¿Es China un país socialista? (tercera parte)

Mientras que en todo país capitalista el Ejército ha sido y es un instrumento para asegurar en última instancia los privilegios de una minoría explotadora, en China el Ejército está bajo control directo del Partido Comunista de China por medio de la Comisión Militar Central (CMC), y por lo tanto es garante del orden socialista. Ningún alto mando militar puede librarse de la disciplina del PCCh ni de la aplicación de la justicia, como demuestran los casos de los ex-vicepresidentes de la CMC Xu Caihou y Guo Boxiong, expulsados del Partido en 2014 y julio de 2015 respectivamente por sendos delitos de corrupción.

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En China, el suelo es propiedad del Estado, lo cual impide la gran concentración terrateniente, que es una característica fundamental de los países capitalistas. Según el economista marxista Samir Amin, “esta especifidad china nos impide caracterizar la China contemporánea como capitalista, porque el camino capitalista se basa en la transformación de la tierra en una mercancía”. Para finalizar, citaremos al gran economista marxista francés Tony Andreani, que identifica los siguientes pilares que sustentan el socialismo en China, definidos por él como “considerablemente ajenos al capitalismo”.

  1. El mantenimiento de un potente sector público, que juega un papel estratégico en la economía, y en el cual existe una – limitada, pero real – participación de los trabajadores en las unidades de gestión, a través de consejos de vigilancia y consejos obreros.
  2. Una potente planificación, que aunque sea de naturaleza indicativa (y no imperativa como en otras experiencias socialistas), resulta ser impresionantemente precisa año tras año.
  3. Una forma de democracia política que hace posibles unas decisiones colectivas, haciendo que la planificación sea el espacio en el cual la nación china elige un destino colectivo.
  4. Unos servicios públicos que condicionan la ciudadanía política, social y económica, que están totalmente o en su inmensa mayoría en manos del Estado, y que como tal están fuera de la lógica del mercado – aunque aún son muy limitados en comparación con los de algunos países capitalistas desarrollados.
  5. Una orientación económica neokeynesiana consistente en aumentar las rentas del trabajo y la promoción de una justicia social en una perspectiva igualitaria.
  6. La protección de la naturaleza, considerada como indisociable del progreso social y como uno de los objetivos centrales del desarrollo económico.
  7. La relaciones económicas con otros Estados, que descansan sobre el principio de ganar-ganar, la búsqueda de la paz y las relaciones equilibradas entre naciones y pueblos.
  8. La propiedad pública de la tierra y los recursos naturales.

En resumen, mientras que en los países de Europa las clase populares viven cada vez peor, en China las condiciones de vida de la población ha ido mejorando cada vez más desde la Reforma y Apertura, y ello en todos los indicadores sociales (salarios, esperanza de vida, mortalidad infantil, atención sanitaria, educación, seguridad social, acceso a la cultura, etc.). Esta diferencia entre el capitalismo neoliberal y el “socialismo de mercado” en China ha sido resumida brillantemente por el filósofo marxista italiano Domenico Losurdo. Hablando de las innegables desigualdades sociales existentes en China, Losurdo dice:

“Eso no hace lícito confundir el ‘socialismo de mercado’ con el capitalismo. Como ilustración de la diferencia radical que subsiste entre los dos, podemos intentar recurrir a una metáfora. En China estamos en la presencia de dos trenes que se separan de la estación llamada ‘Subdesarrollo’. Si uno de esos trenes es muy rápido, el otro es de velocidad más reducida; por causa de eso, la distancia entre los dos aumenta progresivamente, pero no podemos olvidar que los dos avanzan en la misma dirección; es también necesario recordar que no faltan los esfuerzos para acelerar la velocidad del tren, relativamente menos rápido y que, de cualquier modo, dado el proceso de urbanización, los pasajeros del tren más rápido son cada vez más numerosos. En el ámbito del capitalismo, por el contrario, los dos trenes en cuestión avanzan en direcciones opuestas. La última crisis destaca un proceso en acción desde hace varias décadas: el aumento de la miseria de las masas populares y el desmantelamiento del Estado social se encuentran a la par que la concentración de la riqueza en manos de una restringida oligarquía parasitaria.”

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¿Es China un país socialista? (segunda parte)

A consecuencia de lo anteriormente dicho, en China hay un Estado con un carácter de clase obrero. Por ello, defiende los intereses generales de la clase obrera y del conjunto del pueblo, pese a todas las contradicciones que atraviesan a China.

Algunos alegarán que los capitalistas se han enriquecido en China. Pero es un hecho innegable que desde la Reforma y Apertura en 1979, la política del Gobierno chino se ha caracterizado por elevar constantemente el nivel de vida de la población. En la segunda entrega del análisis sobre el artículo de Vagenas, ya había ofrecido una serie de datos que lo demostraban sobradamente. Ahora dispongo de otros datos publicados recientemente que indican que entre 1990 y 2000, la renta per cápita en China se quintuplicó, pasando de 200 dólares a 1.000 dólares, y entre 2000 y 2010 volvió a crecer al mismo ritmo pasando de 1.000 a 5.000 dólares. Este progreso impresionante no ocurre en cualquier país.

Ahora, con la reciente aprobación del XIII Plan Quinquenal, el Gobierno chino se plantea reducir las desigualdades sociales mejorando la distribución de ingresos y aumentando “significativamente” los ingresos de la población con rentas bajas y medias.

El PCCh, que en sus estatutos se presenta como “destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación”, ejerce un papel dirigente en los rumbos de China, apoyándose en otros partidos patrióticos y en expertos o personalidades no comunistas, en el marco de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Se acepta e incluso se promueve la existencia de capitalistas, a condición de que contribuyan al desarrollo y al fortalecimiento del país, pero no están autorizados los partidos políticos en los que los capitalistas puedan organizarse como clase en sí.

El PCCh apoya en no pocas ocasiones las movilizaciones de la clase obrera en China y la actividad de los sindicalistas afiliados a la Federación Nacional de Sindicatos de China. Nótese por ejemplo que gracias al trabajo del PCCh, China es desde 2006 el único país del mundo donde la multinacional Wal-Mart ha tenido que aceptar secciones sindicales. Las asambleas de representantes de empleados y trabajadores son apoyadas por el PCCh, que fomenta la creación de comités del Partido en el sector no estatal – aunque los avances son costosos en este terreno – y formas de democracia obrera, aunque sea limitada, en las empresas estatales. También se han dado casos significativos en los que las fuerzas del orden han rechazado intervenir contra las luchas obreras.

Que el partido que defiende este tipo de políticas sea el partido gobernante en China tampoco es un detalle sin importancia. Probablemente, muchos se sorprenderán al leer declaraciones del Partido Comunista de China acerca de “apoyarse de todo corazón en la clase obrera para completar el sistema de administración democrática con la asamblea de representantes de los trabajadores como forma básica”.

El PCCh declara que su misión es servir al pueblo, y la prueba de que lo está haciendo es que goza de un notable apoyo popular. Según un estudio realizado por el “Pew Research Center” en 2012, el 83% de la población china se declaraba satisfecha con la situación económica del país – en los países de la UE sólo era del 16%. No está nada mal para un país donde “reina la miseria y la explotación que experimentan cientos de millones de trabajadores”, como dice Vagenas.

En China, los sectores estratégicos que controlan los aspectos esenciales de la vida económica están en manos del Estado: sector financiero, energía, metales ferrosos y no ferrosos, minas, sector de la construcción, petroquímica, telecomunicaciones, construcción naval, construcción aeronáutica, sector del automóvil, transporte, alimentación, distribución, producción farmacéutica, Defensa, etc.

El artículo 7 de la Constitución de la República Popular China dice que “el sector estatal de la economía, es decir, el sector económico de propiedad socialista de todo el pueblo, es la fuerza rectora de la economía nacional. El Estado asegura la consolidación y el desarrollo del sector estatal de la economía”.

No es fácil disponer de datos exactos en la actualidad, pero está claro que las empresas estatales siguen siendo las más rentables y las que más peso tienen en el PIB. Según datos de 2005, de las 500 mayores corporaciones en China, el 85% eran de propiedad estatal. De estas 500 empresas, las 10 más grandes eran de propiedad estatal y acumulaban el 47% del total de las ganancias. Desde 2005 esta situación no ha variado sustancialmente: de las 98 empresas chinas que figuraron en 2015 en la lista “Global 500” elaborada por la revista “Fortune” – que elabora cada año la lista de las 500 mayores empresas del mundo – 76 eran de propiedad estatal. Además, 4 de los 10 mayores bancos del mundo son bancos chinos de propiedad estatal.

Es igualmente muy difícil disponer de datos exactos sobre el porcentaje de propiedad pública en China, debido a la multiplicidad de formas de propiedad. Pero según el profesor Chen Zhiwu, de la Universidad de Yale, si sumamos la propiedad estatal, la propiedad colectiva y la propiedad mixta público-privada, en 2010 el Estado controlaba directa o indirectamente las tres cuartas partes de la riqueza de China.

Turismofobia, tu padre

Por Raúl Solís

Si denuncias que hay camareros cobrando 700 euros al mes por 12 horas de trabajo diarias, de las que sólo están dados de alta por 4 horas, es que odias el turismo; si denuncias que hay camareras de piso que acuden empastilladas a trabajar para poder limpiar 20 habitaciones diarias a 1’50 euros cada una, es que odias el turismo.

Si denuncias que los guiris borrachos se alojan en apartamentos ilegales y te vomitan en tu patio, es que odias el turismo; si denuncias que tu alquiler ha pasado de 500 euros al mes a 900, porque al casero le es más rentable alquilar la vivienda ilegalmente por días que por meses de manera legal, es que odias el turismo. Si denuncias que los antiguos pequeños comercios y bares de toda la vida de tu barrio ahora son franquicias donde pagan 700 euros al mes a los camareros con contratos parciales que se convierten en jornadas de sol a sol, es que odias el turismo.

Si estudiaste Turismo y estuviste viviendo en dos países varios años para perfeccionar tu nivel de idiomas y que ahora el hotel donde trabajas de recepcionista te paga 900 euros al mes, es que odias el turismo; si denuncias que estás harto de no poder salir de tu casa porque las manadas de turistas en fila india tienen bloqueado el portal de tu casa, es que odias el turismo.

Si denuncias que hay una burbuja turística que ha sustituido a la burbuja inmobiliaria, sostenida en bajos sueldos y expulsión de la población local de la ciudad, es que odias el turismo; si denuncias que es inmoral cobrar 100 euros por una habitación de hotel mientras se le paga 1’50 euros por limpiar una habitación a una camarera de piso o 700 euros al camarero que te sirve el desayuno, es que odias el turismo. Si denuncias que los beneficios del turismo, sector que no ha conocido la crisis y que aumenta anualmente sus beneficios en más de dos dígitos, se tienen que repartir de manera equilibrada entre trabajadores, empresarios y ciudades turísticas, es que odias el turismo.

Si denuncias que el turismo debe ser un sector de futuro y no sólo de presente, que los turistas merecen visitar sitios auténticos, con vida real, y no parques temáticos y que los habitantes locales merecen poder conjugar la vida en su ciudad con el turismo, es que odias el turismo. Si denuncias que un trabajador del sector turístico no puede disfrutar de una semana de vacaciones al año porque el salario que recibe no se lo permite, es que odias el turismo.

Es lo mismo que ocurría cuando se denunciaba que la burbuja inmobiliaria impedía que las familias normales pudieran acceder a una vivienda digna o que la construcción estaba destruyendo el patrimonio ambiental y el litoral de nuestro país. Los que lo odian todo, menos su deseo de acumular beneficios a costa de explotar recursos naturales, históricos y humanos, han encontrado en la “turismofobia” su palabra clave para no abrir un debate sereno y serio del que no podrán salir bien parados y que podría poner freno a su ansia desmedida por la acumulación de beneficios a costa de la salud de mujeres que acuden a trabajar drogadas para poder soportar los dolores que les producen mover carros de ropa sucia y limpiar 20 habitaciones en 4 horas. Turismofobia, tu padre.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 3)

Las ranas de la intelligentsia llevan tiempo croando con fuerza. Se pavonean y posan como si fueran los mejores atrapamoscas del mundo, pero no producen nada creíble en términos de análisis objetivos.

China tiene numerosos problemas sociales, económicos y estructurales, pero se enfrenta a ellos sistemáticamente. Los chinos están comprometidos con la mejora de su sociedad, su economía y su sistema político en sus propios términos. Intentan resolver problemas tremendamente complicados al tiempo que se niegan a sacrificar la soberanía nacional y el bienestar de su pueblo.

La política oficial estadounidense para enfrentarse a China como competidor capitalista mundial se basa en rodearla con bases militares y amenazar con perturbar su economía. Como parte de esta estrategia, los medios de comunicación y los supuestos “expertos” occidentales magnifican los problemas de China y minimizan los suyos propios.

A diferencia de China, EEUU se complace con obtener un crecimiento anual inferior al 2%. Los salarios llevan estancados desde hace décadas, el salario real y el nivel de vida se reducen. Los costes de la educación y la sanidad se disparan al tiempo que la calidad de esos servicios vitales cae espectacularmente. Aumentan los costes, el desempleo y los índices de suicidios y mortalidad de la clase trabajadora. Es absolutamente crucial que Occidente reconozca los impresionantes avances de China si desea aprender, copiar y fomentar un modelo similar de crecimiento y equidad. Es esencial que China y EEUU cooperen para promover la paz y la justicia en Asia.

Desgraciadamente, el anterior presidente Barack Obama y el actual presidente Donald Trump han escogido la vía de la confrontación y la agresión militar. Los dos mandatos de Obama muestran un historial de guerras fallidas, crisis financieras, aumento de la población reclusa y descenso del nivel de vida en todo el país. Pero todo el ruido que crean esas ranas, croando al unísono, no cambiará el mundo real.

NOTAS:

[1] El autor utiliza la expresión “crooked croakers” (croadores deshonestos) para hacer un juego fonético imposible de recrear en lengua castellana.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 2)

A pesar de estos impresionantes progresos objetivos, el coro de “ranas deshonestas” [1] sigue lanzando profusas predicciones año tras año sobre el deterioro y declive de la economía china. Sus análisis no se ven alterados por el 6’7% de crecimiento obtenido en PIB en 2016 sino que se aventuran a pronosticar para 2017 un “descenso” del crecimiento hasta el 6’6% como prueba del inminente colapso. Decididos a no verse disuadidos por la realidad, ¡el coro de ranas de Wall Street celebra animadamente el anuncio del incremento del PIB estadounidense del 1% al 1’5%!

China ha reconocido sus graves problemas medioambientales y está a la cabeza de los países a la hora de dedicar recursos (miles de millones de dólares, el 2% de su PIB) para reducir los gases de efecto invernadero. Sus esfuerzos exceden con creces los de EEUU y la UE.

Como el resto de Asia y EEUU, China necesita aumentar enormemente las inversiones destinadas para reconstruir sus infraestructuras decadentes o inexistentes. La República Popular China es la única de las naciones que ajusta o incluso excede sus crecientes necesidades de transporte, para lo cual destina 800.000 millones de dólares anuales a la construcción de autopistas, líneas de ferrocarril, puertos, aeropuertos, redes de metro y puentes.

Mientras EEUU ha rechazado tratados comerciales y de inversiones multinacionales con 11 países del Pacífico, China ha promovido y financiado tratados similares con más de 50 países de la región Asia-Pacífico (salvo Japón y EEUU), así como otros Estados africanos y europeos.

El Gobierno chino, bajo la dirección de su presidente Xi Jinping, ha lanzado una eficaz campaña a gran escala contra la corrupción que ha llevado a la detención o destitución de más de 200.000 empresarios y funcionarios, incluyendo algunos multimillonarios y altos cargos del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de China. Como resultado de esta campaña de ámbito nacional, la compra de artículos de lujo ha decaído considerablemente. La práctica de la utilización de fondos públicos para cenas exquisitas de 12 platos y el ritual de entrega y aceptación de regalos está en decadencia.

Mientras esto ocurre, a pesar de que Trump proponía “drenar la ciénaga” en su campaña política y del exitoso resultado en el referéndum del Brexit, ni en EEUU ni en el Reino Unido se ha puesto en marcha nada que se parezca remotamente a la campaña anticorrupción china, a pesar de los informes diarios sobre estafas y fraudes que implican a los 100 principales bancos del mundo anglo-estadounidense. La campaña anticorrupción china ha podido servir para reducir desigualdades y se ha ganado indudablemente el respaldo de los campesinos y los trabajadores chinos.

Los periodistas y académicos que suelen repetir como loros los argumentos de los generales estadounidenses y de la OTAN advierten que el programa militar chino es una amenaza directa a la seguridad de EEUU, Asia y el resto del mundo. La amnesia histórica emponzoña a estas ranas cantarinas. Olvidan que, tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU invadió y destruyó Corea e Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) matando a más de 9 millones de personas, tanto civiles como defensores. EEUU invadió, colonizó y neocolonizó Filipinas en los inicios del siglo XX, matando a un millón de habitantes. En la actualidad, continúa expandiendo su red de bases militares para rodear China. Recientemente trasladaron potentes misiles nucleares THAAD, capaces de atacar ciudades chinas e incluso rusas, a la frontera con Corea del Norte. EEUU es el mayor exportador de armas del mundo, y su producción de armas supera la producción y venta conjunta de los cinco siguientes mayores mercaderes de la muerte.

Por el contrario, China no ha atacado, invadido u ocupado unilateralmente ningún país en cientos de años. No ha colocado misiles nucleares en la costa o las fronteras de EEUU: de hecho, no cuenta con una sola base militar en el extranjero. Sus propias bases militares, en el Mar Meridional de China, tienen la función de proteger sus principales rutas marítimas de la piratería y la Armada de EEUU, cuyas provocaciones aumentan progresivamente. El presupuesto militar chino, que tiene previsto un incremento del 7% en 2017, sigue siendo menor que la cuarta parte del estadounidense.

Por su parte, EEUU promueve alianzas militares agresivas, apunta con sus radares y misiles guiados por satélite hacia China, Irán y Rusia, además de amenazar con arrasar Corea del Norte. El programa militar chino siempre ha sido, y continúa siendo, defensivo. Su aumento se basa en la necesidad de responder a las provocaciones de EEUU. El avance chino está basado en su estrategia de mercado global, mientras que Washington continúa implementando una estrategia imperial militarista, diseñada para imponer la dominación global por la fuerza.

El gran salto adelante de China: las ranas occidentales croan su desaliento (parte 1)

Por James Petras

Traducido por Paco Muñoz de Bustillo

Petras, JamesNotas previas a la lectura del artículo:

  1. Contrariamente a lo que dice el autor del artículo, China tiene desde hace pocos años una base militar en el extranjero, concretamente en Yibuti, que no tiene ninguna motivación agresiva sino asegurar los intereses chinos en la región. La causa principal a la hora de decidir la instalación de esta base fue la catastrófica experiencia de la “Primavera Árabe” en Libia, de donde tuvieron que ser rescatados 20.000 ciudadanos chinos.
  2. El THAAD no es un sistema de misiles nucleares, sino un sistema para derribar misiles balísticos nucleares de corto, medio y alcance intermedio.

Introducción

Desde sus lúgubres pantanos, los académicos y editorialistas de revistas financieras estadounidenses, los “expertos en Asia” de los medios de comunicación de masas y los políticos conservadores y progresistas occidentales croan al unísono el inminente colapso medioambiental chino. Sucesivamente, han proclamado que la economía china está en declive, que su deuda es arrolladora y está a punto de hacer estallar su burbuja inmobiliaria, que el país está plagado de corrupción y envenenado por la contaminación, que los trabajadores chinos están organizando huelgas paralizadoras y protestas en medio de una creciente represión, como resultado de la explotación y la pronunciada desigualdad de clases. Las ranas financieras croan que China representa una amenaza militar inminente para la seguridad de EEUU y de sus socios asiáticos. Otras ranas saltan de indignación: ¡los chinos amenazan ahora a todo el Universo!

Los “agoreros chinos” que ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio han distorsionado sistemáticamente la realidad y han fabricado cuentos extravagantes que en realidad reflejan sus propias sociedad.

A medida que sus falsas afirmaciones son refutadas, las ranas modifican sus cantos: cuando las predicciones de un colapso inminente no se materializaron, retrasaron los pronósticos de su bola de cristal un año o incluso una década. Cuando sus avisos de tendencias sociales, económicas y estructurales negativas resultaron falsos y las cifras seguían siendo positivas, sus ágiles dedos recalibraron la amplitud y profundidad de la crisis, citando “revelaciones” anecdóticas sacadas de una conversación con algún taxista o escuchadas en cualquier aldea.

Como los fracasos anunciados durante mucho tiempo no terminan de materializarse, los expertos “remodelan la información” y se cuestionan la fiabilidad de las estadísticas oficiales chinas.

Y lo peor de todo es que los académicos y los “expertos” occidentales sobre Asia intentan un “intercambio de roles”: mientras las bases y los navíos de guerra estadounidenses rodean progresivamente a China, los chinos se convierten en agresores y los belicosos imperialistas de EEUU se presentan a sí mismos como víctimas gimoteantes.

Este artículo pretende desmontar estas fábulas y esbozar un relato alternativo y más objetivo de la actual realidad política y socio-económica de China.

China: ficción y realidad

Una y otra vez leemos acerca de la economía de salarios bajos de China y la brutal explotación de su mano de obra, esclavizada por parte de oligarcas multimillonarios y aurotidades políticas corruptas. En realidad, el salario medio del sector manufacturero chino se ha triplicado en los últimos 10 años. Los trabajadores chinos perciben salarios muy superiores a los de los países latinoamericanos con una eventual excepción. Los salarios de los operarios de las fábricas chinas se aproximan actualmente a los de los países de movilidad descendiente de la Unión Europea. En ese mismo periodo, los regímenes neoliberales presionados por la UE y EEUU han recortado a la mitad los alarios en Grecia y reducido significativamente los ingresos de los trabajadores en Brasil, México y Portugal. Los salarios de los trabajadores en China superan actualmente a los de Argentina, Colombia y Tailandia. Aunque no son altos para los niveles de la UE o EEUU, en 2015 los salarios chinos se movían entorno a los 3’60€ por hora, lo que ha mejorado el nivel de vida de cientos de millones de trabajadores. Durante el período en que China triplicó el salario de sus trabajadores, los de sus homólogos indios se estancaron en 0’70€ por hora y los sudafricanos bajaron de 4’30 a 3’60€ por hora.

Este espectacular aumento salarial se atribuye en gran medida al aumento de la productividad, fruto de mejoras constantes en la sanidad, la educación y la formación técnica de los trabajadores, así como a la presión sostenida y organizada de los obreros y de la lucha de clases. La exitosa campaña del presidente Xi Jinping destinada a apartar de su puesto y arrestar a decenas de miles de funcionarios y jefes de fábrica corruptos y explotadores ha promovido el poder de la fuerza laboral. Los obreros chinos están cerrando la brecha con el salario mínimo estadounidense. Al índice de crecimiento actual, la brecha, que se ha estrechado de una décima a una mitad del salario mínimo en EEUU en 10 años, desaparecerá en un futuro próximo.

China ha dejado de ser exclusivamente una economía de salarios bajos, no especializada, de trabajo intensivo, plantas de ensamblaje y orientada a la exportación. Hoy en día, unas 20.000 escuelas técnicas gradúan a millones de trabajadores cualificados. Factorías de alta tecnología están incorporando la robótica a gran escala para reemplazar a los trabajadores no cualificados. El sector servicios está en pleno crecimiento para absorber la demanda del mercado interno. Al tener que hacer frente a un aumento de la hostilidad política y militar estadounidense, China ha diversificado su mercado de exportación, volviéndose hacia Rusia, la UE, el resto de Asia, América Latina y África.

Un pensamiento para Angola

Por Ernesto Gómez Figueredo

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Agostinho Neto pronuncia el discurso de independencia de la República Popular de Angola en 1975. (Granma, Archivo)

Hoy Angola se regocija con la llegada de la mayor celebración de su pueblo. Los habitantes de la nación africana festejan el histórico momento en que lograron romper las cadenas del colonialismo portugués cuando su primer presidente, Agostinho Neto, proclamó la independencia en la Plaza Primero de Mayo, actual Plaza de la Independencia, hace ya 41 años.

Luego de aquella victoria, el Estado y el pueblo han encaminado su política a consolidar el desarrollo de la nación y lograr mayor prosperidad para todos sus ciudadanos.

Este es un día que marca con orgullo la vida de cada habitante de Angola y todo el continente, pues representa la conquista de la libertad y el derecho de trazar un destino propio como nación soberana, después de un período de casi 500 años de colonización y 14 años de lucha armada para lograr la independencia nacional.

Con motivo de esta celebración, la embajada de ese país acreditada en La Habana envió mediante un comunicado un saludo a las internacionalistas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) cubanas, quienes animados por los ideales de libertad y justicia social, lucharon junto a los angolanos e impidieron que la dignidad de ese pueblo fuese destruida por fuerzas extranjeras.

“En el marco de estas celebraciones queremos enaltecer el proceso de lucha por el desarrollo social, político y económico de Angola y el significado histórico de las relaciones de amistad y cooperación entre nuestras naciones, coincidiendo también con el 41º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, que son sólidas en todos los ámbitos”, expresa el comunicado.

Angola: 41 años de independencia

Angola vive hoy día un nuevo ciclo en su Historia. Es importante resaltar los logros alcanzados por el país en los más diversos campos después de finalizada la guerra contra el colonialismo que truncó miles de vidas, destruyó infraestructuras importantes y, consecuentemente, atrasó su desarrollo.

Con una nueva Constitución aprobada en 2010 se le otorgó una fuerza legal a los derechos fundamentales, ampliando el marco de los derechos socio-económicos y creando mejores mecanismos de defensa, dando mayores garantías a los ciudadanos para defender sus intereses.

Si analizamos los últimos 15 años donde Angola no solamente terminó con un conflicto militar, sino que construyó también un gran programa de integración e inserción de la población excluida, hoy se puede decir que de hecho ha habido avances.

El Gobierno angolano tiene programas encaminados a la reducción de la pobreza, que se centran en la atención a la mujer y la juventud, que constituyen en sentido general políticas que integran varias categorías socio-profesionales.

Además, al mismo tiempo que se construyen y rehabilitan importantes infraestructuras, se brinda especial atención a los programas de Educación y Sanidad.

Se ha elevado el número de niños y niñas con acceso gratuito a la enseñanza, y ese desafío ha estado acompañado de la formación de profesores y la construcción, en todos los rincones del país, de escuelas de todos los niveles.

Por tanto, Angola es hoy un país en movimiento con una juventud cada vez más especializada y donde tanto las mujeres como la infancia cuentan con unos derechos protegidos y consolidados.

La diversificación de la economía se halla en un proceso de cambio acelerado y varios analistas coinciden en que dentro de unos pocos años, Angola podría lanzarse como país exportador de productos agro-industriales.

Cuba y Angola: 41 años de amistad

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Un nuevo proyecto trajo a la antigua Bahía de Luanda – capital de Angola – infraestructuras viales modernas, espacioes verdes y áreas culturales, deportivas y comerciales. (Reuters)

Las relaciones entre Cuba y Angola son de larga data, ya sea desde el punto de vista político, diplomático, económico, militar y/o social.

Hoy ambas naciones poseen varios proyectos bilaterales en curso, díganse programas de cooperación en áreas como la sanidad, la educación, la enseñanza superior, la electricidad, la construcción civil, los recursos hidráulicos o la pesca.

En materia de enseñanza superior, la República de Angola tiene en las diferentes casas de altos estudios de Cuba a 2.386 estudiantes que cursan diversas licenciaturas, sobresaliendo 1.185 en Medicina General y 165 en Pedagogía.

Actualmente, sobre la base de la cooperación existen 3.023 cubanos que prestan servicio en sectores sanitarios de las 18 provincias de Angola. Esta es una relación profunda y diversificada.

En materia de relaciones diplomáticas y políticas existe sincronía en términos de candidaturas y discusiones en foros y plataformas internacionales, como la lucha internacional contra el terrorismo y las redes criminales, el lavado de dinero, el tráfico de seres humanos y la erradicación de las epidemias.

Angola de cara al futuro

El pueblo y el gobierno de Angola mantienen un espíritu de renovación y continuidad con objetivos específicos en consolidar la paz, fortalecer la democracia y preservar la unidad y cohesión nacional luego del conflicto civil y armado que se extendió entre 1975 y 2002.

Ahora transcurre una nueva etapa en la Historia de Angola, que promueve el desarrollo de la sociedad participativa y responsable mientras deberá asegurar la inclusión política de todos los ciudadanos sin discriminaciones.

Convendrá a la Angola de hoy encontrar una forma sostenible de continuar edificando un Estado democrático y de derecho, fuerte, moderno y regulador de la vida económica y social, a la vez que promueva el desarrollo y diversificación de la economía nacional, reduciendo las desigualdades.

Es imperativa la creación de empleos remunerados y productivos, elevando la calificación de los obreros y su productividad.

Angola hoy aúna esfuerzos por garantizar el desarrollo armonioso de un territorio vasto mientras promueve el fortalecimiento de su rol en el contexto regional e internacional.

Estas son las máximas y deberes de este pueblo, que ha sido artífice de su Historia, que cuenta con la fuerza y conciencia patriótica para hacer de Angola una nación cada vez más grande, no física o territorialmente, sino en valor y coraje de cara a un futuro que se muestra prometedor.