Cayo Lara y la imposibilidad de un proyecto nacional español progresista

En defensa de un proyecto nacional español progresista hemos tenido últimamente las propuestas posmodernas y populistas de Íñigo Errejón y César Rendueles, dentro de esa misma escuela populista posmoderna pero referenciándose más en Marx y en sus “Escritos sobre España” tenemos a Clara Ramas San Miguel, por supuesto, obviamos los exabruptos de Santiago Armesilla por su escaso valor teórico; pero ha sido Cayo Lara, con una intervención contundente, sin medias tintas, en la localidad cordobesa de Palma del Río, quien ha zanjado en la teoría y en la práctica este debate, y lo ha hecho evidentemente con un cierre reaccionario y nacionalista español, pero no solo eso, sino que deja claro cuál debe ser el rol del Pueblo Trabajador Andaluz en ese proyecto: sumisión y dependencia.

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Cayo Lara fue Coordinador Federal de IU entre 2008 y 2016. (FOTO: El Español/Crónica Global)

Para quien no sepa de lo que estamos hablando, antes de seguir leyendo este artículo rogamos tomen nota de las declaraciones de Cayo Lara, tal y como recogieron los compañeros de la Revista “La Comuna”, pinchando aquí. Declaraciones que, por cierto, se han viralizado.

Habrá quien piense que esa imposibilidad de implementar un proyecto nacional español progresista choca una y otra vez con los escollos catalán y vasco, probablemente también con el escollo gallego, estará en lo cierto; sin embargo, para la realización teórica y práctica de ese proyecto nacional español progresista no hay mayor escollo que Andalucía, esa anomalía, ese estorbo molesto, ese peso muerto que solo puede vivir con una máquina asistida que en vez de oxígeno insufle dinero a un pueblo incapaz de desarrollarse por sus propios medios.

No hay más remedio que reconocerlo: España creó el problema nacional andaluz.

Andalucía, siempre incomprendida, que expresa como ningún otro lugar del Estado Español, y quizá de Europa, ese poema de “Los Nadies” de Eduardo Galeano:

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folclore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no figuran en la Historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

Algunas consideraciones a tener en cuenta sobre Cayo Lara:

Independencia nacional, solidaridad e internacionalismo

No, no vamos a acudir a los textos de Marx sobre Irlanda, ni a los debates entre Lenin y Rosa Luxemburgo sobre la “cuestión nacional”, ni siquiera a la propia historia del movimiento comunista en el Estado Español, que el propio Lara debería conocer, ni a por qué se fundó en 1932 el PCC y en 1936 el PSUC, ni a quién fue Joan Comorera, ni a los llamados de la III Internacional a los comunistas del PCE para encabezar la lucha de liberación nacional de Euskadi, Galicia, Cataluña o Marruecos; no, no nos hará falta hacer memoria, algo que tanto incomoda a algunos. El actual movimiento nacional catalán, como en el pasado, es amplio y en él pugnan diferentes visiones, algo consustancial a todo movimiento nacional real y de masas; a pesar de la existencia de visiones reaccionarias y derechistas, evidentemente, a día de hoy prima el contenido democrático, es decir, prima su contenido como movimiento contra el régimen post-franquista español, como movimiento contra el Estado de la gran oligarquía española. Negar políticamente este hecho supone o equivocarse de enemigo o, peor aún, ponerse del lado de la élite económica y política imperialista española.

La posverdad del PER

En la posverdad sobre el antiguo PER, hoy PROFEA (Plan de Fomento del Empleo Rural), se suelen mezclar sin criterio, tal y como hace Cayo Lara, el propio PER, la renta agraria, el subsidio agrario, etc. El caso es mostrar la imagen de un país como Andalucía de subvencionado, vago, que incluso disfruta de la buena vida que da el recibir dinero a cambio de nada. El PER es un programa destinado al mundo rural de Andalucía y Extremadura. El PER se paga con el dinero que el Estado Español recibe de los fondos correspondientes a la Política Agraria Común (PAC) y lo reciben entre otros, y sobre todo, grandes terratenientes: si no que pregunten a la Casa de Alba, a la familia Domecq o a los bancos más importantes del Estado Español, entre otros. De los 3.500 millones de euros que recibe Andalucía de la PAC, el 80% van a parar a los grandes terratenientes. En cuanto al subsidio agrario y la renta agraria, lógicamente, para ser cobrados es necesario cumplir una serie de requisitos, entre ellos trabajar y cotizar; y más allá de la posverdad, lo cierto es que en 2013 este subsidio suponía solamente el 2% del gasto estatal en desempleo, y lo cobraban el 23% de los trabajadores agrarios eventuales. Al contrario de lo que sostiene Cayo Lara, las trabajadoras y trabajadores del medio rural andaluz no necesitan del dinero de Catalunya para vivir.

¿Reforma agraria? ¿La tierra para quien la trabaja?

Y es que a las trabajadoras y trabajadores del medio rural ni les gusta la limosna ni sienten especial predilección por ser mantenidos sin trabajar porque tienen dignidad. Si existe el PER es por la sencilla razón de que hay que mantener el actual modelo de explotación capitalista en el medio rural andaluz sin que salten chispas ni haya una explosión social. La solución no es otra que la nacionalización de los latifundios para que las jornaleras y los jornaleros puedan trabajar. Pero no, Cayo Lara no fue a Palma del Río a defender la reforma agraria, ni la nacionalización de los latifundios en manos de terratenientes, multinacionales o bancos, ni que la tierra sea para quien la trabaja, no… Fue a otra cosa que explicaremos a continuación.

El discurso del odio

Cayo Lara fue a Palma del Río a crear incertidumbre, a crear miedo y, peor aún, a sembrar el odio entre pueblos. ¿Desde cuándo la izquierda tiene que sembrar el odio entre pueblos? La respuesta es clara: el proyecto nacional español progresista es un cascarón vacío, por tanto, acaba asumiendo en la práctica el actual statu quo imperialista español y su discurso del enfrentamiento entre pueblos.

Es frecuente escuchar a militantes de Podemos o de IU afirmar que el movimiento independentista catalán “ha desatado el fascismo y el nacionalismo español”, ¿pero acaso el discurso del odio de Cayo Lara no lo fomenta?

Cayo Lara de la mano de Duran i Lleida

Curiosamente, a quien beneficia el discurso de Cayo Lara es a lo más reaccionario del desaparecido “universo CiU”, concretamente al discurso de esa buena vida rural andaluza pagada con el esfuerzo de los “empresarios de bien” catalanes que defendía el líder de la extinta UDC, Josep Antoni Duran i Lleida. Curiosamente, o no tanto, las palabras de Cayo Lara vienen a reforzar a los sectores más atrasados del movimiento nacional y democrático catalán, aquellos sectores del PDECAT o de ERC que asumen el mito de la buena vida rural andaluza a costa del esfuerzo de los catalanes y catalanas; en definitiva, refuerza a ese sector del independentismo que basa sus argumentos en superar sus vínculos con pueblos atrasados como el andaluz, que supuestamente lastran el desarrollo social y económico catalán.

¿La dependencia y el subdesarrollo son progresistas?

Esta pregunta se transforma en afirmación rotunda a tenor de las palabras de Cayo Lara. Mantener a Andalucía en el extractivismo y en el “neoextractivismo”, es decir, el turismo, mientras que para que no haya un estallido social se colocan parches y remiendos. El proyecto nacional español progresista al no contemplar la cuestión nacional andaluza acaba por no tener una alternativa política, y por tanto termina por reproducir lo que hay: un modelo económico extractivo que no beneficia al pueblo trabajador sino a terratenientes y multinacionales, basado en la explotación de una clase obrera cada vez más precaria y que refuerza la opresión sobre las mujeres trabajadoras, y mucho más si encima son inmigrantes.

No contemplar la cuestión nacional andaluza significa negar al Pueblo Trabajador Andaluz la salida de este círculo vicioso; es negar la posibilidad de que podamos decidir diversificar nuestra economía y vivir dignamente de nuestro trabajo. Quien le niegue la soberanía nacional a Andalucía, le niega su futuro.

Defender el rol de Andalucía en el Estado Español y en Europa

No nos cansamos de decirlo: la izquierda española no tiene más programa político para Andalucía que una mera gestión “humana” de lo realmente existente: el régimen post-franquista español y nuestro papel subalterno dependiente. Habrá quien piense que son unas declaraciones aisladas y de una persona con poco peso político dentro de IU. Sin embargo, ni la dirección estatal ni – lo que es más significativo – la dirección andaluza han salido públicamente a desautorizar las palabras de Cayo Lara. Silencio. Un silencio cómplice y vergonzoso.

Jesús Larrañaga y los comunistas malagueños de 1936

Es de sobra conocida aquella afirmación de Calvo Sotelo en la que decía preferir una España roja a una España rota. La que no es tan conocida es la respuesta que le dio el dirigente del Partido Comunista de Euskadi (EPK) Jesús Larrañaga a esas palabras:

“Se equivoca el señor Calvo Sotelo, porque una España roja será una España rota. Y Cataluña será libre. Y Galicia será libre. Y Euzkadi será libre.”

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Patrulla de milicianos antifascistas frente a la fachada del Ayuntamiento de Málaga (verano de 1936)

Definitivamente, Cayo Lara poco tiene que ver con el legado de mujeres y hombres como Larrañaga, que dieron su vida en la lucha contra el fascismo, por la democracia y el socialismo. Tampoco Cayo Lara tiene nada que ver con aquellos militantes del PCE de la “Málaga la Roja” de 1936 que, junto a UGT, CNT, PSOE y FAI firmaron un pacto en cuyo punto nº15 se defendía el derecho de autodeterminación de Andalucía:

“Las organizaciones abajo firmantes estiman que debe concederse a nuestra Región el derecho de autodeterminación fundando los órganos para gobernarse libremente dentro de la Constitución, al igual que y en el concierto de las otras regiones hermanas de Iberia.”

Definitivamente, Cayo Lara está más cerca de Calvo Sotelo que de aquellos comunistas que lucharon contra el fascismo.

Por Antonio Torres

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Catalunya: burguesías y clases populares

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El referéndum catalán del 1 de Octubre de 2017 y el llamado “Otoño Caliente” mostraron al mundo la sorprendente eclosión de un conflicto nacional en Europa Occidental en pleno siglo XXI. Ante la sorpresa de muchos escépticos, lo que en principio era percibido como un mero rifirrafe entre facciones de la burguesía reveló mucho más: detrás había un pueblo movilizado que empujaba a las instituciones catalanas a la ruptura. Hizo intuir la existencia de una más que probable mayoría independentista y, por encima de todo, una mayoría apabullante a favor del derecho de autodeterminación en Catalunya. También sorprendió a muchos la virulencia de la reacción del Estado Español, con sangrientas cargas policiales, encarcelamientos políticos y la organización de escuadrones civiles repletos de militantes de extrema derecha y agentes de policía que, en menos de un año y medio, han sido responsables de unas 200 agresiones a independentistas que han quedado completamente impunes.

Pero a pesar de su fulgurante inicio, el “Otoño Caliente” fue en realidad un proceso de enfriamiento. Después de la huelga general del 3 de Octubre, todo fue cuesta abajo hasta las forzosas elecciones autonómicas del 21 de Diciembre. Cabe decir que ningún agente político del mundo soberanista estuvo realmente a la altura, con la honrosa excepción de los Comités de Defensa de la República (CDR) que, por su naturaleza acéfala y su condición de puro músculo movilizador, poco pudo hacer para enderezar la situación. No obstante, el conflicto sigue presente, en las calles y en las instituciones, y debe ser resuelto de manera democrática y fomentando la amistad entre pueblos, pues es un claro catalizador de la lucha de clases.

¿Cómo se expresa la lucha de clases dentro del conflicto nacional? La lucha de clases se expresa en un conflicto que enfrenta a dos facciones: por un lado, hay un frente democrático que aspira a la ruptura con el Régimen de 1978 y que presenta un incipiente carácter nacional-popular. Por otro lado, hay un frente constitucionalista que cierra filas con los intereses del capitalismo financiero español, pero que pierde apoyos populares por su carácter antidemocrático. Cabe decir que, tanto una facción como otra, presentan sus peculiaridades y sus contradicciones internas.

¿Cómo se sitúan las clases sociales ante el conflicto? La composición de clase tanto del independentismo por una parte como del unionismo por otra, es compleja desde el punto de vista de los posicionamientos subjetivos pero sencilla si atendemos a los intereses objetivos. Tanto entre los unionistas como entre los independentistas hay burguesía en todo su espectro y clase trabajadora en todo su espectro. No obstante, las patronales de la pequeña y mediana burguesía se quejan de falta de financiación, de falta de infraestructuras y de abusos por parte de las grandes empresas que suministran energía y ello hizo que se mostraran abiertamente a favor del referéndum. Por su parte, las organizaciones de la gran burguesía han llamado al orden y al “diálogo dentro de la Constitución”, con un discurso calcado al de los sucesivos gobiernos centrales. Así pues, podemos considerar, en general, que los autónomos y pymes son más cercanos al independentismo mientras que la gran burguesía está perfectamente integrada en el capitalismo español. Una expresión política de ese divorcio ideológico fue la ruptura de la histórica coalición “Convergència i Unió” (CiU). Somos conscientes de que la “burguesía nacional” catalana aspira a ser la oligarquía de un hipotético nuevo Estado catalán. También somos conscientes de que las limitaciones del independentismo como movimiento provienen del excesivo peso que dicha burguesía tiene en el mismo, hecho que pone delante de los comunistas la inexcusable tarea de hacer emerger un nuevo sujeto político.

En lo que respecta a la mayoría de la sociedad, a la clase trabajadora, la cosa se complica. Si nos fijamos en cómo el Tribunal Constitucional ha ido tumbando las tímidas medidas sociales y anticrisis que fueron aprobadas por el Parlament de Catalunya, podríamos decir que los trabajadores catalanes están, a corto plazo, objetivamente interesados en la independencia, que parece ser la forma más “sencilla” de evitar las injerencias en la soberanía de las instituciones catalanas, a la vez que la manera de acabar para siempre con la opresión nacional que pone en entredicho los amplios consensos sociales de Catalunya en materias tan sensibles como la lengua, la cultura y la educación. Pero la sombra de la corrupción y los severos recortes realizados no hace tantos años por el ala derecha del catalanismo, los factores identitarios, la omnipresente propaganda españolista, la demagogia economicista de los que enfrentan la autodeterminación contra “los problemas reales de la gente” y, sobre todo, la ausencia de una vanguardia proletaria de ámbito catalán, dificultan sobremanera el establecimiento de una postura unitaria y de clase ante el conflicto.

El proletariado se sitúa entre 5 posturas diferenciadas. Hay quien es contrario a la independencia y a la autodeterminación, hay quien es favorable a la independencia y por tanto a la autodeterminación, hay quien es contrario a la independencia pero favorable a la autodeterminación, hay quien es indiferente a la cuestión pero favorable a la autodeterminación, y hay quien es indiferente tanto al independentismo como a la autodeterminación. En todo caso y como decíamos en el primer párrafo, existe una más que probable mayoría independentista, así como una clara y aplastante mayoría a favor del derecho a decidir. En ese sentido, la huelga general del 3 de Octubre de 2017, cuyo seguimiento masivo expresó un rechazo generalizado ante la violencia policial, fue explícitamente autodeterminista, explícitamente antifascista e implícitamente independentista. Tampoco debemos olvidar que las cada vez menos masivas manifestaciones españolistas han mostrado un carácter reaccionario inusitado, con abundantes consignas que hacen apología de la represión, con vivas a las Fuerzas de Seguridad del Estado, con agresiones a independentistas y migrantes, y en definitiva, con una marcada tendencia al embrutecimiento popular.

Desde la Crida Comunista trabajamos para revertir la situación de división proletaria ante la cuestión nacional. Desde la unidad de clase hay que avanzar para construir una alternativa democrática para la sociedad catalana, con el horizonte en el socialismo, teniendo en cuenta que la unilateralidad y la independencia nunca serán un impedimento para la solidaridad. El despertar de la conciencia de clase debe de hacer posible la adopción de una postura única y racional ante el problema, asumible tanto para los que se identifiquen nacionalmente con una nación que ahora es opresora como para los que se identifiquen con una nación que ahora está oprimida. La autodeterminación es la expresión de la confianza mutua entre los pueblos. Pero nos falta una herramienta clave: la organización marxista al servicio de los trabajadores. Sabiendo del carácter arduo de dicha tarea y asumiendo con humildad nuestras limitaciones, no nos queda otra que ponernos manos a la obra.

Por “Crida Comunista”

Ni Catalunya es Eslovenia, ni España la desaparecida Yugoslavia

“Vía eslovena”. Este término no ha parado de ser nombrado por los diferentes actores en el conflicto político que enfrenta al Estado Español postfranquista con el movimiento nacional catalán independentista. Sin embargo, salvo determinados analistas, esos diferentes actores políticos poco nos han explicado sobre qué querían decir. Por el lado del movimiento independentista catalán se aludía vagamente al proceso esloveno en el sentido de copiar la táctica de la congelación de los resultados del referéndum y proclamar la independencia posteriormente, cuando el momento fuera propicio; del lado nacionalista español, las reacciones rozaron lo brutal y lo grotesco, haciendo alusión a un “etnicista” Quim Torra, sediento de sangre y apelando a la denominada “Guerra de los Diez Días” que enfrentó a las milicias eslovenas y al Ejército Popular Yugoslavo (JNA, Jugoslovenska Narodna Armija; por sus siglas en serbocroata). También, del lado catalán, se hicieron alusiones desafortunadas y cargadas de serbofobia sobre una posible “vía serbia”, refiriéndose a la represión desatada por el Gobierno español en Catalunya, y que demuestran la asimilación de esquemas y visiones difundidas por los grandes medios de comunicación occidentales sobre los diferentes conflictos que sacudieron a la antigua Yugoslavia, especialmente en la adjudicación de roles y papeles, como si de un guion de Hollywood se tratase.

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Eslovenia también realizó un referéndum para obtener su independencia.

Aunque el proceso de independencia de Eslovenia no revistió ni la complejidad ni la gravedad que sí caracterizó a los sucesivos conflictos de Croacia, Bosnia y Kosovo – este último con una secuela en 2001 protagonizada por nacionalistas albaneses del UÇK en Macedonia – lo cierto es que las peculiaridades del proceso que llevó a la independencia de Eslovenia en poco se pueden asimilar a lo que ha ocurrido, está ocurriendo y presumiblemente podrá ocurrir en Catalunya. Asimismo, asimilar España, el Estado Español, a la antigua Yugoslavia, o como se llegó a hacer, a Rajoy con el presidente serbio Slobodan Milošević es incurrir en simplificaciones que, dicho popularmente, mean fuera de tiesto. En el colmo de esa confusión, por supuesto interesada, el propio Quim Torra también ha sido comparado por el historiador Benoït Pellistrandi con Milošević, sin lugar a dudas el rol ideal de maldad nacionalista y etnicista balcánica.

Como hemos dicho, la complejidad y, sobre todo, peculiaridad del proceso de independencia esloveno nos puede hacer pasar por alto algunos elementos a la hora de compararlo con la lucha de liberación catalana. Sin embargo, a riesgo de poder incurrir en algún olvido determinante, procedemos a un necesario análisis.

El referéndum de autodeterminación esloveno

El 23 de diciembre de 1990 las autoridades de la República (ex)Socialista de Eslovenia convocaron un referéndum de autodeterminación en el que la participación fue del 93’3% y los votos favorables a la independencia alcanzaron el 94’8%, lo que equivalía al 88’5% del censo. Aquí tenemos la primera gran diferencia: a pesar del desacuerdo del Gobierno Federal yugoslavo y de considerar el referéndum como ilegal, los eslovenos pudieron votar en paz y sin violencia. Sin embargo, el 1 de octubre de 2017 podemos recordar a urnas y a gente votando, sí, pero también violencia y brutales cargas policiales que impidieron ejercer el derecho al voto. Es curioso como desde Eslovenia se encargan de recordar que su caso es diferente al catalán porque ellos – los eslovenos – hicieron frente a un Estado – el yugoslavo – “no democrático”, pero como hemos dicho antes, la supuestamente “no democrática” Yugoslavia permitió el voto, el supuestamente “democrático” Estado Español no. Fundamental y a tener en cuenta: la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY) reconoció en todas sus Constituciones el derecho de autodeterminación, si bien siempre estuvo latente la polémica sobre el sujeto de derecho, es decir, si este derecho correspondía a las diferentes repúblicas o a los llamados “pueblos constituyentes”, por ejemplo, serbios en Croacia o Bosnia, croatas en Bosnia, albaneses en Kosovo, húngaros en la Voivodina, etc.

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Cargas policiales durante la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017 en Catalunya.

La preparación de un Estado independiente

Carles Puigdemont y el Govern catalán de entonces, siguiendo el precedente esloveno, decidieron congelar la proclamación de independencia, pero mientras el Gobierno esloveno diseñó minuciosamente la arquitectura y el diseño de un Estado independiente preparando un cuerpo legislativo que permitiera el funcionamiento del futuro Estado independiente, el Parlament de Catalunya no pudo desarrollar las leyes de desconexión porque la represión cayó fulminante sobre las instituciones catalanas, con su punto álgido en la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española de 1978, la detención del Govern y de parlamentarios catalanes, el exilio por otro lado de parte de éstos, así como de otros políticos independentistas.

Volviendo al caso esloveno, la congelación de la proclamación de independencia sirvió para la preparación del futuro Ejército esloveno, que se enfrentaría al Ejército Popular Yugoslavo en la Guerra de los Diez Días. Las diferentes repúblicas yugoslavas poseían sus propias milicias popular, las llamadas Defensas Territoriales (TO, Territorijalna Odbrana; en serbocroata), inspiradas en la experiencia partisana comunista durante la Segunda Guerra Mundial, y que fueron concebidas como un pilar fundamental de la defensa de la Yugoslavia socialista frente a un posible enemigo exterior. A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, con las tensiones nacionalistas a flor de piel en Kosovo, Eslovenia y Croacia, el JNA introdujo una nueva doctrina de defensa que contemplaba la centralización y el desarme de las TO. El esfuerzo del Gobierno esloveno se dedicó a dejar sin validez práctica la decisión del JNA y a la adquisición de armas en el extranjero.

Como anécdota significativa, el experto analista en las sucesivas Guerras Yugoslavas, Francisco Veiga, en su libro “La fábrica de las fronteras. Guerras de secesión yugoslavas 1991-2001”, cuenta cómo en una reunión entre los gobiernos de Eslovenia y Croacia para coordinar sus respectivos planes de independencia, el presidente croata Franjo Tudjman quedó en ridículo cuando los eslovenos expusieron con precisión sus planes, a lo que Tudjman respondió que también ellos tenían ya diseñada la independencia con todo lujo de detalles, siendo desmentido por miembros de su propia delegación. Mientras los eslovenos no dejaron nada a la improvisación, los croatas se dejaron llevar por aspectos meramente simbólicos y por resucitar la parafernalia nazi-fascista “Ustaše” de la Segunda Guerra Mundial.

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Franjo Tudjman, dirigente croata que en la década de 1990 lideró la llamada Unión Democrática Croata (HDZ, por sus siglas en croata) y presidió el país.

La Guerra de los Diez Días

Y llegó el 25 de junio de 1991. El Gobierno esloveno proclamó la independencia un día antes de lo establecido en sus propias leyes de desconexión. En realidad, como conflicto armado, no duró 10 días. Volviendo a Francisco Veiga, esta vez con su libro “Slobo. Una biografía no autorizada de Milošević”, se trató de “tres días de enfrentamiento intenso, dos días de tregua, dos días de lucha y tres más de cese al fuego”. Como veremos más adelante, Eslovenia se enfrentó a un Ejército Popular Yugoslavo y a una propia Federación en proceso de descomposición; aunque existía el consenso en hacer frente a la proclamación de independencia eslovena por parte de las diferentes instituciones federales, especialmente el Ejército – no así por parte de las instituciones serbias – el caso es que había discrepancias importantes en el cómo, empezando por la propia cúpula militar yugoslava, donde existían desde sectores contrarios a una intervención militar hasta aquellos proclives a un golpe de Estado, pasando por quienes estaban a favor de una intervención militar mínima, como así ocurrió.

El JNA sufrió un mayor número de bajas frente a unas milicias eslovenas con un armamento más moderno, más ágiles y, sobre todo, más motivadas. A la vez, las autoridades eslovenas supieron vender, gracias a los medios de comunicación occidentales, la imagen de un “Ejército invasor yugoslavo que quería destruir la joven democracia eslovena”; que nadie olvide el contexto de principios de la década de 1990.

Al respecto, hay que tener en cuenta que el JNA todavía se sentía heredero de Josip Broz “Tito”, del socialismo autogestionario, de aquellos partisanos comunistas que hicieron frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial; para muchos cuadros militares del JNA era inconcebible actuar contra el pueblo esloveno, contra un pueblo yugoslavo, sin olvidar que en el propio JNA había también eslovenos. En definitiva, se tenía la sensación de que la función del JNA no era la de enfrentarse a un pueblo hermano sino defenderse de un enemigo exterior.

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Tanques del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) entrando en Eslovenia; Paso fronterizo destruido por los combates; la Fuerza de Defensa Territorial eslovena y el Ejército Popular Yugoslavo atacándose mutuamente desde diferentes ángulos; tropas del JNA capturadas por milicias eslovenas y expulsión vía marítima de toda la representación federal yugoslava – fuerzas armadas, gobierno local, partidarios de la federación – de la nueva República de Eslovenia (imagen y pie: Wikipedia)

Negociación

Frente a la serbofobia de sectores del independentismo catalán con su apelación a la llamada “vía serbia” supuestamente represiva, lo cierto es que dirigentes serbios y eslovenos negociaron la independencia. Milošević y los dirigentes serbios eran ya conscientes de que Yugoslavia se descomponía, es más, también fue responsabilidad de esos dirigentes serbios. Milošević incluido, la descomposición yugoslava, apelando también a un nacionalismo serbio y a un victimismo sobre el maltrato histórico que el pueblo serbio habría recibido de Tito. ¿Se imaginan – ya que se llegó a comparar a Rajoy con Milošević – al expresidente español negociando con Puigdemont la independencia catalana? ¿O a Pedro Sánchez haciendo lo propio con Torra?

El por entonces presidente federal yugoslavo, el croata Ante Marković, negoció la paz con los dirigentes eslovenos bajo la mediación de la entonces Comunidad Europea, dando lugar a los Acuerdos de Brioni, que suponían el reconocimiento de la independencia de Eslovenia. No busquen a ningún Ante Marković en el Estado Español, es inútil.

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Ante Marković, último primer ministro de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

La naturaleza del movimiento independentista esloveno

El movimiento independentista esloveno era amplio y comprendía tanto al grueso de la dirigencia de la Liga de los Comunistas de Eslovenia, con su dirigente Milan Kučan a la cabeza, como a diferentes movimientos sociales y “contraculturales” que fueron surgiendo a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente. Era un movimiento que identificaba la lucha por una democracia – por supuesto, una democracia capitalista y occidental – con la lucha por la independencia nacional. Abandonar Yugoslavia, con toda su mitología guerrillera antifascista y comunista, dejar atrás los Balcanes y abrazar a una Europa y a un Occidente capitalista, fue una obsesión para los dirigentes independentistas eslovenos; obsesión que ocultaba la necesidad de la burocracia de la Liga Comunista, así como de los gerentes de las grandes empresas, es decir, la élite política y económica, de abandonar una Yugoslavia endeudada hasta las cejas con el FMI, y sin futuro; en definitiva, deshacerse de aquellas repúblicas y regiones autónomas atrasadas económicamente y que, desde la perspectiva eslovena, se contemplaban como un lastre para una Eslovenia próspera y que, sin duda, sería más próspera aún dentro de la por entonces Comunidad Europea (hoy Unión Europea) y de la OTAN.

Por supuesto, en el movimiento independentista catalán existen importantes sectores pro-atlantistas y deseosos de que una Catalunya independiente forme parte de la UE; también sectores que están firmemente convencidos de que Catalunya se ha de deshacer de esos territorios empobrecidos del Estado Español, como Andalucía, y que suponen un lastre económico. Sin embargo, esos sectores conviven con otros que tienen una concepción muy diferente de la independencia y la soberanía nacional, que contemplan la soberanía como un instrumento político para la transformación social radical, sectores anti-imperialistas que son conscientes de que una Catalunya verdaderamente libre y soberana estará fuera de la OTAN y la Unión Europea, estableciendo unas relaciones internacionales fuera de los criterios del imperialismo. Sectores que no contemplan al resto de pueblos del Estado Español, especialmente los más empobrecidos, como un lastre; sino como pueblos hermanos del pueblo catalán.

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Frente a un sector pro-OTAN y pro-UE, los conocidos como Comités de Defensa de la República (CDR) conforman una amplia masa social del independentismo catalán, de carácter antifascista, obrero y popular.

Volviendo al caso esloveno, aunque el independentismo esloveno tuvo ese aura de europeísmo excluyente, que intentaba forzar la cercanía de la cultura eslovena con la alemana, o que coqueteaba con la simbología nazi frente al antifascismo yugoslavista, no llegó en todo caso a los extremos y al descaro del racismo y del odio étnico del movimiento croata. A pesar de todo ello, se dio un caso significativo, el de “los borrados”: cuando Eslovenia se independizó, unas 200.000 personas de otras repúblicas vivían en su territorio; el 26 de junio de 1991 recibieron un ultimátum de 6 meses para registrarse legalmente en el sistema de la República de Eslovenia. Unos 170.000 regularizaron su situación, 12.000 se fueron y los 18.000 que no se presentaron fueron borrados sin previo aviso. Muchos descubrieron “su inexistencia” al ir a renovar un carnet de conducir o de identidad. El caso de “los borrados” fue un claro intento de crear un Estado étnicamente puro, como llegó a denunciar incluso Amnistía Internacional. No fue hasta 2010, pasados 19 años desde la independencia y 6 desde la entrada de Eslovenia en la UE, que la Asamblea Nacional eslovena pidió disculpas y se promulgó una ley para reparar el daño causado.

Los apoyos internacionales

Nadie, ningún Estado soberano ha reconocido a la República Catalana desde su proclamación, ni existe el más mínimo interés en hacerlo. Desde luego, no ocurrió lo mismo con Eslovenia. El apoyo internacional a la independencia eslovena se materializó de diferentes maneras, pero habría – de entrada – que destacar una: el apoyo al rearme de Eslovenia, destacando países como Austria, Israel, Alemania, Hungría, Bulgaria, Reino Unido, Francia e Italia.

Esta cuestión, debido a su extensión y complejidad, ha de ser sintetizada, pero a nadie se le escapa que existía un interés por parte de determinados Estados imperialistas a favor de la independencia, no solamente eslovena, sino de la desmembración de Yugoslavia. Aunque sea de forma superficial, existían no dos visiones enfrentadas y encontradas, como frecuentemente se ha expuesto, pero sí diferencias entre los EEUU, de un lado, y Europa – fundamentalmente Alemania, por otro. Los EEUU en principio, en aquellos años, no prestaron mucho interés a la cuestión yugoslava o si lo hacían era por si podía afectar al proceso de voladura de la URSS. Además, fueron los años de las tensiones con el Irak de Saddam Hussein y la Primera Guerra del Golfo. Los EEUU dieron su respaldo al mantenimiento de Yugoslavia y a las reformas liberalizadoras de Ante Marković, pero sin mucho entusiasmo. Frente a la postura norteamericana, muchos Estados europeos dieron su respaldo diplomático a la integridad de Yugoslavia, pero por otro lado, sus servicios secretos buscaban la desintegración, dando un apoyo “de facto” a la independencia eslovena. Alemania no se anduvo ni con hipocresías ni con paños calientes, desde el primer momento alentó y apoyó la independencia de Eslovenia. El objetivo estaba claro: la recolonización de los Balcanes.

La cuestión, a pesar de su complejidad, puede ser reducida a algo tan sencillo como el juego de intereses de los imperialistas: si se propone un proyecto político que se pueda asumir e instrumentalizar, el reconocimiento político de cualquier nación sin Estado está garantizado.

Una Yugoslavia “zombie”

Por mucho que podamos hablar de la crisis del régimen postfranquista de 1978, eso no quiere decir que el Estado Español esté en fase terminal. Para 1989 y 1990, Yugoslavia era ya un muerto viviente. Los intentos liberalizadores y centralistas de Marković, apoyados por los EEUU aunque de forma poco entusiasta, no dieron sus frutos y chocó con los intereses de las diferentes repúblicas, también de Serbia y Milošević, no se olvide.

Pero es que Yugoslavia no es España

La Yugoslavia de la que Eslovenia se quería separar nació fruto de una guerra de liberación nacional antifascista de los diferentes pueblos yugoslavos, nada que ver con una España monárquica nacida de una dictadura militar fascista, que fue apoyada por los Estados imperialistas, tanto por las potencias del Eje como por las hipócritas democracias. La RFS de Yugoslavia nació de la lucha de un Partido Comunista que, si bien en sus inicios no creyó en el proyecto yugoslavo, al que se tachaba de “pro-serbio” y de ser un invento de las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial – la Yugoslavia de Versalles; a partir de la década de 1930 cambió su posición, de la mano de Tito, de estar a favor de la independencia de los diferentes pueblos yugoslavos a crear una federación de éstos. La RFSY concedió derechos políticos y culturales no ya imposibles en la España franquista, sino también en la propia España contemporánea, entre ellos, el derecho de autodeterminación. En definitiva, España ha sido y es un proyecto de clase de las oligarquías, el yugoslavo lo fue de la clase obrera y de los sectores populares, un proyecto no exento de errores, como la implementación de un socialismo autogestionario, que a pesar de aciertos importantes, fue errático y terminó endeudando a Yugoslavia con el FMI a unos niveles insoportables; o el personalismo omnipresente de Tito. De hecho, su carisma – el héroe de la liberación de los pueblos yugoslavos y de su independencia – y su personalidad jugó mucho en el mantenimiento de Yugoslavia. Su fallecimiento en 1980 fue el pistoletazo de salida de las diferentes tensiones étnicas y nacionales.

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El presidente yugoslavo Josip Broz “Tito”, dirigiéndose a colocar una ofrenda floral en el Mausoleo de Lenin durante una visita a la URSS.

Por último, nos gustaría hacer dos consideraciones finales. La primera es la asociación automática de reivindicaciones nacionales como si éstas siempre y en todo caso se puedan asociar. Lo acabamos de ver: los casos esloveno y catalán poco o nada tienen que ver, sin embargo, hay quienes se empeñan en eliminar el análisis concreto de la situación concreta y sustituirlo bien por pura ingenuidad y por la asunción acrítica del relato de los medios de comunicación, o bien, por otro tipo de intereses.

La segunda, relacionada con la primera, es si realmente la reivindicación independentista tiene el mismo sentido independientemente de las circunstancias, es decir, podemos convenir que dadas las circunstancias la única manera que el pueblo catalán tiene de ser soberano es reivindicando un Estado independiente, pero, ¿es eso válido siempre? Vayamos otra vez a Eslovenia o al conjunto de Estados nacidos de la desmembración de Yugoslavia, ¿son ahora más soberanos o lo eran más cuando formaban parte de la Federación? El formalismo de constituir un Estado independiente no siempre asegura un poder soberano real. Por otro lado, el ansiado sueño esloveno de la prosperidad europea no ha sido tal, a pesar de que Eslovenia ha sido la única exrepública yugoslava en mejorar su situación – el resto de repúblicas se han empobrecido – ha sido a costa de una absorción “de facto” de su economía por parte de Alemania.

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Las comparaciones con el caso esloveno obvian el análisis concreto de la situación concreta.

La “yugonostalgia”, es decir, el sentimiento de nostalgia por la desaparecida Yugoslavia, ha crecido sensiblemente en todas las repúblicas, incluida Eslovenia, donde ese sentimiento de nostalgia es del 45%.

El movimiento nacional catalán habrá de seguir su camino, ajeno a vías muertas, si de verdad quiere ser libre, soberano e independiente.

Por Antonio Torres

¿Por qué EEUU y la UE no apoyaron a Carles Puigdemont y sí a Juan Guaidó?

¿Qué país en este mundo acepta que un individuo se autoproclame presidente de un Estado sin haber sido elegido democráticamente por el voto popular y la reafirmación del Tribunal Supremo? La respuesta es solo una: ninguno.

Pero en Venezuela, espina trabada en la garganta de los EEUU, ha sucedido en días pasados, mediante la farsa diseñada por los yanquis con el desvergonzado apoyo de la Unión Europea, la misma que no respaldó al líder del pueblo de Cataluña, Carles Puigdemont, quien sí fue avalado por el voto popular.

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Juan Guaidó, autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela el 23 de enero de 2019, sostiene un retrato de Simón Bolívar.

¿Con qué moral los europeos van a respaldar al títere de Juan Guaidó, fabricado por las manos de la CIA y el Departamento de Estado, orientado a la carrera en los locales de la propia misión diplomática yanqui, como parte del plan diseñado para darle un golpe de Estado al presidente constitucional Nicolás Maduro?

Es evidente que los mandatarios de la UE recibieron indicaciones de la Casa Blanca, para darle apoyo a la farsa política contra Caracas en clara pérdida de su soberanía y de la memoria, pues hace menos de un año en Cataluña se celebraron elecciones y solo por haber declarado su deseo de ser independientes de España, Carles Puigdemont y los demás líderes de ese proceso fueron acusados de rebelión.

Ahora la canciller Angela Merkel se humilla ante el presidente Donald Trump, aceptando el ridículo papel de acusar a Nicolás Maduro y reconocer al títere impuesto por los yanquis, en el infantil e ilegal golpe de Estado, cuando ella misma aprobó la detención de Puigdemont, bajo sentencia del tribunal de primera instancia de Neumünster, que decidió mantener en prisión provisional al ex-presidente del gobierno autónomo de Cataluña, mientras se esperaba el trámite de entregarlo a España.

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Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya destituido tras la proclamación de la República Catalana en octubre de 2017.

Recordemos que el líder independentista catalán se vio obligado a viajar a Bélgica, debido a que el gobierno de Madrid quería juzgarlo por los delitos de “sedición, rebelión y malversación de fondos públicos”, después de su participación en el proceso de independencia de Cataluña que había sido prohibido por las autoridades; de ahí que le solicitaran al gobierno de Berlín su detención cuando viajaba desde Finlandia hacia Bélgica.

La Unión Europea adopta una posición a favor de Washington en sus planes de reconocer al títere Juan Guaidó, cuando no hizo lo mismo con el catalán, lo que demuestra la manipulación política que ejerce EEUU sobre sus aliados y subordinados latinoamericanos, al fracasar durante décadas en sus planes contra la Revolución Bolivariana de Venezuela.

El mundo de hoy está gobernado por EEUU, quien dispone del Consejo de Seguridad de la ONU para doblarle el brazo a los que se oponen a sus órdenes.

¿Cómo es posible que la UE, con tantos problemas que enfrenta Francia, no adopte resoluciones de condena contra las salvajes represiones que se ordenan contra los partidarios del movimiento de los “chalecos amarillos”?

El tratamiento opuesto que asumen EEUU y sus aliados europeos en el caso de Venezuela es prueba de que no existen la democracia ni el respeto a los derechos humanos.

¿Con qué derecho legal Juan Guaidó decidió autoproclamarse presidente de Venezuela y ser respaldado por el Gobierno de EEUU?

¿Aceptarían los parlamentarios europeos como Federica Mogherini – Alta Representante para Asuntos Exteriores y Seguridad de la UE – o el propio Donald Tusk – actual presidente del Consejo Europeo – que uno de los líderes de los chalecos amarillos se autoproclamase presidente de Francia bajo el Arco del Triunfo y aplaudido por miles de sus seguidores?

De inmediato sería detenido y acusado de sedición y rebeldía, como le hicieron al catalán Puigdemont, sancionándolo con decenas de años de prisión, algo que EEUU no aceptaría si Maduro decide detener y acusar al títere Juan Guaidó. Para respaldarlo, desplegarían rápidamente al Comando Sur para invadir Venezuela, como han hecho con otros países de América Latina.

La Unión Europea parece olvidar que en 2017 el ex-presidente catalán fue acusado de los delitos de rebelión y sedición, con la posibilidad de cumplir hasta 30 años de cárcel, después de que el Parlamento de Cataluña declarara la independencia el 27 de octubre de 2017. Además de Puigdemont, otros 14 imputados fueron obligados a depositar en un plazo de 3 días una fianza de 6’2 millones de euros para responder a posibles responsabilidades civiles.

Eso es lo que le corresponde ahora al títere venezolano, pero a diferencia del catalán, cuenta con el respaldo yanqui y europeo que lo defienden como si fuese inocente, quien solo cumple con las órdenes recibidas de sus amos de EEUU.

Washington busca un pretexto para invadir Venezuela, porque todas las fórmulas empleadas han fracasado y a pesar de la despiadada guerra económica, comercial y financiera impuesta, unido a las campañas mediáticas para satanizar la imagen del presidente Maduro, la mayoría del pueblo le sigue dando su apoyo incondicional, porque saben quién es el único responsable de las penurias que sufren.

El mundo observa con asombro cómo los gobiernos de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal y los Países Bajos se toman el derecho de imponerle 8 días de plazo a Nicolás Maduro para que convoque elecciones en Venezuela, y si no lo hace, amenazan con reconocer al títere fabricado por los yanquis, Juan Guaidó, cuando nunca respaldaron al líder Puigdemont, quien ganó en elecciones libres celebradas en Cataluña.

Los pueblos del mundo tienen que asumir el papel que les corresponde, prepararse políticamente y mantener la unidad, porque de lo contrario serán convertidos en esclavos y pisoteados a su antojo por el emperador Donald Trump.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud.”

Por Arthur González

Comunicado de NA ante el Día Nacional de Andalucía: “Desde Fermín Salvochea a García Caparrós”

El 4 de diciembre de 1977 más de 2 millones de andaluzas salían a las calles de nuestra nación para exigir autogobierno y el acceso de Andalucía a una autonomía plena.

La elección de esta fecha no fue casual. Los organizadores e impulsores de las manifestaciones de 1977 quisieron unir la reivindicación de autogobierno con las demandas históricas andaluzas en pos de la soberanía.

Las manifestaciones de 1977 enlazan con la Revolución Andaluza de 1868, donde un 4 de diciembre las milicias populares gaditanas de los “Voluntarios de la Libertad”, dirigidas por Fermín Salvochea, se levantan contra el Estado Español y proclaman la República Federal Andaluza. El movimiento insurreccional se extiende rápidamente por Andalucía, siendo reprimido brutalmente por el Ejército español. Más de 3.000 asesinados y otros miles encarcelados fue la condena a Andalucía por reclamar su autogobierno.

El 4 de diciembre de 1977, Andalucía tampoco se libra de la represión del Estado Español, siendo asesinado por las Fuerzas de Seguridad del Estado el malagueño Manuel José García Caparrós, de un disparo por la espalda. La Historia nos enseña que cada vez que el pueblo andaluz reclama su derecho a la soberanía, el Estado Español responde con la máxima violencia de la que se puede hacer gala: el asesinato, la represión policial, judicial y política. Ya pasó en 1936 con el asesinato de Blas Infante, o en 1976 con el de Javier Verdejo – cuando la juventud andaluza se oponía al neofranquismo que se estaba preparando.

Pero la represión contra las andaluzas insumisas que no aceptan la actual situación colonial que sufre el pueblo andaluz sigue estando vigente. La Ley Mordaza, que los gobiernos y partidos “progresistas” españoles no se atreven a derogar, condenó al andaluz Fran Molero a pena de cárcel por exigir los derechos más elementales.

Para NA, el 4 de diciembre no es un día de fiesta ni celebramos nada. Es un día de lucha por la soberanía y por los derechos de la clase trabajadora y las clases populares; un día para luchar por la República Andaluza de Trabajadores; por la libertad de Fran Molero y de todas las represaliadas por el Estado Español, por todas las paradas, por las trabajadoras precarias, por los miles de andaluces en situación o riesgo de pobreza, por nuestros jubilados, por una educación y una sanidad de calidad, por el derecho a la vivienda…

Sin embargo, somos conscientes de que el camino no es fácil, que la lucha, la constancia y el sacrificio van a ser los valores que nos van a hacer avanzar hacia los objetivos de una Andalucía libre.

Y aunque NA está presente en las elecciones de este domingo 2 de diciembre y el voto de la Andalucía rebelde puede ser un espaldarazo a nuestra línea política, el futuro de Andalucía no se está jugando en las urnas. Pasa por las luchas en las calles, en los centros de trabajo, en los centros de enseñanza, codo con codo con la clase trabajadora y enfrentando al Estado y sus instituciones con desobediencia y con la voluntad de caminar hacia la liberación de Andalucía.

Por estos motivos estuvimos ayer en Málaga conmemorando el Día Nacional de Andalucía, y por eso llamamos a toda nuestra militancia, adheridas y simpatizantes, a asistir a los distintos actos conmemorativos de los sucesos del 4D de 1868 y 1977, recordando a Fermín Salvochea, a Manuel José García Caparrós y a todas aquellas andaluzas que han sufrido la represión del Estado Español.

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Asimismo, llamamos a todas las andaluzas en Cataluña y aliadas de la causa nacional andaluza en los Països Catalans a participar en el acto que está teniendo lugar hoy 1 de diciembre en L’Hospitalet de Llobregat organizado por NA, la CUP, el sindicato COS y el colectivo “Feminisme Revolucionari de L’Hospitalet”.

¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE, SOCIALISTA Y FEMINISTA!

¡HACIA LA LIBERACIÓN DE ANDALUCÍA!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Diagnóstico de la situación actual en Catalunya y propuestas para avanzar

El movimiento independentista se encuentra desorientado y dividido. La causa principal es la represión del Estado: la anterior Presidenta del Parlament de Catalunya, Carme Forcadell, está encarcelada; hay diputados del actual Parlament pendientes de juicio; el grueso del anterior Govern se encuentra encarcelado o exiliado. Y todo esto bloquea unas instituciones que, además, continúan económicamente intervenidas, pese a la retirada formal del 155. El esquema “de la ley a la ley” era un error, pero al menos servía para que las instituciones dieran pasos hacia adelante. Ahora mismo, en cambio, la mayoría independentista en el Parlament y el Govern de JxCat y ERC no sirve de gran cosa.

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La represión también ha impedido un análisis riguroso y la autocrítica de los aciertos y errores de la etapa anterior, la que nos lleva a las victorias del 1-O y el 3-O, que después no se quisieron o pudieron consolidar. En lugar de eso, aumenta el resentimiento entre las fuerzas independentistas.

Atrapado por estos condicionantes, el independentismo se encuentra sin una dirección política que pueda situar un nuevo horizonte para romper con el Estado, ni que despliegue políticas que hagan posible el éxito y la consolidación de esta ruptura. Nos encontramos en un “ir haciendo” en que tan sólo los juicios parece que tomen el papel de revulsivo. Pero sin enfocar el trabajo político (movilizaciones, alianzas, ligazón de estos juicios con la ruptura), también pasará este momento y no habrá servido para avanzar.

Todo esto no se soluciona (solamente) con la propuesta de cambiar los liderazgos vigentes por otros. Compartimos las dudas respecto a la voluntad política de algunos sectores del movimiento, pese a que éstas deberían situarse especialmente en aquellos que, por posición de clase y por acomodamiento institucional, se están limitando a gestionar la autonomía. Pero además de voluntad política, los nuevos liderazgos necesitan de una estrategia sólida y compartida.

Tenemos la certeza de que sin la unidad del independentismo es imposible avanzar y todavía más imposible es ganar. Sin esta unidad también es imposible que la República Catalana gane apoyos entre nuevos sectores sociales y políticos. Pero también sabemos que sin un análisis compartido y, más importante todavía, unos objetivos compartidos, esta llamada a la unidad no tiene sentido.

Hoy por hoy, unas nuevas elecciones no supondrían más que una huida hacia adelante: marchar sin siquiera un principio de coordinación estratégica que dé sentido en el futuro de éstas, ni tan sólo estrategias opuestas que puedan enfrentarse electoralmente, eso sería como jugar a la ruleta.

PROPUESTAS PARA AVANZAR:

Por ello, proponemos:

  1. Crear un espacio unitario que reúna a todas las fuerzas partidarias de la República Catalana – partidos, sindicatos, organizaciones, entidades: el Congrés Nacional del Poble Català (CNPC)
  2. Organizar el trabajo político que haremos, comenzando por demandar a todos los presos y encausados una defensa política y unitaria
  3. Desplegar las herramientas y líneas políticas necesarias para que la ruptura independentista sea irreversible, aquellas que desde Poble Lliure hemos ido apuntando en los últimos meses:
  • Institucionalidad nueva (Consell per la República) y, especialmente, partiendo de la coordinación y el contrapoder municipalista (Assemblea d’Electes)
  • Trabajar desde la base por el Procés Constituent, uniendo diferentes luchas liberadoras (feminismo, liberación LGTBI, ecologismo, derechos laborales, derechos sociales, cultura) con el proyecto de la República de todo el mundo
  • Enfocar las elecciones municipales como una oportunidad para avanzar en las mayorías republicanas, de izquierdas y progresistas, comenzando por tejer confluencias amplias de unidad popular en las áreas metropolitanas y en el conjunto de municipios del país
  • Organizar campañas de boicot contra la oligarquía española del IBEX-35, responsable última del Estado autoritario que padecemos
  • Desplegar una estrategia apropiada en Illes Balears y el País Valencià para hacer emerger sendos movimientos por el derecho a decidir. Una lucha coordinada en el conjunto de los Països Catalans triplica los problemas al Estado autoritario español
  • Profundizar el trabajo de internacionalización y solidaridad, poniendo especial énfasis en la coordinación con otras naciones del Estado Español que luchen por sus repúblicas.

Països Catalans, 11 de Octubre de 2018

POBLE LLIURE

INDEPENDÈNCIA – SOCIALISME – FEMINISME – PAÏSOS CATALANS

Cuatro razones por las que el porno no debe cambiar, sino desaparecer

“En una sociedad sin educación sexual era obligatorio que el porno cambiara”. Fundido a negro y emerge la demoledora frase: “Ahora mandamos nosotras”.

Así termina el spot publicitario del Salón Erótico de Barcelona, que abre sus puertas a principios de octubre. Con “erótico”, los promotores se refieren con un eufemismo a “pornográfico”.

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Captura del spot publicitario del Salón Erótico de Barcelona (SEB), que tendrá lugar a principios de octubre en la capital catalana.

El salón ha sido patrocinado durante años por un burdel, y fue famoso por reclutar a trabajadores “voluntarios” a cambio de poder asistir a los espectáculos en directo. Una celebración del neoliberalismo sexual más agresivo, donde los fans tienen la oportunidad de ver con sus propios ojos a las actrices y actores de sus sueños en carne y hueso (y aceite), realizando todo tipo de “performances”, concediendo entrevistas entre stands repletos de las últimas novedades en robótica y juguetería sexual.

El mensaje del minuto y medio de hipocresía, marketing y moralina del vídeo promocional de 2018 se resume de la siguiente forma. Como los españoles (y, cada vez más, las españolas) reciben toda su educación sexual de un porno machista y misógino, y al no existir una alternativa seria en la escuela ni en casa, la industria del porno ha tomado la iniciativa de reformularse. Ahora, el porno trabajará para transmitir los valores del buen sexo, que es feminista. Así se conseguirá cambiar actitudes y evitar en el futuro casos como los de “La Manada”.

En una hábil estrategia de lavado de cara, la industria porno nos quiere hacer creer que se ha convertido al feminismo y se ofrece a educar sexualmente a los y las jóvenes mejor para ir hacia una sociedad más justa e igualitaria.

Sin embargo, aquí van mis 4 razones por las que el porno no tiene que ser feminista, sino que tiene que desaparecer.

1) El porno es una industria, no una ONG

Como otras industrias devoradoras, la del sexo se rige por leyes de oferta y demanda, no por valores como la justicia o la dignidad. En una sociedad hiperglobalizada, con un capitalismo desenfrenado que nos ha llevado al borde del colapso (los pobres son más pobres, los ricos son más ricos que nunca), lo último que debemos esperar de una industria del calibre que tiene la pornografía en el Estado Español son lecciones de ética, y mucho menos, de ética sexual.

Muchos que leen esto sabrán que hay porno para todos los gustos. De todos los colores y medidas, en grupo, con miembros de la familia, con adolescentes, con niños. Con individuos de todas las nacionalidades, de animación, con disfraces. Ahora lo que vende es el feminismo, por tanto, pretendamos que es posible ser feminista y consumir porno, y añadamos la categoría al pastel de todo lo demás que se ofrece. Lobos vestidos de oveja. Zapatero a tus zapatos. Pornógrafo a tus billetes.

2) El porno mueve masas

La industria de la pornografía ha cambiado de modelo: del DVD, revista o contenido de pago hemos pasado a las páginas de porno “gratis” donde lo que importa es la cantidad, no la calidad ni la naturaleza del contenido. Cuantos más terabytes de vídeos ofrezcas, más gente lo verá, más tráfico se generará y más dinero se podrá ingresar en publicidad. La clave del negocio es atraer a enormes cantidades de usuarios.

Centenares de millones de personas de todo el mundo llevan ya bastante tiempo viendo contenidos que no son ni feministas ni justos. Lo que todos sabemos pero la industria no menciona (ni en el spot del SEB ni en sus plataformas web) es que el porno crea adicción en los cerebros de los que lo ven – hay chicos que llevan desde los 8 años viendo estos contenidos en su pantalla.

Como sucede con toda adicción, el cerebro siempre quiere más: más fuerte, más intenso. La misma dosis no sirve al niño que busca la palabra “pechos” en Google que al quinceañero que ya lleva más de un lustro obteniendo su ración de excitación sexual de la inagotable fuente que es Internet.

Pretender cambiar los gustos de todos estos consumidores para que un día todos vean porno no violento y no machista es ingenuo. Pero la realidad es que no es un objetivo real de la industria. Muchas actrices que producen porno “feminista” hacen escenas de porno mainstream (o sea, duro y machista) en paralelo, porque dan ganancias superiores.

3) El porno es prostitución

En su etimología, la palabra “pornografía” proviene de dos vocablos griegos: “Porne” (prostituta) y “graphos” (escritura). No estamos hablando ni de arte, ni de cine, ni de erotismo, ni de celebración del sexo. La única cosa que se celebra, como su etimología indica, es la prostitución: el poder mercantil del que paga sobre la que es penetrada.

La prostitución en sí misma es incompatible con una sociedad justa e igualitaria. El porno y la mentalidad progresista (con su discurso de justicia social) no pegan ni con Super Glue.

4) El porno alimenta la trata de personas

En 2018 hay más esclavos en el mundo que nunca antes en la Historia. Cuando decimos “esclavos”, no hablamos sólo de gente recogiendo algodón, cosechando cacao o construyendo grandes estructuras en Dubai, sino que también hablamos de mendicidad y trabajo forzado, y aquí en Europa – especialmente – de explotación sexual.

La trata de personas es un negocio que se codea con el tráfico de armas y de drogas. Aunque tenga la etiqueta legal, el porno mainstream en demasiadas ocasiones oculta abusos, amenazas, violencia, controles de sanidad fraudulentos, manipulación, consumo de drogas y suicidios. De hecho, sabemos que parte del porno que vemos en Internet, en sí mismo puede ser la grabación de violaciones con las que los tratantes “domestican” a sus víctimas.

En los burdeles y clubes del Estado Español hay porno 24 horas, para que las mujeres en prostitución sepan cómo tienen que actuar para complacer a los clientes, que entran por la puerta con fantasías cada vez más perversas: aquellas que no se atreven a cumplir con su pareja.

Podemos y debemos hacer eventos de concienciación, conferencias y caminatas por la libertad para denunciar la crisis humanitaria que la trata significa, pero aquello a lo que damos “clic” en la privacidad de nuestro dormitorio o cuarto de baño no puede contradecir nuestras palabras.

Afrontar el problema

El spot del Salón Erótico de Barcelona ya es un evento en sí mismo. Algo así como el de la Lotería de Navidad o el del cava “Freixenet”. En 2016, lo protagonizó la vocera del porno blanqueado Amarna Miller y el clip se llevó el León de Plata del Festival de Cannes. Entonces, el mensaje era otro: “Todos veis porno, aunque pretendáis ser religiosos, conservadores o decentes. Dejaros de hipocresía”. Lamentablemente, tenían razón, muchos somos hipócritas.

Tenemos un “demogorgon” con los testículos bien metidos en el fondo de nuestras familias, escuelas, comunidades. Ningún grupo se salva, este monstruo afecta a padres, jóvenes y niños de todos los contextos. Pero miramos a otro lado, ¿porque quién es el valiente que va a tirar la primera piedra?

Tenemos que despertar, dejar atrás la destrucción a la que arrastra la pornografía. Educar a nuestros hijos e hijas en una sexualidad sana (¡nunca es demasiado pronto para comenzar a hablar de ello!), ser más transparentes y atrevernos a hablar de lo que no va bien, levantando nuestra voz contra la injusticia del porno, la prostitución y la trata de personas.

Por David Pérez Aragó