El tiro por la culata

chinaDesde hace quizá cientos de años, los EEUU vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras e invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870, o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas estadounidenses, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una “amenaza” para los EEUU.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los EEUU, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El Ejército Popular de Liberación chino había conquistado todo el territorio continental de China, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kai-shek se refugiaron en la isla de Taiwán y algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de personas, y en Taiwán alrededor de 17 millones. Sin embargo, la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Taiwán y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesto por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Taiwán, que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al Gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas: “la verdadera China”. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos – como los EEUU – siguieron manteniendo relaciones “no diplomáticas” con Taiwán, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y los navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del Imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el Imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la Historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular Democrática de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y los EEUU han perdido definitivamente la hegemonía. Los países sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de medida de su comercio y utilizar sus monedas nacionales, además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar estadounidense y fijar unos medios de compensación bancaria controlados por los EEUU, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos estadounidenses, los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) se adherirán al mismo. Se trata de un tráfico comercial de 100.000 millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos estadounidenses dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el Imperio, que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el Imperio se hunde. Tenía razón Mao cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

Por Darío Herchhoren

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Los símbolos fascistas no tienen lugar en la sociedad

Dos turistas chinos han sido detenidos recientemente en Berlín por hacer el saludo nazi mientras posaban para dos fotógrafos frente al “Reichstag”, el Parlamento de Alemania, el pasado sábado 12 de agosto. Tres días después, el Museo contra la Agresión Japonesa en el Almacén Sihang de Shanghai realizó un comunicado criticando a cuatro jóvenes chinos por vestir uniformes del Ejército Imperial Japonés y posar para fotos en el almacén, defendido exitosamente por fuerzas chinas contra los invasores japoneses a finales de 1937, y calificando su acto como “blasfemia imprudente”.

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Los jóvenes son ciudadanos de un país en el cual más de 35 millones de personas murieron o fueron heridas en la Segunda Guerra Mundial y está, de forma inadvertida, reabriendo viejas heridas.

El mundo se ha enfrentado a brutales y radicales cambios desde aquellos días de horror sin fin. Y casi todo ha cambiado, desde el interior de los hogares hasta los exteriores de los edificios, desde nuestros medios de transporte hasta la manera en la que compramos. Quizás la única cosa que no ha cambiado sea que cada sociedad tiene sus tabúes – algunos religiosos, otros históricos. Y cada sociedad establece lo que supone la ruptura de esos tabúes.

En muchos casos, es a lo que nos oponemos, y no lo que apoyamos, lo que determina quiénes somos. Una postura o un conjunto de ropa pueden ser correctos en una sociedad pero tabú en otra cultura, porque los seres humanos, quienes, dependiendo de su Historia y de su cultura, tienen sus propios objetos de reverencia y su propio conjunto de tabúes.

Las agujas del reloj siguen moviéndose señalando el cambio del tiempo, pero las heridas de la Historia y de aquellos que causaron esas heridas nunca deberían ser olvidadas. Esa es la razón por la que las acciones de jóvenes y turistas no pueden ser atribuidas a su ignorancia sobre las leyes alemanas o su falta de entendemiento de la Historia reciente de su propio país, especialmente porque ocurren en lugares históricos.

Las acciones de esos jóvenes deberían traernos a la mente lo que ocurre en el Santuario de Yasukuni de Tokio, donde los “héroes de guerra” de Japón desde la Restauración Meiji – a finales del siglo XIX, incluidos 14 criminales de guerra de Clase A de la Segunda Guerra Mundial – son honrados. Los asistentes visten uniformes del Ejército Imperial Japonés y pueden ser vistos con facilidad por los alrededores del santuario como modo de prestar ofrenda a los “héroes de guerra” y a los “verdaderos patriotas” – es decir, señores de la guerra – de Japón.

Los alemanes, por otro lado, han prohibido todos los símbolos nazis y han declarado sus acciones como “ofensa criminal”. Han reconstruido su nación condenando las atrocidades cometidas por los nazis y han puesto en vigor estrictas leyes para castigar a la gente que use esos símbolos, sea cual sea la razón. Gracias a ello, la resurrección de Alemania dentro de la comunidad internacional se completó.

En contraste, Japón nunca ha iniciado siquiera un proceso de auto-introspección, pese a que sea conocido como la Tierra del Zen – que se centra en la meditación o “dhyana”, que en sánscrito simboliza una serie de estados cultivados de la mente que llevarían hacia un “estado de perfecta ecuanimidad y precaución”. Uno se imagina cómo pueden los japoneses alcanzar este estado “perfecto” sin la auto-introspección.

Sin condenar oficialmente a nadie por sus crímenes de guerra, Japón no se puede convertir en una nación normal. Y si Japón pretende ser una nación normal construyendo un Ejército, ello supondrá de nuevo una amenaza a la paz regional e internacional.

El saludo nazi realizado por los dos turistas chinos y la vestimenta del Ejército Imperial Japonés por parte de 4 jóvenes en Shanghai deben ser puestas en el vergonzoso vertedero de la Historia. Los crímenes contra la Humanidad cometidos por los nazis y las fuerzas japonesas deben seguir recordándonos que nunca debemos bajar la guardia contra el fascismo y sus símbolos.

Si el desarrollo pacífico de las últimas décadas debilita nuestra memoria acerca de los horrores del fascismo y las guerras, posiblemente acabaremos abriendo viejas heridas o infligiendo nuevas heridas en el siglo XXI.

Por Zhai Haijun

Periodista de “China Daily”

El trance de China con Maduro

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Nicolás Maduro y Xi Jinping durante un encuentro bilateral en 2014.

China observa con cierta angustia la inestabilidad creciente que vive la Venezuela de Maduro. Durante el mandato de Hugo Chávez, los vínculos bilaterales se intensificaron de forma exponencial en función de una simpatía estratégica y visión compartida del orden internacional que encontraba en el suministro de barriles de petróleo un fundamento capaz de hacer pasar a un segundo plano las contradicciones, fragilidades y reveses. El propio Nicolás Maduro tuvo la oportunidad de afianzar esa relación en su período al frente de la diplomacia venezolana.

Las inversiones chinas en Venezuela han crecido significativamente en los últimos lustros y son cuantiosas. De hecho, los recursos invertidos superan ampliamente los préstamos otorgados por China al resto de los países de la región. Hoy, los intereses económicos chinos van más allá de la energía, abarcando numerosos dominios en los que sus empresas están presentes: desde la industria a la agricultura, el transporte, la vivienda, etc.

Maduro, con abierta simpatía por el modelo chino de desarrollo, estimuló la creación de zonas económicas especiales, en buena medida financiadas con préstamos procedentes del Gigante Asiático.

La receptividad bolivariana explica que altos dirigentes del Gigante Asiático, incluido el propio presidente Xi Jinping o el vicepresidente Li Yuanchao, hayan calificado a Venezuela como su más fiel aliado en América Latina. Pese a que ahora ven peligrar el futuro de una relación que se pretendía modélica para otros países de la región, esas palabras no son retóricas. Por otra parte, la alianza con China es una pieza clave de la política exterior del presidente Maduro y a partir de ahora lo será más ante la expectativa del aislamiento alentado por las potencias occidentales tras la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente.

Pero hay luces y sombras en el entendimiento bilateral. Pekín, por ejemplo, dio largas abiertamente a un hipotético acuerdo con el ALBA que pudiera ser interpretado como un aval sin matices al bloque promovido por Venezuela. También desechó un papel protagonista de Caracas en la gestión parcial de su relación con la CELAC. Siempre marcó distancias con el tono anti-estadounidense del discurso bolivariano por más que simpatizara con el énfasis en la defensa de la soberanía nacional. En suma, fiel a su pragmatismo, trató de mitigar la hipotética carga ideológica de la relación bilateral y evitar dar la impresión de abrigar la más mínima intención de contrariar los intereses de EEUU. Voluntad política y hasta entusiasmo, pero con silenciador.

Cada vez con más insistencia, no pocos inversores orientales – en su mayoría públicos – alertaron al Gobierno chino de lo arriesgado de la apuesta significando los numerosos condicionantes que pueden derivar en un escenario de caos similar al experimentado en otras latitudes, con pésimas consecuencias para los intereses de su país. Esto no es nuevo. Libia está en la mente de todos. Pero aunque la preocupación va en aumento, no parece que China vaya a desentenderse y dejar caer sin más a Maduro. Con pocos puentes tendidos hacia la oposición y dificultades para acompañar las alternancias, el afán de afirmación global de sus intereses que hoy determina su política exterior podría incitarle a elevar el tono de su apuesta.

Por Xulio Ríos

Xi Jinping exige al Ejército chino un compromiso en pro de la paz

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Xi Jinping se dirige, con vestimenta castrense, a los soldados del Ejército Popular de Liberación (29/7/2017)

El líder del Partido Comunista de China pasó revista por primera vez al Ejército Popular de Liberación, que el pasado 2 de agosto cumplió 90 años desde su fundación.

“La paz es una bendición del planeta” y es “responsabilidad del EPL mantenerla”, aseguró el pasado sábado el presidente chino Xi Jinping durante un masivo desfile militar con motivo del 90º aniversario de la fundación del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Luego de haber pasado revista a las tropas por primera vez, el estadista resaltó que el Gigante Asiático necesita “hoy más que nunca un Ejército de primera”, que se convierta en una fuerza militar de clase mundial.

Vestido con un traje de camuflaje y subido en un vehículo militar, Xi realizó un breve discurso en el que se mostró confiado de que el EPL tiene la capacidad de proteger la soberanía y los intereses de China.

El también presidente de la Comisión Militar Central de la República Popular China presenció el imponente desfile que duró aproximadamente una hora y en el que China desplegó toda su artillería, incluidos varios misiles.

El Ejército Popular de Liberación festeja cada año su aniversario el 1 de agosto.

Es la primera vez que China conmemora el Día del Ejército Popular de Liberación con un desfile militar desde la fundación de la República Popular China en 1949, es decir, desde el triunfo de la revolución que lideró Mao Zedong.

FUENTE: “teleSUR”

 

El Ejército Popular de Liberación acorrala a EEUU en aguas internacionales

Por Alexandr Jrolenko

120px-china_emblem_pla-svgEl hecho de que los bombarderos norteamericanos B-1B pasaran el 8 de julio sobre el Mar de China Meridional en la zona de disputas territoriales pone de manifiesto la actitud de EEUU, que trata de enseñar sus músculos a China. A pesar de este incidente, Pekín ha mantenido la calma y no ha comentado lo sucedido, aunque ha declarado en reiteradas ocasiones que una serie de islas de esta región forman parte integral de su territorio. No obstante, Washington califica esta zona como un espacio aéreo y marítimo internacional.

La tranquilidad manifestada hoy por el Gobierno chino no es algo casual. La Armada de la República Popular China cada vez domina más las zonas cercanas y lejanas del océano mundial, así que ha llegado la hora de que el Pentágono se preocupe, debido a que hasta hace poco había controlado con firmeza casi todas las vías marítimas importantes, despreciando a la Armada china.

El portaaviones “Liaoning” en Hong Kong

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El portaaviones chino “Liaoning” aproximándose a la región de Hong Kong.

La llegada del portaaviones “Liaoning” y tres buques más a Hong Kong y la visita a la región por parte del presidente chino Xi Jinping llevada a cabo el 29 de junio forman parte de las celebraciones por el 20º aniversario del restablecimiento de la soberanía china sobre la ex-colonia británica.

La visita del grupo de portaaviones a Hong Kong es básicamente una continuación lógica de las ideas de Xi Jinping: “un país, dos sistemas”. Las líneas perfectas del buque persuaden mejor que las palabras en la fuerza y el potencial del país.

El “Liaoning” es, de hecho, una versión china ligeramente modificada del portaaviones “Varyag” de la clase Almirante Kuznetsov, comprado por Pekín en 1998. El buque de fabricación soviética, más tarde denominado “Liaoning”, fue completamente reconstruido y remodelado con fines de entrenamiento.

El segundo buque militar de este tipo, el 001A, fue botado el pasado 23 de abril cuando el Gigante Asiático celebraba el Día de la Armada y es completamente de producción doméstica.

China planifica crear 6 equipos de ataque y una multitud de bases navales militares por todo el mundo.

El destructor “Changsha” y la fragata  “Yuncheng”, en el Mar Báltico

Pekín envió su novedoso destructor “Changsha” – del proyecto 052D – junto con la fragata “Yuncheng” – del proyecto 054A – y el navío de apoyo “Lomahu” al Mar Báltico con el objetivo de participar en las maniobras ruso-chinas “Cooperación Marítima 2017”.

Según el Ministerio de Defensa chino, las maniobras se realizarán en dos etapas desde mediados de julio hasta mediados de septiembre en el Mar Báltico, el Mar de Ojotsk y el Mar de Japón.

Los dos temas principales de las maniobras en el Báltico serán las operaciones de rescate conjuntas y la garantía de seguridad de las actividades comerciales en el mundo. Sin embargo, la revista estadounidense “Newsweek” ha afirmado que “en los juegos militares de Rusia y la OTAN en Europa apareció un nuevo jugador: China”. Los titulares de la prensa europea también son muy llamativos, por ejemplo: “China y Rusia lanzan un desafío a la OTAN en el Mar Báltico”.

Las publicaciones afirman que las maniobras en el Mar Báltico, a las puertas de Europa, son un mensaje político para Trump y la OTAN: “Rusia y China se apoyan y se defenderán”.

China incrementa vertiginosamente su potencial de defensa, renueva su parque de buques de la Armada y los aviones de las Fuerzas Aéreas. Y aunque hasta hace poco en la región Asia-Pacífico dominaron las Fuerzas Armadas de EEUU, ahora el Pentágono supone que China tiene la intención de neutralizar el domino técnico-militar de Washington.

Son altas las apuestas en la región. A través del Mar de China Meridional pasan los buques que garantizan el 75% del suministro del petróleo a la región Asia-Pacífico, incluido el 40% de la demanda china. El volumen anual del “comercio marítimo” se estima en 5 billones de dólares, de los cuales 1’2 billones son de las operaciones estadounidenses. Estas cifras justifican las discrepancias entre Pekín y Washington y sus preocupaciones por la “seguridad marítima”.

El desarrollo de la Armada china es una condición indispensable para garantizar el suministro de los hidrocarburos de los países del Norte de África y Oriente Próximo, es decir, un factor imprescindible para garantizar el crecimiento económico del país.

En la plataforma del Mar de China Meridional se hallan ricos yacimientos de petróleo y gas. China anunció oficialmente en 2014 sus derechos sobre las Islas Spratly y un año más tarde publicó una nueva estrategia militar, en la que la Armada china pasa de la protección sólo de las zonas costeras a garantizar la seguridad de toda la zona oceánica. Asimismo, Pekín se reservó el derecho de efectuar ataques preventivos locales en caso de una amenaza a la defensa o las fronteras de la República Popular China. Washington, evidentemente, tiene de qué preocuparse.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 3)

Las ranas de la intelligentsia llevan tiempo croando con fuerza. Se pavonean y posan como si fueran los mejores atrapamoscas del mundo, pero no producen nada creíble en términos de análisis objetivos.

China tiene numerosos problemas sociales, económicos y estructurales, pero se enfrenta a ellos sistemáticamente. Los chinos están comprometidos con la mejora de su sociedad, su economía y su sistema político en sus propios términos. Intentan resolver problemas tremendamente complicados al tiempo que se niegan a sacrificar la soberanía nacional y el bienestar de su pueblo.

La política oficial estadounidense para enfrentarse a China como competidor capitalista mundial se basa en rodearla con bases militares y amenazar con perturbar su economía. Como parte de esta estrategia, los medios de comunicación y los supuestos “expertos” occidentales magnifican los problemas de China y minimizan los suyos propios.

A diferencia de China, EEUU se complace con obtener un crecimiento anual inferior al 2%. Los salarios llevan estancados desde hace décadas, el salario real y el nivel de vida se reducen. Los costes de la educación y la sanidad se disparan al tiempo que la calidad de esos servicios vitales cae espectacularmente. Aumentan los costes, el desempleo y los índices de suicidios y mortalidad de la clase trabajadora. Es absolutamente crucial que Occidente reconozca los impresionantes avances de China si desea aprender, copiar y fomentar un modelo similar de crecimiento y equidad. Es esencial que China y EEUU cooperen para promover la paz y la justicia en Asia.

Desgraciadamente, el anterior presidente Barack Obama y el actual presidente Donald Trump han escogido la vía de la confrontación y la agresión militar. Los dos mandatos de Obama muestran un historial de guerras fallidas, crisis financieras, aumento de la población reclusa y descenso del nivel de vida en todo el país. Pero todo el ruido que crean esas ranas, croando al unísono, no cambiará el mundo real.

NOTAS:

[1] El autor utiliza la expresión “crooked croakers” (croadores deshonestos) para hacer un juego fonético imposible de recrear en lengua castellana.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 2)

A pesar de estos impresionantes progresos objetivos, el coro de “ranas deshonestas” [1] sigue lanzando profusas predicciones año tras año sobre el deterioro y declive de la economía china. Sus análisis no se ven alterados por el 6’7% de crecimiento obtenido en PIB en 2016 sino que se aventuran a pronosticar para 2017 un “descenso” del crecimiento hasta el 6’6% como prueba del inminente colapso. Decididos a no verse disuadidos por la realidad, ¡el coro de ranas de Wall Street celebra animadamente el anuncio del incremento del PIB estadounidense del 1% al 1’5%!

China ha reconocido sus graves problemas medioambientales y está a la cabeza de los países a la hora de dedicar recursos (miles de millones de dólares, el 2% de su PIB) para reducir los gases de efecto invernadero. Sus esfuerzos exceden con creces los de EEUU y la UE.

Como el resto de Asia y EEUU, China necesita aumentar enormemente las inversiones destinadas para reconstruir sus infraestructuras decadentes o inexistentes. La República Popular China es la única de las naciones que ajusta o incluso excede sus crecientes necesidades de transporte, para lo cual destina 800.000 millones de dólares anuales a la construcción de autopistas, líneas de ferrocarril, puertos, aeropuertos, redes de metro y puentes.

Mientras EEUU ha rechazado tratados comerciales y de inversiones multinacionales con 11 países del Pacífico, China ha promovido y financiado tratados similares con más de 50 países de la región Asia-Pacífico (salvo Japón y EEUU), así como otros Estados africanos y europeos.

El Gobierno chino, bajo la dirección de su presidente Xi Jinping, ha lanzado una eficaz campaña a gran escala contra la corrupción que ha llevado a la detención o destitución de más de 200.000 empresarios y funcionarios, incluyendo algunos multimillonarios y altos cargos del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de China. Como resultado de esta campaña de ámbito nacional, la compra de artículos de lujo ha decaído considerablemente. La práctica de la utilización de fondos públicos para cenas exquisitas de 12 platos y el ritual de entrega y aceptación de regalos está en decadencia.

Mientras esto ocurre, a pesar de que Trump proponía “drenar la ciénaga” en su campaña política y del exitoso resultado en el referéndum del Brexit, ni en EEUU ni en el Reino Unido se ha puesto en marcha nada que se parezca remotamente a la campaña anticorrupción china, a pesar de los informes diarios sobre estafas y fraudes que implican a los 100 principales bancos del mundo anglo-estadounidense. La campaña anticorrupción china ha podido servir para reducir desigualdades y se ha ganado indudablemente el respaldo de los campesinos y los trabajadores chinos.

Los periodistas y académicos que suelen repetir como loros los argumentos de los generales estadounidenses y de la OTAN advierten que el programa militar chino es una amenaza directa a la seguridad de EEUU, Asia y el resto del mundo. La amnesia histórica emponzoña a estas ranas cantarinas. Olvidan que, tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU invadió y destruyó Corea e Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) matando a más de 9 millones de personas, tanto civiles como defensores. EEUU invadió, colonizó y neocolonizó Filipinas en los inicios del siglo XX, matando a un millón de habitantes. En la actualidad, continúa expandiendo su red de bases militares para rodear China. Recientemente trasladaron potentes misiles nucleares THAAD, capaces de atacar ciudades chinas e incluso rusas, a la frontera con Corea del Norte. EEUU es el mayor exportador de armas del mundo, y su producción de armas supera la producción y venta conjunta de los cinco siguientes mayores mercaderes de la muerte.

Por el contrario, China no ha atacado, invadido u ocupado unilateralmente ningún país en cientos de años. No ha colocado misiles nucleares en la costa o las fronteras de EEUU: de hecho, no cuenta con una sola base militar en el extranjero. Sus propias bases militares, en el Mar Meridional de China, tienen la función de proteger sus principales rutas marítimas de la piratería y la Armada de EEUU, cuyas provocaciones aumentan progresivamente. El presupuesto militar chino, que tiene previsto un incremento del 7% en 2017, sigue siendo menor que la cuarta parte del estadounidense.

Por su parte, EEUU promueve alianzas militares agresivas, apunta con sus radares y misiles guiados por satélite hacia China, Irán y Rusia, además de amenazar con arrasar Corea del Norte. El programa militar chino siempre ha sido, y continúa siendo, defensivo. Su aumento se basa en la necesidad de responder a las provocaciones de EEUU. El avance chino está basado en su estrategia de mercado global, mientras que Washington continúa implementando una estrategia imperial militarista, diseñada para imponer la dominación global por la fuerza.