El dinero del wahabismo de Arabia Saudí y Qatar en España (parte 1)

Una de las causas más importantes para evitar el odio a los musulmanes es identificar correctamente a los responsables de que el discurso integrista y radical cale entre algunos de sus miembros. Tan irresponsable es incidir en la generalización sobre los musulmanes como pasar por alto la importancia de ideologías religiosas intolerantes que financian, promueven y difunden un mensaje de odio que no tiene cabida en una sociedad abierta y democrática. El wahabismo y el salafismo son dos corrientes diferentes sunníes pero imbricadas por un mismo concepto: el takfirismo, que significa la expulsión del distinto, no concebir al resto de musulmanes como “verdaderos” y el rechazo al que no practica ni su religión ni su misma acepción de la misma. En esencia, el wahabismo y el salafismo son discursos de odio.

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El Rey de España, Felipe VI, durante una de sus más recientes visitas de Estado a Arabia Saudí.

Arabia Saudí es, junto a Qatar, uno de los países difusores más importantes de la corriente fundamentalista del wahabismo. La visión del Islam wahabí de su profeta Muhammad ibn Abd Al-Wahhab, que data del siglo XVIII, preconizaba un ideario mucho más riguroso para todos aquellos musulmanes que según él se habían desviado del verdadero mensaje del Islam. La unión de esa visión integrista del Islam y Arabia Saudí se dio en el año 1744 por el acuerdo pactado entre el predicador y Muhammad bin Saud, fundador de la dinastía Saud a la que hoy pertenecen los sátrapas del Estado actual de Arabia Saudí.

“La exportación por parte de Arabia Saudí de una rama rígida, fanática, patriarcal y fundamentalista del Islam conocida como wahabismo, ha alimentado el extremismo global y contribuido al terrorismo”, analizaba Scott Shane en un artículo en “The New York Times”. La visión extrema del Islam coaligada con la dictadura saudí ejerce una dramática influencia sobre el yihadismo dependiente de la corriente salafista, que persigue devolver La Meca a unos postulados utópicos de “pureza” islámica.

Por ello, paradójicamente, el terrorismo de raíz salafista actual es una serpiente venenosa creada por la visión dogmática de la religión que alimentan los Estados wahabitas de Arabia Saudí y Qatar, y que creció con el anti-imperialismo, pero que no dudaría en matar a su creador si tuviera la oportunidad de conquistar La Meca.

Wahabismo en España

La mezquita de la M-30 (o Centro Cultural Islámico de Madrid) fue inaugurada el 21 de septiembre de 1992 con la presencia del entonces rey saudí Salman ben Abdelaziz y el entonces rey español Juan Carlos I. La inauguración se produjo 11 años después de un acuerdo al que habían llegado 18 países musulmanes con presencia diplomática en España y sólo después de que el rey Fahd de Arabia Saudí hubiera puesto 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros) para la construcción del complejo de 6 plantas y más de 12.000 metros cuadrados.

El actual imam de la M30, Hussam Khoja, se ha pronunciado en diferentes ocasiones en contra de la violencia y contra la visión integrista y rigorista que nutre a los terroristas salafistas y el Estado Islámico, enarbolando su independencia ante el dinero wahabí que financia la mezquita pero ejerciendo el discurso implantado y gestionado desde la Liga del Mundo Islámico, la coalición islámica internacional que dirige la mezquita. El anterior imam, Moneir Mahmud, un sunní de nacionalidad egipcia que ejerció de profesor e imam en Arabia Saudí, siempre ha rechazado la influencia wahabí en su discurso y también sufrió el desprecio de los asistentes más radicales a su mezquita por sus discursos contra Abu Qutada, un clérigo radical próximo a Al Qaeda. Estos son dos ejemplos paradigmáticos de la controversia entre dos discursos integristas como el wahabí y el salafista por el control del mundo musulmán.

La mayor radicalidad del discurso no se da en las mezquitas grandes a cargo de los imames plenamente identificados, sino en pequeños lugares de cultos ilegales y clandestinos, o centros islámicos de menor tamaño. Sin embargo, no es menos cierto que la financiación de Arabia Saudí de las principales mezquitas en España y en Europa legitima una visión rigorista del Islam desde los grandes centros de oración. El dinero saudí está en las mezquitas de Marbella, de Whitechapel (Londres), en la mezquita del Rey Fahd de Los Ángeles o de Saint-Etienne en Nantes. En el momento de la inauguración de la mezquita de la M30 los musulmanes moderados ya advertían del peligro de la implantación de la visión saudí del Islam: “Arabia Saudí pretende ser la representante verdadera del Islam, pero no lo practica”, afirmaba Jalifi Riadh, un profesor tunecino de jurisprudencia islámica, en un artículo de 1992 en “El País”.

La mano de Arabia Saudí en la propagación del discurso del odio es tolerada por parte de los responsables políticos. En mayo de 2016 fue permitido un sermón en el Centro Cultural Islámico de Cornellà en la mezquita Al Tauba del imam saudí Saleh Al Moghamsy. Este clérigo, responsable de la mezquita de Quba en Medina, ha llegado a defender la “santidad” de Osama bin Laden por encima de la de cualquier otro “infiel”.

Un informe del CNI al que tuvo acceso “El País” en el año 2011 advertía del escaso control que se tenía sobre el dinero que Arabia Saudí y Qatar, junto a otros 4 países como Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Libia y Marruecos enviaban a comunidades musulmanas y cómo acababan financiando organizaciones radicales y células islamistas. Nada ha servido para que la política exterior española cambie su postura frente a los petrodólares de las dinastías wahabitas.

La financiación de las mezquitas en España es solo una de las partes más evidentes del incesante flujo de dinero que las dictaduras de Arabia Saudí y Qatar usan para ampliar su influencia. Los negocios al más alto nivel y las fuertes inversiones de capital en empresas españolas, junto a los jugosos negocios que proporcionan estos países, hacen que se sea muy laxo con el discurso del odio que promueven y al que dan soporte.

Por Antonio Maestre (LaMarea.com)

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Los símbolos fascistas no tienen lugar en la sociedad

Dos turistas chinos han sido detenidos recientemente en Berlín por hacer el saludo nazi mientras posaban para dos fotógrafos frente al “Reichstag”, el Parlamento de Alemania, el pasado sábado 12 de agosto. Tres días después, el Museo contra la Agresión Japonesa en el Almacén Sihang de Shanghai realizó un comunicado criticando a cuatro jóvenes chinos por vestir uniformes del Ejército Imperial Japonés y posar para fotos en el almacén, defendido exitosamente por fuerzas chinas contra los invasores japoneses a finales de 1937, y calificando su acto como “blasfemia imprudente”.

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Los jóvenes son ciudadanos de un país en el cual más de 35 millones de personas murieron o fueron heridas en la Segunda Guerra Mundial y está, de forma inadvertida, reabriendo viejas heridas.

El mundo se ha enfrentado a brutales y radicales cambios desde aquellos días de horror sin fin. Y casi todo ha cambiado, desde el interior de los hogares hasta los exteriores de los edificios, desde nuestros medios de transporte hasta la manera en la que compramos. Quizás la única cosa que no ha cambiado sea que cada sociedad tiene sus tabúes – algunos religiosos, otros históricos. Y cada sociedad establece lo que supone la ruptura de esos tabúes.

En muchos casos, es a lo que nos oponemos, y no lo que apoyamos, lo que determina quiénes somos. Una postura o un conjunto de ropa pueden ser correctos en una sociedad pero tabú en otra cultura, porque los seres humanos, quienes, dependiendo de su Historia y de su cultura, tienen sus propios objetos de reverencia y su propio conjunto de tabúes.

Las agujas del reloj siguen moviéndose señalando el cambio del tiempo, pero las heridas de la Historia y de aquellos que causaron esas heridas nunca deberían ser olvidadas. Esa es la razón por la que las acciones de jóvenes y turistas no pueden ser atribuidas a su ignorancia sobre las leyes alemanas o su falta de entendemiento de la Historia reciente de su propio país, especialmente porque ocurren en lugares históricos.

Las acciones de esos jóvenes deberían traernos a la mente lo que ocurre en el Santuario de Yasukuni de Tokio, donde los “héroes de guerra” de Japón desde la Restauración Meiji – a finales del siglo XIX, incluidos 14 criminales de guerra de Clase A de la Segunda Guerra Mundial – son honrados. Los asistentes visten uniformes del Ejército Imperial Japonés y pueden ser vistos con facilidad por los alrededores del santuario como modo de prestar ofrenda a los “héroes de guerra” y a los “verdaderos patriotas” – es decir, señores de la guerra – de Japón.

Los alemanes, por otro lado, han prohibido todos los símbolos nazis y han declarado sus acciones como “ofensa criminal”. Han reconstruido su nación condenando las atrocidades cometidas por los nazis y han puesto en vigor estrictas leyes para castigar a la gente que use esos símbolos, sea cual sea la razón. Gracias a ello, la resurrección de Alemania dentro de la comunidad internacional se completó.

En contraste, Japón nunca ha iniciado siquiera un proceso de auto-introspección, pese a que sea conocido como la Tierra del Zen – que se centra en la meditación o “dhyana”, que en sánscrito simboliza una serie de estados cultivados de la mente que llevarían hacia un “estado de perfecta ecuanimidad y precaución”. Uno se imagina cómo pueden los japoneses alcanzar este estado “perfecto” sin la auto-introspección.

Sin condenar oficialmente a nadie por sus crímenes de guerra, Japón no se puede convertir en una nación normal. Y si Japón pretende ser una nación normal construyendo un Ejército, ello supondrá de nuevo una amenaza a la paz regional e internacional.

El saludo nazi realizado por los dos turistas chinos y la vestimenta del Ejército Imperial Japonés por parte de 4 jóvenes en Shanghai deben ser puestas en el vergonzoso vertedero de la Historia. Los crímenes contra la Humanidad cometidos por los nazis y las fuerzas japonesas deben seguir recordándonos que nunca debemos bajar la guardia contra el fascismo y sus símbolos.

Si el desarrollo pacífico de las últimas décadas debilita nuestra memoria acerca de los horrores del fascismo y las guerras, posiblemente acabaremos abriendo viejas heridas o infligiendo nuevas heridas en el siglo XXI.

Por Zhai Haijun

Periodista de “China Daily”

El precio de la tortura de un preso político en España

marcosmartc3adnponceposterEl 20 de julio de 2017 un agente judicial me notificaba en la prisión de Picassent (Valencia) la imposición de una multa de 600 euros, en relación a las torturas a las que fui sometido en noviembre de 2012 en el módulo de aislamiento de Sevilla-II. A esta multa (que se traduce en un mes más de prisión por insolvencia) hay que unir un año de cárcel adicional al considerar el Juzgado nº12 de Sevilla que yo fui el agresor de los carceleros. La realidad por la que pasé fue muy diferente.

Entre cuatro funcionarios, que acumulan incontables denuncias por malos tratos y torturas, tanto a presos políticos como a sociales, me dieron una paliza con porras, patadas, rodillazos, puñetazos… mientras me encontraba esposado y desnudo.

Justo antes de perder el conocimiento, la última imagen que recuerdo es cómo se codeaban entre ellos para ver quién cogía la mejor posición para golpear con más saña. Cuando recobré el conocimiento, estaba siendo arrastrado desnudo y esposado a la espalda, sin apenas un suspiro de energía para oponer resistencia… Sangrando por la boca.

Mis pies se deslizaban sobre mi propia sangre, dejando dos sucios bermellones por los pasillos de aislamiento, hasta llegar a una celda de castigo donde me ataron a un somier de acero, de pies, manos y cintura. En ese potro de tortura, mientras yo escupía sangre a borbotones, los funcionarios hacían lo propio con su odio de clase (como fieles mercenarios del capitalismo) a modo de insultos contra mi condición de preso político comunista.

El dolor en el pecho era insoportable cada vez que tosía. Uno de los carceleros comentó: “Habrá que atarlo boca abajo, no se vaya a ahogar con su propia sangre”.

Y así me dejaron durante 48 horas. Desnudo en pleno invierno, con la ventana abierta, orinándome encima. No recibí ni ropa, ni mantas, ni comida, ni agua. Cuando una ATS por fin se personó para levantar el informe médico, la celda de castigo se llenó de uniformados, con la clara intención de amedrentar a aquella joven. He de agradecer la fortaleza de aquella mujer, por priorizar su profesionalidad. En el parte médico, escribió: “Al menos una veintena de abrasiones en la espalda, claramente causadas por objetos contundentes, provocando un hematoma masivo generalizado por cuello, espalda, brazos y piernas. Igualmente, presenta un diente roto (con abundante sangrado), abrasiones en el rostro y un fuerte golpe en la frente”.

Un informe médico de esta índole sería más que suficiente en cualquier país de democracia burguesa para procesar a los carceleros y al director de la prisión, pero en el Estado Español la maquinaria represiva está bien engrasada contra sus enemigos políticos, por lo que el poder judicial tampoco se ha salido del guion establecido. Así es que lo que resulta relevante para sus señorías son los relatos de los torturadores, para los cuales – de repente – me convertí en un ser enajenado, violento y sin control, que no paraba de agredirles. Sin embargo, atendiéndonos al parte de lesiones de los funcionarios, tan solo uno de ellos presentaba “una tumefacción dolorosa a nivel del primer metacarpiano de la mano derecha”. O sea, que al señor funcionario nº 96.764 se le había ido la mano derecha… mientras los números 67.951, 96.980 y 36.178 optaron por utilizar el instrumental especializado.

Todas las cámaras del módulo de aislamiento grabaron lo sucedido, pero ni la jueza de instrucción de Morón de la Frontera, ni la del Juzgado de lo Penal nº12 de Sevilla tuvieron en cuenta mi denuncia, ni admitieron a trámite la petición de mi abogado para que la visualización de las cámaras sirviera como prueba principal para mi defensa (ya que mi denuncia ni siquiera fue admitida a trámite). Tampoco fue tenido en cuenta como prueba mi parte médico.

Para la jueza resultaba más que suficiente el cuento victimista de esos “grandes defensores de los Derechos Humanos”, como calificó a los carceleros que me torturaron al finalizar el juicio. “Los hechos declarados [dice el auto condenatorio] y probados se consideran acreditados por el conjunto de pruebas practicadas y ratificadas en el acto del juicio oral”. Y estas son las garantías constitucionales de un “juicio justo” en un régimen represivo: “En concreto, las firmes declaraciones de los funcionarios que tuvieron intervención en los hechos, los cuales han expuesto de manera coincidente, coherente y razonada la sucesión de los hechos, que culminó con la reducción e inmovilización del acusado”.

Entonces, ¿para qué tener en cuenta las pruebas objetivas o indagar si las denuncias de violación de los Derechos Humanos tienen algún fundamento, si los señores funcionarios ya habían relatado lo ocurrido? Todo queda en casa, ¿verdad, señora jueza? ¿Qué más da que otros presos políticos (como Arkaitz Bellon, al que estos mismos carceleros agredieron y el cual murió en una celda de aislamiento pocos meses después, y al que aprovecho para rendir homenaje) hubieran sido agredidos impunemente en ese mismo módulo de aislamiento? ¿Qué tendrá que ver que los juzgados mencionados estén copados con denuncias por torturas y malos tratos en la prisión de Sevilla II-Morón de la Frontera? ¿Qué más da que la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea haya señalado a Sevilla II como una cárcel bajo investigación, dada la gran cantidad de este tipo de denuncias que acumula? ¿Qué importa todo esto, si los torturadores hicieron “firmes declaraciones” y “han expuesto de manera coincidente” la “sucesión de los hechos”. Pues creo que, efectivamente, no queda mucho más que decir.

Únicamente la reflexión de que si estos son los más altos niveles de democracia y libertad que este sistema político está dispuesto a ofrecernos, será cuestión de cada cual (y del conjunto de todos nosotros) el atreverse a mirar de frente a la cruda realidad y decidir qué es lo que se tiene que hacer para que ningún preso político (ni social) vuelva a ser torturado o maltratado; siempre teniendo en cuenta que las prisiones son, tan solo, un eslabón más del sistema represivo de este Estado.

Por Marcos Martín Ponce

(preso político comunista)

El proyecto de crear la Gran Albania se pone en marcha la semana que viene

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Mapa de la Gran Albania que, además de la propia Albania, abarcaría zonas de Grecia, Macedonia, Serbia y Montenegro.

El 11 de junio se celebran en Kosovo las primeras elecciones y los sondeos dan como vencedores a los fascistas de “Autodeterminación”, en cuyo programa está el inicio de las negociaciones con Albania para completar la tarea de destrucción iniciada por la OTAN en los Balcanes hace 25 años: la creación de la Gran Albania.

Está previsto que el criminal de guerra Ramush Haradinaj, presidente de la Alianza por el Futuro de Kosovo, asuma las más elevadas funciones dentro de la nueva Albania unificada con Kosovo, previa convocatoria de un referéndum. Los imperialistas apoyan el plan fascista de los kosovares, lo mismo que apoyan los albaneses; en 2014 Bruselas confirmó la candidatura de Albania para ingresar en la Unión Europea.

El plan es debilitar a los países de la región que pretenden mantener una posición independiente, especialmente Serbia, que se niega a incorporarse a la OTAN.

La Gran Albania no sólo estaría formada por la “pequeña” Albania y el actual engendro kosovar, sino que al nuevo Estado se incorporarían localidades enclavadas actualmente en Serbia y pobladas mayoritariamente por albaneses. Se trataría de una nueva limpieza étnica. Jonuz Moisiu, alcalde de Presevo (Serbia), poblada por albaneses, destacó la necesidad de unir las zonas del sur de Serbia – Presevo, Bujanovac, Medvedja – a los territorios de Albania y el ministro de Trabajo serbio, Aleksander Vulin, calificó su declaración de “llamamiento abierto al inicio de la Tercera Guerra de los Balcanes”.

Es la terminología propia de la región desde hace mucho tiempo. En abril de este año el diario “The Informer” decía que Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía, era partidario de la Gran Albania y que estaba preparando militarmente a los gobiernos de Tirana y Pristina para ello. Agentes del servicio secreto turco entrenan a los albaneses para una nueva guerra: se compran armas y cohetes anti-tanque, se diseñan planes para ocupar Kosovo del Norte y ciertas partes de Macedonia.

La preocupación condujo el mes pasado a una reunión entre Vladimir Putin y Aleksander Vucic, presidentes de Rusia y Serbia, en Pekín. La Constitución albanesa otorga al Gobierno un supuesto “derecho” a proteger los intereses de sus ciudadanos en el extranjero, un llamamiento puro y simple a la anexión de las regiones vecinas.

La idea de la Gran Albania apareció en el siglo XIX por los miembros de origen albanés de la masonería europea, que contaban con el apoyo del colonialismo. No es diferente del pangermanismo o el panturquismo. Consistía en la reunificación de todos los territorios donde la mayor parte de la población era de origen albanés. Son varias regiones en el noreste de Macedonia, el sur de Montenegro y Serbia, partes de Kosovo y el norte de Grecia.

Por cierto, hablando de Grecia… El que siembra vientos recoge tempestades. Aproximadamente un 3%, unos 58.000 habitantes de Albania, son de origen griego y cuentan con varios representantes en la Cámara de los Helenos, uno de ellos vinculado al partido neonazi Amanecer Dorado. Entre los griegos de Albania ha aparecido el Movimiento por la Independencia del Epiro del Norte, zona fronteriza entre los dos países de mayoría griega, donde ya han empezado las escaramuzas a tiros entre griegos y albaneses.

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El criminal Thaçi junto al delegado de la ONU en Kosovo y el capo de la OTAN en 1999.

La Gran Albania no es ninguna quimera. En 1941 Kosovo ya formó parte de Albania, que en aquel momento estaba bajo el protectorado de la Italia fascista. Con uno u otro nombre, lo que la Unión Europea promociona en los Balcanes es exactamente eso: el fascismo de siempre.

Lo mismo promociona la OTAN, naturalmente. La foto de octubre de 1999 muestra al general estadounidense y Comandante Supremo de la OTAN, Wesley Clark (a la derecha) saludando al jefe de la misión de la ONU en Kosovo, el francés Bernard Kouchner (de civil), y al capataz de la UÇK, Hashim Thaçi (a la izquierda).

Un informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa acusa a Thaçi, actual primer ministro de Kosovo, de participar en redes de tráfico de órganos provenientes – sobre todo – de prisioneros serbios, uno de tantos negocios organizados por los mercenarios albano-kosovares de la UÇK.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”

Se cumplen 25 años de la destrucción de Yugoslavia por la Unión Europea

El 15 de enero de 1992, hace un cuarto de siglo, Alemania establecía relaciones diplomáticas con dos de los nuevos Estados surgidos de la destrucción de Yugoslavia: Eslovenia y Croacia. Fue el primer país de la Unión Europea en reconocer los restos del descuartizamiento que había provocado en los Balcanes, de donde había salido derrotada en 1945. La UE hizo lo propio sólo unos días después. Un Estado soberano – la República Federal de Yugoslavia – desaparecía.

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El presidente yugoslavo fue derrocado en el año 2000 y fue hallado en su celda de La Haya en 2006.

Inicialmente, Francia se opuso al fraccionamiento de Yugoslavia, aduciendo tímidamente que los serbios corrían un serio peligro, pero las presiones alemanas vencieron.

Por su parte, al principio la ONU también se opuso al plan alemán de partición. En aquella época el delegado de la ONU para Yugoslavia era Cyrus Vance, quien anteriormente había fungido como Secretario de Estado de EEUU.

La ONU desplegó un contingente de 10.000 tropas con una misión hipócrita, la paz, que todos sabían que se iba a convertir en lo contrario, en la peor guerra que ha habido en Europa desde 1945. Por lo tanto, el desmembramiento de Yugoslavia y las tropas “de paz” de la ONU fueron el comienzo de la Guerra de los Balcanes.

Los imperialistas quisieron acabar así con uno de los pilares fundamentales de los países no alineados y repartirse sus despojos en pedacitos cada vez más pequeños, para lo cual exacerbaron el patriotismo de unos y otros para que se mataran de la manera más brutal posible.

El chovinismo feroz fue alentado por sus dos compañeros de cuna: el fascismo y el fundamentalismo islámico, representados respectivamente por el croata Franjo Tudjman y por el bosnio Alija Izetbegovic. Si el fascismo llegó de la mano de Alemania, el islamismo radical lo hizo de la mano de EEUU.

“La experiencia adquirida en Bosnia podrá servir de modelo para nuestras operaciones futuras con la OTAN”, dijo entonces Javier Solana, secretario general de la alianza militar imperialista y antiguo ministro del PSOE en España.

Es el modelo de la OTAN en Irak, el modelo de Libia, el de Siria…

El modelo del asesinato de Milošević es el del asesinato de Saddam Hussein, el del asesinato de Gaddafi… Los asesinos siempre mantienen un mismo modus operandi en todos sus crímenes.

FUENTE: Movimiento Político de Resistencia

Los criminales en serie andan sueltos por Ucrania

El fascista Vladimir Malofeiev fue uno de los perpetradores de la Masacre de Odessa el 2 de mayo de 2014, en la que fueron asesinadas 46 personas.

El pasado miércoles se celebró un acto electoral en Odessa en el que participó el ex-presidente de Georgia y ahora gobernador del óblast de Odessa Mijail Saakashvili, junto a un fascista de la localidad llamado Vladimir Malofeiev, quien tomó el micrófono para reconocer ante todos los asistentes que participó en la masacre del año pasado en la Casa de los Sindicatos de Odessa.

En la grabación no sólo se le oye decir que fue uno de los autores de la matanza, sino prometer, además, que matarán a todos los que lograron escapar aquel día. Mientras, el público vitorea las palabras del asesino.

El vídeo se subió a Internet. No sólo le escuchó Saakashvili, sino que todo el mundo oyó la confesión del criminal, a pesar de lo cual no ha sido detenido porque en Ucrania este tipo de asesinatos son motivo de orgullo para el Gobierno, que ha hecho de estas actuaciones su modo de vida.

La Masacre de Odessa ocurrió el 2 de mayo de 2014, cuando los nazi-fascistas de Pravy Sektor quemaron los locales sindicales donde se habían refugiado muchas personas con motivo de los disturbios, matando a 46 de ellas y dejando 214 heridos.

Después de perder Crimea y del levantamiento popular de Mariúpol, Odessa y su puerto se habían convertido en el único acceso de Ucrania al Mar Negro y en la segunda ciudad del país después de Kiev, la capital.

Diez días antes de la tragedia se celebró en Kiev una reunión secreta y dirigida por el entonces presidente ucraniano en funciones Oleksandr Turchinov, reunión destinada a la preparación de una operación especial contra los detractores del régimen surgido tras el Euromaidan. En esa reunión estaban presentes Arsen Avakov, como ministro del Interior; Valentin Nalivaychenko, como jefe de los servicios de seguridad de Ucrania; y como secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional se encontraba Andriy Parubiy.

El oligarca judío-ucraniano Igor Kolomoisky, destacado sionista, también ha financiado batallones de neonazis en la Guerra del Donbass y en Ucrania.

El oligarca Igor Kolomoisky, que ostenta también la nacionalidad israelí como sionista destacado que es y nombrado por el régimen de Kiev como gobernador del óblast de Dniepropetrovsk, también fue consultado sobre la realización de dicha operación especial.

Durante la reunión, Avakov sugirió utilizar como carne de cañón a la hinchada de algún club de fútbol. El propio Avakov fue anteriormente gobernador del óblast de Jarkov, donde trabajó en estrecha colaboración con los dirigentes de las hinchadas del club local. Más tarde continuó subvencionándolos desde Italia, donde ubicó su residencia hasta el golpe de Estado de 2014, cuando regresó a Ucrania.

El oligarca Kolomoisky garantizó la participación del I Batallón Dnipro, que forma parte de su guardia personal, poniéndolo temporalmente bajo las órdenes de la Policía de Odessa. Incluso autorizó el pago de una prima de 5.000 dólares en efectivo por cada antifascista asesinado durante la operación.

Varios días antes de la masacre, Parubiy también ordenó la entrega de decenas de chalecos antibalas a los fascistas locales.

FUENTE: “Movimiento Político de Resistencia”