ha sido en gran medida autosuficiente. No había en China escasez de materias primas. El país podía permitirse el lujo de aislarse del mundo exterior, y lo hizo a menudo. Los principales riesgos eran de orden interno, teniendo en cuenta la extensión del país.

Hoy, la situación es completamente diferente. El país ya no es autosuficiente. Con el 18% de la población mundial, sólo dispone del 7% de las tierras agrícolas fértiles y apenas extrae el 5% del petróleo mundial. En comparación, los EEUU tienen 8 veces más minerales y en Rusia tienen 31 veces más. Además, China produce muchos más bienes de los que consume. Por todas estas razones, el país depende en gran medida de la economía exterior.

En este contexto, y también debido a la presión ejercida por EEUU, que China está empezando a poner en marcha una Nueva Ruta de la Seda. Se trata de una enorme red de rutas marítimas y terrestres, lanzada bajo el nombre de “Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda”. La iniciativa implica inversiones, financiamientos, acuerdos comerciales y docenas de Zonas Económicas Especiales (ZEE) por un valor de 900.000 millones de dólares.

En total, China quiere invertir nada menos de 4 billones (con B) de dólares en 64 países diferentes, que cuentan con una población aproximada de 3.000 millones de personas. Esto representa cerca de 30 veces la ayuda al desarrollo anual de los países ricos. Por lo tanto es, con diferencia, el mayor programa de ayuda desde el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

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La Nueva Ruta de la Seda tiene muchas semejanzas con la estrategia comercial de los Países Bajos de hace 400 años. El colonialismo británico y el colonialismo francés intentaban conquistar y subyugar a sociedades enteras. Amsterdam, por su parte, aspiraba a un “Imperio del comercio y el crédito”. No se trataba de territorios, sino de negocios. Construyeron una flota gigantesca, instalaron puestos comerciales en las principales rutas al mismo tiempo que intentaban garantizar su seguridad.

Al igual que los holandeses en el siglo XVII, China cuenta actualmente con la mayor flota mercante del mundo. Las ZEE son “guarniciones comerciales en las cadenas de suministro internacional que permiten a China asegurar su comercio sin llevar el fardo de una sumisión colonial”, según el think tank Stratfor.

FUENTE: Manos Fuera de China

El Partido Comunista de China

chinese2bpeopleEl Partido Comunista de China es la vanguardia de la clase obrera china. Es a la vez la vanguardia del pueblo y la nación de China y es el núcleo dirigente de la causa socialista con peculiaridades de China. El PCCh representa lo que se exige para el desarrollo de las fuerzas productivas avanzadas de China, el rumbo por el que ha de marchar su cultura avanzada, así como los intereses fundamentales de sus masas populares más amplias.

El ideal supremo y el objetivo final del Partido es materializar el comunismo. En los estatutos del PCCh se estipula que el Partido toma el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y el importante planteamiento de la Triple Representatividad de Jiang Zemin como guía de sus acciones.

El PCCh se fundó en julio de 1921. En los años comprendidos entre 1921 y 1949, el PCCh dirigió al pueblo chino a realizar una ardua lucha, derribando la dominación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, estableciendo la República Popular China. Después de la fundación de la RPCh, el Partido Comunista dirigió a todo el pueblo de las diversas nacionalidades del país en la salvaguardia de la independencia y la seguridad del Estado, en la feliz transformación de la sociedad china de nueva democracia a la de socialismo y en la construcción socialista de manera planificada a gran escala, haciendo que la causa económica y cultural de China haya logrado un enorme desarrollo nunca visto en la Historia.

Después de la conclusión fundamental de la transformación socialista de la propiedad privada de los medios de producción en 1956, debido a la inexperiencia, el PCCh cometió algunos errores en el proceso de guiar a la construcción socialista. Entre 1966 y 1976 tuvo lugar la conocida como “Gran Revolución Cultural”, de gran envergadura y a escala nacional, en la que se cometieron graves errores.

Terminado este período, en octubre de 1976, China comenzó una nueva etapa de desarrollo histórico. Con la celebración de la III Sesión Plenaria del XI Congreso Nacional del Partido Comunista de China a finales de 1978, el país logró un gran viraje de largo alcance después de la fundación de la Nueva China. A comienzos de 1979, el PCCh había puesto en práctica ya las políticas de reforma y apertura al exterior promovidas por Deng Xiaoping. Desde aquel entonces, la economía nacional y el desarrollo social de China han conquistado éxitos que llaman la atención de todo el mundo. Además, la fisionomía del país ha operado cambios titánicos, hallándose en la etapa más exitosa vivida por el país desde la fundación de la República Popular China; etapa en la que el pueblo obtiene mayores beneficios.

El PCCh aboga por desarrollar activamente sus relaciones con el exterior y se esfuerza por conseguir un favorable ambiente internacional para la reforma y la apertura, para la construcción moderna. En los asuntos internacionales, el PCCh se adhiere a una política exterior de independencia, no injerencia y paz, que salvaguarde la independencia y soberanía de China, se opone al hegemonismo y la política agresiva, a preservar la paz mundial y promover el respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial, a la no agresión recíproca, a la no intervención en los asuntos internos de los países, en la igualdad y el beneficio mutuo, y en pro del desarrollo de sus relaciones con todos los países del mundo. Siguiendo los cuatro principios de independencia y autodecisión, igualdad completa, respeto mutuo y no intervención en los asuntos internos de otros países, el PCCh ha establecido y desarrollado sus relaciones de amistad con partidos políticos de todo el mundo. Actualmente, el PCCh mantiene relaciones amistosas con más de 300 partidos políticos de 120 países diferentes.

De acuerdo a su propio programa y estatutos, el PCCh ha formado un conjunto unificado según el principio del centralismo democrático. En los Estatutos del Partido Comunista de China se estipula que los obreros, campesinos, militares, intelectuales y elementos avanzados de otros sectores sociales de China y mayores de 18 años pueden solicitar el ingreso en el Partido, solo con reconocer el programa y los estatutos y afirmando su voluntad de participar en una organización del Partido en la que ya trabajen activamente, así como el cumplimiento de las resoluciones del mismo.

Las organizaciones centrales del PCCh abarcan el Congreso Nacional, el Comité Central, el Buró Político del Comité Central, el Comité Permanente del Buró Político del Comité Central, el Secretariado Central, la Comisión Militar Central y la Comisión Central de Control Disciplinario. El Congreso Nacional del PCCh se renueva cada 5 años. Cuando el Congreso Nacional no está en sesión, el Comité Central es el órgano supremo dirigente del PCCh.

Ahora, tras el último censo de 2016, el Partido Comunista de China cuenta con aproximadamente 89 millones de militantes (siendo el partido político más numeroso del mundo) y su actual secretario general es Xi Jinping.

FUENTE: Radio Internacional de China

El tiro por la culata

chinaDesde hace quizá cientos de años, los EEUU vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras e invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870, o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas estadounidenses, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una “amenaza” para los EEUU.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los EEUU, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El Ejército Popular de Liberación chino había conquistado todo el territorio continental de China, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kai-shek se refugiaron en la isla de Taiwán y algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de personas, y en Taiwán alrededor de 17 millones. Sin embargo, la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Taiwán y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesto por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Taiwán, que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al Gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas: “la verdadera China”. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos – como los EEUU – siguieron manteniendo relaciones “no diplomáticas” con Taiwán, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y los navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del Imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el Imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la Historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular Democrática de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y los EEUU han perdido definitivamente la hegemonía. Los países sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de medida de su comercio y utilizar sus monedas nacionales, además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar estadounidense y fijar unos medios de compensación bancaria controlados por los EEUU, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos estadounidenses, los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) se adherirán al mismo. Se trata de un tráfico comercial de 100.000 millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos estadounidenses dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el Imperio, que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el Imperio se hunde. Tenía razón Mao cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

Por Darío Herchhoren