Nota del PCP ante el encarcelamiento de dirigentes políticos de Cataluña

pcp_logoAnte la gravedad de las medidas represivas que están padeciendo dirigentes políticos y miembros del gobierno regional de Cataluña, el Partido Comunista Portugués (PCP) considera que tales medidas constituyen una inaceptable manifestación de intolerancia antidemocrática que en nada contribuye a la solución de la compleja cuestión nacional de España, sino que tiende a complicarla y agravarla.

El PCP expresa su preocupación respecto a la instrumentalización de la cuestión catalana para, una vez más, sofocar los justos sentimientos de identidad nacional y reforzar posiciones centralistas autoritarias tan del gusto del gran capital español.

El PCP observa con preocupación que la escalada de hechos consumados y la ausencia de una solución política democrática tiende a aumentar las graves consecuencias sociales de la política del gobierno de Madrid dirigido por el PP, así como del gobierno catalán.

El PCP condena firmemente la promoción de valores nacionalistas reaccionarios y la acción de sectores fascistas franquistas que durante décadas han oprimido a los pueblos de España, situación tanto o más preocupante que se encuadra en la deriva que se produce en la Unión Europea tendente a limitar y atacar derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos.

El PCP considera necesario que, en el respeto a la Constitución de la República Portuguesa, los órganos de soberanía de Portugal en ningún modo acompañen ni alimenten, como lamentablemente ha hecho el gobierno, cualquier deriva autoritaria del gobierno y del Estado Español.

El PCP reitera su opinión de que la solución para la cuestión nacional en España deberá encontrarse en el plano de una solución política, que integre en el marco de una respuesta más general que asegure los derechos sociales y otros derechos democráticos de los trabajadores y de los pueblos de España, incluido el catalán.

Gabinete de Prensa del PCP

3 de Noviembre de 2017

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El PCPC ante la proclamación de la República Catalana y la aplicación del 155

1_pcpcEl Comité Ejecutivo del Partido Comunista del Pueblo de Cataluña (PCPC), ante la proclamación de la República Catalana el pasado 27 de Octubre en el Parlament de Catalunya, manifiesta:

En primer lugar, el PCPC reconoce la proclamación de la República Catalana porque así ha sido refrendada por los resultados del referéndum del 1 de Octubre. El PCPC siempre ha defendido el derecho inalienable a la autodeterminación de los pueblos y, por supuesto, del pueblo catalán. El PCPC y nuestro partido hermano, el PCPE, hemos estado defendiendo conjuntamente la propuesta de una República Socialista de carácter confederal (unión voluntaria de pueblos y naciones libres y democráticas dentro del Estado Español). Hoy el PCPC tiene que reconocer la voluntad y el derecho democrático del pueblo catalán a ejercer su independencia frente a una oligarquía y gobierno central que nos han demostrado una vez más su incapacidad histórica para hacer del Estado Español una nación de pueblos y naciones libres. Se vuelve a confirmar que el poder central es digno heredero del régimen franquista que se impuso a la Segunda República Española por la fuerza de las armas con el apoyo del nazi-fascismo internacional.

El PCPC, a partir de ahora, hablará de República Socialista Catalana – profundamente internacionalista – como alternativa de clase confrontada a la burguesía catalana que pretende mantener a la República Catalana dentro de las estructuras imperialistas (la OTAN, la Unión Europea y el euro). En este nuevo marco de lucha de clases, la clase obrera catalana tendrá como principal enemigo a la burguesía catalana y los monopolios europeos. Una burguesía catalana que ha dado apoyo a la burguesía española en muchas leyes y decisiones a la hora de reprimir y explotar a la clase obrera catalana.

Ante la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española por parte del gobierno del PP y de sus subordinados del PSOE y Ciudadanos contra la República Catalana que ya ha comportado el anuncio de Rajoy de destitución del President de la Generalitat y de su equipo de gobierno, imponiendo la disolución del Parlament y una convocatoria de elecciones autonómicas para el próximo 21 de diciembre, el PCPC hace un llamamiento al conjunto de la clase obrera y popular en la defensa de las instituciones democráticas catalanas y de sus intereses de clase. Es necesario articular un gran movimiento obrero y popular que se organice y movilice contra la represión del régimen monárquico corrupto y decadente y las fuerzas represivas del Estado Español.

Por último, el PCPC convoca para el día 13 de Enero de 2018 un II Congreso Extraordinario donde acabará de perfilar la propuesta del Frente Obrero y Popular dentro del nuevo escenario que se sitúa.

PER LA REPÚBLICA SOCIALISTA CATALANA!

NO A L’EURO, L’OTAN I LA UE!

ATUREM LA REPRESSIÓ!

LLIBERTAT PRESOS POLÍTICS!

VISCA LA CLASSE OBRERA!

NI GUERRA ENTRE POBLES, NI PAU ENTRE CLASSES!

Madriz revolution… stand by?

1435217461_e2abcada9d963f775140cf2bb410169dSoberanía, Felipe VI, derecho de autodeterminación, fractura social, régimen del 78, guerra económica, huelga general, diálogo, partidos constitucionalistas, plurinacionalidad, desobediencia, movilización permanente, presos políticos… Catalunya.

El tablero político en el que se disputan intereses y antagonismos de clase vive una agudización del omnipresente conflicto interclasista que mueve y desarrolla las sociedades y su Historia. La terminología empleada da cuenta de esa agudización de las contradicciones entre las partes enfrentadas.

Parece ser que, en Madrid, el choque nos ha cogido con el pie cambiado y quienes hasta ahora se definían como revolucionarios, ciegos ante lo que el lenguaje nos revela, faltos de una práctica revolucionaria coherente, han adoptado una postura reaccionaria frente al movimiento rupturista de Cataluña. Al menos así ha sido en más casos de los que nos gustaría reconocer. Esperamos que terminen por aclarar si esta reacción se debe a un internacionalismo equidistante, lo cual sería injusto y erróneo – pues no se pueden asumir todos los conflictos nacionales con un único y mecanicista análisis en el que no se tienen en cuenta el desarrollo histórico o el contexto social de tal o cual nación, así como otras condiciones subjetivas específicas – o si sencillamente nos hallamos ante los hijos bastardos de aquel matrimonio de conveniencia entre la dirección del PCE y la bandera bicolor. Querrán convencernos de que lo que sucede en Cataluña es un conflicto nacional en el que la cuestión social se encuentra supeditada a la cuestión nacional para, más tarde, recordarnos aquello de que todo movimiento nacional, toda lucha nacional, tiene a las élites de cada nación – a su burguesía – como actor principal en la confrontación. Élites que, enfrentadas por el control del mercado, apelan al orgullo patrio para que “los de abajo” salgan en defensa de los pretendidos “intereses comunes” de la nación.

Sin duda, les tendremos que reconocer que vienen de casa con los manuales de la cuestión nacional bien aprendidos.

Pero, para empezar, vuelven a tropezar con la piedra del dualismo entre factores que se empeña en supeditar una cuestión a otra sin tener en cuenta que tanto lo social como lo nacional forman parte de un todo en las relaciones sociales que se desarrolla en medio de la actividad praxeológica y de la interrelación constante. Lo único que consiguen con esa dualidad es marcarse su propio corte para decidir cuándo pasar o cuándo no pasar a la acción, dependiendo de la consideración idealista de si tal o cual movimiento popular es más o menos social, más o menos nacional.

Dudoso el revolucionario aquel que desde un punto de partida idealista decide no participar en el movimiento popular para imprimirle un carácter revolucionario, y se arriesga a entregarle a la burguesía el liderazgo de ese movimiento sin ni siquiera tener en cuenta la iniciativa y la energía revolucionaria que en él vuelca el pueblo sencillo. Dudoso el revolucionario que ante la acción de las masas se sienta a esperar que las contradicciones objetivas materiales todo lo determinen… Además, querer aplicar ese análisis general y “ortodoxo” de los conflictos nacionales a la cuestión catalana es simplificar ésta hasta el absurdo y demostrarse como completos desconocedores de la realidad catalana.

Resulta cuanto menos paradójico que mientras gran parte de las élites catalanas, con su burguesía financiera – la más poderosa – a la cabeza, han comprendido que la reivindicación independentista encierra un discurso mucho más amplio, que tiene que ver con la lectura política que una mayoría social catalana ha hecho de la crisis que estalló hace una década, un importante espectro de la izquierda española carga contra el independentismo catalán… ¡acusándolo de ir a la zaga de su burguesía!

Cabría recordarles a quienes desde Madrid expresan acaloradamente su adhesión o no adhesión al independentismo que el derecho de autodeterminación se ideó como fórmula política para debilitar y soslayar el enfrentamiento entre naciones de forma democrática y, de hecho, se llegó a la conclusión de que para evitar el estancamiento de los conflictos habría de ser el pueblo de la nación que quiera autodeterminarse el único con capacidad para decidir y expresarse a través del voto. Una capacidad que está al margen del consentimiento o las preferencias de quienes no forman parte de ese pueblo soberano, esto es, de quienes no conocen o no son parte de su realidad, de su comunidad material y espiritual, y ni que decir tiene que esa capacidad de decisión está muy por encima de poderes e instituciones constituidas por y para minorías privilegiadas.

¿Y por qué recordarlo? Primero, porque la verdad sólo se revela tras la práctica, y el día 1 de Octubre las urnas catalanas se impusieron a las mentiras y al miedo que querían y quieren deslegitimarlas. Y segundo, porque en el contexto actual la acción no puede esperar a la teoría, la acción no puede postergarse ante el freno de la especulación. Fuera de Cataluña no podemos continuar hundiéndonos en el fango del debate territorial y dejar pasar esta oportunidad histórica para romper definitivamente la correa franquista que perpetúa la corrupción y los abusos que operan impunes en el Reino de España. No podemos ignorar a las masas populares de Cataluña que vuelven a situar al sujeto colectivo como actor principal en la escena política y se enfrenta al statu quo para conquistar más derechos, más libertades, más democracia, lo que se traduce en más protagonismo y más capacidad de acción y desarrollo espiritual de las clases no privilegiadas, especialmente del conjunto de la clase obrera. Insisto, ¡es escandaloso que la gran burguesía catalana que ya despliega todo su poder en instituciones y medios de comunicación para frenar el mandato democrático surgido del 1 de Octubre sea más certera que la izquierda española y sus pseudo-revolucionarios a la hora de señalar el camino que ha emprendido el pueblo catalán!

La República Catalana no nos va a despertar un buen día con el fin de la explotación del hombre por el hombre, ni con la socialización de los medios de producción, no barrerá de un día para otro los vicios, las injusticias ni los crímenes que engendra el capitalismo, pero su llegada nos sirve de estímulo para pasar a la acción a millones de trabajadores y trabajadoras de Occidente que vimos sucumbir a nuestra clase hace décadas ante los dictados del libre mercado.

La nueva República, que brota regada por el sudor y la sangre de su pueblo, que demuestra a los anestesiados pueblos del Hemisferio Norte que las masas, cuando permanecen firmes y unidas, pueden decidir su destino e imponer su voluntad a sus gobernantes, que se cuela como una piedra en el zapato de las clases dominantes, ha conquistado su derecho a erigirse como sujeto político independiente y, pase lo que pase, ya nadie nunca podrá negárselo.

Hoy no hay un sólo revolucionario consecuente en el mundo que no sonría lleno de esperanza cuando mira al pueblo catalán. Su ejemplo vuelve a poner encima de la mesa dinámicas de lucha que interesadamente nos hicieron creer olvidadas y obsoletas. La independencia en manos de los y las trabajadoras catalanas constituye un vehículo que pone rumbo a un destino que va mucho más allá de la creación de un nuevo Estado.

Para los “demócratas de toda la vida”, para los del cambio y la ilusión postergada, para los revolucionarios de manual y para los vendepatrias del pactismo y la comisión: llegado el momento, tened bien presente que “Roma no paga a traidores”

Por Alfonso Fernández Ortega (“Alfon”)

Prisión de Navalcarnero, Octubre de 2017

Comunicado de Poble Lliure tras la aplicación del 155 ante la situación en Catalunya

poblelliure-logo_transEl Gobierno español, con el apoyo de los partidos que apuntalan el régimen corrupto surgido de la Transición post-franquista, ha apostado por la “solución final” respecto al reto democrático planteado por el pueblo catalán: el golpe de Estado y la liquidación de la democracia.

La pretensión de destituir al legítimo Gobierno catalán, intervenir los medios de comunicación, amenazar a los trabajadores públicos y purgar la administración, destruir el sistema educativo y convocar nuevas elecciones prohibiendo determinadas opciones política, después de encarcelar a líderes independentistas catalanes, solamente tiene un nombre: FASCISMO.

Esta no ha sido solamente la respuesta de un gobierno, sino la de todo un aparato de Estado, comenzando por un rey de la dinastía que accedió por primera vez a la corona arrasando los Països Catalans a sangre y fuego, y que se restauró por decisión del dictador Francisco Franco. Continuando por una judicatura y unos tribunales de excepción herederos del régimen fascista. Y acabando con unos medios de comunicación puestos alrededor del mundo como ejemplo de manipulación y de falta absoluta de credibilidad.

estelada-grogaComo el independentismo llevaba denunciando desde hace décadas, el régimen de 1978 no era nada más que un lavado de cara al régimen de 1939 (la dictadura franquista y sus oligarcas) y, ahora, con un pueblo catalán movilizado de manera masiva, cívica y democrática, no ha tenido más remedio que mostrar su verdadera cara.

Llegados a este punto, se hace evidente que la única manera de avanzar en el camino de la democracia y de defender los derechos, libertades e instituciones de nuestro pueblo frente a los intentos de aniquilación política, social y cultural es la inmediata proclamación de la República Catalana.

Proclamación que, ante la vergonzosa actuación de los burócratas de la Unión Europea – un club cada vez más antidemocrático y dispuesto a proteger solamente los intereses de las oligarquía – deberá ser defendida con las mismas grandes dosis de movilización popular: cívica y masiva que nos ha traído hasta donde nos encontramos: a un paso de la libertad.

La desobediencia civil, un pueblo unido y movilizado en defensa de sus instituciones, y el apoyo de todos los demócratas alrededor del mundo, harán posible una República que no solamente será la herramienta para construir un futuro de justicia y libertad para el pueblo catalán, sino que supondrá una puerta abierta a la democracia para el resto de pueblos actualmente oprimidos por el régimen monárquico y post-franquista español:

Así, desde Poble Lliure:

  • Emplazamos al Govern y al Parlament de Catalunya a proclamar inmediatamente la República Catalana, tal y como disponen las leyes del Referéndum y de Transitoriedad Jurídica aprobadas los días 6 y 7 de septiembre, y después de la victoria aplastante del “Sí” el día 1 de Octubre.
  • Llamamos al conjunto del pueblo catalán, nuestras entidades, sindicatos y sociedad civil en general a la movilización en defensa de nuestras instituciones, de la República Catalana, por la salida de las fuerzas de ocupación españolas, por la libertad de los presos políticos y para abrir el proceso constituyente de la nueva República.
  • Llamamos a los gobiernos democráticos de todo el mundo, a las organizaciones internacional y a las fuerzas progresistas a reconocer inmediatamente a la República Catalana, a denunciar la represión y a promover sanciones y boicots contra la deriva fascista del Estado Español.

Barcelona, Països Catalans

22 de Octubre de 2017

(Puedes leer el comunicado original en catalán haciendo click AQUÍ)

Urge reconstruir el anti-imperialismo

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Tras los atentados y fatídicos sucesos en nuestra tierra (Alcanar, Barcelona, Cambrils) de ahora hace ya dos semanas, estamos viviendo un encendido debate de actualidad al respecto de términos y cuestiones tales como la geopolítica, la seguridad, el terrorismo yihadista, la religión, el racismo y la islamofobia, las guerras o conflictos abiertos en Oriente Medio… Asuntos complejos que requieren de un profundo análisis y reacción por parte de los movimientos sociales y de la izquierda anticapitalista, para no dejar espacio a discursos xenófobos, oportunistas, que redunden en el beneficio político de las élites.

En este sentido, la masiva manifestación del pasado sábado ha sido un ejemplo del elevado nivel de conciencia y de respuesta por parte del pueblo catalán, que supo señalar coherentemente a los culpables y cómplices directos del yihadismo, esto es, a Felipe VI y al Gobierno español, por sus negocios con Arabia Saudí, por su participación en las guerras imperialistas de Afganistán e Irak, etc.

Así, tenemos una oportunidad inmejorable para poner sobre la mesa un discurso alternativo y rupturista, que conecta directamente con el debate subyaciente del papel y posición de la futura República Catalana, de la necesidad de romper vínculos con la Unión Europea y la OTAN, de nacer como un país de paz y de acogida, solidario con los pueblos del mundo. Pero para conseguirlo, naturalmente hemos de trabajar y luchar valientemente para llegar a disputar y ganar la hegemonía en muchos frentes, como en este. La citada manifestación es un paso adelante en la dirección correcta, como lo es también el importante papel de entidades como la Crida Internacionalista o la Plataforma Unitaria y Popular Contra la Guerra y la OTAN, pero hay que repensar y mucho el anti-imperialismo de nuestras izquierdas, ¡urge reconstruirlo!

Para hacerlo, hay que superar de una vez teorías posmodernas y posiciones equidistantes nocivas, de solidaridades intermitentes, de simplificaciones, de inocentes consignas vacías, como también de ciertos apoyos acríticos, a ambos lados. Hemos de ir más allá y construir un verdadero internacionalismo. Esto no puede tolerar más tiempo la frialdad con el imperialismo y su guion alrededor del mundo, normalizando discursos aberrantes que lideran figuras como Santiago Alba Rico, Leila Nachawati (presente en la Escuela de Verano de la CUP), entre otros, que consciente o inconscientemente ayudan a reforzar sus planteamientos en todos y cada uno de los escenarios.

No podemos caer permanentemente en su trampa, tal como ocurrió en los últimos casos de Libia, Siria o Ucrania, cuando la izquierda catalana estuvo ausente, salvo honrosas excepciones. Y podemos ver los funestos resultados de estas agresiones que algunos quisieron – y continúan haciéndolo – vender como pretendidas revoluciones, pese a la obvia exportación imperialista de la estrategia ya más que conocida de las “revoluciones de colores” para maquillar y tapar sus intereses y movimientos tras la escena.

Tal y como dijo durante un discurso nuestro estimado Ernesto Che Guevara, ahora hace 53 años pero tan vigente como entonces: “Y la estatua que recuerda a Lumumba – hoy destruida, pero mañana reconstruida – nos recuerda también, en la historia trágica de ese mártir de la revolución en el mundo, que no se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantico así, ¡nada!”

Ciertamente no podemos confiar, y además tenemos que romper su discurso, construyendo un muro de solidaridad entorno a cualquier pueblo agredido, ya sea la República Popular Democrática de Corea, Venezuela, Cuba, Palestina, Siria-Kurdistán, Yemen o las Repúblicas Populares del Donbass. Es nuestro deber revolucionario luchar contra esto y consolidar un potente movimiento anti-imperialista que no dude nunca, que no retroceda, que no sea equidistante, que siempre esté en pie por un pueblo libre y por la solidaridad internacionalista con todos los pueblos del mundo.

Ello lo hemos de hacer entre todos, superando diferencias, con debates constructivos, trabajando conjuntamente y con la práctica diaria, tal y como ya se hace, por ejemplo, en la Plataforma. Solamente así podemos garantizar que daremos la respuesta adecuada y a la altura de las circunstancias, y que estaremos preparados para encarar los siguientes retos como pueblo para la construcción de una República Catalana solidaria y anti-imperialista.

Por Alejandro García

Miembro del Grupo Promotor de la “Crida Comunista”

Entrevista a Juan Ramos (14/4/1982): “El eurocomunismo reduce al militante a pegar carteles y pedir votos”

juan ramos
Juan Ramos fue secretario general del PCC entre 1982 y 1988. Posteriormente fue secretario general del PCPE entre 1988 y 2002.

Juan Ramos Camarero, secretario general del Partido de los Comunistas de Cataluña (PCC) – formado a partir de una escisión del PSUC – nació hace 38 años en Íllora (Granada). Afincado en Cornellá de Llobregat (Barcelona), ejerció durante años su profesión de maestro industrial metalúrgico en la empresa “Siemens”, ingresando en la década de 1970 en Comisiones Obreras (CCOO) y en el PSUC, si bien trabajó dentro de los sindicatos verticales y fue a la vez jurado de su empresa. En ambos organismos ha desempeñado cargos de responsabilidad, ya que ha sido secretario general de la Confederación del Metal de CCOO, miembro de la Comisión Ejecutiva Nacional de CCOO en Cataluña y del Consejo Confederal de CCOO. Perteneció al Comité Ejecutivo del PSUC hasta su expulsión en diciembre de 1981. Fue diputado en las Cortes de junio de 1977 y en la actual legislatura, dimitiendo para presentarse a las elecciones al Parlamento catalán, resultando diputado.

La aparición del Partido de los Comunistas de Cataluña (PCC) es consecuencia de la ruptura del partido que más acendradamente había venido proponiendo la unidad de la izquierda. ¿No es ello una contradicción?

En modo alguno, porque no hemos sido nosotros quienes hemos querido irnos, nos han echado y en ese sentido no nos incumbe la responsabilidad histórica. Pero además, se maneja frecuentemente un concepto falso de unidad. Hay, en primer lugar, alianzas que se establecen a nivel de coincidencias para la defensa de las libertades democráticas o del Estatuto, y en eso nos aliamos, sin hacerlo de forma vergonzante, con partidos como Convergència o ERC. Pero también hay alianzas de clase, con vistas a recuperar la hegemonía de la izquierda en Cataluña, perdida en las últimas elecciones, y estas alianzas no deben llevarse a cabo sino en función de propuestas políticas concretas, no en base a alianzas naturales con los socialistas, pongo por caso, porque no las hay. Unidad no puede significar en modo alguno dejación de principios políticos.

Cosa que, según el PCC, ha hecho el PSUC

En efecto, el proceso de la Transición se ha llevado a cabo bajo la hegemonía de la derecha. Eso, y la necesidad de llegar a amplias capas de la población, ha comportado que los partidos de izquierda – y también el PSUC – hayan hecho dejación de sus principios estratégicos para acentuar propuestas políticas que, desde un cierto oportunismo, constreñían la acción política al aparato del Estado olvidando al militante. Nosotros pretendemos no caer en ese electoralismo.

Sin embargo, el partido se presenta con vocación electoral y no testimonial

Naturalmente, porque no somos un partido marginal ni ajeno a Cataluña. Tenemos 7.500 militantes y podemos demostrarlo. Eso significa una implantación real en la sociedad. Y no decimos que vamos a recuperar los porcentajes de votos obtenidos hasta ahora porque la división del PSUC nos afectará negativamente, pero sí que creemos que podemos recuperar buena parte de la militancia perdida entre el año 1977 y la escisión.

Una pérdida de militancia considerable, ya que el PSUC llegó a contar con más de 40.000 carnés en 1978.

Sí, de 40.000 se pasó a 17.000 en el V Congreso del PSUC y a unos 12.000 o 13.000 en el momento de la escisión. Y eso es responsabilidad colectiva, no vamos a decir que exclusiva de los eurocomunistas, aunque ellos han tenido parte importante de culpa, porque el eurocomunismo representa un giro ideológico con consecuencias en el terreno organizativo. El eurocomunismo abandona la formación política e ideológica para hacer del militante un instrumento que pega carteles o pide votos. Nuestro reto es invertir eso y conseguir que el militante tenga vida de partido, aporte y discuta, que se sienta dirigente. Si lo conseguimos es seguro que quienes han abandonado la militancia aburridos, volverán.

¿Cuáles desearía que fueran sus relaciones con los partidos del Este?

De colaboración. No seríamos un partido serio si no mantuviéramos una actitud crítica frente a las experiencias socialistas.

Pero esa actitud no puede confundirse con hacer causa común con los imperialistas. No tenemos adhesiones ciegas, pero reconocemos el papel desempeñado por los países socialistas en el avance hacia el socialismo y en la lucha por la paz y el desarme a nivel mundial.

FUENTE: Diario “El País” (14 de abril de 1982)

El mundo junto al pueblo catalán

Por Roger Castellanos

240_f_70848368_r7px0gvlkixndeozclcwxqwjoyp0v5acEl pasado 31 de marzo, El Món se hacía eco de un hecho que pasará a la historia de nuestro pequeño país: un centenar de organizaciones de todo el mundo firmaban una declaración de apoyo a la convocatoria de un referéndum vinculante sobre la independencia de Cataluña. Y no sólo eso, también recordaban la universalidad del derecho inalienable a la autodeterminación de los pueblos, manifestaban su preocupación por la actitud “demofóbica” del gobierno español y reconocen la fuerza y la capacidad de movilización de masas de nuestro movimiento hacia la independencia.

Esta buena noticia, ni más ni menos, consiste en la primera gran victoria decisiva del pueblo catalán en lucha por el reconocimiento de sus derechos democráticos y para el ejercicio de su libertad de decidir su futuro, como sujeto político soberano. Ahora bien, incomprensiblemente, ha pasado completamente desapercibida por los principales medios de comunicación. También para aquellos que sostienen líneas editoriales favorables a los derechos nacionales de Cataluña. No entraré aquí a indagar sobre las razones que les han llevado a obviar este hecho histórico (porque no es meramente una noticia), sino que me limitaré a felicitar a aquellos pocos medios, como El Món, Llibertat.cat y VilaWeb que se han hecho eco de ello.

Este silencio mediático no creo que se hubiera producido si hubiese sido, por ejemplo, el Partido Republicano de los EEUU u otros partidos gobernantes de países occidentales los que se hubiesen pronunciado en términos similares. Pero, sea como sea, los hechos son los hechos: los partidos dirigentes de países tales como China, Vietnam, Laos, Corea, Cuba, Nicaragua, así como de otros que son partícipes en los gobiernos de países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, sin olvidar algunos partidos con una gran representatividad que también se han adherido a la llamada solidaria, han firmado una declaración donde se sitúan sin complejos al lado de los anhelos del pueblo catalán.

En el famoso capítulo del Libro Rojo (la obra más veces publicada de la Historia después de la Biblia y el Corán) titulado “El imperialismo y todos los reaccionarios son tigres de papel”, el revolucionario chino Mao Zedong afirma:

“Todos los reaccionarios son tigres de papel. Parecen temibles, pero en realidad no son tan poderosos. Visto en perspectiva, no son los reaccionarios sino el pueblo quien es realmente poderoso.”

España, sin duda, también es un tigre de papel. Y es el pueblo quien tiene la fuerza, como se ha demostrado en esta delcaración.

Por encima de la diplomacia del Estado, nuestra lucha se ha elevado, de repente, en un ámbito de legitimidad que sobrepasa de lejos no solo el marco español, sino también el europeo y el de todos aquellos Estados que, sin ser tan valientes como para ponerse al lado del pueblo catalán, siguen dando crédito – me imagino que por puro tacticismo diplomático o por miedo al contagio – a las súplicas desesperadas de un régimen que se derrumba. Tarde o temprano, sin embargo, muchos de estos países que continúan dando coba a la política inmovilista de Rajoy no tendrán más remedio que reconocernos como una realidad innegable.

¿Se atreverá Rajoy a llamar al orden al embajador chino? ¿Se atreverá a cuestionar la declaración que ha firmado el partido del cual el presidente Xi Jinping es el máximo dirigente? ¿Se atreverá a negar una realidad que, a partir de esta declaración, los representantes políticos de centenares de millones de personas no solo afirman, sino que reivindican solidariamente? Puede ser que les sea más cómodo, hoy por hoy, el silencio. Un silencio muy elocuente, porque denota una cierta impotencia frente a la realidad. Aquí no podemos observar ningún tipo de inteligencia táctica. El “laissez faire, laissez passer” típico de Rajoy, en este caso, tampoco obedece a ninguna estrategia calculada de desgaste. Al contrario, se trata de una clara constatación de debilitar o, al fin y al cabo, de capitulación política sin paliativos.

Esto, a los catalanes y catalanas, no nos hace sino más fuertes. También nos hace eminentemente más reales. Desde este momento, tenemos la certeza de que no estamos solos, que los posibles apoyos (como, por ejemplo, el supuesto apoyo de Israel, por ahora absolutamente incierto y discreto, que algunos afirman) ya no solamente son posibles, sino que son una realidad incuestionable. Y no solo por aquellas fuerzas democráticas de otras naciones del Estado, como los amigos y amigas de EH Bildu y el BNG, sino también por representantes de una buena parte de la Humanidad, destacando entre éstos el Partido Comunista de China, por su valor demográfico y por su peso inapelable en las relaciones económicas y políticas globales, así como los partidos gobernantes de algunas de las ex-colonias españolas.

Esta noticia, o mejor dicho, este hecho histórico, lo hemos de encajar con alegría, como una muestra de ternura internacionalista, independientemente de nuestra afiliación política e ideológica. Lo que en este momento histórico nos une a todos y todas es la defensa férrea de la democracia y su ejercicio hasta las últimas consecuencias. Y, por fin, el mundo comienza a romper el silencio y a situarse a nuestro lado. Aquellos que miran hacia otro lado no conseguirán disolver nuestra unidad, sino que denotarán su incapacidad para frenar lo que es históricamente inevitable: que el pueblo catalán avance decididamente hacia su plena soberanía.