El Ejército Popular de Liberación acorrala a EEUU en aguas internacionales

Por Alexandr Jrolenko

120px-china_emblem_pla-svgEl hecho de que los bombarderos norteamericanos B-1B pasaran el 8 de julio sobre el Mar de China Meridional en la zona de disputas territoriales pone de manifiesto la actitud de EEUU, que trata de enseñar sus músculos a China. A pesar de este incidente, Pekín ha mantenido la calma y no ha comentado lo sucedido, aunque ha declarado en reiteradas ocasiones que una serie de islas de esta región forman parte integral de su territorio. No obstante, Washington califica esta zona como un espacio aéreo y marítimo internacional.

La tranquilidad manifestada hoy por el Gobierno chino no es algo casual. La Armada de la República Popular China cada vez domina más las zonas cercanas y lejanas del océano mundial, así que ha llegado la hora de que el Pentágono se preocupe, debido a que hasta hace poco había controlado con firmeza casi todas las vías marítimas importantes, despreciando a la Armada china.

El portaaviones “Liaoning” en Hong Kong

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El portaaviones chino “Liaoning” aproximándose a la región de Hong Kong.

La llegada del portaaviones “Liaoning” y tres buques más a Hong Kong y la visita a la región por parte del presidente chino Xi Jinping llevada a cabo el 29 de junio forman parte de las celebraciones por el 20º aniversario del restablecimiento de la soberanía china sobre la ex-colonia británica.

La visita del grupo de portaaviones a Hong Kong es básicamente una continuación lógica de las ideas de Xi Jinping: “un país, dos sistemas”. Las líneas perfectas del buque persuaden mejor que las palabras en la fuerza y el potencial del país.

El “Liaoning” es, de hecho, una versión china ligeramente modificada del portaaviones “Varyag” de la clase Almirante Kuznetsov, comprado por Pekín en 1998. El buque de fabricación soviética, más tarde denominado “Liaoning”, fue completamente reconstruido y remodelado con fines de entrenamiento.

El segundo buque militar de este tipo, el 001A, fue botado el pasado 23 de abril cuando el Gigante Asiático celebraba el Día de la Armada y es completamente de producción doméstica.

China planifica crear 6 equipos de ataque y una multitud de bases navales militares por todo el mundo.

El destructor “Changsha” y la fragata  “Yuncheng”, en el Mar Báltico

Pekín envió su novedoso destructor “Changsha” – del proyecto 052D – junto con la fragata “Yuncheng” – del proyecto 054A – y el navío de apoyo “Lomahu” al Mar Báltico con el objetivo de participar en las maniobras ruso-chinas “Cooperación Marítima 2017”.

Según el Ministerio de Defensa chino, las maniobras se realizarán en dos etapas desde mediados de julio hasta mediados de septiembre en el Mar Báltico, el Mar de Ojotsk y el Mar de Japón.

Los dos temas principales de las maniobras en el Báltico serán las operaciones de rescate conjuntas y la garantía de seguridad de las actividades comerciales en el mundo. Sin embargo, la revista estadounidense “Newsweek” ha afirmado que “en los juegos militares de Rusia y la OTAN en Europa apareció un nuevo jugador: China”. Los titulares de la prensa europea también son muy llamativos, por ejemplo: “China y Rusia lanzan un desafío a la OTAN en el Mar Báltico”.

Las publicaciones afirman que las maniobras en el Mar Báltico, a las puertas de Europa, son un mensaje político para Trump y la OTAN: “Rusia y China se apoyan y se defenderán”.

China incrementa vertiginosamente su potencial de defensa, renueva su parque de buques de la Armada y los aviones de las Fuerzas Aéreas. Y aunque hasta hace poco en la región Asia-Pacífico dominaron las Fuerzas Armadas de EEUU, ahora el Pentágono supone que China tiene la intención de neutralizar el domino técnico-militar de Washington.

Son altas las apuestas en la región. A través del Mar de China Meridional pasan los buques que garantizan el 75% del suministro del petróleo a la región Asia-Pacífico, incluido el 40% de la demanda china. El volumen anual del “comercio marítimo” se estima en 5 billones de dólares, de los cuales 1’2 billones son de las operaciones estadounidenses. Estas cifras justifican las discrepancias entre Pekín y Washington y sus preocupaciones por la “seguridad marítima”.

El desarrollo de la Armada china es una condición indispensable para garantizar el suministro de los hidrocarburos de los países del Norte de África y Oriente Próximo, es decir, un factor imprescindible para garantizar el crecimiento económico del país.

En la plataforma del Mar de China Meridional se hallan ricos yacimientos de petróleo y gas. China anunció oficialmente en 2014 sus derechos sobre las Islas Spratly y un año más tarde publicó una nueva estrategia militar, en la que la Armada china pasa de la protección sólo de las zonas costeras a garantizar la seguridad de toda la zona oceánica. Asimismo, Pekín se reservó el derecho de efectuar ataques preventivos locales en caso de una amenaza a la defensa o las fronteras de la República Popular China. Washington, evidentemente, tiene de qué preocuparse.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 3)

Las ranas de la intelligentsia llevan tiempo croando con fuerza. Se pavonean y posan como si fueran los mejores atrapamoscas del mundo, pero no producen nada creíble en términos de análisis objetivos.

China tiene numerosos problemas sociales, económicos y estructurales, pero se enfrenta a ellos sistemáticamente. Los chinos están comprometidos con la mejora de su sociedad, su economía y su sistema político en sus propios términos. Intentan resolver problemas tremendamente complicados al tiempo que se niegan a sacrificar la soberanía nacional y el bienestar de su pueblo.

La política oficial estadounidense para enfrentarse a China como competidor capitalista mundial se basa en rodearla con bases militares y amenazar con perturbar su economía. Como parte de esta estrategia, los medios de comunicación y los supuestos “expertos” occidentales magnifican los problemas de China y minimizan los suyos propios.

A diferencia de China, EEUU se complace con obtener un crecimiento anual inferior al 2%. Los salarios llevan estancados desde hace décadas, el salario real y el nivel de vida se reducen. Los costes de la educación y la sanidad se disparan al tiempo que la calidad de esos servicios vitales cae espectacularmente. Aumentan los costes, el desempleo y los índices de suicidios y mortalidad de la clase trabajadora. Es absolutamente crucial que Occidente reconozca los impresionantes avances de China si desea aprender, copiar y fomentar un modelo similar de crecimiento y equidad. Es esencial que China y EEUU cooperen para promover la paz y la justicia en Asia.

Desgraciadamente, el anterior presidente Barack Obama y el actual presidente Donald Trump han escogido la vía de la confrontación y la agresión militar. Los dos mandatos de Obama muestran un historial de guerras fallidas, crisis financieras, aumento de la población reclusa y descenso del nivel de vida en todo el país. Pero todo el ruido que crean esas ranas, croando al unísono, no cambiará el mundo real.

NOTAS:

[1] El autor utiliza la expresión “crooked croakers” (croadores deshonestos) para hacer un juego fonético imposible de recrear en lengua castellana.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 2)

A pesar de estos impresionantes progresos objetivos, el coro de “ranas deshonestas” [1] sigue lanzando profusas predicciones año tras año sobre el deterioro y declive de la economía china. Sus análisis no se ven alterados por el 6’7% de crecimiento obtenido en PIB en 2016 sino que se aventuran a pronosticar para 2017 un “descenso” del crecimiento hasta el 6’6% como prueba del inminente colapso. Decididos a no verse disuadidos por la realidad, ¡el coro de ranas de Wall Street celebra animadamente el anuncio del incremento del PIB estadounidense del 1% al 1’5%!

China ha reconocido sus graves problemas medioambientales y está a la cabeza de los países a la hora de dedicar recursos (miles de millones de dólares, el 2% de su PIB) para reducir los gases de efecto invernadero. Sus esfuerzos exceden con creces los de EEUU y la UE.

Como el resto de Asia y EEUU, China necesita aumentar enormemente las inversiones destinadas para reconstruir sus infraestructuras decadentes o inexistentes. La República Popular China es la única de las naciones que ajusta o incluso excede sus crecientes necesidades de transporte, para lo cual destina 800.000 millones de dólares anuales a la construcción de autopistas, líneas de ferrocarril, puertos, aeropuertos, redes de metro y puentes.

Mientras EEUU ha rechazado tratados comerciales y de inversiones multinacionales con 11 países del Pacífico, China ha promovido y financiado tratados similares con más de 50 países de la región Asia-Pacífico (salvo Japón y EEUU), así como otros Estados africanos y europeos.

El Gobierno chino, bajo la dirección de su presidente Xi Jinping, ha lanzado una eficaz campaña a gran escala contra la corrupción que ha llevado a la detención o destitución de más de 200.000 empresarios y funcionarios, incluyendo algunos multimillonarios y altos cargos del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de China. Como resultado de esta campaña de ámbito nacional, la compra de artículos de lujo ha decaído considerablemente. La práctica de la utilización de fondos públicos para cenas exquisitas de 12 platos y el ritual de entrega y aceptación de regalos está en decadencia.

Mientras esto ocurre, a pesar de que Trump proponía “drenar la ciénaga” en su campaña política y del exitoso resultado en el referéndum del Brexit, ni en EEUU ni en el Reino Unido se ha puesto en marcha nada que se parezca remotamente a la campaña anticorrupción china, a pesar de los informes diarios sobre estafas y fraudes que implican a los 100 principales bancos del mundo anglo-estadounidense. La campaña anticorrupción china ha podido servir para reducir desigualdades y se ha ganado indudablemente el respaldo de los campesinos y los trabajadores chinos.

Los periodistas y académicos que suelen repetir como loros los argumentos de los generales estadounidenses y de la OTAN advierten que el programa militar chino es una amenaza directa a la seguridad de EEUU, Asia y el resto del mundo. La amnesia histórica emponzoña a estas ranas cantarinas. Olvidan que, tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU invadió y destruyó Corea e Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) matando a más de 9 millones de personas, tanto civiles como defensores. EEUU invadió, colonizó y neocolonizó Filipinas en los inicios del siglo XX, matando a un millón de habitantes. En la actualidad, continúa expandiendo su red de bases militares para rodear China. Recientemente trasladaron potentes misiles nucleares THAAD, capaces de atacar ciudades chinas e incluso rusas, a la frontera con Corea del Norte. EEUU es el mayor exportador de armas del mundo, y su producción de armas supera la producción y venta conjunta de los cinco siguientes mayores mercaderes de la muerte.

Por el contrario, China no ha atacado, invadido u ocupado unilateralmente ningún país en cientos de años. No ha colocado misiles nucleares en la costa o las fronteras de EEUU: de hecho, no cuenta con una sola base militar en el extranjero. Sus propias bases militares, en el Mar Meridional de China, tienen la función de proteger sus principales rutas marítimas de la piratería y la Armada de EEUU, cuyas provocaciones aumentan progresivamente. El presupuesto militar chino, que tiene previsto un incremento del 7% en 2017, sigue siendo menor que la cuarta parte del estadounidense.

Por su parte, EEUU promueve alianzas militares agresivas, apunta con sus radares y misiles guiados por satélite hacia China, Irán y Rusia, además de amenazar con arrasar Corea del Norte. El programa militar chino siempre ha sido, y continúa siendo, defensivo. Su aumento se basa en la necesidad de responder a las provocaciones de EEUU. El avance chino está basado en su estrategia de mercado global, mientras que Washington continúa implementando una estrategia imperial militarista, diseñada para imponer la dominación global por la fuerza.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 1)

Por James Petras

Traducido por Paco Muñoz de Bustillo

Petras, JamesNotas previas a la lectura del artículo:

  1. Contrariamente a lo que dice el autor del artículo, China tiene desde hace pocos años una base militar en el extranjero, concretamente en Yibuti, que no tiene ninguna motivación agresiva sino asegurar los intereses chinos en la región. La causa principal a la hora de decidir la instalación de esta base fue la catastrófica experiencia de la “Primavera Árabe” en Libia, de donde tuvieron que ser rescatados 20.000 ciudadanos chinos.
  2. El THAAD no es un sistema de misiles nucleares, sino un sistema para derribar misiles balísticos nucleares de corto, medio y alcance intermedio.

Introducción

Desde sus lúgubres pantanos, los académicos y editorialistas de revistas financieras estadounidenses, los “expertos en Asia” de los medios de comunicación de masas y los políticos conservadores y progresistas occidentales croan al unísono el inminente colapso medioambiental chino. Sucesivamente, han proclamado que la economía china está en declive, que su deuda es arrolladora y está a punto de hacer estallar su burbuja inmobiliaria, que el país está plagado de corrupción y envenenado por la contaminación, que los trabajadores chinos están organizando huelgas paralizadoras y protestas en medio de una creciente represión, como resultado de la explotación y la pronunciada desigualdad de clases. Las ranas financieras croan que China representa una amenaza militar inminente para la seguridad de EEUU y de sus socios asiáticos. Otras ranas saltan de indignación: ¡los chinos amenazan ahora a todo el Universo!

Los “agoreros chinos” que ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio han distorsionado sistemáticamente la realidad y han fabricado cuentos extravagantes que en realidad reflejan sus propias sociedad.

A medida que sus falsas afirmaciones son refutadas, las ranas modifican sus cantos: cuando las predicciones de un colapso inminente no se materializaron, retrasaron los pronósticos de su bola de cristal un año o incluso una década. Cuando sus avisos de tendencias sociales, económicas y estructurales negativas resultaron falsos y las cifras seguían siendo positivas, sus ágiles dedos recalibraron la amplitud y profundidad de la crisis, citando “revelaciones” anecdóticas sacadas de una conversación con algún taxista o escuchadas en cualquier aldea.

Como los fracasos anunciados durante mucho tiempo no terminan de materializarse, los expertos “remodelan la información” y se cuestionan la fiabilidad de las estadísticas oficiales chinas.

Y lo peor de todo es que los académicos y los “expertos” occidentales sobre Asia intentan un “intercambio de roles”: mientras las bases y los navíos de guerra estadounidenses rodean progresivamente a China, los chinos se convierten en agresores y los belicosos imperialistas de EEUU se presentan a sí mismos como víctimas gimoteantes.

Este artículo pretende desmontar estas fábulas y esbozar un relato alternativo y más objetivo de la actual realidad política y socio-económica de China.

China: ficción y realidad

Una y otra vez leemos acerca de la economía de salarios bajos de China y la brutal explotación de su mano de obra, esclavizada por parte de oligarcas multimillonarios y aurotidades políticas corruptas. En realidad, el salario medio del sector manufacturero chino se ha triplicado en los últimos 10 años. Los trabajadores chinos perciben salarios muy superiores a los de los países latinoamericanos con una eventual excepción. Los salarios de los operarios de las fábricas chinas se aproximan actualmente a los de los países de movilidad descendiente de la Unión Europea. En ese mismo periodo, los regímenes neoliberales presionados por la UE y EEUU han recortado a la mitad los alarios en Grecia y reducido significativamente los ingresos de los trabajadores en Brasil, México y Portugal. Los salarios de los trabajadores en China superan actualmente a los de Argentina, Colombia y Tailandia. Aunque no son altos para los niveles de la UE o EEUU, en 2015 los salarios chinos se movían entorno a los 3’60€ por hora, lo que ha mejorado el nivel de vida de cientos de millones de trabajadores. Durante el período en que China triplicó el salario de sus trabajadores, los de sus homólogos indios se estancaron en 0’70€ por hora y los sudafricanos bajaron de 4’30 a 3’60€ por hora.

Este espectacular aumento salarial se atribuye en gran medida al aumento de la productividad, fruto de mejoras constantes en la sanidad, la educación y la formación técnica de los trabajadores, así como a la presión sostenida y organizada de los obreros y de la lucha de clases. La exitosa campaña del presidente Xi Jinping destinada a apartar de su puesto y arrestar a decenas de miles de funcionarios y jefes de fábrica corruptos y explotadores ha promovido el poder de la fuerza laboral. Los obreros chinos están cerrando la brecha con el salario mínimo estadounidense. Al índice de crecimiento actual, la brecha, que se ha estrechado de una décima a una mitad del salario mínimo en EEUU en 10 años, desaparecerá en un futuro próximo.

China ha dejado de ser exclusivamente una economía de salarios bajos, no especializada, de trabajo intensivo, plantas de ensamblaje y orientada a la exportación. Hoy en día, unas 20.000 escuelas técnicas gradúan a millones de trabajadores cualificados. Factorías de alta tecnología están incorporando la robótica a gran escala para reemplazar a los trabajadores no cualificados. El sector servicios está en pleno crecimiento para absorber la demanda del mercado interno. Al tener que hacer frente a un aumento de la hostilidad política y militar estadounidense, China ha diversificado su mercado de exportación, volviéndose hacia Rusia, la UE, el resto de Asia, América Latina y África.

China y los miedos que nos crean los medios (tercera parte)

China es diferente a todo, y eso desconcierta a las “derechas e izquierdas” occidentales perezosas en aprender. China ha llegado al desarrollo por el socialismo y piensa seguir en él para perfeccionarlo en beneficio de su pueblo. China ha llegado al socialismo escapando de la barbarie y ha venido para quedarse. Se encuentra cómoda en él.

China desarrolla su propio modelo económico y político para el bien de su pueblo; está abriendo y creando su singular camino hacia el socialismo. No está dispuesta a seguir órdenes de otros Estados genocidas disfrazados de “demócratas humanitarios” que siguen practicando el neocolonialismo en el planeta que empobrecen.

China es demasiado grande y rica, su cultura es demasiado antigua y su dignidad es muy elevada.

La realidad actual es que el Partido Comunista de China, con el apoyo de la burguesía patriótica, reconocida constitucionalmente, tiene el poder real nacional y dirige exitosamente los destinos del país más poblado del mundo desde 1991, cuando el socialismo fue declarado muerto por Occidente.

Ha superado ampliamente el subdesarrollo, el hambre y la miseria de la que partió en 1949, aunque haya que seguir mejorando muchos aspectos sociales que se han deteriorado por el contexto de desarrollo continuado acelerado que se ha producido en el país desde 1980.

En el pasado China estaba cerrada en su propio territorio, nunca fue agresiva hacia otros países vecinos ni tuvo ambiciones expansionistas, como tampoco las tiene en el presente.

Los occidentales llegaron a China y manu militari la obligaron a subordinarse a sus intereses coloniales. Lo que siguió fueron ríos de sangre y engaños, confusión y un largo período de humillación nacional y dependencia (dos guerras del opio contra el “Reino Unido traficante”, las rebeliones de los señores de la guerra y sus clanes, las guerras contra el Japón imperialista…).

Luego vinieron la larga lucha por la unidad y la independencia, y por la Revolución. No ha sido fácil el camino, ni sin grandes problemas que resolver, pero China volvió a crecer (desde 1980 lo ha hecho ininterrumpidamente), comenzó a levantarse y a desarrollarse suministrando educación, vivienda, salud, bienestar y futuro a su pueblo.

Siguió su propio camino; un modo complejo de equilibrio entre su propia cultura y las condiciones globales, entre el socialismo y la realidad capitalista que domina el mundo.

Comenzó a recuperar su justo sitio en el mundo, que le fue negado durante mucho tiempo, después de años de saqueo colonial y de invasiones debilitantes.

Es en general una nación pacífica, habitada por gentes abiertas y de buenos sentimientos. Casi todos los que conocen China y la juzgan objetivamente están de acuerdo en ello.

Pero también es una nación extremadamente determinada y orgullosa. Es sabia y busca la armonía, siempre está dispuesta al compromiso.

Tratar de arrinconarla, de provocarla, de atacarla, además de inmoral, será suicida. Esta vez China no cederá su soberanía ni hará peligrar su supervivencia. Todavía está fresca en la memoria del pueblo chino lo que ocurrió en el pasado cuando claudicaron.

Occidente, cegado por el temor de perder los privilegios de su dictadura mundial, comete un grave error provocando al dragón asiático, sabio, poderoso y pacífico. Pero los dragones también pueden ser fieros cuando se ataca su buena voluntad y cuando se amenaza con asolar su nación.

China crece y trata de comprender y respetar al mundo, de interactuar con éste en igualdad de condiciones. Su pueblo sonríe y se entusiasma cuando conoce nuevas culturas y modelos de cooperación respetuosos y equitativos; quiere ganar amigos en todo el mundo.

Occidente actúa del modo más antagonista cuando ve peligrar su supremacía: vuelve a provocar una carrera armamentística en Asia, utiliza la propaganda más virulenta y embustera, corrompe naciones enteras en el mundo entero para que adopten una posición antichina.

Occidente nunca entiende a quien es diferente pero le tiende la mano. Nunca cambia su soberbia. Ha pisoteado durante siglos a miles de millones de personas en docenas de países del mundo en aras de lograr su hegemonía y no va a abandonar ahora su control dictatorial y exclusivo del poder. No ha destruido docenas de países que buscaban la libertad, no ha bombardeado a cientos de millones de personas, para cambiar ahora.

En el futuro continuará buscando agresivamente el enfrentamiento. Pero China no abandonará su camino socialista acertadamente trazado por el Partido Comunista dirigente, que nunca permitirá un infame Gorbachov o Yeltsin chino, traidores a sus principios y a su pueblo.

China seguirá firme por la exitosa senda trazada, indicando al mundo cómo se deben hacer las cosas para superar los problemas y desarrollar su sociedad por el buen camino.

Mientras tanto, en el mundo, aumenta el descontento popular con las botas imperiales que aplastan la libertad de países y continentes, amenazando la paz mundial. Y China no ha sido ni es quien pisotea a los pueblos sino, como siempre, lo es el Occidente irracional, depredador, genocida y explotador.

“Rusia y China están llamados a liderar un nuevo mundo para la supervivencia humana.” (Fidel Castro, 2014)

China y los miedos que nos crean los medios (segunda parte)

s000051394-300Nunca ha habido disculpas ni compensaciones por esos saqueos y crímenes delibrados cometidos por el Occidente colonial y capitalista. Permanecen impunes en la memoria objetiva de los pueblos conscientes. Nunca se han aceptado las culpas que les acusan por ese proceder secular abusivo e inhumano, que no solo no ha acabado, sino que se perfecciona día a día para seguir arruinando la vida y las ilusiones de las gentes del planeta.

Al contrario, sus paniaguados y manipuladores medios difunden a los cuatro vientos y a diario sus consignas simplistas y tergiversadoras acerca de las intenciones de cualquiera que, como China, se sale de su redil, que aunque apestan a mentira, son bien digeridas por esas masas acomodadas, ignorantes, egoístas e interesadas en no despertar de su sueño hipócrita de vivir en sociedades opulentas, cada día más empobrecidas para la mayoría de los esclavos consumistas que las habitan.

Nos dicen que China no hace jamás algo por altruismo; que simplemente se guían por tenebrosos intereses y propósitos egoístas, que su proceder no está dirigido hacia el progreso y la civilización de la Humanidad, ni regido por la filantropía occidental.

Nos dicen a todas horas que tengamos miedo de China, que China ya no es socialista sino capitalista, que hay que tener cuidado con el “imperialismo chino”, que hay que contener a China y enseñarle las “buenas maneras” occidentales.

¿Qué buscan esos medios?

Según la socióloga Ángeles Díez:

“En la actualidad hay 6 grupos mediáticos que controlan casi el 99% de la información que circula por el mundo. La función que cumplen es la de fabricar el consentimiento y la aceptación. Hay que consentir la desigualdad y la explotación […] Los medios no están al servicio del poder, sino que son una de las formas mediante las cuáles éste se expresa y logra reproducirse, reduciendo las resistencias.

El capitalismo no puede subsistir sin apropiarse también de los medios de producción de conciencia. La labor del periodismo en este sistema es, fundamentalmente, elaborar relatos coherentes que destruyen a su vez la posibilidad de otros relatos que vengan de otras fuentes que no sean el poder político y el poder económico.”

Por eso, nunca nos darán la versión oficial china del por qué de su comportamiento y de su proceder. Sólo tenemos la versión simplista e interesada capitalista.

Siempre nos darán la versión interesada y falsa de “expertos, ONG y fundaciones” mil, bien “engrasados” por oscuros intereses bancarios y multinacionales, siempre obedientes a sus indecentes y enriquecidos amos.

Nunca nos dirán que a quien hay que temer es a EEUU y a sus bases y comandos militares armados hasta los dientes para “imponer razón a los desobedientes”; que hay que temer a la UE y a su vector guerrerista mundial, la OTAN, también “históricamente muy razonable con los insubordinados espontáneos”; nunca nos dirán que hay que temer a Australia y a Japón en vez de a Corea del Norte…

Nunca nos dirán que a quien hay que temer es a sus políticas económicas estafadoras, mafiosas y gangsteriles, aplicadas a todos los pueblos del planeta a los que someten con sus tratados de libre comercio (individuales y colectivos como el TTIP, el CETA, etc.), de sus organismos tramposos de ajuste estructural (OMC, BM y FMI) y de instituciones por ellos dominadas (Liga Árabe, OEA, Unión Africana, etc.).

Tampoco nos dirán que, si no consiguen sus “buenos propósitos” con lo anterior, recurrirán a la corrupción y a la coacción, y que, si tampoco dan resultado, asesinarán a los rebeldes y reventarán sus países y a sus pueblos con guerras de liquidación en base al “derecho internacional humanitario” para luego enriquecerse al reconstruirlos, bien ligeros de los refugiados que han tenido que perecer en sus casas destruidas, sus campos bombardeados o marcharse al exilio para perecer, también en el mar, o en las fronteras artilladas de los países que han generado esas guerras, a donde se dirigen escapando del horror occidental.

Nunca nos dirán que las crisis y estafas que padecemos en estas sociedades, empobrecidas e ignorantes, en las que malvivimos cada vez más ciudadanos las provocan sus oligarquías bancarias y multinacionales codiciosas y envalentonadas desde la caída de la URSS y la tontuna del “fin de la Historia” del “tontorrón” de Fukuyama…

Nunca nos dirán que anualmente por hambre y enfermedades evitables entre 20 y 50 millones de seres humanos (el genocidio silencioso del que tantas veces hablara Fidel Castro) y que millones de niños del mundo empobrecido, si no perecen prematuramente, no alcanzarán nunca un pleno desarrollo intelectual y biológico por las penurias alimenticias padecidas en la infancia; así realimentarán la mano de obra esclava que seguirán explotando las multinacionales occidentales.

Y sorprendentemente, o no tanto, muchos ciudadanos occidentales que se consideran “neutrales” o “de izquierdas” y “bien informados” son receptivos a esa publicidad para consumo reiterativa, irracional, tendenciosa y embustera, y reaccionan agresivamente cuando se les habla de esa función, antes mencionada por la experta, de los medios imperiales de manipulación y de los contextos históricos y de las realidades sobre China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Ecuador, Rusia y sobre cualquier país que intente liberarse de las cadenas opresoras para avanzar hacia el desarrollo legítimo de sus pueblos por sus propios medios e identidades políticas, sociales, culturales y económicas, quienes al actuar así, ponen en peligro de modo inacpetable el ancestral “derecho genocida europeo y estadounidense” de reinar sobre el mundo.

Da igual que China hable y difunda orgullosa al mundo sus logros y sus cifras objetivas e inobjetable, y también de sus retos por conseguir.

En Occidente no se difundirá nunca su versión oficial, sino la contraria, que hablará de:

  • Su deterioro ambiental (cuando Occidente consume hoy los recursos de dos planetas y ha contaminado hasta el límite que habitamos).
  • Su inseguridad laboral (cuando se silencian los miles de muertos diarios por accidentes laborales en el mundo enriquecido y los siglos imperiales de esclavitud, trata de negros, secuestros mil…).
  • Sus negligencias (cuando hay un accidente en el interior de una mina china o en el exterior siempre se magnifican el número de afectados y se incide en las causas evitables, cuando lo mismo ocurre en una multinacional occidental se silencia lo ocurrido en la mayoría de los casos).
  • No respetar “sus reglas del juego” (¿su imperialismo?)
  • No respetar los derechos humanos (¿qué mayor derecho humano que el bienestar, la salud, la educación, el trabajo, la vivienda para su pueblo?)
  • La invasión del Tíbet (nunca se hablará del Panchen Lama, que goza del apoyo político y económico del Gobierno chino; siempre del Dalai Lama, sonriente pero reaccionario, que se declaró independiente de China en 1913).
  • La secta Falun Gong y sus alucinados esclavos anticomunistas.
  • Su “rearme escandaloso” (a pesar de que EEUU gaste, per capita, 21 veces más que China en armas y guerras; Francia y el Reino Unido 9 veces más; Arabia Saudí 16 veces más… ¿De quién se defienden estos últimos y otros muchos con presupuestos de guerra mucho mayores que el de China?).
  • La pena de muerte y la población carcelaria china (EEUU tiene la mayor población carcelaria del mundo, con 730 por cada 100.000 habitantes son los campeones olímpicos carceleros. China ocupa el puesto nº123, con 121 por cada 100.000 habitantes. ¿Será porque en EEUU las cárceles son privadas y “para negros y latinos” principalmente y es donde se asesina a deficientes mentales encarcelados por delinquir?).

También nos hablarán de la falta de derechos de los católicos chinos y otras religiones minoritarias (el catolicismo no está prohibido en China, como otras religiones goza de protección legal y se puede practicar libremente en todo el país, pero el Gobierno chino no permite que el Vaticano nombre a los obispos chinos, autoriza a los practicantes nacionales a nombrar a sus propios dirigentes religiosos sin injerencias de Roma).

China y los medios que nos crean los medios (primera parte)

Por Fernando Castillo Gozalo

Parece increíble, pero la República Popular China es actualmente la primera potencia económica mundial, por delante de EEUU en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), 17.632.014 millones de dólares en 2014. El PIB per capita de China en 1950 era de unos centavos de dólar. A principios del siglo XXI era de 800/1.000 dólares…

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China ocupaba en 2014 el puesto 90 en Índice de Desarrollo Humano (IDH), con un índice de 0’738, un alto desarrollo. Su Índice Gini, que mide la desigualdad de distribución de la renta y la riqueza de un país, era de 0’485 en 2005 y de 0’462 en 2011. Este índice va de 0 (máxima igualdad) a 1 (máxima desigualdad).

Y es más increíble aún si repasamos la corta Historia de la RPC desde su nacimiento en 1949, desde un subdesarrollo feudal superlativo, guerras e invasiones coloniales sucesivas desde mediados del siglo XIX, revueltas de los señores de la guerra armados por el imperialismo en el siglo XX, invasión imperial de los japoneses entre 1936 y 1945 (que causó más de 10 millones de muertos), y desde las experiencias revolucionarias hacia el socialismo, con sus luces y sus sombras, incluidos el Gran Salto Adelante (1958-1968) y la Revolución Cultural (1966-1976), que enseñaron a la milenaria China que el camino emprendido con las reformas adoptadas desde 1978 era el adecuado.

En ese corto pero costoso devenir histórico, China sufrió reveses y cometió graves equivocaciones pero, a día de hoy, hay que concluir que objetivamente ha conseguido muchos más logros, como un descenso único y espectacular de la pobreza en el país (230 millones menos entre 1978 y 2004) así como un muy alto nivel de desarrollo en los campos de la salud, la educación y la cultura, la reforma agraria, y exitosos desarrollos en el plano comercial, industrial y tecnológico.

La RPC es uno de los pocos países socialistas que quedan en el mundo. Sí, SOCIALISTA y NO CAPITALISTA, letanía que nos repiten con demasiada insistencia las malas lenguas interesadas. Aplica una forma de gobierno entre comunista y socialista: marxismo-leninismo y economía de mercado de orientación socialista (socialismo con características chinas), adaptados a las circunstancias chinas.

En 1982 sus ciudadanos aprobaron la actual Constitución, que se ha ido mejorando desde entonces en el sentido de consolidar los logros políticos, culturales, económicos y sociales conseguidos.

En 1989 hubo un intento infame, promovido por los sectores más reaccionarios del Partido y de la gran burguesía aliada del gran capital extranjero de volver al capitalismo, imitando los procesos disgregadores que condujeron a la caída de la URSS y del bloque socialista, promovidos por Gorbachov y sus secuaces internos y externos, conocido como los “sucesos de Tiananmen” que, afortunadamente y para bien de la nación, del pueblo chino y del mundo, fracasó.

No existe otro ejemplo en la Historia, si exceptuamos la colosal experiencia soviética derivada del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre (en el convulso contexto mundial que estremeció al mundo desde el triunfo revolucionario al final de la Segunda Guerra Mundial), que haya logrado un grado de desarrollo tan elevado y de eliminación de la mayoría de las taras feudales y coloniales de las que partía la gran nación asiática.

Y todos esos logros los ha realizado el Partido Comunista de China (PCCh), que aún, SÍ, AÚN HOY, se sigue rigiendo por los principios del marxismo-leninismo. China se ha liberalizado desde 1978, pero continúa apoyándose en el principio leninista del centralismo democrático, con una Asamblea Nacional Popular (ANP) de 3.000 diputados elegidos por sufragio directo cada 5 años, que ejerce el poder legislativo y es la máxima autoridad del Estado.

En los niveles más altos de los Congresos Regionales y Locales y en la ANP se celebran elecciones indirectas en las que participan los miembros de la ANP de nivel inferior inmediato. El sistema político chino está descentralizado y los líderes provinciales y subprovinciales gozan de un alto grado de autonomía para implementar políticas tendentes a consolidar las altas directrices emanadas de la ANP.

Existen otros partidos políticos distintos del PCCh, conocidos como “partidos democráticos”, que participan en las decisiones adoptadas por la ANP y en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh).

La política exterior de la República Popular China se fundamenta en los principios de la coexistencia pacífica de Zhou Enlai: no injerencia en los asuntos de otros Estados; no agresión; convivencia pacífica; igualdad y beneficios mutuos.

También se rige por el concepto de armonía sin uniformidad, que anima las relaciones diplomáticas entre las naciones a pesar de las diferencias ideológicas, apoyando a países como Corea del Norte e Irán y a muchos otros países emergentes africanos y latinoamericanos con los que comercia y coopera en condiciones de respeto y equidad.

Los principales problemas actuales del país son la creciente brecha entre ricos y pobres, la corrupción, las relaciones laborales, las lacras sociales y el deterioro ambiental derivados de su acelerado desarrollo de los últimos años, para conseguir la necesaria acumulación primitiva que permita la futura supervivencia soberana de China en el socialismo.

Una serie de encuestas en 2011 indicaron que entre el 80 y el 95% de los ciudadanos chinos están relativamente o muy satisfechos con el gobierno central.

¿Y cómo se ha conseguido todo eso manteniento las perspectivas de China como potencia emergente, soberana, segura y consolidada en el contexto mundial de principios del siglo XXI?

Pues, desde luego, a pesar de las malas lenguas interesadas, NO HA SIDO:

  • Imponiendo en el exterior, próximo ni lejano, fronteras coloniales ridículas y aberrantes;
  • Invadiendo países para saquear sus recursos e impedir su desarrollo y su comercio local e internacional;
  • Promoviendo golpes de Estado en las naciones con las que coopera, comercia y se relaciona, ni nombrando sus gobiernos sumisos;
  • Recurriendo al asesinato de los mejores líderes de esos países cuando se oponen o dificultan los acuerdos comerciales o de seguridad estratégica que les proponen;
  • Cometiendo genocidios sin fin a través de guerras, hambrunas y enfermedades evitables;
  • Arruinando las formas de comercio y desarrollo locales que condenan a esos pueblos a la miseria;
  • Coaccionando a las élites coloniales para que se alineen con los intereses chinos y en contra de sus propios pueblos;
  • Creando terrorismos mercenarios como Al-Qaeda o DAESH, ni financiando el sionismo para que les hagan el sucio papel que Occidente no puede hacer abiertamente para dominar geoestratégicamente el mundo;
  • Militarizando las vías de escape de las poblaciones locales a las que se imponen esos desastres intencionados, ni blindando sus fronteras nacionales para que no le lleguen los refugiados de las barbaries generadas por Occidente y el capitalismo occidental allá donde van a “llevar democracia”.

NO, NO HA SIDO ASÍ como se ha comportado China en ningún lugar del mundo, jamás ha actuado con las malas artes con que lo han hecho las potencias imperiales capitalistas occidentales en mente de todos, esas que tanto hablan de democracia y de respeto por los derechos humanos y el medio ambiente, mientras siguen practicando saqueos y crímenes sin fin, mientras matan de hambre y enfermedades evitables a media Humanidad y atormentan y envenenan a la totalidad.

Véanse los resultados de los últimos de intervenciones “humanitarias” en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Sudán, la República Democrática del Congo… por no detenernos y explicar, aunque sea someramente, la oscura Historia colonial secular de esos filibusteros y desalmados depredadores imperiales en África, Asia, América del Norte (primero exterminaron a sus poblaciones indígenas) y América Latina.