Sionistas, árabes de izquierda, seculares y ultraortodoxos: el desbarajuste político en Israel tras las elecciones

Más allá de la cada día más difusa dicotomía izquierda-derecha, el debate político en Israel gira mayoritariamente entorno a la separación sinagoga-Estado. Ni siquiera los derechos de los palestinos importan a la mayoría de un electorado sionista que se identifica con un nacionalismo pseudo-mesiánico por el que la población árabe – también semita – les importa entre poco y nada.

Un ejemplo que ilustra de forma sencilla cómo se da el debate sinagoga-Estado en el panorama político del país es la cuestión de la homosexualidad. Por un lado, vemos un Estado muy preocupado en proyectar la imagen del “Israel: destino gay friendly“, mientras que por otro encontramos a personalidades como Rafi Peretz, Ministro de Educación sionista, que defiende abiertamente y sin complejos las “terapias de conversión de homosexuales”. Y en estas elecciones, aunque no hay ninguna fuerza ganadora capaz de formar gobierno sin dar parte de su brazo a torcer, ha sido el Estado el que ha salido reforzado, lo que pone en jaque a Benjamin Netanyahu, que durante años se ha visto a sí mismo inmune a todo, capaz de hacer y deshacer a su antojo como si fuese un capo.

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Benjamin “Bibi” Netanyahu junto a Benny Gantz, mientras el segundo era Ministro de Defensa de la entidad sionista. (FOTO: Hagai Frid)

Después de no poder formar gobierno ninguna de las partes con el resultado electoral de las elecciones de abril de este año, los israelíes volvieron a votar el 17 de septiembre. Aunque todavía no está claro qué va a pasar y si se va a conseguir formar gobierno, podemos observar que las dinámicas locales están cambiando, y amenazan a un Netanyahu que aunque pretende convertirse en el dueño de Israel siendo – además de Primer Ministro – también el Ministro de Bienestar, Ministro de Defensa, Ministro de Sanidad y Ministro de la Diáspora, ya no es invencible. El reinado de Netanyahu peligra además en un momento clave, ya que varios casos de corrupción le podrían sentar próximamente en el banquillo, y si pierde el cargo de Primer Ministro, se le agotaría el tiempo dejando de estar “blindado” como hasta ahora. Y precisamente por el miedo que tiene Netanyahu, ya que no solo se juega su futuro político, Bibi pasó toda su campaña generando miedo y alarma social. Si en España estamos ya cansados del “¡qué vienen los rojos!”, en Israel todavía hay quienes se dejan aborregar con el “¡qué vienen los árabes… y la izquierda!” que el Likud esgrime hasta la saciedad.

La posición de Netanyahu, que lleva una década en el poder, peligra en un momento en el que la población israelí quiere un cambio de políticas; algo que tiene su reflejo en el resultado electoral. Tal es así que el Likud, el partido de Bibi Netanyahu, ha sido la segunda fuerza con 31 asientos en la Knesset frente a los 33 del partido “Kahol Lavan” (Azul y Blanco) de Benny Gantz; una coalición que si bien se presenta como “liberal de centro-izquierda” no tiene complejos en utilizar el odio hacia los palestinos celebrando la muerte de éstos en sus campañas electorales. Incluso el Tribunal de La Haya plantea estudiar una acusación contra Benny Gantz por crímenes de guerra en Gaza durante el conflicto de 2014. Las políticas del Likud son tan reaccionarias y moralmente reprochables que la simple razón de que los miembros de Kahol Lavan no celebren la anexión del Golán sirio o prometan en campaña electoral ocupar territorios en la frontera con Jordania los hace parecer moderados, así como ser socialdemócratas los hace “de izquierdas”… aunque hagan política desde el sionismo.

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Avigdor Lieberman, otro de los rivales de Bibi en estas elecciones y dirigente del partido ultraderechista “Yisrael Beitenu”. Lieberman fue portero de discoteca en la Moldavia soviética, donde nació, antes de emigrar a Israel en 1978.

En esta convocatoria electoral los árabes también han tenido un papel fundamental de cara a que ninguna de las fuerzas sionistas pueda – de momento – formar gobierno. La movilización de los árabes izquierdistas, notablemente superior a la que hubo en abril, ha hecho que la Lista Conjunta sea la tercera fuerza más votada con 13 parlamentarios en la Knesset. Con estos resultados, Netanyahu tiene prácticamente imposible seguir siendo Primer Ministro. Gantz tampoco gana, ya que si quiere formar gobierno con su partido, los laboristas y Dem Union, van a necesitar pactar con al menos otro partido fuera de su bloque natural. Mientras, sin hacer ruido pero con una importancia táctica a tener en cuenta, está con 8 asientos la formación “Yisrael Beitenu” (Nuestra Casa es Israel), de Avigdor Lieberman, ex-Ministro de Defensa sionista. La posición de Yisrael Beitenu está entre los dos principales bloques: por un lado son de derechas y anti-palestinos, mientras que por otro defienden políticas laicas.

Una historia de dos ciudades

Que Kahol Lavan y el Likud hayan obtenido prácticamente el mismo resultado se debe en gran medida a la polarización de la sociedad israelí, cuya idiosincrasia cambia notablemente si hablamos de Tel Aviv o de Jerusalén.

Tel Aviv es donde más fuerza tienen los partidos que podríamos denominar de centro-izquierda (insisto, siempre dentro del marco del sionismo). Por su localización, por el turismo, el estilo de vida y la penetración cultural del liberalismo occidental sustentado en el secularismo, la ciudadanía se puede permitir esgrimir ideas progresistas. Jerusalén es, sin embargo, una ciudad de peregrinaje, en la que la población convive a diario con la espiritualidad y tiende a ser más conservadora. Está además, disputada con los árabes y junto a Cisjordania, por lo que gran parte de los ciudadanos interiorizan el abuso hacia los árabes y el supremacismo judío. Tal es así que los colonos de Hebrón votaron mayoritariamente al partido supremacista “Otzma Yehudit” (Poder Judío).

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Los principales cabezas de lista del partido racista, supremacista y fundamentalista “Otzma Yehudit”, considerablemente popular entre colonos sionistas de Cisjordania.

Cabe destacar, eso sí, que aunque el Likud es muy fuerte en la ciudad, la otra fuerza que le disputa los votos es el partido ultraortodoxo “Yahdut Hatorah” (Judaísmo Unido de la Torá), que aun siendo fundamentalista religioso, reaccionario y conservador, aboga por la retirada de tropas sionistas de Gaza, el desmantelamiento de algunos asentamientos en el norte de Cisjordania y rechazan el servicio militar. También gana fuerza el Likud en las localidades rurales del desierto, donde el modo de vida tradicional, religioso y conservador es la norma.

O diálogo con los árabes o la cabeza de Netanyahu

Todas las partes lo tienen complicado, porque un gobierno de mayoría resulta imposible. Netanyahu ha ofrecido de forma desesperada a Benny Gantz y su partido formar un “gobierno de unidad nacional”. Gantz, consciente de su posición ventajosa, ha dicho que aun siendo él mismo quien lidere ese hipotético gobierno, no aceptará ningún acuerdo con Bibi a la cabeza. Dicho de otro modo: si el Likud quiere seguir en el poder debe sacrificar a Netanyahu, que dejaría de ser Primer Ministro quedando solo y expuesto ante la Justicia.

Si Kahol Lavan quiere formar un bloque de gobierno con el que quitar de en medio al Likud, Benny Gantz tendría que ganarse el favor de Avigdor Lieberman, que facilitaría mucho las cosas. Si bien el partido del ex-Ministro de Defensa es nacionalista y laico, muy cercano al llamado sionismo liberal, también es un nido de “halcones” derechistas que desearían poder acabar con los palestinos y crear su “Gran Israel”, lo que no termina de encajar con partidos que dicen ser moderados. Tampoco parece que Lieberman vaya a facilitar un gobierno del Likud, ya que más allá de las disputas personales que ha tenido con Netanyahu, su laicismo entra en conflicto con los partidos fundamentalistas religiosos en los que se apoya Bibi.

El partido de izquierdas Lista Conjunta, por otro lado, tiene asegurado establecerse como la mayor fuerza opositora en la Knesset. Será también un altavoz con una fuerza que los árabes no habían tenido antes dentro de Israel. Sus 13 asientos en la Knesset, además de complicar la formación de gobierno a las fuerzas sionistas, van a poder instrumentalizarlos los árabes de izquierda no solo para dar voz a sus reivindicaciones, sino también para conseguir información del Mossad y contactos dentro de la política global.

Con los votos recién contabilizados, las cartas ya están sobre la mesa y todavía puede pasar cualquier cosa. La única certeza es que Gantz hará todo lo posible para retirar a Netanyahu de la política mientras éste pelea hasta las últimas consecuencias por sobrevivir.

Por Alberto Rodríguez García

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Saludo de la FSM a la Diada del 11 de septiembre. Por el derecho a la autodeterminación.

La Federación Sindical Mundial (FSM) saluda esta gran manifestación pacífica y democrática.

La FSM ha defendido siempre el derecho a la autodeterminación, derecho indiscutible e inalienable de todos los pueblos del planeta.

Por eso estamos aquí, para reconocer el derecho de autodeterminación del pueblo de Catalunya.

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La FSM fue la primera gran organización que luchó contra el colonialismo y por eso la FSM reconoció a todos los movimientos de liberación de los pueblos, en contra de la opinión de los sindicatos amarillos y contra el capitalismo que expoliaba a las colonias.

La Federación Sindical Mundial da total reconocimiento al derecho de autodeterminación de los pueblos catalán, gallego y vasco, hoy obligados a formar parte del Estado Español.

La FSM es la organización sindical mundial, que agrupa a los sindicatos de clase, es decir, a todos los sindicatos no amarillos ni vendidos a la patronal.

La FSM tiene en Catalunya, como afiliados, a dos importantes sindicatos: la Intersindical CSC y la Coordinadora Obrera Sindical (COS), ambos presentes en la gran manifestación de la Diada.

La FSM, que nació hace 74 años, es hoy la organización mundial anticapitalista y anti-imperialista más grande.

La FSM agrupa a casi 100 millones de trabajadores afiliados a 330 sindicatos de 130 países, entre ellos los dos sindicatos catalanes antes mencionados.

La FSM ha aceptado la invitación del Partit Comunista del Poble de Catalunya (PCPC) para hablar en este momento y en este lugar.

Dentro de la FSM hay estructuras de ramo que se denominan Uniones Internacionales de Sindicatos (UIS).

Yo soy el Secretario General de la UIS de Pensionistas y Jubilados.

La UIS de Pensionistas y Jubilados también, lógicamente, reconoce el derecho de autodeterminación de los pueblos, a la vez que reconoce la correcta lucha de los pensionistas de todos los pueblos del Estado Español.

Precisamente los actuales pensionistas catalanes fuimos los primeros en manifestarnos cada año el día 11 de septiembre. Y es un dato histórico indiscutible que fueron comunistas y obreros los primeros detenidos, bajo el franquismo, en el momento de las Diadas, en los alrededores de la estatua de Rafael Casanoves.

La UIS de pensionistas de la FSM reconoce a la COESPE (Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones) en todas sus luchas y ahora en especial en el llamamiento a estar todos los lunes en la calle (en un lugar concreto de cada pueblo, y en Barcelona a las 10:00 horas en la Plaça Universitat) y también la reconocemos por ir a Madrid el próximo miércoles 16 de octubre para sumarnos como pensionistas catalanes a los pensionistas vascos, gallegos y de otros pueblos del Estado Español.

La defensa de las pensiones y la defensa de los derechos de los trabajadores obliga a denunciar la grave e injusta distribución de la riqueza que el capitalismo provoca.

Como ustedes saben, el 1% de la población mundial acumula la misma riqueza que el 99% de la población restante. Las 7 personas más ricas del planeta tienen la misma riqueza que el 50% de la población más pobre, es decir, que en promedio cada una de ellas, una sola, es tan rica como 500 millones de personas pobres.

Estas injusticias, que provoca el capitalismo (¡no hay otra causa real!), las combaten por igual desde la FSM que desde organizaciones que luchan por el socialismo y el comunismo, como es el PCPC, en el que yo personalmente milito.

Estas injusticias van ligadas a la falta de libertades que se reflejan tanto en la prohibición de hacer un referéndum en Catalunya como en la represión de los sindicalistas que luchan contra el capitalismo.

Las multinacionales, como dirigentes del capitalismo, son las que intentan impedir todas las libertades. Lo hicieron reconociendo a Hitler, Mussolini y Franco, igual que ahora reconocen a Trump en los EEUU, a Macron en Francia y a Macri en Argentina.

La FSM coincide con los comunistas en la necesidad de acabar con este capitalismo depredador, que está expoliando el planeta y que amenaza con la habitabilidad por la destrucción de la naturaleza. Así lo demuestran los recientes incendios en Brasil, incendios provocados para que, ayudadas por el fascista Bolsonaro, las multinacionales puedan explotar, robar y expoliar las riquezas de los brasileños.

Amigos y amigas, hay que seguir luchando contra los que nos oprimen, tanto desde el gobierno pro-capitalista del Estado Español como desde las multinacionales que, a través de la Unión Europea, el G7, el Banco Mundial, el FMI y la OCDE, dan órdenes al PSOE, a Ciudadanos, al PP y a VOX, ya que son las organizaciones que financian sus campañas electorales.

Para acabar con la dictadura del capital, que niega todos los derechos a los pueblos – incluido el derecho a la autodeterminación – solamente hay una alternativa:

La organización de los trabajadores y los pueblos, la reclamación de nuestros derechos como asalariados y ciudadanos; es lo que hacemos desde los sindicatos de clase, desde los sindicatos de la FSM.

Sin socialismo no habrá libertad, ni derecho de autodeterminación real, ni justicia social.

VISCA CATALUNYA!

VISCA LA CLASSE OBRERA!

Por Quim Boix

Secretario General de la Unión Internacional de Sindicatos (UIS) de Pensionistas y Jubilados de la Federación Sindical Mundial (FSM)

Responsable de la FSM en el Estado Español (excepto País Vasco)

Militante del Partit Comunista del Poble de Catalunya (PCPC)

Manifiesto de los comunistas del Estado Español ante las próximas elecciones

Más vale no hacerse ilusiones. El escenario electoral repleto de actores, tan enfrentados y aparentemente tan diferentes, se erige una vez más para ocultar una misma y dramática verdad. Ninguno de los partidos del Parlamento tiene propuesta alguna capaz de cambiar las condiciones de vida y de trabajo de la cada vez más inmensa clase obrera, para la que nunca acabó la crisis y sobre la que pretenden descargar, nuevamente, las consecuencias de un nuevo estallido.

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Un soldado del Ejército Rojo coloca la bandera soviética sobre el Reichstag de Berlín.

Todos saben que está a la vuelta de la esquina, pero de eso – tampoco – nadie habla. La crisis rompió en pedazos el espejismo reformista de “mejoras” o de “bienestar” sin tocar el núcleo duro de la estructura de poder. Y para hablar mínimamente en serio de soluciones habría que decir alto y claro que el gran capital europeo, para intentar salvar sus bancos y sus multinacionales del naufragio, además de los rescates con dinero público, nos ha impuesto la camisa de fuerza del déficit y del pago de una deuda construida, precisamente, por esos rescates. Y sobre todo, porque si se hablara claro, la gente entendería y actuaría en consecuencia, y no están dispuestos. El vergonzoso ejemplo de la “nueva izquierda” – Syriza en Grecia – o el más cercano del “cambio” de Pedro Sánchez apoyado por Unidos Podemos, nos ahorra más argumentos.

La oligarquía europea, hegemonizada por Alemania, asegura sus políticas en el Estado Español a través del engranaje institucional que garantizó, con la monarquía y la Constitución de 1978, la continuidad de la dominación de la oligarquía financiera y terrateniente y de las estructuras de poder del franquismo, con el añadido de los nuevos ricos de las privatizaciones de PSOE y PP. Las contrarreformas laborales, de las pensiones, la privatización de todo lo rentable, de los desahucios, la opresión de las mujeres trabajadoras, la sobreexplotación de la clase obrera inmigrante, son políticas salvajes que impone la Unión Europea y que aplican gobiernos capitalistas de todo color político. La exhibición de patrioterismo por los mismos que hipotecan toda soberanía a los pies de la UE y de la OTAN y el criminal recurso al enfrentamiento entre los pueblos en el caso de Cataluña, con el silencio cómplice de la supuesta “izquierda”, ha mostrado en primer plano la reedición de todo el esperpento del Régimen del 78. Frente a él, ni siquiera una lección de dignidad y de voluntad de lucha tan impresionante como la que ha ofrecido el pueblo catalán ha sido capaz de romper – él solo – el muro del Régimen del 78. El marco general del capitalismo que afecta a todas las estructuras sociales y políticas, al tiempo que alimenta el recurso al fascismo y a la guerra para controlar el acceso barato a materias primas y anular competidores. Y es esa lucha feroz la que intensifica las contradicciones interimperialistas y abre oportunidades de victorias. La creciente agresividad de la OTAN y el incipiente Ejército Europeo son ejemplos de esas tensiones crecientes entre el imperialismo europeo y el estadounidense. Hechos estos de gran trascendencia para quienes estamos convencidos de que no hay otra salida que la que abren los procesos revolucionarios y de que, en ese camino, tiene importancia decisiva la división y la confrontación interimperialista.

Quienes apoyamos este Manifiesto creemos que es precisamente esa izquierda pusilánime y engañosa, que resalta aspectos colaterales para evitar enfrentar a los auténticos responsables de tanto dolor y tanta desesperación, una de las principales responsables del resurgimiento de la extrema derecha como expresión de la confusión y la canalización de la rabia del pueblo estafado.

Y para no enfrentarla no sirven histéricos llamamientos a formar “frentes antifascistas” liderados por los mismos que han defraudado toda esperanza de transformación. La derrota popular gestada en la Transición se hizo sobre la base del debilitamiento hasta la extenuación del poder de la clase obrera y el sometimiento de sus principales organizadores a los dictados de la burguesía. Y se consiguió, unas veces mediante el soborno, otras usando la represión y siempre fomentando la desmemoria. La ruptura de la continuidad histórica de las luchas obreras y populares es la principal herramienta ideológica de la dominación. La destrucción de la conciencia de que cada generación, para poder enfrentar los problemas que cada época depara, necesita recoger y actualizar el tesoro de experiencia y de lucha de quienes le precedieron, es su arma de destrucción masiva de la conciencia colectiva y facilitar su dominación. Otra es fomentar la división dentro de la clase, de forma que el enfrentamiento entre sectores de la misma confunda, distraiga y divida.

La ofensiva es múltiple: la multiplicación de las diferentes situaciones laborales, la individualización y el vaciamiento del poder de la negociación colectiva, el racismo para enfrentar a la clase obrera de diferentes nacionalidades o la más reciente, que intenta usar la legítima lucha de las mujeres trabajadoras contra el patriarcado para contraponer a mujeres en abstracto contra hombres. Todas ellas son cargas de profundidad de la burguesía contra su mayor enemigo: la clase obrera unida, en toda su diversidad, e independiente, es decir, consciente de sí misma y de su poder. La lucha antifascista organizada y coherente, pueblo a pueblo, barrio a barrio, en las fábricas o en las universidades, debe ser el resultado de la unificación de las luchas obreras y populares contra el enemigo común. Y debe ir dirigida tanto a levantar un muro popular frente al fascismo, como a rescatar de sus filas la rabia y la desesperación obrera de tanto engaño. Y para ello no sirven discursos vacíos.

Es necesario identificar y llamar a la lucha contra los verdaderos enemigos del pueblo. La construcción del poder obrero y popular debe hacerse sobre la base de ineludibles propuestas de ruptura.

  • Ruptura con las estructuras de poder del franquismo travestidas en el Régimen del 78, cuyos pilares son la monarquía y la Constitución de 1978. Sólo la confluencia de las luchas obreras y populares por la República con la de los diferentes pueblos del Estado Español por el ejercicio de su derecho a la autodeterminación puede crear una correlación de fuerzas favorable para llevar a cabo una tarea histórica pendiente desde hace más de 40 años. Y junto a ella, la lucha por la amnistía que vacíe las cárceles de presos políticos antifascistas.
  • Negar el pago de una deuda infame construida a base de transferir fondos públicos a los grandes bancos y rebelarse ante el dictado del déficit, con la reducción del gasto en servicios públicos que conlleva. Todo ello en el marco de la confluencia con otros pueblos de Europa con el objetivo común de romper con el euro y con la UE, así como con su parafernalia de guerra dirigida contra otros pueblos o contra nosotros mismos: la OTAN y el Ejército Europeo. La expropiación de la banca y de las empresas estratégicas, y la planificación de la economía colocando las necesidades humanas como máxima prioridad social, son herramientas indispensables.

Los elementos políticos que aquí señalamos no saldrán en los debates, ni en las tertulias electorales. Son, sin embargo, cruciales, y constituyen los pilares del programa político que debe permitir a la clase obrera y a los pueblos del Estado Español empezar a construir sólidamente su propio poder, dejando atrás ilusiones y espejismos que tan caros estamos pagando.

Las organizaciones firmantes de este Manifiesto nos hemos comprometido a iniciar un proceso de debate y de unidad de acción que nos permita avanzar juntas para recuperar lo perdido y continuar la lucha hasta realizar la plena emancipación social.

FIRMANTES:

COMUNISTAS

 

El sionismo más violento se disputa el poder en Israel

¿Votarías? Es el dilema al que se enfrentan miles de palestinos atrapados en un país dominado por el odio y el supremacismo sionista.

El 9 de abril, Israel celebra unas elecciones legislativas cuyo resultado, aunque parece difícil de prever, es de todo menos esperanzador para los palestinos.

Uno de los temas que más se ha repetido en la campaña electoral de los diferentes partidos de derecha judía es el racismo anti-árabe, y más concretamente anti-palestino. Si bien saltó a los medios la polémica por el spot en el que la candidata Ayelet Shaked banalizaba el fascismo, lo cierto es que éste no ha sido el vídeo más lamentable de los sionistas.

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La dirigente ultraderechista israelí Ayelet Shaked banaliza con el fascismo en un spot electoral. Shaked es Ministra de Justicia del régimen sionista desde mayo de 2015.

Para promocionar su campaña electoral, Anat Berko del Likud difundió un vídeo en el que simulaba que iba a ser secuestrada por su marido, disfrazado de palestino. Entonces, empezaba a enumerar sus “éxitos” en la lucha contra la resistencia palestina, para terminar mofándose de los árabes y su idioma.

El principal opositor a Benjamin Netanyahu, Benny Gantz (del Partido Azul y Blanco o “Kahol Lavan”), a pesar de presentarse como la opción moderada de centro-izquierda, ha llevado el lenguaje beligerante al siguiente nivel. En su spot electoral se limita a mostrar un funeral palestino mientras un número en mitad de la pantalla asciende hasta llegar a 1.364. Esta cifra es el número de palestinos (supuestamente militantes) de cuya muerte fue responsable Gantz durante la “Operación Borde Protector”, en la que las fuerzas israelíes bombardearon salvajemente Gaza entre julio y agosto de 2014.

Por si esta exaltación de la muerte no fuese suficientemente repulsiva, de acuerdo a la ONU, de los 2.104 palestinos que murieron en los bombardeos de 2014, 1.462 de ellos eran civiles; 495 niños y 253 mujeres. Estas son las muertes de las que Benny Gantz está tan orgulloso. Gantz también forma coalición con el Telem de Moshe Ya’alon, el mismo que prefiere al ISIS antes que a Irán en su vecina Siria. Sería anecdótico de no ser porque el Partido Azul y Blanco es la fuerza que está disputando la hegemonía del Likud.

¿Cómo alguien puede considera esta fuerza moderada o mínimamente centrista? Sencillo: porque lo que hay enfrente es aún peor. La anexión unilateral del Golán sirio, hacer capital de Israel el Jerusalén ocupado o afirmar que Israel es solo para los judíos son algunos elementos del discurso más radical y reaccionario de Netanyahu; involucrado en al menos 3 casos de corrupción y malversación.

Por si este supremacismo no fuese ya de por sí alarmante, el Likud de Netanyahu quiere formar coalición con el partido supremacista, racista y violento Poder Judío “Otzma Yehudit”, que aboga por la expulsión de todos los árabes de Israel – incluyendo Gaza y Cisjordania. Sus políticas de segregación racial quieren prohibir incluso cualquier tipo de matrimonio o relación entre árabes y judíos. Estos son los aliados de Netanyahu, actual Primer Ministro de Israel.

En este contexto, los palestinos no le ven el sentido a participar en unas elecciones que solo sirven para legitimar el sistema israelí y afianzar su espejismo de democracia liberal.

Los palestinos, que tradicionalmente han sido parte de la vida política incluso más que la población israelí, con índices de participación electoral que superaban el 75%, ya no le ven el sentido a seguir participando. Desde 1967 la participación ha caído en picado, y solo un 63% de los palestinos votaron en 2015.

Lo máximo a lo que aspiran los árabes es a un 16% de la representación mientras que el 84% de los votantes son judíos. Casi 3 millones de palestinos en Cisjordania y alrededor de 2 millones más en Gaza no van a poder votar, lo que reduce la representación de la población nativa a una minoría en su propia tierra.

Esto sucede en un país donde el racismo es endémico. En una sociedad podrida que expulsa y margina a los nativos. Una sociedad podrida que va a las colinas a disfrutar de cómo su aviación bombardea a civiles gazatíes. Una sociedad podrida que busca eliminar cualquier resquicio de la Historia y cultura palestina. No son raros los casos de agresiones a ciudadanos solo por hablar árabe en lugar de hebreo. Los sionistas no solo odian a los musulmanes; también desprecian a los cristianos ortodoxos y a los drusos. Desprecian a cualquiera que no comulgue con sus ideas de superioridad judía.

No ha habido en la Historia de Israel una sola coalición de gobierno que integre a fuerzas árabes. Incluso, en este “circo electoral” se ha intentado sabotear a la coalición de islamistas y nacionalistas árabes Balad-Raam (“Lista Árabe Unificada”). A principios de marzo, el Comité Electoral Central israelí intentó evitar que esta fuerza pudiese presentar candidatos a las elecciones.

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Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel, da una rueda de prensa en Jerusalén el pasado 3 de abril. (FOTO: Ronen Zvulun/REUTERS)

El electorado palestino está huérfano de hogar y de representantes. Aun yendo a votar, se espera que Balad-Raam no saque más de 4 asientos en la Knesset (Parlamento israelí), de 120 asientos. La otra fuerza izquierdista, Hadash-Tal, formada a partir de varios partidos de izquierda y el Partido Comunista Israelí, tampoco tiene una capacidad real de realizar cambios. Solo se espera que saque entre 7 y 8 escaños. A niveles prácticos, la izquierda en Israel está muerta.

Aida Touma-Sliman, una de las principales figuras de Hadash-Tal, llama al voto útil contra los sionistas radicales. Sin embargo, ¿cuán útil es el voto? Tras años luchando en la Knesset no ha logrado nada. Su partido solo pudo llorar mientras veía cómo se aprobaba la “Ley del Estado Nación” que reconocía a Israel como Estado únicamente judío, y eliminaba la cooficialidad del árabe.

¿Sirve de algo votar?

Este es el debate entre los árabes y los palestinos estas elecciones. Mientras que la mayoría, fruto de la desidia, llama al boicot para no legitimar el sistema israelí, gente como el artista Tamer Nafar llaman a votar, aunque sea para no terminar en una situación peor.

En una canción que se viralizó, Tamer Nafar reflejaba las dos visiones de los palestinos de cara a las elecciones. Por un lado están el desasosiego y la indiferencia, la visión de la rebelión como única vía: “Israel está utilizando a los árabes para parecer liberal, pero es el mismo gobierno que bombardea Gaza”.

En el otro lado, se enfrenta a sí mismo con un rayo de esperanza para lograr algo, por muy poco que sea: “No subestimes su fascismo. Mira lo que hicieron a nuestros abuelos (…) Yo quiero hacer el boicot, pero he decidido que no quiero estar fuera. Por mis hermanos y hermanas en 1967, voy a votar. Por la Marcha del Retorno, voy a votar. No tiene sentido tirar una herramienta cuando apenas tenemos herramientas”.

Hay quienes pueden tildar a Nafar de idealista, pero… ¿cuál es la otra opción?

Israel es un Estado que ha violado y viola reiteradamente las resoluciones de la ONU. Para los palestinos, ahora mismo resulta imposible negociar con un ocupante orgulloso de sus crímenes. En este contexto… ¿votarías?

¿Votarías en un país cuyos últimos 6 gobernantes han sido sionistas que abogan por la destrucción de Palestina? ¿Votarías en un país que ha sido liderado por criminales de guerra como Ariel Sharon? ¿Votarías en un país que ensalza el odio desmesurado de Avigdor Liebermann? ¿De Gantz? ¿De Gabi Ashkenazi? ¿De Moshe Ya’alon? ¿De Netanyahu? ¿Votarías en un país que cada día se expande con asentamientos de colonos ilegales que no respetan tus derechos más básicos?

Para los palestinos, estas elecciones son solo un paso más hacia la oscuridad de un túnel que parece no tener luz al final.

Por Alberto Rodríguez García

Lo simbólico como excusa

No hace mucho pudimos leer en un artículo de análisis sobre la situación de Adelante Andalucía tras la contienda electoral del 2 de diciembre y las últimas maniobras de Errejón y los suyos; dicho artículo se cerraba con una severa advertencia: no caer “en la trampa de las viejas y derrotadas banderas rojas, los puños alzados y los dientes apretados”. Haciendo un chiste fácil, al autor del artículo se le olvidó apelar a La Pantoja en aquel desafiante paseo agarrada del por entonces alcalde de Marbella, Julián Muñoz, con su “dientes, dientes, que eso es lo que les jode”. Ya en serio, lo que nos llama poderosamente la atención es esa insistencia en lo simbólico de determinados sectores de Podemos, especialmente aquellos identificados con el errejonismo.

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Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, dirigentes de Podemos e IU en Andalucía respectivamente, comparecen como Adelante Andalucía tras las elecciones andaluzas del pasado 2D de 2018. (FOTO: “20 Minutos”)

No pretendemos centrarnos en qué táctica o estrategia debería seguir Adelante Andalucía porque eso es algo que, hoy por hoy, corresponde a quienes decidieron construir y constituir Adelante Andalucía como herramienta política, aunque sí aportar una serie de elementos críticos que no podemos dejar pasar por alto, y es que sigue sin haber un análisis autocrítico y un reconocimiento público por parte de los diferentes sectores de Adelante Andalucía respecto a lo sucedido el pasado 2 de diciembre. En relación a los resultados en este artículo se sigue manteniendo una imagen idílica de una autonomía política de la que realmente y en la práctica no se da; y una visión excesivamente positiva sobre su función social, parece que el escenario político andaluz se ha trastocado tanto que aquel régimen neoliberal y corrupto del PSOE-A nunca jamás existió. Igualmente, nos parece la peor de las excusas argumentar que dada la situación y las encuestas, demasiado bien ha salido la experiencia de Adelante Andalucía en comparación con lo que puede ser en otros lugares del Estado Español; analizar la hemorragia de votos hacia la abstención se ve que no entra dentro del relato a difundir.

Tras estas cuestiones previas procedemos a centrarnos en el objeto del presente artículo: la obsesión simbólica. Si algo caracteriza a estos sectores son las continuas duras críticas, llenas de resentimiento, a una simbología, una liturgia y unas tradiciones a las que califican una y otra vez de “derrotadas”, ¿derrotadas por quién? ¿Por quienes invadieron sus organizaciones y aparatos para condenarlas a la desaparición?

Estos sectores están obsesionados con que el cambio surge de la superficialidad, del simbolismo, y por supuesto, del discurso, sin ir más allá. El problema, según ellos, está en que algunos nos obstinamos en defender símbolos derrotados, y debemos agarrarnos impetuosamente a los símbolos vencedores – véase la bandera monárquica española – o, en el caso del errejonismo andaluz, además de la rojigualda, combinarla con una buena dosis de “blanquiverdeo”. En esta visión de la política no hay contradicciones, un proyecto político españolista puede complementarse – por supuesto, desde la subalternidad – con uno andaluz. Todo es simplemente cuestión del relato que se construya, las realidades, la materialidad de las relaciones pasadas y presentes entre el Estado Español y Andalucía están a función del mismo incluso; y por supuesto, lo mismo vale respecto a la materialidad y a la realidad de las relaciones sociales, a las relaciones de clase. La realidad es que un proyecto político cuyo eje sea la emancipación del pueblo andaluz es radicalmente excluyente con una defensa del Estado Español, cuya Historia, función y realidad material no es dúctil ni alterable, sino que hunde sus raíces en la conquista y subyugación de distintos territorios a la Corona de Castilla, es una cárcel de pueblos que los somete, y en el caso andaluz lo hace de una forma peculiarmente agresiva, de una forma política, cultural, social, y económica.

Hacer de lo simbólico lo central sí que es una caída al abismo de la derrota, creer que las luchas históricas, los símbolos que tantas victorias han traído, son algo a repudiar, es sólo un síntoma de lo que están dispuestos a desprenderse con tal de ganar, que es su única obsesión. Si se está dispuesto a renunciar a todo (simbología, tradiciones, luchas, cuestionamiento de la monarquía, críticas al “establishment”, etc.) con tal de ganar, dirán cambiarlo todo para no cambiar absolutamente nada. Ganar, ¿pero ganar qué y para qué? Porque si el ejemplo novedoso es Carmena y su alianza con Errejón, evidentemente nos tenemos que preguntar si ganar significa aceptar, como hizo Carmena, los dictados de Montoro, reducir la deuda, sí, pero a cambio de no profundizar en políticas sociales, aceptar y participar de proyectos urbanísticos como los de la “Operación Chamartín”, mantener la privatización de servicios, etc. Se habla, se repite que hace falta ganar, como si simplemente esto fuera una carrera de 100 metros lisos. La imagen de un Forrest Gump corriendo porque sí, resignificando su carrera, es inevitable.

En realidad, lo que esconde este debate es una renuncia absoluta a la construcción de contrahegemonía para abrazar por completo los postulados y los paradigmas hegemónicos, es, en realidad, ponerse a los pies del régimen hegemónico. Es alarmante ver cómo a algunos se les llena la boca con Gramsci y olvidan lo troncal de su pensamiento, que es la contrahegemonía, el construir un polo opuesto al hegemónico, construir mayorías sociales para derrotarlo; en definitiva, construir (contra)poder popular, alo que hacía ligar a Gramsci, con otro maldito símbolo del pasado de banderas rojas y puños alzados (no sabemos si apretando dientes o no): Lenin.

La culpa, la excusa es el símbolo, la excusa se construye y se resignifica. Aproximarse a la realidad, tener una comprensión global es sin duda un gesto inútil, como esos sectores nos recuerdan una y otra vez. Las tesis de Errejón llevan tiempo en la primera línea de Podemos, no por nada, Pablo Iglesias las asumió en la práctica tras Vistalegre II, de ahí el teatro constante, de ahí la falta de contenidos y de diferencias reales y prácticas entre unos y otros, de ahí que, en última instancia, todo esto sea el enésimo y aburrido juego de tronos de la nueva política española. La diferencia es que ahora, una vez conseguido hundir el barco a través de la extenuante indefinición, lo abandonan llamando a superar Podemos. Suponemos que ahora también que han sido derrotadas las banderas moradas, las manos en alto y las bocas sonrientes, y como la clave está en lo superficial, se debe superar Podemos y cambiar radicalmente la simbología, la liturgia y la apariencia, acusando al rival de anquilosarse e instalarse en viejas banderas derrotadas. Lo simbólico y el discurso poseen poderes mágicos y la capacidad de hacer ganar o perder, si es que ya significa eso algo para esos 834.000 parados en Andalucía, según datos de la EPA del último trimestre de 2018.

La política reducida al marketing, la política como producto en la quimera de las sociedades de “clases medias”, mientras, en Andalucía sigue existiendo un espacio sin cubrir que apele a la soberanía nacional como instrumento de transformación de una realidad de miseria y opresión y al protagonismo de la clase obrera y sectores populares. Algunos ven el peligro en banderas rojas y puños en alto, nosotros en renunciar a acabar con la miseria, la opresión, la dependencia y la explotación del ser humano por el ser humano. Levantaremos la verdiblanca y la bandera roja, alzaremos el puño – no sabemos si apretando dientes o no, eso dependerá de las circunstancias – pero porque simbolizan un proyecto político transformador, no porque estemos más a gusto con nosotros mismos al hacerlo, o necesitemos taparnos con banderas como quien se tapa con una manta una fría noche de invierno.

Por Manuel Ares y Antonio Torres

La valía internacional del programa de Nación Andaluza

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Iñaki Gil de San Vicente, teórico marxista vasco.

Nación Andaluza ha decidido participar en las elecciones autonómicas del 2 de diciembre por varias razones obvias: divulgar mediante soluciones concretas que existe una identidad nacional andaluza; hacer presente la extrema gravedad de los problemas que asfixian a su pueblo; atraer y aglutinar sectores populares; mostrar que sí existen alternativas viables… Al margen ahora de los resultados que obtenga, hay que convenir que su decisión fortalece los profundos movimientos democrático-populares que van creciendo en el Estado Español y entre ellos los de los pueblos oprimidos nacionalmente. Son las concretas condiciones de su nación trabajadora las que le han llevado a dar ese paso, y la militancia de NA las conoce mejor que nadie.

En Euskal Herria, uno echa en falta la radical lucidez de su programa electoral que, entre otras virtudes, tiene también la de mostrar que, en lo esencial, sus propuestas pueden y deben ser debatidas y luego adaptadas en lo necesario por otros independentismos socialistas, e incluso muchas de ellas por las izquierdas de naciones no oprimidas. Por “radical lucidez”, en este caso, entiendo la no elaboración de un programa máximo de inmediata destrucción del poder capitalista y la inmediata formación de una República Socialista, sino la certidumbre política de que Andalucía necesita ya un programa factible de mínimas conquistas urgentes; un programa que enseñe mediante la pedagogía del ejemplo colectivo que la dialéctica de la libertad se enriquece en cada lucha diaria por pequeña, aislada e invisible que aparente ser. Por “factible” entiendo precisamente eso: que son perfectamente alcanzables mediante la sistemática y planificada acción sociopolítica consciente de que, más temprano que tarde, deberá desbordar la marea autoritaria en ascenso.

El programa tiene 14 apartados con 166 reivindicaciones concretas que surgen del debate colectivo sobre las contradicciones que destrozan la vida y el futuro del pueblo trabajador de Andalucía. De aquí esa radical lucidez a la que me he referido y que muchas/os abertzales echamos en falta precisamente ahora que se acercan elecciones para 2019. El programa de NA es un programa táctico de esencia popular, obrero, campesino, antipatriarcal, socioecológico, internacionalista, etc. que también plantea reivindicaciones asumibles por sectores de la pequeña burguesía y por las mal llamadas “clases medias”, arruinadas y con ambigua conciencia nacional, pero siempre bajo la clara estrategia independentista y socialista. Consiguientemente, es un programa para la mayoría inmensa porque de principio a fin marca la nítida separación entre la propiedad capitalista inseparable de la dominación española, y la necesidad objetiva de que Andalucía sea ella propietaria de sí misma.

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Una a una y todas en su conjunto, las 166 propuestas llegan de un modo u otro al borde de la cuestión clave: las múltiples formas de propiedad burguesa que, amparadas en última instancia en el Estado Español, impiden el desarrollo de las potencialidades emancipatorias insertas en esas contradicciones que deben superarse. Conforme se auto-organiza y expande la dialéctica de la libertad, se descubre lo ineluctable del choque entre las luchas concretas estratégicamente coordinadas y orientadas, y el poder sociopolítico del capital. Si las 166 propuestas fueran limitadas y pobremente tácticas, separadas por un abismo insondable de la opresión nacional de clase que sufre Andalucía, y si carecieran de unidad estratégica, entonces serían asumibles por el reformismo y su mentalidad sumisa. Pero no es así. Al contrario, esa unidad estratégica las cohesiona internamente y refuerza su naturaleza inasimilable incluso analizadas una a una.

La idoneidad del programa de NA es incuestionable porque demuestra que existen soluciones reales a los problemas que angustian a la vida popular. Bajo el dictado de la industria mediática, del mercado del voto y de todas las formas de manipulación, se multiplica la precariedad de la existencia que depende de factores externos incontrolables, de la incertidumbre de un salario de miseria que empequeñece cada día, del plomizo lastre de unas instituciones corruptas e impenetrables por su densa burocracia. En este contexto, es fundamental proponer al pueblo obrero y campesino, a la mujer trabajadora aplastada en todos los sentidos, debatir sobre un programa con soluciones concretas que él mismo puede mejorar y ampliar en su vida concreta, cotidiana e inmediata.

Por ejemplo, es decisivo mostrar cuánto mejora y por qué su quehacer diario de las clases explotadas y su futuro practicando la recuperación de la lengua andaluza, menospreciada incluso con racismo por la cultura y la política española. Este ejemplo es uno de tantos cientos que surgen de los 166 puntos propuestos.

Acabando, con esta decisión NA está ahondando sobre todo en una de las profundas quiebras que minan al Estado Español desde, al menos, el siglo XVII: la de la debilidad de la “burguesía nacional” española para asentar un orden mínimamente democrático desde incluso los actuales parámetros neoliberales. Si yo fuera andaluz, les votaría, pero como no lo soy, asumo la valía internacionalista de su programa.

Por Iñaki Gil de San Vicente

El voto internacionalista: a Nación Andaluza

Existe un viejo dicho – posiblemente de procedencia anarquista – que viene a decir que si votar sirviese para algo, ya habría sido prohibido por la burguesía.

Las burguesías no lo han prohibido. Votar no trae las grandes revoluciones ni los más importantes cambios sociales, pero sí puede posibilitar que se puedan crear pequeños espacios de poder popular en ayuntamientos u otro tipo de instituciones. Pero como comentaba, no lo han prohibido. Lo que sí han hecho es hacer de las elecciones un circo mediático en el cual periódicos, televisiones, películas de larga duración, etc., van poco a poco creando un caldo de cultivo propicio para que sean las candidaturas del “establishment” las únicas que tienen opciones de acceder al poder real. Usando un símil futbolero: el capital solo permite jugar el partido en su campo, poniendo ellos el árbitro, el balón y hasta a la persona que maneja el marcador.

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Pulsa aquí para leer el programa completo de Nación Andaluza para las elecciones del próximo 2 de Diciembre.

Para acabar con el capital, entonces, queda claro que votando no hay sino remotísimas opciones de poder lograrlo. Ni con el capital, ni con la opresión nacional que sufrimos los pueblos, ni con el terrorismo patriarcal. Todo ello es un conjunto que viene de forma indivisible con el capitalismo español. Para terminar con estos males que acabamos de mencionar, sólo la vía revolucionaria – la vía de la desobediencia y la vía de la movilización en la calle es la adecuada. Cuando desde la izquierda nos dicen que es posible conseguir los grandes logros por la vía electoral e institucional, sencillamente nos toman el pelo y nos mienten. Y lo que es peor: nos desmovilizan.

Ese ha sido históricamente el papel del “eurocomunismo” y la socialdemocracia: mentir para desmovilizar. Por eso muchas personas llevamos tanto tiempo sin votar en Euskal Herria, mi país. Porque castigar con la abstención al eurocomunismo y la socialdemocracia es no permitirles que sigan con su labor de engaño al pueblo trabajador.

Pero no hablábamos de mi país. No es el momento.

Quienes nos reivindicamos como comunistas sabemos que se debe hacer un análisis de la realidad concreta, en el momento histórico concreto y en el espacio geográfico concreto. Queremos decir con esto que ni el momento ni el lugar es el mismo en Andalucía, que en Euskal Herria, en Catalunya o en Venezuela.

Por eso, los comunistas que no analizan la realidad concreta en su espacio geográfico concreto – y funcionan a base de consignas – acaban dirigiendo sus organizaciones de manera autoritaria hasta destrozarlas y quedarse más solos que la huna.

En la Andalucía concreta del momento histórico actual, desde la óptica comunista, revolucionaria, independentista y feminista, solo puede haber un voto.

El Pueblo Trabajador Andaluz necesita como el comer de organizaciones propias, que no sean la sucursal de ningún partido que desde Madrid dirige la estrategia a llevar adelante. Organizaciones que se tomen en serio la independencia nacional, que hagan del feminismo una brújula de su quehacer diario: un movimiento que se convierta en vanguardia del pueblo luchador, como históricamente ha demostrado serlo el pueblo andaluz.

Por eso, como ciudadano vasco, internacionalista y comunista, pienso que esas cualidades en Andalucía sólo las tiene Nación Andaluza.

Por eso, desde mi internacionalismo que no pretende entrometerse en los asuntos de otras naciones, sino tan solo mostrar mi apoyo a quienes considero mis iguales en las tierras de Rafael Alberti, Federico García Lorca y un larguísimo etcétera de personalidades y grandes luchadores, me atrevo a pedir el voto para Nación Andaluza:

¡El internacionalismo obliga!

Por Andoni Baserrigorri