Nación Andaluza ante la sentencia del Procés: ¡Estado Español, cárcel de pueblos!

Las noticias confirman la filtración de la sentencia que condenaba a la mayoría de las presas políticas catalanas por el Procés independentista de octubre de 2017 a penas de entre 13 y 9 años de prisión por los delitos de sedición y malversación. En total, más de un siglo de prisión por organizar un referéndum al margen de la legislación estatal.

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Tras el juicio-farsa y las filtraciones de estos días sobre la sentencia, se muestra con más claridad que nunca la subordinación del poder judicial al poder político, siendo ambos, junto con los cuerpos policiales y militares, los garantes de los intereses de las oligarquías beneficiarias del Régimen del 78 – desde VOX hasta Podemos.

Ante la decisión democrática y popular del pueblo catalán expresada en el referéndum del 1 de Octubre de 2017, de constituirse en República independiente, la respuesta del Estado fue la militarización de Catalunya y el intento de evitar la participación ciudadana en las urnas, utilizando la brutalidad policial para impedirlo y a la justicia española junto a los medios de comunicación afines (la práctica totalidad de televisiones, radios y prensa escrita) para justificar la represión ejercida contra el pueblo catalán, sus líderes políticos y sociales.

Los intentos de las burguesías del Estado por canalizar la protesta popular ante la sentencia, a través de los partidos e instituciones del Estado, y respetando la misma ley que permite que en este Estado existan presos políticos, están siendo contestados mediante actos de desobediencia civil que consideramos legítimos ante un Estado con graves carencias democráticas en el que no hay separación de poderes como ha quedado evidenciado. Esta misma dependencia del poder judicial la vivimos en Andalucía con respecto al Caso de los ERE, ya que esperamos desde enero su sentencia que, con toda seguridad, se publicará después del 10N para no molestar a los partidos del Régimen.

El problema de la represión y de la sentencia judicial contra líderes políticos y sociales catalanes nos incumbe también a las andaluzas por estar sometidas al mismo Estado neofranquista. Hoy, la lucha del Pueblo Trabajador Andaluz por una Andalucía libre se juega en Catalunya. De la victoria de las fuerzas democráticas y soberanistas en Catalunya va a depender el futuro del resto de pueblos sometidos al Estado Español. La lucha del pueblo catalán es la lucha de todas las que queremos vivir en una nación donde la democracia se base en la soberanía de la clase trabajadora y en la justicia social.

NACIÓN ANDALUZA declara que esta sentencia confirma el carácter neofranquista del Estado Español, la inexistencia de división de poderes y la esencia autoritaria y el carácter oligárquico del sistema político español. Desde NACIÓN ANDALUZA exigimos una amnistía colectiva a todas las procesadas frente a los indultos individuales que parte de la burguesía española y catalana están negociando.

Desde NACIÓN ANDALUZA hacemos un llamamiento a nuestra organización en Catalunya, así como a las cientos de miles de trabajadoras andaluzas que residen en aquel país, a participar en la auto-organización popular para hacer frente al escenario de ruptura y confrontación con el Estado Español que se abre a partir de este momento.

NACIÓN ANDALUZA convoca al Pueblo Trabajador Andaluz a expresar su solidaridad con Catalunya y a manifestar en las calles de los pueblos y ciudades andaluzas el rechazo a la violencia policial y judicial ejercida por el Estado Español contra el pueblo catalán.

¡ANDALUCÍA CON CATALUNYA!

¡ESTADO ESPAÑOL, CÁRCEL DE PUEBLOS!

Permanente de la CN de Nación Andaluza

Andalucía, 14 de octubre de 2019

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El PCPE contra la resolución anticomunista del Parlamento Europeo

Una nueva fecha debe aparecer en los anales de la Historia: el 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo aprueba una resolución con el voto mayoritario de las fuerzas reaccionarias, equiparando el fascismo y el comunismo.

Es la evidencia de la inmoralidad o amoralidad de las fuerzas políticas de este Parlamento que, defendiendo el capitalismo, no son capaces de asumir los dramas y tragedias que están ocasionando a la inmensa mayoría de la Humanidad. Un Parlamento que fue creado para distraer la naturaleza imperialista de la Unión Europea, que carece de las más elementales funciones que cualquier órgano de representación popular debe tener, emite una vitriólica resolución que atenta contra la más elemental ética.

Incapaces estos “parlamentarios” de ocuparse de los problemas de los y las trabajadoras y de las mayorías de las capas populares, que están padeciendo las consecuencias de la crisis general y sistémica del capitalismo, tratan de distraer la atención sobre los horrores que están ocasionando las guerras imperialistas que se promueven desde las propias instituciones de la UE y de los gobiernos que la componen.

No han tenido bastante con las mentiras que a lo largo de la Historia han generado para articular su dictadura, para ocupar países colonialmente, para imponer bloqueos y asediar a los pueblos que, volviendo a atentar contra la verdad y la realidad de lo acontecido, revisan los hechos ocurridos hace 85 años: “¡A lo largo de este tiempo, les han estado engañando los comunistas!”

Con este intento revisionista de la Historia, el capitalismo se quita el disfraz “democrático” y nos transmite su desesperación y miedo a que los pueblos vuelvan a ser protagonistas de su Historia, y se organicen y luchen para conquistar su independencia, soberanía y libertad, que sólo el socialismo le garantiza.

La hostilidad anticomunista de las distintas fuerzas que han apoyado tan miserable y estomagante resolución disponen de un historial delictivo que no cabe ni en las disposiciones más graves de cualquier código penal. Si contabilizamos las víctimas de sus guerras y agresiones desde el final de la Segunda Guerra Mundial, nos encontraríamos con decenas de millones de muertos, que bien podrían calificarse incluso como asesinatos.

Los promulgadores de tan brutal resolución son los mismos que comprendieron y silenciaron a los regímenes nazi-fascistas de las décadas de 1920 y 1930; son los mismos que apoyaron al régimen criminal del Apartheid; son los mismos que mantienen a la criminal entidad sionista de “Israel”, que continúa la aniquilación y exterminio del pueblo palestino; son los mismos que toleran e incentivan a organizaciones racistas, xenófobas y ultraderechistas, con los que comparten gobiernos en algunos países; son los que “humanitariamente” bombardearon Yugoslavia, Irak, Libia, Siria, etc.; son los que promueven sanciones y bloqueos contra los pueblos de Cuba, Venezuela o la República Popular Democrática de Corea, entre otros; son los que desahucian y empobrecen a la clase obrera y los sectores populares; ¡son los que permitieron que la Unión Soviética se dejara 27 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial! ¡Son la escoria y sacan esta resolución!

El Secretariado Político del Comité Central del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) condena y denuncia la deplorable resolución de las fuerzas de la reacción en el Parlamento Europeo, y llama a la movilización popular y conciencia de clase para articular un frente de lucha que rompa definitivamente en el Estado Español con las herramientas y pilares que sostienen tan abyecto espacio, como son el euro, la UE y la OTAN.

Asimismo, hacemos paralelamente un llamamiento a las organizaciones obreras y revolucionarias de los países miembros de la UE para construir la alternativa que mande a estas hostiles fuerzas antipopulares al cementerio de la Historia. A los líderes revolucionarios, ¡la Historia los absuelve! A los criminales, revisionistas, traidores, ¡los pueblos y la Historia los condenarán!

A 2 de Octubre de 2019

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SECRETARIADO POLÍTICO DEL CC DEL PCPE

 

Unidad republicana y patriótica y lucha prolongada frente a la sentencia de los tribunales españoles y la represión policial y judicial

Vivimos en tiempos oscuros y a la vez esperanzadores. Son oscuros porque el recorte de derechos y la represión se intensifican. Pero no son tiempos para caer en el desánimo y bajar la guardia. Al contrario. Hay que afrontarlos. Porque también son tiempos de resistencia, que a su vez han de ser tiempos de organización y combate. Son momentos de tomar partido, para recuperarnos y reorganizar la lucha.

Ya hemos llegado muy lejos

Millones de catalanes tuvimos la valentía de organizar un referéndum de autodeterminación el 1 de octubre, que culminó un proceso colectivo de años e hizo temblar al Estado Español. Muchos hemos estado en primera línea en las manifestaciones masivas por los derechos nacionales, por la libertad de los presos políticos y para denunciar la farsa judicial a la cual se les ha sometido.

Lo que se ha hecho en el pasado ha sido impresionante. Todo lo que hacemos ahora mismo también lo es. Pese a todo, somos conscientes de que el tiempo que vivimos nos exige mucho y nos exigirá más todavía. Tendremos que ser muchos para hacer frente a las batallas que están por llegar. Necesitamos construir resistencia y capacidad de respuesta para derrotar a un Estado Español dispuesto a utilizar toda su artillería antes de ceder. A estas alturas todos lo deberíamos tener claro.

Vivimos en una situación de excepción, donde las leyes no son sino letra muerta cuando se han de respetar los intereses y derechos del pueblo. En cambio, son sierpes venenosas cuando se quiere ejercer la represión y atemorizar a los combatientes. Las leyes se modifican y se aplican según los intereses, no de la población, sino de la capa parasitaria que controla el Estado o para favorecer al capital.

Organizar, organizar y organizar

Hemos de organizar una amplia movilización republicana con la formación de comités de barrios, de obreros y estudiantes en todo el país. Con Comités de Defensa de la República. La acción de las masas es la única salida. Ya sabemos que delante nuestra tendremos barbarismo y represión.

El pueblo catalán dispone de una pluralidad de organizaciones. La ANC y Òmnium han tenido un protagonismo preponderante en la lucha de liberación nacional durante los últimos años. Están así porque se quiere castigar a sus principales representantes. Su potencial se ha de preservar y reforzar. Al mismo tiempo, es necesario potenciar otras formas de organización y, en especial, la organización por los derechos obreros y sociales.

En Catalunya también hay algunas organizaciones sociales que agrupan mucha gente, como por ejemplo los sindicatos mayoritarios, con una conducta algo timorata en relación a la lucha nacional y, a veces, incluso contraria a esta lucha. Esta circunstancia se ha de redirigir.

La acción institucional se ha sumado en determinados momentos al desafío al Estado Español. Por esta razón, el castigo también lo han hecho extensible al Govern catalán del 1 de octubre. Sin renunciar a esta potencialidad y sin minusvalorar todo el trabajo hecho, tampoco habríamos de sobrevalorarlo. La Generalitat de Catalunya y sus ayuntamientos, no son otra cosa que instituciones autonómicas sometidas al control y arbitrariedad del Gobierno español. Los grandes cambios sociales no se hacen desfilando a toques de corneta y tambor desde las instituciones autonómicas y, menos todavía, después de las experiencias decepcionantes que en algunos momentos recientes hemos vivido. En todo caso, lo que no pueden dejar de hacer las instituciones es aprovechar los pequeños márgenes que la autonomía les confiere para mejorar las políticas sociales y mirar para actuar como auténticas instituciones nacionales.

El tsunami democrático y la auto-organización popular

Consideramos que la propuesta de tsunami democrático, que ya está en marcha, ayudará a hacer que la respuesta a los próximos acontecimientos sea contundente, masiva y efectiva. Se trata de gestionar de la mejor manera posible todas las capacidades de lucha con las que contamos. Unas posibilidades que de momento parece que quedarán acotadas a la resistencia pacífica y a ciertos actos puntuales de desobediencia. Por esta razón, y conscientes de los límites y potencialidad de la coyuntura, damos apoyo a este tsunami democrático y nos hacemos parte de él. Al mismo tiempo, estamos seguros que el tsunami democrático estará acompañado de otras iniciativas combativas que incentivarán las potencialidades del movimiento republicano. Pero que no nos sorprenda que en las actuales condiciones y con estas formas de lucha, la respuesta no sea capaz de doblegar al Estado de inmediata. Ahora bien, sí que tenemos potencialidad para arrancar concesiones puntuales o parar los pies a algunas embestidas del Estado y lo hemos de aprovechar a fondo. No podemos dejar de luchar. ¡La respuesta unitaria es más necesaria que nunca!

Los comunistas, por lo tanto, somos plenamente conscientes de las potencialidades y limitaciones de la situación actual. Trabajamos por crear las condiciones para que el doblegamiento del Estado sea factible en un futuro, cuanto antes mejor. Al mismo tiempo, consideramos que este trabajo no se ha de desvincular de las luchas factibles en las condiciones actuales, luchas y resistencias que nunca se han de abandonar ni menospreciar.

Las elecciones generales: una batalla más que hay que afrontar

La sentencia se hará pública, probablemente, a las puertas de unas nuevas elecciones generales forzadas por Pedro Sánchez con la finalidad de destrozar todo aquello que hay a la izquierda del PSOE, traer de vuelta el bipartidismo y poder implementar las políticas económicas, internacionales, sociales y nacionales que reclamen la gran burguesía y el imperialismo. En estas condiciones no valen las medias palabras ni las inhibiciones. No hemos de abandonar ninguna reivindicación ni ningún espacio de lucha. Hemos de defender el derecho a la libre determinación. Luchar contra la precarización del trabajo y para revertir la reforma laboral. Mejorar los subsidios de los desempleados. Defensar y mejorar el sistema público de pensiones y los servicios públicos. Poner de manifiesto cuáles son las verdaderas causas del cambio climático y lo que hay que hacer para revertirlo. Conquistar las reivindicaciones del feminismo. Potenciar la cultura. Eliminar los restos del franquismo con los que nos encontramos a cada paso… Pero, sobre todo, hemos de crear las condiciones y construir los instrumentos para organizar la lucha. Como decíamos al principio, nuestros tiempos son oscuros y las elecciones se convocan con la intención de dejarnos en la oscuridad. La consigna ha de ser clara: ¡no podrán con nosotros, desde nuestra trinchera también lucharemos voto a voto!

Haremos todo lo posible para impulsar un Frente Patriótico y Republicano, lo más amplio posible. Saldremos a votar, porque la derecha y el españolismo no dejarán de hacerlo. Porque no queremos mantenernos indiferentes ante las maniobras de un títere al servicio de la patronal y del imperialismo que aspira a apropiarse de los votos de la izquierda y de la gente trabajadora para pactar con la derecha y servir al españolismo. Porque los comunistas no abandonamos ninguno de los frentes políticos en los cuales podamos actuar.

Esta apuesta por participar en todos los frentes de lucha no nos llevará, en ninguno de los casos, a caer en el error de priorizar la política institucional sobre el resto. El movimiento patriótico y republicano ha de participar en las instituciones impuestas de la monarquía española con la única finalidad de hacer llegar las reivindicaciones de nuestro pueblo y conseguir que el régimen monárquico de 1978 entre en crisis.

¡No pasarán!

PP y Ciudadanos, acompañados por Vox y con la cooperación de los medios de comunicación y de un entramado de organizaciones españolistas, están llevando a cabo una política sucia y mentirosa contra Catalunya. Jueces y fiscales se suman a esta ofensiva anticatalana. Quieren atemorizarnos y aislarnos. El anticatalansimo llora a moco tendido. “¡No pasarán!” es el único relato. Y al lado del no pasarán solamente tiene cabida un programa ambicioso de cambio profundo.

La lucha prolongada

La lucha contra el Estado Español será, por tanto, una lucha prolongada en la cual tendremos que combatir implacablemente toda tendencia al triunfalismo y la precipitación, y todas las tentaciones de menospreciar o sobrevalorar las capacidades de nuestros adversarios, tendencias y tentaciones que son, todas ellas, propias de la impaciencia pequeño-burguesa.

El concepto de lucha prolongada es el más indicado para caracterizar la actual etapa de lucha. Significa realizar cada una de las actividades y luchas, teniendo siempre en cuenta las tareas que se abrirán mañana y el objetivo que perseguimos, que en nuestro caso el la liberación de clase y nacional.

Nunca hemos de resolver un problema concreto recurriendo a las medidas que “en este momento” nos parecen las más “lógicas”, pero que visto el problema con perspectiva pueden comprometer nuestro desarrollo futuro. Por esta razón, nosotros, por ejemplo, somos tan insistentes en combatir el sectarismo. Es cierto que hay comportamientos puntuales que no se han de tolerar y que hay que criticar sin contemplación. Pero ello no debería eliminar la posibilidad de tejer alianzas sociales en el presente y ampliarlas en el futuro.

La reorganización de los marxistas-leninistas catalanes

Tener claro y aplicar consecuentemente el concepto de lucha prolongada significa, por otro lado, reafirmar y desarrollar cada vez más el carácter de clase de la lucha de liberación nacional.

La práctica revolucionaria ha probado una y mil veces que el proletariado es la única clase consecuentemente revolucionaria y capaz, por tanto, de enfrentarse sin precipitaciones al proceso de lucha prolongada.

Este convencimiento nos ha de llevar a superar la actual situación de ausencia del Partido Proletario. Si no se elimina este déficit, no es posible que la clase obrera participe de manera consciente en la lucha ni asuma el papel dirigente que le corresponde. Y el déficit no se superará exclusivamente por la vía sindical como algunos ingenuos han sugerido últimamente.

Propiciar la organización sindical de los trabajadores y potenciar el carácter nacional del movimiento sindical es una de las tareas irrenunciables. Pero solo es una tarea más. La clave del asunto se encuentra en la dirección política. Crear el Partido Proletario Catalán es la gran tarea del momento.

Por una Catalunya republicana, popular y socialista

Hay una lucha de liberación nacional que, como ya hemos dicho, es nuestra lucha. Pero también hay un nacionalismo chovinista, imperialista y de derechas que engatusa a mucha gente. Este tipo de nacionalismo en situaciones de crisis se manifiesta con mucha fuerza y de una manera u otra, también infecta algunas fuerzas políticas catalanas que históricamente se han caracterizado por su anticomunismo.

El punto clave es que ahora mismo el capitalismo no funciona bien para mucha gente y es normal que se busque cambiarlo. El problema es aclarar cuáles son las causas de este mal funcionamiento y qué es lo que hay que cambiar.

El cambio podría llegar a los fundamentos del capitalismo a través de una revolución que modifique el sistema de relaciones sociales actual y que, en nuestro caso, acabe a la vez con la opresión nacional. Pero también se puede apostar por otros tipos de cambio, culpando, por ejemplo, a los extranjeros, y sugerir la protección “de la economía nacional” y “de los nacionales”. Y eso es lo que hace el nacionalismo reaccionario, que desde hace unos años lo infecta todo.

La identidad nacionalista tiende a ser más fuerte que la identidad de clase, de aquí el éxito de la “derecha” y de las dificultades de los comunistas. Este tipo de identidad nacional se alimenta cada día de los aparatos del Estado y de los medios.

La identidad de clase, en cambio, se obstruye continuamente y se mira que no prospere, con todos los medios que los poderosos tienen a su disposición.

Trump puede construir un muro y reducir el número de inmigrantes, pero eso no hará que los EEUU vuelvan a ser invencibles. Boris Johnson puede, con la ayuda de Farage, salir de la UE de la manera que le dé la gana, pero eso no hará que Gran Bretaña recupere el papel de primera potencia mundial que ya perdió hace tiempo; es más, le creará nuevos problemas. La Lega Nord puede obligar a cerrar los puertos de Italia y provocar la muerte de muchos inmigrantes en aguas del Mediterráneo, pero no podrá evitar que Italia tenga un papel subsidiario dentro de la Unión Europea. Un sector del nacionalismo catalán de derechas y algunos “revolucionarios” cortos de miras, pueden soñar en emular a los “activistas” – al servicio del imperialismo de EEUU y del colonialismo – del Maidán y de Hong Kong, pero no conseguirá que la OTAN ni la UE se pongan de nuestro lado, sino que seguirán dando apoyo diplomático, económico y militar al Estado Español.

Los nacionalistas chovinistas no tienen respuestas efectivas, pues alimentan expectativas falsas y ayudan a ocultar que el problema fundamental es el capitalismo. Un sistema que produce beneficios para los propietarios de capital, sin atender las necesidades de las personas y creando exclusión y miseria por todo el mundo.

Esta es una de las razones principales por la cual consideramos que el objetivo del combate es la liberación de clase y nacional.

Unir y sumar a la clase obrera

Nosotros luchamos contra el Estado Español. Pero comprendemos muy bien quién sostiene este Estado y cuál es su función. También sabemos muy bien que para doblegarlo hay que movilizar y unir a todas sus víctimas, tanto en Catalunya como en otros lugares. Pero el sujeto capaz de luchar de manera más coherente contra el Estado y todo lo que representa, es el proletariado. El proletariado es la única clase social que puede garantizar una solución política claramente rupturista. Mientras el proletario no asuma este papel, los avances serán limitados y será difícil frenar la tendencia al pacto y la claudicación o a la impaciencia y al inmediatismo, unas tendencias que hoy, desgraciadamente, también contaminan el movimiento sindical, a causa de la dirección corporativista y conciliadora a la cual se encuentra sometido.

Nadie hará mecánicamente el trabajo por nosotros. Nadie hará madurar mágicamente al pueblo trabajador si él mismo no se convierte en el verdadero protagonista. Sin sumar toda la fuerza social que objetivamente está interesada en la liberación de clase y nacional, la lucha puede tomar, en determinados momentos, una dinámica incluso heroica. Pero le falta el elemento fundamental: la implicación política de la clase obrera, dándole su propia orientación.

UNIDAD PATRIÓTICA Y REPUBLICANA

SOLIDARIDAD CON TODAS LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN

LIBERTAD DE TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS

AUTODETERMINACIÓN

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Es tiempo de Andalucía

Tras el fracaso del PSOE y Unidas Podemos de formar gobierno, nos vemos abocados a unos nuevos comicios. Ambas formaciones se encuentran atareadas en la construcción de un relato convincente sobre por qué la culpa recae sobre el otro actor, y en este proceso donde la maquinaria partidista está a pleno rendimiento, todo “escollo” debe ser eliminado, no cabe otro debate o propuesta cuyo eje no se encuadre en los parámetros marcados.

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De izda. a dcha.: Pilar Távora (Izquierda Andalucista), Ernesto Alba (PCA), Antonio Maíllo (IU), Teresa Rodríguez (Podemos) y Pilar González (Primavera Andaluza) cantan el Himno Nacional de Andalucía tras un mitin de Adelante Andalucía.

En esta tesitura, distintas voces suenan en el espacio de Unidas Podemos planteando diversas cuestiones, una de ellas aquí, en Andalucía, donde Podemos ha apostado por la consolidación de Adelante Andalucía como sujeto político de cara a estas elecciones generales, como confluencia andaluza dentro del grupo confederal que ya existe en torno a Unidas Podemos. Sin embargo, esto que ya se reconoce y se ha valorado como algo positivo para otros pueblos, como Galiza o Catalunya, se descarta para Andalucía, federación a la que se le acusa de poco menos que quintacolumnista.

Esta negativa tiene un matiz especialmente agresivo desde ciertos sectores de Podemos, y el propio Pablo Iglesias ha mostrado su desprecio público a dicha propuesta, afirmando que Unidas Podemos se presentará en todo el Estado, y quien no esté de acuerdo con esa posición, que monte su propio partido. Cabe preguntarse si es que Galiza y Catalunya no pertenecen al Estado Español, o si es que sencillamente tiene la desvergüenza de mentir sin tapujos con tal de negar a Andalucía la posibilidad de adquirir la misma condición que esos territorios.

Confundir esta intención de trasladar la confluencia andaluza al ámbito estatal con una rebelión interna responde más a una estrategia de confrontación con el que consideran un enemigo interno que un análisis político y sosegado de la cuestión. La confluencia, y así lo ha mantenido Podemos Andalucía – y concretamente Teresa Rodríguez, en reiteradas ocasiones – no pretende competir frente a la candidatura de Unidas Podemos, sino establecerse como confluencia en su espacio, como hacen Galicia en Común o En Comú Podem. Compararlo con la jugada de Errejón y Más Madrid, y pretender hacer ver que son lo mismo es, o torpeza, o una malintencionada jugada para descabezar a la dirección andaluza. Resulta incomprensible la comparación, más aún cuando Adelante Andalucía, precisamente podría evitar la presentación de candidaturas de Más País en Sevilla, Málaga y Cádiz, y concentrar todo el voto entorno a la confluencia, todo lo contrario a lo que se pretende hacer en Madrid.

Y tampoco es similar al caso de la Chunta Aragonesista (CHA) en Aragón o Compromís en el País Valencià, porque en este caso la iniciativa surge de Podemos Andalucía, no de una organización ajena a Podemos. Esta iniciativa, de hecho, surge de los propios documentos de Podemos Andalucía, cuya Asamblea de hace 3 años ya apostaba por el avance de Podemos Andalucía como sujeto político propio andaluz, posturas revalidadas en las primarias del pasado año, donde Teresa Rodríguez se impuso por amplia mayoría a la candidata de Madrid y de Pablo Iglesias.

Otra de las voces discordantes viene de Izquierda Unida (IU), miembro de la confluencia de Adelante Andalucía, para los cuales todo esto se resolvería cambiando el nombre de la papeleta, la cual tendría fórmula de “Adelante Andalucía-Unidas Podemos”. Para ellos la cuestión parece superficial, y pretenden resolverla con una simple reformulación del nombre de la candidatura en Andalucía. No quieren asumir que no se trata de eso, que se trata de que Andalucía tenga voz propia para defender sus intereses en Madrid, algo que ellos mismos impulsaron en Galiza, y donde Yolanda Díaz – militante de IU y del PCE – es la cabeza de Galicia en Común. Y es especialmente llamativo, y a la vez que agrio al paladar, que sean voces del Partido Comunista de Andalucía (PCA), aquel que estuvo presente un 4 de diciembre de 1977 reclamando que Andalucía debía ser como la que más, porque autonomía era nacionalidad, las que niegan la posibilidad de que Andalucía efectivamente sea como la que más.

La última de las excusas con los “tempos”. Al parecer hay que aprender a medir los tiempos, y ahora no es momento para plantear una confluencia amplia para Andalucía, como tienen otros territorios. Adelante Andalucía como espacio de confluencia es un espacio que lleva más de un año en desarrollo, ya antes existía una colaboración entre IU y Podemos Andalucía en el Parlamento, quienes construyeron dicha confluencia junto a Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza. En este tiempo, Adelante Andalucía no sólo se ha ido consolidando como sujeto político, sino que se ha establecido a nivel local, donde en la mayoría de los municipios andaluces las fuerzas de izquierda se han agrupado entorno a la marca “Adelante”.

Pero no sólo es eso, no se trata de medir los tiempos, se trata de que realmente es tiempo de Andalucía, porque hace 40 años el pueblo andaluz salió a la calle a pedir autogobierno, a decir que era hora de Andalucía, y desde hace 40 años hemos sido acallados, porque ya nunca más hubo tiempo para Andalucía, “había cosas más importantes”. Es tiempo de Andalucía porque somos de las comunidades autónomas más castigadas por la crisis, porque tenemos una de las mayores tasas de desempleo, pobreza y riesgo de pobreza, absoluta e infantil; porque nuestro papel histórico ha sido el de la subalternidad política y la dependencia económica; porque nuestras comarcas y ciudades se desangran en cada crisis por una economía periférica y dependiente, especializada en sectores débiles, sin industria, sin desarrollo; porque nuestras ciudades reciben millones de turistas y la riqueza generada en ese proceso va a bolsillos que no son los de los andaluces, que se ven abocados a un empleo estacional, precario y con salarios que difícilmente garantizan la subsistencia. Es tiempo de Andalucía porque para decir “¡basta!” a los desmanes del capitalismo y nuestro papel en la economía española debemos tener una voz propia que vele por los intereses del pueblo andaluz.

Es tiempo, pues, de que Adelante Andalucía dé un paso y se establezca como la opción de izquierdas andaluza, andalucista, ecologista, feminista y antticapitalista que Andalucía necesita. Porque no se trata de cómo queráis marcar los tiempos, sino de que Andalucía merece alcanzar lo que durante tanto tiempo se le ha negado: ser escuchada.

Como explicaba Antonio Manuel en 2014: Andalucía no es una región, es una nacionalidad histórica, y políticamente no debe ser una susucrsal, sino gozar de instrumentos políticos propios.

Por Manuel Ares

Cuando el españolismo usa Al-Andalus para negar Andalucía

Desde hace meses ha vuelto a salir a la palestra el viejo debate sobre Al-Andalus y su hipotético encaje en la Historia del Estado Español, como efecto secundario del ascenso institucional de la derecha españolista abiertamente ultra y filofranquista, sedimentada en Vox.

Este debate sobre Al-Andalus – que ahora suena como novedoso – no es, sin embargo, más que una reproducción de otro que durante la posguerra sostuvieron Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, en el que discutían entorno a los orígenes históricos del “ser español”, aunque ahora se han actualizado argumentos y referencias con los nuevos conocimientos que tenemos a propósito de la Edad Media peninsular. Américo Castro situaba la aparición de “lo español” en Al-Andalus, asumiendo su relación conflictual con los reinos del norte peninsular como parte esencial del proceso. Sánchez Albornoz lo ubicaba en tiempos de la invasión romana de la Península Ibérica, señalando la existencia de Al-Andalus como un “elemento pernicioso para España” (1). Uno y otro asumían que, más allá de la evidente configuración del Estado Español a principios del siglo XIX, existía una “nación española” pretérita, al menos desde el siglo VIII, cayendo ambos en un esencialismo y chovinismo español palmario.

Este debate es de gran importancia para el andalucismo revolucionario, puesto que el marco en el que se establece parte de las siguientes premisas:

  • España es algo más que un Estado creado hace unos dos siglos: es una nación.
  • Andalucía no es sino una parte de esa nación. Su Historia no es más que una “historia regional”. No es fruto de un proceso histórico propio, sino parte de un conjunto nacional más amplio: España.

De ahí que desde la historiografía oficial hayamos escuchado muchas veces la afirmación, tan evidente como falaz, de que “Al-Andalus no es Andalucía”. Evidente, porque hay unos elementos de discontinuidad manifiestos entre ambas realidades históricas que no es necesario señalar aquí. Falaz, porque oculta una segunda parte de la afirmación que no se pronuncia: “Al-Andalus no es Andalucía porque Al-Andalus es España”. Esta segunda parte no suele expresarse tal cual, pero se explicita en un discurso que iguala la presencia andalusí en distintos puntos de la Península (Córdoba y Xixón, por ejemplo) para negar Andalucía como formación social históricamente determinada, subsumiéndola a una pretendida Historia española. De esta forma, la afirmación “Al-Andalus no es Andalucía” se ha utilizado para negar el enorme peso en la formación social andaluza del periodo andalusí. El debate sobre si Al-Andalus ha de considerarse más o menos español implica la negación del Al-Andalus andaluz. Un ejercicio de negación que sólo se explica como correlato necesario para un ejercicio de afirmación españolista. El mismo ejercicio que a mediados del siglo XX hicieron, con distintos matices, Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz.

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Entrada principal de la Fortaleza Andalusí de Gormaz (Soria)

En la actualidad, sorprende que desde ámbitos de la izquierda soberanista andaluza se haya entrado en este debate difundiendo y dando por buenas algunas de sus argumentaciones. Sorprende porque situarse en este marco supone aceptar las premisas – al evitar cuestionarlas – del mismo, lo que implica:

  • La negación de Andalucía como formación social históricamente determinada y de su opresión nacional.
  • La negación del derecho del Pueblo Trabajador Andaluz a auto-organizarse políticamente.
  • La negación del derecho a la autodeterminación de Andalucía.

No pretendo usurpar el derecho de otras naciones (por ejemplo, de la Occitania del Languedoc, en el sureste del Estado Francés) a reivindicar su pasado andalusí. Todo lo contrario. A estas alturas hacerlo es un sano ejercicio antifascista y de memoria de todos los pueblos que un día fuimos parte de Al-Andalus. Pero lo que ningún andalucista revolucionario puede aceptar es que el estudio y la justa interpretación del pasado de otro pueblo niegue al Pueblo Trabajador Andaluz.

Al-Andalus forma parte del devenir histórico de las distintas naciones cuyo solar hollaron sus gobernantes. Y de manera específica, es parte del proceso que conforma Andalucía como formación social históricamente determinada. No de una inexistente “nación española” que las burguesías estatalistas no han alcanzado a construir durante los siglos XIX y XX. El hecho de que su historiografía siga discutiendo sobre el papel del propio Al-Andalus es ejemplo de la imposibilidad histórica de engarzar un proyecto nacional español.

Siendo la andalusí una formación social de extensión territorial muy variable (como lo eran todos los reinos del Mediterráneo y de Europa en la Edad Media), reúne unas características específicas que hacen que para el Pueblo Trabajador Andaluz hablar de la sociedad andalusí sea, en cierto modo, hablar de sí mismo. Si bien Al-Andalus ocupó la inmensa mayoría de los territorios peninsulares y algunos del actual sureste del Estado Francés – una circunstancia que la historiografía españolista obvia sistemáticamente porque rompe su relato sobre la pretendida españolidad andalusí – es absolutamente ahistórico intentar siquiera equiparar el peso que tuvo en la conformación de las sociedades gallega o catalana actuales, por ejemplo, con el peso que tuvo en la sociedad andaluza.

Hay distintas razones que justifican este peso de Al-Andalus en Andalucía, que es incluso reconocido – en ocasiones – por la historiografía oficial (2):

  1. Razones geográficas: no hará falta acompañar de un mapa esta argumentación. En todo el Mediterráneo no hay lugar de las extremidades meridionales europeas más cercano al continente africano que el Estrecho de Gibraltar. Para encontrar una proximidad similar tenemos que irnos al Bósforo turco o los Dardanelos griegos, que separan Europa de Asia Menor.
  2. Razones cronológicas: la realidad material siempre impone sus leyes. La presencia de Al-Andalus en la actual Galiza, en Nafarroa o en la Catalunya pirenaica no alcanza, en el mejor de los casos, el siglo. Cualquier lugar de la actual Andalucía fue andalusí durante al menos 500 años. La ciudad desde la que escribo, durante casi 800. No se trata de dar “acreditaciones” de andalusí a unas u otras naciones (porque Andalucía es una nación, aunque sin Estado propio), sino de ubicar el peso del proto-Estado andalusí en el devenir histórico andaluz. Y Al-Andalus (y su conquista) ha dejado una impronta indeleble en nuestra configuración como país.
  3. Razones geopolíticas: tal y como afirma Taylor: “Las capitales han llegado a representar simbólicamente a sus Estados, con una serie de construcciones arquitectónicas distintivas” (3). Las capitales de Al-Andalus – en la Córdoba Omeya (siglos VIII-XI), en la Sevilla almorávide y almohade (siglos XII-XIII) y en la Granada nazarí (siglos XIII-XV) – siempre han estado al sur de Sierra Morena. La capital de Al-Andalus era el lugar desde el que se establecían impuestos, se dictaban leyes, se ordenaban ofensivas militares en Al-Andalus y donde residía el juez (cadí) mayor. Y todas las capitales andalusíes estaban en la actual Andalucía. La importancia de la ubicación geográfica del centro político, administrativo, judicial y simbólico de Al-Andalus no es poca, si pensamos que desde 1492 no ha habido en la Península Ibérica capital de un reino o Estado que se sitúe al sur del río Tajo.
  4. Razones económicas: durante el Emirato y el Califato independiente, la administración y recaudación de impuestos estaban fuertemente centralizadas en la capital andalusí (4), y las “coras” (provincias) al sur de Sierra Morena eran las que sostenían con sus impuestos la mayoría de gastos fiscales del gobierno.
  5. Razones administrativas: la división administrativa también fue diferenciada. Mientras en la actual Andalucía y algunos espacios limítrofes la organización territorial se divide en coras – que indican una organización territorial más consolidada – en Toledo, Badajoz o Lleida no existen coras, sino que es una ciudad (y los contingentes militares acantonados en la misma) la que articula la organización territorial (5). Ciudades cuyo gobierno, de carácter más militar que civil y con una amplia autonomía política, era entregado a linajes aristocráticos – sobre todo a partir del siglo X – que se habían resistido históricamente a la hegemonía andalusí a cambio del envío de contribuciones fiscales y de la prestación de apoyo militar (6).
  6. Razones poblacionales: la intensidad de las civilizaciones urbanas en la Andalucía del siglo VIII era ya una constante milenaria, y con ellas las primeras formas de propiedad privada, jerarquización social y explotación del ser humano por un semejante. Desde la temprana aparición del Neolítico andaluz en relación al resto de la Península Ibérica, pasando por Los Millares en la Edad del Bronce, El Argar en la Edad del Cobre, la formación social tartéside hasta la Bética del Imperio Romano, la tradición urbana del espacio que habitamos entre Sierra Morena y el Mediterráneo ha facilitado la explotación, gestión y ordenación humana del solar andaluz y su constitución de dos maneras distintas y alternas en la Historia: durante unos períodos históricos, como “espacio de poder” desde el que gestionar otros espacios y/o arbitrar relaciones internacionales peninsulares o mediterráneas, con una base fundamentada en el comercio; durante otros periodos, como “espacio al servicio de otros espacios” que abastece de productos agrarios, semielaborados y materias primas a la metrópoli que ejerce como potencia conquistadora.

En el presente, la importancia de las ciudades andaluzas se condensa en las agro-ciudades, un fenómeno específico andaluz – herencia directa de nuestro pasado andalusí – que se consideran núcleo urbano por su elevado número de habitantes en un espacio reducido, pero cuya ocupación predominantemente agrícola de sus habitantes son propias de una población rural.

A estas razones responden, a su vez, una serie de manifestaciones concretas:

La denominación de Andalucía: Andalucía ha sido la denominación que desde la propia conquista se ha dado a los territorios de Al-Andalus situados al sur de Sierra Morena y los andaluces han sido reconocidos en esta denominación. Caro Baroja narra cómo los habitantes del Reino de Granada (que sobrevivió casi tres siglos a la derrota de las Navas de Tolosa), ya expulsados, eran llamados en el norte de África “los andaluces”, a diferencia de los moriscos aragoneses o castellanos (7). El propio Luis del Mármol Carvajal, en su “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada” (1598), titula el capítulo primero: “Que trata de la provincia de la Andalucía, que los antiguos llamaron Bética, y cómo el Reino de Granada es una parte della”. Economistas andaluces de principios del siglo XVII, como Melchor de Soria o Martínez de Mata, también utilizan la misma denominación. Y el poeta castellano Francisco de Quevedo denunciaba la política impositiva de Felipe IV en su “Padrenuestro glosado”, entorno a 1630, de esta forma:

“En Navarra y Aragón
no hay quien tribute un real
Cataluña y Portugal
son de la misma opinión
sólo Castilla y León
y el noble pueblo andaluz
llevan a cuesta la cruz.
Católica Majestad
ten de nosotros piedad…”

Manifestaciones culturales: la influencia en la música popular andaluza es evidente; la más conocida en el flamenco. La propia etimología del término del cante andaluz nos remite a los “felah mengub”, que en árabe significa “campesinos huidos o expulsados” (8). Por no hablar de sus palos (los tangos, que hasta hace no mucho eran considerados erróneamente cantes de ida y vuelta) (9), bailes (como la zambra granadina) o la terminología utilizada (desde el “ole”) cuya etimología árabe es abundante (10).

Manifestaciones arquitectónicas: la toponimia de influencia árabe es enormemente común en Andalucía. Muchísimo más que al norte de Sierra Morena. Si nos fijamos en una denominación similar, como Alcalá (del árabe “al-qal’at”, es decir, el castillo), de los 13 municipios del Estado Español cuyo nombre es Alcalá, 6 de ellos son andaluces (11). Casi la mitad, mientras que Andalucía, por superficie del Estado, le correspondería tener solo 2 denominaciones con el término “Alcalá”.

Manifestaciones literarias: el cordobés Al-Saqundi defendió a principios del siglo XIII – en una muestra de chovinismo andalusí – la superioridad del Al-Andalus gobernado por los almohades, frente a los bereberes del norte de África, en su “Risala fi fadl al-Andalus”. Entonces, Al-Andalus ocupaba las actuales Andalucía, el País Valencià y las Baleares. Pues bien, en su descripción comienza elogiando a Sevilla (entonces capital andalusí), Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Almería. Sólo después hace referencia a Murcia, Valencia y Mallorca.

Manifestaciones militares: en el año 965, Al-Hakam II ordena la construcción de la fortaleza califal de Gormaz (Soria), que dominaba parte del valle del río Duero. La construcción de una fortaleza de tales dimensiones tenía un valor militar, pero también simbólico para el Estado andalusí. Quien haya podido visitarla podrá comprobar – además de su evidente abandono – cómo sus murallas están orientadas al norte, mientras que una impresionante puerta principal (en la imagen del artículo) con su arco califal enmarcado por un alfiz, apunta hacia el flanco sur – junto con otras de carácter secundario – es decir, hacia Córdoba.

El debate sostenido por la historiografía oficial sobre Al-Andalus surge de una premisa: la negación del pueblo andaluz. Cualquier acercamiento al tema desde posiciones andalucistas revolucionarias o simplemente progresistas debe partir de la denuncia de los intentos de asimilación histórica de Al-Andalus al Estado Español, de la correcta valoración del peso esencial de Al-Andalus en la Historia Nacional de Andalucía, así como de las consecuencias que su conquista tuvo en la presente opresión nacional de Andalucía. Y, por supuesto, del reconocimiento del derecho del resto de naciones con un pasado andalusí a estudiarlo y reconocerse en él, así como en sus especifidades. Un ejercicio de memoria enfrentado al intento constante de utilizar la Historia de Al-Andalus para justificar la legitimidad del actual Estado Español – producto de los esfuerzos de la oligarquía para crear con él un mercado unificado – como instrumento de opresión del Pueblo Trabajador Andaluz.

Granada, 26 de Agosto de 2019

Por Carlos Ríos

BIBLIOGRAFÍA:

  • Caro Baroja, J. (1979), “Los Moriscos del Reino de Granada”, Istmo, Madrid.
  • Colin Flint, Peter J. Taylor (2002), “Geografía política. Economía-mundo. Estado-nación y localidad”, Trama, Madrid.
  • Domínguez Ortiz, A. (2002), “Andalucía ayer y hoy”, Sarriá, Málaga.
  • Gómez Martínez, J. L. (1972), “Américo Castro y Sánchez Albornoz, dos posiciones sobre el origen de los españoles”, Nueva Revista de Filología Hispánica, tomo XXI, nº2.
  • González, M. A. (2016), “Manual de los cantes de Granada”, EUG, Granada.
  • Infante, B. (1980), “Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo”, Junta de Andalucía – Consejería de Cultura, Sevilla.
  • Manuel, A. (2018), “Flamenco. Arqueología de lo jondo”, Almuzara, Córdoba.
  • Manzano Moreno, E. (2006), “Conquistadores, emires y califas. Los omeyas y la formación de Al-Andalus”, Crítica, Barcelona.

NOTAS:

  1. (Gómez Martínez, 1972: 16)
  2. (Domínguez Ortiz, 2002: 83)
  3. (Taylor, 2002: 152)
  4. (Manzano, 2006: 294)
  5. (Manzano, 2006: 431)
  6. (Manzano, 2006: 432)
  7. (Caro, 1976: 240)
  8. (Infante, 1980: 166)
  9. (González, 2016: 86)
  10. (Manuel, 2018: 155)
  11. Según el Nomenclátor Geográfico Básico de España.

Por el respeto y aplicación del XX Congreso del PCE

El 4 de agosto pasado se constituyó en el seno del Partido Comunista de España (PCE) la Plataforma Interna de Opinión “Por el respeto y la aplicación del XX Congreso del PCE”, que cuenta con el respaldo de más de 100 militantes del PCE que abarcan prácticamente la totalidad de las nacionalidades y regiones.

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Logotipo de la Plataforma Interna de Opinión “Por el respeto y la aplicación del XX Congreso del PCE”

Esta Plataforma nace para participar en la Conferencia Política que se va a celebrar el próximo mes de febrero de 2020, con el objeto de analizar “el proceso de reorganización de la izquierda transformadora española, la construcción de unidad popular y la confluencia electoral”.

La Plataforma quiere defender desde ahora y durante todo el proceso de la Conferencia Política venidera, y desde luego en la misma Conferencia Política, las siguientes cuestiones:

a) Dar por finiquitado el actual proceso de confluencia con Podemos y construir una nueva confluencia con el máximo de organizaciones políticas y sociales de carácter progresista pero en los términos previstos en el Documento Político del XX Congreso del PCE (mandato congresual), es decir, de ruptura con el Régimen de 1978, apertura de un proceso constituyente democrático, republicano y social, promotora de la recuperación del sindicalismo de clase y combativo, junto con la imprescindible reivindicación de un conjunto de medidas que atienda a los intereses inmediatos de los y las trabajadoras y capas populares.

b) Promover la celebración de una Asamblea General Extraordinaria en el seno de Izquierda Unida (IU) para la elección de una nueva dirección, así como la incorporación de esta organización política con entidad propia a un proceso de confluencia respetuoso con el mandato congresual del PCE.

c) Convocatoria de un Congreso Extraordinario del PCE para la ratificación del mandato congresual del XX Congreso y la elección de una nueva dirección del PCE, respetuosa con el mandato congresual.

d) Impulsar urgentemente pasos concretos y decididos para facilitar un proceso de reunificación de los comunistas del Estado Español.

Estas reivindicaciones podrían resumirse en el sentido de que la Plataforma constituida para la Conferencia Política tiene como finalidad la de recuperar al Partido Comunista de España sobre la base de los principios del marxismo-leninismo (acordado en el XX Congreso), el respeto a los Estatutos y su Programa Político y la reclamación de un Congreso Extraordinario que designe a una nueva dirección capaz de poner en marcha estos objetivos.

FUENTE: Tercera Información

La trampa envenenada del tópico: conciencia nacional y de clase en Andalucía

Recientemente, la conocida empresa de gestión de recursos humanos (ETT) “Adecco” hacía público un informe sobre absentismo laboral en el que destacaba que durante 2018 un total de 735.000 trabajadores no habrían acudido ningún día del año a su puesto de trabajo, lo que suponía un incremento de 52.000 personas respecto a 2017. La tasa de absentismo habría crecido en un 5’3% en 2018, frente a un crecimiento del 5% en 2017. El informe añadía que la tasa de absentismo se habría situado en un “nivel histórico” desde 2009.

Más allá de fríos datos que ocultan las causas del absentismo y que de alguna manera pretende culpabilizar a los trabajadores/as y apretar las ya de por sí apretadas tuercas de la clase obrera, están las causas de ese absentismo: accidentes y enfermedades, la salud de muchísimas personas que se deteriora – la mayoría de las veces por causas laborales, esto es algo que el propio informe recoge – o la necesidad de conciliar vida laboral y familiar.

No olvidemos que, según dicho informe, el coste del absentismo laboral en 2018 alcanzó la cifra de más de 85.000 euros. Conviene no olvidarlo, como no lo olvidan quienes han elaborado el informe.

La cuestión es que esos datos concretados por territorios del Estado Español ha sido noticia: Andalucía se situaba como el segundo territorio del Estado, tras las islas Baleares, con la tasa más baja de absentismo laboral, frente a las tasas más altas situadas en la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral de Navarra. Rápidamente, fueron muchas las personas, trabajadoras y trabajadores andaluces, que creyeron ver la refutación definitiva del tópico y del estereotipo nacionalista español respecto a los andaluces y andaluzas. Los números, que nunca mienten, nos daban la razón: no somos un país de vagos y holgazanes, de subvencionados y estómagos agradecidos que se gastan el dinero en los bares de tapas y cervecitas, un país de personajes atrapados en un bucle de romerías y ferias que no termina nunca, no, somos un pueblo laborioso y trabajador, y a continuación, venían los típicos argumentos que, como autodefensa frente al insulto y al desprecio del nacionalismo español, la clase obrera andaluza ha ido elaborando históricamente sobre la dureza de trabajar en el campo o de cómo los trabajadores andaluces hemos contribuido al poderío industrial de otras zonas del Estado Español como Catalunya o Euskal Herria; o de Europa, como Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, etc.

Evidentemente, el tópico se rompía, pero es más, en otros informes anteriores a éste sobre absentismo laboral, el tópico había quedado ya desmentido. La cuestión es lo que no plantea ese informe y todas las noticias que han aparecido sobre esos datos y es por qué, es decir, ¿por qué en Andalucía hay una menor tasa de absentismo laboral? Nadie habla del tema. Los medios de comunicación destacaban lo anecdótico del tema, cuando – insistimos – no es el primer informe que afirma la baja tasa de absentismo laboral en Andalucía, mientras, la clase obrera andaluza que se ha hecho eco de la noticia veía por fin desmentido el tópico y limpiada su imagen.

El propio informe de “Adecco” reconocía que el absentismo laboral estaba motivado fundamentalmente por las bajas por enfermedad, ya tenemos una pista: los trabajadores andaluces se dan menos de baja y concilian menos, añadimos. Si tomamos esta vía habrá que preguntarse por qué nos damos de baja y conciliamos menos, lanzamos una hipótesis: porque no nos lo podemos permitir. Sigamos, ¿y por qué no nos lo podemos permitir? Apuntamos tres motivos: a) la extensión de unas relaciones laborales precarias; b) un “modelo productivo” que las propicia y las facilita; c) la debilidad del movimiento sindical, o más, la falta de referentes sindicales combativos, salvo excepciones. Podríamos apuntar un cuarto motivo: la normalización de una “cultura empresarial” en Andalucía caracterizada por el autoritarismo, pero esta cuestión es mucho más escurridiza y difícil de analizar.

Siguiendo con estos planteamientos es lógico que si tenemos en cuenta los tres motivos expuestos, la tasa de absentismo sea la que es en Andalucía. El miedo a ser despedido en un marco de relaciones laborales precarias, de paro y marginación, en definitiva, en un marco en el que tener un empleo – aunque sea precario y aunque no garantice no caer en la exclusión – es vital, para al menos sentir o percibir la integración social. Para “Adecco”, evidentemente, el análisis de los diferentes marcos sociales y económicos y su relación con las tasas de absentismo no es algo a tener en cuenta, pero si cogemos el mapa salta a la vista: a mayor exclusión y marginación social, menor tasa de absentismo, y viceversa, salvo excepciones que evidentemente confirman la regla. Tampoco para “Adecco” es importante estudiar cómo la presión de un ambiente precario influye en las trabajadoras y trabajadores para ir a trabajar estando enfermos o no conciliar.

Que Andalucía es “campeona” – como se llegó a calificar en un informe de CCOO Andalucía o el propio banco “BBVA” el año pasado – en precariedad laboral no solo en el Estado Español, sino en Europa, es un hecho probado. Informes sobre la precariedad laboral en Andalucía y cómo ésta es un rasgo del “mercado laboral”, abundan. Al respecto, queremos llamar la atención sobre una cuestión: la costumbre de reducir en dichos informes la precariedad únicamente a la temporalidad o a los contratos a tiempo parcial: también hay fijos a tiempo completo en precario, es decir, en situaciones de una indefensión y vulnerabilidad absoluta en su relación con el empresario, con sueldos precarios, con precarias condiciones de seguridad laboral, etc.

La relación entre la precariedad laboral y los “modelos productivos” desarrollados en los diferentes territorios del Estado Español está igualmente bien estudiada. Sectores como la agricultura, la hostelería, el comercio o la construcción destacan por emplear en precario, especialmente a mujeres y jóvenes. Ni que decir tiene que esos sectores destacan en la economía andaluza y emplean al grueso de la clase obrera andaluza.

Por último, la falta de un gran referente sindical combativo en Andalucía completa el cuadro. Salvo excepciones como las del SAT, CGT, CNT o la de otros sindicatos combativos, la hegemonía del sindicalismo de gestión y concertación de CCOO y UGT es aplastante; por otro lado, el “modelo productivo” implementado en Andalucía ofrece un marco en el que incluso el sindicalismo de CCOO y UGT tampoco consigue organizar a importantes sectores de trabajadores y trabajadoras que están prácticamente abandonados y desconectados de cualquier referente sindical. Ni que decir tiene que un sindicalismo de clase y combativo supone un respaldo importante a la hora de ejercer derechos efectivamente y evitar abusos, y como en el caso que nos ocupa, poder disfrutar de una baja por enfermedad o conciliar con garantías de no sufrir represalias.

Todos estos elementos confluyen en una verdad incómoda para el españolismo de izquierdas en sus diferentes expresiones, como es la relación entre conciencia de clase y conciencia nacional andaluza. Decía Carlos Arenas Posadas en “Poder, economía y sociedad en el Sur. Historia e instituciones del capitalismo andaluz” que las popularizadas consideraciones de Ortega y Gasset (“Teoría de Andalucía”) sobre la “pereza andaluza” se dio en un momento especialmente conflictivo, en un momento de especial auge de organización y lucha del movimiento obrero andaluz; con ironía, pero con certeza, Arenas Posadas destacaría que la holgazanería en Andalucía era – y es, añadimos por nuestra parte – cosa de la burguesía. Nada es casual, el nacionalismo español ha construido un relato sobre Andalucía y los andaluces que hemos interiorizado; hemos interiorizado tanto el cómo nos ven que no somos capaces de vernos como realmente somos, tanto en el pasado como en el presente. Es esa interiorización del tópico, utilizando este informe de “Adecco” sobre tasas de absentismo laboral para negarlo, lo que nos impide ir más allá y analizar las causas, los porqués, quedándonos en lo anecdótico.

Es frecuente en sectores de la izquierda soberanista andaluza teorizar sobre estas cuestiones pero no tanto sacar conclusiones políticas al respecto: que la alienación cultural tiene una función política, de dominación y sometimiento. No podemos contemplar lo nacional, en este caso la opresión nacional, como exclusivamente una construcción cultural, sino como algo más global, dentro del inevitable marco de la lucha de clases. No se trata de calles que discurren paralelas y que en un momento dado se cruzan, se trata de concebir la lucha de clases como el propio trazado urbano por el que discurren las calles.

La verdad incómoda para las diferentes expresiones de la izquierda españolista es evidente: existe un marco nacional andaluz de lucha de clases, no atenderlo significa renunciar a jugar un papel político determinante en la organización y en la lucha de la clase obrera andaluza. Plantear medidas aisladas e inconexas, como “cambiar el modelo productivo” pero sin aspirar a un modelo político propio y soberano para implementarlo, como ya escuchamos en la campaña electoral andaluza en diciembre de 2018, es un brindis al sol; igualmente, negar el hecho nacional andaluz en aras de un “internacionalismo proletario” abstracto, que niega las realidades concretas y no las analiza, es simplemente un suicidio político, un aborto de transformación social no ya revolucionaria, sino también progresista.

Por último, existe otra verdad incómoda, y es el nacionalismo y el chovinismo de la izquierda españolista que acepta tópicos y estereotipos sobre Andalucía, que solo ve la paja en el ojo ajeno – especialmente cuando ese alguien es catalán – pero no la viga en el propio.

Por Antonio Torres