Nacionalismo revolucionario y nacionalismo reaccionario

Por Huey P. Newton

Hay dos clases de nacionalismo: el nacionalismo revolucionario y el nacionalismo reaccionario. El nacionalismo revolucionario depende principalmente de una revolución popular cuyo fin último es que el pueblo esté en el poder. Es más, para ser un nacionalista revolucionario, por necesidad, hay que ser socialista. Si se uno es un nacionalista reaccionario, no es socialista, y entonces, su finalidad es la opresión del pueblo.

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El nacionalismo cultural – o el “nacionalismo de chuleta de cerdo”, como yo le llamo – es básicamente un problema de tener una perspectiva política equivocada. Parece ser una reacción en lugar de responder a la opresión política. Los nacionalistas culturales se definen por una vuelta a la vieja cultura africana para, de este modo, ganar su identidad y libertad. En otras palabras, sienten que la cultura africana les dará automáticamente la libertad política. Muchas veces los nacionalistas culturales siguen la línea de los nacionalistas reaccionarios. Papa Doc, en Haití, es un excelente ejemplo de nacionalismo reaccionario. Oprime al pueblo y al mismo tiempo promociona la cultura africana. Simplemente expulsó a los racistas y los sustituyó personalmente, convirtiéndose él en el opresor. Muchos nacionalistas en este país parecen desear los mismos fines. El Partido Pantera Negra, que es un grupo revolucionario de gente negra, es consciente de que tenemos que tener una identidad. Tenemos que dar cuenta de nuestra herencia negra para coger fuerza para seguir adelante y avanzar. Pero volver a la vieja cultura africana es innecesario y, en muchos aspectos, no supone un avance. Creemos que la cultura por sí misma no nos liberará. Vamos a necesitar esfuerzos mucho más grandes.

Un buen ejemplo de nacionalismo revolucionario fue la revolución en Argelia, cuando Ahmed ben Bella llegó al poder. Los franceses fueron expulsados, sin embargo, fue una revolución popular porque el pueblo terminó en el poder. Los líderes que llegaron al poder no estaban interesados en buscar su propio beneficio explotando al pueblo y manteniéndolo en un estado de esclavitud. Nacionalizaron la industria y sus beneficios fueron para la comunidad. Eso es de lo que se trata el socialismo, en resumidas cuentas. Los representantes populares están al mando estrictamente por el consentimiento del pueblo. La riqueza del país está controlada por el pueblo y es éste el consultado sobre todas las modificaciones en la industria que han de tener lugar.

El Partido Pantera Negra es un grupo nacionalista revolucionario y vemos una gran contradicción entre el capitalismo en este país y nuestros intereses. Somos conscientes de que este país llegó a ser muy rico durante la esclavitud y la esclavitud es el capitalismo extremo. Tenemos dos enemigos a combatir: el capitalismo y el racismo.

(“The Movement”, 1968.)

Entrevista a Mariela Castro: “En Cuba no hay femicidios y eso es efecto de la Revolución”

Por “Resumen Latinoamericano”

Mariela Castro es hija del primer mandatario cubano Raúl Castro y es también la principal promotora de la sanción de una ley de matrimonio igualitario para la isla. Desde el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX), que dirige desde hace 15 años, impulsó una reforma en la ley de trabajo para eliminar la discriminación por orientación sexual y fue responsable de una política efectiva para la prevención del VIH. Castro relató el proceso de cambio y precisó: “Hablamos de una ley de igualdad de oportunidades, porque la palabra matrimonio todavía genera muchas emociones.”

¿En qué consiste su modelo de educación sexual?

La sexualidad estuvo desde siempre marcada por relaciones de poder y por ideas, leyes, doctrinas basadas en esas relaciones. No siempre ha estado claro cómo cambiar ese modelo. Ahora, por suerte, lo está cada vez más. Nuestro enfoque de la educación sexual busca mostrar cómo se fue creando esa diferencia en detrimento de otras identidades de género y sexuales.

¿La clase social sigue siendo el principio ordenador?

No es la única, pero es la clave. Porque no la pasa igual un hombre gay pobre que uno rico; un transgénero migrante y uno blanco. En la formación que hacemos con activistas trabajamos esos entrecruzamientos y fomentamos la solidaridad. Por ejemplo, con los activistas LGTB trabajamos para que no se centren en sí mismos, que no se sitúen como únicas víctimas, fomentamos que se articule con otras causas justas y con toda la sociedad cubana. No tiene sentido aislarse, segregarse.

La Revolución era muy conservadora en estos temas, ¿cómo lograron transformar ese rasgo?

A mí me gusta hablar de este tema, no me resulta incómodo. Al contrario, me permite explicar nuestro punto de vista y reconocer lo que hay que reconocer. Todo el mundo quería que la primera revolución de América Latina fuera perfecta, pero no es posible. Los pueblos que quieran hacer revoluciones lo entenderán. No se puede saberlo todo, se cometen errores. Mi papá siempre me decía: “Fue un salto al abismo. Queríamos hacer justicia pero no sabíamos cómo se hacía.” No sabíamos cómo gobernar revolucionariamente, porque no es lo mismo que ser revolucionario. Es una generación que ha hecho un gran esfuerzo, le merecemos un respeto que no podemos obviar. Porque lo nuevo y lo renovador cree que siempre tiene las mejores respuestas, pero las ideas biologicistas o patologizadoras también fueron vanguardia.

¿Este cambio implicó una renovación?

Claro. El día que la Revolución deje de renovarse ya no va a ser una revolución. En estos temas se trabajaba para la renovación pero no se lograba porque no teníamos todas las herramientas. Tuvimos que indagar, estudiar y reflexionar mucho.

¿Cuáles eran los principales obstáculos?

Los prejuicios que aprendimos de nuestros ancestros españoles, y africanos también, y que estaban en el mundo entero. Esos prejuicios no ayudaban a que se defina una política clara. Se proponían reflexiones, pero no propuestas.

¿Cuál es la situación de los derechos de las mujeres en Cuba hoy?

La cosa buena es que las mujeres estamos organizadas, y eso da mucha fuerza. Hay muchas campañas, programas de televisión y radio, espacios científicos… Se ha trabajado en el empoderamiento y hoy somos el tercer o cuarto país con mayor presencia de mujeres parlamentarias, hay mayor número de graduadas universitarias, hay paridad salarial desde 1959… Nosotros no tenemos, por ejemplo, femicidios. Porque Cuba no es un país violento, y eso sí es efecto de la Revolución.

¿Y la prostitución?

No la consideramos trabajo, porque en Cuba hay otras alternativas, pero al que se persigue es al proxeneta. Hay muchas cosas que inciden y hay que tratarlas cuidadosamente para no estigmatizar.

Entrevista a José Antonio Egido: “En China hay un socialismo de mercado que convive con el capitalismo”

Por Correo del Orinoco

José Antonio Egido pudo vivir en China durante un año. El sistema económico y político que rige en ese país es un tema que le apasiona; tanto, que escribió un libro, “El Pájaro en la Jaula”, presentado en julio en la Feria del Libro de Caracas, y editado por parte del fondo editorial “Las Tres Raíces”.

Egido asegura que en China hay un socialismo de mercado que convive con el capitalismo, y así lo expuso ante el numeroso público que se congregó para escucharlo en la sala Rengifo, en pleno Parque Los Caobos.

En conversación con Correo del Orinoco, el investigador dijo que China sí puede ser un modelo para otros países, pero para ello “hace falta que el socialismo quiera y que el mercado quiera”, porque la idea de revolucionarios como Lenin y Mao es “una transición a largo plazo” y eso “a veces se da y a veces no se da”.

Egido enfatizó que la economía debe intervenir en la realidad, porque “uno tiene que dar de comer a la población, tiene que darle medicina”.

– ¿Vale el socialismo de mercado para China?

Para China valió, para China vale. Para Vietnam, vale. Para Cuba, vale.

– ¿Para Venezuela vale?

Yo creo que Venezuela tiene que pasar una larga temporada de transición. Creo que aquí tiene que pasar, sobre todo, una cosa que decía un gran filósofo venezolano: que no pasemos como una tragedia griega. En la tragedia griega todo va a la muerte. Aquí tenemos que hacer que funcione lo privado, que funcione lo público y que el país construya una economía sana.

GENERAR BIENES MATERIALES

En el libro, explicó Egido durante la presentación, se abordan aspectos como la llamada “revolución cultural”, que en su opinión “no fue revolución ni fue cultural”; incluso, afirmó que Mao Zedong “se volvió loco” y que se dedicó a eliminar a los grandes constructores del socialismo.

El investigador consideró que Deng Xiaoping lanzó otro camino, “un camino con problemas”. Hay ahora “un socialismo de mercado”, que responde a la necesidad de generar bienes materiales: “Ellos tienen que dar de comer a mucha gente”, recordó, y además saben qué es pobreza, explotación y colonialismo.

Ese socialismo de mercado de factura china, recalcó, es una cooperación técnica y financiera alternativa al Fondo Monetario Internacional. “Vivimos un buen momento del socialismo en China”, expuso Egido, pero admitió que hay un debate acerca de si es o no es socialismo. “Yo mismo me lo pregunto”, confesó, no sin antes subrayar que China “es compleja”.

Su recomendación para entender lo que sucede en la nación asiática es “estudiar mucho, ser prudente, ser paciente”. Estimó que los chinos “han hecho milagros y han hecho catástrofes” y exhortó a aprender lo bueno de China. También celebró al presidente Hugo Chávez, que abrió a Venezuela a relaciones estrechas con la nación asiática.

AMPLIO ESPECTRO

De acuerdo con el analista, hay en China un amplio espectro social. Citó -de los materiales incluidos en el libro- la actividad de pequeños empresarios familiares, que prestan servicios en la calle. También “existen grandes fortunas”, precisó, pero el núcleo central de la economía no está en manos de capitalistas privados, sino del Estado.

“No es el mercado el que domina la economía china, sino las decisiones políticas, sabias” del Estado y del Partido Comunista de China. La planificación, sentenció, es el eje de la economía china.

Para Egido, hoy no se sabe si ganará el capitalismo o el socialismo en China. No obstante, insistió en que “el socialismo no es la pobreza; el socialismo es el desarrollo de las fuerzas productivas” y en China han podido hacerlo con el capitalismo privado.

El objetivo del socialismo chino no es dilapidar los recursos, contrastó, sino tener una sociedad “modestamente acomodada”.

El analista espera que el libro “El Pájaro en la Jaula” sea leído por ministros, estudiantes, campesinos, trabajadores y por “los que crean en el socialismo”.