La trampa envenenada del tópico: conciencia nacional y de clase en Andalucía

Recientemente, la conocida empresa de gestión de recursos humanos (ETT) “Adecco” hacía público un informe sobre absentismo laboral en el que destacaba que durante 2018 un total de 735.000 trabajadores no habrían acudido ningún día del año a su puesto de trabajo, lo que suponía un incremento de 52.000 personas respecto a 2017. La tasa de absentismo habría crecido en un 5’3% en 2018, frente a un crecimiento del 5% en 2017. El informe añadía que la tasa de absentismo se habría situado en un “nivel histórico” desde 2009.

Más allá de fríos datos que ocultan las causas del absentismo y que de alguna manera pretende culpabilizar a los trabajadores/as y apretar las ya de por sí apretadas tuercas de la clase obrera, están las causas de ese absentismo: accidentes y enfermedades, la salud de muchísimas personas que se deteriora – la mayoría de las veces por causas laborales, esto es algo que el propio informe recoge – o la necesidad de conciliar vida laboral y familiar.

No olvidemos que, según dicho informe, el coste del absentismo laboral en 2018 alcanzó la cifra de más de 85.000 euros. Conviene no olvidarlo, como no lo olvidan quienes han elaborado el informe.

La cuestión es que esos datos concretados por territorios del Estado Español ha sido noticia: Andalucía se situaba como el segundo territorio del Estado, tras las islas Baleares, con la tasa más baja de absentismo laboral, frente a las tasas más altas situadas en la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral de Navarra. Rápidamente, fueron muchas las personas, trabajadoras y trabajadores andaluces, que creyeron ver la refutación definitiva del tópico y del estereotipo nacionalista español respecto a los andaluces y andaluzas. Los números, que nunca mienten, nos daban la razón: no somos un país de vagos y holgazanes, de subvencionados y estómagos agradecidos que se gastan el dinero en los bares de tapas y cervecitas, un país de personajes atrapados en un bucle de romerías y ferias que no termina nunca, no, somos un pueblo laborioso y trabajador, y a continuación, venían los típicos argumentos que, como autodefensa frente al insulto y al desprecio del nacionalismo español, la clase obrera andaluza ha ido elaborando históricamente sobre la dureza de trabajar en el campo o de cómo los trabajadores andaluces hemos contribuido al poderío industrial de otras zonas del Estado Español como Catalunya o Euskal Herria; o de Europa, como Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, etc.

Evidentemente, el tópico se rompía, pero es más, en otros informes anteriores a éste sobre absentismo laboral, el tópico había quedado ya desmentido. La cuestión es lo que no plantea ese informe y todas las noticias que han aparecido sobre esos datos y es por qué, es decir, ¿por qué en Andalucía hay una menor tasa de absentismo laboral? Nadie habla del tema. Los medios de comunicación destacaban lo anecdótico del tema, cuando – insistimos – no es el primer informe que afirma la baja tasa de absentismo laboral en Andalucía, mientras, la clase obrera andaluza que se ha hecho eco de la noticia veía por fin desmentido el tópico y limpiada su imagen.

El propio informe de “Adecco” reconocía que el absentismo laboral estaba motivado fundamentalmente por las bajas por enfermedad, ya tenemos una pista: los trabajadores andaluces se dan menos de baja y concilian menos, añadimos. Si tomamos esta vía habrá que preguntarse por qué nos damos de baja y conciliamos menos, lanzamos una hipótesis: porque no nos lo podemos permitir. Sigamos, ¿y por qué no nos lo podemos permitir? Apuntamos tres motivos: a) la extensión de unas relaciones laborales precarias; b) un “modelo productivo” que las propicia y las facilita; c) la debilidad del movimiento sindical, o más, la falta de referentes sindicales combativos, salvo excepciones. Podríamos apuntar un cuarto motivo: la normalización de una “cultura empresarial” en Andalucía caracterizada por el autoritarismo, pero esta cuestión es mucho más escurridiza y difícil de analizar.

Siguiendo con estos planteamientos es lógico que si tenemos en cuenta los tres motivos expuestos, la tasa de absentismo sea la que es en Andalucía. El miedo a ser despedido en un marco de relaciones laborales precarias, de paro y marginación, en definitiva, en un marco en el que tener un empleo – aunque sea precario y aunque no garantice no caer en la exclusión – es vital, para al menos sentir o percibir la integración social. Para “Adecco”, evidentemente, el análisis de los diferentes marcos sociales y económicos y su relación con las tasas de absentismo no es algo a tener en cuenta, pero si cogemos el mapa salta a la vista: a mayor exclusión y marginación social, menor tasa de absentismo, y viceversa, salvo excepciones que evidentemente confirman la regla. Tampoco para “Adecco” es importante estudiar cómo la presión de un ambiente precario influye en las trabajadoras y trabajadores para ir a trabajar estando enfermos o no conciliar.

Que Andalucía es “campeona” – como se llegó a calificar en un informe de CCOO Andalucía o el propio banco “BBVA” el año pasado – en precariedad laboral no solo en el Estado Español, sino en Europa, es un hecho probado. Informes sobre la precariedad laboral en Andalucía y cómo ésta es un rasgo del “mercado laboral”, abundan. Al respecto, queremos llamar la atención sobre una cuestión: la costumbre de reducir en dichos informes la precariedad únicamente a la temporalidad o a los contratos a tiempo parcial: también hay fijos a tiempo completo en precario, es decir, en situaciones de una indefensión y vulnerabilidad absoluta en su relación con el empresario, con sueldos precarios, con precarias condiciones de seguridad laboral, etc.

La relación entre la precariedad laboral y los “modelos productivos” desarrollados en los diferentes territorios del Estado Español está igualmente bien estudiada. Sectores como la agricultura, la hostelería, el comercio o la construcción destacan por emplear en precario, especialmente a mujeres y jóvenes. Ni que decir tiene que esos sectores destacan en la economía andaluza y emplean al grueso de la clase obrera andaluza.

Por último, la falta de un gran referente sindical combativo en Andalucía completa el cuadro. Salvo excepciones como las del SAT, CGT, CNT o la de otros sindicatos combativos, la hegemonía del sindicalismo de gestión y concertación de CCOO y UGT es aplastante; por otro lado, el “modelo productivo” implementado en Andalucía ofrece un marco en el que incluso el sindicalismo de CCOO y UGT tampoco consigue organizar a importantes sectores de trabajadores y trabajadoras que están prácticamente abandonados y desconectados de cualquier referente sindical. Ni que decir tiene que un sindicalismo de clase y combativo supone un respaldo importante a la hora de ejercer derechos efectivamente y evitar abusos, y como en el caso que nos ocupa, poder disfrutar de una baja por enfermedad o conciliar con garantías de no sufrir represalias.

Todos estos elementos confluyen en una verdad incómoda para el españolismo de izquierdas en sus diferentes expresiones, como es la relación entre conciencia de clase y conciencia nacional andaluza. Decía Carlos Arenas Posadas en “Poder, economía y sociedad en el Sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz” que las popularizadas consideraciones de Ortega y Gasset (“Teoría de Andalucía”) sobre la “pereza andaluza” se dio en un momento especialmente conflictivo, en un momento de especial auge de organización y lucha del movimiento obrero andaluz; con ironía, pero con certeza, Arenas Posadas destacaría que la holgazanería en Andalucía era – y es, añadimos por nuestra parte – cosa de la burguesía. Nada es casual, el nacionalismo español ha construido un relato sobre Andalucía y los andaluces que hemos interiorizado; hemos interiorizado tanto el cómo nos ven que no somos capaces de vernos como realmente somos, tanto en el pasado como en el presente. Es esa interiorización del tópico, utilizando este informe de “Adecco” sobre tasas de absentismo laboral para negarlo, lo que nos impide ir más allá y analizar las causas, los porqués, quedándonos en lo anecdótico.

Es frecuente en sectores de la izquierda soberanista andaluza teorizar sobre estas cuestiones pero no tanto sacar conclusiones políticas al respecto: que la alienación cultural tiene una función política, de dominación y sometimiento. No podemos contemplar lo nacional, en este caso la opresión nacional, como exclusivamente una construcción cultural, sino como algo más global, dentro del inevitable marco de la lucha de clases. No se trata de calles que discurren paralelas y que en un momento dado se cruzan, se trata de concebir la lucha de clases como el propio trazado urbano por el que discurren las calles.

La verdad incómoda para las diferentes expresiones de la izquierda españolista es evidente: existe un marco nacional andaluz de lucha de clases, no atenderlo significa renunciar a jugar un papel político determinante en la organización y en la lucha de la clase obrera andaluza. Plantear medidas aisladas e inconexas, como “cambiar el modelo productivo” pero sin aspirar a un modelo político propio y soberano para implementarlo, como ya escuchamos en la campaña electoral andaluza en diciembre de 2018, es un brindis al sol; igualmente, negar el hecho nacional andaluz en aras de un “internacionalismo proletario” abstracto, que niega las realidades concretas y no las analiza, es simplemente un suicidio político, un aborto de transformación social no ya revolucionaria, sino también progresista.

Por último, existe otra verdad incómoda, y es el nacionalismo y el chovinismo de la izquierda españolista que acepta tópicos y estereotipos sobre Andalucía, que solo ve la paja en el ojo ajeno – especialmente cuando ese alguien es catalán – pero no la viga en el propio.

Por Antonio Torres

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EEUU vs República Popular China: “guerra comercial”, disputa geopolítica

En el marco de la confrontación global entre unipolaridad y multilateralismo, el imperialismo intensifica su política agresiva sobre la República Popular China y sus aliados. El problema es que enfrente tiene a un coloso, amigo del desarrollo de los pueblos y locomotora de un nuevo orden mundial.

Un cargamento con 68 toneladas de medicamentos enviado por la República Popular China llegó el pasado 28 de mayo a Venezuela, como parte de los acuerdos de cooperación entre ambos países. Caracas ha recibido hasta ahora 269 toneladas de medicamentos e insumos sanitarios por parte del Gigante Asiático. Uno de los principales objetivos del imperialismo es hacer efectiva la tan mentada “crisis humanitaria” en la República Bolivariana de Venezuela.

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En los últimos 8 años, el intercambio comercial entre China y América Latina aumentó 22 veces, excediendo los 280.000 millones de dólares en 2017. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) posicionan al país asiático como el segundo socio comercial más importante para la región, y el primero para América del Sur, suplantando a EEUU.

En 2013 el presidente Xi Jinping anunció el proyecto conocido como Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que contempla el fortalecimiento de infraestructuras, comercio e inversiones entre China Popular y aproximadamente 65 países (en particular de América Latina, Asia y África) involucrando al 62% de la población mundial y el 75% de las reservas energéticas conocidas. El desarrollo económico, militar y tecnológico de la República Popular China constituye la principal amenaza a la debilitada hegemonía de EEUU.

Tras varios meses de negociación, Trump informó a través de un tuit que a partir del 10 de mayo de 2019 elevaría los aranceles del 10 al 25% sobre importaciones chinas valoradas en 200.000 millones de dólares. China respondió con impuestos más altos a una serie de productos estadounidenses (fundamentalmente agropecuarios) valorados en 60.000 millones de dólares a partir del 1 de junio.

“Huawei” y cuestión de fondo

Con las últimas medidas de los EEUU, “Huawei Technologies” pasó de la lista negra al veto de los servicios y aplicaciones que provee “Google”, bajo petición y acuerdo con Washington. Desde el punto de vista de la Casa Blanca, la acción está fundamentada en la “seguridad nacional”. Sin embargo, resulta obvio que la trama se debe a la ventaja tecnológica que tiene China sobre su principal competidor.

El auge de China como potencia económica pone en riesgo los postulados de “America First” de Trump. Desde principios de 2017, han entrado en una fase de competencia estratégica que llegó para quedarse y no es casual que “Huawei” sea hoy su principal amenaza. Según analistas, el motivo parece resumirse en tan solo una letra y un número: 5G.

La quinta generación de telefonía móvil – tecnología impulsada por “Huawei” – se ha convertido en la nueva “arma de destrucción masiva” en la guerra declarada por Trump a China, según el diario español “El País”. Los EEUU parecen no tolerar que sea el gigante tecnológico asiático el que lidere la nueva propuesta, que ampliará el espectro de interconexión y facturará, según estimaciones, unos 11.000 millones de dólares en 2022. El presidente estadounidense ya lo dejó claro el pasado mes de abril: “El 5G es una carrera que ganaremos”. Aseguró también que su país no podía dejar que otras potencias pudieran competir en este mercado.

Pero nada frena a “Huawei”. Recientemente, el jefe de la Divisón de Consumo de la empresa asiática dijo que el sistema operativo propio de la compañía estará listo en otoño para usarse en China y el próximo año en el resto del mundo. Informes citados por “RT” señalan que el “Hongmeng”, sistema operativo que “Huawei” está desarrollando – nombrado así en honor a un personaje de la mitología china – actualmente se encuentra en fase de pruebas y se espera que sustituya al sistema de “Google” de forma gradual.

“Huawei” se sigue enfrentando a un bloqueo que demuestra cómo gran parte de la tecnología que el mundo usa día a día está relacionada de alguna manera con EEUU. La “SD Association”, consorcio internacional de la industria de fabricantes de tarjetas de memoria SD y MicroSD, retiró a “Huawei” de la lista de compañías que pueden utilizar este estándar de unidades de memoria, lo cual podría quitarle a la compañía china el derecho a emplearlas en sus dispositivos. Previsoramente, en octubre de 2018, “Huawei” había presentado la nueva NM card (“Nano Memory Card”), con la cual buscaban sustituir a las MicroSD. Estas tarjetas son más pequeñas y con velocidades de transferencia de hasta 90 MB/s, demostrando que está preparada para cualquier escenario. A esto se suma el bloqueo a la “Wi-Fi Alliance”, encargada de establecer los estándares para el uso de la tecnología inalámbrica y cuyos miembros incluyen a “Apple”, “Qualcomm”, “Broadcom” e “Intel”.

“La China de hoy no solo es la China de China. Es la China de Asia y la China del mundo. En el futuro, China adoptará una posición aún más abierta para abrazar al mundo, afirmó días atrás el camarada Xi Jinping. Con paciencia oriental y la sonrisa de la Gioconda, diría Fidel, el gigante socialista avanza.

FUENTE: Partido Comunista (Congreso Extraordinario)ç

¿Es China imperialista?

arton31393El término “imperialismo” está hoy bastante devaluado y se confunde a menudo con conceptos más antiguos como “expansionismo” o simplemente “Imperio”. Por ejemplo, el Imperio Romano era efectivamente un territorio bajo control político compuesto por regiones avasalladas en el marco del modo de producción esclavista. Igualmente, los imperios feudales como el Sacro Imperio Romano Germánico o el Imperio Otomano oprimieron a los pueblos europeos o africanos durante toda la Edad Media antes de desaparecer ante las embestidas de las fuerzas nacionales contemporáneas que surgieron con el desarrollo de la clase burguesa. Estas formas políticas de dominación pudieron existir en todos los continentes y bajo numerosos modelos de producción distintos.

No obstante, hay una forma del todo específica del desarrollo capitalistas, que para los marxistas-leninistas representa su “fase superior”, y que se llama imperialismo. Éste supone, efectivamente, como las formas precedentes, guerras inter-imperialistas por el reparto de los territorios colonizados o neocolonizados y dependientes, y también representa una fase de desarrollo que históricamente sólo han alcanzado los capitalismos de Europa, América del Norte y Japón, mediante un largo proceso de acumulación del capital nacional, mostrando signos cada vez más agudos de límites de absorción del mercado interior y la necesidad de exportar los capitales fuera de las fronteras en territorios a la vez consumidores y explotables en mano de obra y en recursos.

Existe una definición sencilla del concepto marxista-leninista de imperialismo, resumido por la pluma de Lenin:

“El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los cárteles internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.”

V. I. Lenin; El imperialismo, fase superior del capitalismo

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Evolución del salario medio en China (en rojo)

Aquí hay que hacer una primera observación: China, por muy “abierta al desarrollo del capitalismo privado” que sea, sigue poseyendo en su sector estatal los mayores bancos nacionales. El Banco Popular de China sigue siendo el “banco central” del país, controlado directamente por el Estado (contrariamente al Banco Central Europeo, por ejemplo, que es totalmente privado), y los otros 4 grandes bancos, que siguen estando dedicados al financiamiento específico y orientados hacia sectores determinados según lo que marquen los planes gubernamentales, cotizan en bolsa pero siendo siempre controlados por el Estado chino (que posee la mayor parte de las acciones). Por lo tanto, estamos lejos de la hipertrofia vertiginosa del capitalismo financiero salvaje de los EEUU o de la Unión Europea, por ejemplo, en lo que respecta a la fase del desarrollo. Por otra parte, hay que apuntar que en China el propio sector público sigue representando el 25% de la economía nacional – aunque para el FMI sea “deficitaria”, es decir, “costosa”, esta parte pública es financiada voluntariamente por el Estado gracias al desarrollo paralelo del capital privado, muy “rentable”.

Una segunda observación: la cita de Lenin precisa hábilmente que exportar capitales (y por supuesto este es el caso de China en los demás continentes) no “basta” para hacer que un país sea imperialista. Aún hace falta que esta exportación de capitales se convierta en dominante en la economía nacional, y sin embargo aún estamos lejos de las exportaciones gigantescas de capitales que determinan las actuales guerras de rapiña imperialistas en los territorios más jugosos en recursos energéticos, etc. En primer lugar, el mercado interior chino se ha desarrollado tanto – en gran parte por la reabsorción acelerada de la pobreza china – que la producción nacional no alcanza aún en su territorio los límites nacionales que han obligado a los carroñeros de los EEUU y de la UE a “repartirse el pastel mundial”.

Además, los acuerdos económicos entre – por ejemplo – los países africanos y China no han adoptado las formas tomadas históricamente por los imperialistas y colonizadores. Efectivamente, la frontera es notoriamente tenue en este tipo de acuerdos de nuevo tipo, entre exportación de capitales y ayuda al desarrollo. Décadas de ocupación colonial de los países africanos – principalmente por Francia y el Reino Unido – han alimentado a las grandes empresas metropolitanas sin proporcionar jamás a los países avasallados las infraestructuras necesarias para su propio desarrollo. Por ejemplo, se encontrarán hoy junglas africanas sin ninguna ruta asfaltada… ¡pero jalonadas por postes para alimentar la red de “recargas telefónicas” de Orange! En cambio, las obras chinas en estos mismos países desarrollan directamente la economía nacional (carreteras y autopistas, grandes complejos hospitalarios, edificios y estructuras urbanas, infraestructuras que permiten la explotación de nuevos recursos energéticos…) y prevén con la mano de obra local una transferencia tecnológica y de competencias progresiva que interesa evidentemente a los países neocolonizados y bloqueados en su desarrollo por el neocolonialismo y por la deuda con los EEUU o los países imperialistas de la UE.

Finalmente, no hay que olvidar que una parte importante del PIB chino es realizado por empresas privadas extranjeras. Según el razonamiento mecánico según el cual China estaría a la cabeza de los países imperialistas, ¡entonces también está a la cabeza de los países más penetrados por el imperialismo extranjero! No obstante, en este punto, las obras extranjeras que se han instalado en China emplean progresivamente cada vez más a ingenieros y técnicos chinos, lo que permite al país desarrollarse rápidamente mediante una transferencia de tecnología planificada por el Estado.

Por lo tanto, China está económicamente propulsada hacia adelante, con tasas de crecimiento muy importantes (en comparación con las tasas de crecimiento de los países imperialistas, en crisis estructural desde hace tantas décadas) mediante el desarrollo de un capitalismo privado aún dominado por el Estado (capitalismo de Estado) bajo la forma de co-empresas, pero esto no quiere decir que se haya convertido en un país imperialista. No hay que confundir “exportación de mercancías” y “exportación de capitales”: China es uno de los países más industrializados del mundo y, por lo tanto, de los más exportadores en términos de balanza comercial, pero está cada vez más orientada hacia su mercado interior; por lo tanto, es potencialmente uno de los países menos “forzados” a exportar sus capitales dominando a sus vecinos.

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Inversiones Directas Extranjeras (IDE) en China hacia África (en negro) e IDE totales en China (en gris). Se comprueba que las exportaciones de capitales chinos hacia África siguen siendo marginales en comparación con las inversiones hechas hacia otros países – y notablemente en la Unión Europea.

La exportación violenta de capitales por el imperialismo se ha acompañado siempre de un “seguro” militar de las vías comerciales concernidas, y ello desde las primeras transnacionales holandesas en el siglo XVII (por lo tanto, bajo un capitalismo aún muy lejos de alcanzar la fase imperialista desde el punto de vista marxista). ¡Aquí se puede subrayar aún la extrema “timidez” de la seguridad geoestratégica china (que sólo tiene una base militar, en Yibuti) frente a la constelación alucinante de las bases militares de EEUU, Francia y demás en todos los continentes del planeta! Incluso India está construyendo una base militar en el archipiélago africano de las Seychelles: ¿se hablará pronto de un imperialismo indio que molesta “nuestros” intereses?

Existe una diferencia muy clara entre un Estado anti-imperialista que sale del feudalismo, que se desarrolla y se enriquece para sacar – y ello es innegable – a un pueblo extremadamente numeroso y diverso, y un Estado imperialista que para incrementar los dividendos de las finanzas salvajes es capaz de cualquier cosa para alcanzar sus fines, incluyendo librar guerras de sumisión o de anexión en todos los continentes. Para uno, los derechos sociales y las conquistas sociales, adquiridas con la fase de consolidación socialista antes del derrumbe de la Unión Soviética, son garantizados constitucionalmente, y el impacto del capitalismo privado es minimizado sin cesar por el papel preponderante del Estado en el terreno social. Para el otro, estos mismos derechos, concedidos por una patronal atemorizada durante un tiempo por la solidez del campo socialista después de la guerra, se reducen sin cesar a medida que las todopoderosas finanzas se enseñan en su huida hacia adelante para maximizar la tasa de beneficio mediante la guerra, el retroceso de los derechos democráticos y la explotación económica.

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Evolución de la tasa de pobreza en China (porcentaje de la población que vive con menos de 1’25$ al día)

Por lo tanto, basta con examinar el lugar y el papel del Estado bajo la dirección del Partido Comunista de China en la economía, su control sobre el comercio exterior, sus esfuerzos por reformar las instituciones de Bretton Woods (el FMI, el Banco Mundial, la OMC), su estrategia de “cesta de monedas incluyendo el yuan” contra el dólar y la máquina de hacer billetes de EEUU para reducir la dependencia monetaria y su trabajo por establecer alianzas y cooperaciones económicas alternativas a la “globalización capitalista” bajo hegemonía estadounidense (el BRICS, Consenso de Shanghai vs. Consenso de Washington, etc.) para concluir que China es la protagonista de una alternativa anti-imperialista que consiste en reorientar las armas de los imperialistas contra ellos mismos.

Esta táctica de China debe ser estudiada y comprendida como el resultado de una lectura de la correlación de fuerzas surgida tras la derrota del campo socialista que ha reducido a los supervivientes a definir una política y una estrategia de erosión progresiva de la dominación secular del imperialismo en el mundo, al tiempo que prepara los combates defensivos finales que siguen siendo inevitables.

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Las inversiones de capitales en África de 2003 a 2013: la fantasía de la supuesta “Chináfrica” (rodeado en rojo, China)

Capitalismo de Estado bajo el capitalismo y bajo el socialismo

La Constitución de la República Popular China considera al sistema económico nacional como una imbricación del sector socialista, capitalista de Estado y capitalista privado. Pero el término “capitalismo de Estado” es desde el siglo XIX objeto de controversia: el padre del anarquismo, Bakunin, ya consideraba el socialismo propuesto por Marx como “una forma de capitalismo de Estado”. La “oposición obrera”, camarilla izquierdista de los primeros años del poder soviético, animada en particular por Trotsky, acusaba a la URSS de adoptar “un giro hacia el capitalismo de Estado”. Y hoy se encuentra a muchos comentaristas occidentales acusando al Estado chino de sustituir a la burguesía para convertirse en capitalista “como las demás potencias imperialistas”.

No obstante, el capitalismo de Estado es una forma económica que nunca es “pura” en un sistema económico y se corresponde concretamente con la nacionalización de las principales empresas del país. La existencia de un sector público, que es en sí mismo una pérdida de beneficio para los ávidos especuladores y así aumentar los precios, destruyendo los derechos de los trabajadores, es una opción que en sí no tiene significación fuera de su contexto histórico: los EEUU de Franklin D. Roosevelt se vieron obligados a adoptar temporalmente tal sistema (el “New Deal”) después de la catastrófica crisis de la década de 1930. El propio III Reich nacionalizó los sectores de la economía alemana para preparar al país para la guerra, durante la cual el capitalismo salvaje pudo expandirse sobre nuevas bases.

La URSS de Lenin dejó desarrollarse un sistema mixto (bajo control político obrero) durante la NEP, para permitir así la ruptura definitiva con el feudalismo y acumular las riquezas suficientes para sentar las bases del socialismo, lo que era entonces considerado como un “retroceso táctico” indispensable. Después de la guerra, también hubo muchas nacionalizaciones en Francia, fruto de una necesidad de reconstrucción del país (cosa de la que el capitalismo liberal es incapaz por definición) y de una correlación de fuerzas favorable en la lucha de clases.

Así, el capitalismo de Estado es una opción compleja, de naturaleza antiliberal (del cual uno de los aspectos puede ser keynesiano en los países capitalistas), y cuya orientación política depende de la correlación de fuerzas en la lucha de clases, de las necesidades históricas y materiales, de la clase en el poder, así como el estado de la crisis capitalista mundial, destructora masiva de fuerzas productivas. Es en este sentido que hay que comprender el capitalismo de Estado del sistema económico chino, que en ausencia de un campo socialista amplio en estas últimas décadas, se corresponde con un “retroceso necesario” (como la NEP de Lenin pero con variantes evidentes de forma, amplitud y duración), permitiendo a China perseguir en el plano económico su salida definitiva del Estado feudal inicial y colonial en el interior; al mismo tiempo que desarrolla acuerdos con los Países del Sur que permiten a estos últimos escapar hasta cierto punto del mundo unipolar impuesto por las viejas potencias imperialistas en crisis.

Por “Cercle Henri Barbusse”

La cooperación económica entre Rusia y China, la OCS y el cambio climático global

El Foro Económico Oriental del pasado año 2018, celebrado en Vladivostok (Rusia), contó con la habitual cobertura desdeñosa, si es que existió, de los principales medios de comunicación anglosajones. Visto a través de las burbujas especulativas, no reguladas y febriles que han definido lo que pasa en las finanzas globales del siglo XXI tanto en Nueva York como en Londres, el lento pero constante y enorme desplazamiento hacia la consolidación y la cooperación industrial y de recursos entre Beijing y Moscú está ocurriendo a un paso demasiado lento para captar la imaginación occidental que sufre del síndrome de déficit de atención. Este hecho de no comprender la escala de lo que está pasando es como la fábula de Esopo sobre la tortuga y la liebre. Mientras los dirigentes políticos occidentales, estrategas y financieros piensan en los horarios de los programas de noticias, los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping están pensando en términos de décadas y generaciones.

Dirigentes políticos y comentaristas occidentales creen que la cooperación económica entre Rusia y China ya ha fracasado y que nunca podrá tener éxito porque avanza lentamente. No logran entender que se está moviendo de manera consistente y constante en la misma dirección. Lo que rusos y chinos están haciendo es integrar la dimensión de la seguridad estratégica de la altamente exitosa y ahora bien establecida Organización para la Cooperación de Shanghai (OCS) con la dimensión de las inversiones económicas de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, impulsada por la República Popular China.

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Vladimir Putin y Xi Jinping, presidentes de Rusia y China, se saludan durante una visita oficial del mandatario ruso al Gigante Asiático.

Esto se podría comparar con el muy promocionado éxito de las iniciativas combinadas del Plan Marshall y la OTAN, creadas por EEUU a finales de la década de 1940 para integrar a toda la Europa Occidental bajo su dirección y control.

Sin embargo, las iniciativas de la OCS y la cooperación económica entre Rusia y China están en una escala mucho mayor y no exigen una estrecha integración de las naciones, con el corazón de Eurasia como en rígida fila india micoradministrada. Esa es la parte más atractiva del esquema. Una de las acciones donde la OCS ha tenido éxito durante los últimos 17 años es haber garantizado la paz y la seguridad para todos sus Estados miembros, que se extienden a través de Eurasia. El contraste con las interminables guerras que EEUU está librando – e incluso provocando – a través de Asia del Sur, Medio Oriente y África del Norte, esto es, la periferia del mundo euroasiático, no puede ser más evidente.

La OCS dio este año otro gigantesco paso hacia el mantenimiento de la paz en Asia cuando India y Pakistán (enemigos aparentemente irreconciliables durante décadas, que incluso se han llegado a amenazar mutuamente con armas nucleares) se convirtieron a la vez en miembros del organismo. Este movimiento va a generar enormes y altamente positivas inversiones, así como ramificaciones económicas junto a la seguridad.

Incluso el cambio climático global está ahora desempeñando un papel de rápido crecimiento e impulsa enormemente las comunicaciones y la consolidación industrial de las principales naciones de Eurasia. El cambio climático está desbloqueando los recursos de Siberia y de la Cuenca del Ártico en formas inconcebibles hace tan solo una década. Moscú y Beijing son, obviamente, los socios indicados para desarrollar las nuevas oportunidades que se ofrecen.

Enfocarse en el desarrollo económico de Asia Central y Kazajistán, tal como lo hacen tantísimos estudios, es pasar por alto el enfoque a largo plazo o el “schwerpunkt” de la cooperación económica entre Rusia y China, que se encuentra más hacia el este y más allá hacia el norte a través de Siberia y el Ártico, y a lo largo de las fronteras comunes más largas del mundo.

China tiene un creciente apetito por el petróleo ruso, que no está sujeto a las fluctuaciones de precios internacionales y, sobre todo, a las interrupciones debido a guerras y desestabilizaciones generadas por las impredecibles políticas de EEUU.

También para Rusia, enfrascarse en acuerdos energéticos ampliados y a largo plazo con China sería un muy bienvenido amortiguador de nuevas y salvajes fluctuaciones en los precios mundiales de la energía, aunque pareciera muy probable que la inestabilidad en los precios globales del petróleo será fomentada por dos naciones que sufrirán desastrosamente a raíz de esto: EEUU y Arabia Saudí.

Las enormes distancias, la falta de infraestructuras y las duras condiciones climáticas en el norte del Lejano Oriente euroasiático durante gran parte del año han sido siempre los principales factores que impidieron el desarrollo económico de Rusia y China. No obstante, el comercio bilateral ha crecido de manera constante y sustancial desde un relativamente modesto nivel de 15.800 millones de dólares en 2003 a unos 95.300 millones en 2014.

En todo caso, esta cifra es bastante menor que los 500.000 millones de dólares al año del volumen comercial total con la Unión Europea durante 2014 – pero se trata de una UE crecientemente inestable – una vez más a consecuencia de las insensatas políticas de EEUU y el Reino Unido, lo que probablemente supondrá una menor cantidad de importaciones por parte de China dentro de unos pocos años.

Por el contrario, Rusia ha aplicado una cautelosa y responsable política fiscal durante lo que va de siglo bajo el mandato del presidente Putin y actualmente está buscando expandir y diversificar su propia manufactura y base industrial. Como resultado, el mercado ruso posiblemente se vea capaz de generar una inesperada y altamente positiva elasticidad en la demanda de empresas e inversiones chinas en la próxima década.

Las economías de Rusia y China son más complementarias de lo que se supone en Occidente. Una mayor cantidad de inversiones en ambos lados se necesitaría para sacar las ventajas apropiadas de ese potencial. Pero los recursos y la voluntad política para aplicarlos, claramente, existen.

El proceso de cambio climático ya está abriendo perspectivas comerciales y de comunicaciones sin precedentes junto a una confiable y segura tarifa a través de la vasta línea costera ártica de Rusia. Los cambios medioambientales están haciendo que el desarrollo de los casi ilimitados recursos de Siberia sean muchísimo más accesibles e inminentes de lo que jamás se hubiera imaginado.

Este es el verdadero “panorama general” tras el lento pero constante esfuerzo por expandir el comercio y las inversiones bilaterales entre Rusia y China. Los legisladores estadounidenses y analistas de Wall Street siguen estando ciegos ante esto. Pero no hay razón para que los demás también lo estén.

Por Martin Sieff

 

Rusia y China socavan el dominio de EEUU en América Latina

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Joaquín Flores, director de “Fort Russ” y autor del artículo.

Los funcionarios de los EEUU están tratando de fortalecer los lazos con los países latinoamericanos al socavar a los gobiernos socialistas y defensores de su soberanía nacional en la región. Al mismo tiempo, señala la revista “Foreign Policy”, la Casa Blanca está muy atenta a las acciones de Rusia y China en esa región, e incluso está tomando medidas de resiliencia en su actividad en el “patio trasero”.

La citada revista es una fuente útil para comprender los puntos de conversación del Imperio Norteamericano, empaquetados para expertos y políticos. El medio que dirijo, “Fort Russ”, entiende lo que términos como “fortalecer” significan, en términos prácticos. Por ejemplo, la revista recuerda que el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea estadounidense, el general David Goldfein, quien visitó recientemente Colombia, dijo que la administración de Trump está tomando medidas para fortalecer alianzas en América Latina que son parte de una resistencia a Rusia y China en el “patio trasero de los EEUU”.

Al mismo tiempo, éstas son preocupaciones muy reales, y preocupaciones que persistirán mientras los EEUU continúen entrometiéndose en el “patio trasero” de Rusia y China, respectivamente. En particular, el general estadounidense advirtió que los países latinoamericanos corren el riesgo de perder la oportunidad de participar en las operaciones militares de los EEUU y sus aliados si dejan de comprar equipamiento militar estadounidense y se trasladan a otros mercados armamentísticos. Lo que realmente está en discusión aquí no se discute: quien compre armas a Rusia y/o China será el blanco de las armas y operaciones de los EEUU.

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El problema con el historial de los EEUU es que comprar armas norteamericanas y no comprar armas rusas ni chinas no ha protegido de ser atacados a gran número de Estados por todo el mundo, una vez que los EEUU encontraran la “asociación” como un obstáculo para cualquier razón que surja. Por lo tanto, los gobiernos socialistas y soberanistas en el llamado “mundo en vías de desarrollo”, cuyos gabinetes y personal militar son dirigidos por pensadores críticos independientes, pueden hacer un análisis de coste-beneficio relativamente simple y ver que o se comprometen con los EEUU o se inclinan ante sus deseos no pagando a medio y largo plazo.

Sin embargo, de acuerdo con “Foreign Policy”, el viaje del general Goldfein forma parte de algunos ostensiblemente “grandes esfuerzos” de las autoridades estadounidenses para fortalecer las alianzas con los países de la región, mientras tratan de enfrentar una serie de amenazas a su llamada “seguridad nacional”: el terrorismo, el narcotráfico, la crisis económica en Venezuela y la crisis migratoria.

Hablando sobre las actividades de Moscú y Beijing durante su visita de 2 días a Colombia, el Jefe del Estado Mayor aclaró rápidamente la posición de su país sobre el tema:

“En lo relativo a China y Rusia, estamos buscando cooperación donde podamos y retrocediendo agresivamente donde debemos”, dijo Goldfein. “Mantenemos una estrecha vigilancia sobre sus actividades a nivel mundial, pero ciertamente mantenemos un ojo sobre sus actividades en América Latina.”

Según varios expertos, los EEUU reconocen que China y Rusia están comenzando a influir en los países de América Latina en términos económicos y militares.

Al hablar de China, se indica que utilizan el comercio y la inversión en apoyo de sus intereses geopolíticos, ya que Beijing quiere obtener acceso a las reservas petrolíferas de la región. Hoy en día, el Gigante Asiático ya se ha convertido en el principal importador de “oro negro” de 5 países latinoamericanos. Por lo tanto, frustra completamente los intentos yanquis de imponer sanciones a los países exportadores de petróleo, dado que la demanda de China en términos absolutos es mayor y solo muestra signos de crecimiento.

Sin embargo, Rusia también se considera un actor serio en esta parte del mundo, ya que recibe miles de millones de dólares por vender armas a países de la región. La ironía es esta: los antecedentes de invasión e intervención de los EEUU durante los últimos 100 años en América Latina son bien conocidos. Por lo tanto, han creado el mercado para la compra de armas rusas y chinas como un subproducto de sus intentos de capturar la mano de obra y los recursos naturales de los países latinoamericanos.

Los analistas de “Foreign Policy” afirman que Rusia y China apoyan a los países que, supuestamente, violan los derechos humanos y muestran hostilidad hacia los EEUU: Venezuela, Nicaragua o Bolivia. Así, en resumen, Rusia y China pretenden socavar el dominio estadounidense en Latinoamérica a través del apoyo de los “regímenes que violan los derechos humanos”.

Este es el discurso estándar del “imperialismo de los derechos humanos”, pero debe esperarse de “Foreign Policy”. La revista fue fundada en 1970 por Samuel Huntington, mejor conocido por su “Teoría del Choque de Civilizaciones”, que le dio la apariencia de credibilidad académica o intelectual dentro de la administración crecientemente neoconservadora de George W. Bush. En los últimos años fue comprada por “The Washington Post Company”, ahora conocida como “Graham Holdings Company”, que ha estado en guerra abierta contra “Fort Russ” desde 2016.

En conclusión, podemos ver que los EEUU están realmente preocupados por las consecuencias de sus acciones en América Latina que, en el transcurso de las últimas dos décadas, se convirtieron en un bloque cada vez más soberano de países de mercado común, cuya dependencia de los EEUU continúa disminuyendo. Si bien estas preocupaciones necesariamente estarán enmarcadas en el lenguaje de “fortalecer los lazos” y “combatir los regímenes”, debajo de esta apariencia ideológica podemos ver una tendencia muy real y emergente de que el Imperio percibe algo que debe preocuparles mucho.

Por Joaquín Flores

China le para los pies a Bolsonaro

Durante la campaña electoral, Bolsonaro se empeñó en atacar a China y la acusó de querer “comprar Brasil”. Fue más lejos al retratar a China, de acuerdo con un portal temático de Defensa brasileño, como un “predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía” brasileña. Agregó que los chinos no deberían ser autorizados a comprar tierras en Brasil o a controlar industrias fundamentales.

Según el informe de “Reuters”, una de esas empresas que preocupan al presidente electo es “China Molybdenum”, que adquirió una mina de niobio (usado en el acero por empresas aeroespaciales y automovilísticas) por 1.700 millones de dólares en 2016. Para Bolsonaro, ese tipo de emprendimientos deberían quedar en manos brasileñas, ya que el país controla el 85% del mercado mundial.

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De izquierda a derecha: Carlos, Flávio, Jair y Eduardo Bolsonaro posan para una foto durante la visita a Taiwán que realizaron en febrero de 2018. Esta visita enfureció y cabreó enormemente a la República Popular China, principal socio comercial de Brasil y uno de sus socios más estratégicos junto a Rusia, India y Sudáfrica en los BRICS.

Los militares que acompañan a Bolsonaro tienen una posición nacionalista, como la que mantuvo el propio Capitán reservista, que desde siempre se opuso a las privatizaciones de empresas estatales. Ahora se opone a la privatización de “Eletrobras”, anunciada ya bajo el saliente gobierno de Michel Temer, ya que sus compradores podrían ser chinos.

En paralelo, Bolsonaro visitó Taiwán el pasado mes de febrero, siendo el primer candidato presidencial del país en dar ese paso desde que Brasil reconoció a la República Popular China en 1974. La embajada china en Brasil emitió un comunicado calificando el viaje como “una afrenta a la soberanía y la integridad territorial de China”.

Las actitudes del ahora presidente electo llamaron la atención de Beijing, al punto que hubo por lo menos dos reuniones entre diplomáticos chinos y algunos de los principales asesores de Bolsonaro. Una de ellas fue con el considerado futuro Ministro de Economía, Paulo Guedes, en septiembre, para debatir la importancia de las relaciones bilaterales. China es un gran comprador de soja y mineral de hierro de Brasil, además de ser el principal mercado de sus exportaciones, muy por encima de EEUU.

El nuevo presidente, que fue saludado con una subida de las bolsas por las reformas planeadas y la prometida reducción del déficit fiscal, tiene escaso margen de negociación, ya que los negocios agrícolas tienen una poderosa bancada en la Cámara de Diputados de Brasilia, que puede llegar al 40%. Aunque la mayor parte de los agricultores apoya a Bolsonaro, quieren mantener buenas relaciones con China, ya que no es sólo el mayor cliente sino que ha crecido su importancia ya que la guerra comercial desatada por Donald Trump está llevando a Beijing a aumentar sus compras en Brasil. “La economía es mucho más importante que la propaganda para conseguir votos”, dijo un ejecutivo a “Reuters”.

Días atrás, Bolsonaro enfatizó que sus aliados internacionales preferidos son Israel, Italia y EEUU. En 2017 atacó a las minorías en una visita al “Club Hebraica” en Río de Janeiro. Según la edición brasileña de “El País”, la visita formaba parte de “un plan exitoso para aproximarse a empresarios y políticos judíos que se sumasen al apoyo a su candidatura”. Pero esta actitud dividió a la comunidad judía, ya que otras instituciones como la Confederación Israelita de Brasil mostraron un apoyo incondicional a las minorías atacadas por Bolsonaro.

El candidato, que se bautizó en el río Jordán en mayo de 2016, afirmó que seguirá los pasos de Trump para trasladar la legación diplomática brasileña de Tel Aviv a Jerusalén. Poco después de ese episodio, en el segundo semestre de 2017, quienes apoyaban a Bolsonaro rompieron con las instituciones judías tradicionales creando la Asociación Sionista “Brasil-Israel”, destacando sus diferencias con las izquierdas.

Otros líderes mostraron su cercanía con Bolsonaro, como Matteo Salvini – Ministro del Interior italiano, y el propio Trump, quien luego de una llamada de apoyo dijo que acordaron que “Brasil y EEUU trabajarán cerca en temas de comercio, militares y todo lo demás”.

Este clima de euforia fue rápidamente enfriado por el editorial de “Global Times” del 29 de octubre, titulado: “¿Revertirá el nuevo Gobierno brasileño la política de China?”. Se trata de una pieza importante, calculada milimétricamente, suave y amenazante a la vez, como suele ser la diplomacia oriental.

Comienza diciendo que Bolsonaro es “un Trump tropical”, recuerda las acusaciones que hizo a China durante la campaña pero, a renglón seguido, destaca que comenzó a cambiar su tono hacia el final, diciendo que “vamos a hacer negocios con todos los países y China es un socio excepcional”. Agrega que es “impensable” que Bolsonaro reemplace el comercio Brasil-China por el comercio EEUU-Brasil.

En primer lugar, el editorial recuerda que Brasil tiene su mayor superávit comercial con China, de unos 20.000 millones de dólares. “La guerra comercial entre China y EEUU ha impulsado aún más las exportaciones de soja brasileña a China”, dice el diario.

En segundo lugar recuerda que el eje de la política de Bolsonaro nunca fueron las cuestiones internacionales sino los asuntos domésticos, para agregar de inmediato que “China nunca interfiere en los asuntos internos de Brasil”, cuestión enteramente cierta.

A partir de ahí, Beijing le blande la espada. “Su viaje a Taiwán durante la campaña presidencial provocó la ira de Beijing. Si sigue haciendo caso omiso del principio básico sobre Taiwán después de asumir el cargo, tendrá un costo evidentemente muy alto para Brasil”.

En el párrafo clave destaca: “Muchos observadores tienden a creer que Bolsonaro, que nunca ha visitado la China continental, no sabe lo suficiente sobre el poder oriental. Beijing debe prestar atención a que atacó a China durante la campaña y creía que una postura hostil hacia el mayor socio comercial de Brasil lo ayudaría a ser elegido”.

En buen romance, la República Popular China está diciendo que no le teme a las amenazas, pero sobre todo asegura que tiene armas mucho más potentes para responder a una eventual ofensiva de Brasil en cualquiera de los terrenos. En efecto, si China dejara de comprar soja y mineral de hierro, la economía brasileña – que ya enfrenta una situación grave – podría verse en un callejón sin salida.

Por Raúl Zibechi, para “Sputnik”

Andalucía lidera la lista negra del paro en el Estado Español con un 13’8%

El 13’82% de los hogares andaluces cuenta con todos sus miembros en situación de desempleo durante el tercer trimestre de este año, loque supone una bajada con respecto al mismo trimestre de 2017 de 1’05 puntos porcentuales (cuando la tasa era del 14’87%), según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada por el INE.

Eso sí, la encuesta, donde las provincias de Huelva, Córdoba y Almería lideran la tasa de desempleo, también arroja que de los 164.000 puestos de trabajo que se han creado en el Estado Español, en nuestro país (que supone el 20% de la población de todo el Estado) solo se han creado 12.000 empleos. Un mazazo para las políticas de la Junta de Andalucía en plena precampaña para las elecciones autonómicas del próximo 2 de diciembre. En total, en nuestro país se contabilizaron 898.200 personas desempleadas.

Las cifras del INE precisan que Andalucía tiene una tasa superior a la registrada en el conjunto del Estado Español, dado que a nivel estatal un 8’11% de los hogares tenían a todos sus miembros desempleados en el tercer trimestre, porcentaje 1’44 puntos inferior al registrado en el mismo trimestre del año anterior: 9’55%. Por su parte, un 68’24% de los hogares andaluces tenía a todos sus integrantes ocupados en el tercer trimestre de este año, frente al 65’52% del mismo período de 2017, lo que supone (2’72%) casi 3 puntos más.

Asimismo, un 28’09% de los hogares andaluces tiene al menos la mitad de los activos que están desempleados, frente al 30’54% registrado en el mismo trimestre de 2017. Este porcentaje es superior al dato registrado a nivel estatal, cifrado en un 17’70%, frente al 21’21% registrado en 2017.

Andalucía, con un 22’85%, ocupa en el tercer trimestre la tercera posición a nivel estatal en tasa de paro, solo superada por Ceuta (30’79%) y Melilla (24’01%). En cuanto a la tasa de actividad, Andalucía ocupa el 13º puesto, donde registra un 56’81%, por detrás de Castilla-La Mancha (58’65%), Aragón (58’79%), el País Valenciano (58’83%), Ceuta (59’05%), Navarra (59’12%), Murcia (59’25%), La Rioja (59’58%), Canarias (60’76%), Cataluña (61’17%), Madrid (62’53%), Melilla (64’46%) y las islas Baleares (67’93%).

De los 898.000 desempleados que recoge la EPA al cierre del tercer trimestre, un total de 420.700 son varones y 477.600 son mujeres. En cuanto al total de ocupados, de los 3.032.700 ocupados andaluces, 1.746.600 son hombres y 1.286.100 son mujeres.

La tasa de paro andaluza del 22’85% es 8’3 puntos superior a la estatal (14’55%). La tasa de desempleo femenina es 7’67 puntos mayor que la masculina en Andalucía. De esta forma, la tasa de paro masculina se sitúa en Andalucía en el 19’41%, superando a la media estatal en 6’29 puntos, que es del 13’12%; mientras que la tasa de paro femenino es del 27’08%, por encima de la estatal (16’22%) en 10’86 puntos.

Por lo que respecta a la tasa de actividad quedó establecida en el 56’81%, estando 1’92 puntos por debajo de la media estatal, que es del 58’73%. En este caso, la tasa de actividad masculina se sitúa en Andalucía en el 64%, estando 0’86 puntos por debajo de la media estatal (64’86%), mientras que la tasa de actividad femenina se sitúa en el 49’91%, siendo 3’02 puntos inferior a la media estatal, que es del 52’93%.

Asimismo, el número de activos en el tercer trimestre fue de 3.930.000 personas, por lo que se registró una bajada del 0’30% respecto al trimestre anterior; mientras que en relación con el mismo trimestre del año anterior ha bajado en 27.000 personas, un 0’68% menos.

Huelva y Almería han sido las provincias andaluzas con mayor tasa de desempleo en el tercer trimestre, con un 25’98% y un 25’53% respectivamente. En el resto de provincias:

  • Jaén: 23’18%
  • Granada: 24’53%
  • Cádiz: 24’72%
  • Córdoba: 25’40%
  • Sevilla: 22’25%
  • Málaga: 17’88%

En cuanto a la tasa de actividad:

  • Almería: 59’05%
  • Sevilla: 58’79%
  • Granada: 57’59%
  • Málaga: 57’31%
  • Córdoba: 55’83%
  • Huelva: 55’36%
  • Cádiz: 54’82%
  • Jaén: 51’95%

En números absolutos, en nuestro país han sido Sevilla, Málaga y Cádiz las que ocuparon las tres primeras posiciones, con 207.500, 140.100 y 138.700 desempleados, respectivamente.

FUENTE: “La Voz del Sur”